lunes, 8 de julio de 2013

REGRESO SIN GLORIA: LIBERACIÓN DE ANIMALES EN CAUTIVERIO ES UNA QUIMERA

Con lágrimas en los ojos contemplo dos delfines prisioneros en una vulgar piscina cerca a la playa La Herradura. Muchos exigen su libertad. Me invade la impotencia, sé que esa no es la solución. A veces, el remedio es peor que la enfermedad. 

Foto: Lindolfo Souto
En los últimos días desfilan por televisión y por las redes sociales un par de campañas y de reportajes televisivos que sugieren entre líneas que “devolver” animales en cautiverio a la naturaleza es un acto de buen corazón. No dudo de las buenas intenciones de aquellas sacrificadas personas, pero no es tan fácil como parece; y menos si no existe un control para la liberación de especies. Así entonces, sería una barbarie soltar alegremente y sin miramientos a los dos delfines prisioneros en nuestro litoral. Y no solo en este caso, sino, en el caso de todos los animales que por alguna razón han sido privados de su libertad. En especial, cuando el animal ha sido trasladado a otro lugar que no es su hábitat natural o si ha permanecido mucho tiempo en cautiverio.  

La reintroducción de especies es el acto de liberar deliberadamente uno o más individuos de una especie en un hábitat seleccionado que está incluido, de preferencia, dentro de su rango original de distribución y en el que ya no se encuentra. Este mecanismo es aplicado siempre y cuando la especie esté amenazada y el lugar ofrezca las condiciones para su supervivencia. Además, para hacerlo, debe haber un estudio previo que determine lo que podría implicar la presencia de nuevos individuos en el hábitat. Para su correcta realización existen protocolos internacionales que reducen los impactos negativos al mínimo. El más utilizado y reconocido mundialmente es el que propone la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN).    

Adicionalmente, los especímenes a ser reintroducidos deben pasar varios exámenes médicos, con el propósito de descartar que traigan consigo enfermedades, en especial si es que provienen de un lugar distinto a aquel en donde serán liberados. Además, se debe evaluar si las nuevas especies alterarían el ciclo natural local, ya que su presencia inesperada podría generar competencia con sus congéneres por el agua, por alimento, por parejas para la reproducción o por los lugares de caza. Esto debe ser tomado muy en cuenta, en especial en especies muy territoriales. Toda intervención y manipulación en el medio ambiente es un asunto delicado y ambas no pueden ser hechas sin estudios previos.   

Ahora, ¿de dónde proceden las especies para una reintroducción? Como ya se mencionó, la reintroducción de especies se debe realizar tan solo si la especie está altamente amenazada y si se dan las condiciones para su liberación deliberada y controlada. Entonces, bajo esta premisa, obtener especímenes de una especie determinada bajo esas condiciones es difícil pues implicaría, por un lado, extraer del entorno natural donde se haría la reintroducción como mínimo un par de individuos para que se reproduzcan en cautiverio, con el fin de obtener descendencia para liberar; o por el otro, traer especímenes de algún otro lugar donde la especie todavía esté presente en buenas cantidades y condiciones. Todo esto debe hacerse sin amenazar la integridad de las poblaciones en donde se interviene.

Existe una tercera variante algo distorsionada: reintroducir especies que han sido rescatadas o decomisadas y que provienen de algún zoológico clandestino, circo o de otro lugar poco apropiado para ellas y que han sido entregadas a algún “centro de rescate”. Pongo comillas porque no cualquier centro o iniciativa que ose llamarse así, lo es realmente o tiene los permisos necesarios para ello. Lamentablemente, en los últimos años ha proliferado el número de estos “centros”, lo cual, no está mal, pues le dan una esperanza de vida a muchos animales, pero es necesario fiscalizarlos y asegurar de que no liberen especies sin ningún tipo de protocolo y sin ningún estudio científico serio que respalde tales acciones.       

Cuando la reintroducción implica una introducción de amenazas

Introducir a una especie en la naturaleza no es fácil. Nadie puede asegurar que va a sobrevivir. Si todo sale bien podría darse el caso de que la especie reintroducida se logre reproducir con algún ejemplar silvestre, asegurando descendencia y con eso, una posible expansión de la especie. Hasta ahí todo bien. Sin embargo, cuando se libera ejemplares que provienen de otro lugar a un nuevo medio donde ya existe una población estable y bien conservada de la especie, se está introduciendo información genética distinta que puede tener un impacto negativo en la población nativa si no se ha realizado los estudios necesarios.

Además, lo más grave es cuando sacas animales de otro lugar sin permisos y “a la mala” para introducirlos —también “a la mala”— en terrenos que no son su hábitat natural, solo por intereses propios y no para fines de conservación, sino de lucro. Argumentar que “se desea” repoblar una zona X con la especie Y porque esta vivía hace tiempo allí, es poco profesional. Esta práctica debería quedar descartada en el país y debería ser penalizada. Pero, para eso debe existir primeramente la intención de reglamentar este tema y es ahí donde el Estado debería llevar la batuta.

Urge saber qué centros de rescate, albergues y otros cumplen realmente con los requisitos para ser reconocidos como tales. Pareciera que en el Estado se tiran la pelota unos a otros para determinar quién debe fiscalizar este tema tan espinoso. Ya es hora de que se tome al toro por las astas. Las consecuencias de estas acciones mal encaminadas podrían traer impactos negativos en el medio ambiente, como introducir enfermedades, generar la pérdida de la diversidad genética u otros. Ojalá que pronto se sienten los involucrados y especialistas en la mesa (¡ver Postdata!) para saber quién es quién, qué se está haciendo al respecto, qué medidas se debe tomar, cuál es el panorama que nos espera y para, en consenso, ponernos las pilas de una vez.

Finalmente, lo peor que se puede hacer es alimentar a especies que han sido liberadas tras estar mucho tiempo acostumbradas a los humanos; o peor aún, alimentar a especies silvestres. Esto es un acto de vandalismo ecológico. No entraré, por ahora, en detalles, pero un ejemplo claro de ello es lo que sucede con el Oso de Anteojos o Ukumari (Tremarctos ornatus) en América del Sur cuando los plantígrados son alimentados en zonas agrícolas o ganaderas para evitar que ataquen al ganado o a las aves de corral; o más grave aún, para que permanezcan en los alrededores, con el objetivo de hacer atractivo un lugar para incautos turistas. Muchos osos mueren; ya sea porque se vuelven muy agresivos cuando ya no reciben alimento por parte de los humanos y estos finalmente se ven obligados a matarlos o porque luego se acostumbran a depender del hombre y posteriormente se vuelven ineptos para sobrevivir por sí mismos.

Buenas intenciones, pero…
  
Sin lugar a dudas, para muchos, lo más lógico es que los animales sean devueltos a la naturaleza. Verlos partir a sus dominios saltando, caminando, nadando o volando nos causa esa sensación de reencontrarnos con la buena voluntad humana y nos deja con la conciencia tranquila. Sin embargo, eso no significa que el pobre animal sobreviva. Por eso, liberar especies sin un respaldo técnico no es lo correcto. No podemos seguir siendo tildados por muchos científicos extranjeros (aunque nos duela) como un país de improvisados en este aspecto. Lamentablemente, en los tópicos arriba mencionados el desconocimiento y el descontrol campean alegremente.

Aprovecho estas líneas para preguntar a los involucrados por la actualización de la lista de especies de fauna amenazada del Perú. Se sigue trabajando en base al DS 034-2004-AG, el cual, a mi entender, ya es casi obsoleto para muchos de los casos incluidos. Esperamos que pronto sea publicada la mencionada lista, con el fin de enfocar y priorizar mejor los esfuerzos de conservación y manejo de aquellas especies que realmente sí están en peligro de extinción.

PD.
Quisiera pedir que estemos atentos y que difundamos la realización del II SIMPOSIO DE PRIMATOLOGÍA EN EL PERÚ en Iquitos, del 7 al 10 de noviembre de 2013, en la Universidad Nacional de la Amazonia Peruana (UNAP). El evento es organizado por el Centro Primatológico Alemán (DPZ), la ONG Yunkawasi, la UNAP y por la Sociedad Peruana de Mastozoología. Ojalá que en esta importante reunión, tanto la Dirección General Forestal y de Fauna Silvestre (DGFFS) del Ministerio de Agricultura, el Servicio Nacional de Áreas Naturales Protegidas por el Estado (SERNANP) y la Dirección General de Biodiversidad del Ministerio del Ambiente, así como la mayor cantidad de expertos se pongan de acuerdo para, de una vez por todas, delinear y aprobar los lineamientos necesarios para frenar la liberación de especies a diestra y siniestra. Necesitamos regular estos temas, darlos a conocer y, lo más importante, fiscalizar y velar que se cumpla lo que se establezca como lo más indicado. 


Junio 2013

Artículo aparecido en la versión on line de la Revista Rumbos:

jueves, 20 de junio de 2013

¿POR QUÉ OPONERSE A UNA CARRETERA EN TIEMPOS DE INCLUSIÓN SOCIAL?

A propósito del Proyecto de Ley N° 1035/2011-cR que propone declarar de necesidad pública y de interés nacional la conectividad terrestre de la ciudad de Puerto Esperanza con la ciudad de Iñapari, agrego un par de puntos para echarle más leña al fuego. Es necesario mirar más allá de intereses cortoplacistas y aprender del pasado sin encapricharnos en posturas muy férreas. Esto no significa que se deba tolerar a falsos profetas y a vendedores de sebo de culebra; ni que debamos esperar a la divina providencia para que solucione nuestros problemas.   


Ojo, no es cuestión de oponerse a una carretera por estar en contra de una iniciativa que, en un primer momento, podría parecer una opción razonable para una población aislada geográficamente de la “civilización” en tiempos de inclusión social. No se trata tampoco de oponerse tajantemente a la necesidad de ofrecerle mejores condiciones y alternativas duraderas a miles de compatriotas. Tampoco se trata de encapricharse y dejarse llevar por la inercia conservacionista del “no tocar” y tratar a algunos espacios como intocables porque allí viven animalitos y arbolitos. No. Y mucho menos se trata de solamente querer conservar los bosques amazónicos porque son los “pulmones” del planeta (el cual es un argumento débil y enclenque). 

No, así no es. Y no creo que yo ayude a solucionar este tema con mi firma digital en una u otra página web. Mejor escribo lo que pienso. Además, ¿cuántos peruanos saben dónde diablos queda Puerto Esperanza?, ¿Cuántos saben qué es un parque nacional, una reserva comunal o una reserva territorial y para qué sirven? Empecemos por brindar información y elementos de juicio a los que se interesan por el tema. Ya luego, cada uno sacará sus propias conclusiones.   

Necesitamos usar el raciocinio, aprender de experiencias pasadas, comprender realmente el territorio y el entorno en el que se da este caso, escuchar a las poblaciones involucradas y mirar al futuro con propuestas cuerdas que permitan hacer bien las cosas. No tenemos todo el tiempo del universo para seguir despilfarrando esfuerzos innecesarios, ni para dejar pasar alternativas sostenibles que nos deparen un mejor futuro.

Por supuesto, todo lo anterior debemos hacerlo sin dejar de luchar por cambiar también mentalidades, con el firme propósito de demostrar que sí se puede dejar en el planeta mentes capaces de identificar con certeza lo que nos conviene; y de recoger las enseñanzas del pasado para tomar buenas decisiones.

Recordemos que el mencionado proyecto pretende unir la capital de la provincia de Purús en el departamento de Ucayali, Puerto Esperanza, con la ciudad de lñapari en la provincia fronteriza de Tahuamanu en el departamento de Madre de Dios, mediante una carretera o una línea férrea. Al margen del tema legal que indica que este proyecto violaría la Ley de Áreas Naturales Protegidas y su reglamento; que vulneraría los derechos de indígenas en aislamiento voluntario y el proceso de consulta previa; que no tiene un respaldo local mayoritario; que la bendita carretera no es de interés nacional y que diversas comisiones del Congreso y expertos han opinado que no es viable bajo ningún aspecto; este es un tema que debe alertarnos sobre los modelos de desarrollo que estamos pensando para el país.

No es un capricho oponerse

Lo importante de resaltar en esta polémica es que la oposición al proyecto de ley no busca imponer un “capricho” de los “ecologistas”. Y como me considero parte de ese grupo humano que, entre otros, defiende el uso racional de nuestra diversidad biológica, pienso que es necesario sacar a relucir argumentos sólidos para demostrar que, en este caso, no conviene construir una carretera de más de 300 kilómetros que no llevaría progreso alguno (término entendido bajo la mirada más simple y “occidental” de llevar alimentación, salud y educación) a una población indígena que ya ha elegido otro estilo de vida.

Los purusinos desean vivir como siempre lo han hecho. Los que deben adaptarse al entorno son los que llegan y los que, en teoría, llevan consigo impactos positivos. Esta población mayoritariamente nativa afincada en el territorio de un país llamado Perú desea (y merece) recibir los beneficios que implica ser un ciudadano peruano. Al mismo tiempo y bajo este último concepto, nuestros compatriotas de Purús están también obligados a cumplir sus deberes como ciudadanos. Uno de ellos es preservar su entorno. 

Los que nos oponemos a la carretera pensamos que es un grave error pregonar que tener una vía asfaltada es sinónimo de progreso. Muy por el contrario, una carretera mal planificada puede ser el catalizador de una serie de desgracias. La presencia latente de colonos malintencionados, de narcotraficantes, de traficantes de madera, de cazadores furtivos, de mineros ilegales e informales y de gente que está esperando para arrasar con uno de los últimos rincones amazónicos bien conservados que nos queda, trayendo además consigo violencia, prostitución, alcoholismo y más lacras sociales, es una razón suficiente para no precipitarse y actuar sin pensar.

Forzar lo innecesario

La población purusina está concentrada casi en su totalidad (poco más de 3500 habitantes) en Puerto Esperanza y está conformada principalmente por pobladores indígenas. De esta población, tan solo una minoría (menos de 1000 personas) es la que está solicitando la carretera; y de ellos, casi todos son colonos. Por otro lado, la mayoría indígena se opone a la conexión terrestre (carretera o ferrocarril) y lo que solicita es la conexión aérea con Pucallpa mediante vuelos cívicos más frecuentes.

A todo esto, no debemos perder de vista el accionar del párroco de Puerto Esperanza, Miguel Piovesán, quien estaría jugando en pared con personas a las que les interesa un bledo la conservación y el buen uso de los espacios amazónicos y que solo quieren explotarlos irracionalmente. Este italiano es un lobo disfrazado de cordero que ha adoptado con suma facilidad lo peor de nuestra cultura: la repulsiva “criollada”. Así, imita a muchos “gringos”, quienes en su intento de mimetizarse en nuestra sociedad también la adquieren. Además, desde su casi intocable posición de “guía espiritual” se cree dueño de la verdad y se autoproclama vocero de las mayorías purusinas.

A este señor hay que frenarlo en seco y no permitir que utilice su investidura para pregonar intereses ajenos y dañinos. Es tiempo ya de pasar a la acción. Los defensores de la integridad de la zona debemos ponernos las pilas y contraatacar. No es posible que Piovesán domine el territorio mediante una radio que maneja a su antojo y desde donde se despacha a su gusto. Ante la falta de información y ante la desinformación, el primero que agarra el micrófono o dice algo, gana. Esto debe cambiar.

Propongamos soluciones

Es cierto, estamos frente a un caso de aislamiento, pero dicha situación puede ser bien aprovechada. Se podría impulsar la zona como un destino único para el turismo especializado y para la investigación científica. Así, se podría “vender” Purús como un paraíso al que solo se puede llegar, desde el Perú, por vía aérea. Esto le daría un mayor atractivo, pues se consideraría a este hermoso lugar como un destino remoto y como una especie de isla en un mar selvático.

Esta posibilidad podría traer consigo una dinámica socioeconómica que, bien manejada, tendría impactos positivos y obligaría a los pobladores de la zona a esforzarse también por mejorar su calidad de vida. Y es que tampoco pueden estar esperando que todo les caiga del cielo (aunque en este caso, es mejor que venga de ahí).   

La conservación debe dar réditos económicos para los pobladores locales, sino, la situación se vuelve dramática. Ya no podemos repetir la cantaleta de que es necesario hacer planes de acción para de acá a diez años. Necesitamos soluciones que den dividendos a corto, mediano y largo plazo y que a su vez garanticen la conservación y reposición de la diversidad biológica utilizando también la sabiduría local. Urge analizar con celeridad la posibilidad de poner en marcha diversas alternativas productivas sostenibles en el tiempo como los sistemas agroforestales, la piscicultura u otras actividades que ofrezcan soluciones y que generen progreso.  

Claro, todo esto sin dejar de evaluar su viabilidad, pues tampoco es conveniente crear falsas expectativas a la población local y luego desmotivarla con actividades que luego resulten ser un fracaso. Tampoco debemos crear “elefantes blancos”, es decir, construir, viveros, reservorios para peces y otras obras de infraestructura para que después de un par de años, no sirvan para nada. Eso aporta únicamente frustración y argumentos pro carretera.

Existe un plan de acción para la provincia. ¿Qué estamos esperando para ponerlo en marcha y para exigir que se cumpla?, ¿o es que estamos esperando que Piovesán lo bendiga y que nos confiese a todos? De ser así, prefiero que Dios no nos coja confesados para hacer algo más por Purús. 

Junio 2013

Artículo publicado en la versión online de la Revista Rumbos:

lunes, 10 de junio de 2013

¡A PAJAREAR QUE EL MUNDO SE VA A ACABAR! (Parte 2)

Continuando con la entrega anterior y enlazando el tema con el Birding Rally Challenge Nor Amazónico 2013 paso a abordar algunos puntos relacionados a la observación de aves. Como ya se ha mencionado, existen diversos e innegables impactos positivos del aviturismo, sin embargo, es necesario también revisar algunos impactos que podrían ser negativos si no se toman en cuenta. Así por ejemplo, como se sabe, muchas aves son muy sensibles a la presencia humana y al ruido. Es por eso que se aconseja que los grupos de pajareros no tengan más de diez personas.

Muchos podrían pensar que con el Rally se viene una avalancha de pajareros que irán “en mancha” a ver aves. No es así. En esta ocasión participarán seis equipos (dos de Estados Unidos, uno del Reino Unido, uno de España, uno de Brasil y uno de Sudáfrica), cada uno conformado por cuatro integrantes. Según la dinámica del Rally, cada equipo anda por separado con uno o dos guías locales en busca de la mayor cantidad de registros, por lo que su presencia no es tan invasiva, es decir, no van todos juntos y en tropel buscando aves. Es importante saberlo para evitar malentendidos.   

En todo esto, el rol del guía es muy importante. Su experiencia, su conocimiento del lugar y de la avifauna, su manejo de grupo y hasta su carisma son fundamentales para minimizar las perturbaciones al hábitat. Un guía que no esté bien formado y que sea informal e improvisado puede ser un factor perturbador que debemos evitar y si es necesario, alertar a otros pajareros para que no vuelva a ser contratado. A veces, por querer quedar bien con el “cliente” se cometen algunas faltas como abusar de los play – back, ahuyentar a las aves para que se les pueda ver volar, guiar a más de diez personas para ahorrar costos y tener otras malas conductas en campo. La culpa no es solo del guía, sino también de la empresa turística y de los que no reclaman.

Por ende, la formación de buenos guías es imprescindible para fomentar el aviturismo (y el turismo en general) y para consolidarnos como un destino atractivo. Y es en este aspecto en donde el papel de las empresas turísticas especializadas, del Estado como ente regulador y de los usuarios mismos es fundamental. Se debe educar en buenas prácticas, tanto a los guías como a los turistas, pues estos últimos también, no siempre son conscientes de su propia conducta en el campo. Adicionalmente, los usuarios deben ser exigentes con lo que se les ofrece y reclamar (a las agencias y utilizar las redes sociales) en caso sea necesario. Solo así nos veremos obligados a mejorar.

Código moral

Los birdwatchers, en general y con honrosas excepciones, toman en cuenta algunos lineamientos para reducir impactos y apoyar a las economías locales. Asimismo, ponen especial énfasis en el particular cuidado que se debe tener con especies amenazadas y sensibles; en la contratación de empresas certificadas, de comprobada calidad y comprometidas ambientalmente (y con buenos guías); y en la necesidad de contribuir en la medida de lo posible con la comunidad mediante la educación ambiental  y el apoyo para preservar los espacios naturales y darle un uso sustentable y sostenible en el tiempo.

Este código de ética no está escrito que yo sepa; y creo que no es necesario redactar alguno. Tampoco es que este esté en los genes de los birdwatchers. No. Simplemente son patrones de conducta mínimos que se sustentan y cultivan en la pasión y en el respeto a la naturaleza. En otras palabras, estas “normas” de conducta responden más a un código moral. Solo uno mismo es consciente y responsable de lo que hace; y puede evaluar si lo que hace es correcto o no lo es. Claro está, existe una minoría que lo deja de lado. No todo es perfecto.   

Pajareando, investigando y progresando     

Mediante la observación de aves, además de saciar un creciente mercado y de impulsar en algo la economía local, se aporta información para la investigación científica. Esta última es un elemento fundamental para nuestro desarrollo. En ese sentido, los datos que se recoge en campo son muy valiosos y aportan a la construcción de hipótesis que explicarían qué está sucediendo en el planeta, a la vuelta de la esquina o incluso en nuestro techo. Adicionalmente, las aves son unos eficientes indicadores biológicos que nos “informan” sobre la salud y el estado del medio ambiente; y que nos pueden dar luces sobre medidas ambientales a tomar en cuenta, por lo que su presencia o ausencia en un lugar determinado es para tomar en cuenta.   

Por otro lado, hoy en día, con la tecnología existente, es más fácil registrar, por ejemplo, puntos de avistamiento mediante el uso de GPS para establecer posibles rutas de migración, analizar los rangos de distribución de una u otra especie de ave, entre otros fines. Asimismo, se puede tomar fotos de alta resolución para reforzar la identificación de aves o para comparar diversos tipos de plumaje en distintas épocas del año; y se puede grabar con alta fidelidad los cantos y llamados de la avifauna para conocer más sobre su conducta. Estos y otros datos de primera mano pueden ser compartidos en las plataformas virtuales en tiempo real para que sean de dominio público y sobre todo, para que puedan ser utilizados. 

Y así también, con los nuevos avances de disciplinas como la filogenética y la biología molecular se puede “ordenar la casa”, es decir, hacer un “saneamiento” —de ser necesario— de la taxonomía ornitológica. Hoy en día es posible saber con mucha exactitud si el ave X es un nuevo registro para la ciencia o si finalmente no lo es y más bien se trata de una subespecie de un género y especie ya existente; o tal vez se trata de una nueva especie o incluso de un nuevo género. Adicionalmente, mediante estas disciplinas se ha logrado clasificar de manera más precisa a algunas aves que fueron consignadas en familias, géneros y especies de manera equivocada y sobre las cuales existían dudas. Esto es tan solo una pincelada de todo lo que se puede hacer con el aporte de los pajareros. Lo clave es pajarear y seguir apostando por la investigación científica en todos los ámbitos.   

Reputación, rigurosidad y honestidad

No puedo pasar al siguiente punto sin dejar de mencionar que es muy importante la rigurosidad científica para cualquier trabajo de investigación. Es por eso que existen reglas muy estrictas para evaluar la información que se obtiene y comparte. Así por ejemplo, utilizar información de una persona de dudosa reputación como pajarero o incluso como investigador, no es una alternativa. Me explico. Si Fulano dice haber visto a la especie X en el lugar Y, habrá que tener en cuenta sus antecedentes y saber de su accionar en el campo de la ciencia, pues tampoco cualquier dato puede ser tomado como verdadero. En el mundo científico, se debe ser estricto. Felizmente los charlatanes, improvisados y mentirosos no tienen cabida y ya están plenamente identificados.

Ahora, es necesario separar a los observadores de aves aficionados y a los investigadores que ven aves. Los primeros no comparten necesariamente sus datos porque no lo ven necesario, pero cuando lo hacen pueden aportar al conocimiento científico. En el caso de los segundos, mediante publicaciones científicas, reportes, elaboración de listas y otros elementos sí aportan al estudio de las aves y de su entorno. Todo conocimiento y aporte suma. Lo importante es hacer las cosas bien y con honestidad.

Y el ganador es…

Para ir acabando, intentaré responder un par de preguntas que muchos se hacen sobre el Rally. ¿Los equipos no hacen trampa al momento de reportar el número de aves que han visto? y ¿Por qué no participa un equipo peruano? Antes de eso, es necesario explicar de manera muy general la dinámica de esta “competencia” ornitológica. Cada equipo sale con todos sus miembros siempre juntos a pajarear, acompañados de un guía local que los lleva a los puntos donde se tiene más probabilidad de ver aves. Los birders registran todas las aves que ven. Para esto ya han recibido un checklist  con todas las especies que puede haber en toda el área por donde se realizará el Rally.

Al final del día, un jurado (conformado por expertos peruanos) evalúa cada uno de los registros de los seis equipos. Así, cada día del Rally tiene un puntaje para cada equipo y al concluir la competencia se suma todos los resultados parciales y de ello sale el ganador. El detalle está en lo siguiente: la honestidad y la ética. Ningún pajarero participante en este evento incluiría alguna especie de ave que no haya visto. Eso es impensable y es una cuestión de honor. Todos los participantes se tienen confianza entre sí y no están preocupados si sus rivales van a hacer trampa. Algo tan simple es vital para esto y a su vez es un ejemplo de confianza, algo que nos falta en el Perú.

En resumen, en esto no hay sacadas de vuelta, ni vivezas. La idea final es promocionar una excelente ruta para ver aves e ir preparando “la cancha” para los otros grupos de pajareros que vengan más adelante. El premio para el ganador es lo de menos. Ver aves endémicas, raras, emblemáticas y amenazadas no tiene precio para los birders. De eso se trata. Y no participa un equipo peruano por tres posibles motivos: o porque es dueño de casa y tendría ventaja sobre los otros; porque no estamos preparados todavía para este tipo de competencias o porque tenemos tan pocos pajareros que escoger solo a cuatro traería posibles reclamos y resentimientos. Escojan la respuesta que crean conveniente.    

Sobre los equipos:

El objetivo del Rally es que renombrados observadores de aves de los principales países emisores de turistas como Estados Unidos y el Reino Unido experimenten y divulguen lo que significa observar aves en Perú y en sus áreas naturales protegidas. Esta estrategia complementa los llamados Famtrips especializados que no alcanzan dicho objetivo.

Se invitó a Sudáfrica porque es un país que tiene bastantes aficionados a las aves y porque en el 2006 un guía sudafricano fue el principal impulsor, junto con Inkaterra, de las primeras competencias de observación de aves o Big Birding Days en el país, tanto en Machu Picchu, Lima, como en Tamboptata. Posteriormente, algunos guías de Inkaterra participaron, en el 2007, en algunas competencias en el país africano con algunos de los miembros que hoy forman el equipo de los Zululanders. Invitarlos es una manera de homenajearlos.

En el caso de España, se vio por conveniente invitar al "Campeón de Europa". Además, hasta la fecha, ningún equipo ha batido el record del Tramuntana Birding Team en este tipo de competencias en Europa, por lo que era conveniente tener a un equipo con algunos de los mejores pajareros del mundo en “nuestra cancha” (considerada como una de las mejores en el planeta) para que luego divulguen su experiencia en Perú. Los brasileños del equipo Ararajuba fueron invitados por ser los vecinos con los que estamos conectados por la carretera Interoceánica Sur, por medio de la cual se podría abrir un gran mercado turístico.

Los equipos estadounidenses, los e-Birders y los LSU Trigrisomas Team, están conformados por grandes conocedores e investigadores de nuestras aves por lo que no podían faltar, pues, aunque sea difícil de aceptar, muchos de ellos conocen más de nuestras aves que nosotros mismos; y juntos con los ingleses del Forest Falcon, representan a dos de los mercados más grandes de birdwatchers.

Para saber más al respecto, revisar: http://www.birdingrallychallenge.com/2013/index.html

Mayo 2013

Publicado en la versión on line de la Revista Rumbos:




¡A PAJAREAR QUE EL MUNDO SE VA A ACABAR! (Parte 1)


A pocos días del inicio del Birding Rally Challenge Nor Amazónico 2013 en nuestro país, no puedo dejar de escribir estas líneas. Del 9 al 20 de junio los pajareros de varios países recorrerán los departamentos de Lambayeque, La Libertad, Cajamarca, Amazonas y San Martín para, entre otros, promocionar la Ruta Nor Amazónica. Los puntos de partida serán el Santuario Histórico Bosque de Pómac y el Refugio de Vida Silvestre Laquipampa en Lambayeque.    

Si bien es cierto que el siguiente texto no está dedicado a ahondar en los detalles del Rally que se viene, sin lugar a dudas, regresaré tangencialmente a este importante suceso ornitológico para complementar parte de lo que paso a exponer. Todo esto sin dejar de mencionar que durante la concepción de esta segunda experiencia internacional de aviturismo y la evaluación en campo de los destinos, salieron a la luz algunos intentos de desprestigiar los dos sitios de donde justamente partirá el Rally, así como la quebrada de Frejolillo en Piura; para promover justamente un lugar en Lambayeque que no ha sido tomado en cuenta en esta interesante aventura pajarera. Esa es otra historia, sobre la cual ya se sabrá algo adicional más adelante.

Sobre la observación de aves, se ha escrito bastantes líneas al respecto, tanto para describir en qué consiste esta fascinante manera de hacer ecoturismo, cuáles son sus beneficios, así como sobre los principales lugares en el país para ir a pajarear. Mi intención es hacer un breve recuento de lo que ya ha aparecido y agregar un par de datos para entender mejor cómo es que se está desarrollando esta disciplina y cómo está ayudando a promover la investigación científica en el Perú.

A todo esto, ¿cuáles son los beneficios o los impactos positivos de la observación de aves? Existen varios. En primer lugar, los conocimientos de los pajareros y sus expectativas por ver una u otra especie genera una conexión provechosa con la diversidad local o regional. La gran expectativa y afán que despierta observar en su medio natural especies difíciles de ver por ser raras, de distribución restringida o altamente amenazadas o una mezcla de todo lo anterior, hace que el observador de aves esté dispuesto a pagar más de lo que haría un turista promedio. Esto es un motivo para que muchos pobladores locales “vean con otros ojos” su entorno y lo preserven para recibir beneficios económicos.

Claro, todo lo anterior puede darse, siempre y cuando no haya otras iniciativas abusivas que jalen agua para su molino de manera injusta y abusiva; o que los operadores turísticos no tomen en cuenta la necesidad de dejar o invertir parte de sus ganancias en los lugares que visitan. Ahora, también en esto, los pobladores locales (y el Estado) deben organizarse y poner reglas claras para poder entrar al juego y recibir beneficios. Deben invertir algo de tiempo y dinero para ofrecer buenos circuitos (mantenimiento, señalización básica, guías locales) y satisfacer las demandas (bienes y servicios) de los visitantes; y si es posible hacer que se queden la mayor cantidad de tiempo allí; y sobre todo hacer lo posible para que regresen y recomienden el sitio.  

Cuando los pobladores de una u otra localidad perciben el entusiasmo con el que los pajareros e investigadores salen al campo; sienten de cerca el amor, respeto y aprecio que los foráneos tienen a la naturaleza (en este caso, a sus terrenos) y a su preservación; y cuando los pobladores locales se sienten útiles y valorados por conocer su tierra y fungir como guías locales para mostrar sus bellezas, ellos valoran o revaloran lo que tienen y sienten además que se les mete “el bichito de la conservación”. Este es un gran impacto, pues esta especie de osmosis puede ser el punto de partida de interesantes y sostenibles iniciativas de conservación, basadas en el uso responsable de la diversidad biológica.   

Revalorar lo que se tiene

Los birdwatchers e investigadores poseen, generalmente, un vasto conocimiento científico sobre la ecología del lugar que visitan, sobre su valor biológico y sobre sus necesidades de protección. Si a eso le sumamos su expectativa por ver aves y el conocimiento de la población local de su entorno, el resultado es altamente provechoso para la conservación de áreas que no tienen ninguna categoría oficial de protección. Existen diversas especies y poblaciones de aves que no se encuentran en territorios protegidos, es decir, en áreas naturales protegidas del Sistema Nacional de Áreas Naturales Protegidas por el Estado (SINANPE) o en áreas complementarias al mismo, como las áreas de conservación privada o de conservación regional; por lo que son vulnerables a impactos severos si no son conservadas. El conocimiento científico, impulsado e iniciado por los observadores de aves, puede ser el punto de partida para sustentar que la zona reciba una categoría de protección y que debe ser tomada en cuenta para cualquier estrategia de protección local.

En torno a lo anterior, en el país ya han sido declaradas varias áreas de conservación privadas y se ha promocionado diversas iniciativas de conservación comunal y local. Además, el conocimiento ornitológico ha podido impulsar los expedientes técnicos para solicitar la categorización de otros espacios protegidos. El trabajo en conjunto de los pajareros, de algunas organizaciones no gubernamentales, de los científicos y de la población local puede promover el ecoturismo y la conservación. En esa dirección, se puede promocionar campañas de educación ambiental, así como la elaboración de guías de información que rescaten y plasmen todo lo que (aún) se puede ver, conservar y manejar de manera sostenible. Todo esto puede ser traducido en capacitación, formación y en empleo para la población local, con el fin de brindar alternativas para una mejora en la calidad de vida, con todo lo que este tan manoteado término implica.

¿Impactos negativos?

Al parecer no todo es color de rosa. Si bien no existe una certeza al respecto ni datos contundentes, sí existen estudios científicos que sustentan que la actividad de observar aves sí tendría algunos impactos negativos en algunas aves, en especial en la época de anidación y alimentación de los pichones. Los birdwatchers y los amantes de la naturaleza podrían perturbar a algunas aves (e incluso a otros animales) en su afán por ver y fotografías aves. Muchas especies son altamente sensibles a la presencia de humanos, en especial en los trópicos, donde además no existen muchos estudios al respecto. Los impactos de estas perturbaciones son complejos, difíciles de determinar y sobre todo, varía de una especie a otra; y varía en una especie, según el periodo en que se dé, es decir, en época de apareamiento, de anidación, de demarcación de territorio u en otra.

Así por ejemplo, muchas especies podrían abandonar sus nidos por temor a la presencia humana, lo que podría traer consigo la pérdida de los huevos por acción de un depredador. Adicionalmente, un ave puede abandonar el nido porque recibió un llamado artificial —conocido como play-back hecho con el propósito de atraerla (a un lugar visible) para que pueda ser vista o por lo menos escuchada. Adicionalmente, se le podría crear un estrés innecesario, cuyas consecuencias aún no son muy claras.

No obstante y como ya se dijo, no existen estudios certeros al respecto. Esto ha creado un debate entre algunos ornitólogos e investigadores. Sin embargo, lo más importante es actuar de manera conspicua en el campo y respetar todo lo que se tiene al frente, pues los humanos somos, en este caso, los invasores. Así también, somos conscientes de que nos falta investigación científica y que tenemos un arduo camino por recorrer. Por esto, recibir la visita de expertos siempre es bueno para captar nuevas tendencias y actualizar algunos conocimientos. Pero, ojo, no porque tal o cual persona sea un “gringo” (o “gringa”) significa que sea la o el gurú. Muchos de ellos nos venden sebo de culebra. Felizmente en el Perú tenemos bastantes buenos científicos y expertos nacionales.

En lo relacionado a la distancia para acercarse a un ave para verla, oírla y/o fotografiarla, existen también discusiones en lo relacionado a cuál debe ser la distancia. Así por ejemplo, dado que las aves “ven todo”, se recomienda usar una vestimenta sobria y de ser posible “camuflada” con el entorno. Para nuestra suerte, la tecnología moderna nos permite contar con equipos de foto y aparejos altamente recomendables para capturar imágenes y ver a las aves desde una distancia prudente.

Por eso es recomendable utilizar telescopios (y buenos binoculares), así como comportarse de una manera respetuosa con el entorno. Todo esto es harto conocido por los pajareros que conozco (felizmente) y de hecho por los “gringos” que vienen para este rally. Finalmente, esta disciplina es también un aprendizaje constante que nunca acaba (y menos en esta potencia ornitológica llamada Perú) y que debe ser transmitida a los pobladores locales y a todos los que tengan el interés de conocer a las aves.   

Esto continuará en la siguiente entrega.

PD: Aprovecho estas líneas para anunciar que desde la Unión de Ornitólogos del Perú (UNOP) estamos buscando la sede del IX Congreso Nacional de Ornitología que tendremos en el 2014. Revisen el siguiente link: https://sites.google.com/site/boletinunop/ix-congreso-nacional-de-ornitologia
Además, la oportunidad también es propicia para anunciar la próxima aparición, a más tardar a fines de junio del 2013, del Boletín Informativo de la UNOP, Vol. 8 N° 1. 2013, al cual podrán acceder entrando al portal electrónico de la UNOP: https://sites.google.com/site/boletinunop/


Mayo 2013

Artículo aparecido en la versión on line de la Revista Rumbos:  


lunes, 20 de mayo de 2013

EL CÓNDOR NUESTRO DE CADA DÍA


El Cóndor Andino (Vultur gryphus) pudo haber sido nombrado “Ave Nacional” por lo que representa en nuestro colectivo cultural y por su conexión lógica con los Andes, sin embargo, no lo es. Nuestra ave nacional es el Gallito de las Rocas (Rupicola peruviana), pese a que es un ave común y que se le encuentra en Colombia, Ecuador, Perú, Brasil y Bolivia. Sin lugar a dudas, existen otras aves que deberían llevar ese distintivo. Eso traería una discusión sin precedentes en el país entre el todavía en pañales (o gateando) mundo pajarero y ornitológico peruano.

Empero, debemos tener en cuenta que el Cóndor Andino también habita en todos los países andinos (como su nombre lo indica), por lo que no es un candidato para representarnos como ave nacional. No obstante, todo esto debería pasar a un segundo plano, debido a que, antes de pensar en el Cóndor como candidato, debemos saber que es una especie altamente amenazada y que sus poblaciones en el Perú están disminuyendo. Y lo peor de todo es que, a la fecha, no hemos hecho casi nada tangible destinado a sentar las bases que nos permitan contar con una estrategia clara, consensuada, de dominio público (inclusiva, si se desea) para salvar a la especie alada de mayor envergadura en el planeta.

Sin embargo, sé que se está gestando una interesante propuesta del Ministerio del Ambiente capitaneada por la Dirección General de Diversidad Biológica (DGDB) para elaborar un Plan Nacional de Conservación del Cóndor Andino. Para tal fin, ya hubo una reunión a mediados de abril que fue también coordinada con la Dirección General Forestal y de Fauna Silvestre (DGFFS) del Ministerio de Agricultura. Esta primera reunión fue algo —lamentablemente y hay que decirlo— reducida en cuanto a la invitación hecha a los expertos en temas ornitológicos y específicamente en lo que al Cóndor Andino se refiere.  

No obstante y sin lugar a dudas, este primer paso debe ser aplaudido. Sin embargo, el plan que se pretende construir será mucho más efectivo si se incluye a otros especialistas y no se limita a tener la participación de unos cuantos. Y de paso, sería interesante anunciar esto en los medios de comunicación, no para obstruir este importante proceso, sino para llamar la atención de posibles cooperantes, gobiernos regionales y locales, empresas privadas (¿por qué no?) y otros actores que se comprometan a colaborar. No dejemos pasar esta oportunidad.

Así también, es de destacar que en los últimos meses, la prensa peruana ha publicado diversos artículos sobre las amenazas que se ciernen sobre esta y otras especies. Esto ha originado una cierta presión hacia las autoridades, lo cual es bueno. Debemos aprovechar la “viada” para hacer algo más por nuestra tan mentada diversidad biológica que es la base de, por ejemplo, la exitosa gastronomía peruana y de pujantes actividades económicas como la observación de aves, el turismo en las áreas naturales protegidas, entre otras.

Laberintos estatales

A todo esto, ¿Qué organismo vela en el Estado por nuestra flora y fauna? Esta pregunta simple tiene una respuesta algo compleja. No ahondaré mucho al respecto pero solo daré un par de pinceladas para entender un poco mejor el tema. Así, nuestra fauna y flora silvestre están en manos de la DGFFS que pertenece al Ministerio de Agricultura; nuestra diversidad biológica está representada en el Ministerio del Ambiente a través de la ya mencionada DGDB; y nuestras áreas naturales protegidas (que protegen también nuestra diversidad biológica) están a cargo del Servicio Nacional de Áreas Naturales Protegidas por el Estado (SERNANP) que es un organismo adscrito al Ministerio del Ambiente. No sigo para no marearlos.

Ahora, ¿coordina la DGFFS con la DGDB? Que yo sepa, no. Se argumenta que la primera sí tiene competencia sobre los recursos naturales y la otro no. ¿Coordina el SERNANP con la DGFFS? Solo lo estrictamente necesario porque son dos “jurisdicciones” distintas, es decir, el SERNANP dentro de las áreas naturales protegidas y la DGFFS fuera de ellas, pese a que son “vecinos” y que para la flora y fauna no hay límites jurisdiccionales.

Pese a todo este laberinto, los ciudadanos de a pie debemos apoyar al Estado para contribuir en su misión de garantizar la protección de nuestros recursos naturales. Es imprescindible reunir a los especialistas, informar a la mayor cantidad de personas y pasar a la acción desde la tribuna respectiva. Además, debemos tener en cuenta que, cuando hablamos de diversidad biológica, el término mismo encierra tres dimensiones: la diversidad de especies, la diversidad de ecosistemas y la diversidad genética. Algunos afirman incluso que la diversidad cultural podría estar inmersa en esa definición, pero esa es otra historia.

Es por eso que la conservación, el uso responsable, la generación del conocimiento, la promoción y todo lo que corresponde a nuestra diversidad biológica, debería estar a cargo de un solo ente y ese es, en mi opinión, el Ministerio del Ambiente con sus diferentes direcciones y órganos adscritos. Además, debe incorporar a la Autoridad Nacional del Agua (ANA) para cerrar el círculo. Por ende, esta iniciativa para conservar al Cóndor Andino debe estar liderada por el Estado pero incluyendo a todos los que en este tema tienen algo que decir. En todo caso, debe quedar en actas que se les invitó.

De cóndores y otros demonios

Uno de los argumentos que se utiliza para explicar el descenso de las poblaciones del Cóndor Andino es la llamada Yawar Fiesta que aún se practica en nuestros Andes, especialmente en los departamentos de Apurímac y Cuzco. Para ello, se captura cóndores que son puestos luego encima de un toro para representar el dominio andino sobre lo español. No incurriré en detallar esta celebración, pero sí creo necesario poner énfasis en que no se puede culpar únicamente a este rito como la amenaza más severa a estas aves y menos se le puede culpar a la novela de José María Arguedas, Yawar Fiesta, de esta situación.

Sin lugar a dudas, esta celebración genera impactos en las poblaciones de cóndores de la sierra sur ya que, si bien se libera a los cóndores tras este ritual, muchos de repente no sobreviven y otros mueren en el camino. Acá se evidencia otro de los principales problemas en la conservación de nuestra diversidad biológica: la falta de información y de investigación científica. No se sabe realmente cuántos cóndores mueren en el Yawar Fiesta, ni cuántos cóndores existen realmente en el Perú (y dónde están). Por eso, urge hacer estudios serios y no dejarnos llevar por posturas parcializadas ni por campañas mediáticas tremendistas sin sustento técnico.

Más peligroso para los cóndores es el envenenamiento directo o indirecto (ya que comen otros animales envenenados) que sufren por los pobladores andinos para que no ataquen su ganado, la pérdida de lugares donde anidar y la caza ilegal para venderlos como artesanía o para utilizar algunas de sus partes en la medicina tradicional.

Y por cierto, tal vez se pueda utilizar el Yawar Fiesta de manera inversa para concientizar a la mayor cantidad de personas sobre el Cóndor Andino y su importancia de conservarlo y de paso desmitificar el hecho de que son una amenaza sobredimensionada para el ganado. Es hora también de proponer acciones novedosas para combatir esta situación.     

Finalmente, recomiendo que en las futuras reuniones de coordinación en torno al Cóndor Andino (y a otras especies) inviten y acojan a algunos periodistas para incorporar desde el arranque (y no al final como suele suceder en casi todos los proyectos de conservación) el tema de comunicaciones. No hago lobby a mi campo de trabajo, pero creo que sí es necesario contar con una buena herramienta de comunicaciones que se geste desde el principio y que acompañe a todo el proceso para hacerlo más efectivo.  

Evitemos pues que la conservación de esta y de otras especies se haga exclusivamente a través de las redes sociales o que sea dirigida por unos cuantos. El Estado es el indicado para liderar todo lo anterior y todos debemos apoyarlo.

Abril 2013

Artículo publicado en la versión on line de la Revista Rumbos con fotos de Alexander More y de Michell León: 


EL ENCANTO DE VER PAVAS ALIBLANCAS EN ESTADO SILVESTRE


En Piura, específicamente en el caserío de Limón, la quebrada Frejolillo es un lugar idóneo y seguro para ver Pavas Aliblanca y disfrutar del bosque seco.

Hace unos días emprendí un viaje extraordinario a una quebrada piurana para apreciar a la Pava Aliblanca (Penelope albipennis) en estado natural. Para tal fin, estuve acompañado de cuatro especialistas con los que hicimos de esta pequeña travesía, una experiencia inolvidable que intentaré describir en estas pocas líneas. Primero, vayamos a los hechos. El lugar elegido para esta experiencia cautivante y muy emotiva es la quebrada Frejolillo, ubicada a unos cuantos kilómetros del caserío Limón en Piura.
 
Tener enfrente y a pocos metros un ave altamente amenazada y sobre la cual se pensó que estaba extinta —hasta 1977 cuando fue redescubierta por Gustavo del Solar y John O´Neill muy cerca de Frejolillo— es un hito inolvidable para todo observador de aves y para cualquier amante de la naturaleza. Así, según Dennis Osorio, especialista en aves y Asesor de Inkaterra, “la quebrada Frejolillo es un lugar excepcional para ver Pavas Aliblanca en estado silvestre, pues es de fácil acceso, no implica un esfuerzo muy agotador llegar hasta los lugares idóneos para ver estas y otras aves; y además está muy bien conservado. Por último, visitar el lugar puede durar un día, aunque lo ideal es quedarse por lo menos una noche para disfrutar al máximo este paraje y ver también algunas aves nocturnas”.

Gran parte de la quebrada en mención forma parte del Área de Conservación Regional (ACR) Salitral – Huarmaca, espacio protegido por el Estado que fue establecido como tal el año 2011 y que comprende parte de los territorios de dos distritos del departamento de Piura: Salitral en la provincia de Morropón y Huarmaca en la provincia de Huancabamba. Esta área de conservación complementaria al Sistema Nacional de Áreas naturales Protegidas por el Estado (SINANPE) y administrada —en teoría— por el Gobierno Regional de Piura limita con el departamento de Lambayeque y tiene una extensión de 49,021 hectáreas. El ACR Salitral – Huarmaca protege una porción bastante bien conservada de bosque seco de montaña y va desde los 150 hasta los 1300 msnm.

¿Cómo llegar?

Para llegar a este fabuloso rincón del país, uno de los puntos de entrada se encuentra cerca de la ciudad de Olmos en la antigua carretera Panamericana Norte (km 113) que une Chiclayo y Piura. Desde ahí se debe transitar por un camino afirmado (en buenas condiciones, salvo en época de lluvias severas) por cerca de una hora hasta llegar al caserío de Limón. Una vez allí; es necesario cruzar un campo de fútbol para llegar a la casa de Lino Rico, un guía especializado que conoce la quebrada como la palma de su mano.

Con el acompañamiento de Lino o de la persona que él designe, la garantía de ver Pavas Aliblanca en la quebrada Frejolillo está asegurada, salvo alguna situación excepcional. Dicho sea de paso, es recomendable avisarle a alguien del caserío las intenciones de ingresar a la quebrada y ver la manera de contar de todas maneras con un guía para mayor seguridad y para evitar malentendidos.

La diversidad biológica

De hecho, el principal atractivo del lugar es el referido a la avifauna. Aunque también es un lugar idóneo para conocer la flora y fauna de los bosques secos ecuatoriales. Y si es posible ir dos veces al año, recomiendo ir en marzo (después de lluvias) y en la época seca (julio – setiembre) para conocer la variación del paisaje y entender las complicadas dinámicas estacionales de este importante ecosistema.

Así, según Fernando Angulo, reconocido especialista en aves e investigador principal del Centro de Ornitología y Biodiversidad (CORBIDI), la quebrada Frejolillo “reúne una abundante avifauna típica del bosque seco y un gran número de especies endémicas de la Región Tumbesina y amenazadas. Así por ejemplo, destacan el Hoja-Rasquero de Capucha Rufa (Hylocryptus erythrocephalus), el Pecho-de-Luna Elegante (Melanopareia elegans), el Carpintero Ecuatoriano (Picumnus sclateri), el Trogón Ecuatoriano (Trogon mesurus), el Chotacabras de Matorral (Nyctidromus anthonyi) y el Zorzal de Dorso Gris (Turdus reevei). También se puede apreciar a la Paloma de Vientre Ocráceo (Leptotila ochraceiventris), a la Lechucita de Frente Anteada (Aegolius harrisii) y al Copetón de Corona Tiznada (Myiarchus phaeocephalus). Por último, también se puede ver especies de aves raras ya que tienen una distribución muy restringida. Este es el caso del Águila Solitaria (Buteogallus solitarius) y del Gallinazo Rey (Sarcoramphus papa)”.

Así también en este lugar se puede ver con suerte especies tales como la Macanche (Boa constrictor ortonii), Puma (Puma concolor), Vizcacha (Lagidium peruanum), Sajino (Pecari tajacu) y otras típicas de estos escenarios de cambiante dinámica como lo son los bosques secos. Además, se puede apreciar una gran variedad de insectos, réptiles y de plantas. Para eso, es necesario tan solo estar siempre atento a cualquier detalle y contar con un buen guía local. 

Para Michell León, fotógrafo especializado en naturaleza, este lugar es “el mejor sitio que conozco hasta ahora para poder ver y fotografías Pavas Aliblanca en estado silvestre. Esto, debido a las innumerables pequeñas quebradas que conforman Frejolillo, las cuales permiten posicionarse en lugares claves para capturar buenas fotos y contemplar la actividad de la Pava Aliblanca, así como de otras aves y animales típicos del bosque seco”. 

En los días que estuvimos en Frejolillo vimos un gran número de pavas e incluso algunas parejas con crías. Según nuestro guía local, Lino, se puede afirmar que en la quebrada habitan entre 40 y 50 ejemplares de ellas. Así, con el bosque rebosando de verdura y de vida, es imprescindible tener paciencia y buen humor, ya que a veces, dada la explosión vegetal, el avistamiento de aves puede ser algo dificultoso, pero nada más reparador que caminar y detenerse de vez en cuando a apreciar estos bellos escenarios bajo la sombra de Hualtacos, Frejolillos o de un Palo Santo.   

Sin lugar a dudas, Frejolillo es el destino ideal para traer grupos de “pajareros” que deseen ver a la Pava Aliblanca en estado silvestre y a todas estas aves; y para que puedan conocer este ecosistema algo olvidado y poco conocido como lo es el bosque seco. Además, el lugar es seguro y de fácil acceso.

Los pendientes

Por otro lado, Luis Ríos, Gerente General de Consultores Asociados en Naturaleza y Desarrollo (CANDES) y especialista en turismo, este lugar “tiene un enorme potencial para desarrollar un turismo que gire en base a la avifauna local y a la belleza paisajística. No obstante, para tal fin es necesario desarrollar aún más esta potencialidad mediante el establecimiento de reglas claras y de un cobro por el uso del espacio y por un guiado especializado. Si se capta ingresos económicos para uso de la comunidad, el lugar puede auto sostenerse y puede ser conservado”.

Adicionalmente, se debe trabajar en temas básicos como lo son la implementación de una infraestructura básica para alojar y darle algunas facilidades y comodidades a los turistas; el mantenimiento de los caminos; instalar una señalización mínima; y en el futuro un centro de interpretación. Así también, se debería ordenar la actividad ganadera, por lo menos en la quebrada Frejolillo, pues al turista no le gusta ver ganado por doquier.

Ahora, si bien el caserío de Limón está ubicado políticamente en Piura, su conexión real y comercial es Olmos y Motupe en la provincia de Lambayeque y claro, Chiclayo, capital del departamento de Lambayeque. Por eso es importante ver también la manera de articular este destino —especializado por ahora y exclusivo de los observadores de aves— a otras rutas turísticas. Para esto falta mucho, pero un primer paso es conocer y valorar la existencia de este lugar de gran belleza.

Limón y la quebrada Frejolillo son lugares seguros para ser visitados si se toma las previsiones del caso. El camino para impulsar el turismo especializado y para articular la conservación con el desarrollo local es largo, no obstante, tras este viaje estamos convencidos de que es posible lograr este objetivo.   

Tramo final

Así las cosas, si del cielo te cae limones, aprende a hacer limonada. Por eso, los pobladores de Limón tienen una gran oportunidad de obtener recursos económicos en base a un manejo apropiado y consensuado de sus recursos naturales. Es importante que en el caserío exista un tejido social bien estructurado y organizado, mediante el cual se establezca compromisos que sean asumidos como propios y que, por supuesto, sean cumplidos para su propio beneficio. Estamos frente a una iniciativa muy interesante donde se debería demostrar que la conservación, el uso y la promoción de la diversidad biológica sí pueden dar dividendos económicos que, bien invertidos, pueden mejorar la calidad de vida de los involucrados directamente y de manera sostenida. 

Y por último si visita este esplendido lugar y decide pernoctar aunque sea una noche, es posible que algunos pobladores locales le pregunten si ha escuchado o sentido en la noche la presencia o alguna manifestación de “El Encanto”. Sin embargo, no se preocupe por indeseadas presencias inmateriales del más allá. El único encanto es estar inmerso en este alucinante rincón del Perú donde el bosque seco lo envolverá en una imborrable experiencia que le permitirá gozar de la naturaleza y de una tranquilidad envidiable para entender por qué el Perú es un país privilegiado.   

Abril 2013

Artículo publicado en la versión on line de la Revista Rumbos con fotos de Michell León / CANDES: 

BIENVENIDOS AL NUEVO MORDOR: ¡EL PERÚ! (XXVII)

  Hace unos meses, tras un golpe de lucidez y un destello de valor, decidí abrir dos redes sociales para lanzar mensajes sobre diversos tema...