Salí de esta embarazosa situación
hace poco más de cuarenta años. Deambulé por unas calles llenas de escombros.
Luego fui a un supermercado a comprar un turrón duro que casi logró fracturar
mi débil dentadura. Jugaba en un ovalo y contemplaba con parsimoniosa
admiración el árbol que crecía sin chistar. Soy Eugenio. Crecí. Sí, eso creo
pues, pese a ser enano, sé que no soy aquel que salió a ver el mundo con este
único ojo. Retomé mi adicción a la morfina innecesariamente y muchas veces,
pues nunca sentí nada de dolor. Nunca he sentido dolor alguno por lo que me han
hecho o por lo que he hecho. Solo sé que por donde he estado he sembrado el
odio y el amor en cantidades iguales. No hay de qué quejarse. Cuando estuve en
el bosque que me deparó numerosos amaneceres de color púrpura, vi como de ahí
salió aquel obsequio que me acompaña hasta hoy. Me levanté iracundo y
desesperado por mi dosis habitual.

Salgo a navegar por el gran río dorado. Llegué antes que todos. Me siento a esperar. Aparecen mis primeras víctimas. No sufrirán. Las atravesaré con lanzas que no verán venir. Sacudo la cabeza para limpiarme la sangre en el hocico. Ya tengo suficiente. Salgo caminando dejando un hilo rojo en la nieve casi morada que entumece mis pies. Camino zigzagueante por la avenida. Debo regresar a mi madriguera. Mañana se desencadena la tormenta que he mandado elaborar para tu partida. Oigo mi nombre en el intercomunicador de la calle. No me queda más remedio que dispararle a esa caja boba que no me sirve para nada. Espero tu llegada constrictora. Pretendes seguramente hacerme sufrir un par de días o meses más. Como dice la canción: …i am hungry again, i am drunk again… pero no solo eso, porque …if you walk out the door, will i see you again?...
Me despierto agitado y con la boca seca. Necesito agua bajada de la colina. La guerra nos agarró en plena discusión. No todo está perdido. ¡Eugenio eres un pobre diablo! Lo sé, pero por qué me lo dices ahora y no me lo mencionaste mientras cocinaba el pez que acabó de extraer del lago azul de la isla en el fin del mundo donde pernoctamos. Dime solamente que tienes lo que deseo. El resto vendrá solo. No es la primera vez que debo esperar que las gotas se sequen. Mientras tanto, cierra la puerta. Seguiré encerrado en este lugar lleno de sombras. Avísame por favor cuando yo ya no esté. No digas nada más. No me daré cuenta, no sentiré nada. Ya todo lo dejé en desorden. Bitte, lass mich ruhig heimgehen.
Agosto 2013
Alucinante loco, como siempre...
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