sábado, 30 de julio de 2022

SIN CIENCIA NO HAY PARAÍSO

Gráfico 1. 
¿Extraña situación? 
¿Por qué sería extraña?
Va el segundo intento. Me demoré más de la cuenta en escribir estas cortas líneas que debían responder a la siguiente pregunta: ¿Por qué es necesario evitar distorsiones en la divulgación de información científica? Al final, no sé si logré responder lo que el “profe” nos encargó. Lo que sí sé es que pude presentar el trabajo a pocos minutos de la hora pactada y desesperado por retomar la serie Peaky Blinders. Espero que la nota que vaya a recibir refleje las horas de dedicación y esfuerzo que usé para entremezclar la escritura, con la vida de los Shelby y las aventuras de mi mentor Charlie Harper.

Si consultamos la página web del diccionario de la lengua española de la Real Academia Española (RAE) para saber qué significa la palabra distorsión[1] encontramos las siguientes definiciones: (…)

2. f. Deformación de imágenes, sonidos, señales, etc., producida en su transmisión o reproducción.

3. f. Acción de torcer o desequilibrar la disposición de figuras en general o de elementos artísticos, o de presentar o interpretar hechos, intenciones, etc., deformándolos de modo intencionado.

Así, asumiendo que, en el caso de la información, la distorsión se refiere a la deformación de esta, producida en su transmisión o reproducción, lo que a su vez desequilibra la disposición de la misma, de tal manera que esta sea presentada para que los hechos sean interpretados de una manera intencionada, es decir, se “acomoda” la información adrede para que el receptor la entienda de una manera tal que beneficie a algunos, oculte algo o busque incidir en algún tema específico, estamos frente a un (gran) problema.

En especial, frente al gran “público de a pie”, dado que, en el caso de que se trate de información científica para la toma de decisiones o cambio de actitud frente a algún problema y dado que no necesariamente este público tiene un conocimiento previo del tema, se puede inducir a un error de percepción o de interpretación de manera intencionada o por desconocimiento completo del tema.

En el primer caso, es decir, cuando se desea que el público reciba la información “deformada” para apañar algo, ocultar una verdad, desviar la mirada o por alguna otra razón, deben saltar las alarmas. Eso no debería suceder. Ahora, si el que divulga actúa y suelta información sin saber realmente de qué se trata o lanza teorías que se basan en meros supuestos no probados, es también otro problema que debemos evitar.

Debemos diferenciar también que no es lo mismo actuar por desconocimiento que actuar con un conocimiento previo, el mismo que puede estar errado o que puede haber sido adquirido mediante algún canal, pero con información alterada, errónea o manipulada con fines determinados, no todos para algo bueno. Por eso, informar a un público masivo implica tener cierta responsabilidad para con el destinatario.

Es preciso también diferenciar entre datos, información, conocimiento y sabiduría. Y es que a veces se suele entremezclar los significados y se puede prestar a la confusión el uso de estos términos sin tener clara la diferencia y el alcance. Partamos de los datos como “materia prima” para formar o entregar información. Es decir, solo con datos que a veces parecen inconexos, dispersos, innecesarios e incluso abundantes, no podemos hacer mucho o no nos ofrecen lo que realmente queremos o debemos saber. Un grupo de datos sin conexión lógica, sin un contexto definido y sin haber sido constatados, ordenados, sistematizados y presentados de manera ordenada, no tienen mucho impacto.

Y si los datos, así sean exactos o inexactos, falsos o verdaderos, comprobados o no, son cohesionados intencionalmente para formar un conocimiento sobre algo, podríamos afirmar que ese conocimiento ya está distorsionado. Por lo tanto, es importante contar con datos e información científica que soporten un análisis para comprobar su validez y que estos estén prestos a poder ser comprobados.

Al momento, de presentar la información surge otra variante la subjetividad. Afirmar que existe la objetividad en el manejo y presentación de la información, dista de ser cierto. Siempre existe o se presenta una carga subjetiva en la información que se ofrece al emisor. Ya sea, también, por desconocimiento o de manera intencionada, la subjetividad puede influir de manera significativa en el impacto que genere la información que se difunda; esto, ya sea para bien o para mal. Si hablamos de información científica, deberíamos asumir que esta es objetiva. No obstante, los resultados, al momento de ser presentados, pueden recibir una carga subjetiva, para bien o para mal.

Por eso, es necesario combatir la falta de información científica sobre, por ejemplo, la gestión sostenible del patrimonio forestal y de fauna silvestre, de tal manera que el público objetivo tome mayor conciencia sobre algunos de los problemas que se tiene como el comercio ilegal de especies silvestres, la introducción de especies exóticas invasoras, manejo ilegal, entre otros. De esta forma, mediante el conocimiento, el entendimiento y la interiorización del problema, se puede tomar mejores decisiones.

Divulgar el conocimiento científico contribuye a persuadir a un público determinado, en este caso a la ciudadanía en general, a que realice acciones específicas, dentro de un marco conceptual acorde con la normativa y las buenas prácticas. En ese entendido, para buscar efectos en el público objetivo, se requiere elaborar mensajes en base a información científica y técnica, consensuada y procesada, de tal manera que sea fácil de asimilar. Así, lo que se pretende es que la divulgación científica se convierta en una herramienta más de gestión que esté orientada a conocer el rol y el valor de nuestro patrimonio natural y de generar políticas y conductas que permitan asegurar su conservación.

Evitar la distorsión

En base a lo anterior y a una noticia aparecida el jueves 23 de junio de 2022 en Pimentel, Lambayeque (Ver Gráfico 1) es necesario aclarar por qué es necesario evitar la distorsión de los mensajes que se difunde a través de los medios de comunicación. En este caso, se difunde información y por desconocimiento se puede crear una situación alarmista que podría originar que se tenga una falsa percepción de lo que realmente en nuestro entorno natural. Vamos por partes. En primer lugar, el ave que se muestra es un ejemplar joven de, presuntamente, piquero peruano (Sula variegata). Es joven por el color del plumaje y del pico.

Gráfico 2. Gestión del conocimiento.

El ejemplar de la foto, en su condición de juvenil, debe iniciarse en el arte de cazar (en este caso) pescar, para lo cual, como es típico de esta y otras especies de aves marinas, debe lanzarse en picada al mar para obtener peces. En esos intentos, varios especímenes juveniles fallan, ya sea por inexperiencia, por condiciones ambientales adversas (vientos, oleaje) y no calculan bien el ángulo de impacto y pueden romperse un ala o tener graves lesiones. Es decir, muchos de ellos “no pasan la prueba” y terminan varando en las orillas de la costa peruana; y finalmente, muchos de ellos mueren.

De esta forma, la selección natural y el ciclo de la vida y muerte se manifiestan claramente. Los individuos más débiles y no aptos mueren y sirven de alimento a otras especies como zorros y gallinazos. Ahora, esta situación es “normal” en toda la costa peruana, solo que —y he ahí uno de los problemas— se da en un lugar urbano, donde el hecho puede ser documentado. Adicionalmente, al ser presentada la información de tal forma que se presta a la especulación al adicionar la afirmación “extraña situación”, se difunde un mensaje que distorsiona lo que se quiere o debe informar.

Y esto ¿por qué? Porque se podría empezar a sacar conclusiones, como por ejemplo que este caso es “masivo” (¿cuántos ejemplares deberían pasar por eso para ser calificado como tal?), es “anormal” (¿qué es lo normal?) y que se debería a presuntamente, el derrame de petróleo, a los pescadores, al “cambio climático” o a otros factores producidos por los humanos. No está descartado que esto último suceda, pero no existen pruebas ni una evaluación del caso.

No obstante, ¿qué puede generar este tipo de publicaciones alarmistas? En principio, generan desinformación y alertan sobre presunciones no probadas. Esto hace que muchos ciudadanos acudan rápidamente a las autoridades para que tomen cartas en el asunto y “atrapen” a los culpables o esclarezcan los hechos, cuando a veces ni las mismas autoridades entienden los hechos. Por otro lado, se les exige a las autoridades que rescaten a las aves y que las “curen” para que regresen a su hábitat natural, “como corresponde”.

Acá viene otro problema, de ser el caso que las autoridades rescaten a estas aves y que además estas puedan ser recuperadas, es poco probable que pueda regresar a su hábitat natural por ser juveniles inexpertos. Liberarlos después de un tiempo, si es que realmente están sanas y sin enfermedades, virus o bacterias que podrían infectar a poblaciones naturales, podría ser un problema. Primero porque tal vez ya no puedan pescar y segundo porque podrían ser transmisores de enfermedades. A veces, es mejor dejar que las cosas discurran y que la “naturaleza haga lo suyo”, es decir, si estas aves, deben morir, que lo hagan, es parte, aunque suene contradictorio, de la vida.
Para saber que este es un problema, 
debemos saber por qué lo es. 

En conclusión, no es recomendable difundir información relacionada, en este caso, a la fauna silvestre, sin verificar qué es lo que realmente sucede y especular al respecto. Ello conlleva a posibles interpretaciones falsas o infundadas que, extrapoladas o llevadas a otros campos, pueden ser perjudiciales o tener efectos negativos, contrarios a los que realmente se habría buscado. Sin duda, distorsionar la información, con o sin intención es un riesgo que debemos evitar.

¿Información 1 + información 2 = conocimiento?

Hace ya varios años escribí un artículo para mi blog Mi Tambor de Hojalata titulado “¿Es toda forma de conocimiento, conocimiento científico?[2], en donde figura que “en el discurso científico no se encuentra definiciones concretas y reconocidas para el concepto de conocimiento. En este campo encontramos diversas definiciones que suenan similares entre sí, pero en donde cada una depende del punto de referencia desde donde se plantee. Una pequeña reflexión sobre las diversas perspectivas del conocimiento nos puede llevar a tres puntos en común de todo tipo de conocimiento:

i. El conocimiento se basa y se sustenta en información.

ii. Esta información debe estar referida a situaciones entrelazadas entre sí y a su vez debe concordar con la realidad. Debe de haber coherencia.

iii. Además de la concordancia en la información, el conocimiento debe estar en concordancia con las condiciones palpantes de nuestro entorno”.

En base a los tres items y a lo expuesto en el Gráfico 2, la información no debería presentar una distorsión o en todo caso se debería evitar que esto se dé. Si la información es distorsionada, su posterior emisión y asimilación nos puede llevar por caminos no deseados, sobre todo si nos importa promover la gestión del conocimiento para una mejor toma de decisiones y construcción de políticas públicas. Si la información es errónea o mal presentada, el conocimiento ya se ve alterado.

Por lo tanto, dado que estamos ante la necesidad de promover la divulgación científica, es necesario evitar la distorsión, para lo cual se debe verificar siempre las fuentes y no conformarse con lo que nos ofrecen los medios de comunicación. Es necesario también verificar siempre la certeza, actualidad y pertinencia de la información y evitar que nos sorprendan.

Para informar, hay que saber de qué
estamos hablando.
En ese sentido, “¿Es toda forma de conocimiento, conocimiento científico? llegamos a una respuesta: NO. Si bien todo tipo de conocimiento es una dependencia entre las partes que lo conforman en donde aparecen dos términos que se relacionan, es decir el que observa (o conocedor) y el objeto por observar (o conocer), el conocimiento científico va más allá de la simple percepción y ahí radica la diferencia.

No es lo mismo saber por ejemplo que un cuerpo al ser soltado “se cae al piso” que saber que esto se debe a la gravedad. El conocimiento que nos proporciona la realidad nos permite adaptarnos y sobrevivir en nuestro entorno. Asimismo, nos muestra de una manera simple todo lo que nos rodea. Sin embargo, es el conocimiento científico el que nos permite entender a cabalidad los diferentes fenómenos y hechos del entorno. Es a través de la ciencia que encontramos explicación a todo (o casi todo), y son las teorías e hipótesis que se van perfeccionando para intentar explicar cada vez mejor el mundo”.

Por ende, si deseamos cambiar actitudes, ampliar el conocimiento y apuntar hacia la sabiduría, debemos partir de una base científica sólida, la misma que debe poder ser divulgada en un lenguaje adaptado al público objetivo sin caer en tecnicismos ni en un lenguaje muy sencillo y plano.

En conclusión, en la materia que nos concierne, el conocimiento científico trasciende al conocimiento general o simple. Esto implica por lo tanto que la información que vamos a divulgar debe haber atravesado toda la dinámica del método científico y debe tener como valor agregado que, la información que se emita debe tener también cualidades para ser atractiva, amena y que genere o propicie la acción.

Finalmente, lo que se desea es que la divulgación científica ayude a generar cambios mediante la valoración de, en este caso, nuestro patrimonio forestal y de fauna silvestre. Con información científica amena, entretenida y precisa, se puede generar las bases para que percibamos nuestro patrimonio natural de una manera tal que entendamos su importancia, sus amenazas, los beneficios que nos ofrecen y cómo podemos aportar a su gestión sostenible. Sin ciencia, no hay paraíso.

Junio 2022


[1] https://dle.rae.es/distorsi%C3%B3n?m=form

[2] https://mitambordehojalata.blogspot.com/2010/10/es-toda-forma-de-conocimiento.html


jueves, 14 de julio de 2022

¡QUÉ NO PANDA EL CÚNICO! INFORMA E INFÓRMATE BIEN

Rana del Lago Titicaca. Foto: SERFOR.

Por un corto periodo de tiempo he regresado a las aulas. Debido a ello, he debido desempolvar la pluma para escribir algunos ensayos y hacer mi tarea del colegio. Debo reconocer con poca vergüenza que soy un estudiante flojo, relajado, disperso y sobre todo, divagante. En vez de escribir estas líneas en un periodo de tiempo razonable, me demoro más de lo necesario por dedicarme a ver Netflix, Poné a Francella, El Bananero, Two and a Half Men y otras series, dejando de lado, de manera descarada y sin culpa, mis obligaciones. Además, claro está, la calidad de lo escrito va descendiendo conforme avanzo. Dicho esto, acá les dejo una primera muestra.  

El Perú es considerado un país megadiverso y está entre los diez en esta lista de orden mundial, junto a México, Colombia, Madagascar, Indonesia, Ecuador, Congo, etc. Esto se debe a que alberga una muy alta diversidad biológica que se cristaliza en un gran número de especies biológicas (diversidad de especies), de diversidad genética y de diversidad de ecosistemas. A esta diversidad, algunos autores le suman la diversidad cultural, la misma que habría permitido que el ser humano “use” la flora y fauna silvestre a su favor y para su supervivencia, a través de la domesticación, por ejemplo. En el caso de Perú, los antiguos peruanos lograron domesticar especies como la llama y la alpaca —en base a camélidos sudamericanos como la vicuña y el guanaco—, el cuy, pato criollo, entre otras.

En esa dirección, el Perú reúne diversos factores geográficos que condicionan que tenga una alta diversidad biológica, tales como, en resumen, estar cerca de la línea ecuatorial, tener a la Cordillera de los Andes y dos corrientes marinas (la de Humboldt y la de El Niño), ser el origen de la cuenca amazónica, así como tener una diversidad de pisos ecológicos. Todo ello favorece la formación de una serie de hábitats en diversos pisos altitudinales que albergan a un gran número de especies biológicas. 

Adicionalmente, los ecosistemas en el país presentan, en términos generales, un buen estado de conservación. En vista de ello, el Perú es el segundo país, en el planeta, en cuanto al número de especies de aves, tercero en mamíferos, tercero en anfibios, tercero en mariposas y es considerado el centro de origen de la papa, el cacao, entre otros productos vegetales.

Foto: Michael & Patricia Fogden, CORBIS.
No es difícil, en base a lo anterior, imaginar que debamos convivir con un gran número de especies de fauna silvestre en todo el país, incluso en las ciudades. Es por eso por lo que el manejo de la información científica sobre las especies, en este caso, de animales silvestres, sea parcialmente desconocida para el ciudadano de a pie, lo que ocasiona que existan conflictos entre seres humanos y la fauna silvestre. Y en especial, es inevitable que se cree una falsa concepción de algunos grupos de animales, como serpientes, murciélagos, zorros, osos de anteojos, entre otros. 

A todo ello se suman diversos problemas que acarrean el crecimiento demográfico y la consecuente necesidad de acceder a nuevas tierras para realizar actividades productivas como la minería, agricultura, ganadería y otras. Esta situación ocasiona que la población use terrenos que son hábitat natural de la fauna silvestre, por lo que la frontera, en muchos casos, entre lo “urbano” y “el campo o el monte” es difusa. Esto genera encuentros más comunes entre la gente y la fauna silvestre, en los cuales se menciona que “los animales invaden los terrenos ocupados por las personas”, cuando en realidad es todo lo contrario. Ellos siempre estuvieron ahí. 

Así, por ejemplo, en julio de 2014, en la versión regional (Loreto) del diario Correo, apareció una noticia que llevaba el siguiente título: “Serpientes venenosas atacan a vecinos en Iquitos”. A lo largo del artículo aparecen frase como: “Los vecinos del distrito de Prolongación Sucre en Iquitos sufrieron el ataque de un grupo de víboras asesinas de distintas especies”. Las madres de familia denunciaron que cada día matan decenas de estos reptiles que atacan a sus hijos y que las autoridades locales no hacen nada por ayudarlos”.

Asimismo, se indica en el artículo que “(…) Según reporte del corresponsal de Correo en Iquitos los animales van en busca de lugares calientes por lo que muchas veces ingresan a las viviendas de las personas para refugiarse en las salas, cuartos, al pie de las camas, poniendo en constante peligro la vida de los ciudadanos. Los más expuestos a estos ataques son los niños que juegan en la casa y podrían encontrarse con alguno de estos animales y sufrir una mordedura mortal”.

A los pocos días, apareció un artículo, en la revista Velaverde, en alusión a la nota aparecida en el diario Correo, titulada: “Serpientes: entre la verdad y la ficción (periodística)”, escrito por Santiago Bullard, en el que se aclara diversos puntos al respecto. 

Parte de lo escrito anota que: “A lo largo de los años, los medios periodísticos han convertido a las serpientes en un malvado recurrente de noticias llenas de sensacionalismo. El año pasado una noticia de El Comercio llamaba “pitones” a dos boas constrictoras encontradas en pleno Centro de Lima; y, hace menos de un mes, una noticia de Correo vuelve a pecar de nulo rigor científico al acusar, en un artículo, de “víboras asesinas” a inofensivas culebras. La pregunta que surge es: ¿qué compromiso tienen los medios periodísticos con los datos científicos y qué consecuencias traería su incumplimiento? (…)”.

Adicionalmente, el artículo periodístico enuncia que “En principio, la noticia parece fiable: estando ubicada en plena selva amazónica, a nadie puede sorprenderle que en la ciudad de Iquitos de encuentre algún ofidio venenoso. El primer problema radica en lo que dice la nota como tal: “Los vecinos del distrito de Prolongación Sucre, en Iquitos, sufrieron el ataque de un grupo de víboras asesinas de diversas especies”. Ciertamente, tildar de “asesinas” a las serpientes no es muy científico, aunque sin duda consiga atraer la atención de los lectores. Sencillamente, porque en términos científicos no existe tal cosa como una serpiente “asesina”, pues las serpientes venenosas solo atacan a la gente en defensa propia. (…)”.

Finalmente, el periodista menciona que “La noticia, en internet, está acompañada por un video, una suerte de “reportaje” en el que se vuelve a recurrir a adjetivos que aporten cierto sensacionalismo a la nota. Para empezar, dan a entender que los reptiles estarían, de alguna manera, confabulando entre sí para atacar a las personas (lo que de¬mandaría un grado de organización del que las serpientes, criaturas esencial¬mente solitarias, carecen). Pero lo que más evidencia la falta de rigor científico de la nota es que, de hecho, las serpientes que aparecen en el video no solo no son víboras, sino que ni siquiera son, técnicamente, serpientes venenosas”. 

Bullard agrega además que “El herpetólogo –especialista en anfibios y reptiles– Pablo Venegas identificó a las supuestas asesinas como Helicops angulatus, una especie de colúbrido de hábitos semiacuáticos que se alimenta fundamentalmente de peces y ranas, a los que captura recurriendo a una toxina sumamente leve que, si bien es letal para sus presas, no representa ninguna amenaza para las personas. La pregunta, ahora, es si estamos ante un resbalón periodístico o ante una actitud generalizada que evidencia un vicio recurrente de los medios (…)”.

Ejemplos en el Perú del tratamiento desacertado de temas relacionados a la fauna silvestre hay varios. Principalmente, estos se centran en la percepción que se tiene sobre los posibles daños y peligros que le puede ocasionar al hombre la presencia de animales silvestres en zonas periurbanas. En ese sentido, es necesario que se vierta información científica a la ciudadanía para prevenir posibles conflictos entre humanos y la fauna silvestre. De esta forma se podrá contribuir a, por un lado, evitar la muerte innecesaria especímenes animales y contribuir a la conservación de la diversidad biológica; y, por otro lado, a evitar casos de afectación a la salud humana por desconocimiento y malas prácticas. 

Sancarranca. Foto: Pablo J. Venegas.
Conocer realmente qué sucede con la fauna silvestre, dónde está presente, qué animales podría uno toparse en su entorno, qué características posee, además de saber cuál es su rol en la naturaleza, ayudaría mucho a evitar casos innecesarios de querer matar animales a diestra y siniestra; y desmitificaría diversos aspectos que conducen a diversos sectores de la población a tomar acciones por su propia cuenta que pueden ser riesgosas y desproporcionadas. 

Para este fin, es necesario lograr, por un lado, que los medios de comunicación entiendan la necesidad de publicar información científica validada por profesionales (y no solamente usar la que se sospeche que es de este corte) en un lenguaje apropiado para el público masivo u objetivo al que se dirige; y por otro lado, asegurar que la comunidad científica exija que los medios de comunicación divulguen información verdadera, para lo cual debe poner de su parte y estar llanos para atender los pedidos de prensa. En ese escenario, urge contar con información científica actualizada adaptada a diversas realidades (y públicos), de tal forma que se pueda explicar, por ejemplo, que los murciélagos son especies benéficas para el ser humano, debido a que son polinizadores, dispersan semillas, controlan plagas (insectos), su excremento sirve como fertilizante y que, además, son inofensivos. No obstante, se piensa que muchas de estas especies son vampiros y se les atribuye ataques a las personas por lo que se les ha satanizado. Es necesario saber que en el planeta, solo tres especies de murciélago son hematófagas, es decir, se alimentan de una mínima cantidad de sangre animal y eventualmente humana.

Así por ejemplo, en marzo del 2020, en Cajamarca, pobladores atacaron con fuego a murciélagos porque pensaron que transmitían el coronavirus. Asimismo, en muchos lugares, al margen de este caso, se les caza e intenta eliminar por diversos tipos de creencia no fundamentados que tienen su origen, en parte, en creencias no fundamentadas. Algo similar sucede con el consumo humano de ranas gigantes del género Telmatobius, procedentes principalmente del Lago Titicaca, en el entendido que tienen propiedades vigorizantes y tonificantes. 

Fuente: SERFOR.
Este hecho ha generado que diversas especies de este anfibio se encuentren amenazadas y que se haya debido adoptar diversas acciones de control y fiscalización para detener la captura ilegal de esta especie. No obstante, estas acciones no son suficiente, sino se detiene la demanda, es decir, el consumo de estos anfibios. Para este fin se necesita principalmente información científica que permita argumentar que estos animales no ofrecen los beneficios que se les atribuye; y que además se corre el riesgo de contraer enfermedades, ocasionadas por diversos agentes patógenos que prosperan en las condiciones de insalubridad en las que estos animales son almacenados y criados en cautiverio. 

En este caso, se tiene identificado que el principal público que consume estos “batidos” está conformado por, en Lima, de migrantes provenientes principalmente del Ande peruano y que se dedican principalmente al transporte interprovincial. Este público específico no conoce seguramente (y, además, no le debe interesar saber) que estos anfibios son endémicos del Lago Titicaca y del lago de Junín y que son especies amenazadas y de distribución restringida.

Fuente: SERFOR. 
Otro caso similar es el que se da con la presencia de boas en algunos poblados del norte del Perú. Estos reptiles aparecen eventualmente en casas y causan zozobra entre la población. Y pese a que se ha intentado sensibilizar a las personas, a través del Servicio Nacional Forestal y de Fauna Silvestre (SERFOR) en Piura, sobre el hecho de que son especies amenazadas, que no todas son venenosas y que ofrecen beneficios por ser un controlador de plagas; y que se ha ofrecido diversas recomendaciones como no dejar basura, ni animales domésticos sueltos, entre otros, falta aún mucho por hacer para cambiar la percepción que tiene la gente al respecto. 

Así, en base a este y otros casos, urge difundir información científica actualizada y verificada para públicos específicos que presente claramente aspectos necesarios que den a conocer características de la fauna silvestre que permitan valorar y conocerla, para luego adoptar medidas destinadas a su conservación y a desarrollar una convivencia armoniosa.

Finalmente, es necesario además, adaptar los mensajes a ofrecer, por un lado a públicos específicos para poder gestionar la información a ofrecer; y por otro lado, definir los canales y plataformas a usar, con el fin de tener mejores resultados. Se debería, además, evitar causar el pánico innecesario, evitar gastos innecesarios para intentar controlar incidentes que requieren un tratamiento pensado más a largo plazo y que vaya de la mano de acciones de educación. 

Esto último es imprescindible, si es que se desea cambiar conductas para beneficio del patrimonio de fauna silvestre del país; y consecuentemente de la ciudadanía. Es decir, no es necesario, en estos casos, circunscribirse solamente a un tema de información, sino trascender a ello y generar cambios en el accionar de la gente, en base a conocimientos científicos trabajados para ser usados en temas comunicacionales y educacionales. Si no se cuenta con una buena base científica y con información técnica actualizada, es difícil contribuir a tener una ciudadanía bien informada. 

Junio 2022

sábado, 4 de diciembre de 2021

MALDITO 2021: TIGRES, GLASGOW Y RUN RUN

He estado estos últimos meses sumamente preocupado, inquieto y lleno de angustia, porque conforme se va acabando el año, siento que debo escribir, aunque sea un artículo más para quedarme tranquilo. Nadie me obliga, nadie lo va a publicar, a nadie le interesa, pero a Gerald sí. Ese enano maldito me atormenta en mis sueños y se me aparece intermitentemente en las noches. Soy el único (creo) que lo ve deambular por ahí con actitud crítica “hacia mi persona”. Le hablo y me queda viendo con cara de “¡ya escribe nomás, pinche cabrón, deja de ver tanta serie en Netflix! Bueno le he hecho caso y acá me tienen frente a una de mis peores pesadillas: la hoja en blanco, el cerebro entumecido, la inspiración cercana a la nulidad y la concentración por los suelos. Además, no puedo quitarme a Run Run de encima. Aparece en cada párrafo como queriendo no perderse de nada.

Pese a lo anterior, pude rescatar algunos temas de diversos rincones flotantes de mi memoria y ponerlos por escrito. Y es que después de tanto Run Run, recordé lo que habían declarado hace poco unos científicos sobre el tigre de Malasia o malayo (Panthera tigris jacksoni).

La comparación suena descabellada, lo sé. Sin embargo, después de toda la parafernalia con Run Run, ya nada me parece extraño. Además, como empecé a escribir esto ad portas del Día Internacional del Jaguar (29 de noviembre) recordé que esta subespecie de tigre tenía, según los expertos, los años contados. Se estima que no debe pasar de quince años, si no se toman medidas urgentes que aseguren su permanencia, para que este gatito se extinga. Y esto no es solo para el tigre y esta subespecie, sino en general, para los grandes felinos (y para Run Run y los suyos).

Según se sabe, no habría más de 220 ejemplares en estado silvestre de este hermoso gran minino, que además es el animal nacional de Malasia. En el caso de nuestros grandes felinos —el jaguar (Panthera onca) y el puma (Puma concolor)—, la situación no es aún tan dramática y apocalíptica. Y en el caso de Run Run y familia, tampoco lo es, ¿o sí?  

La principal causa de la desaparición del tigre malayo es la pérdida de su hábitat, principalmente, por el cambio de uso del suelo. Los bosques tropicales en este país del sureste asiático son talados para dar pase a las plantaciones de palma aceitera. Recordemos que Malasia e Indonesia son los principales productores de aceite de palma en el planeta. La industria en torno a este producto vegetal —tan preciado, necesario, rentable y que cada día se expande más— es considerada un vector importante de la desaparición de extensas áreas de bosques. Ojo, Run Run.

Pero regresando al tigre malayo, esta es una de las seis subespecies de tigre que existen aún, junto al tigre real, al siberiano, al de Sumatra, al de Indonesia y al del sur de China que solo puede ser visto en cautiverio. Tres subespecies ya están extintas: el tigre de Java, el de Bali y el del Caspio. Si seguimos así en el planeta, hasta Run Run va a desaparecer, pero lo bueno es que ya es inmortal y que está en nuestros corazones.

CH4 vs. CO2

Hace poco fue la COP-26 y por supuesto no tengo la menor idea sobre los acuerdos tomados, qué de nuevo se viene para el planeta y menos aún, cuántos años de vida le queda a Run Run en este cada vez más caliente globo terráqueo a punto de colapsar. No espero mucho de estos eventos, así que ni me preocupo en saber más al respecto. De lo único que recuerdo haber escuchado es sobre la decisión de reducir las emisiones de metano (CH4) a nivel planetario.

A nadie le cabe la menor duda de que nuestro peor enemigo no es Run Run y su séquito de defensores a ultranza. No, no lo son. En cuanto a los gases que generan el tan mentado efecto invernadero en el planeta, debido a la gran cantidad que se libera a la atmósfera, el dióxido de carbono (CO2) es nuestro peor enemigo. No obstante, el metano también tiene gran parte de la culpa del calentamiento global de la Tierra en esta disputa gaseosa. El metano es generado cuando la materia orgánica, en un medio con la ausencia de oxígeno, se degrada, por ejemplo, a través de la putrefacción. Las principales fuentes naturales emisoras de este gas son pantanos, marismas y volcanes; y el conocido permafrost cuando la temperatura sube y se empieza a descongelar.

Se calcula que cerca de dos tercios de todas las emisiones de metano no tienen un origen natural, sino que están directamente relacionadas a actividades humanas, tales como la ganadería, el uso de combustibles fósiles, la siembra de arroz y la quema de biomasa. Detengámonos en las vacas. En el estómago de estos rumiantes se genera metano que luego es expulsado a través de ventosidades. Se estima que una vaca libera al día cerca de 300 litros de este gas. ¿Cuánto metano emitirá Run Run?

Pero ¿cuál es el problema con el metano? Las moléculas de este gas retienen a energía solar de manera mucha más “efectiva” que el CO2, de tal manera que esta no pueda abandonar la atmósfera y es “devuelta” a la Tierra. Así, el efecto de una tonelada de metano atmosférico puede ser hasta cinco veces más que la de una tonelada de dióxido de carbono. Por eso, pese a que existe en menor cantidad, el metano es el causante de aproximadamente el 25 por ciento del calentamiento del planeta desde la época industrial. ¿Qué culpa tiene Run Run para no poder regresar a su “hogar”? En este caso, definamos primero qué y cuál debería ser el hogar de este mamífero.

Por eso, algunos desadaptados nos piden no comer tanta carne de res; y también reducir el consumo de arroz. Esto último suena ya a catástrofe mundial en el Perú. Y ¿por qué el arroz?, ¿por qué sufre Run Run? Y es que cuando los terrenos de cultivo son inundados, se genera un medio sin oxígeno, donde proliferan microorganismos que producen metano. Una manera de contrarrestar esto es que, entre cada siembra, se deje secar el terreno. Esto sucede en la costa tal vez, pero al otro lado de los Andes, no necesariamente. ¿Por qué sembrar arroz en la costa donde hay escasez de agua? Mejor en la selva, pero ¡ahí se generaría más metano! Mejor volvámonos vegetarianos y no comamos arroz.

Si es que la maldita humanidad, incluido Run Run, logra reducir la emisión de metano en un 45% hasta el año 2030, el promedio de la temperatura global, en el año 2040, podría reducirse en 0,3 °C. Algo es algo, claro, para el año 2040 ya debo estar generando metano desde mi tumba. Así que ni me importan estas cifras ni me sirven de mucho.

“Felizmente”, en Glasgow, cerca de 100 países se han puesto de acuerdo para poner en marcha una iniciativa de la Unión Europea y de los Estados Unidos de Norteamérica que busca reducir la emisión de metano en el planeta. Para este cometido, se pretende identificar dónde es liberado este gas, con el fin de detener esta acción. En ese entendido, se ha propuesto usar aparatos de medición en aviones, drones y vehículos de transporte vial para detectar “fugas” de metano y mitigar. Incluso, pronto se pondrá en órbita el satélite “MethaneSAT” que detectará dónde existen emisiones de este gas en el planeta que deben ser controladas; y con ello, se le podría poner un chip a Run Run para monitorearlo desde el espacio.

A esta última iniciativa (financiada por una organización no gubernamental estadounidense y otra organización espacial neozelandesa) se le debería sumar un satélite que detecte la emisión de sandeces y afirmaciones inconexas y sin prueba de nada, para poder identificar el accionar de mercachifles, fanáticos, resentidos y parlanchines y poder mitigar sus efectos nocivos sobre nuestra flora y fauna silvestre. Seguramente, desde el espacio se vería varios puntos calientes en el Perú. Run Run lo agradecerá, pues muchos “expertos” en conservación intentan definir su futuro, en base a conjeturas y sentimientos que difieren de lo que se llama manejo de fauna silvestre.

Run Run

El caso del zorro andino (Lycalopex culpaeus), al que sus “dueños” llamaron Run Run, alborotó Lima y fue la comidilla de varios días en el Perú y casi en todo el planeta. Este emblemático caso nos ha dejado muchas lecciones. No me alcanzan ni el tiempo ni el espacio (en realidad, sí me alcanzarían, pero me da flojera) para abordar todo lo referente al impacto que tuvo y tiene este cánido en el colectivo peruano. Sin embargo, lo que me ha quedado claro es que aún nos falta mucho para entender por qué un animal silvestre que fue criado como una presunta mascota, no debería regresar a su hábitat natural.

Recordemos que Run Run fue comprado cuando era cachorro, por ende, fue extraído de su entorno natural, posiblemente a pocos días o semanas de haber nacido. Fue vendido como si fuese un perro y tras un corto tiempo, se escapó y convivió con los perros y la gente brava del barrio. Con estos antecedentes, este espécimen no debería ser liberado para que se “reecuentre” con sus congéneres. Es una bomba de tiempo, pues podría portar enfermedades y regarlas por ahí. Además, dada su cercanía y dependencia con el humano, terminaría regresando a algún centro poblado o acabaría sus días por ahí por no saber valerse por sí mismo.

Pese a todo, Run Run ha puesto en vitrina un tema importante: el comercio ilegal de fauna silvestre. Si deseas tener una mascota, asegúrate que esta tenga un origen legal y que puedas dedicarle tiempo. No adquieras monos, loros, tortugas, iguanas u otros por pena o para ver qué tal te va con ellos. Primero, al hacerlo, estás alimentando la cadena de comercio ilícito de animales silvestres; y segundo, al final estos terminan siendo soltados por ahí o se escapan. Al ser decomisados o hallados por la autoridad, estos animalitos no regresarán a su hábitat natural y deberán ir a un centro de cría. Y ojalá te claven una buena multa.  

En fin, y ya que se acerca el fin de año, les ofrezco un tema para rumbear: "Ay mi zorrito run run", con el cual podrán zapatear hasta la mañana siguiente. Pero si eres reguetonero o has tenido algún accidente cerebral, te recomiendo esta canción. A seguir cuidándose y esperemos que el 2022 sea algo mejor que este maldito año.

P.D. No hay. Iba a poner algún dato interesante, anecdótico, pintoresco, pero la verdad es que no se me ocurre absolutamente nada resaltante. Pero se ve bien que al ir llegando al final del texto haya una nota de este tipo. Te queremos Run Run, qué tengas una Feliz Navidad y un venturoso 2022.

Diciembre 2021

viernes, 13 de agosto de 2021

HOY MÁS QUE NUNCA, HAY QUE SALIR DEL CLÓSET (POLÍTICO) (II)

 

En la entrega anterior lapidé mi prometedora vida política. Así, tras hacer la siguiente confesión: “Me he vuelto un anticomunista, parezca o no. Pero a lo que le he agarrado total turra o fobia es a ese grupo de personas que cree ser la reserva moral del país”, algunas puertas se han cerrado para mí. Asimismo, varios adalides del pensamiento zurdo, crítico y por supuesto exclusivo y certero de lo que se necesita para el país, me han negado el voto de confianza. Profundamente dolido y consternado y tras una pequeña crisis nerviosa, me vi tentado a repensar lo dicho y reflexionar al respecto, porque yo también debería ser una reserva moral y ética para el país y el mundo como ellos, pero al final, me puse a ver mi serie en Netflix y se me pasó.

 

Recuerdo claramente cómo, en las elecciones municipales del año 2010, cuando la votación debería definir si asumía el sillón de Pizarro una candidata de derecha o una de izquierda, comenté abiertamente que votaría por la primera. En esos días de octubre, las puyas en las redes sociales no eran nada, en comparación con las de ahora. Y al conversar telefónicamente con una amiga claramente izquierdista, fue inevitable platicar sobre el momento electoral de ese entonces y fue ahí cuando me dijo: “¿vas a votar por Lourdes?, ¡Asuuuu!”. Así, tras sentir cómo el tono de la conversación se fue haciendo más áspero, cerramos la conversa y tras una fría despedida, colgué el teléfono (¿o ella me colgó?).

 

Para el lector, posiblemente, no haya nada extraño en esta pequeña narración. No obstante, el tono soberbio del comentario por mi decisión electoral, las circunstancias en el que se dio y el hecho de que cada uno sabía cuál es la postura política de su interlocutor, me dejaron en claro lo siguiente: si no piensas como ellos, estás fuera de foco, eres bruto, achorado, inmoral y un “apestado” político. Claro está que esa supuesta superioridad moral no se restringe a una sola persona. Esa argolla ideológica es típica de aquellos denominados por muchos como “caviares”, progres, social confusos, comunistas de ventana y otros apelativos.

 

Las personas de este rubro son fáciles de identificar. Todo les preocupa, sobre todo, lo relacionado a los derechos humanos, a los “pobres” indígenas y a los hombres del campo explotados, a la igualdad (¿qué es eso?, no lo entiendo) y a todo a lo que a este privilegiado grupo burgués la parece injusto o de tufo derechista. Claro, siempre y cuando, el pronunciarse por lo que ellos creen que es lo correcto, no les perjudique ni los deje sin trabajo. Desde cómodas casas veraniegas, extensos jardines citadinos, restaurantes lujosos; y para los más jóvenes de esta estirpe, desde cafés de moda (por no decir, desde el imperialista Starbucks) e “inclusivos que resaltan el valor del productor oprimido” y desde sus laptops con su sticker del Che Guevara, defender todo lo que creen “justo”; y envalentonados por sus camaradas, es fácil y para nada, contradictorio. Total, en casa no les falta nada y está todo bien.

 

Estos conciudadanos por supuesto piensan que el Estado debe tener más control en temas como educación, energía, servicios, cultura, etc.; le hacen guiños al terrorismo (¿o a la confrontación y reivindicación de las clases oprimidas?) y a los luchadores sociales que, según ellos, no merecerían ser tratados de tal manera, que se atente contra sus derechos humanos, porque lo que habrían hecho, lo hicieron para ayudar al pueblo, a las masas, a la plebe, sin saber exactamente si eso era lo que estas deseaban. Este último punto de discusión es uno de los más severos entre los de derecha e izquierda. No ahondaré al respecto. No obstante, una de las cosas que más me irrita es que estas personas, creen ser las llamadas a convertirse en la reserva moral del país, porque, según ellos, siempre defienden lo justo y “lo socialmente correcto”.

 

La postura política de este grupo humano —que se asume, muchas veces, como la supuesta reserva moral que está en la facultad de dictar cuál debe ser el destino político del país, porque lo que ellos pregonan y defienden, es lo que todos deben seguir— es, sin duda, el camino a la salvación. Por eso, muchos de estos camaradas pecan de soberbios. Esto último se ha hecho, en mi opinión, más intenso en estas últimas elecciones generales 2021, lo cual me reafirma lo que me llevó a escribir un texto que publiqué el año 2012 en este humilde blog, titulado: Polos opuestos, izquierda y derecha, Brecht y Flaubert. En él incluí unas líneas del querido y odiado Nobel peruano Mario Vargas Llosa (MVLL) que nos ofreció en su libro: La orgía perpetua. Flaubert y Madame Bovary. En resumen, MVLL indica que Brecht, amado por los zurdos, creo que más por inercia y “cliché” que, por haber entendido su obra, plasmaba sus textos de tal forma que “parece suponer el infantilismo o la ineptitud de su público: todo debe serle explicado y subrayado para no dar la menor oportunidad al equívoco, a la interpretación incorrecta”.

 

Por su lado, para MVLL, Flaubert, que era visto como alguien que le tenía cierto rencor a la humanidad, contradictoriamente tal vez, realizó “una obra que en la práctica supone (en la medida que las exige) la adultez y la libertad del lector: si hay una verdad en la obra literaria (porque es posible que haya varias y contradictorias), se halla escondida, disuelta en el entramado de elementos que constituye la ficción, y le corresponde al lector descubrirla, sacar por su cuenta y riesgo las conclusiones éticas, sociales y filosóficas de la historia que el autor ha puesto ante sus ojos. El arte de Flaubert respeta por sobre todas las cosas la iniciativa del lector”.

 

Esta comparación me sirvió para entender un poco más a esta camada izquierdosa, tras haber yo mismo, pasado por un trance de no pocos años en las telarañas zurdas, si es que eso existía en unas épocas de juventud en un país llamado Perú que estaba en el último lustro de los años noventa del siglo pasado al borde del abismo.

 

Consulta por sobre todas las cosas

 

Muchas y muchos de estos amigos caviares o progresistas son expertos en entornillarse en las organizaciones no gubernamentales de todo tipo e incluso en el Estado y en llamar a los suyos a desarrollar innumerables consultorías para intentar buscar la igualdad, la inclusión, la justicia social, la defensa de los indefendibles (¿les han preguntado a sus “beneficiarios” si quieren ser “salvados por los grandes intelectuales de escritorio”?) y circular y hacer que otros pasen por caja. Me extraña cómo, según sus conocimientos y cosmovisión de izquierda fácil y comodona, tienen la receta inequívoca para saber qué se debe hacer por las comunidades nativas y campesinas o por los más necesitados y olvidados, porque eso es lo que ellos quieren y necesitan. Aguanta tu coche: ¿tú cómo lo sabes? ¿vives con ellos? ¿eres uno de ellos? ¿o será tal vez que lo leíste en un manual de sociología en la biblioteca de tus papis?

 

Su supuesta superioridad moral y a veces gaseosa defensa de todos los valores de la humanidad hacen que estos ciudadanos se vean obligados a defender cualquier acto de injusticia y/o la toma de decisiones que no van con sus pensamientos o con su postura política atomizada de izquierda (por lo menos en el Perú). Cualquier alternativa que pueda ser efectiva para dar solución rápida, efectiva y real a problemas ambientales, sociales, culturales y otros, no va si no tiene su venía. Estos jueces morales de la humanidad deben certificar si alguna propuesta es válida y no atenta contra los principios sociales. Si por alguna razón no logran imponer su agenda, se indignan y exigen que todos se indignen. Pero si ven algo que criticaron o no apoyaron, pero que al fin de cuentas les es útil o les da chamba, ya no se indignan.

 

En resumen y ya para no hacer hígado, podrán existir algunos puntos ideológicos con los que podría comulgar con esta estirpe salvadora de la humanidad, pero con lo que sí no puedo tranzar es con la soberbia y la falsa creencia impuesta de que su postura es la única que salvará a la humanidad y que es lo único correcto para hacer. ¿Solo ellos pueden indignarse? Yo me acabo de indignar y no me siento caviar, pese a que muchos creen que sí lo soy y que sí me he indignado; y que otros piensan que no lo soy y que no me he indignado. Lo que sí sé es que intento ubicarme al centro y no avalar una derecha pro-naranja como salvadora de la economía de un puñado de gente; y menos avalar una izquierda esperpéntica que recibe loas por unos soberbios que pregonan una cosa y hacen otra.

 
Agosto 2021

miércoles, 2 de junio de 2021

HOY MÁS QUE NUNCA, HAY QUE SALIR DEL CLÓSET (POLÍTICO) (I)


No me considero un animal político. Nunca me ha interesado discutir mucho sobre política, pero en los últimos años, creo que hacerlo, es inevitable. Y sobre todo, es ineludible, —¿o me equivoco?— en estas elecciones generales 2021, previas al bicentenario de la Bolivariana República Bananera del Gran Perú. Esta última votación ha polarizado al país de tal forma que o eres un maldito zurdo o un maldito derechista. Lo que me preocupa es que el abismo en el medio crece mucho más y al final, intentar retomar el centro, la decencia o la ecuanimidad va a parecer un acto suicida, cobarde o imposible. Y lo más gracioso es que muchos decían “¡no me importa la política!”, pero en estos días, los nuevos politólogos son infalibles, eruditos y hasta pueden calificar rápida e inequívocamente a las personas por un solo comentario o “meme” que publica el vecino. Tanto así, que, con toda la frescura y objetividad del mundo, clasifican a uno de terruco o capitalista, de honesto o corrupto, de capacitado o incapacitado moralmente para algo; y hasta de bruto o argollero. ¡Dios nos coja confesado a los bananeros y bananeras del Perú a partir del 29 de julio de 2021! ¡Sapeeee! 

Poznan en Polonia. 

En los últimos años del colegio y debido a diversas influencias familiares, mi conducta podría ser, hoy en día, calificada como “roja”, “progre”, “revolucionaria” o condimentada de alguna salsa roja. Claro, no era muy complicado, allá por el final de los años ochenta del siglo pasado, recibir solo información sesgada y tener que conformarse con lo que había a la mano. Aún no habíamos entrado a la globalización, acababa de caer el Muro de Berlín y no había Google. Recuerdo que Silvio Rodríguez, Pablo Milanés y la nueva trova cubana eran parte de mi repertorio musical. Incluso hasta ahora lo son, pero con menos frecuencia. Sí, los escucho muy de vez en cuando, pero sin prestar atención a las letras. Estas, en su mayoría, me parecen panfletarias y sosas. El hecho es que por mi accionar, mis gustos musicales, mis influencias intelectuales, por “la moda” y por las amistades del momento, era considerado un “rojo”. 

Lo más interesante es que para muchos o para casi todos, ando en las mismas, ideológicamente hablando; y claro, me imagino que mis actos, mis opiniones, los recuerdos, las afirmaciones que debo haber hecho, hacen su parte para llegar a esa conclusión. Me causa curiosidad saber si el hecho de no pronunciarme abiertamente por algunos temas, no tener muchos amigos y cultivar el ostracismo, ser bipolar, demostrar tibieza política, jugar a doble cachete, consumir sustancias tóxicas y alotrópicas, el abuso del café, por culpa de Vizcarra, el cambio climático o alguna otra razón desconocida, hacen que se me perciba como una persona que tiende hacia la izquierda. 

Centro derecha 

 Haré un resumen ejecutivo, a fin de intentar explicar por qué me considero (ahora) de centro derecha, sin tener claro a qué realmente me comprometo. El año 1990 me fui a Alemania con mi mochila roja. La cargaba de manera inconsciente sin saber muy bien qué hacer con ella o realmente para qué servía. Llegué sin saber que a los pocos meses visitaría Polonia en la Navidad de aquel año. 

Así, tras gozar unos meses la vida en un país “del primer mundo”, visité Polonia, uno de los países que formaba parte del bloque comunista, detrás (visto desde occidente) de la “cortina de hierro”. Para llegar a Poznan, ciudad ubicada a 270 km, al este de Berlín, tuve que atravesar las dos caras de Berlín ya sin muro. Sin duda, para un tercermundista y sudaca como yo, apreciar claramente las dos caras de una moneda era una experiencia asombrosa. Pero, lo más interesante era que Polonia, recién “salidita” del bloque comunista, se parecía, en ese entonces, bastante al Perú. 

¡Cómo olvidar esa goleada! 

 Por supuesto, ya en Poznan, no entendía ni una palabra de polaco, pero podía usar palabras fundamentales como vodka (vodka, en todos los idiomas del planeta), Zigaretten (cigarros, en alemán) y Bier (cerveza, en alemán) para sobrevivir. Para ellos, era un bicho exótico y raro, procedente de un país extraño al otro lado del mundo. La única idea que tenían de Perú estaba asociada al fútbol. Cuando mencionaba los nombres Lato y Boniek y señalaba con las manos el 5 a 1 que nos propinó la selección polaca de fútbol en el Mundial de España 1982, escuchaba en polaco la palabra Perú. Solo así podían vagamente alucinar de dónde venía. No obstante, lo más importante era conocer un país que recientemente acababa de dejar de ser socialista; y que me hacía recordar la realidad peruana que había dejado algunos meses atrás. 

Boniek, Lato y nuestra selección goleada.
Tiendas vacías, gente descontenta, escasez de alimentos, grupúsculos de poder enquistados en el gobierno, una clase media diezmada, servicios públicos decadentes, una Iglesia Católica como actor político de peso y algunos otros aspectos, me hacían establecer un inevitable paralelo con el Perú que por ese entonces salía del primer gobierno de Alán García e iniciaba el fujimorato. Recordemos que los años finales de la década de los ochenta y los primeros años de la década del noventa del siglo pasado, el país estaba hecho trizas en casi todos los aspectos. 

En esa década del noventa fui regularmente a Polonia y cada nueva estadía me permitía ver cómo el país europeo iba saliendo del letargo y se iba “occidentalizando”. De la misma manera, en esos diez años, viajé al Perú por lo menos cinco o seis veces. Era interesante ver cómo había cierta similitud en ambos países en lo referido a los cambios en el poder adquisitivo del pueblo, como “entraba” la modernización; y, sobre todo, cómo era la transición hacia la “democracia” en Polonia; y la vida tras un golpe de Estado en el Perú y la vida sin terrorismo (no guerra civil). En esos dos lustros, ambos países parecían ser más felices, más desarrollados, más modernos y estables políticamente e iban contentos, camino al cambio de siglo. 

La ex DDR 

 Cuando ya masticaba el idioma alemán, pude conversar con muchos polacos sobre la situación de su país y sobre lo poco que yo podía contarles del panorama político en el Perú y América del Sur. Así, siempre les preguntaba cuáles eran o fueron los beneficios de vivir bajo el manto de la ex URSS y comentaba que, en América del Sur —y con la sombra de mi pasado rojo aun pululando por ahí— Cuba era casi el paraíso y un ejemplo que “nosotros” veíamos, en parte, como el futuro anhelado para muchos. La gran mayoría de mis interlocutores me miraban de reojo y entre serios y sarcásticos me explicaban las desventajas de haber vivido en un país comunista. 

  • Tras estas experiencias empecé a cuestionarme el modelo que me habían vendido o en el que creía como el necesario para mi país. Así también, conocí muchas personas de Bulgaria, Hungría, Moldavia, de la antigua República Checa y de otros países “del este” que me dieron diversas versiones de su pasado en dictaduras comunistas, algunas más duras y otras más blandas que otras. En todos los casos, el comunismo se me fue desdibujando y mi radar político se fue alejando de lo que creía ser mi opción política. 

    Recuerdo también con mucha claridad, una conversación con un chofer que era de la ex DDR, es decir de la República Democrática de Alemania (RDA), que me contaba las penurias que pasó él y su familia para sobrevivir al otro lado del muro; y que siempre me decía que él al igual que yo, era un “extranjero” en su país ya unificado. Rainer, como se llamaba, me rebatía punto por punto lo que yo pensaba y defendía rabioso, sobre lo que era o debería ser un modelo económico que velaba por “el pueblo” y que era dirigido por el mismo pueblo. Así, tras acaloradas discusiones, varias cervezas y cigarros, tenía que reconocer que, a mis, en ese entonces, no más de veintidós años, estaba, políticamente, a la deriva; y que mis argumentos de defensa de un sistema político que ni siquiera conocía, eran bastante pobres.

    Otro punto de inflexión fue cuando, también en Alemania, me encontraba en la biblioteca leyendo “Der Spiegel” y me topé con un artículo que analizaba lo que significaba la clásica figura del Che Guevara y cómo era “visto” en muchos lugares alejados de Cuba. El Che era para muchos un símbolo pop que disfrazaba un ser que tenía manchas negras en su guerrillera vida; y que al final, parecía más de extrema derecha que de izquierda. Sin duda, nunca fui admirador del argentino, pero reflexionar desde la distancia sobre una realidad que siempre me fue ajena, pese a que yo suponía que era mi “marca” política, me abrió los ojos. 

    Tras estos sucesos y por supuesto, tras ser testigo casi in situ de cómo se desmoronó el bloque socialista, fui haciendo un giro político e ideológico hacia el centro. Esto debe continuar. Hace tiempo que quería escribir estas líneas. La actual desgracia política que envuelve al Perú me obligó a no retrasar más esta confesión. Me he vuelto un anticomunista, parezca o no. Pero a lo que le he agarrado total turra o fobia es a ese grupo de personas que cree ser la reserva moral del país. Pese a todo, el 06 de junio de 2021 votaré en blanco o viciado. ¿Quieren mi voto? ¡Sobre mi cadáver! (o háganme una propuesta económica seria). 

    Junio 2021

    miércoles, 17 de febrero de 2021

    ¡NO ME DIGAN QUE ES MUY TARDE! HOMENAJE A ISMAELITO, EL NIÑO BONITO DE LA FANIA

    Sabía que en algún momento tenía que escribir estas líneas. Ya desde hace tiempo me lo había planteado. No pensé que me iba a tener que adelantar, dado que hasta hace unas semanas sabía que estaba rumbeando como siempre lo ha sabido hacer. Me siento obligado a escribir sobre mi cantante y compositor preferido en lo que a salsa respecta: Ismael Miranda, el niño bonito. Este borincano, pronto a cumplir 71 años, nació en Aguada, Puerto Rico; y es uno de los pocos cantantes de salsa que aún está vigente. Proviene de las canteras neoyorquinas, de la mano principalmente del Judío Maravilloso, Larry Harlow y saltó a la fama con la insuperable Fania All Stars. Su salud le ha jugado una mala pasada y se encuentra en cuidados intensivos. Espero que salga de esta. Gracia a Ismaelito, me metí de lleno a escuchar este género musical universal. Inicié esta aventura en el extranjero; y es que, sin duda, existe una gran diferencia entre escuchar salsa en Perú y en Alemania.

    Gracias a las fuerzas salseras, Ismaelito ya está en casa. ¡Ahí noma!

    La canción que me hizo entrar al fascinante mundo de Ismaelito para conocer más de su repertorio fue Borinquen tiene Montuno, que cantó junto a la Fania All Stars en el concierto que ofrecieron en Puerto Rico, allá por el año 1994. En mis primeros 18 años en el Perú, nunca había escuchado antes de este jibarito. Por ahí, escuché algo de salsa, pero sin tomarle importancia. Lo mío era sin duda el rocanrol. Los primeros años de los noventa del siglo pasado aterricé en tierras teutonas y estando lejos del terruño, escuchar salsa te hacía sentirte más latino y enorgullecerte de “tus raíces”. No es lo mismo escuchar por ejemplo Los Morochucos en Alemania, en un invierno crudo europeo que, en Lima, en el Bar Queirolo. Créanme que no hay comparación. Los sentimientos que te revuelven cambian sin duda, pero ese es otro tema.

    Cuando fui a Nueva York en el año 1997 me pasé casi un día buscando todos los cd de Ismaelito por la Gran Manzana. Felizmente pude comprar casi todos, los mismos que guardo con mucho celo. Es así como una de las canciones que más debo haber escuchado en mi vida es: Lamento de un guajiro (salgo al inicio del video con peluca) al igual que la anterior canción ya nombrada. Esas canciones han sido parte de emblemáticas e inacabables rondas de cervezas y noches de juerga y rumba. En las frías noches de invierno o en los días más calurosos de los veranos europeos, Ismael siempre estaba ahí. 
    Ismaelito

    He pasado días escuchando únicamente canciones de Ismael; y nunca me canso de hacerlo. Un gran sonero que perdura como él, siempre que rumbea, lo hace con calidad y harto saoco. La primera vez que lo vi en vivo, fue allá por el año 2002 o 2003 en la antigua Feria del Pacífico. Fui con el gran Fernando Tuesta Soldevilla. No podía creer que lo estaba viendo. Varios años después lo vi con mi hermanita Briscila y con mi hermano Wilfredo Cóndor Arias en un festival de salsa en El Callao. Por supuesto, después de aquella vez terminamos en El Superba ingiriendo varios “pomos” de “cervecita, licor, amargo”. La última vez que lo vi fue en el año 2014 si mal no recuerdo. Ismaelito compartía tarima con mi segundo cantante preferido de salsa: Adalberto Santiago.

    Aquella vez tocó en un bar en La Molina. Esa noche llegaba en la noche de Iquitos a Lima, luego de haber estado en la Reserva Nacional Pacaya Samiria. Ni bien dejé mis cosas y de un baño, salí disparado al concierto. Algo me debe haber pasado (¿o estaba pasado?) que llegué casi moribundo al concierto que empezó mucho más tarde de lo anunciado. Así, casi al borde de la muerte, toneamos como Dios manda. Esa vez estuve otra vez con mi hermanita Brix vacilando y rumbeando. Terminamos de madrugada devorando un sanguchón. Me fui a dormir sin saber si iba a sobrevivir a esa noche abrupta, interminable y ácida.

    Podría poner casi cincuenta canciones de Ismaelito en estas líneas, pero sería muy extenso. Escuchen sus canciones y saquen sus propias conclusiones. Este sonero borinqueño tuvo sus años de excesos y sin duda disfrutó de la fama. Felizmente pudo salir bien librado de toda la juerga brava y dura. En las últimas décadas, Ismael vive una vida sana y sigue demostrando por qué es uno de los mejore cantantes salseros que aún nos acompañan.

    Y como todo buen sonero, Ismael interpreta un bolero: Abandonada fue que casi me empujó a la destrucción total en esos momentos aciagos, lúgubres y donde ya nada importaba. Así también, me ofreció una canción perfecta para poder dedicársela a muchas mujeres:
    Las mujeres son y que podría ser usada para animar muchas campañas que pregonan temas relacionados al género (¿o sexo?) femenino. En fin, por supuesto, la calidad y entereza de la potente voz de Ismaelito hace que cada interpretación suya sea de muy alta performance.

    Pacheco
    Pacheco

    Otra canción que me acompaña desde hace más de veinte años es Nicolás y que me parece súper potente, característica de un sonero de alto nivel. Asimismo, recuerdo cómo puse a varios en aprietos al sugerir que pongan en plena rumba esta canción: Tu cosita mami.


    Y para finalizar, No me digan que es muy tarde para poder escribir estas líneas y seguir gozando con las canciones de este jibarito. Y celebremos que aún seguimos vivos. No nos queda más que seguir para adelante y de recordar a los que ya partieron. Por eso, va este pequeño texto como un homenaje a un grande y un saludo a la vida que nos queda: Rumba a la vida y larga vida para ti Ismaelito.

    P.D. Y como no pude terminar a tiempo este texto, lo tuve en la incubadora varios días y hace dos días, el lunes 15 de febrero de 2021, tuve que encajar un derechazo. Se nos fue Pacheco. Recuerdo cómo he delirado con su flauta. Escuchar “agua del clavelito” a todo volumen mientras recorría los campos heidelberguenses o en una noche fría del invierno alemán, me transportaba al medio del caribe, al monte con lluvia mirando el mar que parecía una sopa caliente. Verlo a Pacheco dirigir a la Fania en los innumerables conciertos que dieron o tocando la flauta como un poseído, son escenas que forman parte ya de mi cerebro. Son como grandes murales en mi masa gris. Hasta siempre Pacheco. Sé que te fuiste a tomar agua del clavelito en algún lugar intergaláctico. ¡Buen viaje maestro!

    Febrero 2021

    BIENVENIDOS AL NUEVO MORDOR: ¡EL PERÚ! (XXVIII)

      Hace unos meses, tras un golpe de lucidez y un destello de valor, decidí abrir dos redes sociales para lanzar mensajes sobre diversos tema...