jueves, 2 de agosto de 2018

DE CÓMO SOBREVIVÍ A UNA DE LAS PRUEBAS MÁS DIFÍCILES QUE HE TENIDO


Salón de Nursery A del Colegio Abraham Lincoln.
Para los que no la conocen, Maya es la que me está viendo.  
Contar un cuento en el salón de Maya puede ser una experiencia muy compleja. Felizmente pude contar “Elmer, el elefante de colores” con aplomo, no sin antes casi perecer en el intento.

Los primeros días de junio de este aún inconcluso 2018 transcurrían tranquilos, no sin verse afectados de diversas formas por la pasada (¡felizmente y gracias a Dios!) fiebre mundialista al estilo peruano. Es ahí cuando Fátima me consultó si el miércoles 13 de junio podía ir al colegio de Maya a las 8.20 am a contarle un cuento a todo el salón de Nursery A, donde estudia mi princesa. Esa semana era la “Semana de los Valores” y Maya salió sorteada, lo cual indicaba que sus papás debían contar un cuento. Nos tocó el tema respeto.

Acepté sin chistar, primero porque me parecía una excelente experiencia y segundo porque en mi cerebro se fijó la idea de que ese día me darían un cuento sobre el respeto para que yo lo lea y tal vez lo comente y explique. Hasta ahí, todo bien. Yo estaba de lo más tranquilo y emocionado de ir a conocer a los amiguitos de Maya. Sin embargo, unos días antes de la tan ansiada fecha, Fátima me preguntó si ya había escogido el cuento que iba a contar. En ese instante casi me da un derrame cerebral porque según fui informado, no solo debía contar el cuento que yo elija, sino que también debía actuar y hacer que sea lo más ameno para que los niños (todos entre tres y cuatro años) puedan entenderlo y puedan retener el mensaje que tenía que ser en torno al respeto.

Tras reponerme del shock y estar seguro de que no me hallaba en una unidad de cuidados intensivos con una embolia, empecé a carburar qué cuento podría contar y cómo podía hacer para que los niños no se aburran y no me quieran linchar. Pase dos días de suma angustia pensando únicamente en mi misión y preocupado solo de no defraudar a mi exigente audiencia. Busqué casi una docena de cuentos, consulté a expertos e incluso pensé en desertar de mi misión alegando que tenía una enfermedad terminal, pues sentía que iba a fracasar. Confieso que me confié y no calculé el impacto que tendría en mí la tarea que me fue encomendada.

Pasé dos noches de terror, sobre todo la que le precedía al día en que me tocaba salir al ruedo. Esa noche previa casi me desvelé hasta que por fin pude determinar —casi a la medianoche y solo con la invalorable ayuda de Fátima, porque solo no lo hubiese hecho— qué cuento contar. Dormí atormentado pensando en que iba a fracasar en mi intento, luego de tratar casi por una hora —por supuesto, de manera infructuosa— de memorizármelo para no hacer papelones. Incluso grabé el cuento en mp3 para tratar de escucharlo todas las veces que sea posible a ver si algo retenía.

Felizmente podía usar un proyector y una PC para “ayudarme” con mi titánica tarea. Decidí llevar el pequeño video (con imágenes del libro del cuento elegido —que por suerte estaba en YouTube—, a fin de hacerlo visualmente atractivo) para así ponerlo sin volumen y pasar solo las imágenes. Pese a esa “pequeña” ayuda y después de dejar a Maya para que entrara a su salón a las 7.30 am aproximadamente, pasé casi una hora en recepción esperando a que me llamen para enfrentar a ese auditorio de 18 niños que me iban a masacrar en su “cancha”. Pasé casi una hora escuchando el cuento intentando pensar cómo debía hacer para no hacer un papelón. 

Elmer, el elefante de colores. 
He enfrentado diversos públicos exigentes; he sustentado mi tesis de maestría y mi licenciatura; he expuesto en congresos, simposios, talleres, etc.; dictado clases en la universidad, diplomados y otros; enfrentado entrevistas laborales; y dado algunas entrevistas en medios de comunicación; se supone que debería tener “cancha” y no estar tan nervioso, pero esta vez estaba “muñequeado” como nunca antes. Los minutos que pasé sentado en la recepción del colegio fueron angustiantes. Pensé en fugarme, en simular un desmayo, en hacer sonar la alarma, pero recapacité y esperé a que la señorita me llamara para ir a enfrentar mi destino. En eso estaba hasta que escuché mi nombre y tras casi un infarto fulminante, sentí un vacío en el pecho que me hizo sudar frío. Caminé hacia el salón de Maya como si me estuviese yendo al patíbulo. Pensé otra vez en salir corriendo despavorido, pero al ya estar cerca del salón escuché la voz inconfundible (claro, para mí) de mi reinita que pregonaba a los cuatro vientos: ¡mi papá!

En ese momento me inundó una racha de valentía y entré a los pocos segundos al salón de Maya. Saludé a las dos profesoras y a cada uno de los niños, mirándolos fijamente a los ojos y dándole el beso o apretón de manos correspondiente a ver si así les imponía temor y los “ablandaba”, pero todo eso fue en vano. Sentí que cada uno me miraba de manera inquisidora. Así que pasé al frente, otra vez angustiado por no hacer un papelón.

Conté el cuento de manera fluida y estuve atento a cada reacción de los niños. Incluso me vi enfrentado a varias preguntas, pero hubo dos de ellas que me sacaron de cuadro en ese momento. ¿Por qué no hay elefantes “mujeres” en el cuento? y ¿por qué no hay elefantes en el Perú? No recuerdo qué niños o niñas me hicieron esas y otras preguntas, pero felizmente al responderlas salí airoso de ese trance; y al final creo haber hecho una buena performance. Maya estuvo todo el rato atenta e incluso se adelantó a algunas partes, pese a que no había leído el cuento, con lo cual, debí aclarar que ella no tuvo acceso al cuento hasta ese momento.

Este es mi tan valioso diploma.
Al final recibí el aplauso de mis distinguidos interlocutores y pude charlar con ellos un poco, pues si bien hubiese querido quedarme un rato más, su horario no se los permitía. Y tras despedirme de cada uno y dejarles un par de mensajes sobre el respeto a sus compañeros, profesores y por supuesto, a sus padres, salí raudo no sin antes comerme a besos y abrazar a Maya, pese a que la debo haber hecho pasar un momento “rochoso”. Finalmente me fui por donde vine y sentí que había regresado a la vida. Miré mi diploma y me sentí orgulloso y como si hubiese sustentado mi tesis post doctoral en la NASA y en chino mandarín sobre física cuántica aplicada a la construcción de drones espaciales. Ahora puedo decir que pasé una de las pruebas más difíciles que he tenido.

Acá está una de las versiones del cuento por si lo desean ver:
https://www.youtube.com/watch?v=MMq5zWMQl-o

Agosto 2018

lunes, 30 de julio de 2018

EL VALLE DEL SONDONDO: REFUGIO DE CÓNDORES (I)

El rey alado de los Andes.

Hace unas semanas enrumbé hacia el valle del Sondondo, en Ayacucho. Me fui por trabajo a este interesante lugar, el cual conocía solo por referencias. Salí de Lima y en cerca de 10 horas llegué a la capital de la provincia ayacuchana de Lucanas: Puquio, previa parada en Ica para almorzar, en Nazca para estirar las piernas y en una garita de control en plena Reserva Nacional Pampa Galeras - Barbara D’Achille. Al día siguiente salí a las 5.00 am y en algo menos de dos horas llegué a Andamarca. Y tras una pequeña parada técnica, en 45 minutos más de viaje llegué al mirador de cóndores, ubicado en el cañón de Mayobamba a 3595 metros de altitud.

Tras esperar casi media hora e ir calentándome con los primeros rayos solares, empezó la fiesta. Aparecieron en escena varios ejemplares de cóndor andino (Vultur gryphus). De ellos, los más jóvenes planeaban buscando las corrientes térmicas para ascender y asegurar su vuelo. Los adultos y los más experimentados, volaban directamente hacia el mirador, para luego pasar muy cerca de él y dejarse apreciar, camino hacia unos cerros contiguos donde existe un bebedero en la parte alta del poblado de Mayobamba. Lamentablemente, la fantástica experiencia se ve algo opacada por la presencia de unos cables de media tensión que atraviesan el valle y que ya han causado la muerte de algunos cóndores. Incluso, si uno afina el ojo puede ver como algunos cóndores deben hacer piruetas para evitarlos.

Pese a todo, la parada en el mirador tuvo su recompensa. Pude ver, por primera vez en mis casi 46 añitos, no menos de 35 cóndores de un tirón. Me llamó la atención la gran cantidad de individuos juveniles. Y tras casi una hora, tuve que salir disparado a Mayobamba (un anexo del distrito de Chipao que tiene cerca de 500 habitantes), ubicado a unos 20 minutos del mirador. Ambas localidades pertenecen a la provincia de Lucanas y están a casi 100 kilómetros de Puquio.

El mirador.
Pero mi misión no era exclusivamente ir a ver cóndores. Debía realizar, junto a Rosa Elena Zegarra, un taller en Mayobamba sobre la conservación del cóndor andino con pobladores de los diferentes poblados de la parte baja y media del valle del Sondondo. Fui como funcionario del Servicio Nacional Forestal y de Fauna Silvestre (SERFOR), donde trabajo (con Rosa Elena), en coordinación con el Programa de Desarrollo Económico Sostenible y Gestión Estratégica de los Recursos Naturales en las regiones de Ayacucho, Apurímac, Huancavelica, Junín y Pasco (PRODERN), programa de cooperación bilateral directa entre el gobierno peruano y el Reino de Bélgica que es financiado por la Cooperación Belga y coejecutado por el Ministerio del Ambiente y la Agencia Belga de Desarrollo (CTB).

Nuestra misión era, por un lado, recoger impresiones sobre la presencia, estado de conservación y oportunidades de aprovechamiento en torno al cóndor andino en el valle de Sondondo; y por el otro, identificar el escenario para implementar una campaña de sensibilización destinada a promover la conservación de esta majestuosa ave. En otras palabras, fuimos con Rosa Elena a implementar algunas acciones del Plan Nacional para la Conservación del Cóndor Andino 2015 – 2025.

De cóndores y otros demonios

Nos llamó la atención que en Mayobamba no hubiese ninguna representación ni iconografía sobre esta especie. A diferencia de otros lugares, en ningún mural, tejido o representación artística o cultural aparece el cóndor andino, hasta donde pudimos ver. Sin duda, este es un tema a tomar en cuenta para cualquier estrategia de conservación. Y es que todos o casi todos los pobladores saben que los cóndores están ahí (arriba) y lo más probable es que los deben haber visto de lejos o de cerca, pero estas aves no estarían formando parte de su idiosincrasia o por lo menos, ese aspecto no salta a la vista.
Los benditos cables que perturban el paisaje y a los cóndores. 

Faustino Quispe Llamocca, presidente de la Comunidad Campesina de Mayobamba, asegura haber visto en su chacra (que a su vez queda cerca del bebedero) 150 cóndores en un solo día, hace diez años y en los siguientes años. Según Quispe, en ese lugar de difícil acceso, estas aves estarían protegidas. También afirma haber visto recientemente a un ejemplar adulto macho atacar becerros y subirse sobre ellos para picotear los ojos y otras partes blandas, como el ano, para acceder a las tripas y causarles la muerte. Esta conducta no es usual ni está documentada, por lo menos, no en el Perú. No obstante, no se descarta que esté dándose este comportamiento ante la falta de alimento.

Faustino no se estaba quejando, pues nos contó lo sucedido con sus becerros con algo de resignación y comprensión. Sabemos que los cóndores no siempre son bien vistos, pues algunos pobladores altoandinos los consideran “enemigos” porque atacarían directamente a sus animales. La fortaleza del cóndor radica en su pico, más que en sus garras, las mismas que se asemejan más a las patas de una gallina, por lo que no puede atrapar ni aprensar animales como las aves rapaces. Además, es un ave carroñera, pero, ante el apuro podría obrar distinto.

Un cóndor andino juvenil inicia su vuelo diario. 
Recordemos que en el país existe una ordenanza del 2007 dictada por el Servicio Nacional de Sanidad Agraria (SENASA) que indica que los cadáveres de animales domésticos (ganado vacuno, caprino u otro, alpacas y otras especies) deben ser enterrados o incinerados inmediatamente para evitar contagios de enfermedades infecto-contagiosas (por ejemplo, ántrax). A eso se le puede sumar la presunta disminución de animales silvestres, lo que estaría obligando a los cóndores a “tomar otras medidas” para parar la olla, una de ellas, sería la de —eventualmente— atacar a animales recién nacidos o juveniles.   

Según nos contaba Nimer Vega, poblador de Chipao, él mismo ha visto los nidos y dormideros de cóndores en la zona e incluso reporta que los individuos juveniles son los que llevan alimento a los pichones y a los ejemplares adultos que ya no pueden volar. Por ello, esta parte del valle puede ser considerada como una “fuente” de cóndores. Es decir, de allí “salen” cóndores a conquistar nuevos territorios; y desde allí, algunos vuelan cientos de kilómetros a diversos lugares (ida y vuelta), incluso tal vez hasta el litoral iqueño para alimentarse de lobos marinos (crías muertas, placentas), de aves guaneras muertas y de otros manjares similares. 

Al fondo, Chipao y Mayobamba. 
Vega afirma también que en la zona ha logrado ver entre 100 y 150 cóndores casi todos los años, sobre todo entre los meses de setiembre y noviembre. Y nos cuenta que llegan cóndores de otros territorios a quedarse unos días en la parte baja del valle para luego irse a sus lugares de origen. Asimismo, nos comenta que la población se mantiene estable porque muchos juveniles de 10 o 12 años son expulsados. De esta manera, no hay una sobrepoblación y esta se va renovando con los ejemplares lugareños que se quedan o con los que vienen de otros lugares a quedarse. Esto es saludable, pues habría un “refrescamiento” genético que fortalece a la población de cóndores de Sondondo.      

Es decir, esta zona es un lugar “productor” de cóndores con una población (a la fecha) bastante sana y numerosa que no es muy conocida en el país. Por lo tanto, existe mucho por hacer en este valle ayacuchano. Lo que me llamó también la atención es que los pobladores reunidos en el taller estaban bien informados sobre el potencial que tienen y sobre los aspectos que deben impulsar. El trabajo realizado por PRODERN en la zona es bueno; y es evidente que han dejado buenos cimentos. Sin embargo, urge complementar lo realizado.  

Y aunque parezca inverosímil, los poblados de esta parte del valle, tales como: Chipao, Mayobamba, Andamarca, Cabana, Sondondo, Aucará y otros menores, se disputan por la “pertenencia” de los cóndores y sobre todo por lo que a su parecer se debe hacer. Incluso nos comentaron que había “peleas” en las redes sociales por promocionar de manera desarticulada y aislada este gran potencial natural. Eso debe cambiar. Es menester informar esto para ver que todavía hay mucho por hacer y que si no estamos unidos en esto, la cosa no pinta bien.
 
P.D. En los días en que empecé a escribir este texto, nos informaron que un cóndor hembra subadulto fue encontrado aturdido a orillas del río, cerca del mirador; y que fue rescatado por pobladores locales. Al inicio todo indicaba que habría sido envenenado, pero al parecer, se habría chocado con los cables de electricidad arriba mencionados. Parte de su historia la contaré en la siguiente entrega.

Julio 2019

martes, 24 de julio de 2018

PRESENTACIÓN DEL LIBRO ROJO DE LA FAUNA SILVESTRE AMENAZADA DEL PERÚ Y XI CONGRESO PERUANO DE ORNITOLOGÍA

Dada la necesidad de escribir rápidamente sobre dos eventos que tenemos esta semana, acá van unas líneas apuradas. El 26 de julio tenemos la presentación del Libro Rojo de la Fauna Silvestre Amenazada del Perú y del 23 al  28 de julio tenemos en la agenda el XI Congreso Nacional de Ornitología en Iquitos. Ambos casos merecen nuestra atención y esperamos que de estos dos acontecimientos podamos tener buena información para seguir trabajando por nuestra diversidad biológica. 

El Libro Rojo es una publicación bastante esperada por la comunidad científica peruana. En sus 530 y pico de páginas se plasma la información sobre 389 especies de anfibios, aves, invertebrados, mamíferos y reptiles  amenazadas en el país, que a su vez están incluidas en las categorías: En Peligro Crítico (CR), En Peligro (EN) y Vulnerable (VU), según el Decreto Supremo N° 004-2014- MINAGRI.

El Libro Rojo no es una guía de campo, es más un documento de consulta que debe servir para tener un panorama general de las especies incluidas, sobre las cuales debemos poner especial atención para evitar su desaparición. De esta manera, las autoridades nacionales podrán saber cuáles son, por qué están amenazadas, dónde están presente, qué es lo que se ha hecho y se está haciendo por ellas y cuáles son los retos que tenemos para asegurar su preservación. 

Existen diversas discusiones sobre el Libro Rojo. Algunos afirman que este libro no haría más que "desnudar" nuestras falencias en cuanto a la preservación de parte de nuestra diversidad biológica y que nos pone en evidencia; otros dicen que pese al estado de amenaza de las especies allí listadas, es bueno contar con información sobre su estado de conservación y otros aspectos, porque justamente, uno de los problemas que se debe combatir para actuar a su favor es la falta de información. de esta manera, el Libro Rojo aportaría a tener información básica para tomar acciones concretas. 

En fin, lo importante es actuar y hacerlo con celeridad. Así por ejemplo, necesitamos que las autoridades conozcan a estas especies, para determinar qué es lo que se debe hacer. Muchas veces, algunas de ellas no actúan porque no saben que la especie X está amenazada y dejan pasar acciones que marcarían pequeños avances en la búsqueda de asegurar que nuestra diversidad biológica pueda seguir acompañándonos o más bien, permita que nosotros podamos estar en armonía con ella, Recordemos que todo lo que la compone estuvo mucho antes que nosotros. Así que a leer el Libro Rojo y a seguir trabajando por nuestro patrimonio natural.

En unos días, el Libro Rojo estará publicado en línea en la página web del SERFOR.

XI Congreso Nacional de Ornitología 

Este es el editorial que escribí para el último número del Boletín de la UNOP. Mis líneas están dedicadas exclusivamente al XI Congreso Peruano de Ornitología. Esta importante reunión empezó hace unas horas. Espero que salgan buenos aportes de esta nueva versión de un congreso pajarero. Este año nuestra amazonia es la anfitriona. Vamos a ver cómo les va, pues sin duda se han esforzado por sacar adelante la organización de este encuentro. Esperamos también que nos ofrezca información actual y técnica que nos ayude a seguir luchando por las aves,. 

No obstante, debo decir que discrepé con algunos de los organizadores por programar la fecha a pocos días de Fiestas Patrias, dado que en nuestra querida república bananera, para estas y otras fechas festivas, los pasajes suben y son difíciles de obtener. Ahora, es más complicado en el caso de Iquitos, porque la vía aérea es la manera más rápida de llegar a la capital del departamento de Loreto y los precios no son asequibles para todos; y para otros, estas fechas son complicada porque se cruzan con temas laborales. Pero bueno, ya es tarde para eso.  

Espero que este pequeño tema "logístico" no empañe el desarrollo del evento y que, como mencioné, tengamos buenos productos. 

Discusiones bizantinas  


Se viene el XI Congreso Peruano de Ornitología (XICPO) del 23 a 28 de julio, esta vez en la siempre encantadora Iquitos. He escrito diversos textos dedicados a estas importantes reuniones. También he participado de algunos congresos y siempre he estado pendiente de ellos, pues pese a que a veces dudo del impacto que estos puedan tener en nuestro “quehacer biológico, ambiental o ecológico” nacional, es evidente que sí aportan a la generación del conocimiento sobre nuestra avifauna. No obstante, suelo recordar algunas reuniones, en las cuales, las conversas y discusiones no aportaban a llevar ese conocimiento a la práctica, es decir, a plasmarlos en acciones concretas que permitan conservar y usar con responsabilidad lo que nos va quedando de diversidad biológica.  

Me explico. Reunir a la diversidad de expertos, interesados y seguidores de las aves en el Perú para y en un congreso, no es garantía de poder contar con resultados y productos concretos. Estas reuniones —como todas las de este tipo— sirven también para hacer relaciones públicas, tomarse fotos y reencontrarse con “la gentita”. Y no está mal que así sea, pues esos aspectos son inherentes a todo tipo de encuentro como este. Empero, pasa por mi cabeza que se puede tener la impresión de que parte de estas jornadas ornitológicas solo servirían para intercambiar “figuritas” sobre qué aves vio uno u otro pajarero en algún lugar y cómo hay que hacer para llegar ahí; cuáles son las rutas pajareras del momento; o sobre posibles chambas, oportunidades y mercadeo; y para, sobre todo hoy en día, hacer más amigos para las redes sociales, con los obligatorios “selfie” para inmortalizar el momento.  

Claro, insisto, no está mal todo eso. Es normal y es parte de lo que sucede en estas reuniones. Pero creo que falta algo más. Así por ejemplo, qué información se está generando para que esta pueda ser un elemento que forme parte de lo que se debe hacer para gestionar mejor nuestro territorio. ¿Dónde está esa información?, ¿Quién la tiene?, ¿La quiere o debe poner a disposición de los tomadores de decisión?, ¿Debería hacerlo si muchas el paquidérmico Estado no reacciona?, ¿Quién se encarga de que se genere más información para tomar acciones contundentes contra la pérdida de nuestra tan amenazada diversidad biológica?, ¿Cómo involucramos al ciudadano de a pie para que se interese por la preservación de lo que nos rodea utilizando a las aves como pretexto?, ¿Qué más podemos hacer para que a través de las aves “las masas” entiendan que debemos actuar en vez de solo pensar en el cambio climático y en las bolsas de plástico?

Me parece que mientras nos reunimos en cálidos ambientes para discutir sobre patrones filogenéticos y nuevos avances en el análisis del ADN mitocondrial para poder determinar diferencias entre las especies y subespecies del género Patagioenas en el Neotropico, los impactos de la presencia humana nos están dejando —a una gran velocidad— sin la variedad de aves de la que seguimos, por ahora, ostentando. Estudios de este tipo son relevantes, pero los resultados, o parte de ellos, deberían ser presentados de tal manera que puedan ser utilizados en políticas públicas y en el día a día.  

Las aves no solo están para ser observadas, investigadas y para exponer en congresos sobre su vida privada y su relación conflictiva con el ser humano y su entorno. Están también para, a través de ellas, llamarnos la atención sobre los destrozos que estamos haciendo al planeta que nos alberga. Por eso, no pierdan la oportunidad de participar del congreso, pero veamos qué más podemos hacer para acelerar el paso contra la sexta extinción masiva de especies biológicas, de la cual, las aves no pueden escaparse volando. También están en el bolo.   


El Editor

En este enlace pueden acceder al Boletín UNOP Vol. 13, N°1. 2018.

Entonces, esperemos que esta semana sea productiva y que después de Fiestas Patrias el rumbo del país logre por lo menos ofrecernos un mejor panorama. No debemos bajar la guardia de ninguna forma. Combatamos la corrupción y las malas prácticas desde nuestra tribuna. Unos cuantos pusilánimes y caraduras no nos van a aguar la fiesta. 

Julio 2018

domingo, 1 de abril de 2018

CAMINO AL GLOBAL BIG DAY 2018: LA REVANCHA (II)

En la entrega anterior iniciamos una entrevista con una pareja enamorada de las aves: Penélope Cora Alba y Tyto Furnarius Pusilla. Ellos nos adelantaron algunos detalles relacionados al Global Big Day (GBD) 2018, la competencia que se nos viene el 05 de mayo. Como comentábamos, este año, el Perú saldrá con toda su artillería a recuperar el primer puesto y el tricampeonato que le fue arrebatado el año pasado por su vecino, Colombia. No hay premio ni dinero por el primer puesto, pero ganar es una cuestión de honor. Todo sea por las aves. 


Seguimos conversando en un parque limeño con Penélope Cora (PC) y Tyto Furnarius (TF). Ambos están ansiosos por demostrar que el Perú será el país donde más especies de aves se puedan ver en las 24 horas del 05 de mayo de 2018. Si bien la idea es también aumentar el número de grupos que salga por todo el Perú a pajarear, aún se debe trabajar en eso, pues como comentan Penélope y Tyto, la lista de grupos que saldrá a pajarear, a la fecha, no es muy extensa. Sin embargo, ambos tienen la esperanza de que esto cambie conforme se acerca la fecha.

Seguimos conversando. Tenemos al frente un pelotón de diversas aves pululando por ahí, tales como Palomas de Castilla (Columba livia), Chisco (Mimus longicaudatus), Tordo Grande (Dives warszewiczi) y el ave que pienso debe ser el ave nacional, el Tordo Parásito (Molothrus bonariensis). Les dije a mis entrevistados que yo asumo que el Perú va a ganar, pero, ¿Qué sucederá al día siguiente?

TF: Nada en especial. La noticia saldrá en algunos diarios, las redes sociales rebotarán la noticia y habrá “bulla” unos días, pero luego habrá calma. Los pajareros se arengarán entre sí, pero salvo eso, no mucho más. El reto es lograr que antes, durante y sobre todo, después del GBD 2018, más gente salga a comprar sus binoculares, sus guías de campo y que defina cuál será su siguiente parada para ir a pajarear.  
PC: Tras reponernos del esfuerzo y de las emociones, debemos continuar con nuestra misión “evangelizadora” y seguir trabajando para difundir nuestra diversidad biológica y así ponerla en valor. Necesitamos logar —por ejemplo— que las aves generen sostenidamente beneficios económicos para poder preservarlas mediante un uso responsable.

¿Y cómo cambiamos el concepto de: “oye tú, conserva esa porción de bosque porque ahí viven aves que a los turistas le gusta ver y que te pueden dar beneficios”?

PC: La eterna discusión. Pese a ello, debemos aprovechar la ola y seguir montados en ella. Existen buenos ejemplos que demuestran que sí es posible gestionar nuestro patrimonio natural, haciendo que todos salgan ganando. Lo primero es convencernos de ello y jugar desde el principio con las reglas claras.
TF: Así es. Existen también ejemplos que nos demuestran lo contrario, como esos espacios “protegidos” por privados que solo venden humo y que son la antítesis de lo que se debe hacer para la conservación de nuestra diversidad biológica. Las personas no conservan solo porque les dicen que deben hacerlo. Si no hay una retribución económica que, por ejemplo, les permita mandar a sus hijos al colegio, la cosa no va a funcionar.

Dicho esto, señalé hacia el cielo. Una pareja de Cernícalos Americanos (Falco sparverius) le hacía la “bronca” a un solitario ejemplar adulto de Aguilucho Grande (Geranoaetus melanoleucus), mientras que a varios metros sobrevolaba como siempre un par de individuos del ave emblemática de Lima, el Gallinazo Cabeza Negra (Coragyps atratus), impávidos ante lo que pasaba debajo de ellos. Mis interlocutores creen que la razón principal por la que Colombia nos ganó el año pasado es que muchos espacios del país cafetalero se han “desmilitarizado” tras el proceso de pacificación. Además, hay que decirlo, se organizaron muy bien y ojo, también ellos son considerados como un país megadiverso. No en vano tienen costas en los Océanos Atlántico y Pacífico, la región del Chocó – Magdalena, Andes tropicales y un sinfín de ecosistemas.  

¿A qué te referías, Tyto, con que existen ejemplos que nos demuestran lo contrario?

TF: Existen emprendimientos privados que solo benefician a los que invirtieron su dinero y a nadie más. Además, se adueñan de terrenos que no les pertenecen y crean solo descontento. Adicionalmente, los pobladores locales involucrados no reciben mucho y únicamente ven gringos entrar y salir de sus terrenos sin recibir algo de provecho.
PC: Y también pasa lo siguiente, en algunos casos se promociona la observación de aves y el turismo de naturaleza como la solución a todos los problemas en lugares altamente intervenidos, donde al final, no hay mucho por ver. No necesitamos vender cebo de culebra.
TF: Sucede también que a veces se crea falsas expectativas y al final solo se logra frustrar a la gente y eso es como un boomerang para la conservación.

Tomamos otra vez asiento en una banca del parque. Cerca de nosotros aparecen tres especies de aves que ya no son muy común en la capital del Perú. Se trata del Saltapalito (Volantina jacarina), el Gorrión (Zonotrichia capensis) y la Tortolita Costeña (Columbina cruziana). Es interesante apreciarlas todavía por aquí. Mientras las veo, lanzo la pregunta que muchos escépticos se hacen: ¿Cómo sabemos que nuestros rivales no hacen trampa o que algún connacional o extranjero en Perú, “presionado” por ganar, ingresa datos falsos?

TF: Partimos del hecho de que los participantes solo anotan las aves que realmente ven  escuchan ese día. En la plataforma digital que recibe las listas existen ya algunos filtros para detectar posibles incongruencias, por ejemplo que alguien reporte una especie de distribución restringida a la llanura amazónica en la costa o viceversa; o que reporte un número exagerado de individuos de una especie en un sitio, cuando se sabe que la especie es solitaria o que solo se le ve en grupos pequeños de dos o tres individuos.
PC: Como ya se dijo, todo esto se basa en la buena fe y en la confianza de que nadie hace trampa. Existen algunos expertos que igual filtran y validan la información.  

Caminamos unos metros y divisamos al Mielerito Platanito (Coereba flaviola), a la Mosqueta silbadora (Camptostoma obsoletum) y a varias Golondrinas Santa Rosita (Pygochelidon cyanoleuca peruviana) que salían a buscar alimento. Lanzo mi siguiente pregunta: Al margen del GBD, ¿cómo ven el futuro ornitológico del Perú? Acto seguido vino un silencio casi sepulcral que me asustó. No obstante, este fue roto por la estruendosa presencia de casi una decena de Loros Cabeza Roja (Psittacara erythrogenys) que dieron un par de vueltas para alejarse alborotando todo a su pasar. Algo rezagados, tres Pihuichos Ala Amarilla (Brotogeris versicolorus) parecían “seguirle el vuelo” a los loros en búsqueda de alimento.

PC: Yo veo el futuro con optimismo. El número de aficionados a las aves ha aumentado significativamente; cada día sabemos más sobre nuestras aves y nos enteramos de nuevos emprendimientos. Y lo más importante es que estamos aprendiendo a valorar lo que tenemos. Hace no más de diez años, casi nadie hablaba sobre nuestra diversidad biológica y menos sobre las especies aladas.
TF: Es cierto, además, vemos a muchos más actores involucrarse con el entorno, con lo cual, las aves salen ganando. Así por ejemplo, el Servicio Nacional Forestal y de Fauna Silvestre (SERFOR), junto a otras organizaciones públicas y privadas, ha iniciado una campaña para reducir el tráfico ilegal de fauna silvestre llamada “Si compras, eres cómplice” que pretende evitar, por ejemplo, que varias especies de aves sigan siendo víctima de inescrupulosos y que sus poblaciones disminuyan.
PC: Así es. A eso debemos agregar que se está aprovechando mejor lo que la tecnología nos ofrece, como por ejemplo, las redes sociales, los equipos especializados de telemetría para hacer seguimiento de individuos y tantas cosas que nos permiten contar con información actual, certera y precisa para la toma de decisiones. Sin embargo, aún hay muchas brechas por cerrar.   
TF: Exacto. Solo un caso: muerte de cóndores por envenenamiento en varias partes del país. Ese problema tiene varias aristas que explican parte de lo que sucede: desconocimiento del rol ecológico de las aves, falta de prevención y de sanción efectiva a los que atentan contra ellas, aumento de conflictos entre humanos y fauna silvestre, vacíos de investigación, entre otros. A eso le sumamos la pérdida de hábitat por diversas actividades, la introducción de especies exóticas invasoras, los efectos del cambio climático, la contaminación ambiental y el panorama pinta bastante gris. Pero todavía estamos a tiempo para cambiar la situación. ¡Vamos con fe! ¡Arriba Perú!
PC: ¡Vamos Perú, carajo!       

Veo mi reloj y debo despedirme ya. Antes de eso, Penélope me pregunta a dónde iré yo a pajarear. Le contesto que no tengo aún la menor idea. En eso, Tyto nos calla para señalar el jardín de una casa con enredaderas. A la altura de nuestra vista, un fugaz ejemplar adulto del Picaflor de Cora (Thaumastura cora) nos ofrece unos segundos para avistarlo. ¡Qué hermosa ave!, gritamos casi al mismo tiempo. Para mí, esta especie no tiene nada que envidiar a otros colibríes. Ahora sí debo irme, pero antes de ello, les pregunté, a modo de cierre, ¿Y ustedes a dónde irán a competir? Creo que inicié una pequeña riña entre ellos.

TF: Vamos a ir al Bosque de Frejolillo, en Piura, que está protegido dentro del Área de Conservación Regional (ACR) Salitral – Huarmaca. Quiero ver Pavas Aliblancas en estado silvestre y aves de la Región de Endemismo Tumbesina. 
PC: ¿Perdón? Ya te dije que vamos a regresar al Abra Malaga en Cusco, porque fue el lugar donde nos conocimos.
TF: Pero, ya hemos estado ahí un par de veces luego de eso. No me parece. Veamos en todo caso, qué lugares no están cubiertos entre Lima y Lambayeque o entre Lima y Cusco.
PC: No. Ya está decidido.
TF: Pero reina, recuerda que habíamos quedado… (Inaudible).

Me despido. Les agradezco por el tiempo que me brindaron y les deseo todos los éxitos. Siguen discutiendo. Me alejo unos metros y diviso cuatro individuos del Cardinal de Cresta Roja (Paroaria coronata), un ave introducida (¿deliberada o accidentalmente?) en el Perú, pues es originaria del cono sur americano (Argentina, Bolivia, Brasil, Paraguay y Uruguay). Su avistamiento es un “lifer” para mí, es decir, es la primera vez que veo a esta especie en estado silvestre. Volteo a pasarles la voz a Penélope y a Tyto, pero veo que siguen enfrascados en su pequeña discusión. Opto por retirarme.

En algo más de una hora, haciendo un recuento, he visto 29 especies aves en un parque limeño. Extrapolando el tiempo, los lugares, la oportunidad, el número de personas que saldrá a pajarear y teniendo como techo nuestras 1850 y pico especies de aves en el país, debemos superar la marca del año pasado y ganar. Y no solo eso, debemos hacer que todos estos esfuerzos se vayan cristalizando en acciones concretas a favor de nuestra diversidad biológica. Es ahora o nunca.

Artículo publicado originalmente en la Revista Rumbos: 
http://www.rumbosdelperu.com/ambiente/29-03-2018/camino-al-global-big-day-2018-la-revancha/
  
Marzo 2018

viernes, 16 de marzo de 2018

CAMINO AL GLOBAL BIG DAY 2018: LA REVANCHA (I)

Si no sabe qué demonios significa o realmente qué es y para qué sirve el Global Big Day (GBD), no se preocupe. No es el único. El GBD es una competencia internacional que se basa netamente en la confianza y veracidad de los datos que diversos grupos de amantes de las aves suben a una plataforma virtual para contabilizar cuántas especies de estos seres alados se ve en un país en 24 horas. Es una de las pocas competencias planetarias que no otorga premios físicos y menos monetarios; y que solo busca impulsar una actividad, en base a la honestidad de los participantes y a la certeza de que los rivales no hacen trampa. Este año, el Perú competirá con el ojo morado. La revancha y su jerarquía están en juego, dado que el año pasado, Colombia, nuestro eterno rival, nos ganó. ¡A ganar carajo!           


Para adentrarnos en esta competencia y poder entender su significado y la mística que rodea al GBD, entrevisté a dos amantes de las aves: Penélope Cora Alba y Tyto Furnarius Pusilla, ella lambayecana y él cusqueño. Se conocieron en una excursión en el Abra Malaga, en Cusco, en la ruta desde la capital inca a Quillabamba, como parte de una salida de campo del X Congreso Nacional de Ornitología, celebrado en noviembre de 2011 en la capital arqueológica de América. Penélope Cora (PC) y Tyto Furnarius (TF) llevan el birdwatching en la sangre. Cada uno ya “pajareaba” desde años atrás antes de conocerse y ahora lo hacen casi siempre juntos. Me encontré con ellos al alba, en un parque de Lima. Accedieron a la entrevista, pero solo bajo una condición: no fotos.

Los vi llegar. Cada uno tenía sus respectivos binoculares colgados del cuello. Ella con una camiseta blanca con la Pava Aliblanca (Penelope albipennis) estampada, jean y zapatillas; y él con una camiseta negra con un estampado del Gavilán de Vientre Gris (Accipiter poliogaster), en pantalón corto y sandalias. Conozco a Penélope y a Tyto hace más de tres décadas. Hemos ido a “pajarear” varias veces y sé que viven esta competencia a mil por hora y a flor de piel.

Mientras damos una vuelta por el parque, lógicamente sin perder de vista la avifauna del lugar, les pregunto ¿Qué es el GBD? Ambos me miran asombrados como si yo fuese de otro planeta. Les explico que, por si acaso, pocos saben de esta competencia.

PC: El GBD es una oportunidad para que, durante las 24 horas de un día, una persona o un grupo de personas salgan a identificar aves y elaboren una lista de todas las especies registradas en ese periodo de tiempo en una localidad determinada.
TF: Se trata de que gente en todo el mundo, amantes de las aves sin distinción de profesión, edad u otra, salgan a verlas en estado silvestre y que ello permita registrar colectiva o individualmente el mayor número posible de especies en un solo día en el planeta.

¿Y cuál es el objetivo?

TF: Es bastante simple: llamar la atención sobre las aves y sobre la necesidad de tomar acciones inmediatas para la investigación y su conservación; y también ayudar a obtener fondos económicos para esos fines.
PC: Asimismo, se busca registrar ese día el mayor número de especies de aves en todo el mundo y también proponer nuevos espacios y rutas para el birdwatching nacional, de tal manera que se involucre a más gente y localidades que pueden ver en esta disciplina una posibilidad de desarrollo local.  

Inmediatamente, ambos al unísono gritaron: ¡Vamos Perú! Yo di un salto del susto y después de recobrar el sentido les pregunté si es que ya habían pactado de antemano hacer esa arenga que casi me deja sordo y me causa un infarto (en ese orden). Según ellos, les salió de manera espontánea hacerlo. Les creí. Mientras seguíamos caminando y ya repuesto del susto, divisamos un Gavilán Acanelado (Parabuteo unicinctus) que surcaba el cielo a pocos metros arriba de nosotros, mientras un puñado de Cuculíes (Zenaida meloda) y otro de Madrugadoras (Zenaida auriculata) volaban sin rumbo, despavoridas ante la presencia del ave de presa.

¿Y qué debemos esperar del Perú ese día?

TF: El Perú, como “potencia ornitológica” del planeta debe contribuir contundentemente con el esfuerzo global. Debemos lograr que más gente se interese por nuestra diversidad biológica, en este caso, a través de las aves. Estos maravillosos seres son solo un pretexto para que tomemos conciencia de que debemos proteger el entorno a través de, por ejemplo, actividades que permitan usar nuestra fauna silvestre de manera responsable y sostenible.
PC: ¡No seas palabrero! Recordemos que el Perú ocupa el tercer puesto en el mundo en cuanto al número de especies de aves después de Colombia y Brasil; y que además recién estamos alzando vuelo en lo referido en la promoción de la observación de aves como una actividad económica que genere progreso y mejore la calidad de vida de más peruanos.
TF: ¡Tú me ganas con el floro!

¿Y cómo nos fue en los años anteriores?

TF: Desde el 2015 se celebra el GBD en todo el planeta. Ese año, el Perú se puso las pilas de tal manera que más de 300 personas distribuidas a lo largo y ancho del país salieron a ver aves. Ese año también, en los Estados Unidos, un poco más de 10 000 “gringos” hacían lo mismo.
PC: En Colombia y Brasil salieron respectivamente un poco más de personas que en Perú a ver aves. No obstante, en el 2015 fuimos campeones.
TF: Logramos registrar 1183 especies, con lo cual alcanzamos el record planetario. En el 2016 participaron casi 16 000 personas pertenecientes a 145 países. Todos ellos registraron alrededor de 6260 especies de aves. En el Perú registramos 1242 especies y fuimos también campeones.
PC: En el 2017 no nos fue muy bien. Colombia nos arrebató el tricampeonato, pues como país quedamos segundos en el planeta pese a que se logró avistar 1332 especies de aves.
 
Recordemos que el turismo de aves es una modalidad de aprovechamiento de la fauna silvestre que podría generar bastante progreso y dividendos si logra consolidarse en el país. Ese es justamente uno de los fines del GBD. Mientras charlamos divisamos un solitario ejemplar del Atrapamoscas Pepite (Tyrannus melancholicus) posado en un cable. A su vez, casi imperceptible en un árbol cercano, el Mielerito Gris (Conirostrum cinereum) revoloteaba de arriba abajo hasta desaparecer. Algunos metros más allá, un ejemplar macho de Turtupilín (Pyrocephalus rubinus) observaba calmo nuestros movimientos.  

¿Qué estamos logrando con estos GBD?

PC: La observación de aves, como actividad responsable con el entorno y como generadora de beneficios, está tomando cuerpo en el Perú. Cada día el número de “pajareros” nacionales aumenta. Una prueba de ello es que en el 2015 fuimos cerca de 300, en el 2016 fuimos casi 500 y en el 2017 dimos un salto de garrocha, llegamos a ser más de 800.
TF: En el 2017 cubrimos más de 652 puntos en el mapa, cifra que casi dobla a la de los años anteriores respectivamente. Sin duda, cada vez participa más gente.
PC: Esa debe ser la tendencia. A eso apuntamos. Este año esperamos cifras mayores.

Decidimos tomar asiento en una banca para seguir con la conversa. A pocos metros, el colibrí más común en Lima, la Amazilia Costeña (Amazilia amazilia) nos regaló una breve aparición. Un punto importante a destacar es el hecho de superar, no solo nuestra marca en lo referido al número de especies, sino, al número de grupos que salen a pajarear —que al final son las listas reportadas ese día— y al número de puntos cubiertos en el país. Ese es el gran reto. Dos Violinistas o Tangaras Azuladas (Thraupis episcopus) hacen su aparición en la escena y se quedan varios minutos revoloteando por ahí. Y cuando nos paramos para seguir caminando, cerca de diez Botones de Oro (Sicalis flaveola) andaban en el pasto alimentándose y atentos a nuestros movimientos. 

¿Qué esperas de esta nueva versión del GBD para el Perú?

PC: Por supuesto que ganemos, pero al margen de la victoria, deseo que se hable más de las aves y de nuestra riqueza biológica. Espero que las aves solo sean un medio para que el ciudadano de a pie se tome unos minutos de su tiempo para enterarse de todo lo que tenemos en el país y de todo lo que podemos aprovechar para nuestro beneficio sin dañar irreparablemente lo que nos rodea.
TF: Pienso que esta nueva oportunidad debe ser aprovechada para seguir empujando el coche y hacer que en todo el país valoremos lo que tenemos. En el caso de las aves, cada vez hay más adeptos y más eventos. Así por ejemplo, este año tenemos, en julio, un nuevo congreso nacional de aves en Iquitos, se sigue trabajando por conocer más de estos seres a través de revistas especializadas como el Boletín de la Unión de Ornitólogos del Perú (UNOP) y se sigue descubriendo nuevas especies para la ciencia en nuestro territorio. Ahí vamos.


Nos acercamos a una pequeña laguna y decidimos sentarnos otra vez. En un pequeño grupo de rocas que emergen del cuerpo de agua, un ejemplar adulto del Huaco Común (Nycticorax nycticorax) posa estático entre unos pequeños juncos a la espera de su presa. Mientras observábamos al Huaco, llegamos a la conclusión de que en el Perú no estamos aprovechando todo lo que tenemos. Si bien hemos avanzado bastante en lo relacionado a promover un mejor conocimiento de nuestra diversidad biológica, aún debemos enfrentar grandes problemas. Uno de ellos es convencernos nosotros mismos de que somos un país megadiverso.

Y como si lo hubiésemos ensayado, al escuchar el típico canto del Halcón Peregrino (Falco peregrinus), los tres alzamos al unísono la cabeza y dirigimos nuestra mirada hacia el cielo limeño. Un ejemplar adulto de esta hermosa ave pasó raudamente y se posó en una antena cercana. Desde ahí nos vigilaba. Este año, el Perú se la juega, pues debe superarse y seguir reclutando gente y equipos que copen la mayor cantidad de lugares en el país, para con ello, lógicamente, ganar. Con ello, se lanzaría otra vez un mensaje más potente: ¡aprovechemos inteligentemente nuestra diversidad biológica!

En eso estábamos, cuando con el rabillo del ojo, divisé a un saltarín Cucarachero Sudamericano (Troglodytes aedon) que revoloteaba en un arbusto cercano. Ante ello, Penélope afirmó que “no debemos ser como el cucarachero y salir cautelosos solo un día al año, para luego escondernos. Debemos hacer que todos los días podamos volar alto como el halcón o el gavilán. Tenemos cómo hacerlo”. Suena lógico. Para complementar lo conversado, Tyto lanzó una sentencia, creo yo, bastante certera, “si no ‘democratizamos’ la observación de aves y otras actividades como esta e involucramos a más gente, estamos condenados a morir en el intento. Ustedes, los de la prensa, deben ayudarnos”. Claro, dije yo, justamente por eso estamos acá. Y así como si nada, en media hora, pudimos divisar 12 especies de aves. Y vendrían mucho más.

No te pierdas la segunda y última parte de esta entrevista en la siguiente entrega.

Artículo publicado en la revista Rumbos:
http://www.rumbosdelperu.com/ambiente/16-03-2018/camino-al-global-big-day-2018-la-revancha-i/


Marzo 2018

viernes, 5 de enero de 2018

EL GALLITO DE LAS ROCAS: AVE NACIONAL DE PERÚ (Y DE BOLIVIA, COLOMBIA, ECUADOR Y VENEZUELA)


Gallito de las rocas. Foto: Fernando Angulo Pratolongo
No sé si está permitido o no, pero me robo el editorial que escribí para el Volumen 12 N°2-2017 del Boletín UNOP para difundirlo por este medio. Hago esto por dos motivos principales: inaugurar mi blog este 2018 y dar mi opinión sobre el maldito tema del ave nacional. 

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Hace unos días, un entusiasta cibernauta colocó en el grupo de Facebook Aves DEL Perú / Birds of Peru, muy orgulloso él, la foto de un ejemplar adulto del gallito de las rocas (Rupicola peruvianus) con la leyenda “Orgulloso Ave nacional de Perú” (sic), por supuesto, con tres banderitas peruanas. A los pocos minutos, salieron patriotas y lúcidos participantes que halagaban el post y se sentían más peruanos que la cultura combi, al sentirse representados por un ave de distribución bastante plurinacional, como la así autollamada república de Bolivia. El conocido gallito está presente en Bolivia, Colombia, Ecuador, Venezuela y en la república bananera de Perú. Y claro, en la mente de muchos, esta plumifera es el Ave Nacional del Perú y por inferencia, una gran mayoría piensa que solo vive en nuestro país.

El hecho es que, debido al imponente color rojo del macho adulto (evaluemos la discriminación de los ejemplares hembra de esta ave para estos fines), un enorme grupo de connacionales (99,5% de la población nacional) ve reflejado en su cuerpo la bandera nacional, la escarapela, el escudo y todo símbolo patrio habido y por haber. Esto ocasiona que todos hinchen el pecho, llenos de patriotismo y orgullo, seguros de que los demás países de la región nos envidian por contar con esta ave tan singular y tan peruana.

Incluso, algunos comentaristas van más allá y dicen que es “El ave mas hermosa del continente y es de Perú...” (sic); y que es “espectacular”, entre otras expresiones de admiración y casi sumisión. Sin embargo, cuando se les hizo la aclaración de que el Perú no tiene un ave nacional, algunas respuestas dieron fe de la frustración: “Entonces Perú no tiene ave nacional??????.....viví engañado toooda mi vida...gracias!” (sic) o “La envidia los corroe” y cosas similares. Asimismo, se hace referencia a un caso muy cercano: “En Brasil ocurre algo similar. És muy difundido que Turdus rufiventris (Zorzal colorado?) és la ave símbolo del país, pero el decreto presidencial solo le dice que esta espécie és “el centro de las celebraciones” por el dia de las aves (5 octubre)” (sic). Al parecer, los criterios para elegir a estos “animalitos” no son muy claros y nada homogéneos entre los países, aunque esto último tampoco debería ser la regla. No hay un manual o una normativa para estos fines, ¿o sí?

Algunos afirman que el ave nacional debe ser endémica del Perú como el zambullidor de Junín (Podiceps taczanowskii), la pava aliblanca (Penelope albipennis), el colibrí cola de espátula (Loddigesia mirabilis) u otra especie similar de distribución restringida y exclusiva de algún territorio en el país. Otros dicen que más que todo debe ser elegida una especie que sea fácil de reconocer, como es el caso del águila harpia (Harpya harpyja) en Panamá o del cóndor andino (Vultur gryphus) en Bolivia, Ecuador, Chile y Colombia. Estas dos últimas son también dos especies “grandes” y emblemáticas, lo que las hace interesantes para fines de recordación e incluso educativos.

Algunos “opinólogos de la pajarería nacional” afirman que se debe oficializar esta denominación, sin saber al final qué ave debe tener este honor; otros defienden que siga siendo el gallito de las rocas porque ya está en la mente de todos, otros sugieren casi hasta un referéndum en el país por ser este un tema de interés nacional y un asunto casi impostergable para definir el futuro del Perú, otros sostienen que se debe dejar de ser tan rígidos con este tema porque, en caso de elegir un ave endémica del Perú, lo más probable es que nadie la conozca, salvo dos o tres personas. En fin, sea como sea, lo cierto es que este tema ocupa un lugar bastante alejado en la agenda política y en la opinión pública, por lo que al parecer todo quedaría igual por varias décadas y seguirían las discusiones improductivas en los medios digitales. Al parecer, llegaremos al bicentenario sin ave nacional.

Recordemos que ya hubo un intento de oficializar este tema a cargo del desaparecido y reconocido conservacionista Gustavo del Solar.  Como hace años escribí: “Su última acción política fue el intento de que el Congreso nombre a la pava aliblanca como ave nacional pues, a diferencia del gallito de las rocas (Rupicola peruviana), ésta es endémica del Perú. El proyectó contó con el apoyo de personalidades nacionales e internacionales, pero no logró ser aprobado. Ya en el 2003, se declaró a la pava aliblanca especie de interés nacional (Ley N° 28049)” (1).

Tal vez, el venidero congreso nacional de aves en Iquitos proponga algún espacio para esta discusión y produzca algún documento que permita empezar a zanjar el tema. Espero que los absurdos regionalismos, las posturas conservadoras o la sinrazón no lleguen a perturbar esta discusión, que, si bien no define el futuro ornitológico del país, es importante para construir mejores cosas en este “mundo pajarero” nacional tan disperso. No por el hecho de que el congreso sea en Iquitos debe ser un ave de la llanura amazónica. Yo por mi lado voto por el tordo parásito (Molothrus bonariensis), un ave invasora y de distribución amplia; que además es de color negro como el futuro; que es oportunista y parásita de puesta, pues deposita sus huevos en los nidos de otras aves para que los nuevos papas críen a sus polluelos, aprovechando la buena fe de otros y utilizando una figura similar a los “vientres de alquiler” tan conocidos por estos terruños. Esta ave tiene bastantes rasgos endémicos del Perú. Tiene mi respaldo.


Ver toda la discusión en:

Diciembre 2017

BIENVENIDOS AL NUEVO MORDOR: ¡EL PERÚ! (XXVII)

  Hace unos meses, tras un golpe de lucidez y un destello de valor, decidí abrir dos redes sociales para lanzar mensajes sobre diversos tema...