sábado, 25 de mayo de 2019

UNA COSMOVISIÓN SOBRE LORETO


El río Momón es un afluente del río Nanay. 
Tras las dos primeras visitas a Iquitos que originaron dos artículos míos[1], regresé a Iquitos tres o cuatro veces más por trabajo. La última incursión a la capital loretana la hice hace unos días con mi familia. Fue un viaje bastante interesante y aleccionador. Y si bien intenté no incluir aspectos laborales para poder disfrutar y pasar el tiempo gratamente —lo cual, por supuesto hice— siempre “se me sale” la vena periodística. Lo visto en tierras loretanas me demuestra una vez más que aún estamos muy distantes de ser una sociedad decente y sobre todo, que entienda por qué es importante usar nuestra diversidad biológica y cultural de manera inteligente para salir adelante. ¿Cuál es la receta del éxito? Planificar acertadamente, usar conocimientos científicos y tradicionales a favor del bienestar general y del mantenimiento de nuestro entorno natural, así como de los bienes y servicios que nos ofrecen; y lo más importante: mejorar como ciudadanos, es decir, reducir la corrupción, exigir una educación de calidad y no dejarnos engañar por nuestra clase política pero actuando y no solo renegando.   


Se viene un puente sobre el río Nanay. 
Mientras navegábamos por el río Nanay, a los pocos minutos de haber salido del puerto de Bellavista – Nanay, rumbo hacia la desembocadura del río Momón para surcarlo, noté que había sobre el río unas estructuras de cemento. Me quedé asombrado porque el guía me dijo que eran para un puente que atravesaría el Nanay y conectaría a Iquitos con Colombia, con lo cual, se abriría una ruta comercial que les iba a beneficiar enormemente. Me aseguró además que el proyecto duraría “solo cinco años y que ya iban por el tercero”, pero a razón de lo que vi, pienso que no se ha avanzado nada y que esa iniciativa va a durar mucho más. Asimismo, auguro que no va a traer soluciones a largo plazo, sino más bien problemas, si es que no se toma las medidas necesarias.

Debo confesar que no tenía la menor idea de esta obra y ahora sé que el puente es solo la punta de lanza de un proyecto de construcción de la carretera Bellavista-Mazán-Salvador-El Estrecho. Al pensar en la carretera Iquitos – Nauta y en esta nueva maravilla arquitectónica, se me erizaron los pelos. No sé qué estarán pensando. Ojalá los loretanos no reciban otro elefante blanco. En fin, habrá que averiguar más al respecto. Lo que me llamó la atención es que le pregunté a varios lugareños y estaban emocionados con la obra, pues esperaban con ansias que se les abra la “puerta al mundo y a otros mercados”, con lo cual mejorarían sus ingresos económicos y podrán conocer otras realidades. ¿Estará Iquitos preparada para recibir una posible “invasión ciudadana extranjera”?

Estos armadillos ofrecidos en el mercado de Belén
serán consumidos seguramente en un
buen guiso.
Me asombró también la proliferación de mototaxis. Es cierto, no debería extrañarme, pero en realidad pienso que en un momento la población de vehículos de este tipo sobrepasará a la de los humanos de esta parte del país. El ruido es ensordecedor. Por lo menos deberían cerrar las calles alrededor de la plaza de armas para poder sentarse en cafés o bancas, a fin de poder disfrutar del entorno. Es insólito ver cómo la ciudad pierde glamur e imponencia conforme pasa el tiempo. Sin duda, este podría ser un espacio con muchos más turistas, movimiento cultural, oferta gastronómica y por qué no, ser el epicentro peruano de la llanura amazónica para conocer y disfrutar de la inmensa riqueza étnica y biológica que ofrece esta parte del país.

¿Se come y caza todo lo que se mueve?

Orgulloso, un loretano me decía, conforme nos acercábamos al mercado en el puerto de Bellavista - Nanay, que ellos son conocidos porque se comen todo lo que se mueve. Claro, creo que no pueden ser comparados con los chinos, pero, en el país sí tienen esa fama. Basta darse una vuelta por el mercado de Belén en Iquitos y adentrarse camino al río Itaya para ver la oferta de carne de monte que es exhibida sin ninguna restricción. No voy a ahondar en el tema, pero lo que sí me preocupó fue lo que me dijo una señora que vendía unos armadillos y a la que le pregunté si alguna vez se le había decomisado algo. Me dijo: “no joven, le das su piernita de majaz y no pasa nada”. También le pregunté a un par de sus colegas, ¿para quién es la carne de los animales? Me dijeron que era para los “gringos” y para la gente de la ciudad. Me comentaron también que los restaurants son los que más la demandan. 

No pude dejar de preguntar, de dónde venía la carne de monte. Y a ello, me respondieron que se la manda (o trae) sus familiares cuando vienen para la ciudad. Cambiar estos hábitos alimenticios es una labor casi imposible. ¿Dónde está la frontera entre la caza de subsistencia y aquella que se da para abastecer esta demanda gastronómica? La caza de subsistencia se da o se debe dar solo en los territorios de comunidades nativas o campesinas; y ahí se da. Su consumo debe ser dentro de sus territorios y por los comuneros. Así está normado. Pero si es fuera de estos espacios y se lucra al respecto, ¿cómo hacemos? Acá todavía hay mucho pan por rebanar.

Garra, dientes y colmillos de jaguar para la venta. 
Y a una hora de tomar el avión de regreso a Lima, caminábamos con Fátima y Maya por el centro de Iquitos y al mezclarnos con un grupo de animosos turistas extranjeros, un pujante comerciante se me acercó a ofrecerme algunas baratijas regionales, entre ellas colmillos, incisivos y uñas de jaguar (Panthera onca). ¿A cuánto el colmillo? “300 soles, pero te lo dejo a 250”; ¿y los incisivos y uñas? “a 70 soles”. Y ante mi pregunta: ¿Por qué tan caro? ¿de dónde “vienen” estos jaguares? El amigo me contestó: “de esto vivimos y hay que irse muy lejos al monte y meterse 20 días por lo menos”. Por supuesto sé otros datos al respecto que no revelaré, pero lo sucedido me muestra que el tráfico ilegal de fauna silvestre y de sus partes es un grave problema que debemos enfrentar. Por eso, no seas cómplice, no compres ni vendas fauna silvestre de origen ilegal[1].

Verdades

Como parte de lo que visitamos por los alrededores del río Momón, estuvimos en un poblado de la “tribu” Bora. Allí, un alegre grupo de pobladores de esta etnia, reunidos en su maloca, ofrecían sus productos artesanales y mostraban sus alegres danzas. Esta práctica es común en nuestra Amazonía. Así, luego de que una niña pasara pidiendo “una colaboración”, el guía mencionó que los habitantes de esta comunidad vivían a 45 minutos a pie de donde estábamos y aseguró además que ellos venían hacia esta zona para “mostrar su arte y luchar por su preservación y claro, para ganar algo con ello”. Por más que parezca simple, esto me parece interesante porque en ocasiones anteriores, se le hacía creer al turista que la gente vivía ahí. Lo mismo sucedió en la comunidad Kokama – Kokamilla de Padre Cocha a orillas del río Nanay. Sentí que los pobladores de estas zonas han adoptado otro discurso y que empiezan a reconocer que para progresar también hay que merecer algunas cosas y cambiar algunos patrones de conducta y entender que no solo basta con estar ahí a veces esperando que pase algo a su favor.

Me asombró también la cantidad de turistas nacionales que he visto esta vez. Con lo anterior, pienso que es bueno sincerar las cosas y mostrar realmente lo que hay. Hace años, un ciudadano iquiteño me dijo que muchas de las “cosas” que se mostraba en su ciudad eran “construidas y exageradas” para atraer a turistas, sobre todo “gringos” que se creen todo y que son fáciles de timar; y que además pagan por todo lo que se les pide y ofrece. Estoy seguro que no es la visión de todos, pero sí de muchos.

No todo lo que brilla es oro

A modo de conclusión incluyo lo escrito en el 2011 por Marc Dourojeanni[3]. “… hay que recordar que los indígenas amazónicos son personas como cualquier otra. Parece absurdo tener que decir esto, pero las distorsiones respecto a los pueblos indígenas son tan grandes que no puede evitarse relevar esta verdad. No son perfectos ni son de otro planeta. (…) el amor de los indígenas por la naturaleza, su tan voceada sabiduría y conocimientos y; en especial, su supuesta armonía con su entorno, deben ser calibrados a su justa dimensión. (…) Existen sí indígenas que aman la naturaleza por encima de todo y que, confrontados con la necesidad de conservarla, realmente quieren cuidar de ella. Pero, asimismo, hay muchos indígenas que, aunque rodeados por la selva, son totalmente ajenos a la necesidad de protegerla y contribuyen alegremente a su destrucción cuando les conviene”.

Perturbadora imagen en el aeropuerto de Iquitos. 
Así también, el mismo Dourojeanni afirmó en el 2013[4] que “(…) Loreto se desarrolla sin un plan integral, es decir que construye su futuro ladrillo a ladrillo, pero sin saber ni entender la forma que tendrá el edificio que está haciendo. En verdad, como van las cosas, el futuro de Loreto no es deseable para su pueblo ni para el Perú. Es un futuro que augura un colapso social, económico y ambiental. Por eso, es tiempo (…) de que el pueblo loretano aborde con realismo su futuro y que elabore el plan de su desarrollo con una mirada pragmática, como lo hacen quienes construyeron las grandes obras humanas, sean estos edificios admirados o países prósperos".   

Entonces, dos cosas: conozcamos bien a nuestros compatriotas y tomemos con pinzas eso de que ellos tienen “la” cosmovisión (¿y nosotros no tenemos una?) y que por eso saben qué hacer con “su” selva porque están conectados con la naturaleza y eso los hace inocentes, intocables e incluso, un modelo a seguir para vivir en armonía con la naturaleza para gozar de la madre naturaleza por siempre. Y por otro lado, lo descrito acá, es cierto, no es exclusivo de nuestra amazonia, sin embargo, nos hace reflexionar sobre lo que estamos construyendo como país. Pese a todo, ¡visiten Iquitos y esa hermosa parte de nuestro país!    

Mayo 2019




[3] Dourojeanni, M. J. 2011. Amazonia probable y deseable: Ensayo sobre el presente y futuro de la Amazonía. Universidad Inca Garcilaso de la Vega. Lima. 273 p.

[4]Dourojeanni, M. J. 2013. Loreto sostenible al 2021. DAR. Lima 354 p. 

sábado, 11 de mayo de 2019

GBD 2019: ¡ESTE AÑO NO, JOVEN!


¡Tenía que decirlo y lo dije! Dudé unos segundos. Y es que no estaba seguro si debía o no publicar estas líneas. Al final, decidí hacerlo. Y si bien algunos podrían achacarme que poseo algunas trazas de pesimismo, negativismo, falta de compromiso o que “no parezco peruano”, recibo estoico esos comentarios. Ya estoy curtido en eso. El hecho es que todavía no damos el gran paso para ser una potencia pajarera, pero es cierto, vamos por buen camino. ¡Ah!, algunos se preguntarán ¿qué significa o implica ser una potencia pajarera? Para mí, entre otros, alcanzar en un futuro cercano a Estados Unidos en el número de listas reportadas en los próximos Global Big Day (GBD), así como lograr que la observación de aves apalanque, cada vez más, iniciativas para conservar nuestro entorno. El número de especies a avistar es finito. Sin embargo, el número de “pajareros” no lo es. Tampoco es infinito, pero debería aumentar de manera exponencial cada año, ¿o no?

El 2019, pese a algunos altercados en cuanto a la organización y al apoyo institucionalizado a este evento, el Perú ha hecho un papel memorable. Yo mismo, hace unas semanas, veía el panorama bastante oscuro, sin embargo, he quedado bastante contento con los resultados. Nos hemos superado en el número de especies registradas y en el número de listas y se nota que sí hay entusiasmo y ganas de posicionarnos como un destino imprescindible en el planeta para ver aves. Los esfuerzos, algunos aislados, otros bien planificados, otros no tanto y por ahí otros más que todo entusiastas, demuestran que todavía nos falta cohesión y dejar de lado algunas rencillas para seguir superándonos y anclar nuestra bandera en la cima del birdwatching mundial.

Una de las iniciativas para el GBD 2019.
Este año más que nunca y como sucede en otros ámbitos, nunca faltan los expertos “opinólogos” que tienen las “recetas mágicas” para lograr el éxito, conservar tal o cual especie y por supuesto para solucionar los problemas del planeta. Los “gurúes” salen siempre a querer demostrar que saben qué hacer y cuál es el camino del éxito. Nos queda solo exigirles que expongan sus brillantes ideas y que lideren este y otros esfuerzos para que todos nosotros podamos aprender de ellos. Necesitamos de su sapiencia. El error ha sido, al parecer, no haberles consultado cómo es que debíamos y debemos organizarnos para estas lides.  

¿Qué nos falta? ¿Tal vez necesitamos más difusión, más capacitaciones, más material técnico (mucha gente se desanima por no captar muy bien el uso obligatorio de eBird), más liderazgo en regiones?, no lo sé. ¿Sería bueno crear una competencia nacional previa por departamento para calentar motores? ¿Pero quién lidera y pone las reglas? ¿Necesitamos asesoría internacional, nacional? ¿Necesitamos involucrar más a la empresa privada? ¿Necesitamos crear un padrón de pajareros y convertir esta disciplina en algo colegiado?, ¿Necesitamos formar más apóstoles? Se aceptan sugerencias.   

Listas vs. especies

Reitero que, para mí, lo más importante en esta competencia pajarera es seguir aumentando —como país— el número de listas registradas. Ahora, es algo confuso este tema porque puede existir un grupo de diez pajareros que vayan a un mismo lugar y que al final de la jornada suban una sola lista con sus avistamientos. O puede ser que al final, el grupo se subdivida y se suba 4 o 5 listas con las mismas aves o que cada uno de los diez pajareros suba una sola lista idéntica a las otras nueve. También podría pasar que algunos se queden un tiempo más y suban tres o cuatro listas más con un par de aves adicionales. Es decir, intentar identificar qué hay detrás de cada lista y cuántas personas, me resulta algo confuso.

Si asumo que por cada lista hay por lo menos un pajarero, podríamos decir que, según los resultados del último GBD y redondeando las cifras, habría un pajarero peruano por 5 colombianos. Las demás comparaciones y posteriores análisis estadísticos se los dejo a los expertos. Me llama la atención eso sí, que el año pasado, según el Centro de Ornitología y Biodiversidad (CORBIDI), hallamos registrado 1620 listas, en comparación con las 1203 listas de este año; y más me llama la atención que el año 2017 hallamos registrado solo 823 listas.

Por otro lado, al ser el GBD un evento que no tiene una institución que oficialmente asuma su dirección, por lo menos en el Perú, su implementación en una república bananera como la nuestra es algo compleja, pero no imposible. Justamente lo sucedido este año nos lo demuestra. En sus primeros cuatro años, quien lideró la organización en el país es el ya mencionado CORBIDI, organización que se puso al hombro esta titánica tarea. La difusión del evento, la realización de mapas para saber qué puntos del país estaban cubiertos por pajareros y cuáles no, la elaboración de información técnica y otros aspectos, fueron cubiertos por sus miembros. Todo ello fue de mucha ayuda.

Sin embargo, no faltaron los puyazos y maltratos de ciertos individuos que acusaban que existirían fines de lucro e intenciones de acaparar las miradas y los flashes para beneficio propio, entre otras acusaciones infundadas. Así, este año, CORBIDI se hizo a un lado, no sin antes intentar dejar la posta. Pero al no haber “posta oficial”, es difícil dejar o trasladar un cargo responsabilidad que no existe y menos a alguien que al parecer no existe y que esquiva algo que no existe.

Personalmente, me pareció que fue una mala “jugada”; y que fue hecha tal vez con el ojo morado. Esta situación pudo haberse manejado de otra manera. Creo yo que, al no haber un coordinador oficial del evento, no correspondía hacerse a un lado. Simplemente hubiese bastado con anunciar públicamente la decisión y convocar a quien quisiera hacerlo. No obstante, como se dijo, el Perú hizo un papel decoroso en el GBD 2019. En fin, el tema es que esperamos nuevos y renovados vientos para el próximo año.    

Cuadro 1. Avance de Perú y Colombia en el número de especies y de listas tras el GBD 2019 y resultado final.
Día
Hora
N° de especies
N° de listas
Perú
Colombia
Perú
Colombia
05.05.19
10.00
1210
1325
453
2454
06.05.19
10.19
1399
1513
786
4348
15.52
1419
1534
829
4824
17.26
1422
1542
855
4950
20.41
1428
1551
881
5189
23.20
1459
1555
941
5414
07.05.19
08.13
1462
1556
975
5569
15.02
1481
1569
1037
5890
22.39
1501
1587
1160
6248
08.0519
00.01
1510
1590
1203
6359
Fuente: eBird. Elaboración propia.

El estado y la empresa privada se unen para participar en el GBD 2019.
Y con respecto a la aparición de algunas listas con registros erróneos o que fueron incluidos intentando sorprender a los revisores (sí, existe gente que verifica lo que se sube a la plataforma de eBird) para aumentar el número de especies, este es un problema difícil de enfrentar. Esta “competencia” se basa mucho en la confianza y en el honor, es decir, en el hecho de que se asume que los participantes registran lo que realmente vieron u oyeron y no intentan meter de contrabando aves para “beneficiar” al país. Podría haber algún problema con la identificación de una u otra especie, pero ante eso, no se debería incluir tal registro y menos si esa especie no ha sido registrada en la zona. Claro, también se podría dar el caso de que justo ese día se haga un nuevo registro de una especie para una zona determinada, no obstante, eso debe ser verificado.

En conclusión, lamentablemente nunca faltan los “vivos” que ingresan la “criollada” a cosas serias, para las cuales parecen no estar preparados. Así, no hacen más que desprestigiar el pajareo nacional y por supuesto, al final, se sabe quiénes son. Estas y estos payasos no nos hacen ningún favor. Ojalá lean esto. ¡Advertidos están! No podemos hacer que dejen de pajarear, pero a ver si reaccionan y dejan de comportarse como limitados.

Resultados anteriores del GBD en el Perú, según CORBIDI.
Y para terminar, ya es momento de dar el gran salto. La cancha está pintada. A estas alturas del partido, sabemos quién es quién en el mundo pajarero. Debemos alinear los objetivos de la observación de aves con los de la conservación de sus hábitats, incluir esta actividad sostenible en cadenas productivas que le sigan dando valor a nuestro patrimonio natural y conjugar la pasión por las aves con la promoción del conocimiento y valoración de lo que nos rodea.

Sabemos que el pajareo trae beneficios colaterales, como la generación de información sobre el estado ambiental de ciertos lugares y el estado de conservación de las aves y de otras especies biológicas; y que es una potente herramienta de sensibilización para adentrar al ciudadano de a pie a que se sume a la titánica labor de preservar el entorno a través de un uso sostenible de la diversidad biológica. Aprovechemos la oportunidad.  

Por último, corresponde felicitar al ahora tricampeón Colombia. Es aleccionador ver cómo se han organizado. El país cafetalero nos lleva varias aves y cientos de listas de ventaja. No nos queda más que aplaudir y concentrarnos para el próximo año. 

Mayo 2019

CAMINO AL GLOBAL BIG DAY 2018: LA REVANCHA (I)


CAMINO AL GLOBAL BIG DAY 2018: LA REVANCHA (II)


lunes, 31 de diciembre de 2018

TRIBULACIONES, LAMENTOS Y OCASO DE UN TONTO FUNCIONARIO IMAGINARIO, O NO

Punta Veleros

Particularmente y sobre todo en los últimos años —y pese a los esfuerzos que “debo hacer” por Maya, mi hija de cuatro años—, toda la parafernalia navideña me parece una pérdida de tiempo y una celebración decadente y absurda. Pero para mi buena suerte, en estos días, en los que bajan algunas revoluciones, puedo tener un pequeño respiro. Así, aprovecho el tiempo para cristalizar parte de mis últimos pensamientos del año en curso y poder ponerlos en papel. Por ello, decidí volcar en estas líneas algunas reflexiones que me produjo leer hace unos meses un texto vargallosiano, antes de que se pierdan entre miles de neuronas y que se queden atrapadas entre sinapsis intermitentes. A propósito, el título me vino a la mente luego de haber escuchado una canción del extinto grupo argentino Sui Generis y creo que hace juego con lo escrito, o no. 


Punta Veleros, Los Órganos, Piura, Perú, octubre de 2018. Mientras recibía una descarga importante de rayos ultravioleta y veía de reojo el vuelo de decenas de aves fregatas o tijeretas americanas (Fregata magnificens), piqueros de patas azules (Sula nebouxii), pelicanos peruanos (Pelecanus thagus), de cormoranes (Phalacrocorax brasilianus) y de otras aves playeras, agarré con firmeza el libro de turno y concentré mi mirada en la página 187.

En el capítulo referido a Sir Karl Popper (1902 – 1994) del libro: La llamada de la tribu, del compatriota Mario Vargas Llosa, el autor arequipeño y ganador del Premio Nobel en el año 2009, señala lo siguiente: “¿Por qué prefiere el reformista modificar o reformar las instituciones existentes en vez de reemplazarlas, como el revolucionario? Porque, dice Popper en uno de los ensayos de su libro Conjeturas y refutaciones, el funcionamiento de las instituciones no depende nunca solo de la naturaleza de estas es decir, de su estructura, reglamentación, tareas o responsabilidades que le han sido asignadas o las personas a su cargo— sino, también, de las tradiciones y costumbres de la sociedad. La más importante de estas tradiciones es el “marco moral”, el sentido profundo de justicia y de la sensibilidad social que una sociedad ha alcanzado a lo largo de su historia”.

Me quedé pensando al respecto. Y es que tras haber transitado por varios organismos, tanto públicos como privados, sí creo que lo que define las instituciones, al margen de sus funciones y responsabilidades, son las personas que en ellas laboran, las mismas que representan parte de la “moral nacional”. Es decir, pienso que en base al accionar de las masas, condicionado en parte por su moral, se marca la pauta en el funcionamiento de las instituciones. Centrándome en el Estado, tal dependencia podría ser excelente o podría ser atroz, pues en un país como el nuestro —que no se cansa de demostrar que a veces se asemeja bastante a una república bananera— es complicado (pero no imposible) hacer patria.

Una institución estatal cualquiera podrá tener el mejor marco legal, los mejores planes estratégicos, un buen presupuesto, las mejores instalaciones y otros aspectos que podrían hacerla “de primera”, sin embargo, si las personas que la conforman son en gran número mediocres, conformistas y con poca moral, el presente y futuro de la misma podrían verse bastante socavado y oscuro.

Me explico. En mi paso por varios lugares he identificado que existen personas que solo cumplen su labor para llevar el pan a su mesa (o a varias mesas) y aportan lo justo y necesario sin sudar la camiseta. No podríamos decir que esté mal dicho accionar, pero claro, en ellos (y ellas, para evitar problemas) no se percibe el entusiasmo y no muestran tener “camiseta” por lo que hacen. Es una manera de hacer un tránsito sosegado y libre de riesgo por una a veces larga y compleja vida laboral. Si este tipo de personas “le entran” a la “cochinada” es difícil de determinar, pues justamente por involucrarse lo menos posible, tal vez no tengan ni ánimos ni valentía de hacerlo (¿o sí?). Al final, podríamos asumir que eso es bueno.      

También están los que intentan demostrar que están compenetrados hasta el tuétano con la institución y que tienen puesta “la camiseta” y todo el ajuar institucional porque sienten que han sido los elegidos y los llamados a demostrar que donde están es lo mejor que hay. Pero en el fondo, necesitan recibir elogios para sí mismos (o mismas) porque al final se creen imprescindibles. Sin ellos, su centro de trabajo no es nada. Claro, hay entusiasmo, pero no hay convicción ni ganas sinceras de aportar realmente al fin institucional. Si al día siguiente, se van a trabajar a otra empresa o institución, repetirán la historia. No está mal tampoco. Estos elementos (o elementas) son necesarios. Si “le entran” a la “cochinada”, difícil saberlo, aunque me parecería que estarían algo tentados porque para ellos, el fin justificaría los medios. En todo caso, es discutible.
    
Existiría un tercer grupo de empleados que son los que pasan algo desapercibidos desde sus trincheras, pero que son piezas claves para el funcionamiento de una institución. Su accionar es a veces ejemplar, otras veces discutible o hasta polémico. Sea como fuere, tienen la camiseta puesta, pero tal vez no lo evidencian porque su mirada trasciende a la institución y a su puesto, dado que su concepción es más sectorial o amplia. Es decir, son aves de paso, pero saben que lo que construyen es parte de algo más grande. Son cohesionadores, empujan procesos y no solo cumplen funciones únicas y no concatenadas, sino que buscan trascender y eso es bueno. Si “le entran” a la “cochinada”, difícil saberlo, pues no arriesgarían su apostolado por unas monedas; o quién sabe, tal vez sí lo hagan.

Corrupción v.02

En resumen, pese a esta tosca y parcializada clasificación de tipos de funcionarios públicos, podría parecer que todos estaríamos propensos a obrar mal. Pero ser amoral no implicaría solamente caer en la tentación de “meter uña” sino también, ser holgazán o no poder cumplir con lo que tu cargo te exige, ya que por esas cosas de la vida accediste a un puesto para el cual no estás capacitado. Asimismo, como funcionario público se tiene responsabilidad para con la ciudadanía, dado que uno debe tomar decisiones que involucran a personas, aprobar pagos, así como manejar y disponer de recursos financieros de tal manera que beneficie a la población y que cada sol invertido tenga un destino justificado.   

Por otro lado, como servidor estatal, uno recibe capacitaciones, accedes a talleres, seminarios y otros por ser un “especialista” del Estado, en el cual se invierte dinero y energías. En otras palabras, ir a dormir o a perder el tiempo a las reuniones a las que se es enviado como autoridad, es una manera de sacarle la vuelta al país y a todos los que pagan impuestos. Así también, servir en el Estado conlleva a estar apto para cargar consigo una pesada mochila en lo referido a la toma de decisiones de diversa índole que pueden resultar al final poco eficientes o inservibles, con lo que, si se comprueba que se actuó con meditación y con alevosía, se estaría incurriendo en otra variante de lo amoral. La aprobación o no de temas importantes podría depender de un funcionario público, quien a veces por ignorancia, desidia, mala leche o por razones no muy claras pude truncar procesos o anticipar el colapso de muchas cosas.

MVLL agrega además sobre el éxito o fracaso de las instituciones sociales que estas “… por inteligentemente que hayan sido concebidas, solo cumplirán los fines presupuestos si sintonizan de manera cabal con ese contexto inefable, no escrito, pero decisivo en la vida de una nación que es el ‘marco moral’”. Así, una institución destaca sobre las demás, no solo por los logros realizados o por las metas cumplidas, las cuales, claro, al final son importantes porque las gestiones deben ser medidas en base a algo concreto. Sin embargo, estos logros podrían ser solo paliativos y de corto plazo, de tal manera que al final resultarían poco pensados y dejarían traslucir que habrían sido alcanzados solo para cumplir con los benditos planes y evaluaciones.

Empero, cómo hacer para que la institución X trascienda y sea un modelo a seguir y forme parte del aparato estatal, de tal forma que realmente ayude a construir el país en base a cimientos sólidos, “limpios” y duraderos en el tiempo. Sin duda, cada servidor o servidora cumple un rol fundamental. Además de poner sus conocimientos, experiencias y sapiencia a disposición del país y de la ciudadanía, debería ser también un ejemplo de entereza y honestidad. El código de ética está escrito y debe ser leído y puesto en práctica, pero no hay un código moral escrito. Cada uno lleva la moral “puesta” y demuestra de qué está hecho.

Por lo tanto, a los que estén en el Estado, esa cosa etérea y trajinada llamada moral exige dar lo mejor de uno y sugiere que se tenga en cuenta de que se está ahí para servir a la gente, fortalecer la institucionalidad, construir un mejor futuro, dejar algo bueno para los que vienen y hacer que el país sea más justo. En algunos casos, las críticas llueven porque nunca se puede hacer felices a todos y menos con limitaciones de diversa índole. No obstante, vale la pena trabajar para lo ya nombrado. Además, alguien tiene que hacerlo. Si eres uno de ellos (o de ellas), demuestra entonces que tienes las agallas para hacer las cosas bien. No es mucho pedir, ¿o sí?.   
  
La ilustración del ave fregata proviene (otra vez) del libro: Aves de los humedales de la costa peruana, de Javier Barrio y Carlos Guillén (Serie de Biodiversidad CORBIDI 3 del año 2014).

Diciembre 2018

sábado, 20 de octubre de 2018

LOS CAZADORES DE OSTRAS QUE SE NOS VAN

Ostrero americano.

Mientras vacacionaba unos días en una playa piurana y veía cómo se divertía Maya, mi hija de ya casi cuatro años, aproveché en darme tiempo para leer. Así, empecé por un libro que compré hace poco y que estaba en la lista de espera: La medida de todas las cosas, de Pedro Llosa Vélez, pariente de Mario Vargas Llosa. Llegué al libro luego de revisar, no recuerdo cuándo, un artículo del Nobel MVLL reseñando de manera muy positiva la obra de Llosa Vélez.

No voy a entrar a discutir la parte literal del libro que en resumen me pareció interesante, profundo y fácil de leer (tras terminar su lectura, me adentré en los cuentos completos de Juan Carlos Onetti, lo cual te lleva a terrenos mucho más agrestes y profundos, pero a su vez fascinantes, desgarradores y perturbadores). Tampoco pretendo hacer apología del libro ni reventarle cohetes a nadie. Solo quiero comentar la aparición de unos personajes alados en uno de los seis cuentos que conforman la presente obra y reflexionar sobre algunos temas tangenciales que anota este autor peruano.

Interesante obra de un autor peruano que se las trae.
El libro de Llosa Vélez está dividido en dos partes; y en la primera, a partir de la página 99 (de la primera edición), es decir, del tercer cuento titulado “Cazadores de ostras”, aparecen como parte de la narración, unas aves playeras conocidas como ostreros. Antes de continuar, debemos tomar en cuenta que en el Perú tenemos la presencia de dos especies de estas aves de la familia Haematopodidae, el ostrero americano, común u ostrero pitanay (Haematopus palliatus) y el ostrero negruzco u ostrero brujillo (Haematopus ater). Ambas especies se distribuyen a lo largo de la costa peruana, sin embargo, el ostrero negruzco solo está presente desde Lambayeque hasta Tacna. La característica principal de estas aves es su pico largo y robusto que puede ser rojo o naranja en los adultos, lo que las hace casi inconfundibles con otras aves playeras. Además son aves robustas y tienen ojos llamativos de color entre amarillo y rojo.

Debemos saber también que los ostreros americanos prefieren las playas, a diferencia de los ostreros negruzcos que utilizan más las zonas rocosas para alimentarse. Dicho esto, veamos que dice Llosa Vélez con respecto a estas aves. En la página 100 indica que “La prueba más luminiscente de que en esa franja la libertad existe es la presencia de los cazadores de ostras, unas aves corpulentas y combativas a las que también se les conoce con el nombre de ostreros. Su lomo negro, como una capa adherida al cuerpo, les sigue por el cuello y se extiende hasta recubrirles la cabeza con una capucha de verdugo. Tienen el pecho y la barriga de un blanco algodón, las patitas rosadas, firmes y veloces, y las alas blanquinegras y tupidas. Su rasgo más distintivo, sin embargo, es su largo pico rojo, grueso y puntiagudo, con el que punzan y pinzan toda suerte de invertebrados marinos. Entre todos ellos, las ostras, como su nombre lo atestigua bien, son sus favoritas”.

Debemos saber que parte del cuento de Llosa Vélez se sitúa en alguna playa al sur de Lima, en los alrededores de la famosa zona conocida como Asía o “Eisha” para los entendidos.  Con ello y con la descripción del ave y de los lugares donde hace mención a su presencia, estaríamos frente al ostrero americano. A diferencia de su congénere, el ostrero negruzco tiene todo el cuerpo negro, con las alas y la espalda de color pardo oscuro, y como ya se dijo, se le encuentra casi exclusivamente en las zonas rocosas.

Ostrero negruzco, primo del primero y habitante inconfundible de
nuestras playas. 
Llosa Vélez nos cuenta también, en la página 113, que “Observo los primeros ostreros del día y me siento conmovido. Sus ojos coloridos —el centro amarillo, la aureola roja— perforan su capucha de verdugo y dan la impresión de que siempre te miran de reojo. Quizá queden ya muy pocos porque este par es el único a la vista. En otras épocas ellos eran los dueños de esta playa. (…) Arman su nido en cualquier parte de la playa, de preferencia sobre alguna protuberancia o montículo, y allí, mientras la hembra incuba sus huevos, el macho ahuyenta a los intrusos. Quizá por eso la intensidad de su graznido lo ocupa todo, un grito seco seguido por una réplica de ecos intermitentes que van descendiendo hasta el silencio. Caminan erráticos y decididos, haciéndote notar que la playa es de ellos, no tuya”.

Hoy en día es cada vez más difícil divisar a estas aves en nuestro litoral. Si bien no están incluidas, por lo menos en el Perú, en la lista oficial de especies bajo alguna categoría de amenaza, sus espacios se reducen progresivamente debido a la desordenada presencia e invasión humana. Basta ver el caso de las playas “exclusivas” en la zona de Asia, donde hace no más de 20 años había todavía grandes extensiones de playas casi solitarias, en las cuales, estas simpáticas aves podían anidar y estar tranquilas, algo alejadas de los humanos.

Libro recomendable para conocer algo más de
nuestras aves en la costa peruana. 
La presencia de estas aves, desencadena una serie de incógnitas para Llosa Vélez, tal como anota en la página 119, donde menciona que “Averigüé y descubrí que los ostreros son monógamos y que se quedan toda su vida con la misma pareja. Me impactó saberlo. Me pregunté si no cambiaban de carácter con el tiempo, si no se cansaban del otro, o si no se entusiasmaban con otros ejemplares de su especie. Incluso llegué a pensar que en el invierno, que no era época de apareamiento y por ende se distanciaban, recargaban energías para soportarse el resto del año”. Al parecer, el autor se informó sobre estas aves o tal vez es un observador de aves, quién sabe. No es obligación del autor hacerlo, pero por lo menos ha logrado que sus lectores conozcan algo más del ostrero común y con ello, es posible que haya despertado la curiosidad de algunos de saber más al respecto.
 
El relato en el cual “participan” estas aves playeras está enmarcado dentro del primer capítulo que aborda conflictos humanos de diversos tipos. Estas aves, sin embargo, tienen otros conflictos que se traducen en su pugna por el espacio con los invasivos y cada vez más numerosos humanos. En la página 125, Llosa Vélez escribe que “Los ostreros viven en muchas playas del mundo y se supone que eligen las más despobladas. A veces, en esos años en donde la población de aves era mucho mayor, se acercaban hasta nuestro campamento con movimientos erráticos y milimétricos. Mi mama decía que habían venido a visitarnos, pero yo siempre creí que era lo contrario, que venían a pedirnos cuentas por invadir su hábitat y a exigir que, para justificar nuestra osadía, al menos les diéramos comida”. Agrega además que “Este fue siempre su lugar y ni siquiera ahora, con la epidemia de la construcción de casas, han sucumbido. Desaparecen durante los fines de semana del verano, pero vuelven en los días de escaso público, en las horas y temporadas donde pueden recuperar su propio medio. Y así sobreviven y por décadas se siguen reproduciendo”.

Finalmente, en la página 132, el autor cierra el cuento con las siguientes palabras: “Leí también que buscan la forma de ahorrar energías al máximo, desplazándose la mayor parte del tiempo a pie. Solo cuando les es absolutamente necesario, emprenden el vuelo”. El final refleja lo que le sucede al protagonista del cuento, quien por razones que no entraré a detallar, emprende el vuelo hacia otro destino. Esperemos que los ostreros que aún pululan en nuestro litoral no tomen la misma decisión.  

En relación a lo expuesto, solo quería sacar a la luz la aparición de estas aves en una obra literaria. Debe haber seguramente otros ejemplos similares, en los cuales las aves son parte de un relato. En conclusión, la literatura puede acercarnos a temas terrenales que a veces ignoramos sin querer; y por otro lado, los temas terrenales, donde pueden encajar las aves, nos pueden llevar o tal vez obligar a construir mundos paralelos o distintos que nos enriquecen, confortan y fortalecen como seres humanos. Una vía para ello es la literatura y la otra vía o camino es observar con calma y agudeza lo que sucede a nuestro alrededor y hacer que lo que creamos importante, pueda trascender a través de cada uno. Solo eso.

Ver reseña de MVLL sobre el libro de Llosa Vélez:

Para ver un pequeño video de esta ave, ingresar a:

Las dos ilustraciones de los ostreros corresponden al libro: Aves de los humedales de la costa peruana de Javier Barrio y Carlos Guillén (Serie de Biodiversidad CORBIDI 3 del año 2014).

Octubre 2018