sábado, 25 de junio de 2011

EXTERMINIO EN LOS MARES: EL PESCADO NUESTRO DE CADA DÍA (SE NOS PUEDE IR)

Por más que intento ver las cosas con cierto optimismo con respecto al futuro de nuestros recursos naturales, me embarga un preocupante pesimismo, en especial con lo referente a la diversidad biológica de los océanos del planeta. Y es que debido a la sobrepesca, al cambio climático y a la contaminación por residuos tóxicos y sólidos (acuérdense de la inmensa “Plastiki”, una inmensa “isla” formada por plásticos y basura que mata anualmente a miles de peces, aves y mamíferos marinos), la situación de los mares es casi apocalíptica. En los círculos científicos se afirma que ya existen los suficientes indicios para señalar que estamos ad portas de una gran extinción masiva de especies, igual o más severa que la última que sufrió la Tierra hace más de 55 millones de años. Urge hacer algo ya, si no queremos tener mares vacios en las siguientes décadas.

Según el informe presentado por 27 científicos de seis países, la pesca excesiva, el vertimiento de desechos residuales, la acidificación de los mares (producto de la absorción de grandes cantidades de CO2 por los océanos) y otros factores, hacen que la actividad humana ponga en jaque a toda la superficie marina del planeta y a su gran diversidad de especies. El informe analiza un escenario al año 2050 para determinar cómo es que dichas amenazas se complementan y potencializan entre ellas. El estudio fue auspiciado por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) y el Programa Internacional para los Océanos (IPSO, por sus siglas en inglés) y fue presentado en abril de este año en la ciudad de Oxford, Inglaterra.

Si bien se sabe que los mares están amenazados, según el estudio, la humanidad no se ha dado cuenta (o no ha querido hacerlo) de la magnitud de las amenazas y de los daños irreversibles que pueden sufrir estos enormes espacios marinos. Asimismo, en base a los resultados expuestos, los científicos claman para que hagamos algo, sino, luego será demasiado tarde. La presente generación ya está sintiendo cambios significativos en los mares, tales como la escasez de algunas especies biológicas, la presencia de nuevas especies (generalmente exóticas o invasoras que merman poblaciones nativas y que aparecen básicamente por el aumento de la temperatura del agua), contaminación severa e incluso el aumento de los niveles del mar. Si hablamos de lo que le espera a las siguientes generaciones el panorama es muy negativo.

Los principales problemas generados por la humanidad, y que el estudio saca a la luz, son los siguientes:

1. Mediante la creciente actividad humana, los océanos se están calentando y acidificando debido a la permanente absorción de dióxido de carbono de la atmósfera. Esto ocasiona que en muchas zonas del planeta las cantidades de oxigeno se reduzcan significativamente y que cada vez capten menos CO2, ocasionando que el calentamiento global siga aumentando. Además, los organismos marinos como los corales o los animales con caparazones y conchas pierden su protección formada por compuestos por carbonatos que ante un medio ácido se van debilitando.

2. Ante el aumento de la temperatura global del planeta, las enormes cantidades de hielo en Groenlandia y en los Polos se están derritiendo cada vez más rápido. Esto trae consigo que varias islas se vean amenazadas y que además se liberen grandes cantidades de metano (almacenado en el hielo), gas que es 23 veces más potente que el dióxido en cuanto a la retención de calor en la atmósfera, es decir, mucho más dañino.

3. Pese a que la extinción masiva de especies (básicamente peces) aún no es tan severa (pero sí avanza con rapidez), mediante estos cambios físicos y químicos en el agua marina, están proliferando muchas especies de algas y otros organismos exóticos y dañinos para el equilibrio de los ecosistemas. No obstante, en el caso de algunas especies comerciales de peces, sus poblaciones han sido reducidas hasta en un 90%.

4. Los efectos acumulativos de los problemas anteriormente expuestos son más severos de lo que se piensa y son mayores a los efectos que resultan de la suma de todos los problemas por separado, pues se complementan y potencializan. Si tenemos al mismo tiempo sobrepesca, contaminación de las aguas, cambios climáticos y la introducción (deliberada) o aparición de especies exóticas, estas se propagan rápidamente aniquilando a las especies nativas y rompiendo el equilibrio ecológico.

5. La conjunción del aumento de temperatura con la acidificación ocasionan que los corales tropicales desaparezcan lentamente. Se estima que en 30 años, estos serán parte de la historia.

6. La suma, producto de la sobrepesca y la contaminación, que afecta a las especies marinas tiene como consecuencia que estas no se logren recuperar de tales amenazas y menos que se adapten a los cambios climáticos.

En este preocupante panorama, los científicos han sugerido algunas acciones inmediatas que deben ser tomadas en cuenta con el fin de mejorar la situación de los mares. Básicamente se trata de regular severamente la pesca industrial (de atún, bacalao, anchoveta y otras especies clave) para darle tiempo a las especies que se recuperen; urge frenar indefectiblemente que se sigan echando todo tipo de residuos contaminantes al mar; y finalmente, es imprescindible renunciar totalmente o fiscalizar (mejor) la extracción de materia prima en los océanos (petróleo, gas). Con las medidas planteadas, se podría esperar que los ecosistemas marinos se estabilicen y que se evite una alarmante extinción de especies.

La cuestión es saber cómo es que dichas propuestas puedan ser cristalizadas en políticas nacionales e internacionales que garanticen acciones inmediatas. Estamos frente a varios retos. Disminuir la emisión de dióxido de carbono (y de metano) a la atmósfera, frenar o regular la pesca industrial, luchar frontalmente contra la contaminación de los mares y evitar que las actividades extractivas mermen el equilibrio ecológico de estos importantes espacios para toda la humanidad.

¿Y cómo estamos por casa? Nada bien que yo sepa. Según muchos testimonios, la pesca es cada vez más escasa, debido justamente a la sobrepesca. Los ríos de la vertiente del Pacífico inyectan sus aguas al océano acarreando consigo sustancias contaminantes (minerales tóxicos y pesados, ácidos, fertilizantes y residuos sólidos) y ya tenemos varios espacios marinos “lotizados” para una futura explotación de recursos naturales no renovables (sin contar con las actividades que ya se realizan principalmente en la costa norte).

Menudo reto el que le espera al Gobierno entrante. Pero antes de todo debemos reconocer y entender realmente qué está pasando. Sin ese paso previo, lo que pueda venir más adelante puede ser insuficiente, inadecuado o tal vez estemos frente a un escenario donde no se haga nada al respecto. Nuestro Mar Peruano es uno de los más ricos del planeta pero no es eterno si seguimos obrando como hasta ahora. Entendamos que si rompemos su equilibrio ecológico deliberadamente, nos podemos quedar sin muchas especies que son parte de nuestra exquisita y reconocida gastronomía.

Está bien promocionar y celebrar nuestro “boom” gastronómico con el “Día del Cebiche”, pero también es necesario alertar a todas y todos los peruanos que debemos mirar hacia el oeste del país y tomar conciencia que nuestro querido mar está “enfermo”. No podemos vivir parcialmente del mar y darle la espalda. No es justo. Miremos con optimismo hacia el horizonte, pero hagamos algo para garantizar que la situación cambie.

Para conocer algo más al respecto, los invito a leer todos los artículos sobre el mar en este blog.

jueves, 9 de junio de 2011

1253 (CAMELLOS)

Según la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), 1253 aves están luchando contra su ¿inminente? extinción. Cada séptima especie de ave en el planeta “ve” cada vez más difícil su permanencia en la Tierra. A eso, es necesario agregar que la tendencia es ascendente, es decir, dicha cifra seguirá aumentando. Una de las aves más amenazadas del planeta es la avutarda india (Ardeotis nigriceps), una de las especies voladoras más pesadas del planeta (pesa casi 15 kilos y mide cerca de un metro). Se estima que su población —residente exclusivamente en India y Pakistán— no supera los 250 individuos.

Bajo estos criterios, la UICN incorporó a esta ave en su nueva Lista Roja de Especies Amenazadas en la categoría avifauna. Dicha lista fue presentada el pasado martes 31 de mayo en la ciudad de Gland en Suiza e incluye a otras especies como el turpial de Bahamas (Icterus northropi), un ave de plumaje amarillo y negro que vive en el Caribe y de las cual solo quedan no más de 180 ejemplares en estado silvestre. Ambas especies están en los primeros lugares de las especies al borde de la extinción. Si no se hace algo al respecto, pronto pasarán al recuerdo.

Las 1253 especies de aves catalogadas en los niveles más altos de amenaza; representan el 13% de todas las aves investigadas. Según la UICN, en el último año 13 nuevas especies han sido incorporadas a la lista. Sin embargo, si no se hubiese realizado diversas estrategias de conservación dirigidas a proteger los hábitats de muchas especies de aves, la lista sería mucho más larga. Algunos ejemplos que destaca la UICN son la paloma de Madeira (Columba trocaz) —que habita solo en dicha isla portuguesa—, la paloma rabiche (Columba junoniae) y la paloma turqué (Columba bollii). Estas dos últimas representantes de la Familia Columbidae habitan exclusivamente en las Islas Canarias.

Las principales amenazas que ocasionan la reducción de la población de dichas palomas (y de casi todas las aves en el planeta) son la pérdida de su hábitat, ya sea por la expansión urbana, por la ampliación de la frontera agrícola o ganadera, la deforestación y tala ilegal, la contaminación; y por la caza indiscriminada. Tras diversas campañas de concientización y de prevención, así como tras un llamado de atención a detener algunas acciones no planificadas que atentaban contra estas y otras especies animales, la población de palomas pudo recuperarse. No obstante, dichas acciones no son suficientes. Urge seguir atentos y planificar mejor toda actividad humana si deseamos seguir teniendo en el planeta a estas y otras especies.

Otro ejemplo de medidas adoptadas a favor de la conservación de algunas aves es lo que sucedió en la isla neozelandesa de Campbell con el pato de Campbell (Anas nesiotis). Así, para salvar a esta ave se tuvo que criar a varios especímenes en cautiverio para luego reintroducirlos en su hábitat natural; y en especial, se debió exterminar a las ratas de la isla (especies introducidas que se comían a los polluelos). Tras varios años de ininterrumpida actividad, la población de patos se ha recuperado.

Para Stuart Butchart de BirdLife International (organización que trabajó con la UICN en la elaboración de la Lista Roja), “las aves representan una ventana abierta al resto de la naturaleza”. Además, es sabido que las aves son unos excelentes indicadores biológicos del estado de los ecosistemas. Es decir, su presencia (o ausencia) nos sirve para determinar qué tan conservado (o degradado) se encuentra un determinado espacio. Si bien también se ha establecido que los anfibios (principalmente ranas) también son indicadores de la salud ambiental, estos animales no se encuentran en todos los ambientes a diferencia de las aves. Es por eso que estos seres alados son los indicadores idóneos para realizar investigaciones y monitoreo de especies biológicas relacionados a los diagnósticos y a los estudios de impacto ambiental.

El Perú no está ajeno a la gran amenaza que se cierne sobre las aves. En nuestros territorios tenemos especies críticamente amenazadas, tales como la pava aliblanca (Penelope albipennis) que habita exclusivamente en los bosques secos de Lambayeque y en una pequeña porción de Cajamarca; y cuya población en estado silvestre no debe sobrepasar los 300 ejemplares. Dicha especie es protegida solo en el Refugio de Vida Silvestre Laquipampa en la sierra lambayecana. Otra especie crítica es el zambullidor de Junín (Podiceps taczanowskii), un ave que habita solo en el Lago de Junín o Chinchaycocha. Su población no debe exceder los 300 ejemplares. Felizmente, su hábitat se encuentra protegido ya que forma parte de la Reserva Nacional de Junín.

Otra especie críticamente amenazada es la perlita de Iquitos (Polioptila clementsi), un ave que solo puede ser encontrada dentro de la Reserva Nacional Allpahuayo – Mishana en Iquitos. Se ha estimado que su población no supera los 200 ejemplares. Estos son solo algunos ejemplos de aves que pueden desaparecer en un futuro no muy lejano. Si no tomamos acciones inmediatas y ordenamos nuestros territorios y actividades, la desaparición de las especies biológicas es inminente y sobre todo, es irreversible.

A matar camellos en Australia para proteger el medio ambiente

Con mucho asombro leo que el Gobierno australiano ha decidido presentar en su Congreso un proyecto de ley (el cual ya estaría aprobado por todas las tiendas políticas) para darle luz verde a la exterminación de más de un millón de camellos en su territorio para contribuir a la protección del clima mundial. De esta manera evitarán por un lado, que los camélidos se coman la vegetación del continente y expulsen grandes cantidades de metano producto de su digestión; y por el otro, los funcionarios australianos desean evitar que las manadas de camellos tengan en vilo a muchos poblados ante las incursiones —a veces muy violentas— de estos mamíferos.

Adicionalmente, el Gobierno australiano planea entregar bonos de carbono por cada par de camellos muertos. Estos certificados podrían ser entregados tanto a los mismos australianos, así como a las firmas extranjeras que necesitan mejorar su “comportamiento” ambiental. Las campañas “Anti – Camellos” han tenido bastante éxito y la gran mayoría de la población australiana aprueba dicha medida.

Cada camello expulsa cerca de 45 kilos de metano, lo cual equivale a casi una tonelada de dióxido de carbono, ya que el metano es 23 veces más “efectivo” en la retención de calor en la atmósfera. En otras palabras, el metano “contribuye” mucho más al calentamiento global del planeta y por ende acelera el cambio climático. Según las autoridades australianas, eliminar a todos los camellos equivaldría a ahorrar por año la emisión de CO2 de 300,000 autos. Así también, se calcula que la emisión de metano de un camello equivale a la sexta parte de la emisión de CO2 de un auto.

Los camélidos llegaron a Australia hace más de 150 años junto a los colonizadores, quienes los utilizaron como medio de trasporte y de carga. Con el pasar del tiempo, se volvieron una plaga incontrolable. Y dado que se alimentan de cualquier brote vegetal que encuentran y que acaban con las pocas fuentes de agua existentes en el continente, su presencia es cuestionada por las autoridades y pobladores. Asimismo, son tantos que ya empiezan a amenazar a los caballos y a otros mamíferos. Según recientes estudios, cada nueve años la población total de camellos se duplica.

Otro de los motivos que ha llevado al Gobierno australiano a tomar tal decisión es que el país necesita obtener bonos de carbono para minimizar los impactos de su creciente y expansiva industria de la construcción, la cual contamina el aire de una manera brutal. Según la ONG ambiental Germanwatch, en la lista de los países que menos hacen por el medio ambiente, Australia se encuentra en el antepenúltimo lugar superado solo por Kazajistán y Arabia Saudita.

Y por último, la carne de camellos es comestible. Ya no es utilizada exclusivamente como alimento para mascotas, sino, en la actualidad, es solicitada cada vez en la preparación de las parrillas australianas. ¡A comer!

Para leer más sobre las aves amenazadas:
http://www.iucn.org/fr/ressources/nouvelles/?7594/Big-birds-lose-out-in-a-crowded-world