miércoles, 26 de marzo de 2014

EL PROYECTO CONSERVACIÓN DE BOSQUES COMUNITARIOS Y LAS TRANSFERENCIAS DIRECTAS CONDICIONADAS (III)

Plantaciones de soya en Mato Grosso en el 2008. ¿Eso podría suceder
en el Perú? Foto: Reuters. 
Para ir cerrando lo referente al Proyecto Conservación de Bosques Comunitarios (Proyecto CBC), veamos algunos de los principales retos de la iniciativa. Como se mencionó, una de las etapas más complicadas es cuando las comunidades nativas deben abandonar el mecanismo por el cual reciben las Transferencias Directas Condicionadas (TDC) como incentivo para conservar sus bosques, con el compromiso de poner en marcha un plan de inversión que permita utilizar sosteniblemente el entorno para salir adelante y obtener, entre otros, un capital humano que ayude a mirar el futuro con más optimismo. 

Retomando el artículo anterior, sabemos que para implementar el mecanismo de las TDC es necesario dar seis pasos. En primer lugar se realiza la focalización de las comunidades nativas que participan; luego se da el proceso de admisión, mediante el cual se difunde el mecanismo en las zona de intervención y en el cual, las comunidades “ponen en regla” la documentación necesaria para solicitar ser parte de los beneficiarios de esta herramienta de conservación promocionada por el Programa Nacional de Conservación de Bosques para la Mitigación del Cambio Climático (Programa Bosques) a cargo del Ministerio del Ambiente (Minam).

Seguidamente, si una comunidad nativa decide y puede entrar al mecanismo, esta es afiliada y debe cumplir diversos requisitos, entre ellos, formar sus comités de gestión y de vigilancia, así como elaborar participativamente su plan de inversión con la asesoría técnica del Programa Bosques y del Proyecto CBC. Seguidamente, la comunidad ya está en la capacidad de recibir el dinero correspondiente (S/. 10.00 por hectárea conservada por año) y de velar por el cumplimiento de las condicionalidades. Luego de la firma del contrato de compromisos por cinco años y de la puesta en marcha del plan de inversión, viene el sexto paso, el de la graduación. Es decir, la comunidad nativa deja de ser beneficiaria de las TDC y debe valérselas por sí sola, tal cual como lo venía haciendo antes de ser incorporada a este mecanismo.

La diferencia radica en que, tras esta experiencia, la comunidad tiene muchas más posibilidades, conocimientos, así como capital físico y humano. Y es que durante todo este proceso, además de abogar por la conservación de los bosques, por el buen uso de un dinero entregado directamente para ser invertido en actividades productivas sostenibles; y tras haber interiorizado la importancia de mantener el entorno como uno de los requisitos indispensables para salir adelante y vivir mejor; así como de conocer mejor el accionar del Estado y la dinámica socioeconómica en la que vivimos, los miembros de las comunidades nativas pueden enfrentar con más recursos y ganas (¡eso esperamos!) la realidad.

Si bien el proceso de graduación aún no se ha dado para ninguna comunidad nativa beneficiaria, se asume que es el más complicado porque supone para todos los involucrados enfrentar grandes desafíos. Por ende, es necesario asegurar que todo lo ganado y adquirido no se pierda, ni se vaya al tacho. Así, para afrontar este gran paso, los miembros de la comunidad deben cumplir con ciertos requisitos, tales como haber obtenido su Documento Nacional de Identidad (DNI); acceder al sistema de salud y a una educación digna para los niños y jóvenes; haber sido capacitados en temas financieros, técnicos, de conservación del medio ambiente, entre otros; poder implementar prácticas de prevención en salud pública; luchar contra el analfabetismo; así como buscar otros mecanismos de financiamiento para continuar con el plan de inversión o para ejecutar otras iniciativas similares de desarrollo local. Estas últimas pueden ser el turismo, la comercialización de artesanía, de frutos o de otros productos, así como otras alternativas productivas, siempre y cuando se tenga como norte el buen uso de los recursos naturales.  

Finalmente, es fundamental evaluar que los beneficiarios estén en la capacidad de articularse a programas sociales, de trabajar con el Estado y de aprovechar al máximo el apoyo de las organizaciones no gubernamentales. Todo esto debe darse de manera progresiva, pero sin mucha demora y sin caer en el asistencialismo.  Además, claro está, es necesario que todos pongan de su parte.

Siempre hay que monitorear

Y como siempre es necesario evaluar, supervisar, notificar, corregir, enrumbar, enmendar y mejorar, también es imprescindible monitorear todo este proceso. Para ello, el proyecto ha desarrollado un interesante sistema de monitoreo y evaluación, mediante el cual se evalúa los aspectos técnicos y financieros relacionados a la implementación del plan de inversión. Adicionalmente, para verificar que efectivamente los bosques están siendo conservados según el convenio firmado, es necesario obtener diversas fotos satelitales de los bosques comunitarios en varios momentos. Para ello existe una línea base, es decir, la foto inicial o la foto de partida para ir viendo los cambios y lo que va sucediendo.
                                                                                      
Una herramienta importante es el sistema de alerta temprana de deforestación que utiliza las mencionadas imágenes satelitales e información de campo para detectar los p

osibles avances de la deforestación en sus momentos iniciales. De esta manera se puede combatir este mal a tiempo para no comprometer la integridad de los bosques y para cumplir con lo establecido entre las partes. Así también, se puede establecer, siempre y cuando se pueda verificar, otros acuerdos de buena voluntad entre los comuneros y el programa, tales como no cazar de manera indiscriminada, no hacer ni permitir minería ilegal y otros.     

Al perder los bosques tropicales,perdemos con ellos una enorme e
invalorable diversidd biológica.
Foto: DPA - Wildlife Conservation Society.
En cuanto al seguimiento y al monitoreo de las actividades del proyecto, urge articular esfuerzos con los gobiernos regionales y con los procesos de ordenamiento territorial, con el fin de manejar información actualizada y estandarizada, de tal manera que esta pueda ser utilizada para diversas iniciativas nacionales, regionales y locales. No siempre es necesario gastar dinero y tiempo en producir “nueva” información cuando esta ya existe. Señoras y señores debemos coordinar y optimizar nuestro accionar para ser más eficientes y eficaces. ¡No tenemos mucho tiempo para hacer las cosas!

Por otro lado, ¿cuántas veces es necesario ir a las comunidades nativas o campesinas, a los caseríos, anexos y a donde viven los “beneficiarios” o “grupos focales” de los proyectos para hacer mapas parlantes, los benditos análisis FODA, los árboles de ideas y decenas de talleres aburridos? A veces sí es necesario hacerlo para actualizar datos o para temas muy puntuales, pero todo esto le cuesta tiempo y dinero a todos y si no existe una retroalimentación y no se comparte la información, estaremos avanzando lentamente. Toda este trajín cansa y desgasta. En repetidas ocasiones, solo se hace este tipo de “dinámicas” para obtener una lista de participantes con sus respectivas firmas y así poder justificar los gastos. Ya es hora de optimizar nuestros procedimientos.    

Algunos retos en el país de las maravillas

Ojalá que se pueda ir teniendo progresivamente más comunidades nativas beneficiarias de este mecanismo, pero claro, necesitamos también que más gente se involucre y, en especial, garantizar el financiamiento de estos procesos. Sobre todo y en especial ahora que se le está trasladando diversas funciones (para bien o para mal) a los gobiernos regionales. Es imprescindible que se entienda que invertir en este u otros tipos de mecanismos similares no es un gasto, sino una inversión necesaria. Adicionalmente, es indispensable capacitar a los funcionarios públicos; así como elaborar planes y políticas de desarrollo que trasciendan a los cambios de gobierno y a las pataletas de muchos de los trabajadores del Estado.   

Es lamentable reconocer que a veces se avanza bastante con una gestión regional o local (provincial y/o distrital) y que cuando entra una nueva gestión o cuando un funcionario clave es cambiado (o despedido), se tiene que empezar casi de cero o esperar meses para una aprobación o visto bueno, porque al nuevo funcionario no le parece que lo avanzado esté bien. Es penoso también saber que por inseguridad, celos profesionales o por la negligencia de una nueva gestión, se debe retroceder y cambiar las cosas (sin justificación técnica), echando todo lo avanzado por la borda. Esto trae consigo frustración y nos pinta de cuerpo entero como cómplices de la situación actual.    

Y claro, también hay que hacer un llamado a las comunidades nativas, a los indígenas, a los colonos, a los pobladores rurales y en resumen a todas y todos los peruanos para que sepamos que también hay que poner el hombro. Debemos trabajar y no esperar que te vengan a tocar la puerta para ofrecerte un apoyo, cuando tú ni siquiera has agotado todas tus posibilidades y sigues pensando que la pacha mama o el espíritu del bosque te solucionarán todos tus problemas y que ellos “proveerán”.

Existen muchos proyectos que han invertido bastante dinero en infraestructura, en investigación, en capacitación y en otros aspectos para beneficiar a pobladores rurales amazónicos, serranos y costeños; para que luego todo lo realizado no sirva para nada. Así también, tenemos en el país bastantes “elefantes blancos” que adornan varios poblados y que muestran desidia, ineficiencia y oportunidades perdidas. Un ejemplo de ello es lo que vi en Tumbes y comparto líneas abajo (ver post data).     
                                                                                                    
Pero regresando al Proyecto CBC, prometo concluir con el tema en la siguiente y última entrega para conocer un poco más sobre algunos avances y aportes de interés. Además, daré algunas pinceladas sobre la segunda fase del proyecto, la cual está enfocada a desplegar una estrategia de descentralización y articulación territorial de las TDC.

PD: Pueden revisar un texto mío del 2010: “Oportunidades perdidas en Tumbes: fabricas secas en el bosque fantasma” que narra algunas oportunidades perdidas.

Marzo 2014

Artículo publicado en la versión online de la Revista Rumbos: 

jueves, 13 de marzo de 2014

EL PROYECTO CONSERVACIÓN DE BOSQUES COMUNITARIOS Y LAS TRANSFERENCIAS DIRECTAS CONDICIONADAS (II)

La selva amazónica es un ecosistema bastante frágil que, de desaparecer,
lamentaremos la pérdida de la alta diversidad biológica que alberga. Este
afluente del rió Huallaga en Loreto debe ir soportando la tala de los
territorios que la circundan, los cuales son transformados en zonas
para la agricultura.
Foto: Enrique Angulo Pratolongo
Como se vio en la entrega anterior, el Proyecto Conservación de Bosques Comunitarios (Proyecto CBC), ejecutado por la Cooperación Alemana al Desarrollo (GIZ), le brinda un importante apoyo técnico al Programa Nacional de Conservación de Bosques para la Mitigación del Cambio Climático (Programa Bosques) a cargo del  Ministerio del Ambiente (Minam). 

El fin supremo del proyecto es lograr que las Transferencias Directas Condicionadas (TDC) sean herramientas eficientes y eficaces para conservar bosques comunitarios en varias partes del país; y con todo ello, contribuir a mitigar los efectos del cambio climático. 

Como ya se explicó, las TDC son, en resumen, transferencias monetarias sin intermediarios que les son entregadas a determinadas comunidades nativas que voluntariamente aceptan conservar parte de sus bosques comunitarios. Mediante este y otros mecanismos, el Programa Bosques busca cumplir con su objetivo principal: conservar 54 millones de hectáreas de boques tropicales en el país. Dicho todo esto, pasemos a ver cómo funciona este instrumento que fusiona tres magnitudes difíciles de engranar en una herramienta de conservación: la ambiental, la económica y la social.

Mezclar en un mismo mortero la conservación de los bosques; la generación de iniciativas económicas sostenibles que brinden beneficios tangibles para los involucrados; y las medidas necesarias para lograr que se avance en la inclusión social, con el fin de disminuir los índices de pobreza y de mejorar la calidad de vida, es un experimento complejo pero no imposible. Sin lugar a dudas, a mi parecer, cualquier actividad de conservación de especies o de ecosistemas debe traer consigo alguna retribución de cualquier tipo (claro, de preferencia económica) a corto plazo para los dueños del espacio y para los que trabajen en ella. Este pago inmediato no debe impedir que también se fomente, a mediano y largo plazo, un manejo responsable de lo que se desea proteger para generar beneficios duraderos. Pocas son las medidas de conservación exitosas basadas en el romanticismo o en la necesidad solidaria de conservar y proteger las almas de los árboles o el espíritu de los animalitos.   

Dicho esto, para que una comunidad determinada reciba las TDC existe todo una serie de requisitos y de pasos a seguir. Por un lado, el Proyecto CBC debe aplicar diversos criterios que permitan filtrar un gran universo de comunidades nativas, con el fin de obtener un número limitado de ellas, las cuales son priorizadas por el proyecto. Por otro lado, los mismos beneficiarios deben cumplir determinadas obligaciones para acceder a las TDC. En esa dirección, parte de los esfuerzos del proyecto se concentran en poner en marcha seis pasos para la implementación de las TDC —de acorde a lo aprobado por el Programa Bosques del Minam— y en hacer un monitoreo constante de cómo se van dando los impactos en las comunidades y en los bosques.

Paso a paso 

Como sabemos, nuestro país es bastante extenso, accidentado y complicado (en todos los sentidos). En ese escenario, es necesario utilizar determinados criterios y factores para elegir ámbitos específicos en los cuales se pueda aplicar las TDC. Por lo tanto, como primer paso, se debe realizar una focalización con dos momentos claramente definidos. En el primero, el proyecto se concentra, geográficamente a nivel provincial para identificar y priorizar ámbitos de intervención utilizando criterios tales como el tamaño de los bosques, así como los índices de deforestación y de  pobreza. 

En un segundo momento se hace una focalización más fina a nivel de determinadas comunidades nativas en una provincia. Para elegirlas se emplea como factores de decisión el estado de conservación de los bosques, la accesibilidad, la diversidad biológica de la zona, la construcción social y otros índices. Un factor importante es que la comunidad debe tener no menos de 3000 hectáreas de bosque primario.

Una vez identificadas las comunidades que podrían acceder (si desean) a las TDC, se debe dar el proceso de admisión, mediante el cual se hace la difusión del proyecto a través de talleres con las autoridades regionales, locales, con las organizaciones de la zona y con los comuneros. Paralelamente, el personal técnico del proyecto asesora y acompaña a las comunidades en la obtención de los documentos administrativos que son pre requisitos y en la presentación de su interés de participar en el Programa Bosques. Luego, de ser el caso, prosigue la afiliación de los beneficiarios y la comunidad define qué cantidad de bosque va a ser conservado y cuánto de bosque necesita para sus actividades comunales.

Asimismo, en esta etapa, la comunidad debe cumplir con los requisitos legales y administrativos que le permitan obtener una cuenta corriente en el Banco de la Nación. Para ello, los dirigentes comunales deben tener vigente su Documento Nacional de Identidad (DNI), la organización comunal debe tener su Registro Único del Contribuyente (RUC) vigente y la comunidad nativa debe estar inscrita en los Registros Públicos. Este aporte del proyecto es interesante, dado que todos estos requisitos les servirían también para postular a otros proyectos e iniciativas de desarrollo. Además, de esta manera se busca exigir mayor presencia del Estado en algunas zonas del país para, entre otros, ir cerrando brechas en cuanto a la formalización y a la falta de oportunidades.

Así entonces, las comunidades identificadas y admitidas por el proyecto deben elaborar un plan de inversión destinado a mejorar la calidad de vida de los comuneros con el dinero que reciben de las TDC por conservar sus bosques. Para esto, se debe evaluar qué actividad económica sostenible traería beneficios económicos a la comunidad.
Poblador en el río Mayo, en San Martín.
Foto: Enrique Angulo Pratolongo

Planeando la inversión en base a la conservación

Es necesario especificar que el dinero que la comunidad recibe no puede ser gastado en alguna obra que no traiga beneficios concretos a los pobladores involucrados. El plan de inversión es para iniciar un proyecto de desarrollo local. Es decir, como ya se dijo, no se puede pretender construir una piscina, un estadio, un local comunal, un monumento a la pituca, al aguaje, al achiote o a la gamitana o cualquier otra obra similar, como se ha hecho en algunos lugares con dinero proveniente del canon minero y/o gasífero. Sin lugar a dudas, algunas obras de infraestructura son necesarias, no obstante, hacerlas es función y responsabilidad de los gobiernos regionales y/o locales. Y en ello, los pobladores locales deben exigir obras que realmente sirvan por lo que su participación y fiscalización es fundamental.

En este proceso, las comunidades deben elaborar con el dinero recibido y de manera participativa un plan de inversiones y cumplir con los compromisos acordados. El plan debe contener un componente ambiental que garantice la protección de los bosques; uno social que apoye a la salud, a la educación y a la capacitación de los comuneros; uno de gestión destinado a fortalecer gradualmente las capacidades organizativas y administrativas de la comunidad; y uno productivo para que, mediante la ejecución del plan, se pueda generar ingresos para la comunidad.

En esta etapa se conforma dos comités imprescindibles para el cumplimiento de las condicionalidades y el otorgamiento de los beneficios del proyecto: el comité de gestión y el comité de vigilancia. Los miembros de ambos comités son elegidos y conformados por los mismos comuneros. Además, reciben permanentemente asesoría técnica del Programa Bosques y del Proyecto CBC. El primero está conformado por un presidente, un tesorero y un secretario; y tiene como misión elaborar los planes de inversión y manejar toda la parte financiera. El segundo tiene como máximo tres personas que deben ser una mujer, un profesional y una autoridad y no deben formar parte del primer comité. Son los “veedores” y fiscalizadores de todo el proceso.  

Plata en mano

Una vez que todo lo anterior está en marcha, el Programa Bosques autoriza la transferencia de dinero a la cuenta bancaria de la comunidad en base al número de hectáreas que son conservadas. Con ello, existe una serie de compromisos entre las comunidades nativas participantes con el Programa Bosques y viceversa. Entre los principales figuran, por parte de la comunidad beneficiaria, la debida ejecución del plan de inversiones, informar sobre los cambios de la directiva comunal, administrar correctamente los fondos monetarios y por supuesto conservar los bosques comunales. Por su lado, el Programa Bosques debe brindar la debida y permanente asistencia técnica, transferir oportunamente los incentivos económicos, realizar trimestralmente reuniones de evaluación de avance, así como velar por la preservación de los bosques.

En resumen, todo esto conduce a la firma de un contrato de cinco años entre la comunidad y el Programa Bosques para la transferencia de fondos y el posterior cumplimiento de todo lo acordado, resumido básicamente en la conservación de los bosques y en la puesta en marcha del plan de inversiones. Posteriormente, se da el sexto paso denominado “la graduación”. Es decir, luego de que la comunidad nativa ha sido beneficiaria de las TDC, debe “caminar sola” pues sale del mecanismo para vérselas con la realidad.   

Pero cuando la comunidad nativa debe abandonar el mecanismo, no se va con las manos vacías. Para ese entonces, ya cuenta con varias cosas a su favor, como por ejemplo una serie de activos (maquinarias, locales, capital productivo u otros), dinero en su cuenta bancaria y lo más importante, pobladores capacitados y motivados. A eso, claro está, la comunidad cuenta con parte de sus bosques comunitarios en buen estado de conservación. Con todas esas herramientas y conocimientos es más fácil combatir la desigualdad y la pobreza, así como ejercer plenamente sus derechos fundamentales. No obstante, esta etapa es la más difícil. Ya veremos por qué.

Marzo 2014

Artículo publicado en la versión online de la Revista Rumbos: 
http://www.rumbosdelperu.com/el-proyecto-conservacion-de-bosques-comunitarios-y-las-transferencias-directas-condicionadas-ii--V1422.html