viernes, 25 de octubre de 2013

CONSERVACIÓN Y USO RESPONSABLE DE LOS RECURSOS NATURALES EN LA RESERVA NACIONAL PACAYA SAMIRIA

Cerca a Nauta y en uno de los extremos de la Reserva Nacional Pcaya
Samiria se unen los ríos Marañón y Ucayali para formar el gran río Amazonas.
Foto: Enrique Angulo Pratolongo. 
Un ejemplo del buen uso de los recursos naturales es el que se da en la Reserva Nacional Pacaya Samiria (RNPS) mediante el aprovechamiento sostenible de los recursos naturales y la participación de pobladores locales como guardianes de la reserva. Al parecer, sí se puede y hay que verlo en vivo y en directo para saber que sí es realidad.  

Circundada casi en su totalidad por dos grandes ríos, el Marañón y el Ucayali (ambos colosos de agua dan origen al gran río Amazonas en uno de los extremos de la reserva); y atravesada por innumerables “caños” y pequeños ríos que conforman a su vez lagunas de ensueño en su interior, este imponente refugio natural está tomando vuelo para convertirse en un área natural protegida ejemplar. Y es que tras varios años de mucho trabajo y de empeño, se ha logrado construir una “cultura de la conservación y del aprovechamiento de los recursos naturales”, donde los principales protagonistas son las poblaciones locales, el Estado, las autoridades locales y diversas ONG.

Mediante el trabajo conjunto se ha podido sentar las bases y fundamentos para afirmar que sí se puede combinar la preservación y el uso responsable de nuestra diversidad biológica, con el propósito de obtener dividendos económicos mediante la comercialización de algunas especies clave. Esta sinergia permite obtener dividendos económicos para mejorar la calidad de vida de las poblaciones locales y es un buen medio para tentar alcanzar el tan mentado desarrollo sostenible. Y es que si la conservación de nuestros recursos naturales “no paga”, la situación se vuelve cada día más compleja.

Así, dado que la RNPS es un área natural protegida de uso directo —es decir, en ella se puede aprovechar los recursos naturales mediante planes de manejo— se ha implementado diversas estrategias para hacer posible que la población local, a través de los Grupos de Manejo (GM), puedan recibir ingresos económicos. Para ello, el Estado, representado dentro de la RNPS, por el Servicio Nacional de Áreas Naturales Protegidas por el Estado (SERNANP), ha contado con el apoyo de instituciones como ProNaturaleza – Fundación Peruana para la Conservación de la Naturaleza y de otras organizaciones para trabajar persistentemente en lograr acuerdos y compromisos tangibles destinados a cumplir con los objetivos de la reserva y a demostrar que sí se puede hacer bien las cosas.

Conociendo el paraíso     

Poblado de San Carlos a orillas del río Ucayali, en el Canal
de Puinahua en la zona de amortiguamiento de la
RNPS. Foto: Enrique Angulo Pratolongo.
Tanto al interior, como en la zona de amortiguamiento de la reserva, vive mucha gente que no necesariamente es originaria de este espacio amazónico. Esto se explica, en parte, por los maltratos que sufrió la población local originaria en la época del caucho; dado que muchos de ellos fueron desterrados y exterminados. Posteriormente, la zona fue repoblada, por ende, gran parte de las generaciones actuales en la zona descienden de colonos. Es decir, llegaron de otros lugares para quedarse.

Así por ejemplo, bastantes familias que habitan en las orillas de los ríos que circundan y atraviesan la RNPS tienen un origen andino. Además, cuando visité la comunidad de San Carlos, ubicada en el Canal de Puinahua —un brazo del río Ucayali— y en la zona de amortiguamiento de la reserva, me asombró escuchar música andina en su plaza principal. Incluso, algunos pobladores de ahí me dijeron que son “charapas por accidente” y que les costó, a sus padres y ahora a ellos, adaptarse a la selva.  

Esta situación hace que algunos de estos pobladores que interactúan con la reserva tengan todavía una visión distinta del uso de los recursos naturales, en comparación con aquella que poseen los pueblos indígenas amazónicos originarios. Todo lo anterior se traduce en las maneras de aprovechar lo que les rodea. Adicionalmente, la forma de organizarse y de percibir el medio que rodea a estos pobladores difiere en parte a los patrones sociales y culturales amazónicos. La población colona que llegó a esta zona trabaja, generalmente, organizada a nivel familiar y ha percibido al “monte” como un “estorbo” para sus fines agrícolas. Por eso, había que “tumbárselo”. Ahora, si bien, la deforestación ha disminuido, aún es un problema por resolver.  

En ese escenario, una de las principales estrategias utilizadas para cambiar la mirada hacia el bosque fue convencer a los pobladores locales que debían asociarse para aprovechar mejor las oportunidades que les ofrece el entorno. Así también se logró convencerlos de que tenían la obligación de proteger los recursos naturales porque, así como vamos, estos sí se acaban. Por eso, la formación de los GM se convirtió en uno de los pilares para hacer posible la conservación; así como el manejo y el uso de la flora y fauna en la RNPS; y para afrontar posteriormente una de las etapas más difíciles y complejas de implementar: la comercialización de algunas especies biológicas.

Por ende, una vez consolidados los GM, el gran reto de toda esta aventura es “vender” lo que se obtiene de la reserva de manera responsable; con el fin de, como no, ganar plata, así de simple, no nos engañemos. Para llegar hasta acá es necesario identificar mercados, garantizar la producción, conseguir el debido equipamiento, estar capacitado, entre otros aspectos indispensables. Pero, sobre todo, lo principal es asegurar la sostenibilidad en el tiempo y también contar con apoyo externo —por lo menos en los primeros años— hasta que posteriormente se pueda andar solo.  

Un proyecto de largo aliento

Una de las iniciativas que ha apoyado todo este proceso es el proyecto ejecutado por ProNaturaleza denominado: “Canje de deuda por conservación en la Reserva Nacional Pacaya Samiria” que va desde el 2002 hasta el 2015. Este es financiado con recursos económicos provenientes del Acuerdo de Conservación de Bosques Tropicales (ACBT), administrados por el Fondo Nacional para Áreas Naturales Protegidas por el Estado (PROFONANPE). La puesta en marcha de este gran esfuerzo proviene de un acuerdo de canje de deuda por conservación y está constituido como un fondo contravalor destinado a financiar iniciativas para la conservación, restauración, uso y manejo de los bosques tropicales en el Perú. 

Este emprendimiento, en la RNPS, consta de dos fases. La primera estuvo enfocada en generar capacidades para el manejo y aprovechamiento sostenible de recursos naturales por parte de la población local. La segunda fase (2010 – 2015) pone énfasis en el aprovechamiento de dichas capacidades y en la comercialización de los productos del manejo sostenible de cuatro recursos priorizados; dos objetos de conservación (paiche y aguaje) y dos especies clave (arahuana y taricaya).


El Sernanp es el encargado de administrar este gran espacio
protegido. Foto: Enrique Angulo Pratolongo. 
Adicionalmente, busca fortalecer la gestión de la RNPS y para ello apoya al SERNANP en alianza con otras institucionesen la conformación y en el trabajo participativo de su Comité de Gestión, en el posicionamiento de la reserva como destino turístico y en aspectos tales como la capacitación de su personal, acondicionamiento de puestos de vigilancia, adquisición de equipos y otros. Todo esto sin perder de vista que, al apoyar a la conservación de estos bosques, se contribuye no solamente al desarrollo local, sino también a la mitigación de los efectos del cambio climático en el planeta y también a la preservación de un elemento clave: el agua.

La Reserva Nacional Pacaya Samiria: la selva de los espejos

La RNPS fue establecida como tal el 25 de febrero de 1972. Anteriormente fue declarada como una “reserva pesquera” por su altísimo potencial hidrobiológico. Su fama de lugar preciado fue tal que el ex presidente Fujimori llegaba exclusivamente a este lugar para pescar. Tiene una extensión de 2 080 000,00 hectáreas, lo que la convierte en la segunda área natural protegida en extensión en el país, después del Parque Nacional Alto Purús.

Este magnífico escenario natural conserva la mayor extensión de bosque tropical inundable en el Perú e incluye ecosistemas con una gran diversidad biológica que proveen de una variada gama de bienes y servicios, tanto a las poblaciones locales (pesquería, recursos forestales no maderables, turismo, carne de monte), como a todo el planeta (regulación del ciclo hidrológico y de las lluvias, captura de carbono, entre otros).

Dentro de la RNPS viven cerca de 25 mil personas —distribuidas en alrededor de 90  poblados—, las mismas que, junto con más de 65 mil personas que habitan en las casi 120 comunidades ubicadas en la zona de amortiguamiento, conforman una importante presencia humana en la zona de influencia directa e indirecta de este espacio protegido. Este hecho implica una creciente e imparable presión humana sobre los recursos naturales que aún pueden ser protegidos en la Reserva. En la siguiente entrega conoceremos más al respecto.

Octubre 2013

Publicado en la versión online de la Revista Rumbos: