martes, 27 de agosto de 2013

EL PERÚ Y SUS NUEVAS ESPECIES BIOLÓGICAS

Serpiente de Ojos Rojos (Trimeresurus rubeus)
recientemente descubierta en Vietnam.
Con mucha envidia me enteré que recientemente ha sido descubierta una nueva especie biológica en los bosques nublados de Ecuador. Se trata del Olinguito (Bassaricyon neblina), un mamífero de la familia de los mapaches que parecería ser una mezcla de gato y oso. Sin duda es una buena noticia para la comunidad científica internacional y para los ecuatorianos. Y en ese aspecto, ¿cómo vamos por casa? Seguramente nos podría ir mucho mejor.

Sin lugar a dudas, el Perú es —todavía— una caja de sorpresas, ya que en los últimos años, aunque no se sepa, se ha descubierto varias especies nuevas para la ciencia. El problema es que casi nadie “le da bola” a estos temas, los mismos que tampoco son muy difundidos porque no “venden”. Además, en el país, el mundo científico divulga poco sus resultados y no se cuenta con mecanismos institucionalizados para informar oportunamente lo que se viene haciendo en aras de conocer mejor nuestra diversidad biológica.
                 
En toda la euforia, debemos diferenciar entre lo que significa y representa en general descubrir una nueva especie para la ciencia y lo que implica tener un nuevo registro para un lugar, una región o un país, en este caso, el Perú. Hallar una nueva especie es mucho más complicado, insólito y excepcional, dado que no todos los días sucede y menos en este planeta tan intervenido y venido a menos, aunque hay sorpresas interesantes.

El segundo caso, es decir, obtener nuevos registros de especies biológicas para el Perú, se da mucho más seguido, ya que contamos con un mayor (pero aún insuficiente) número de investigadores que utilizan técnicas modernas para la investigación. Además, variables como el tan mentado cambio climático y la degradación de algunos ecosistemas en países vecinos estarían ocasionando que algunas especies biológicas amplíen sus rangos de distribución y que otras se vean obligadas a buscar nuevos territorios para sobrevivir, en este caso, algunos ubicados en nuestro país.

Por eso, lo sucedido en Ecuador es relevante (además, lo han “vendido” muy bien, pues la noticia ha dado la vuelta al mundo). Adicionalmente, —y hay que decirlo— el descubrimiento de un mamífero, es algo mucho más pomposo y resaltante que el reporte de una nueva especie de ave, reptil o insecto para la ciencia. Claro, a menos que se descubra un ave sumamente vistosa o no voladora; un sapo o lagartija, gigante, fosforescente y con tres ojos; o un insecto que camine en dos patas. Lo que sí es cierto es que el planeta todavía nos podría sorprender. Basta ver lo que sucede en la cuenca del río Mekong, en Asia, donde se sigue descubriendo nuevas especies para la ciencia.

Un poco de números

Según algunos expertos, existen, cerca de 5600 especies de mamíferos en el planeta, de las cuales se conoce solo 5501 (es decir, el 98% y sin contar al Olinguito); 10 500 de aves de las que se conoce 10 064, es decir el 96%; 12 000 de reptiles y 9547 de ellas conocidas (80%) y 15 000 especies de anfibios y 6771 conocidas (45%).

Por cierto ¿Cómo es que se sabe que existe un número determinado de especies biológicas, pero solo conocemos un porcentaje de dicha cifra? Esto sucede por lo siguiente: existen especies que ya fueron descubiertas, pero que aún no han sido descritas y no han sido dadas a conocer oficialmente; además existen muchas subespecies de alguna u otra especie que en realidad son especies nuevas pero que aún no han sido declaradas como tal.

En todo caso, cualquiera de estas podría aumentar la lista de especies ya conocidas. Pero, tengamos en cuenta que es distinto clasificar y renombrar a una especie ya conocida que descubrir una totalmente nueva para la ciencia.

Así también, con los grandes avances en la genética molecular (análisis secuencial del ADN) sucede también que algunas especies han sido declaradas como subespecies (con lo cual el número total de especies disminuye) o que determinadas subespecies son clasificadas como especies nuevas, lo cual aumenta el número total de especies. Lo importante es saber que todas estas cifras cambian permanentemente y que si bien es relevante conocer realmente qué tenemos y dónde está, lo primordial es asegurar de que las nuevas especies que vayamos sumando a cualquiera que sea la lista puedan permanecer en el planeta.

Para los sapos…

Rana Ying-Yang (Leptobrachium leucops) descubierta hace
unos años también en la selva de Vietnam. 
Para complementar parte de lo acá expuesto, recomiendo leer el artículo titulado: “Investigación y conservación de la biodiversidad en Perú: importancia del uso de técnicas modernas y procedimientos administrativos eficientes” de Rudolf von May, Alessandro Catenazzi y otros autores, publicado en la Revista Peruana de Biología 19 (3): 347 – 354 de diciembre de 2012 y editada por la Facultad de Ciencias Biológicas de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. En el mencionado artículo se indica, entre otros, que “…tan sólo en los últimos siete años –entre el 2005 y el 2011– se ha descrito 115 especies nuevas de anfibios en el Perú (Rivera-Correa 2012). En un período de tiempo similar se ha descrito muchas especies nuevas de otros grupos de vertebrados, decenas de especies nuevas de plantas y muchas especies nuevas de invertebrados”.

En el Perú tenemos todavía bastante por hacer para conocer nuestra diversidad biológica. En esa dirección, concuerdo también con lo expresado en el artículo en mención: “Asimismo, esta tarea no sólo debe servir para catalogar la riqueza natural del país sino también para entender los procesos involucrados en la generación y mantenimiento de la biodiversidad y su posible respuesta a los efectos del cambio climático. Esto es de particular impor­tancia en la elaboración de planes de adaptación y mitigación al cambio climático”.

Rocas en el camino

Dicho lo anterior, existen algunas trabas e impedimentos que limitan el accionar científico en el país. Tenemos las pataletas de algunos satanizando la colección de ejemplares biológicos en el campo para los estudios taxonómicos, lo cual solo saca a relucir una falsa concepción del “conservacionismo”, tildando además a muchos investigadores como los “malos de la película”; las actitudes gangsteriles de algunos también mal llamados “conservacionistas” impidiendo el trabajo de investigadores en el país; así como las dificultades ya conocidas, como la falta de presupuesto estatal para la investigación científica, lo mismo que se traduce en tecnología obsoleta y en limitados incentivos para invertir en el estudio de nuestra diversidad biológica y cultural.

Por eso, pese a que sí existen avances interesantes y resaltantes de la investigación científica en el país, nos estamos quedando un poco. Debemos meter más carbón a la locomotora de la gestión del conocimiento. Un ejemplo claro y conciso que grafica que se nos puede pasar el tren, es lo que podría suceder en Bolivia. Y es que el país vecino ya está por atrasarnos, pues ha anunciado la pronta fundación de su Centro Internacional de la Quinua. No se trata de una competencia a nivel internacional, por supuesto que no, pero sí se trata de aprovechar las oportunidades que se nos presentan y de darle un valor agregado a nuestros recursos naturales.

Claro, tampoco es que los bolivianos estén prohibidos de realizar esa y otras iniciativas de ese tipo, pero creo que no deberíamos dormirnos en ese aspecto e invertir más en la investigación y fortalecer el trabajo de instituciones como, en este caso, el Instituto Nacional de Innovación Agraria (INIA), ya que es harto conocido el potencial de este y de otros granos andinos. A su vez, es necesario aclarar, en especial a aquellos que creen que todo lo bueno y rico es peruano o de origen peruano, que la quinua, la kiwicha y otros productos provenientes de los Andes también existen en otras latitudes.

Un distinguido investigador (no diré su nombre para que no le suelten —innecesariamente— los perros) me comenta que en el país estamos perdiendo oportunidades para potenciar el estudio científico, debido a que los trámites arcaicos, obsoletos y absurdos que demanda el Estado para llevar tejidos, muestras y el material necesario para estudios genéticos a otros países (ante la falta o poca presencia de laboratorios calificados en el país) son francamente de terror y espantan a investigadores nacionales y foráneos por lo que, o se frustran y abandonan la empresa o se van a otros países a trabajar.

Así, aunque sé que existen muchos detractores de lo que voy a expresar, tampoco es que nos la debemos pasar investigando y compitiendo a ver quién publica más y quien lo hace en las mejores revistas. Sin duda alguna, es vital promover y apoyar la investigación científica, dar a conocer los resultados y sobre todo buscarles una aplicación. Por lo tanto, es de trascendental importancia identificar la manera de incorporar la información científica y técnica a las políticas nacionales, regionales y locales para que lo que se haga tenga un sustento válido, evitando las improvisaciones y el mal uso del dinero.

Además, es evidente que en algunos gobiernos regionales, los funcionarios no están muy bien capacitados y que requieren apoyo técnico. Lamentablemente, eventualmente salen a relucir los regionalismos y algunos resentimientos cuando se pretende apoyar a funcionarios fuera de la capital. No podemos perder de vista que el fin supremo de la investigación científica es ofrecer insumos e información de calidad para una buena toma de decisiones que nos permita desarrollarnos como sociedad para mejorar nuestra calidad de vida, conservar y utilizar responsablemente el medio ambiente y si es posible, en el camino, descubrir nuevas especies biológicas.

Agosto 2013

Artículo publicado en la versión online de la Revista Rumbos: 

lunes, 19 de agosto de 2013

ESPECIES INVASORAS: LOS INQUILINOS NO DESEADOS

Conociendo algunos casos de especies invasoras en otras latitudes se puede entender el peligro que significa su presencia indeseada en nuestro terruño. Una vez asentadas en su nuevo hogar, se les debería enfrentar dado que desplazan a las especies dueñas de casa. Sin embargo, a la fecha, no existe ningún registro de alguna batalla contra ellas que haya sido ganada. Por eso, tomemos nuestras precauciones antes de que sea demasiado tarde.

Sapo Gigante (Bufo marinus) en Australia.
Como se mencionó en el artículo anterior, las especies exóticas o invasoras son especies animales o vegetales no nativas de un lugar o región que, debido a la intervención humana o a otros factores, han sido introducidas en un territorio ajeno al suyo. Variables como el cambio climático, el comercio internacional, el tráfico ilegal de especies, el control biológico, el turismo y la tenencia irresponsable de mascotas, permiten la propagación indeseada de estas especies. En el caso del cambio climático, las barreras climáticas que “mantienen a raya” a una u otra especie en un ecosistema determinado se “relajan” ocasionando que sus rangos de distribución se amplíen.

Así por ejemplo, en el Mar Mediterráneo y en otros mares prosperan en los últimos años, más de lo anteriormente registrado, la Medusa Luminiscente (Pelagia noctiluca), la temida Carabela Portuguesa (Phisalia physalis) y otras especies de estos invertebrados, las cuales expanden sus territorios cuando las aguas se calientan más de lo normal (aunque existen versiones que afirman que este fenómeno es cíclico). El problema no es solamente lo incómodo que resulta ser “picado” por estos seres vivos en los lugares de veraneo, sino que las medusas y sus congéneres se alimentan de los huevos de los peces.  

Por ende, el aumento de la población de las medusas es un factor desestabilizador de algunos ecosistemas marinos. Y ¿a qué otro factor se debe este aumento? Como no podía ser de otra manera: al hombre. Mediante la sobrepesca, las especies que son enemigos naturales de las medusas, como los atunes y las tortugas marinas, han desaparecido casi totalmente en los rincones donde justamente ellas prosperan. El cambio climático juega un rol fundamental pues en un mar caliente, las medusas tienen más chance de reproducirse y de supervivencia que en un mar frío. Adicionalmente, la gran cantidad de residuos orgánicos provenientes de los fertilizantes y abonos que transportan las aguas de los ríos y que van a parar al mar, facilita el crecimiento del fitoplancton en aguas marinas y con esto, se potencializa el incremento de las medusas dado que tienen más alimento. 

Muchas especies que estaban consignadas a ciertos espacios geográficos restringidos no podían avanzar porque tenían una barrera climática que se los impedía. Sin embargo, en el escenario actual han podido llegar a otros territorios, favorecidas por algunos de los cambios climáticos que se vienen presentando. Asimismo, puede pasar lo contrario, muchas especies pueden verse “recluidas” en espacios cada vez más restringidos, lo que las puede hacer más vulnerables.    

Adicionalmente, el creciente comercio internacional es un factor que potencializa la introducción de especies exóticas mediante el tráfico incesante de barcos, aviones, camiones y hasta de trenes. Un ejemplo concreto es el agua que expulsan los barcos (lastre). En ellas viajan muchas especies de peces, algas, crustáceos y otras especies marinas que llegan a lugares ajenos a los suyos. Así, para evitar que estas aguas sean vertidas en nuestra costa, existen protocolos que deberían ser cumplidos, como por ejemplo, expulsar el agua a muchos kilómetros antes de llegar al destino final, pero solo Dios sabe si en el Perú se cumplen o si son exigidos para barcos extranjeros.

Ejemplos de especies biológicas invasoras

El Sapo Gigante (Bufo marinus) es una especie que fue introducida en Australia en 1930 para combatir una plaga de escarabajos en las plantaciones de caña de azúcar. Nadie se percató de que los insectos podían volar, así que la solución terminó siendo un problema mucho mayor que el original. Hoy en día es imposible erradicar al sapo del continente australiano. Se introdujo cien individuos, hoy son varios millones de sapos que han puesto en problemas a las especies nativas. Esta especie proviene del bosque tropical que va desde México hasta el norte de Perú.

Además, este anfibio posee unas glándulas que segregan un liquido tóxico cuando se siente amenazado, el cual es mortal para muchas aves y mamíferos que intentan alimentarse de ellos (incluso sus huevos y renacuajos son tóxicos). Adicionalmente, casi no tiene enemigos naturales, por lo que su población crece día a día. Se ha hecho varios esfuerzos para aniquilar a esta especie en Australia, pero todos han fracasado.

Otro ejemplo interesante es el de la Pitón de la India (Python molurus), especie que ha invadido el sur de Florida en los Estados Unidos. Estos reptiles constrictores pueden llegar a medir siete metros y a pesar hasta 90 kilos. Son originarios de los bosques del sudeste asiático. No obstante, entre 1970 y 1980 algunos irresponsables soltaron un par de ejemplares en los Everglades seguramente porque se dieron cuenta de que sus mascotas empezaban a crecer sin parar. Adicionalmente, en agosto de 1992, el huracán Andrew azotó la Florida y destruyó cientos de casas, entre ellas, diversas tiendas de mascotas y un criadero de estas boas. Se estima que aquella vez se habrían escapado cerca de mil ejemplares, aunque esto último no deja de ser una especulación.  

Las pitones encontraron en los pantanos de Florida el lugar perfecto para vivir. Recién en el año 1989 fue observado el primer ejemplar silvestre en los Everglades y en el 2004 se pudo constatar que estos animales de sangre fría ya habían construido varios nidos y que se reproducían velozmente. Una hembra puede poner hasta 40 huevos y además casi no tienen enemigos naturales. Pese a que existirían casi 120 especies exóticas en la zona, las pitones son las más dañinas. Y a pesar de que no son venenosas, casi ningún animal está a salvo ante su voracidad. Se sabe incluso que se alimentan hasta de pequeños cocodrilos.

Caracol gigante en Flórida. Otra especie invasora casi
imposible de erradicar
Ante esto, el Estado de Florida ha dado la alarma y fomenta jornadas de caza para intentar aniquilar a este reptil (incluso entrega premios al que cace el ejemplar más grande). Para desdicha de los estadounidenses sureños, las pitones son muy difíciles de encontrar, debido a que se mimetizan muy bien. Adicionalmente, el medio donde viven (los pantanos) es de difícil acceso para los cazadores. Por eso también es complicado saber exactamente cuántas hay, pero se estima que la cifra estaría entre 20 000 y 150 000 ejemplares.

El Pez León del Caribe

Un ejemplo más cercano es el del Pez León (Pterois volitans), un pez originario del Océano Índico y de la zona occidental del Océano Pacífico que llegó al Mar Caribe para quedarse. Este pez es muy preciado por los acuarios, debido a sus llamativos colores y a sus singulares características físicas. Es así como llegó a Florida (un gran centro de acopio y comercialización de mascotas) para luego ser liberado (intencional o casualmente, no se sabe) en la costas estadounidenses. En 1985 se observó los primeros ejemplares silvestres en su nuevo hogar.

Se asume también que algunos ejemplares de este pez llegaron a la Bahía de Biscayne, tras el paso del ya mencionado huracán Andrew en 1992. Posteriormente, esta especie pobló casi toda la costa este estadounidense llegando hasta el Mar Caribe, el Golfo de México y las costas de Colombia y de Venezuela. En este último país se ha desatado una agresiva campaña para exterminar a esta especie invasora que se alimenta vorazmente de los huevos de muchos peces de consumo humano (ver postdata).

El Pez León se reproduce continuamente durante todo el año. Una hembra pone cerca de 30 000 huevos en cada evento reproductivo, el cual se da al menos siete veces al mes, durante los 12 meses del año. Inicialmente, los huevos están dentro de una masa gelatinosa que flota, la cual se descompone poco tiempo después de que los huevos han sido fecundados por el macho. Estos quedan a merced de las corrientes marinas, lo que facilita su dispersión a grandes distancias. ¡Así cualquiera! 

Problemón

Existe un caso interesante para tomar en cuenta. En Nueva Zelanda, ante el declive de muchas especies nativas que son polinizadoras y que cumplen un rol esencial en el mantenimiento de los ecosistemas, se registra un alivio en este tema. Y es que algunas especies exóticas, como la ya conocida Rata Negra (Rattus rattus) y el Pájaro de Anteojos (Zosterops lateralis), han asumido el rol de las especies polinizadoras locales. Con esto, se habría encontrado, aparentemente, el equilibro biológico. No obstante, no deja de ser polémica esta situación, dado que para que esto haya sucedido, muchas especies nativas estarían cerca de la extinción y la presencia de las invasoras pudo haber tenido algo que ver con eso. Estemos atentos para que no nos suceda algo similar. Ojalá no debamos agradecerles a algunas especies exóticas por ser ellas quienes garanticen la polinización de nuestras flores. 

De los cientos de ejemplos que existen, es interesante saber que, en España, la introducción deliberada del Visón Americano (Neovison vison) para ser criado en granjas y como mascota enfrentó a los “ecologistas” y a las autoridades. Cientos de estos mamíferos fueron liberados por los primeros y ahora, el Visón Americano es considerado una plaga invasora que está poniendo en aprietos a su primo europeo, el Visón Europeo (Mustela lutreola) y a otras especies nativas de España y de Europa, en especial a las aves que anidan en los suelos. En algunos casos, por actuar de “buen corazón” se puede cometer errores irreversibles. Este caso lo demuestra. Posiblemente, el Visón Americano se iba a convertir de todas maneras en una especie invasora, pero tal vez se hubiese podido tomar medidas para minimizar sus impactos negativos o, mejor aún, evitar tal situación.    

Se ha quedado mucha tinta en el tintero. Este tema y sus distintas aristas tienen para mucho más. Espero, no obstante, que a través de estas líneas se haya podido captar la atención del lector para redoblar los esfuerzos que estén ya encaminados a incluir esta problemática en las diversas estrategias de conservación y de manejo de nuestra diversidad biológica. Con lo anteriormente expuesto, creo que es indispensable tomar conciencia de la relevancia de este problema. No estamos a salvo de sufrir los embistes de especies exóticas.

Es justamente nuestra gran diversidad biológica (asociada a la extensa variedad de climas y ecosistemas) la que podría frenar la invasión de especies exóticas, dado que no todas las especies invasoras pueden adaptarse a tantos hábitats y condiciones climáticas como los que poseemos. Sin embargo, no dejemos que lo intenten. Ser un país megadiverso nos hace también más vulnerables a estos problemas.    
  
Agosto 2013
  
P.D. Recomiendo revisar la página web del Centro de Biodiversidad Marina de Venezuela: http://pezleon.cbm.usb.ve/
para conocer una experiencia interesante de recojo de datos sobre esta especie invasora.
Otro ejemplo de “invasión” es el de los camellos en Australia: http://mitambordehojalata.blogspot.com/2011/06/1253-camellos.html

Publicado en la versión online de la Revista Rumbos:

viernes, 2 de agosto de 2013

VIVIENDO CON EL ENEMIGO: ESPECIES INVASORAS QUE VINIERON PARA QUEDARSE

Sobre el hecho de liberar animales (e incluso plantas) al medio ambiente sin ningún tipo de estudio, hay mucho por discutir. Lo cierto es que si esto se hace sin un respaldo científico, se actúa con negligencia. Por ende, es necesario poner mano dura para regular este tema. Adicionalmente, existe un peligro muy grave que debemos tomar en cuenta: la amenaza que implica la presencia de especies exóticas o invasoras en nuestro territorio. Rondan por doquier ejemplos de introducción ─deliberada o no─ de especies en territorios que no eran los suyos y que a la larga se han convertido en problemas de difícil solución. Veamos por qué.

Las especies exóticas o invasoras son especies animales o vegetales no nativas de un lugar o región que, debido a la intervención humana o a otros factores, han sido introducidas en un territorio ajeno al suyo. En algunos casos, esto sucede de manera deliberada y en otros, debido a motivos involuntarios pero potencializados por el crecimiento del comercio global y por otras razones. Muchas especies viajan como polizontes en barcos o en otros medios de transporte y llegan generalmente para quedarse. Y ojo, las especies exóticas no son aquellas que destacan por sus llamativos y coloridos rasgos externos.

Para muchos expertos, la presencia de las especies invasoras es la segunda causa de la desaparición de la diversidad biológica en el planeta, después de la pérdida del hábitat de las especies, debido a la expansión de la frontera agrícola, deforestación, minería ilegal, ganadería extensiva y a la degradación ambiental por contaminación. Por eso, para evitar los efectos negativos de su presencia (extinción de especies nativas, transmisión de enfermedades y otros) se debe tomar medidas drásticas, dado que una vez que estas se adueñan de su nuevo territorio, es casi imposible (y muy costoso) erradicarlas.

Lo ideal sería afinar la detección de especies invasoras y evitar su indeseada y dañina entrada. Pero, eso es casi una utopía, en especial en países como el nuestro donde no se destina dinero a temas como este, ya que no son prioritarios y además, solo son de interés de los que “defienden la ecología” (por cierto, esa es una expresión idiomática errónea). Así, cuando nos damos cuenta, ya es muy tarde y ya “estamos invadidos”. No obstante, en el país no tenemos, a la fecha, ningún evento contundente y bien documentado que realmente demuestre los efectos negativos de las especies invasoras.

Vinieron para quedarse

Casi siempre, cuando se ha detectado una invasión biológica, ya el daño está hecho y el medio ambiente ya fue alterado. En la mayoría de los casos, ya es demasiado tarde para actuar. Dicho esto, existen especies que llegaron al Perú (y a otros territorios) para ser introducidas deliberadamente. Estas ya forman parte de nuestra fauna local, sin dejar de haber sido y de ser un problema para nuestra diversidad biológica. Su inclusión o no como parte de nuestra riqueza animal o vegetal es un tema permanente de debate científico.

¿Ejemplos en el Perú? Tenemos varios, desde peces e insectos hasta plantas. Veamos. La Trucha Arcoiris (Oncorhynchus mykiss), procedente de Estados Unidos, fue introducida en un criadero en Junín en la década del cuarenta del siglo pasado. Posteriormente, se trasladó ejemplares a Ingenio en Huancayo y luego a otros ríos y lagunas serranas. Hoy en día, esta especie está en todos los cuerpos de agua por arriba de los 1500 msnm. Su presencia ha desplazado a diversas especies nativas de su hábitat original e incluso habría ocasionado la extinción de algunas de ellas, como el Suche (Trychomycterus rivulatus).

Otro caso notorio es el del Pejerrey de Río (Odontesthes bonariensis), pez originario de Argentina que fue introducido en Bolivia y de ahí, a través del río Desaguadero, llegó al Perú, específicamente al Lago Titicaca y a los cuerpos de agua del sur del país hasta Cajamarca. Junto a la Trucha Arcoiris han ocasionado estragos en los peces oriundos del Perú. Así también, la Tilapia del Nilo (Oreochromis niloticus), introducida primeramente en Brasil desde África, fue liberada a finales de la década del setenta en Ucayali y San Martín y en la costa del Perú y hoy se encuentra en casi en todo el país. Su agresivo comportamiento y su voracidad han puesto en jaque a muchas especies locales.    

Otro caso es el de la Cochinilla del Algodón (Icerya purchasi). Este insecto proveniente de Australia se ha convertido en una de las plagas más dañinas de los cítricos. Se le ha intentado exterminar mediante el control biológico utilizando, entre otros, a las conocidas mariquitas, pero esto solo ha sido un remedio pasajero y focalizado sin éxito. Entre las especies vegetales, la lista es larga. Destaca el tan mentado Eucalipto (Eucalyptus camaldulensis), especie originaria de Australia e introducida en el país en la época de la Conquista por los españoles. Este árbol ha sido el centro de muchas discusiones y se encuentra por doquier (para bien o para mal), salvo tal vez en la llanura amazónica.

Un caso interesante es el de la Retama (Spartium junceum), especie original del Mediterráneo que fue introducida también por los españoles. Esta planta es considerada, para muchos, casi como un símbolo patrio. Sin embargo, debemos saber que es foránea y que se adaptó muy bien a nuestro medio desplazando a otras especies, tanto así que ya estaría considerada como autóctona.  
    
Especies exóticas imposibles de erradicar

Entre nosotros rondan especies invasoras que ya se quedarán acá para siempre. Un caso, que también es universal, es el de la Paloma Torcaza (Columba livia), especie aviar que llegó con los españoles a nuestros territorios y que se ha convertido en una amenaza sanitaria en algunos lugares. En cuanto a los mamíferos, la lista es larga. La Rata Negra (Rattus rattus) es una de las especies expandidas en casi todo el planeta, salvo en los polos. Llegó al Perú con los españoles como polizonte, posiblemente al igual que la Rata Noruega (Rattus norvegicus) y que el Ratón Doméstico (Mus musculus).

Existen incluso poblaciones silvestres de estos tres roedores, lo que demuestra su alto grado de adaptabilidad. La Rata Negra ha sido letal para muchas poblaciones de aves, en especial, las guaneras. Su presencia en las islas del litoral peruano habría ocasionado la reducción de especies de aves endémicas de la costa peruana (y chilena), como es el caso del Potoyunco Peruano (Pelecanoides garnotii). Además, habría contagiado la peste a otras especies de roedores locales.

Otros casos interesantes son los del Gato Doméstico (Felis cattus), del Cerdo (Sus domesticus) y del Caballo (Equus caballus), especies que también fueron introducidas. Incluso, existirían en el país poblaciones silvestres de estas especies. En el caso del Gato Doméstico, su presencia en islas guaneras es y ha sido una amenaza permanente para la anidación de aves marinas. En este tema tenemos además, otro problema: la falta de información y de un monitoreo consistente que nos permita sacar conclusiones certeras.

Pero al parecer no todo está perdido. Existe un programa sobre especies exóticas invasoras en el Perú, liderado por el Ministerio del Ambiente, que busca poner en marcha las acciones necesarias para tomar real conciencia de este tema en el país. Pero primero debemos estar convencidos de que esto es un problema, para luego ahondar en la investigación científica. Existen muchos vacíos de información sobre el número de especies que podemos considerar invasoras y sobre aquellas que ya están naturalizadas como la Trucha Arco Iris o el Eucalipto; o sobre los efectos reales que podrían ocasionar o que ya están ocasionando en el país.

Una de las maneras de entender mejor esta situación, es conociendo algunos casos internacionales. Eso es lo que viene en la siguiente entrega.

Julio 2013


P.D. Recomiendo leer estos dos textos para enterarse de una experiencia de gran envergadura destinada a erradicar a un roedor en unas islas remotas y para conocer a la Liebre Europea (Lepus europaeus), una especie que está invadiendo el Perú.  
Exterminio en el fin del mundo, en el Perú y al costado de mi casa (I)
Exterminio en el fin del mundo, en el Perú y al costado de mi casa (II)

Artículo aparecido en la versión online de la revista Rumbos: