martes, 30 de abril de 2013

EXTERMINIO EN EL FIN DEL MUNDO, EN EL PERÚ Y AL COSTADO DE MI CASA (II)


Con la imagen de la Ardilla de Nuca Blanca (Sciurus stramineus) revoloteando alegremente por los techos y con la intriga de saber cómo terminará la historia del exterminio de ratas en las islas Georgia del Sur continúo este texto. Quiero centrar la atención en la Liebre Europea (Lepus europaeus) que, como ya comenté en la entrega anterior, luego de haber conquistado el sur de Sudamérica, ya se encuentra en el sur del Perú (Arequipa, Cuzco, Puno y Moquegua) y ha venido para quedarse.

Para continuar, utilizaré como referencia el artículo titulado: “La liebre europea Lepus europaeus (Lagomorpha: Leporidae) una especie invasora en el Perú escrito por Horacio Zeballos, César Medina y otros autores; y publicado en la Revista Peruana de Biologia N° 19 en diciembre del 2012, editada por la Facultad de Ciencias Biológicas de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. La Liebre Europea fue introducida intencionalmente en Argentina y en el sur de Chile entre los años 1880 y 1930; y en la actualidad, su presencia está registrada y documentada en todo el cono sur sudamericano, el altiplano compartido entre Perú y Bolivia, las áreas semidesérticas de las vertientes occidentales de los Andes y las áreas irrigadas de la costa sur del Perú.

Estos mamíferos prefieren los hábitats abiertos, sin embargo, de la mano de su avance sin freno, han demostrado que tienen una notable capacidad de adaptarse a nuevos hábitats y recursos para seguir avanzando. Según los autores, al parecer, las tierras altas de la Puna y los valles costeros juegan un papel importante para su dispersión. Felizmente, los bosques amazónicos y los bosques montanos son más bien una barrera geográfica para las liebres.

Su presencia en Tacna y Arequipa fue reportada por primera vez en el 2002. Seguidamente fue vista también en los alrededores del lago Titicaca y en la puna sur del Cuzco. En algunas comunidades de Tacna y de Puno ya se ha reportado daños considerables en los cultivos por su presencia. Y como indican los autores, estamos frente a una especie oportunista que utiliza una amplia gama de ecosistemas y que se alimenta básicamente de gramíneas (familia botánica que incluye especies como el maíz, arroz, avena, centeno). Se pensaba que la especie solo ocupaba espacios pobre en vegetación como la puna seca, sin embargo, se sabe que su presencia también se da en espacios de tierras con mayor productividad de la puna húmeda de Cuzco y Puno.

Invasión

¿Qué implica la presencia de la Liebre Europea en el Perú? Su presencia no deseada podría ocasionar algunos problemas como la competencia con especies nativas y con el ganado doméstico y la modificación en la composición de algunas especies vegetales en los pastos naturales, lo cual puede alterar las propiedades físicas de algunos ecosistemas. Asimismo, su accionar podría alterar el ciclo de nutrientes, ocasionar la pérdida de la productividad vegetal y, con todo esto, podría haber una amenaza seria a la diversidad biológica.

La Liebre Europea es, sin lugar a dudas, una especie invasora, cuya presencia puede traer efectos económicos considerables. Para tal fin, el artículo en mención busca proporcionar elementos de juicio para definir qué acciones se debería tomar para que este mamífero saltarín y pendenciero no nos sorprenda. Así, se documenta todas las referencias para determinar cuál es su hábitat actual en base a observaciones directas, registros de campo, comunicaciones personales, abundante evidencia física de su presencia (restos) y fotografías. Ya en el año 1999 se tuvo la primera evidencia de la liebre en Arequipa y posteriormente se pudo establecer cuáles eran sus rutas de dispersión.

Se sabe que la liebre tiene dos rutas principales de dispersión; una por la puna y la otra a lo largo de los valles de las vertientes occidentales (valles costeros) y de la costa. Por otro lado, también —mediante diferentes variables climáticas y de vegetación— se pudo calcular la velocidad de colonización. Por lo tanto, se sabe que la Liebre Europea, hasta diciembre del 2011, se distribuye en el altiplano y en la costa sur, siempre en ecosistemas abiertos, tomando por asalto las zonas productivas como las áreas ribereñas, irrigaciones y los humedales costeros. Asimismo, se sabe que no han ocupado áreas rocosas o escarpadas.

A paso de liebre

Como ya se mencionó, se ha determinado la existencia de dos rutas de dispersión. La primera sobre la puna arequipeña a una velocidad de 14,5 km/año; y la segunda en la costa a una velocidad de 18,5 km/año aproximadamente. Se presume que la liebre ha llegado desde Chile, ya que los primeros indicios fueron recogidos en Tacna, pero no se descarta que venga de Bolivia, país con el que tenemos una mayor línea fronteriza. Se estima además que, independientemente de la fecha exacta de su ingreso, la liebre ingresó por el sur del Lago Titicaca donde predomina la puna seca con bofedales (humedales andinos) aislados y extensos pajonales ampliamente alterados por el sobrepastoreo.

Según el artículo, los suelos empobrecidos de las zonas descritas habrían podido facilitar la dispersión de la liebre ya que en ellos no tenían otras especies que compitan con ellas; lo que, sumado a su plasticidad y habilidad para sobrevivir en terrenos degradados, favoreció su avance. Si bien existen diferencias entre una dispersión latitudinal (en este caso de sur a norte) y una altitudinal (de arriba hacia abajo), en lo referido a la velocidad y al espacio que van ocupando, lo cierto y evidente es que la dispersión se sigue dando de manera imparable hacia el norte del país.

En el caso de la costa, los desiertos sí son una barrera infranqueable para esta especie, sin embargo, su llegada a las irrigaciones y a los humedales costeros ha sido facilitada por los valles de la cuenca del Pacífico, donde no existen otras barreras biogeográficas (salvo el mar, claro está). En estos territorios, la liebre encuentra áreas perturbadas (como les gusta), con buena oferta alimentaria (cultivos); clima benigno; ausencia de depredadores naturales y de parásitos (los zorros, los gatos y los pumas aún no saben cazarla); y poca competencia de herbívoros nativos, como por ejemplo los venados, guanacos, vizcachas, animales que además están desapareciendo progresivamente.
 
Se la hemos puesto en bandeja realmente, pues las liebres prefieren áreas perturbadas por el hombre y, aprovechando la gran oferta de pisos altitudinales y de nichos ecológicos en el país, estos orejones se deben encontrar en el paraíso.

Y es que, a mayor riqueza (diversidad biológica), mayor estabilidad. Por eso, en las zonas más diversas de la puna (áreas rocosas y bofedales), las liebres no están (o están solo de paso). No obstante, en las pampas alteradas por el sobrepastoreo, están como Pedro en su casa. Ahora, no es que la puna no sea una zona altamente diversa. Sí lo es, por lo tanto, se esperaría que esa diversidad sea una barrera para las liebres, sin embargo, la diversidad se encuentra asociada a ciertas localidades. Además se tiene áreas extensas y muy pobres donde las interacciones son reducidas. Entonces, la alta riqueza de la puna no es continua, por lo tanto, no es una barrera. La puna es un mosaico de hábitats con diferentes grados de riqueza y eso juega a favor de la liebre.

Liebres para todos

Como vemos, la Liebre Europea se viene con todo. Habrá que ver qué pasará cuando llegue a tierras más productivas del centro y norte del país. Dada su naturaleza conquistadora, este mamífero podría llegar tranquilamente hasta la depresión de Huancabamba, es decir, a la zona del Abra Porculla, el paso más bajo de toda la Cordillera de los Andes, ubicado en Piura y a 2137 msnm. Por esa zona ha habido un tránsito importante de flora y fauna entre la vertiente del Atlántico (oriental) y la del Pacífico (occidental) para nuestra felicidad, pues tal situación explica en parte nuestra megadiversidad. Por ahí, la liebre puede hacer de las suyas.

Una invasión norteña de la liebre en zonas de puna perturbadas que son usadas en agricultura (habrá que ver si entra a los delicados páramos) podría ser un desastre. Asimismo, todas las irrigaciones y las lomas costeras no están preparadas para recibir a este colonizador de cuatro patas que podría desatar su propia explosión demográfica y agarrarnos con los pantalones abajo. Urge fomentar estudios que exploren este tema. El artículo sobre el cual baso estas líneas lo sustenta. No se desea crear pánico ni pintar un futuro tremendista, pero sí se debe exigir que las autoridades competentes tomen en cuenta esta inminente visita indeseable.

En nuestro país se suele reaccionar cuando ya es muy tarde y no siempre de la mejor manera. Aún estamos, creo yo, a tiempo de tener respuestas basadas en estudios científicos. Este es un ejemplo más de la falta de los incentivos para la investigación. Necesitamos saber cuál es el posible efecto sobre nuestra diversidad biológica, los efectos sobre la composición y productividad vegetal, el efecto sobre los ecosistemas y si podemos sacar algún provecho de la liebre como recurso alimenticio o como recurso peletero (curtiembre). Ojalá que hagamos algo antes de que sea demasiado tarde.

En caso de emergencia, seguramente muchos amigos y conocidos míos estarían felices de la vida con la idea de desenfundar sus armas y salir a cazar liebres para exterminarlas por el daño que podrían estar causando. Así sea de manera legal o ilegal, gustosos saldrían a disparar. Claro, lamentablemente también habría otros cazadores que le dispararían a todo lo que se mueve. Y es que no creo que el Estado peruano tenga dinero suficiente para emprender una campaña contra las liebres como aquella que se está haciendo en las Islas Georgia del Sur con las ratas o que, para ese entonces, tengamos una buena solución.

A modo de corolario debo decir que esto no quedará así. Por ahora dejo el tema, pero regresaré con otros ejemplos de especies invasoras, especies exóticas, especies introducidas, especies favorecidas por el cambio climático y otras que nos pueden hacer la vida más complicada. Momentáneamente dejaré a la ardilla de mi techo en paz (guardaré mi escopeta), pero más adelante, no lo sé.
  
Abril 2013

miércoles, 10 de abril de 2013

EXTERMINIO EN EL FIN DEL MUNDO, EN EL PERÚ Y AL COSTADO DE MI CASA (I)


No sé si por coincidencia o por un llamado divino de las fuerzas del Universo, sucedió lo siguiente. Mientras leía un artículo sobre la necesidad de aniquilar y matar hasta la última rata de unas islas en el fin del mundo, hice una pausa para estirar los huesos y asomé la cabeza por mi ventana para, de paso, distraerme un poco. De repente, a lo lejos noté que algún animal oculto entre unas ramas hacía un movimiento inusual en el techo contiguo a mi edificio. Era muy rápido para ser un ave o un gato y muy grande para ser una rata o un pericote. Afinando la vista, mi sospecha fue confirmada: una Ardilla de Nuca Blanca (Sciurus stramineus) revoloteaba despreocupada bajo el sol inclemente del verano limeño para, luego, alcanzar un cable e irse de lo más campante por los aires dejándome con unas ganas de meterle un disparo certero. Ya me ocuparé luego de ella en las siguientes líneas.

Mientras tanto, en las Islas Georgia del Sur (South Georgia), un archipiélago ubicado en el Atlántico Sur (al este de las Islas Malvinas y a 2000 kilómetros del punto más austral de Argentina), existe un gran problema: las ratas introducidas involuntariamente están acabando con aves que son muy raras y que solo viven en dichas islas. La única manera de salvar a las plumíferas es exterminando a los roedores. Esta es la operación de aniquilamiento de ratas más grande que se conozca. Manos a la obra, pues ya no hay marcha atrás.

La rata gris, noruega, de alcantarilla o peregrina (Rattus norvegicus) no tiene esa última denominación en vano, pues ya recorrió y conquistó el mundo (salvo la Antártida) al igual que su prima, la rata negra (Rattus rattus). Ambas son consideradas plagas y son las responsables de transmitir enfermedades y de diezmar poblaciones de aves u otros animales por su hambre voraz. No obstante, debemos afirmar que es una especie ganadora si de sobrevivir se trata.

Se estima que las ratas llegaron a estas islas en el siglo XVIII camufladas en los buques de los cazadores de focas para nunca más irse, hasta ahora. Estos insaciables roedores que comen de todo, arrasan con los nidos de las aves comiéndose los huevos y los pichones, con lo cual ponen en peligro a muchas especies endémicas de estas recónditas islas. Entonces, la única manera de salvar a las aves es desapareciendo el total de las ratas, es decir, todas, no debe quedar ni una. Esa es la consigna y para eso lo más efectivo es darles veneno. No hay otra.

En el 2011 y tras una fase de prueba en un pequeño territorio de las islas, se afinó la estrategia de lo que sería la fase final de la operación “Habitat Restoration Project[1]. Y es que, según el director del proyecto, Tony Martin, “un territorio como el de estas islas solo puede ser liberado de las ratas por aire”. Así, con la ayuda de helicópteros se repartirá por todo el archipiélago pequeños “paquetes” especiales conformados por una mezcla de granos con un veneno muy potente usado para estos casos, el Brodifacoum.

Ataque masivo

Todo está fríamente calculado. Los “paquetes” para las ratas tienen 25 milímetros de largo y 12 de diámetro; y están hechos de tal manera que son compactos y no se desintegran tras ser lanzados desde los helicópteros, es decir, no se desarman y pueden ser tragados por las ratas sin problema. Además, mediante técnicas especiales estos pueden llegar a los lugares más complicados como acantilados o bajo las piedras. Para ello se ha ensayado diversas artes de lanzamiento para no dejar ningún rincón isleño sin el veneno.

Lamentablemente, habrá un daño colateral pues seguramente muchas aves y otros residentes de las islas morirán también. Según Martin, “sabemos que debemos poner atención en las cerca de 30 especies de aves que anidan en la isla, por lo que intentamos minimizar los daños colaterales”. Así, para evitar un desastre ecológico, donde el remedio es peor que la enfermedad, se ha tomado una serie de medidas. Además, felizmente, la gran mayoría de aves en cuestión son marinas y se alimentan exclusivamente de peces.

Adicionalmente, para iniciar el “ataque” se espera que la sesión de anidamiento y de crianza haya pasado y que los pichones ya estén lo suficientemente grandes. Pese a todo, se tiene siempre presente de que algunas aves sucumbirán ante el bocado. Los casos más preocupantes son una especié endémica de pato y un Págalo Subantártico (Catharacta antarctica). Este último es un ave de la Familia Stercorariidae a la que pertenecen los Salteadores, aves de altamar que visitan las costas del Perú y que no son residentes. Son especialistas en perseguir a otras aves para arrebatarles su presa. Así las cosas, con respecto al par de especies críticas de las Islas Georgia del Sur, lo único que queda es esperar que, tras la matanza generalizada, estas logren sobrevivir y aumentar su población en mejores condiciones (sin roedores).

Felizmente, así toda la población isleña de los Págalos muriese con esta operación, se estima que estas aves regresarían posteriormente, ya que los especímenes jóvenes no anidan en estas islas. Adicionalmente, se ha podido constatar, en la etapa de prueba, que los patos endémicos de las Islas Georgia del Sur, regresaron al poco tiempo tras descubrir que los terrenos estaban libres de ratas. Sin embargo, claro está, debe pasar bastantes años para que la población original se recupere.

Matar al 99,9% de las ratas es un fracaso

Para aniquilar totalmente a las ratas, el veneno debe tener características especiales y la dosis debe ser exacta para que, tras la primera ingesta, la rata muera inmediatamente. Estos invasores son muy astutos e inteligentes, ya que si al primer mordisco el veneno les sabe algo inusual o les es sospechoso, son capaces de darse cuenta y de dejar de ingerir su inducida merienda mortal. Su comportamiento hará que sus congéneres hagan lo mismo. En ese caso, el proyecto habrá fracasado.

Una cosa es reducir o diezmar una población al mínimo y otra cosa es exterminarla totalmente. Lo último es lo más difícil (no obstante, el hombre es experto en esto). Si se extermina el 99,9% de las ratas y se encuentra luego a algunas de ellas que sobrevivieron, la operación habrá fracasado. En ese escenario, solo quedaría esperar y estimar cuánto tiempo necesitarán estos roedores para volver a retomar sus dominios. Según Martin, se calcula que en las islas viven cerca de un millón de ratas.

Estas iniciativas no son nuevas, dado que ya han sido hechas en diversas islas del Atlántico para liberarlas de especies invasoras y dañinas como ratas, cabras, sapos, cangrejos u otras; no obstante, en esta oportunidad se trata de una isla de mucha mayor extensión. La isla principal de este archipiélago tiene 160 kilómetros de largo y en promedio 30 km de ancho.

Los “cazadores de ratas” iniciaron la cacería en el 2012 y estarán en actividad hasta el 2015. El periodo del año elegido para lanzar por helicóptero las “minas” mortales va desde inicios de marzo hasta finales de mayo. Toda la operación cuesta cerca de 9,2 millones de Euros y es financiada mayormente mediante donaciones. Se espera que en tres años este grupo de islas, ubicadas en el fin del mundo, no tenga ni una rata.

Martin afirma que “no queremos irnos hasta que no hayamos acabado con la última rata. Tenemos la oportunidad de, en corto tiempo, solucionar los problemas que el hombre trajo consigo durante más de 200 años y de devolverle su estado natural a estas islas”. Suerte muchachos. Sin embargo, me preocupa —y no he leído aún nada al respecto— cómo se hará para que las ratas no regresen. Supongo que algo habrán pensado.

Pero regresando a la ardilla, más adelante hablaré sobre especies exóticas, introducidas, invasoras y otras. Este simpático animalito no es oriundo de Lima. Ha sido introducido intencional o involuntariamente y ahora invade la capital peruana. Esto les puede parecer “lindo” a muchas personas, pues las ardillitas son simpáticas y juguetonas, pero su presencia podría poner en riesgo la existencia de especies ya asentadas y propias de la ciudad. La presencia de esta especie exótica debe ser tomada en cuenta.

Es por eso que debemos estar alerta ante casos como el anterior y como el de la Liebre Europea (Lepus europaeus) que, luego de haber conquistado el sur de Sudamérica, ya se encuentra en el sur del Perú (Arequipa, Cuzco, Puno y Moquegua) y no parará hasta conquistar todo el continente americano, salvo la Amazonía (alta y baja) que al parecer es una barrera infranqueable. Las liebres ya dominan las partes altas y los espacios abiertos (valles interandinos, pampas andinas y otros espacios). Y como las ratas de las Islas Georgia del Sur, la liebre europea llegó a nuestro continente para quedarse. Su presencia traería bastantes problemas. Ya los veremos.

Abril 2013