jueves, 20 de junio de 2013

¿POR QUÉ OPONERSE A UNA CARRETERA EN TIEMPOS DE INCLUSIÓN SOCIAL?

A propósito del Proyecto de Ley N° 1035/2011-cR que propone declarar de necesidad pública y de interés nacional la conectividad terrestre de la ciudad de Puerto Esperanza con la ciudad de Iñapari, agrego un par de puntos para echarle más leña al fuego. Es necesario mirar más allá de intereses cortoplacistas y aprender del pasado sin encapricharnos en posturas muy férreas. Esto no significa que se deba tolerar a falsos profetas y a vendedores de sebo de culebra; ni que debamos esperar a la divina providencia para que solucione nuestros problemas.   


Ojo, no es cuestión de oponerse a una carretera por estar en contra de una iniciativa que, en un primer momento, podría parecer una opción razonable para una población aislada geográficamente de la “civilización” en tiempos de inclusión social. No se trata tampoco de oponerse tajantemente a la necesidad de ofrecerle mejores condiciones y alternativas duraderas a miles de compatriotas. Tampoco se trata de encapricharse y dejarse llevar por la inercia conservacionista del “no tocar” y tratar a algunos espacios como intocables porque allí viven animalitos y arbolitos. No. Y mucho menos se trata de solamente querer conservar los bosques amazónicos porque son los “pulmones” del planeta (el cual es un argumento débil y enclenque). 

No, así no es. Y no creo que yo ayude a solucionar este tema con mi firma digital en una u otra página web. Mejor escribo lo que pienso. Además, ¿cuántos peruanos saben dónde diablos queda Puerto Esperanza?, ¿Cuántos saben qué es un parque nacional, una reserva comunal o una reserva territorial y para qué sirven? Empecemos por brindar información y elementos de juicio a los que se interesan por el tema. Ya luego, cada uno sacará sus propias conclusiones.   

Necesitamos usar el raciocinio, aprender de experiencias pasadas, comprender realmente el territorio y el entorno en el que se da este caso, escuchar a las poblaciones involucradas y mirar al futuro con propuestas cuerdas que permitan hacer bien las cosas. No tenemos todo el tiempo del universo para seguir despilfarrando esfuerzos innecesarios, ni para dejar pasar alternativas sostenibles que nos deparen un mejor futuro.

Por supuesto, todo lo anterior debemos hacerlo sin dejar de luchar por cambiar también mentalidades, con el firme propósito de demostrar que sí se puede dejar en el planeta mentes capaces de identificar con certeza lo que nos conviene; y de recoger las enseñanzas del pasado para tomar buenas decisiones.

Recordemos que el mencionado proyecto pretende unir la capital de la provincia de Purús en el departamento de Ucayali, Puerto Esperanza, con la ciudad de lñapari en la provincia fronteriza de Tahuamanu en el departamento de Madre de Dios, mediante una carretera o una línea férrea. Al margen del tema legal que indica que este proyecto violaría la Ley de Áreas Naturales Protegidas y su reglamento; que vulneraría los derechos de indígenas en aislamiento voluntario y el proceso de consulta previa; que no tiene un respaldo local mayoritario; que la bendita carretera no es de interés nacional y que diversas comisiones del Congreso y expertos han opinado que no es viable bajo ningún aspecto; este es un tema que debe alertarnos sobre los modelos de desarrollo que estamos pensando para el país.

No es un capricho oponerse

Lo importante de resaltar en esta polémica es que la oposición al proyecto de ley no busca imponer un “capricho” de los “ecologistas”. Y como me considero parte de ese grupo humano que, entre otros, defiende el uso racional de nuestra diversidad biológica, pienso que es necesario sacar a relucir argumentos sólidos para demostrar que, en este caso, no conviene construir una carretera de más de 300 kilómetros que no llevaría progreso alguno (término entendido bajo la mirada más simple y “occidental” de llevar alimentación, salud y educación) a una población indígena que ya ha elegido otro estilo de vida.

Los purusinos desean vivir como siempre lo han hecho. Los que deben adaptarse al entorno son los que llegan y los que, en teoría, llevan consigo impactos positivos. Esta población mayoritariamente nativa afincada en el territorio de un país llamado Perú desea (y merece) recibir los beneficios que implica ser un ciudadano peruano. Al mismo tiempo y bajo este último concepto, nuestros compatriotas de Purús están también obligados a cumplir sus deberes como ciudadanos. Uno de ellos es preservar su entorno. 

Los que nos oponemos a la carretera pensamos que es un grave error pregonar que tener una vía asfaltada es sinónimo de progreso. Muy por el contrario, una carretera mal planificada puede ser el catalizador de una serie de desgracias. La presencia latente de colonos malintencionados, de narcotraficantes, de traficantes de madera, de cazadores furtivos, de mineros ilegales e informales y de gente que está esperando para arrasar con uno de los últimos rincones amazónicos bien conservados que nos queda, trayendo además consigo violencia, prostitución, alcoholismo y más lacras sociales, es una razón suficiente para no precipitarse y actuar sin pensar.

Forzar lo innecesario

La población purusina está concentrada casi en su totalidad (poco más de 3500 habitantes) en Puerto Esperanza y está conformada principalmente por pobladores indígenas. De esta población, tan solo una minoría (menos de 1000 personas) es la que está solicitando la carretera; y de ellos, casi todos son colonos. Por otro lado, la mayoría indígena se opone a la conexión terrestre (carretera o ferrocarril) y lo que solicita es la conexión aérea con Pucallpa mediante vuelos cívicos más frecuentes.

A todo esto, no debemos perder de vista el accionar del párroco de Puerto Esperanza, Miguel Piovesán, quien estaría jugando en pared con personas a las que les interesa un bledo la conservación y el buen uso de los espacios amazónicos y que solo quieren explotarlos irracionalmente. Este italiano es un lobo disfrazado de cordero que ha adoptado con suma facilidad lo peor de nuestra cultura: la repulsiva “criollada”. Así, imita a muchos “gringos”, quienes en su intento de mimetizarse en nuestra sociedad también la adquieren. Además, desde su casi intocable posición de “guía espiritual” se cree dueño de la verdad y se autoproclama vocero de las mayorías purusinas.

A este señor hay que frenarlo en seco y no permitir que utilice su investidura para pregonar intereses ajenos y dañinos. Es tiempo ya de pasar a la acción. Los defensores de la integridad de la zona debemos ponernos las pilas y contraatacar. No es posible que Piovesán domine el territorio mediante una radio que maneja a su antojo y desde donde se despacha a su gusto. Ante la falta de información y ante la desinformación, el primero que agarra el micrófono o dice algo, gana. Esto debe cambiar.

Propongamos soluciones

Es cierto, estamos frente a un caso de aislamiento, pero dicha situación puede ser bien aprovechada. Se podría impulsar la zona como un destino único para el turismo especializado y para la investigación científica. Así, se podría “vender” Purús como un paraíso al que solo se puede llegar, desde el Perú, por vía aérea. Esto le daría un mayor atractivo, pues se consideraría a este hermoso lugar como un destino remoto y como una especie de isla en un mar selvático.

Esta posibilidad podría traer consigo una dinámica socioeconómica que, bien manejada, tendría impactos positivos y obligaría a los pobladores de la zona a esforzarse también por mejorar su calidad de vida. Y es que tampoco pueden estar esperando que todo les caiga del cielo (aunque en este caso, es mejor que venga de ahí).   

La conservación debe dar réditos económicos para los pobladores locales, sino, la situación se vuelve dramática. Ya no podemos repetir la cantaleta de que es necesario hacer planes de acción para de acá a diez años. Necesitamos soluciones que den dividendos a corto, mediano y largo plazo y que a su vez garanticen la conservación y reposición de la diversidad biológica utilizando también la sabiduría local. Urge analizar con celeridad la posibilidad de poner en marcha diversas alternativas productivas sostenibles en el tiempo como los sistemas agroforestales, la piscicultura u otras actividades que ofrezcan soluciones y que generen progreso.  

Claro, todo esto sin dejar de evaluar su viabilidad, pues tampoco es conveniente crear falsas expectativas a la población local y luego desmotivarla con actividades que luego resulten ser un fracaso. Tampoco debemos crear “elefantes blancos”, es decir, construir, viveros, reservorios para peces y otras obras de infraestructura para que después de un par de años, no sirvan para nada. Eso aporta únicamente frustración y argumentos pro carretera.

Existe un plan de acción para la provincia. ¿Qué estamos esperando para ponerlo en marcha y para exigir que se cumpla?, ¿o es que estamos esperando que Piovesán lo bendiga y que nos confiese a todos? De ser así, prefiero que Dios no nos coja confesados para hacer algo más por Purús. 

Junio 2013

Artículo publicado en la versión online de la Revista Rumbos:

lunes, 10 de junio de 2013

¡A PAJAREAR QUE EL MUNDO SE VA A ACABAR! (Parte 2)

Continuando con la entrega anterior y enlazando el tema con el Birding Rally Challenge Nor Amazónico 2013 paso a abordar algunos puntos relacionados a la observación de aves. Como ya se ha mencionado, existen diversos e innegables impactos positivos del aviturismo, sin embargo, es necesario también revisar algunos impactos que podrían ser negativos si no se toman en cuenta. Así por ejemplo, como se sabe, muchas aves son muy sensibles a la presencia humana y al ruido. Es por eso que se aconseja que los grupos de pajareros no tengan más de diez personas.

Muchos podrían pensar que con el Rally se viene una avalancha de pajareros que irán “en mancha” a ver aves. No es así. En esta ocasión participarán seis equipos (dos de Estados Unidos, uno del Reino Unido, uno de España, uno de Brasil y uno de Sudáfrica), cada uno conformado por cuatro integrantes. Según la dinámica del Rally, cada equipo anda por separado con uno o dos guías locales en busca de la mayor cantidad de registros, por lo que su presencia no es tan invasiva, es decir, no van todos juntos y en tropel buscando aves. Es importante saberlo para evitar malentendidos.   

En todo esto, el rol del guía es muy importante. Su experiencia, su conocimiento del lugar y de la avifauna, su manejo de grupo y hasta su carisma son fundamentales para minimizar las perturbaciones al hábitat. Un guía que no esté bien formado y que sea informal e improvisado puede ser un factor perturbador que debemos evitar y si es necesario, alertar a otros pajareros para que no vuelva a ser contratado. A veces, por querer quedar bien con el “cliente” se cometen algunas faltas como abusar de los play – back, ahuyentar a las aves para que se les pueda ver volar, guiar a más de diez personas para ahorrar costos y tener otras malas conductas en campo. La culpa no es solo del guía, sino también de la empresa turística y de los que no reclaman.

Por ende, la formación de buenos guías es imprescindible para fomentar el aviturismo (y el turismo en general) y para consolidarnos como un destino atractivo. Y es en este aspecto en donde el papel de las empresas turísticas especializadas, del Estado como ente regulador y de los usuarios mismos es fundamental. Se debe educar en buenas prácticas, tanto a los guías como a los turistas, pues estos últimos también, no siempre son conscientes de su propia conducta en el campo. Adicionalmente, los usuarios deben ser exigentes con lo que se les ofrece y reclamar (a las agencias y utilizar las redes sociales) en caso sea necesario. Solo así nos veremos obligados a mejorar.

Código moral

Los birdwatchers, en general y con honrosas excepciones, toman en cuenta algunos lineamientos para reducir impactos y apoyar a las economías locales. Asimismo, ponen especial énfasis en el particular cuidado que se debe tener con especies amenazadas y sensibles; en la contratación de empresas certificadas, de comprobada calidad y comprometidas ambientalmente (y con buenos guías); y en la necesidad de contribuir en la medida de lo posible con la comunidad mediante la educación ambiental  y el apoyo para preservar los espacios naturales y darle un uso sustentable y sostenible en el tiempo.

Este código de ética no está escrito que yo sepa; y creo que no es necesario redactar alguno. Tampoco es que este esté en los genes de los birdwatchers. No. Simplemente son patrones de conducta mínimos que se sustentan y cultivan en la pasión y en el respeto a la naturaleza. En otras palabras, estas “normas” de conducta responden más a un código moral. Solo uno mismo es consciente y responsable de lo que hace; y puede evaluar si lo que hace es correcto o no lo es. Claro está, existe una minoría que lo deja de lado. No todo es perfecto.   

Pajareando, investigando y progresando     

Mediante la observación de aves, además de saciar un creciente mercado y de impulsar en algo la economía local, se aporta información para la investigación científica. Esta última es un elemento fundamental para nuestro desarrollo. En ese sentido, los datos que se recoge en campo son muy valiosos y aportan a la construcción de hipótesis que explicarían qué está sucediendo en el planeta, a la vuelta de la esquina o incluso en nuestro techo. Adicionalmente, las aves son unos eficientes indicadores biológicos que nos “informan” sobre la salud y el estado del medio ambiente; y que nos pueden dar luces sobre medidas ambientales a tomar en cuenta, por lo que su presencia o ausencia en un lugar determinado es para tomar en cuenta.   

Por otro lado, hoy en día, con la tecnología existente, es más fácil registrar, por ejemplo, puntos de avistamiento mediante el uso de GPS para establecer posibles rutas de migración, analizar los rangos de distribución de una u otra especie de ave, entre otros fines. Asimismo, se puede tomar fotos de alta resolución para reforzar la identificación de aves o para comparar diversos tipos de plumaje en distintas épocas del año; y se puede grabar con alta fidelidad los cantos y llamados de la avifauna para conocer más sobre su conducta. Estos y otros datos de primera mano pueden ser compartidos en las plataformas virtuales en tiempo real para que sean de dominio público y sobre todo, para que puedan ser utilizados. 

Y así también, con los nuevos avances de disciplinas como la filogenética y la biología molecular se puede “ordenar la casa”, es decir, hacer un “saneamiento” —de ser necesario— de la taxonomía ornitológica. Hoy en día es posible saber con mucha exactitud si el ave X es un nuevo registro para la ciencia o si finalmente no lo es y más bien se trata de una subespecie de un género y especie ya existente; o tal vez se trata de una nueva especie o incluso de un nuevo género. Adicionalmente, mediante estas disciplinas se ha logrado clasificar de manera más precisa a algunas aves que fueron consignadas en familias, géneros y especies de manera equivocada y sobre las cuales existían dudas. Esto es tan solo una pincelada de todo lo que se puede hacer con el aporte de los pajareros. Lo clave es pajarear y seguir apostando por la investigación científica en todos los ámbitos.   

Reputación, rigurosidad y honestidad

No puedo pasar al siguiente punto sin dejar de mencionar que es muy importante la rigurosidad científica para cualquier trabajo de investigación. Es por eso que existen reglas muy estrictas para evaluar la información que se obtiene y comparte. Así por ejemplo, utilizar información de una persona de dudosa reputación como pajarero o incluso como investigador, no es una alternativa. Me explico. Si Fulano dice haber visto a la especie X en el lugar Y, habrá que tener en cuenta sus antecedentes y saber de su accionar en el campo de la ciencia, pues tampoco cualquier dato puede ser tomado como verdadero. En el mundo científico, se debe ser estricto. Felizmente los charlatanes, improvisados y mentirosos no tienen cabida y ya están plenamente identificados.

Ahora, es necesario separar a los observadores de aves aficionados y a los investigadores que ven aves. Los primeros no comparten necesariamente sus datos porque no lo ven necesario, pero cuando lo hacen pueden aportar al conocimiento científico. En el caso de los segundos, mediante publicaciones científicas, reportes, elaboración de listas y otros elementos sí aportan al estudio de las aves y de su entorno. Todo conocimiento y aporte suma. Lo importante es hacer las cosas bien y con honestidad.

Y el ganador es…

Para ir acabando, intentaré responder un par de preguntas que muchos se hacen sobre el Rally. ¿Los equipos no hacen trampa al momento de reportar el número de aves que han visto? y ¿Por qué no participa un equipo peruano? Antes de eso, es necesario explicar de manera muy general la dinámica de esta “competencia” ornitológica. Cada equipo sale con todos sus miembros siempre juntos a pajarear, acompañados de un guía local que los lleva a los puntos donde se tiene más probabilidad de ver aves. Los birders registran todas las aves que ven. Para esto ya han recibido un checklist  con todas las especies que puede haber en toda el área por donde se realizará el Rally.

Al final del día, un jurado (conformado por expertos peruanos) evalúa cada uno de los registros de los seis equipos. Así, cada día del Rally tiene un puntaje para cada equipo y al concluir la competencia se suma todos los resultados parciales y de ello sale el ganador. El detalle está en lo siguiente: la honestidad y la ética. Ningún pajarero participante en este evento incluiría alguna especie de ave que no haya visto. Eso es impensable y es una cuestión de honor. Todos los participantes se tienen confianza entre sí y no están preocupados si sus rivales van a hacer trampa. Algo tan simple es vital para esto y a su vez es un ejemplo de confianza, algo que nos falta en el Perú.

En resumen, en esto no hay sacadas de vuelta, ni vivezas. La idea final es promocionar una excelente ruta para ver aves e ir preparando “la cancha” para los otros grupos de pajareros que vengan más adelante. El premio para el ganador es lo de menos. Ver aves endémicas, raras, emblemáticas y amenazadas no tiene precio para los birders. De eso se trata. Y no participa un equipo peruano por tres posibles motivos: o porque es dueño de casa y tendría ventaja sobre los otros; porque no estamos preparados todavía para este tipo de competencias o porque tenemos tan pocos pajareros que escoger solo a cuatro traería posibles reclamos y resentimientos. Escojan la respuesta que crean conveniente.    

Sobre los equipos:

El objetivo del Rally es que renombrados observadores de aves de los principales países emisores de turistas como Estados Unidos y el Reino Unido experimenten y divulguen lo que significa observar aves en Perú y en sus áreas naturales protegidas. Esta estrategia complementa los llamados Famtrips especializados que no alcanzan dicho objetivo.

Se invitó a Sudáfrica porque es un país que tiene bastantes aficionados a las aves y porque en el 2006 un guía sudafricano fue el principal impulsor, junto con Inkaterra, de las primeras competencias de observación de aves o Big Birding Days en el país, tanto en Machu Picchu, Lima, como en Tamboptata. Posteriormente, algunos guías de Inkaterra participaron, en el 2007, en algunas competencias en el país africano con algunos de los miembros que hoy forman el equipo de los Zululanders. Invitarlos es una manera de homenajearlos.

En el caso de España, se vio por conveniente invitar al "Campeón de Europa". Además, hasta la fecha, ningún equipo ha batido el record del Tramuntana Birding Team en este tipo de competencias en Europa, por lo que era conveniente tener a un equipo con algunos de los mejores pajareros del mundo en “nuestra cancha” (considerada como una de las mejores en el planeta) para que luego divulguen su experiencia en Perú. Los brasileños del equipo Ararajuba fueron invitados por ser los vecinos con los que estamos conectados por la carretera Interoceánica Sur, por medio de la cual se podría abrir un gran mercado turístico.

Los equipos estadounidenses, los e-Birders y los LSU Trigrisomas Team, están conformados por grandes conocedores e investigadores de nuestras aves por lo que no podían faltar, pues, aunque sea difícil de aceptar, muchos de ellos conocen más de nuestras aves que nosotros mismos; y juntos con los ingleses del Forest Falcon, representan a dos de los mercados más grandes de birdwatchers.

Para saber más al respecto, revisar: http://www.birdingrallychallenge.com/2013/index.html

Mayo 2013

Publicado en la versión on line de la Revista Rumbos:




¡A PAJAREAR QUE EL MUNDO SE VA A ACABAR! (Parte 1)


A pocos días del inicio del Birding Rally Challenge Nor Amazónico 2013 en nuestro país, no puedo dejar de escribir estas líneas. Del 9 al 20 de junio los pajareros de varios países recorrerán los departamentos de Lambayeque, La Libertad, Cajamarca, Amazonas y San Martín para, entre otros, promocionar la Ruta Nor Amazónica. Los puntos de partida serán el Santuario Histórico Bosque de Pómac y el Refugio de Vida Silvestre Laquipampa en Lambayeque.    

Si bien es cierto que el siguiente texto no está dedicado a ahondar en los detalles del Rally que se viene, sin lugar a dudas, regresaré tangencialmente a este importante suceso ornitológico para complementar parte de lo que paso a exponer. Todo esto sin dejar de mencionar que durante la concepción de esta segunda experiencia internacional de aviturismo y la evaluación en campo de los destinos, salieron a la luz algunos intentos de desprestigiar los dos sitios de donde justamente partirá el Rally, así como la quebrada de Frejolillo en Piura; para promover justamente un lugar en Lambayeque que no ha sido tomado en cuenta en esta interesante aventura pajarera. Esa es otra historia, sobre la cual ya se sabrá algo adicional más adelante.

Sobre la observación de aves, se ha escrito bastantes líneas al respecto, tanto para describir en qué consiste esta fascinante manera de hacer ecoturismo, cuáles son sus beneficios, así como sobre los principales lugares en el país para ir a pajarear. Mi intención es hacer un breve recuento de lo que ya ha aparecido y agregar un par de datos para entender mejor cómo es que se está desarrollando esta disciplina y cómo está ayudando a promover la investigación científica en el Perú.

A todo esto, ¿cuáles son los beneficios o los impactos positivos de la observación de aves? Existen varios. En primer lugar, los conocimientos de los pajareros y sus expectativas por ver una u otra especie genera una conexión provechosa con la diversidad local o regional. La gran expectativa y afán que despierta observar en su medio natural especies difíciles de ver por ser raras, de distribución restringida o altamente amenazadas o una mezcla de todo lo anterior, hace que el observador de aves esté dispuesto a pagar más de lo que haría un turista promedio. Esto es un motivo para que muchos pobladores locales “vean con otros ojos” su entorno y lo preserven para recibir beneficios económicos.

Claro, todo lo anterior puede darse, siempre y cuando no haya otras iniciativas abusivas que jalen agua para su molino de manera injusta y abusiva; o que los operadores turísticos no tomen en cuenta la necesidad de dejar o invertir parte de sus ganancias en los lugares que visitan. Ahora, también en esto, los pobladores locales (y el Estado) deben organizarse y poner reglas claras para poder entrar al juego y recibir beneficios. Deben invertir algo de tiempo y dinero para ofrecer buenos circuitos (mantenimiento, señalización básica, guías locales) y satisfacer las demandas (bienes y servicios) de los visitantes; y si es posible hacer que se queden la mayor cantidad de tiempo allí; y sobre todo hacer lo posible para que regresen y recomienden el sitio.  

Cuando los pobladores de una u otra localidad perciben el entusiasmo con el que los pajareros e investigadores salen al campo; sienten de cerca el amor, respeto y aprecio que los foráneos tienen a la naturaleza (en este caso, a sus terrenos) y a su preservación; y cuando los pobladores locales se sienten útiles y valorados por conocer su tierra y fungir como guías locales para mostrar sus bellezas, ellos valoran o revaloran lo que tienen y sienten además que se les mete “el bichito de la conservación”. Este es un gran impacto, pues esta especie de osmosis puede ser el punto de partida de interesantes y sostenibles iniciativas de conservación, basadas en el uso responsable de la diversidad biológica.   

Revalorar lo que se tiene

Los birdwatchers e investigadores poseen, generalmente, un vasto conocimiento científico sobre la ecología del lugar que visitan, sobre su valor biológico y sobre sus necesidades de protección. Si a eso le sumamos su expectativa por ver aves y el conocimiento de la población local de su entorno, el resultado es altamente provechoso para la conservación de áreas que no tienen ninguna categoría oficial de protección. Existen diversas especies y poblaciones de aves que no se encuentran en territorios protegidos, es decir, en áreas naturales protegidas del Sistema Nacional de Áreas Naturales Protegidas por el Estado (SINANPE) o en áreas complementarias al mismo, como las áreas de conservación privada o de conservación regional; por lo que son vulnerables a impactos severos si no son conservadas. El conocimiento científico, impulsado e iniciado por los observadores de aves, puede ser el punto de partida para sustentar que la zona reciba una categoría de protección y que debe ser tomada en cuenta para cualquier estrategia de protección local.

En torno a lo anterior, en el país ya han sido declaradas varias áreas de conservación privadas y se ha promocionado diversas iniciativas de conservación comunal y local. Además, el conocimiento ornitológico ha podido impulsar los expedientes técnicos para solicitar la categorización de otros espacios protegidos. El trabajo en conjunto de los pajareros, de algunas organizaciones no gubernamentales, de los científicos y de la población local puede promover el ecoturismo y la conservación. En esa dirección, se puede promocionar campañas de educación ambiental, así como la elaboración de guías de información que rescaten y plasmen todo lo que (aún) se puede ver, conservar y manejar de manera sostenible. Todo esto puede ser traducido en capacitación, formación y en empleo para la población local, con el fin de brindar alternativas para una mejora en la calidad de vida, con todo lo que este tan manoteado término implica.

¿Impactos negativos?

Al parecer no todo es color de rosa. Si bien no existe una certeza al respecto ni datos contundentes, sí existen estudios científicos que sustentan que la actividad de observar aves sí tendría algunos impactos negativos en algunas aves, en especial en la época de anidación y alimentación de los pichones. Los birdwatchers y los amantes de la naturaleza podrían perturbar a algunas aves (e incluso a otros animales) en su afán por ver y fotografías aves. Muchas especies son altamente sensibles a la presencia de humanos, en especial en los trópicos, donde además no existen muchos estudios al respecto. Los impactos de estas perturbaciones son complejos, difíciles de determinar y sobre todo, varía de una especie a otra; y varía en una especie, según el periodo en que se dé, es decir, en época de apareamiento, de anidación, de demarcación de territorio u en otra.

Así por ejemplo, muchas especies podrían abandonar sus nidos por temor a la presencia humana, lo que podría traer consigo la pérdida de los huevos por acción de un depredador. Adicionalmente, un ave puede abandonar el nido porque recibió un llamado artificial —conocido como play-back hecho con el propósito de atraerla (a un lugar visible) para que pueda ser vista o por lo menos escuchada. Adicionalmente, se le podría crear un estrés innecesario, cuyas consecuencias aún no son muy claras.

No obstante y como ya se dijo, no existen estudios certeros al respecto. Esto ha creado un debate entre algunos ornitólogos e investigadores. Sin embargo, lo más importante es actuar de manera conspicua en el campo y respetar todo lo que se tiene al frente, pues los humanos somos, en este caso, los invasores. Así también, somos conscientes de que nos falta investigación científica y que tenemos un arduo camino por recorrer. Por esto, recibir la visita de expertos siempre es bueno para captar nuevas tendencias y actualizar algunos conocimientos. Pero, ojo, no porque tal o cual persona sea un “gringo” (o “gringa”) significa que sea la o el gurú. Muchos de ellos nos venden sebo de culebra. Felizmente en el Perú tenemos bastantes buenos científicos y expertos nacionales.

En lo relacionado a la distancia para acercarse a un ave para verla, oírla y/o fotografiarla, existen también discusiones en lo relacionado a cuál debe ser la distancia. Así por ejemplo, dado que las aves “ven todo”, se recomienda usar una vestimenta sobria y de ser posible “camuflada” con el entorno. Para nuestra suerte, la tecnología moderna nos permite contar con equipos de foto y aparejos altamente recomendables para capturar imágenes y ver a las aves desde una distancia prudente.

Por eso es recomendable utilizar telescopios (y buenos binoculares), así como comportarse de una manera respetuosa con el entorno. Todo esto es harto conocido por los pajareros que conozco (felizmente) y de hecho por los “gringos” que vienen para este rally. Finalmente, esta disciplina es también un aprendizaje constante que nunca acaba (y menos en esta potencia ornitológica llamada Perú) y que debe ser transmitida a los pobladores locales y a todos los que tengan el interés de conocer a las aves.   

Esto continuará en la siguiente entrega.

PD: Aprovecho estas líneas para anunciar que desde la Unión de Ornitólogos del Perú (UNOP) estamos buscando la sede del IX Congreso Nacional de Ornitología que tendremos en el 2014. Revisen el siguiente link: https://sites.google.com/site/boletinunop/ix-congreso-nacional-de-ornitologia
Además, la oportunidad también es propicia para anunciar la próxima aparición, a más tardar a fines de junio del 2013, del Boletín Informativo de la UNOP, Vol. 8 N° 1. 2013, al cual podrán acceder entrando al portal electrónico de la UNOP: https://sites.google.com/site/boletinunop/


Mayo 2013

Artículo aparecido en la versión on line de la Revista Rumbos: