lunes, 20 de mayo de 2013

EL CÓNDOR NUESTRO DE CADA DÍA


El Cóndor Andino (Vultur gryphus) pudo haber sido nombrado “Ave Nacional” por lo que representa en nuestro colectivo cultural y por su conexión lógica con los Andes, sin embargo, no lo es. Nuestra ave nacional es el Gallito de las Rocas (Rupicola peruviana), pese a que es un ave común y que se le encuentra en Colombia, Ecuador, Perú, Brasil y Bolivia. Sin lugar a dudas, existen otras aves que deberían llevar ese distintivo. Eso traería una discusión sin precedentes en el país entre el todavía en pañales (o gateando) mundo pajarero y ornitológico peruano.

Empero, debemos tener en cuenta que el Cóndor Andino también habita en todos los países andinos (como su nombre lo indica), por lo que no es un candidato para representarnos como ave nacional. No obstante, todo esto debería pasar a un segundo plano, debido a que, antes de pensar en el Cóndor como candidato, debemos saber que es una especie altamente amenazada y que sus poblaciones en el Perú están disminuyendo. Y lo peor de todo es que, a la fecha, no hemos hecho casi nada tangible destinado a sentar las bases que nos permitan contar con una estrategia clara, consensuada, de dominio público (inclusiva, si se desea) para salvar a la especie alada de mayor envergadura en el planeta.

Sin embargo, sé que se está gestando una interesante propuesta del Ministerio del Ambiente capitaneada por la Dirección General de Diversidad Biológica (DGDB) para elaborar un Plan Nacional de Conservación del Cóndor Andino. Para tal fin, ya hubo una reunión a mediados de abril que fue también coordinada con la Dirección General Forestal y de Fauna Silvestre (DGFFS) del Ministerio de Agricultura. Esta primera reunión fue algo —lamentablemente y hay que decirlo— reducida en cuanto a la invitación hecha a los expertos en temas ornitológicos y específicamente en lo que al Cóndor Andino se refiere.  

No obstante y sin lugar a dudas, este primer paso debe ser aplaudido. Sin embargo, el plan que se pretende construir será mucho más efectivo si se incluye a otros especialistas y no se limita a tener la participación de unos cuantos. Y de paso, sería interesante anunciar esto en los medios de comunicación, no para obstruir este importante proceso, sino para llamar la atención de posibles cooperantes, gobiernos regionales y locales, empresas privadas (¿por qué no?) y otros actores que se comprometan a colaborar. No dejemos pasar esta oportunidad.

Así también, es de destacar que en los últimos meses, la prensa peruana ha publicado diversos artículos sobre las amenazas que se ciernen sobre esta y otras especies. Esto ha originado una cierta presión hacia las autoridades, lo cual es bueno. Debemos aprovechar la “viada” para hacer algo más por nuestra tan mentada diversidad biológica que es la base de, por ejemplo, la exitosa gastronomía peruana y de pujantes actividades económicas como la observación de aves, el turismo en las áreas naturales protegidas, entre otras.

Laberintos estatales

A todo esto, ¿Qué organismo vela en el Estado por nuestra flora y fauna? Esta pregunta simple tiene una respuesta algo compleja. No ahondaré mucho al respecto pero solo daré un par de pinceladas para entender un poco mejor el tema. Así, nuestra fauna y flora silvestre están en manos de la DGFFS que pertenece al Ministerio de Agricultura; nuestra diversidad biológica está representada en el Ministerio del Ambiente a través de la ya mencionada DGDB; y nuestras áreas naturales protegidas (que protegen también nuestra diversidad biológica) están a cargo del Servicio Nacional de Áreas Naturales Protegidas por el Estado (SERNANP) que es un organismo adscrito al Ministerio del Ambiente. No sigo para no marearlos.

Ahora, ¿coordina la DGFFS con la DGDB? Que yo sepa, no. Se argumenta que la primera sí tiene competencia sobre los recursos naturales y la otro no. ¿Coordina el SERNANP con la DGFFS? Solo lo estrictamente necesario porque son dos “jurisdicciones” distintas, es decir, el SERNANP dentro de las áreas naturales protegidas y la DGFFS fuera de ellas, pese a que son “vecinos” y que para la flora y fauna no hay límites jurisdiccionales.

Pese a todo este laberinto, los ciudadanos de a pie debemos apoyar al Estado para contribuir en su misión de garantizar la protección de nuestros recursos naturales. Es imprescindible reunir a los especialistas, informar a la mayor cantidad de personas y pasar a la acción desde la tribuna respectiva. Además, debemos tener en cuenta que, cuando hablamos de diversidad biológica, el término mismo encierra tres dimensiones: la diversidad de especies, la diversidad de ecosistemas y la diversidad genética. Algunos afirman incluso que la diversidad cultural podría estar inmersa en esa definición, pero esa es otra historia.

Es por eso que la conservación, el uso responsable, la generación del conocimiento, la promoción y todo lo que corresponde a nuestra diversidad biológica, debería estar a cargo de un solo ente y ese es, en mi opinión, el Ministerio del Ambiente con sus diferentes direcciones y órganos adscritos. Además, debe incorporar a la Autoridad Nacional del Agua (ANA) para cerrar el círculo. Por ende, esta iniciativa para conservar al Cóndor Andino debe estar liderada por el Estado pero incluyendo a todos los que en este tema tienen algo que decir. En todo caso, debe quedar en actas que se les invitó.

De cóndores y otros demonios

Uno de los argumentos que se utiliza para explicar el descenso de las poblaciones del Cóndor Andino es la llamada Yawar Fiesta que aún se practica en nuestros Andes, especialmente en los departamentos de Apurímac y Cuzco. Para ello, se captura cóndores que son puestos luego encima de un toro para representar el dominio andino sobre lo español. No incurriré en detallar esta celebración, pero sí creo necesario poner énfasis en que no se puede culpar únicamente a este rito como la amenaza más severa a estas aves y menos se le puede culpar a la novela de José María Arguedas, Yawar Fiesta, de esta situación.

Sin lugar a dudas, esta celebración genera impactos en las poblaciones de cóndores de la sierra sur ya que, si bien se libera a los cóndores tras este ritual, muchos de repente no sobreviven y otros mueren en el camino. Acá se evidencia otro de los principales problemas en la conservación de nuestra diversidad biológica: la falta de información y de investigación científica. No se sabe realmente cuántos cóndores mueren en el Yawar Fiesta, ni cuántos cóndores existen realmente en el Perú (y dónde están). Por eso, urge hacer estudios serios y no dejarnos llevar por posturas parcializadas ni por campañas mediáticas tremendistas sin sustento técnico.

Más peligroso para los cóndores es el envenenamiento directo o indirecto (ya que comen otros animales envenenados) que sufren por los pobladores andinos para que no ataquen su ganado, la pérdida de lugares donde anidar y la caza ilegal para venderlos como artesanía o para utilizar algunas de sus partes en la medicina tradicional.

Y por cierto, tal vez se pueda utilizar el Yawar Fiesta de manera inversa para concientizar a la mayor cantidad de personas sobre el Cóndor Andino y su importancia de conservarlo y de paso desmitificar el hecho de que son una amenaza sobredimensionada para el ganado. Es hora también de proponer acciones novedosas para combatir esta situación.     

Finalmente, recomiendo que en las futuras reuniones de coordinación en torno al Cóndor Andino (y a otras especies) inviten y acojan a algunos periodistas para incorporar desde el arranque (y no al final como suele suceder en casi todos los proyectos de conservación) el tema de comunicaciones. No hago lobby a mi campo de trabajo, pero creo que sí es necesario contar con una buena herramienta de comunicaciones que se geste desde el principio y que acompañe a todo el proceso para hacerlo más efectivo.  

Evitemos pues que la conservación de esta y de otras especies se haga exclusivamente a través de las redes sociales o que sea dirigida por unos cuantos. El Estado es el indicado para liderar todo lo anterior y todos debemos apoyarlo.

Abril 2013

Artículo publicado en la versión on line de la Revista Rumbos con fotos de Alexander More y de Michell León: 


EL ENCANTO DE VER PAVAS ALIBLANCAS EN ESTADO SILVESTRE


En Piura, específicamente en el caserío de Limón, la quebrada Frejolillo es un lugar idóneo y seguro para ver Pavas Aliblanca y disfrutar del bosque seco.

Hace unos días emprendí un viaje extraordinario a una quebrada piurana para apreciar a la Pava Aliblanca (Penelope albipennis) en estado natural. Para tal fin, estuve acompañado de cuatro especialistas con los que hicimos de esta pequeña travesía, una experiencia inolvidable que intentaré describir en estas pocas líneas. Primero, vayamos a los hechos. El lugar elegido para esta experiencia cautivante y muy emotiva es la quebrada Frejolillo, ubicada a unos cuantos kilómetros del caserío Limón en Piura.
 
Tener enfrente y a pocos metros un ave altamente amenazada y sobre la cual se pensó que estaba extinta —hasta 1977 cuando fue redescubierta por Gustavo del Solar y John O´Neill muy cerca de Frejolillo— es un hito inolvidable para todo observador de aves y para cualquier amante de la naturaleza. Así, según Dennis Osorio, especialista en aves y Asesor de Inkaterra, “la quebrada Frejolillo es un lugar excepcional para ver Pavas Aliblanca en estado silvestre, pues es de fácil acceso, no implica un esfuerzo muy agotador llegar hasta los lugares idóneos para ver estas y otras aves; y además está muy bien conservado. Por último, visitar el lugar puede durar un día, aunque lo ideal es quedarse por lo menos una noche para disfrutar al máximo este paraje y ver también algunas aves nocturnas”.

Gran parte de la quebrada en mención forma parte del Área de Conservación Regional (ACR) Salitral – Huarmaca, espacio protegido por el Estado que fue establecido como tal el año 2011 y que comprende parte de los territorios de dos distritos del departamento de Piura: Salitral en la provincia de Morropón y Huarmaca en la provincia de Huancabamba. Esta área de conservación complementaria al Sistema Nacional de Áreas naturales Protegidas por el Estado (SINANPE) y administrada —en teoría— por el Gobierno Regional de Piura limita con el departamento de Lambayeque y tiene una extensión de 49,021 hectáreas. El ACR Salitral – Huarmaca protege una porción bastante bien conservada de bosque seco de montaña y va desde los 150 hasta los 1300 msnm.

¿Cómo llegar?

Para llegar a este fabuloso rincón del país, uno de los puntos de entrada se encuentra cerca de la ciudad de Olmos en la antigua carretera Panamericana Norte (km 113) que une Chiclayo y Piura. Desde ahí se debe transitar por un camino afirmado (en buenas condiciones, salvo en época de lluvias severas) por cerca de una hora hasta llegar al caserío de Limón. Una vez allí; es necesario cruzar un campo de fútbol para llegar a la casa de Lino Rico, un guía especializado que conoce la quebrada como la palma de su mano.

Con el acompañamiento de Lino o de la persona que él designe, la garantía de ver Pavas Aliblanca en la quebrada Frejolillo está asegurada, salvo alguna situación excepcional. Dicho sea de paso, es recomendable avisarle a alguien del caserío las intenciones de ingresar a la quebrada y ver la manera de contar de todas maneras con un guía para mayor seguridad y para evitar malentendidos.

La diversidad biológica

De hecho, el principal atractivo del lugar es el referido a la avifauna. Aunque también es un lugar idóneo para conocer la flora y fauna de los bosques secos ecuatoriales. Y si es posible ir dos veces al año, recomiendo ir en marzo (después de lluvias) y en la época seca (julio – setiembre) para conocer la variación del paisaje y entender las complicadas dinámicas estacionales de este importante ecosistema.

Así, según Fernando Angulo, reconocido especialista en aves e investigador principal del Centro de Ornitología y Biodiversidad (CORBIDI), la quebrada Frejolillo “reúne una abundante avifauna típica del bosque seco y un gran número de especies endémicas de la Región Tumbesina y amenazadas. Así por ejemplo, destacan el Hoja-Rasquero de Capucha Rufa (Hylocryptus erythrocephalus), el Pecho-de-Luna Elegante (Melanopareia elegans), el Carpintero Ecuatoriano (Picumnus sclateri), el Trogón Ecuatoriano (Trogon mesurus), el Chotacabras de Matorral (Nyctidromus anthonyi) y el Zorzal de Dorso Gris (Turdus reevei). También se puede apreciar a la Paloma de Vientre Ocráceo (Leptotila ochraceiventris), a la Lechucita de Frente Anteada (Aegolius harrisii) y al Copetón de Corona Tiznada (Myiarchus phaeocephalus). Por último, también se puede ver especies de aves raras ya que tienen una distribución muy restringida. Este es el caso del Águila Solitaria (Buteogallus solitarius) y del Gallinazo Rey (Sarcoramphus papa)”.

Así también en este lugar se puede ver con suerte especies tales como la Macanche (Boa constrictor ortonii), Puma (Puma concolor), Vizcacha (Lagidium peruanum), Sajino (Pecari tajacu) y otras típicas de estos escenarios de cambiante dinámica como lo son los bosques secos. Además, se puede apreciar una gran variedad de insectos, réptiles y de plantas. Para eso, es necesario tan solo estar siempre atento a cualquier detalle y contar con un buen guía local. 

Para Michell León, fotógrafo especializado en naturaleza, este lugar es “el mejor sitio que conozco hasta ahora para poder ver y fotografías Pavas Aliblanca en estado silvestre. Esto, debido a las innumerables pequeñas quebradas que conforman Frejolillo, las cuales permiten posicionarse en lugares claves para capturar buenas fotos y contemplar la actividad de la Pava Aliblanca, así como de otras aves y animales típicos del bosque seco”. 

En los días que estuvimos en Frejolillo vimos un gran número de pavas e incluso algunas parejas con crías. Según nuestro guía local, Lino, se puede afirmar que en la quebrada habitan entre 40 y 50 ejemplares de ellas. Así, con el bosque rebosando de verdura y de vida, es imprescindible tener paciencia y buen humor, ya que a veces, dada la explosión vegetal, el avistamiento de aves puede ser algo dificultoso, pero nada más reparador que caminar y detenerse de vez en cuando a apreciar estos bellos escenarios bajo la sombra de Hualtacos, Frejolillos o de un Palo Santo.   

Sin lugar a dudas, Frejolillo es el destino ideal para traer grupos de “pajareros” que deseen ver a la Pava Aliblanca en estado silvestre y a todas estas aves; y para que puedan conocer este ecosistema algo olvidado y poco conocido como lo es el bosque seco. Además, el lugar es seguro y de fácil acceso.

Los pendientes

Por otro lado, Luis Ríos, Gerente General de Consultores Asociados en Naturaleza y Desarrollo (CANDES) y especialista en turismo, este lugar “tiene un enorme potencial para desarrollar un turismo que gire en base a la avifauna local y a la belleza paisajística. No obstante, para tal fin es necesario desarrollar aún más esta potencialidad mediante el establecimiento de reglas claras y de un cobro por el uso del espacio y por un guiado especializado. Si se capta ingresos económicos para uso de la comunidad, el lugar puede auto sostenerse y puede ser conservado”.

Adicionalmente, se debe trabajar en temas básicos como lo son la implementación de una infraestructura básica para alojar y darle algunas facilidades y comodidades a los turistas; el mantenimiento de los caminos; instalar una señalización mínima; y en el futuro un centro de interpretación. Así también, se debería ordenar la actividad ganadera, por lo menos en la quebrada Frejolillo, pues al turista no le gusta ver ganado por doquier.

Ahora, si bien el caserío de Limón está ubicado políticamente en Piura, su conexión real y comercial es Olmos y Motupe en la provincia de Lambayeque y claro, Chiclayo, capital del departamento de Lambayeque. Por eso es importante ver también la manera de articular este destino —especializado por ahora y exclusivo de los observadores de aves— a otras rutas turísticas. Para esto falta mucho, pero un primer paso es conocer y valorar la existencia de este lugar de gran belleza.

Limón y la quebrada Frejolillo son lugares seguros para ser visitados si se toma las previsiones del caso. El camino para impulsar el turismo especializado y para articular la conservación con el desarrollo local es largo, no obstante, tras este viaje estamos convencidos de que es posible lograr este objetivo.   

Tramo final

Así las cosas, si del cielo te cae limones, aprende a hacer limonada. Por eso, los pobladores de Limón tienen una gran oportunidad de obtener recursos económicos en base a un manejo apropiado y consensuado de sus recursos naturales. Es importante que en el caserío exista un tejido social bien estructurado y organizado, mediante el cual se establezca compromisos que sean asumidos como propios y que, por supuesto, sean cumplidos para su propio beneficio. Estamos frente a una iniciativa muy interesante donde se debería demostrar que la conservación, el uso y la promoción de la diversidad biológica sí pueden dar dividendos económicos que, bien invertidos, pueden mejorar la calidad de vida de los involucrados directamente y de manera sostenida. 

Y por último si visita este esplendido lugar y decide pernoctar aunque sea una noche, es posible que algunos pobladores locales le pregunten si ha escuchado o sentido en la noche la presencia o alguna manifestación de “El Encanto”. Sin embargo, no se preocupe por indeseadas presencias inmateriales del más allá. El único encanto es estar inmerso en este alucinante rincón del Perú donde el bosque seco lo envolverá en una imborrable experiencia que le permitirá gozar de la naturaleza y de una tranquilidad envidiable para entender por qué el Perú es un país privilegiado.   

Abril 2013

Artículo publicado en la versión on line de la Revista Rumbos con fotos de Michell León / CANDES: