miércoles, 30 de marzo de 2011

TAXI DRIVER PERUANO

Salí hecho una huaraca hacia la chamba. Otra vez estaba por llegar tarde al trabajo. Felizmente encontré un puto taxi que me cobró una tarifa módica. El taxista conocía a la perfección la mejor ruta pues tomó unas calles desconocidas para mí y llegué mucho más temprano de lo que pensaba. Desde que me subí, intentó meterme floro y hacerme diversos comentarios, sin embargo, cuando vio que saqué mi periódico y que recibí una llamada telefónica desistió de querer abordarme para entablar una tal vez amena conversación.

No sé si por venganza o ridiculez, cambió el dial para poner una maldita estación de radio con un tipo de música que me pone más irascible y amargado de lo que soy: nueva ola. Sin embargo, esta vez me armé de valor para decirle que por favor cambiará esa emisora radial de mierda que me ponía de mal humor con esa música endemoniada. Si bien el taxista aceptó a regañadientes y puso algo más decente (no recuerdo qué, pero era algo mejor) no desperdició la oportunidad para ametrallarme con preguntas sobre las futuras elecciones. Claro, me hizo la pregunta del momento: “y usted mister, ¿Por quién va a votar?” Antes de que soltará mi respuesta (creo que no le interesó escucharla), me dijo: “yo votaré por Ollanta".

"Y va a ganar maestro, acuérdate de mí. Por fin esta huevada va a cambiar, es la única manera”. Me quedé pensando en su respuesta (aunque yo no le había preguntado nada, pero era obvio que se lo tenía que preguntar), pero no por mucho tiempo porque el avezado chofer del taxi me aseguró que todo su barrio votará por el cambio. Y claro, en ese momento no tuve ningún argumento ni las ganas de rebatir dicha intención de voto.

Escuchando lo que me decía el taxista sobre la injusticia social, la falta del “chorreo” económico, las promesas incumplidas, los Congresistas vestidos de terno que nos asaltan de lunes a viernes en horario de oficina, los “marcas”, los violadores, el gas de Camisea, los candidatos “pacharacos” que desfilan por los programas de la farándula, la corrupción, la falta de mano dura, la decadencia de la política, los homosexuales, la “invasión” chilena, los antipatriotas y otros puntos que, ante esa diarrea verbal de nuestra política ya no recuerdo, mi cerebro no pudo pronunciar palabra alguna. Por eso (asumo) opté exclusivamente por darle la razón en todo al cultivado chofer.

Tras un instante de tregua, le pregunté al distinguido humalista si pensaba que estábamos mejor que antes. Su respuesta no se hizo esperar: “yo no sé tú (nos tuteábamos como grandes amigos, bueno él no tenía más de 30 años), pero mi familia y yo seguimos igual de cagados. ¿Por qué crees que hago taxi?” Claro, qué pregunta tan tonta. “Compadre, tú quieres que todo esto siga igual, no seas pendejo pe, ya nos toca a nosotros vivir mejor y tener algo más para llevarnos a la boca”. “¡Claro!” Dije yo, “es lo justo”. Al parecer mi respuesta no fue muy convincente ni sonaba muy convincente, pues al segundo, el taxista me clavó la mirada por el espejo retrovisor y me dijo casi gritando: “varón, ¿para qué pagas impuestos? No seas malo pe, esa plata nunca más la ves y todo se lo llevan los pendejos de arriba. Nosotros les pagamos todo”.

Me armé de valor y le contesté en tono desafiante: “¿tú crees que tu candidato no va a vender la patria a intereses extranjeros? ¿No te parece que lo que este maldito país necesita es salir adelante con su gente y con sus recursos de manera inteligente sin que nos metan la rata?” Mis preguntas causaron una carcajada.

Yo, muy indignado, reaccioné airado afirmando que la solución está en mantener el modelo económico actual con algunos ajustes. Añadí además que la culpa recae también en muchos de los peruanos que se las dan de vivos y que no tienen (o han recibido) educación y que además se la quieren dar de “pendejitos” (por fin nos pusimos de acuerdo en algo) jodiendo muchas de las cosas buenas que aún tenemos. El uso de estos argumentos poco consistentes y simples me permitió ir ganando tiempo mientras intentaba asumir este debate crucial para decidir mi voto.

El chofer me dijo —finalmente— algo que me devolvió la calma y me hizo mirar con optimismo el futuro (y me exoneró de seguir ideando otras razones para imponer mi voto). “Esta huevada va a seguir igual, pero en algo hay que creer y en algo debemos confiar para ver si salimos de esto”. Ilusionado con lo que se nos viene y esperando con muchas ansias ejercer mi labor ciudadana de ser un el puto secretario del Presidente de Mesa en las siguientes elecciones presidenciales, no oculté mi alegría y le dije al taxista: “compadre, a este país solo lo cambia un ataque extraterrestre que nos deje en ruinas y que nos obligue a reconstruir esta tierra de nadie”.

De esta a la otra esquina a la izquierda me bajo. Ok mister. Gracias compadre, cóbrate. Gracias y ya sabes, Ollanta ganará, te acordarás de mí. Claro chochera, ya veremos qué sucede. Di unos cuantos pasos y pensé que, pase lo que pase, si no cambiamos como sociedad, entre quien entre al Gobierno nos seguirá paseando.

Pero mi amigo taxista me dijo algo muy cierto. Algunas cosas deben cambiar si queremos que esto mejore. Me cagó el cerebro. Y ahora, ¿por quién voto?

Marzo 2011

domingo, 20 de marzo de 2011

LOS ASHÁNINKA (III)

En base al análisis hecho al pueblo Asháninka, existen diversos elementos que pueden sentar las bases para consolidar un desarrollo ambiental, el cual debe recoger los patrones culturales, sociales, el manejo de territorio, las adaptaciones al medio ambiente, así como la respuesta a los fenómenos políticos y sociales que se dieron en los territorios originales de los Asháninka. Los patrones indígenas y los patrones occidentales deben atravesar por un proceso de fundición para ofrecer alternativas de desarrollo que permitan alcanzar una mejor calidad de vida y un aprovechamiento de la gran diversidad biológica de la selva alta.

Tomando como referencia el conocimiento sobre el territorio y sobre las especies que allí habitan —el cual ha sido transmitido principalmente a través de la vía oral—, así como los actuales sistemas de clasificación taxonómicos (con todos los adelantos científicos), debería ser posible hacer un inventario biológico completo. Esto, con el fin de rescatar la información sobre la diversidad biológica que aún se puede encontrar en los territorios Asháninka, pese al alto grado de intervención y de degradación ambiental.

Dicho inventario debe permitir definir —tanto con el conocimiento ancestral como con el moderno— las especies que deben ser conservadas de manera prioritaria; aquellas especies de flora que pueden ser utilizadas según el tipo de suelo existente (terrenos deforestados, bosques primarios, zonas de inundación, zonas de producción) y las necesidades reales; las especies que podrían ser mejoradas genéticamente para ser utilizadas en actividades productivas; y finalmente las especies introducidas que se han adaptado al medio y que pueden seguir siendo utilizadas sin que representen una amenaza a las especies nativas.

Tal conocimiento debe ofrecer también la materia prima para investigaciones que determinen el establecimiento de áreas naturales protegidas de carácter local (si la ley lo permite), reordenar ciertos usos y permitir investigar especies biológicas de interés científico y recreativo. Bajo la premisa de que se conserva lo que se conoce, podríamos agregar también que se utiliza y aprovecha (racionalmente) lo que se conoce.

En el caso de los Asháninka, el contacto y la influencia con el mundo andino y occidental en general ha sido mucho mayor en comparación con otras comunidades nativas. Por tal razón, pueden ser considerados como un pueblo “bisagra” o de “piedemonte” por su ubicación geográfica. Dicha situación ha permitido también que se entremezclen muchos patrones de comportamiento en la cultura original Asháninka.

Dentro de la clasificación de la fauna, se encuentra diferentes niveles, los cuales responden a diversos criterios. En un primer nivel, se clasifica a los seres vivos según categorías estrechamente vinculadas a la cosmología (1) y al mito de origen. Es así como se clasifica a los animales como “buenos para comer” y como “dañinos”. En el segundo nivel, la clasificación está construida a partir del criterio de las formas de locomoción. En el tercer nivel se encuentra un sistema de clasificación general de toda la fauna (mamíferos, aves, peces e insectos).

En el primer nivel se puede definir algunos criterios útiles que podrían servir para un manejo del territorio y de los recursos naturales basados en el conocimiento tradicional. Se ha logrado identificar la llegada de las estaciones y de los movimientos migratorios de ciertas especies biológicas en base a la aparición de otras. Esto permite definir algunos criterios para la caza y la búsqueda de sustento. Así también, en base a las creencias Asháninka existe la idea muy acentuada de que si un cazador atrapa demasiados mamíferos o peces, este será castigado por la naturaleza.

Esta creencia podría ser aprovechada como parte de una educación ambiental utilizando elementos propios (que no dejan de ser ciertos a largo plazo). Para los Asháninka, los animales tienen dueños o padres, lo que determina el establecimiento de un espacio entre animales y hombres que debe ser respetado. Asimismo, se establece un sistema de donación (2), es decir, la naturaleza permite una relación con el hombre que regula su uso. Por último, esta clasificación establece que cada especie tiene una “contra” especie alternante en forma animal y humana, la cual puede atacar al infractor que comprometa la permanencia de los seres de la naturaleza.

A través del segundo nivel de clasificación, los Asháninka ordenan a los seres según su modo de locomoción y la capacidad para morder, estableciendo diversas categorías que incluyen a los animales introducidos (patos, cerdos). Esto permite entonces fomentar programas de mejoramiento de las técnicas de manejo y aprovechamiento de especies domésticas. El conocimiento tradicional permite también apostar por la inclusión de las mujeres como conocedoras y portadoras de prácticas para el mantenimiento de la estabilidad del hogar y de la comunidad.

En el tercer tipo de clasificación, los Asháninka clasifican las diferentes especies distinguidas por la nomenclatura científica occidental, siguiendo un modelo denominado, según Berlin (3), como prototípico. Esta consiste en reunir en base a una especie, a la que consideran más perfecta, las demás que se le asemejan morfológicamente. La especie prototípica es denominada “jefe” o “dirigente” y aquellas especies reunidas en torno son los parientes del “jefe”.

Esta clasificación, según Rojas, responde a los mismos criterios que se utilizan en el modelo del mundo social Asháninka. No obstante, es necesario mencionar que la especie “jefe” difiere de lo que se denomina “dueño” o “padre” de las especies, lo cual se basa en creencias mitológicas. Existen también especies solitarias que son denominadas “sin familia” ya que son distintas a las demás familias y además, según su morfología, no han podido ser incorporadas a ningún otro grupo. Un caso ilustrador es el oso de anteojos (Tremarctos ornatus), tal situación coincide con que este oso es el único en Sudamérica por lo que no existen especies similares.

En resumen, los modelos de clasificación de la flora y fauna difieren entonces al modelo de Linneo (4), sin embargo, son aplicados por los Asháninka para diferentes aspectos de su vida cotidiana. Es así como se debe aprovechar este conocimientos en la búsqueda de un mejor manejo de los recursos biológicos para lo cual, el apoyo de las técnicas occidentales está en la capacidad de brindar una base científica en pro de obtener mejores resultados. Asimismo, este conocimiento debe ser registrado para que no se pierda como producto de los cambios culturales y sociales que se vienen dando aceleradamente en la zona.

Adicionalmente, es importante rescatar el papel del jefe de familia o la figura del padre (dueño de los animales). Esta representación es importante para centrar el trabajo que se deba hacer con las comunidades nativas. Con el fin de buscar un acercamiento y la transmisión de conocimientos, es primordial definir de manera adecuada el canal de comunicación con los jefes familiares o los de la tribu. Y por otro lado, está la incorporación de especies no nativas al mundo Asháninka, la cual se ha dado en los últimos años y no ha colisionado en gran forma con sus modelos de clasificación, lo que puede determinar que sea posible un trabajo de mejoramiento de especies y de adaptación de otras técnicas productivas que mejoren su calidad de vida.

Por otro lado, en gran parte de los territorios Asháninka se ha dado una articulación espacial y económica que no ha ido acompañada de una articulación equivalente a nivel ideológico. Pese a la larga historia de ocupación de la zona, los procesos de cambio social más profundos apenas tienen más de 60 años, por lo cual el proceso de construcción de una identidad regional se halla aún en estado embrionario (5). En estos territorios existe una gran diversidad de orígenes étnicos, regionales y nacionales; diversos momentos de establecimiento y usos del territorio; así como diferenciaciones marcadas en las estructuras sociales que hacen que permanezca una cierta contradicción entre visiones y políticas globales con identidades colectivas muy marcadas.

Las identidades contrapuestas entre nativos y colonos que se produjeron como respuesta a la resistencia a la ocupación en sí, han acentuado la existencia de identificaciones muy marcadas a nivel local. Se debe diferenciar además a los colonos europeos y a aquellos procedentes de los Andes. Su presencia ha ocasionado una mayor partición del territorio y de la costumbres, formando un complejo mosaico de microidentidades. No obstante, los primeros en establecerse en la zona fueron los Asháninka por lo que ellos conocen mejor que nadie el territorio.

Y es así como rescatando los conocimientos tradicionales, las costumbres introducidas a la fecha y los nuevos conocimientos científicos, se puede establecer acciones para el desarrollo ambiental esperado. Pero para que la conjunción de identidades devenga en un desarrollo que beneficie a la zona, debe establecerse —en primer lugar— un respeto por las costumbres de cada grupo, para lo cual se debe revisar las actuales relaciones de subordinación y discriminación económica y política (6). Asimismo, se debe incidir en el mantenimiento de los procesos biológicos y de la diversidad biológica como requisito indispensable.

Los procesos de desarrollo socioeconómicos deben atravesar por el entendimiento de que, antes de cualquier política o alternativa de desarrollo moderna, existió un equilibrio entre el hombre y la naturaleza, el cual debe servir como “línea de base” para implantar nuevos usos y costumbres. Urge unir, incorporar (con respeto, es decir no imponer) elementos para el mejoramiento de la calidad de vida de los habitantes de la zona. El desorden y el mal uso de los territorios ya causaron estragos, es hora de remediar esa situación en una zona altamente diversa.

Diciembre 2007

(1) Rojas Zolezzi, E. “Las clasificaciones asháninka de la fauna del piedemonte centra: un caso de diferentes niveles de aproximación” en Bull. Inst. fr. études andines. 2003, 32 (1): 185-212.
(2) Idem.
(3) Brent Berlin es un antropólogo estadounidense que desarrolló, junto con Paul Kay, aspectos de la Teoría de Prototipos que ofrece una clasificación de elementos, dentro de los cuales se incluye las especies biológicas.
(4) Idem.
(5) Santos Granero F., Barclay Rey de Castro F. Ordenes y desórdenes en la selva central. Historia y economía de un espacio regional. IEP, IFEA, FLACSO – ECUADOR. Pag. 331. Lima. 1995.
(6) Idem.

domingo, 13 de marzo de 2011

LOS ASHÁNINKA (II)

Según sus propios testimonios, los Asháninka mantienen la visión que les fue transmitida por sus ancestros. Conocen a los dioses del mundo que tienen fuerza divina y que los vigilan permanentemente. Además, según sus creencias, solo los tabaqueros pueden conversar con ellos. Los antepasados fumaban tabaco para poder ver a los espíritus y tal vez conversar con ellos. En el mundo terrenal existen también fuerzas invisibles más fuertes que el hombre que pueden hacerlos perder la vida.

En cuanto a la concepción del mundo, el Dios Sol vivo siempre estuvo arriba. Como parte de su poder, desprendió parte de él y ese pedazo se asentó en las densas tinieblas y de manera gradual permitió que se fuese formando el mundo actual. Luego crecieron las plantas y todo lo que se ve en el monte. Posteriormente salieron los Asháninka que son hijos del padre Sol vivo.

Para los Asháninka, el agua es el aliento del Sol vivo. Este aliento rodea todo su territorio para que vivieran todas las aves, animales y toda la gente. El espíritu del agua es el aire por lo que el aire vuelve a ser agua. Para que el agua pueda regar la tierra, el Sol influye en esto y hace que el agua se introduzca entre dos rocas o cerros que se llaman Intanoni y Antamaraka. Una vez que el agua pasa por encima de la tierra, su aliento entra por otro extremo, entre dos rocas llamadas Omoro y Otsitiriko y vuelve a regresar a la tierra.

Por medio del aire, respiran y transpiran todas las plantas y todos los animales. Además, para los Asháninka, el mundo está sostenido por dos ejes. El Dios Sol vivo puso su eje para que no se vuele la tierra y para que la gente esté tranquila. Él puso los cerros Intanoni y Antamaraka por donde sale el agua para regar la tierra. El otro eje, por donde se hunde el Sol, está formado por los cerros Omoro y Otsitiriko. Los que sostienen estos ejes para que la tierra no se vuele son espíritus fuertes que son seres invisibles.

Estos espíritus se llaman Nabireri (debajo de Omoro) y Pachamama (debajo de Otsitiriko). Sosteniendo el otro eje están Inkari (debajo del Intatoni) e Inkami (debajo del Antamaraka). Estos espíritus cuidan también la salida y entrada del agua, limpiando las orillas para que no se obstruya la salida y para que su caudal siempre sea constante. Ellos no deben descuidar su trabajo, sino la tierra se ahogaría.

Para los Asháninka, algunos animales se comunican. Por ejemplo, el Cóndor Real, se comunica con el Gallinazo Negro. Ambas aves tienen un olfato muy desarrollado para detectar los animales en estado de putrefacción que conforman su dieta. El Cóndor Real detecta algún cadáver y baja a alimentarse de él. Luego le comunica a su amigo el Gallinazo para que también pueda comer. De la misma manera, el Asháninka los imita, pues cuando alguien de la tribu ve a algún semejante sin alimento, lo llama y lo invita a cenar.

Antiguamente, las plantas también eran personas. Hoy en día ya no se comunican entre sí. Asimismo, cuando el cielo está encima de la tierra, el Sol estaba más cerca y ejercía más influencia. Cuando existe maldad, el Sol se retira y todas las maldades empiezan a propagarse. Es por eso que la gente muere. El Dios Sol ha creado otro espacio para aquellos que mueren en la tierra.

Cuando sale el alma del cuerpo del muerto, esta debe saltar para pasar por medio del fuego ardiente; y cuando pasa este fuego, su alma se purifica. Luego de purificarse, esta alma se va a un espacio más allá de las nubes que es invisible. Allí habitan los seres más queridos que viven sin problemas.

Cuando muere la gente que comete actos malos en la tierra, su alma no puede pasar el fuego ardiente y tampoco puede ser aceptado en el lugar donde están las personas muertas que fueron buenas. Entonces, deben regresar al sitio donde están sepultados y se convierten en cualquier animal como un ave, un venado, un sajino u otro. En algún momento, los espíritus matan a estas almas para que no sean muchas. El espíritu de los tabaqueros también puede matarlos.

Los animales tienen su dueño. Por ejemplo, todos los animales que viven en el agua son dominados por un Tsomiri que es un ser invisible y al que a veces solo lo pueden ver los tabaqueros. Sin embargo, este ser adopta para el Asháninka una forma similar a una sirena que es muy bella. Ella enamora a los hombres y si estos la siguen, los desaparece. La única manera de que sus familiares se comuniquen con los seres que se van con Tsomiri es a través de los tabaqueros.

El Asháninka cree que para que los seres vivos de la naturaleza no los molesten deben dejarles algo, como por ejemplo el machete, fruta o coca. Deben dejar algo al dueño de los animales para que este los suelte y puedan ser cazados por los de la tribu. Por ejemplo, antes de pescar deben dejar algo al dueño para que les pueda dejar sacar algunos peces. Uno tiene que donar por ejemplo un racimo de plátanos para que el dueño suelte a sus crías (los peces). A los espíritus hay que darles para que den. Estos seres viven en las grandes cochas o en el monte.

Las mujeres que transitan por los lugares donde se encuentran esos espíritus y que tiene una sangre que le molesta al espíritu, este le quita la vida a la mujer. Esto porque la sangre de la mujer mata a los hijos del espíritu, entonces ella debe ocupar ese lugar en los sitios donde viven los seres invisibles. Asimismo, cuando una mujer acaba de tener hijos, no debe transitar por esos territorios porque su sangre aún no está purificada.

En la cultura de los Asháninka, la figura del tabaquero o la de los ayahuasqueros tiene un significado especial, tal como sucede en otras tribus indígenas. Muchos mitos, leyendas, creencias y verdades tienen como punto central a estas personas, las cuales están dotadas de poderes mágicos. Así también, estas personas saben cómo ver a los espíritus, cómo conversar con ellos y cómo determinar qué cosa es buena o mala, además de curar y garantizar que la vida en la tribu esté regida por algunas normas de la tradición oral.

En la tradición de esta tribu indígena la interacción con el medio ambiente es muy fuerte pues sus habitantes dependen del monte para poder sobrevivir. Además, todo se origina y “vive” allí. Si bien parece ser un territorio desconocido que no se puede ver, todo tiene su lugar y su motivo para estar allí. Es por eso que también existe un gran respeto hacia el entorno.

Reflexiones finales

Los Asháninka representan a la tribu indígena con mayor presencia en nuestra Amazonía. Si bien actualmente persisten muy pocas tribus que mantienen sus orígenes y que viven según sus usos y costumbres originales, esta etnia es muy importante pues nos muestra varios aspectos del proceso de desarrollo de nuestra sociedad a través de la historia.

Estos pobladores han tenido un contacto muy estrecho con el mundo occidental desde hace muchos años por lo que se ha producido ciertas fusiones culturales, económicas y sociales que han mermado la identidad del pueblo Asháninka, pero no la han desaparecido. Es así como se puede identificar aún la estructura original en esta etnia. No obstante, además del gran flagelo que significó la ola terrorista en la zona, este pueblo ha sabido mantener su identidad y luchar por lo que considera suyo.

Este último punto es importante, pues como lo demuestra su actual situación, el desplazamiento de muchas tribus como producto de la ola terrorista, implica la reinserción de cientos de Asháninka en sus zonas originales, ya que ellos mismos saben que pertenecen a “su tierra”. Salvo algunas excepciones de personas que adoptan las costumbres andinas o urbano-rurales, la gran mayoría de desplazados reconoce su tierra como el único lugar donde podrán vivir.

El largo proceso de ocupación de la selva central, territorio de los Asháninka, que se inició de manera irregular en el siglo XVII y que tomó cuerpo a partir de 1907 —que fue interrumpido en 1742 y reiniciado en 1847, adquiriendo un carácter masivo a partir de 1950— ha convertido estos territorios en un espacio regional. Esto diferencia a los territorios Asháninka de otros espacios amazónicos. El ordenamiento territorial en la zona se ha basado principalmente en criterios económicos que trascienden al interés personal y más bien adopta una visión económica – espacial.

Dicha visión —que tuvo su auge en la década del 70— fue interrumpida en 1988 con la incursión de los grupos terroristas. Actualmente, predomina el desorden como consecuencia de factores exógenos (migración desordenada, colonización, tala ilegal, narcotráfico, entre otros), los cuales despiertan y agudizan conflictos ya existentes. Dichos factores no han causado una alteración en las bases estructurales sobre las cuales se sustenta la economía de la zona, aunque sí ha dificultado la comunicación intrarregional sin mermar la articulación interna (1).

La articulación espacial de la selva central ha ido de la mano de una articulación económica que se manifiesta en a) la generalización de formas capitalistas de producción, distribución y consumo; b) la existencia de manera diferenciada de mercado de tierras, trabajo, bienes y servicios; c) la predominancia de un patrón productivo de carácter altamente comercial basado en tres productos y actividades principales: café, frutales, madera; d) la generalización de capitales como resultado de la diversificación espacial de las actividades productivas emprendidas por los grupos locales de poder económico; y finalmente e) el proceso de aglomeración económica en las zonas más consolidadas (2).

La producción y el comercio en la selva central dependen marcadamente del mercado para la venta de los productos y la adquisición de medios de subsistencia. Pese a esta dependencia y a las alteraciones que han producido la violencia y el terror en la zona, la selva central ha demostrado contar con una de las estructuras más estables en territorios colonizados. Es por eso que pese a que en la actualidad parecen surgir nuevas tendencias económicas y sociales, producto de los cambios a nivel nacional e internacional, la estructura en sí se podrá mantener. Es decir, su carácter de espacio regional diferenciado se seguirá imponiendo.

Es importante también identificar el contacto que hubo con los pueblos andinos, lo que evidencia los nexos que siempre han existido entre la Amazonía y los Andes. Es interesante también analizar el grado de asimilación en la cultura Asháninka de los elementos de occidente, el cual ha sido producto de diversas etapas económicas y sociales que se han dado en estos territorios.
Diciembre 2007

1) Santos Granero F., Barclay Rey de Castro F. Ordenes y desórdenes en la selva central. Historia y economía de un espacio regional. IEP, IFEA, FLACSO – ECUADOR. Pag. 331. Lima. 1995.
2) (idem)

domingo, 6 de marzo de 2011

LOS ASHÁNINKA (I)

Este grupo indígena es también conocido como kampas, chunchos y tampas. Originalmente se les encontraba en los territorios de los ríos Apurímac, Tambo, Ene, Pichis, Perené, un sector del Alto Ucayali y en parte de la zona interfluvial del Gran Pajonal. Los Asháninka se organizaban principalmente en pequeños grupos compuestos por cerca de cinco familias nucleares dirigidas por un jefe local.

Según el censo de 1993, los Asháninka era el grupo indígena más numeroso de la selva peruana, pese a que sufrieron la embestida del terrorismo en la década de los ochenta, lo que los obligó a realizar desplazamientos masivos a terrenos menos hostiles, produciendo modificaciones en la dinámica demográfica y cultural de esta sociedad. Según dicho censo, el promedio de habitantes por comunidad era de 171 habitantes. No obstante, existían asentamientos con menos de diez individuos y otros con más de 600.

Antes de la llegada de los españoles, los Asháninka mantenían relaciones con los pueblos andinos. Esto se evidencia a través del hallazgo de diversos materiales de uso común. Esta tribu empezó a ser evangelizada a partir de 1653 por misioneros dominicanos y franciscanos. En la cercanía de la Merced, los franciscanos fundaron la misión para los Campas y los Amueshas. Dicha ubicación era estratégica pues a través de ella, se podía controlar el denominado Cerro de la Sal, con el fin de dominar el comercio de las etnias en la selva central.

En 1640 ya se ubicaban siete centros en la zona de la Merced. Sin embargo, estos fueron destruidos por una rebelión provocada por la llegada de mineros españoles a la zona. En 1671 se restableció las misiones cerca del Cerro de la Sal y además se fundó nuevas misiones a lo largo del río Perené. En 1674 se produjo un levantamiento encabezado por el dirigente asháninka Fernando Torote, el cual al parecer, fue instigado por otra tribu indígena, la de los Piros. Esta tribu conocida por sus grandes facultades de comercio, ubicada en la selva sur, temía que los españoles bloquearan el intercambio de sal entre ellos y los Asháninka.

En 1709 se inició un nuevo intento de evangelización a cargo de un padre franciscano. De esta manera, en 1739 se construyó 38 misiones en el Gran Pajonal que incluían a más de 8500 nativos. Así también, los pueblos reducidos de los Asháninka sufrieron diversas epidemias lo cual, sumado a la rebelión de Juan Santos Atahualpa, ocasionó que los misioneros y colonos de la zona se retirasen.

Recién en 1869 la resistencia de los Asháninka en el valle de Chanchamayo sucumbió y es ahí donde se fundó la ciudad de La Merced cerca a la antigua misión franciscana de Quillazú. Sin embargo, las hostilidades continuaron en la zona hasta que se estableció la Peruvian Corporation en 1889. A esta empresa de capitales ingleses se le concedió 500 000 ha en las márgenes de los ríos Perené y Ené. Dicha situación significó el inicio de la penetración colonizadora de la selva central hasta la actualidad.

Ya en 1914, el valle del Perené estaba ocupado por más de 14 mil colonos, a su vez que en 1938, cerca de dos mil Asháninka ya trabajaban de manera asalariada para los colonos. En la década de los cuarenta, ante la presión de los nuevos pobladores y la incorporación de un gran número de asháninkas al mercado de trabajo, la ocupación de nuevas tierras siguió en aumento. De esta manera, se realizó varios desplazamientos de la población local a la selva central presionados por la colonización.

Adicionalmente, en los valles adyacentes al Perené se dio inicio al boom del caucho lo que instauró un régimen de esclavitud para los campa, en especial de mujeres y niños. En 1920 se inició un movimiento misionero por parte de los adventistas. En 1950 dicha labor fue continuada por el Instituto Lingüístico de Verano. A eso se le debe sumar que, a partir del año 1965, los Asháninka, en especial los del Gran Pajonal y los de Satipo, se involucraron en los conflictos armados a través de la incursión del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR) y del ejército del Perú.

Con la promulgación de la Ley de Comunidades Nativas en 1974, se le otorgó a los grupos indígenas algunas garantías sobre sus territorios. Es así como algunas de las aldeas que surgieron como producto de los procesos de contacto entre indígenas y colonos se acogieron a la nueva ley. Adicionalmente, ante la presión de campesinos andinos, fueron creados otros asentamientos en la zona, con lo que la presión hacia su entorno creció de manera un tanto descontrolada.

Entre los años 1986 y 1996, los Asháninka se vieron involucrados en la violencia que desató en la zona Sendero Luminoso y el Movimiento Revolucionario Túpac Amarú, a lo que se le debió sumar las acciones del Gobierno para paliar los avances de los subversivos.

La organización de los Asháninka

En cuanto a la descendencia de los Asháninka, esta es de tipo bilateral, es decir, se reconoce de igual manera las relaciones del lado paterno como materno. A través de esta estructura, el grupo está formado por todas las personas con las que la persona ha establecido un vínculo genealógico. La parentela es egocéntrica, esto implica que está constituida por la combinación de redes de parientes del padre y de la madre de la persona.

El parentesco en los Asháninka se caracteriza básicamente por diferenciar a los parientes en dos grandes categorías: consanguíneos y afines a la persona. En el caso de una persona, se diferencia en una primera instancia a los padres y a sus hijos. Luego se adiciona la generación de los abuelos y la de los nietos. Existe dentro de esta tribu la regla matrimonial a través de la cual, el individuo debe casarse “lejos”, es decir fuera del ámbito de las relaciones de consanguinidad y afinidad que se puedan haber establecido. Así también, existe la regla del “servicio de la novia” que señala que un hombre debe permanecer, luego de casado, en los territorios de su suegro por un tiempo indeterminado que generalmente se vence tras el nacimiento del primer hijo.

En el caso de que el padre de la novia sea un señor con mucho poder, como puede ser el jefe de la tribu o un chamán, este retendrá a sus hijos en sus dominios. Es así como un grupo de hermanos puede constituir el núcleo de un asentamiento Asháninka.

Este grupo indígena se interrelaciona por río o a través de las zonas ribereñas con un alto grado de movilidad espacial, debido a las áreas de cultivo itinerantes que tienen. Además, en los años 50, se estableció algunas escuelas bilingües, lo que originó que en esos lugares se formen centros poblados de mayor densidad poblacional. En los años 70, estos centros se convirtieron, debido a la titulación, en la base territorial para el reconocimiento de las comunidades nativas.

El proceso de titulación fortaleció a la organización de la comunidad, en donde además fueron creadas diversas federaciones, las cuales pudieron repeler el avance terrorista en los años 80. Si bien existieron grandes bajas en los Asháninka debido a las incursiones terroristas, estas organizaciones sociales no se desmembraron y continuaron siendo importantes para el mantenimiento de este pueblo.

El territorio Asháninka

Cuando se inició la titulación de las comunidades nativas a partir de 1974, las tierras de numerosas comunidades eran muy reducidas. Adicionalmente, las comunidades ya de por sí estaban muy atomizadas en espacios no contiguos. Además, el área de las tierras comunales, es decir aquel destinado para las familias de las tribus, era ya de por sí reducida.

La extensión promedio familiar de la tierra de los Asháninka en la provincia de Chanchamayo es de 17,9 ha. Pese a que inicialmente se le había otorgado muchas más hectáreas, tras los procesos de colonización, estas se fueron reduciendo. En ellas se realiza la agricultura que es la principal actividad económica de este grupo indígena. Los principales cultivos son la yuca, el plátano, el maíz, el maní, la sachapapa, el camote, el arroz, el fríjol, la caña de azúcar, los cítricos, la piña y otras frutas.

La agricultura comercial es hoy en día la principal actividad económica de los Asháninka, en especial en los valles de los ríos Perené y Satipo. Destacan también los cultivos de café y de achiote. La ganadería se ha ido acentuando progresivamente en la zona, pues cada vez son más los grupos familiares que la adoptan como actividad comercial. Este sistema de producción fue introducido por los colonos.

Otra actividad destinada a la obtención de ingresos económicos es la extracción de madera con fines comerciales, en especial en la zona del río Tambo y el Alto Ucayali. Además, muchos Asháninka trabajan como mano de obra en la extracción de madera. Finalmente, como actividad económica de relevancia se puede incluir a la caza de animales silvestres. En tanto, la pesca se realiza de manera individual y grupal para la obtención de proteína. Adicionalmente, se está criando aves de corral para complementar la dieta y para fines lucrativos.

Violencia y situación actual

El pueblo Asháninka ha sufrido bastante con la violencia en sus territorios. La presencia de los movimientos terroristas y de las fuerzas de represión ha puesto en el medio de dos fuegos a esta comunidad indígena. Esta problemática obligó al pueblo Asháninka a organizar una respuesta, la misma que se dio a través de diferentes mecanismos de vigilancia y control permanente para asegurar su supervivencia y la permanencia en sus territorios.

En 1990, Sendero Luminoso controlaba la totalidad del río Ene y gran parte del Alto Tambo. A partir de 1991, se organizó el autodenominado Ejército Asháninka, el cual logró rescatar a miles de prisioneros y recuperar gran parte de su territorio a mano de terroristas y cocaleros. Así también, se organizó, en los valles del río Apurímac, Ene y Satipo, las autodenominadas Rondas o Comités de Autodefensa. Posteriormente, con el apoyo de las Fuerzas Armadas, se pudo mantener en raya a los terroristas.

No obstante, el precio fue alto para los Asháninka pues murieron entre 4000 y 5000 personas entre los ataques terroristas, enfermedades o desnutrición durante su cautiverio.

Los pobladores que fueron secuestrados por los movimientos terroristas buscaron asentarse luego de su liberación en las comunidades que recibían a los refugiados. En esta situación, muchos Asháninka se vieron desplazados y se encontraron desamparados. Es así como muchas costumbres y estilos de vida se vieron modificados severamente. El impacto cultural fue muy severo pues se perdió el nexo con sus raíces y con su cultura original.

A esto, se le debe sumar los grandes problemas de hacinamiento, escasez de alimento y problemas de salud. Esta triste situación también creó un impacto en las costumbres originales de una gran parte del pueblo Asháninka. Pues de haber sido un pueblo casi nómada, estos se vieron obligados a convertirse en sedentarios con lo que muchas de sus costumbres alimenticias y culturales se fueron perdiendo progresivamente. Adicionalmente, el cumplimiento de las funciones de rondero y las acciones para asegurar la supervivencia, implicaba alejarse de sus costumbres y adoptar otros patrones de conducta.

Estos choques culturales fueron severos y se acentuaron ante la presencia de mecanismos totalmente lejanos a su cultura como las prácticas de los miembros del Ejército, las ollas comunes, los trabajos comunales, las prácticas militares y demás tipos de conducta ajenas a la cultura tradicional de los Asháninka. Estas comunidades de refugiados abarcan en la actualidad un conjunto de más de 300 o 400 personas, existiendo algunos con más de 1000 personas. En ellas se encuentra principalmente mujeres (viudas) y niños (huérfanos). Existe un déficit de hombres y de jóvenes de ambos sexos, ya que gran parte de estos murieron como consecuencia del terrorismo.

Muchos de los desplazados migran desesperados para proteger su vida y esto los obliga a modificar casi todos sus patrones de vida, teniendo que adquirir otras costumbres para sobrevivir. Las políticas de atención de este grupo, se caracterizan por ser de corto plazo. Sin embargo, pese a que pueden estar bien diseñadas en una primera instancia, no se ha aplicado políticas a largo plazo que asuman la reinserción adecuada a una zona harto intervenida y modificada.

Asimismo, los desplazados no son bien vistos por la población local que intenta incorporarlos en su estructura social. Esto se da principalmente en las zonas más pobres. Es así que se crean sentimientos de odio y envidia en muchos, así como de desprecio y de marginación. Los desplazados suelen ocupar el último nivel social.

Como ya se mencionó, la gran mayoría de los desplazados está conformada por mujeres y niños o jóvenes de temprana edad. En el caso de las madres, estas justifican su presencia para atender a los más pequeños. Los jóvenes, sin embargo, mediante el proceso de culturización, aspiran a una vida más moderna. Esta característica se asemeja a la inmigración andina hacia las grandes urbes de la costa, pese a que el nuevo medio es muy hostil para los emigrantes, debido a este que no les ofrece los servicios básicos ni les abre la puerta al mercado laboral.

Pese a esta situación, la transculturización continúa y es un problema que siempre ha estado presente y lo estará mientras no haya oportunidad para todos. Si bien, las causas del desplazamiento se deben al terrorismo que los hizo huir, pese a la férrea defensa que hicieron, tuvieron que emigrar. Existen muchos casos de pobladores que intentan regresar a sus territorios originales. El poblador Asháninka no busca socializar en un medio distinto al suyo. Su cultura y cosmovisión le permiten identificar el valor de los elementos fundamentales que su entorno les brinda.

En el caso de las poblaciones andinas, la migración se da para la búsqueda de un mejor porvenir, sin embargo, el Asháninka en general sabe que el mundo urbano o rural andino es muy ajeno a su realización familiar. Por esta razón busca regresar a su tierra. La vocación del desplazamiento en la Amazonia es un fenómeno temporal, pero que en algunos casos no puede ser detenido.
Diciembre 2007