sábado, 27 de febrero de 2010

ENTRE EL CIRCO Y LA REALIDAD

Para ver jirafas y elefantes en estado silvestre se debe ir a la sabana africana, o en su defecto, en nuestro medio, al circo o al zoológico. Para ver osos de anteojos en el país se puede visitar el zoológico. Sin embargo, si se quiere ver a este úrsido en estado silvestre, una posibilidad es visitar el anexo de Batan Grande perteneciente al distrito de Pítipo, provincia de Ferreñafe, en el departamento de Lambayeque.
Laura es un oso de anteojos (Tremarctos ornatus) hembra que hace cerca de cinco meses parió a Martina, una obediente cría que por ahora no se separa de su madre por nada del mundo. Ellas habitan unos empinados cerros ubicados en una zona de investigación científica en Lambayeque. Así, estos dos ─y otros─ ejemplares del único oso sudamericano son protegidos y estudiados por un equipo de personas liderado por la bióloga canadiense Robyn Appleton, con el fin de recolectar información científica de gran importancia para resguardar una de las zonas en el país con la mayor presencia de estos mamíferos.

Para tal fin, se viene trabajando hace más de dos años utilizando tecnología de punta que, de la mano del ímpetu y de la fortaleza de varios pobladores que viven en la zona de estudio, permite la recolección de información de primera mano. En este escenario el trabajo acertado de Appleton y de su equipo permitirá obtener de manera certera patrones de conducta de los osos, definir las rutas usadas durante el año, recolectar datos sobre la dieta y el uso del territorio, así como tener información exacta sobre los desplazamientos según las diversas épocas del año.

Con todos estos datos valiosos se pretende identificar también si existe una conectividad entre esta población de osos de anteojos con aquella que habita en el Refugio de Vida Silvestre Laquipampa (RVSL), ubicado en la parte alta del valle del río La Leche y donde los osos sí están protegidos, (pese a que aún hay mucho por hacer). De ser así, a las más de 8,00 hectáreas del RVSL, se le podría sumar cerca de 7,000 hectáreas que incluirían los territorios donde esta especie es estudiada por Appleton y su equipo. Dicha ampliación del RVSL sería una medida muy acertada ya que a la fecha, esta zona de estudio está rodeada de amenazas latentes traducidas en cacería y posibles invasiones de territorio por colonos, con todas las actividades que esto significa: tala, quema de bosques, agricultura y ganadería expansiva.

A quién madruga, Dios lo ayuda

Ver para creer. Nuestros dos guías, Javier y José, nos dijeron que debíamos salir al día siguiente a las 4 de la mañana para llegar al lugar donde posiblemente veríamos a la mamá osa con su cría. Tras una dura y extenuante caminata (que para los guías era una más de rutina) llegamos a un punto donde ya estábamos por tirar la toalla con nuestra incursión pues todo indicaba que ese día no veríamos oso alguno. No obstante, a eso de las 11.30 de la mañana, pudimos ver a lo lejos a Laura y a Martina caminando en una de las colinas de la parte inferior de la quebrada donde nos encontrábamos.

Dicha reparadora vista implicaba descender a paso ligero (con no pocos inconvenientes y riesgos) para intentar ver a los osos más de cerca, dado que estos se empezaban a movilizar a la quebrada vecina. El esfuerzo valió realmente la pena, pues tras casi dos horas del primer avistamiento, pudimos contemplar a estos fascinantes animales muy de cerca sin perturbar su accionar. La experiencia y el conocimiento adquirido de nuestros guías nos ayudaron a cristalizar este fascinante y arriesgado anhelo. Ver y escuchar a osos de anteojos silvestres no es algo que se hace todos los días y menos, a tan pocos kilómetros del mar.

Tras varios minutos de contemplación y de desmedida alegría luego del gran trajín, descendimos al campamento. Lo que quedó del día nos permitió asimilar poco a poco esta excelente manera de terminar la jornada. En el trabajo que se viene realizando a favor de la conservación del oso de anteojos es necesario destacar el gran compromiso asumido por los que colaboran con la ejecución de este proyecto. No es poca cosa permanecer varios días seguidos bajo el recalcitrante sol chiclayano con un acceso limitado al agua. Monitorear a estos mamíferos demanda un gran esfuerzo físico y no cualquiera está dispuesto a embarcarse en estos avatares.

Y todo esto ¿para qué?

El trabajo científico (serio y validado) nos ofrece resultados que permiten, por un lado, plantear algunas predicciones con un sustento sólido, y por el otro construir teorías que nos describen y explican situaciones reales, lo cual a su vez puede generar otras investigaciones. Necesitamos entender diversos procesos para tomar decisiones acertadas. Ya no estamos para probar nuestra suerte haciendo primar la improvisación y la “criollada”. Es hora de enfrentar los siguientes años con mano dura y con una visión a futuro planificada. Con un trabajo como el que se presenta se puede construir un escenario que beneficie a todos los involucrados.

Para tal fin, es necesario estudiar y conocer lo que se tiene para identificar qué debe ser conservado (y cómo es que debemos hacerlo), qué puede y debe ser utilizado por el hombre (bajo una visión responsable) y qué elementos culturales, sociales, económicos y hasta geográficos debemos tener en cuenta. Así, garantizando un espacio protegido para la diversidad biológica en esta zona del país en armonía con un trabajo basado en el apoyo de las comunidades locales, se puede generar beneficios.

En un valle como el del río La Leche, donde están ubicadas dos áreas naturales protegidas de suma importancia: el ya mencionado RVSL en la parte alta y el Santuario Histórico Bosque de Pómac, en la parte media y que alberga un gran patrimonio arqueológico que se fortalece con una identidad cultural; debe ser posible exigir un desarrollo integral. Este tipo de esfuerzos por conocer y entender mejor lo que nos rodea con miras a ofrecer un turismo completo en el valle —donde los primeros beneficiados sean los pobladores locales— requiere de un cambio en la formulación de, únicamente, metas a corto plazo, las cuales ya han demostrado que casi siempre nos llevan al fracaso. Debemos planificar a mediano y a largo plazo también.

Apoyar investigaciones científicas serias que van de la mano de un trabajo muy de cerca con las comunidades locales para explicarles lo que se viene realizando en sus territorios, a fin de que no se dejen sorprender por otros, implica dar algunos pasos para construir un mejor futuro. Con este trabajo y otros similares se hace patria y eso es justamente lo que necesitamos, o ¿a alguien le cabe la menor duda?

lunes, 15 de febrero de 2010

OPORTUNIDADES PERDIDAS EN TUMBES: FABRICAS SECAS EN EL BOSQUE FANTASMA

El Astillero de Tumbes.
Foto: Enrique Angulo Pratolongo
Hace poco concluí con la lectura del libro El Astillero del gran escritor uruguayo Juan Carlos Onetti, en el que el autor nos relata parte de la vida cotidiana de un grupo de hombres que administra un astillero que en realidad solo es un depósito donde no funciona nada. Es decir, los hombres tienen sus puestos asignados, sus sueldos están pendientes de pago, pero en realidad no hacen más que planificar cosas que nunca harán y se pasan todos los días dilucidando qué hacer mientras esperan que algo funcione o pase. En ese ambiente de alucinada situación suceden cosas tan humanas (burocracia, violencia, degradación, corrupción entre otras situaciones) que demuestran la decadencia de nuestra sociedad. Además, todo esto transcurre en Puerto Astillero, un puerto cercano a una ciudad imaginaria, Santa María. Hace días las magistrales páginas del escritor charrúa regresaron a mi mente cuando visité el caserío de Fernández Alto, perteneciente al distrito de Casitas, en la provincia tumbesina de Contralmirante Villar.

Tumbes es uno de mis departamentos preferidos y lo digo porque realmente me fascina andar por estas tierras que son el refugio de una inmensa diversidad biológica única y tan preciada. En un espacio (político) tan pequeño confluyen el mar caliente peruano, los manglares, el bosque seco y el bosque tropical del Pacífico. En esta porción del país, los bosques desembocan en el mar logrando que, por ejemplo, algunas poblaciones de monos estén muy cerca de la costa. Estas tierras son asociadas —lamentablemente y espero que esto cambie— únicamente con sus playas y con las conchas negras. ¡Tremenda equivocación!

Posee una diversidad biológica extremadamente importante que felizmente se encuentra parcialmente protegida en las tres Áreas Naturales Protegidas (ANP) ubicadas en sus dominios: el Santuario Nacional los Manglares de Tumbes (SNLMT), el Parque Nacional Cerros de Amotape (PNCA) y la Reserva Nacional de Tumbes (RNT). Las tres últimas ANP forman, junto al Coto de Caza el Angolo (CCA) —ubicado en Piura, en la zona fronteriza con Tumbes—, la Reserva de Biosfera del Noroeste.

Dado que la zona alberga una flora y fauna única que se encuentra exclusivamente en Tumbes, Piura, Chiclayo, parte de La Libertad y Cajamarca, así como en la parte sur del Ecuador, se ha acuñado el término: Región de Endemismo Tumbesina o Región Tumbesina como también se le conoce. Esta denominación identifica una zona de gran importancia biológica, dado el alto número de especies únicas (especialmente aves) que se encuentra en un espacio tan reducido. Cabe mencionar que existen varias regiones de endemismo en el mundo y que la Región Tumbesina es una de las más amenazadas del planeta.

Sin embargo, estas líneas no están dedicadas a abordar el tema de la diversidad biológica de Tumbes, no obstante, es una gran omisión no mencionarla. El fin de este texto es dar a conocer una situación que grafica parte de lo que sucede en este lugar y posiblemente en otros rincones del país. Así, tomando como referencia el libro de Mario Vargas Llosa titulado: "El viaje a la ficción. El mundo de Juan Carlos Onetti", me permito incluir una cita del libro: “Los críticos empeñados en ver en la novela (El Astillero) una descripción involuntariamente marxista de la lucha de clases y el fracaso del capitalismo nacional en el Uruguay, han descuidado un aspecto del subdesarrollo latinoamericano que no es económico, ni social sino cultural, algo que Lawrence E. Harrison describió magníficamente en un estudio célebre: ‘El subdesarrollo es un estado de ánimo’”. ¿Será esto cierto? ¿Será que no queremos salir de nuestro letargo? ¿Sucumbimos ante el clima, la mediocridad y la baja autoestima acostumbrándonos a seguir en las mismas?

El Astillero de Tumbes

Luego de dejar la ciudad de Tumbes y enrumbar hacia el sur, en dirección a Zorritos, tomamos un camino afirmado a la altura de Bocapan, el cual nos conduciría —en dirección opuesta al mar, es decir al este— a poblados como Trigal, Averia, Cañaveral, Casitas, Bellavista, Chicama, Férnandez Alto, hasta la comunidad campesina de Mancora en la frontera con Piura. Pero vamos por partes. Tras dejar la Panamericana Sur y adentrarnos en esa parte desconocida por muchos (y que es visitada por muy pocos foráneos, pues no es parte de un circuito turístico, ya que las playas son las preferidas) entramos a una hermosa quebrada que, conforme se aleja de la costa, se hace más húmeda y con ello más fértil.

Los pueblitos que atravesábamos (un domingo) se veían muy tranquilos y reposados ante el calor sofocante del norte. Llegamos hasta la zona de amortiguamiento del PNCA para luego bordearla y avanzar de forma paralela al parque (y al mar) disfrutando de excelentes paisajes. Al fondo teníamos a los cerros Amotape mostrando todo su esplendor verdoso. Así, continuando el viaje, llegamos a la quebrada Fernández donde se ubica el pueblo del mismo nombre, justo en la frontera del PNCA y del CCA. Dicha quebrada separa Tumbes de Piura y desemboca en la Panamericana Norte.

Nos detuvimos en Fernández Alto a beber algo de agua y me impresionó lo fantasmal que lucía (a pesar de ser domingo, el ambiente no cambia mucho en otros días y lo sé porque he estado repetidas veces en varios poblados similares en la zona). En medio de una conversa mientras nos refrescábamos, uno de los pobladores nos contó que existía un taller instalado con maquinarias nuevas para procesar alimentos y desarrollar una pequeña industria en la zona y un equipo de apicultura sin uso. En ambos casos, todo se hallaba en estado de inamovilidad permanente.

Los equipos provienen de la cooperación internacional con el apoyo o contraparte de los gobiernos locales (a los que generalmente se les termina cediendo toda la infraestructura). Su obtención —se supone— responde a las necesidades primarias de esos poblados, pero ¿quién determina qué necesitan?, ¿los pobladores mismos o las autoridades para salir en la foto? Es insólito cómo esos equipos, que deberían aportar ingresos a la comunidad, se deterioran con el paso del tiempo esperando tal vez que trabajadores y jefes fantasmas los manejen o que sean trasladados a ciudades inexistentes para funcionar.

Los únicos que han sacado algo de provecho son las alimañas (ratas, murciélagos y otras de dos patas) que pululan felices en estos lugares abandonados.Vimos además, espacios que fungían de oficinas, pero, oficinas ¿para qué? Me pareció estar visitando El Astillero. ¿Qué hacen o dicen las autoridades al respecto? Ahora que se vienen tiempos electorales seguro abrirán estos lugares para promocionarse y buscar votos de personas desesperadas y esperanzadas en salir de su estado actual.

Es importante que construyamos un mejor futuro para el país pero que también aprendamos a planificar y a identificar claramente qué podemos hacer para mejorar nuestra situación. Asimismo, urge analizar si lo que pensamos es sostenible en el tiempo, de tal manera que encontremos cómo abastecernos de la materia prima y de las capacidades técnicas y humanas para que realmente podamos sacar provecho. Las soluciones deben ser realmente eso, medidas que nos permitan solucionar problemas y no acciones que nos dejen como ineptos.

El viaje terminó con un suculento cebiche de mero en el pueblo de Mancora (tras recorrer la quebrada Fernández de este a oeste hasta desembocar en la Panamericana Norte). Este lugar se ha convertido en un conglomerado impresentable de puestos de artesanías y de chucherías, de restaurantes al paso y de toda clase de alojamientos y chinganas para pasar momentos de jolgorio asistidos por sustancias que incitan el debate sobre su legalización en el país. Mancora fue un sitio realmente paradisíaco, pero ahora es una de las muestras más claras de la improvisación, de la huachafería de nuestra gente, así como de la falta de previsión y de planeamiento de nuestras autoridades. Este balneario es una bomba de tiempo que en algún momento podría colapsar ante tanto hacinamiento humano, pero esa es otra historia.

Artículo publicado el 15 de febrero de 2010 en la versión online de la Revista Viajeros:

martes, 9 de febrero de 2010

DAS LETZTE JEVER (LA ÚLTIMA CERVEZA)

Edilberto deambulaba camino a casa por las delgadas y variopintas calles de esa maldita ciudad, tras una lujuriosa noche de excesos. Se tambaleaba al compás de un bolero desgarrador de Daniel Santos, “El Jefe”. La alegría en la triste noche de verano se entremezclaba entre el aire seco y el destino malévolo. Su cuarto, refugio de libros y esperanzas, y silencioso testigo de jornadas de farra y desbande, lo esperaba.

La calle paralela al río, llena de bares y pubs, era el sendero perfecto al infinito. Pese a la borrachera y al estado ácido de su mente, decidió tomarse una cerveza más para cerrar la noche con broche de oro antes de sucumbir ante su corta y jodida existencia.

Entró a un bar lleno de gente ubicado en algún extremo de la calle. Una hermosa chica tras la barra le produjo un sobresalto. Pidió una cerveza de su marca preferida. Aquella fiel compañera de incontables jornadas y pérdidas de conciencia, lo esperaba helada y amarga como siempre. Lo atendieron amablemente. Su acento la delataba. No era del lugar. Edilberto le preguntó muy cortésmente de dónde era. Ella le contestó, haciendo gala de una bella y encantadora sonrisa, que era albanesa. Su pelo era largo y negro azabache entremezclado con algunas mechas rojas. Sus ojos negrísimos y su piel tierna y fresca podían enloquecer a cualquiera. Se quedó ensimismado unos minutos más observándola. Pese al humo intenso de centenares de cigarrillos, expedía un olor sumamente dulce y cautivador.

El ruido del local era nulo, comparado con el vendaval de orquesta y serenata retumbante en su cerebro endeble y aturdido. Horas antes estuvo con Astrid y Jürgen enfrascado en un viaje intergaláctico de larga duración. Se habló lo mínimo, sólo detalles logísticos del vuelo. Cada uno viajaba, contemplando quizá, como los otros dos sobrevolaban galaxias desconocidas. Ninguno se atrevía a interrumpir el vuelo del otro. Sin duda, aquello era un acto verdaderamente solidario y fraternal.

Al parecer, Astrid asimilaba todo eso como un estado de relajamiento reparador previo al sesudo estudio, pues sentía que escapaba y descansaba de todo. Jürgen buscaba siempre experiencias al límite de la aventura y de lo desconocido. Edilberto estaba sentado en medio de los dos contemplando con asombro las facetas de sus dos compañeros astronautas.

Se observaban y hablaban telepáticamente. Las incontables horas de estudio compartidas, los hacía conocerse tan bien, que no eran necesarias las explicaciones. No existía ninguna atracción entre Edilberto y Astrid, sin embargo, Edilberto sospechaba que sí existía alguna entre Astrid y Jürgen. Al parecer Jürgen quería algo con Astrid. Edilberto lo percibió tras largos minutos de observación cautelosa y disimulada. Ella al parecer también se daba cuenta (de que la observaban y de que Jürgen quería algo más).

Mientras disfrutaba de su refrescante cerveza, Edilberto seguía con singular detenimiento el accionar de esta joven dama albanesa de olor celestial. Su cuerpo era esbelto y extremadamente apetitivo. Tenía movimientos ágiles, elegantes y de mucho garbo.

Le cambió el cenicero. Su sonrisa era sublime. Edilberto se sonrojó sin razón. Pidió otra cerveza. Su mente divagaba campante e hidalga entre un amplio espectro de imágenes. Al día siguiente tenía clases a las 11.15 de la mañana, aliciente suficiente para seguir tomando la noche como debe ser, es decir, combatiéndola en un bar libando. La música se impuso en el local. La chica apagó el televisor, mostrando su silueta de gatita nocturna.

Albanesa. Hablaba muy bien alemán. Seguramente era capitalina y estudiante de Germanística. Edilberto optó por preguntarle su nombre. Se inclinó y balbuceando, se lo preguntó de la manera más cavernícola existente. Ella, un tanto asustada y repelida quizá por el tufo a alcohol o por la cara de loco (¡Dios mío que cara de loco tienes!), se alejó unos metros y le dijo muy calmada, como midiendo, qué tan borracho estaba: Dorota. Aquel era un nombre eslavo y exótico para él, sin embargo, calzaba perfectamente en ella.

Dorota estaba de lo más jovial, preocupada solo por dar abasto a esta decena de bebedores noctámbulos. Al parecer, no se fijaba mucho en Edilberto pese a los esfuerzos (cada vez más ridículos) que hacía él por llamar su atención. Él dejó por unos minutos su cerveza y se dirigió al baño. Se detuvo ante la maquina expendedora de cigarrillos y compró una cajetilla de Marlboro rojo.

Orinó pacientemente con una mano apoyado en la pared para no desvanecerse, mientras pensaba en Dorota. La micción duró mucho más de lo normal, pues se quedó apoyado varios minutos disfrutando de suculentos pensamientos. Algunos delirios de grandeza y de superioridad lo hicieron recapacitar. Se lavó las manos y se mojó la cara para despabilarse.

Un olor a juerga, mala noche y sudor brotaba de su camisa y del cuerpo maltrecho por tanto desarreglo. No obstante, Edilberto decidió lanzarse a la conquista de Dorota y esperarla hasta que concluya su turno para invitarla a tomar algo. Mientras tanto, debía retornar a su puesto de caza. En la barra lo esperaba su solitaria botella verde de la amarga Jever. Al parecer, Dorota sí respondía vagamente a sus reclamos, pues le regaló una sonrisa de bienvenida muy tierna, la cual encendió sus más libidinosos pensamientos. Torpemente se agarró suavemente los testículos, haciendo evidente una vez más la falta de tacto y tino.

Sacó un cigarro y pidió fuego pese a que tenía un encendedor. Dorota lo atendió mostrándose muy complaciente. Ante la pregunta sobre su carrera, ella contestó fugazmente que estudiaba Germanística. Edilberto no se asombró. Ya sabía la respuesta. Reclamada por algún otro energúmeno, Dorota se alejó. De pronto se sentó a su lado una belleza también de por ahí. Una chica de lindura inexplicable que no era producto de las cervezas, era real. Esta jovencita, extremadamente bella, parecía agredirlo con su gracia y finos rasgos.

Conocía a Dorota, pues la saludó como si se hubieran dejado de ver hace pocas horas. Se dieron dos besos, uno en cada mejilla. Dorota le acercó un jugo de naranja, sin haberle preguntado si realmente lo deseaba. Edilberto perdió el habla por unos instantes y se limitó torpemente a observar como esas dos linduras, totalmente despreocupadas del ambiente de bacanal, murmuraban sonrientes, indescifrables vocablos. Su conversación fue breve. Dorota debía volver al trabajo y no quería evidenciar alguna visita en su centro de labores. La chica nueva volteo a observar a Edilberto y le dirigió una dulce sonrisa. Se sonrojó por enésima vez y no le quedó más que prender otro cigarro tambaleándose torpemente y buscando algo sólido en que apoyarse.

Se quedó pasmado ante tanta hermosura y por tanto derroche de luminiscencia y de olores angelicales. Dorota pasó al frente suyo y le dijo, casi como mortificada, te presento a Anastasia, una amiga de la universidad. Tras el acto formal de presentarlos, desapareció.

- Hola, soy Anastasia.
- Hola, soy Edilberto. Es un gusto conocerte.
- Igualmente.
- ¿De dónde eres?
- Yo soy de Moldavia.
- Qué interesante. ¿Y qué estudias?
- Romanística y francés.
- Sabes algo de español seguro, es muy parecido al francés.

Ella respondió en un español dulce y con un acento increíblemente seductor:

- Sí, hablo un poquito y estoy aprendiendo.
- Qué bien, entonces hablaré despacio.
- No creo que podamos conversar sobre español, pues no es tan bien el mío.

Los dos continuaron la conversación en alemán. Mientras ella se quitaba la chaqueta, Edilberto acercó solapadamente, como todo un caballero, su asiento lo más posible al de Anastasia. Se hallaba en un dilema jodido. Anastasia hizo olvidar a Dorota y a sus afincadas caderas. Al parecer, Anastasia no poseía tan escultural silueta, sin embargo, su rostro era aún más fino. Sus ojos eran verde turquesa y hechizaban a quienes osaban adentrarse en esa mirada de manantial. Su sonrisa era como una sinfonía de escalas atormentadoras, de esas que te persiguen toda la vida. A Edilberto se le fue toda la borrachera y su cerebro bajó campante a la tierra, pues se dio cuenta que acá estaba la batalla a librar con la búsqueda de lo supremo y ya no, en el espacio negro y lejano.

-¿Te gusta la salsa?
- Claro es mi música preferida, tengo varios discos en mi casa. ¿A ti te gusta?
- Sí, mucho. Vengo de una fiesta de salsa que hubo en la ciudad. No sé bailar muy bien pero me parece tan bonito y divertido.
- Es difícil, pero se aprende. ¿Quieres escuchar algunos discos en mi cuarto?
- ¿Por qué no? No sé si Dorota también quiera, le preguntaré.

Edilberto pensó repetidas veces en agradecer al Señor por este favor divino, o por este par de favores divinos bajados del cielo en forma de angelicales esculturas. No tuvo otro remedio que pasar a un whisky. Dorota se acercaba coquetamente cantando al compás de la música. Edilberto pidió un whisky y le guiño el ojo. Dorota hizo caso omiso de dicha galantería y sirvió el whisky con una pequeña yapa, ante el pedido insistente del afortunado parroquiano. Mientras saboreaba su trago, vio como Dorota se acercó a Anastasia, que bebía despreocupada su jugo de naranja, para planear seguramente cómo es que se entregarían a ese espécimen tan caballero y varonil. Incluso. Edilberto estaba seguro haber escuchado que entre las dos se lo disputaban. Él no es fácil así que les costará.

La medianoche se acercaba imparable como siempre. Edilberto maquinaba la estrategia perfecta para poder engullir a las dos europeas, que, según él, estaban en bandeja y serviditas por la divina providencia. Los antiguos dioses eslavos le habían mandado tremendo regalo en agradecimiento a su magnifica conducta. Pensaba en los bacanales de los dioses eslavos, chinos, fenicios, incaicos y de donde coño sean. El whisky inundó su garganta brindándole una magnifica ola de animo y calor.

Todo empezó a volverse más acogedor mientras conversaba con Anastasia como si se conocieran hace mucho. Edilberto la hacía reír. Cada sonrisa suya era como un resplandor violento y cargado de fósforo metálico ajeno a la irreparable y corta noche de verano. Los fantasmas boreales ya no circulaban y dejaban espacio para poder vislumbrar a las musas malditas de la inspiración. Anastasia clavó la mirada en los ojos desorbitados de Edilberto. Distintas líneas en el espectrómetro de su cerebro reconocieron colores de algunos señores alcalinos. Sus ojos verdes amatista lo encubrían volviéndolo indefenso. Ella tomó las riendas de la conversación. Él quedó hipnotizado y magnético, atento a sus reflejos cuánticos. El vaso de whisky se agotaba. La garganta se le secaba aceleradamente. Gotas de sudor surcaban su frente como alacranes amenazadores. La música desapareció. Su sonrisa ya no era dulce. Dorota pasó como un ión dejando un tufillo agrio e irreverente. Le invadió un ligero pánico. No podía desviar la mirada inquisidora de Anastasia, quien reía de manera desproporcionada a su lindura. Sus pelos se soltaban y sus facciones empezaban a tomar colores del espectro del bario. Edilberto se puso nervioso. Tenia que pararse e irse al baño, sin embargo, se sentía atornillado a la silla. Anastasia lo agarró de la mano y lo acercó hacía su aurora. Edilberto pensaba estar en algún orbital lleno de luces. Anastasia le susurró algo al oído. Sintió un calorcito embriagador. Sus labios secos se inundaron de néctar. Torrentes de sensaciones lo apuñalaban. Su cerebro se redujo a una cantidad catalizadora. Al día siguiente se despertó lúcido. Un dulce olor lo rondaba. No se bañó y se fue a clases. Eran las 11.15 a.m.

lunes, 1 de febrero de 2010

CONSUMIR HASTA REVENTAR EL PLANETA Y PAGAR PARA PROTEGER LA SELVA

En una de las tantas aristas de la problemática ambiental me pareció interesante enterarme de lo siguiente: si toda la humanidad adoptara el estilo de vida americano, el planeta solo tendría espacio para 1,400 millones de personas, es decir estamos hablando de toda la población de China (1,200 millones de chinos) más un par más de terrícolas. En estas líneas está inmerso un mensaje oculto que debe salir a la luz: debemos cambiar nuestro estilo de vida para buscar mitigar los impactos del cambio climático y frenar a largo plazo el calentamiento global.

En los Estados Unidos viven cerca de 308 millones de “gringos” que generan un impacto terrible en el mundo. Tras Copenhagen ha quedado demostrado el poco compromiso del Tio Sam en dar un giro significativo al problema que nos perseguirá hasta el resto de nuestros días (por lo menos de los que leen este texto). La humanidad galopa aplicadamente hacia la meta de lograr un aumento de 3,5° C de la temperatura global en los siguientes años. Esta cifra es terrorífica ya que si la comparamos con aquel aumento que se registró luego de la época industrial, lo peor está aún por venir.

Y si bien muchas naciones se esfuerzan en mandar a las Naciones Unidas sus planes de acción para combatir el calentamiento global —ante la calamidad de Copenhagen—, la meta de reducir el aumento de la temperatura global se ve muy lejana. Las ¿buenas? intenciones políticas no son suficientes. Hace falta un cambio en nuestros “discos duros” si queremos hacer algo por el planeta. Según algunos estudios, ya a partir de 1987, la humanidad estampó firmemente su “huella ecológica” en el planeta, es decir, sus demandas energéticas sobrepasaron las capacidades de regeneración del medio ambiente. En otras palabras, se utiliza más recursos de los que podemos obtener de la naturaleza.

Consumistas a rabiar

El autor del estudio de la “Situación del Mundo” del Worldwatch Institute en Washington, Erik Assadourian, afirma que actualmente el planeta, además de que solo tendría lugar para 1,400 millones de “gringos”, podría albergar a 2,100 millones de hombres con el estilo de vida europeo. Y según el estilo de vida de un tailandés o de un egipcio (el cual es más similar al nuestro), la Tierra soportaría a 6,400 millones de humanos. En la actualidad viven en nuestro querido planeta 6,800 millones de personas. Las Naciones Unidas estiman que para el año 2050 seremos 9,000 millones de seres hambrientos, sedientos y hacinados en un medio hostil.

Un europeo promedio utiliza diariamente 43 kilos de materiales como metales, abarrotes o energía, mientras que un estadounidense utiliza 88 kilos. Dos perros ovejeros en Estados Unidos consumen más recursos que un ciudadano promedio de la India. Un niño inglés o estadounidense puede nombrar con más facilidad figuras de la televisión que especies de animales o plantas. Es por eso que no debe sorprendernos que el 19% de estos niños, menores de un año, ya tengan un televisor en su cuarto. Desde chiquitos ya consumen más energía y recursos que varios cientos de peruanos.

En Estados Unidos se ha registrado que el año pasado, por primera vez desde la Segunda Guerra Mundial, la cantidad de autos chatarras descartados sobrepasa a los autos nuevos, es decir, el consumo de energía es brutal. Actualmente, se calcula que por cada cinco autos existen cuatro conductores. Ya en 1970 había más autos que conductores. Si bien en nuestro país estas comparaciones y cifras aún son lejanas, el creciente consumo y la aparente “buena racha” de nuestra economía están inflando las cifras. No estamos preparados para soportar un crecimiento acelerado del mercado automotriz y de las construcciones. Nuestra fiscalización ambiental y el manejo de residuos de todo tipo son incipientes.

Ayuda para la selva

Dada la complejidad del problema ambiental en el que está inmersa la humanidad, han salido a la luz propuestas con la mejor intención. Los países industrializados quieren aportar miles de millones de dólares para proteger los bosques tropicales. Sin embargo, debido a que no existen reglas claras en cuanto a la manera cómo es que se debe canalizar esta ayuda, este solidario intento podría traer más problemas que soluciones. Algunos expertos aseguran que el dinero podría caer en manos no deseadas. Los nativos y dueños del bosque deberían ser los que cuiden dichos territorios. Pero esta postura también es discutida. Al parecer no se sabe qué hacer, lo cual parece una broma de mal gusto.

Tras un pensamiento lógico y simple podemos deducir que, quien cuida el bosque, hace algo bueno por el clima mundial y por ende, por la humanidad. No obstante, dado que el cambio climático es difícil de ser cuantificado, la figura de la Reducción de Emisiones por Deforestación y Degradación (REDD) parece tener sentido, sin embargo, aún hay mucho por discutir al respecto. Esta iniciativa consiste, dicho de manera simple, en que los países industriales pagan para que los países en vías de desarrollo (como Perú) y cercanos a ser considerados como industrializados (como Brasil) protejan grandes extensiones de bosque.

Según Andy White, jefe de la Rights and Resources Initiative (RRI) —a la cual pertenece, entre otras, la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN)— ,“los Estados han prometido bastante dinero pero no se han puesto de acuerdo en cuanto a la estructura y funcionamiento del mecanismo REDD”. Esto es aún más evidente tras Copenhagen, ya que no hay reglas y procedimientos claros para traducir esta iniciativa a acciones concretas que realmente funcionen y que satisfagan a todos. Muchos científicos ya “han puesto el parche” estimando que algunos Gobiernos de los países donde se implementaría tal mecanismo podrían pisotear los derechos de los pueblos indígenas para recibir, como niños buenos comprometidos con la naturaleza, grandes cantidades de dinero.

Y no es poco dinero el que está en juego. Estados Unidos, Australia, Inglaterra, Francia, Noruega y Japón han prometido aportar más de 3,500 millones de dólares hasta el 2012. Además, es muy probable que este “pozo” siga aumentando. Es seguro que otros países se irán sumando a esta iniciativa dado que para muchas naciones, REDD es una manera efectiva de propiciar la conservación de las grandes masas forestales. Además, dicho esfuerzo les otorgaría una “buena reputación” que facilitaría su figuración como países comprometidos con el planeta y haría que queden bien ante las tribunas. Asimismo, esto los haría ver como países “verdes” para, tal vez, buscar futuras inversiones en otros lugares (se las saben todas). Adicionalmente, REDD podría poner en jaque a actuales proyectos millonarios de canje de deuda por conservación, lo cual pone nervioso a los que dirigen diversas iniciativas que ya están en marcha.

Faltan reglas

Para White, las reglas de financiamiento de REDD no están nada claras y eso podría traer problemas si no se norma este aspecto. Temas como la corrupción, la discriminación y el retiro de derechos a los pueblos indígenas podrían agravarse. Toda esta normativa debería proceder de un acuerdo climático global (Copenhagen), pero este no es el caso y quién sabe si algún día habrá un acuerdo de este tipo. Pese a todo, ya existen algunos esfuerzos aislados para buscar consensos como las propuestas hechas por Francia y Noruega, a fin de regular la protección de las selvas tropicales. Si bien estas no serían de alcance universal, dichos intentos podrían aportar pautas interesantes para actuar de manera rápida y efectiva. Países como Indonesia y Brasil están interesados en pasar de una vez a la acción.

Para los expertos de la RRI, solo un trabajo coordinado podrá hacer efectivo esta iniciativa. Asimismo plantean que las organizaciones locales deben ser fortalecidas y proactivas, es decir, se debe fomentar un sistema ágil y no burocrático. White afirma que “en las áreas forestales manejadas por los gobiernos se registra la mayor deforestación”. Muy por el contrario, “en las zonas manejadas por asociaciones comunales, existe menos tala”. Bajo este último modelo, al parecer, la deforestación en Brasil ha disminuido ya que muchos pueblos han determinado que ellos mismos protegerán sus bosques. Esperemos que realmente sea así.

Se escuchan voces que anuncian que pronto se podrá reglamentar la iniciativa REDD. Si bien esta propuesta podría aportar enormemente a la protección de los bosques tropicales, debemos estar atentos a las posibles consecuencias y reacciones que se originen. Un ejemplo que nos puede dar una idea de la necesidad de actuar rápido es el de Ecuador. Hace poco, su presidente, Rafael Correa, determinó que no se debe cerrar el proyecto petrolero estatal de Ishpingo-Tambococha-Tiputini en la selva amazónica, pese a que el Gobierno podría haber recibido una indemnización de cerca de 3,500 millones de dólares en 10 años. Sin embargo, Correa dijo que los países industrializados solo quieren que en el bosque vivan los pajaritos felices y contentos mientras que el pueblo se muere de hambre.

La empresa estatal PetroEcuador debe presentar el estado de las reservas petroleras para “salir” al mercado. La firma china Sinopec y la empresa brasilera competidora de Petrobras ya están interesadas. Queremos desarrollo, la pregunta es: ¿Cómo?, ¿Y la planificación? Bien gracias, o mejor dicho: no hay (gracias).
Artículo publicado el 01 de febrero de 2009 en la versión online de la Revista Viajeros: