miércoles, 20 de marzo de 2013

LA DELGADA FRONTERA ENTRE LO VERDE Y LO MENOS VERDE (IV)


En las tres entregas anteriores plasmé lo que, según Jared Diamond en su libro “Colapso”, sucedió y está sucediendo en la isla caribeña La Española, lugar donde por primera vez puso el pie Cristobal Colón en 1492 y donde hoy están ubicados dos países: Haití y la República Dominicana. Así las cosas, el artículo anterior abordó dos casos muy interesantes y polémicos: un par de dictadores que tenían algo de “ambientalistas”: Rafael Leonidas Trujillo Molina, alias “El Chivo” (1891 – 1961) y Joaquín Antonio Balaguer Ricardo (1906 – 2002). Ambos dirigieron parte de la historia republicana de la República Dominicana con mano dura (muy dura) pero con una conciencia ambiental determinante en el accionar conservacionista en esa parte de la isla.

Como se apuntó en líneas anteriores, en el caso de Balaguer, la consigna podría ser: “conserva pero mata y reprime”. La pregunta es: ¿habrá algo bueno que rescatar de todo esto? Sigamos sumergiéndonos en el ambiente caribeño de la isla. La deforestación de los bosques de pino autóctono fue intensa con Trujillo y, tras su asesinato, el control de los bosques se fue desvaneciendo. Esto ocasionó que esta actividad se diera de manera desenfrenada. Así, es recién con Balaguer que se pone mano dura para frenar la tala ilegal, sin embargo, en los periodos que el dictador estuvo fuera del gobierno, el control fue muy endeble y se siguió talando a diestra y siniestra.

Con la migración de dominicanos hacia la ciudad y con el éxodo de muchos de ellos al exterior, la presión hacia los bosques disminuyó considerablemente. No obstante, la deforestación se mantuvo muy fuerte en la frontera con Haití, ya que cientos de haitianos cruzaban (y cruzan) la frontera desesperados para hacerse, de manera furtiva, de árboles para carbón vegetal y para quemar bosques, con el fin de destinarlos a plantaciones. Y, según Diamond, a partir del año 2000, las competencias para la protección de los bosques pasaron de las fuerzas armadas al Ministerio del Ambiente.

Con esto, la protección de los bosques dominicanos pasó a ser menos efectiva en comparación con aquella que se dio entre los años 1967 y 2000 a manos de las fuerzas armadas, ya que la cartera ministerial es más “débil” y carece del financiamiento suficiente para darse abasto con este espinoso tema. Y no solo los bosques han sufrido el embiste humano, sino también, se ha sobreexplotado las costas marinas y los arrecifes coralinos del país. Todo esto ha ocasionado diversos y conocidos problemas ambientales. Por nombrar algunos, se tiene la pérdida de suelos, debido a la erosión, lo que acarrea una acumulación de sedimentos en los embalses de las represas; y la creciente salinización de los suelos, poniendo en jaque la fertilidad de muchos terrenos dedicados a las plantaciones de caña de azúcar.

Asimismo, la calidad del agua en la República Dominicana es cada vez peor debido justamente a la sedimentación y a la contaminación por productos tóxicos y por la acumulación y vertimiento de residuos sólidos. Adicionalmente, se ha extraído de manera abusiva arena y piedras para la construcción, lo cual ha aumentado drásticamente el deterioro de los ríos. Y no solo eso, como sucede también en muchos países de economía primaria, se ha utilizado (y utiliza) de manera indiscriminada pesticidas y fertilizantes ya prohibidos en otras partes del planeta por el grave impacto que tienen en el equilibrio biológico debido a las toxinas que contienen.

Los sucesivos gobiernos dominicanos han permitido que se utilicen estos productos químicos sin ningún tipo de control ni protección para los agricultores. Así, Diamond indica que en su visita a la isla se quedó intrigado por la poca presencia de aves en los campos agrícolas. La respuesta salta a la vista. A todo esto se le debe agregar la presencia de grandes industrias que contaminan con sus humos y con sus residuos tóxicos; y la utilización (aún) de vehículos obsoletos que contaminan por doquier. Asimismo, ya existen problemas con el suministro de energía (apagones); y la necesidad de obtener y poseer grupos electrógenos es grande, lo que trae consigo la quema de combustibles altamente contaminantes.  

Y siguen las semejanzas (con nosotros)

A los problemas anteriores es necesario agregarles otros, tales como la introducción de especies exóticas para repoblar espacios talados y desolados por huracanes. En esa lógica, se trajo a la isla diversas especies de árboles que crecen más rápido que el pino dominicano. Sin embargo, estas son propensas a varias enfermedades, a las cuales, la especie autóctona es resistente, no obstante, su presencia es cada vez menor. Por ende, las laderas y terrenos que han sido reforestados con especies exóticas podrían perder su masa forestal.

Adicionalmente, si bien la República Dominicana tiene una cifra media de incremento poblacional, la isla les puede quedar chica a los cerca de 11 millones de dominicanos. Todo esto trae consigo un fuerte impacto hacia el medio ambiente, debido a la necesidad de acceder a los recursos naturales y a la demanda de energía, agua, bienes y servicios. A esto se le debe agregar la creciente producción de residuos. Y no basta con eso, puesto que la influencia de la enorme cantidad de turistas que llegan, la propaganda invasiva de Puerto Rico y de los Estados Unidos, así como las nuevas tendencias mundiales, están convirtiendo a los dominicanos en unos “consumistas” desenfrenados.

Esto último es, creo yo, imparable y común en nuestros países, es decir, el consumismo. Además, la necesidad de “ser como los del Primer Mundo”  se ha acrecentado con la globalización, con los avances tecnológicos, así como con el ímpetu de las redes sociales. Esto no es gratis; existe un fuerte impacto en el medio ambiente y en la isla La Española, esto sucede de manera alarmante. La economía dominicana, basada en sus recursos naturales (primaria), no se da abasto para soportar esta situación.

Amenazas al SINANPE dominicano

Con todo esto, la red de espacios protegidos del país debe enfrentar todos los problemas anteriores. El conglomerado de 74 reservas de diferentes tipos (parques nacionales, reservas marinas protegidas y otras) cubre y protege la tercera parte del país. Esta red es un logro envidiable e impresionante en un país pobre, pequeño y con una alta densidad poblacional. Y, como ya lo mencioné, resulta sumamente interesante que su constitución haya respondido a intereses nacionales y que haya sido hecha y empujada por los propios dominicanos. No tuvieron que esperar que vengan los “especialistas gringos” a decirles qué hacer.

Pero claro, la pregunta que se hizo Diamond y que, indefectiblemente, debemos hacernos es: ¿Cuál es el futuro de esta red de espacios protegidos? Según el investigador estadounidense, la opinión de los dominicanos está dividida. Sin embargo, parece predominar el pesimismo y esto porque, para muchos, ya no existe una mano dura que proteja la red; no se cuenta con el debido financiamiento y los últimos gobiernos solo han apoyado su existencia sin estar muy convencidos de su utilidad.

A eso debe sumarse la existencia de cada vez menos científicos locales con la formación adecuada y el apoyo casi inexistente del gobierno a la investigación científica. El temor de muchos es que los parques nacionales y las reservas naturales dominicanas se conviertan en espacios protegidos solo en el papel. Pero no todo es pesimismo, pues el movimiento conservacionista local aún tiene presencia y empuje. Las ONG locales se enfrentan al gobierno por las posturas que este último adopta en contra de las áreas naturales protegidas dominicanas.

Empero, el futuro del país en general también es algo difuso según Diamond. La corrupción y los problemas de la economía dominicana parecerían haber puesto en jaque al país. La disminución de la exportación de la caña de azúcar, la devaluación de la moneda, la creciente competitividad de los países vecinos cuyos costos son menores, el endeudamiento del gobierno y otros factores, son los causantes de un panorama algo turbio. A esto hay que agregarle el ya mencionado afán consumista que contraviene al nivel de crecimiento de la República Dominicana. Ya en el colmo del pesimismo, según cuenta el autor, para muchos dominicanos, su país va en rumbo a igualar a Haití.

En esa línea, se afirma que Santo Domingo podría igualar en condiciones ambientales, sociales y económicas a Puerto Príncipe, es decir, una total polarización de condiciones: gente muy pobre en barrios marginales y gente muy rica en lugares exclusivos y resguardados. No obstante, los dominicanos han afrontado situaciones muy adversas y al parecer no van a darse por vencidos tan fácilmente. Afrontaron una ocupación haitiana de 22 años; posteriormente sobrevivieron a una seguidilla de presidentes débiles o corruptos desde 1844 hasta 1916 y de nuevo entre 1924 y 1930; así como a ocupaciones militares gringas entre 1916 y 1924 y entre 1965 y 1966. Además, soportaron la dictadura de Trujillo durante 31 años y la superaron.    

El futuro de la isla

Con todo lo descrito, no es de extrañar que haya habido una fuga masiva de dominicanos al exterior, en especial a los Estados Unidos (principalmente a Nueva York), y a otros países como Canadá, Venezuela y España. Por otro lado, regresando a Haití, ¿cuál es su futuro? Al parecer, este país sobrepoblado está condenado a la pobreza total. Las premoniciones de lo que se viene son todas negativas y deprimentes, pese al apoyo internacional que reciben. Sin embargo, su precariedad es tal, que ni siquiera pueden aprovechar cabalmente todo el apoyo que están percibiendo.

La problemática ambiental, social y económica en Haití ocasiona que las esperanzas disminuyan drásticamente. A eso hay que sumarle los recientes embistes de la naturaleza, como el terremoto en enero del 2010 que fue el más duro que ha recibido el país y uno de los más fuertes en el planeta. Además, se propaló una epidemia de cólera y las condiciones de pobreza e inestabilidad política se asentaron en el país. No obstante, para muchos aún hay alguna esperanza.

Existen todavía (aunque parezca remoto) algunos pocos espacios de reservas forestales que han sobrevivido a la aniquilación del medio ambiente: dos zonas agrícolas que pueden, siendo bien manejadas, ayudar a incentivar la economía local y algunos sitios turísticos que pueden ser bien aprovechados.

En las inmediaciones de la frontera entre Haití y la República Dominicana, los haitianos viajan al país vecino para trabajar y poder adquirir leña o combustible para llevar a sus deforestadas tierras. Otros trabajan como peones agrícolas en tierras dominicanas e incluso en tierras de muy pobre calidad que ya han sido desechadas por los dominicanos. Se estima que más de un millón de haitianos viven y trabajan en la República Dominicana, la mayor parte de ellos, de forma ilegal.

El éxodo de cerca de un millón de dominicanos ha sido compensado por la llegada de haitianos con la esperanza de salir adelante en un país que está algo mejor que el suyo, pero tampoco mucho mejor. Los haitianos hacen todo lo que los dominicanos no quieren hacer, es decir, los trabajos duros y mal pagados. En ese escenario, los dominicanos y los haitianos no solo se diferencian desde el punto de vista económico, sino también cultural: hablan lenguas distintas, se visten y alimentan distinto; y en general se ven distintos, ya que el haitiano tiene un “look” más africano.

La situación de los haitianos en la República Dominicana se asemeja, según relata Diamond en base a los testimonios recogidos, a aquella de los inmigrantes latinos en Estados Unidos. Es por eso que para los dominicanos es importante que se resuelvan los problemas de Haití y para Estados Unidos es también importante que se resuelvan los problemas de la República Dominicana (y de otros países latinoamericanos) para detener la inmigración legal e ilegal en ambos casos.

¿Vecinos solidarios?

¿Podrá la República Dominicana hacer algo para apoyar a Haití? Los dominicanos con las justas pueden mantener su país. Además, existe una barrera cultural, pues los dominicanos miran con cierto desprecio a los haitianos por considerarlos distintos e incluso como intrusos extranjeros de procedencia africana. Además, hay “ropa sucia tendida” pues no es fácil olvidar los conflictos que ha habido entre ambos países, sobre todo la invasión haitiana a la República Dominicana en el siglo XIX que incluye 22 años de ocupación.

Por otro lado, los haitianos recuerdan la peor atrocidad cometida por el dictador Trujillo, quien mandó matar —a puro machete— a cerca de veinte mil haitianos que ocupaban el noroeste de la República Dominicana entre el 2 y el 8 de octubre de 1937. Ambos gobiernos se miran con recelo y con algo de hostilidad y la cooperación entre ambos países es casi nula o inexistente. Según Diamond, para que exista alguna esperanza de mejora en Haití, los dominicanos son los primeros que deben apoyar a sus vecinos, pese a que existe una mala relación, pero que, felizmente, esta parece estar cambiando para mejor.

¿Y el Perú?

Luego de haber leído todo lo sucedido en la isla La Española y de haber revisado otros textos, debo indicar que veo varios paralelos a nuestra realidad. Me asombra, qué tan parecido somos países como Perú y la República Dominicana, calificados como emergentes y en vías de salir (con distintas suertes y velocidades) de lo que se llama, para muchos, el “subdesarrollo”. En relación a Haití, percibo que sí les llevamos ventaja en todo, pues su situación es realmente impredecible así como van.

De hecho, entre las semejanzas con la República Dominicana tenemos la presencia de casi los mismos problemas ambientales —salvando, claro está, las diferencias territoriales y demográficas—: creciente presión hacia los recursos naturales, traducido en deforestación y perturbación de espacios naturales para campos agrícolas, minería ilegal e informal, terrenos para viviendas,  carreteras y para monocultivos (palma aceitera, por ejemplo); caza ilegal y abusiva de especies (sobrepesca); contaminación ambiental por desecho de residuos sólidos y líquidos sin ningún tipo de control; empobrecimiento de los suelos por desertificación, salinización y uso excesivo de pesticidas y fertilizantes; así como otro rosario de problemas que no enumeraré para no deprimirnos.

Además, hay algo muy interesante que anotar. El sistema de áreas naturales protegidas que ha desarrollado la República Dominicana es uno de los más interesantes que he conocido. En el papel, se ve que es muy bueno y que debería proteger por lo menos la tercera parte de la isla y grandes espacios marinos. Ahora, el problema es contar con el financiamiento adecuado para su correcto funcionamiento, es decir, para lo que respecta al control y vigilancia, los gastos administrativos, la educación y comunicación ambiental, el trabajo con las poblaciones locales, la generación de mecanismos de auto sostenibilidad financiera y otros aspectos que permiten su existencia y el cumplimiento de sus objetivos.

Nuestro Sistema Nacional de Áreas Naturales Protegidas por el Estado (SINANPE) es también, en mi opinión, un ente muy bien constituido en el papel y con muy buenos logros. Yo soy un convencido que su existencia es fundamental para conservar nuestra diversidad biológica mediante su uso responsable. Por supuesto, tiene sus carencias, limitaciones y bastante por hacer, pero es lo que tenemos y si no apoyamos su gestión, sí que estaríamos aproximándonos a niveles haitianos. No necesitamos de dictadores para poner mano dura en nuestras áreas naturales protegidas (¿o sí?); claro que cuando vemos cómo avanza la minería ilegal en Madre de Dios, por ejemplo, muchos pensamos que sí.

Que sí es necesario poner mano dura para afrontar algunos problemas, creo que es discutible. En todos estos años, no veo que se haya hecho algo concreto, tangible y severo para detener la minería ilegal e informal. Y con la construcción de la Carretera Interoceánica Sur[1], la situación en el sur del país es cada vez más preocupante; y lo es más si es que se piensa construir dos carreteras interoceánicas (en el centro y norte del país) sin tomar en cuenta lo que ya viene sucediendo y las recomendaciones de los especialistas.

No necesitamos dictaduras ambientales, ni dictadores, no obstante sí necesitamos tomar real conciencia de lo que viene sucediendo en el país. Estamos entrando en unos tiempos complicados, en los cuales, si no tomamos en cuenta nuestro medio ambiente y no aplicamos políticas reales de adaptación al cambio climático, la vamos a pasar muy mal. No debemos, claro está, dejar de lado las acciones para frenar el calentamiento global, pero creo que lo más importante es adaptarnos al frenesí del clima y conservar lo que todavía tenemos, para poder seguir manteniendo el modelo económico que tenemos. Y un punto importante es el cuidado y manejo del agua. Sin ella, sí que estaríamos al borde del apocalipsis.     

Marzo 2013



[1] Recomiendo leer el artículo del reconocido experto en temas ambientales, Marc Dourojeanni sobre la Carretera Interoceánica Sur y sus consecuencias en vista a lo que se viene en el centro y norte del país: http://www.oeco.com.br/es/marc-dourojeanni/26995-revisitando-a-interoceanica-sul-na-amazonia-peruana

miércoles, 13 de marzo de 2013

¿POR QUÉ VOTARÉ POR EL NO?


Me he tomado el trabajo de soplarme y escuchar —más de un par de veces— al tinterillo de Marco Tulio Gutierrez y a un par de sus secuaces. Empecemos por el primero. Este abogaducho tiene el perfil del típico peruano “criollazo” que se presta a cualquier jugarreta sin importarle el resultado final, sino solo cuánto va a cobrar y cómo puede salir beneficiado. Esa mala costumbre peruana puede ser descrita en lo que nos sucede a menudo en este país de criminales. La frase típica es: “Señor, ¿tiene tal cosa, o brinda tal servicio?, “Sí tenemos o sí lo hacemos” (nunca delinquen solos), te dicen descaradamente, luego de haberte mecido un rato. Luego te das cuenta de que no tienen o que realmente no brindan el servicio que deseas. Sin embargo, te aseguran con toda la concha del planeta que a través de un conocido o familiar te pueden conseguir o hacer lo que necesites. Claro, para esto surge la famosa frase: ¿Cómo es? o ¿Cómo haríamos? O te advierten inmediatamente del gasto “extra” que supone hacerte ese favor, como si fuese un favor.

Y de los otros secuaces, no hay mucho más que decir. Estos son unos zoombies hambrientos de carroña y basura para sobrevivir que se venden —como el primero— al mejor postor. Les apuesto que si los llamo y les ofrezco el doble de plata para apoyar una causa distinta o contraria a lo que vienen apoyando, aceptan. Son unos buitres de la política carentes de principios. Todo esto hace que esta gente, bendecidos y financiados por Castañeda, actúen cumpliendo un papel perfectamente delineado por el mudo y por los mafiosos que lo acompañan, teniendo a la vista los millones de dólares que se vienen ejecutando y ejecutarán para el bien de Lima (por lo menos así espero que sea) y a los que con artimañas podrían acceder con el visto bueno de otros corruptos.

No es cuerdo apoyar este capricho y el mal uso de la herramienta democrática llamada revocatoria dirigida por personas de espantosa procedencia, aunque urge reformular su existencia, su aprobación y su uso en general en este país de tan débil estructura social y política. No puede ser posible que estos atorrantes hayan puesto en jaque a esta ciudad que ya de por sí está por sucumbir ante la mafia de las combis, los delincuentes, la improvisación, la informalidad y ante la falta de educación y civismo de sus ciudadanos.

Votaré decididamente por el NO, pero debo decir también lo siguiente: no estoy del todo acuerdo con la manera como Villarán conduce la comuna limeña. Tampoco apoyo a personas como Marisa Glave, fundamentalista roja que, pese a su figurita de limeñita regia, es, para mí, un lobo disfrazado de oveja. Me jode que la alcaldesa se haya confiado y haya pensado que una ciudad tan caótica puede cambiar tan solo con la buena voluntad de personas que quieren imponer algunas ideas de marcada tendencia. Rodearse de gente que no es técnica y que piensa más en ofrecer espacios de encuentro y armonía, no me parece la mejor opción para esta sucursal del infierno, por lo menos, no por ahora. Se han creído capaces de “gerenciar” el infierno y se han dado cuenta que eso no es tan fácil.  

De hecho, tampoco es necesario llenarse de tan solo tecnócratas que trabajan indiferentes a lo que la gente necesita y que solo están interesados en cumplir con sus metas y sus resultados por actividades. Por supuesto que no, pero una mezcla sensata, bien pensada y sin favoritismos, creo que es lo mejor para Lima. No estoy de acuerdo con pactar alianzas con radicales que manejan diversos discursos para diferentes escenarios. Además, no me gustan las argollas.

Sin embargo, todo esto no justifica para nada que vote por el sí. Capricho inútil que, sin ningún sustento claro y técnico, pregona el pobre diablo de Marco Tulio con una banda de impresentables como Pacheco, Luna, Tudela y gente de la peor calaña que, luego de hacer números y especular cuánto les caerá por su participación, siguen demostrando que este país está infesto de ratas inmundas a las que no les importa el bien de los peruanos y peruanas. Su cinismo es asombroso, pues aducen estar preocupados por el bienestar de los suyos y el de la ciudad. ¡Mentira! Están pensando en cómo sacar rédito a esta exposición mediática y cómo invertir en lo que han cobrado, ¿o alguien piensa que todo esto es gratis?

Como uno de los deportes principales del peruano es el criticar y al toque ponerle la cruz a alguien que no es de su agrado o que sí sabe o que sí chambea (o que es honesto), me enferma ver a todos estos débiles mentales justificando el sí y el caos por un revanchismo malintencionado. Estos descerebrados ya han demostrado que no tienen argumentos para detener el trabajo que se viene haciendo en Lima. Y, repito, la alcaldesa y su gente deben hacer mucho mejor las cosas y bajar al llano. Les espera días apocalípticos y muy duros. Susana no seas sobrada ni te dejes engatusar por algunas posiciones muy idealistas. Aplastar a estos revocadores es la primera parte de tu misión. Ya luego reordena tus fichas y tu gente. Comunica lo que haces, asesórate bien y no limites tu colaboración a un par de regidores con ideas recicladas y radicales.

Finalmente, me da curiosidad saber cómo será el orden político tras esta aventura para una presumible “unión” de fuerzas de diversas orientaciones por un bien común. Me parece muy bien que prime la inteligencia y las ganas de hacer algo por la ciudad, pero veamos también qué viene. No todo es gratis en la política.

Marzo 2013 

lunes, 11 de marzo de 2013

LA DELGADA FRONTERA ENTRE LO VERDE Y LO MENOS VERDE (III)


Continúo con un resumen de una parte de la historia de la isla caribeña La Española, territorio en donde dos países comparten su destino: Haití y la República Dominicana. Todo esto en base a lo que expone Jared Diamond en su libro “Colapso”; y a mis apreciaciones. Recordemos que la isla sufrió la dominación española y francesa, lo cual, entre otros factores, marcó su destino. Sigamos viendo por qué.

La explotación forestal en República Dominicana se dio con mucha fuerza en las décadas de 1860 y 1870 con una lógica disminución de las especies forestales más valiosas. Adicionalmente, se deforestó extensos territorios para dar paso a plantaciones de caña de azúcar; y a principios del siglo XX hubo otra creciente demanda de madera para la construcción de rieles para la interconexión ferroviaria. No obstante, la primera ordenanza para frenar la tala y la contaminación de ríos fue aprobada en 1901.

Seguidamente, una estricta política de protección ambiental se fue dando en los alrededores de Santiago, la segunda ciudad en importancia después de Santo Domingo y epicentro de la actividad agrícola. Esto, porque se registró un fuerte deterioro de las cuencas, debido a la construcción de carreteras y a la excesiva deforestación. Así, dos personas naturales, un abogado y un médico conservacionista (Miguel Canela) presionaron a la Cámara de Comercio de Santiago para comprar tierras en la zona y destinarlas a la protección del territorio.

De esta manera, en 1927 y con el apoyo del Secretario de Agricultura del Estado —mediante el otorgamiento de fondos económicos—, se pudo adquirir y contar con la primera reserva natural en el país: el Vedado[1] del Yaque, espacio destinado a la protección del nacimiento del río Yaque del Norte; el río más largo del país. Posteriormente, en 1930, el dictador dominicano Rafael Leonidas Trujillo Molina (El Chivo) invirtió bastantes esfuerzos y fondos económicos para impulsar una política medioambiental.

Dictadura medioambiental

Trujillo amplió la extensión del Vedado del Yaque; estableció otros vedados y creó, en 1934, el primer Parque Nacional dominicano; formó un cuerpo de Guardaparques; suprimió la quema de bosques para obtener espacios destinados a la agricultura; entre otras medidas similares. Se podría pensar que al dictador le interesaba el medio ambiente, sin embargo, sus intereses eran económicos y tenían como fin el lucro personal.

En 1937, Trujillo le encargó a un científico medioambiental puertorriqueño, el doctor Carlos Chardón, la elaboración de un diagnóstico de los recursos naturales de la República Dominicana para determinar su potencial agrícola, minero y forestal. Así mediante, Chardón estimó que la tala comercial de los bosques de pino podía generar cerca de cuarenta millones de dólares, una cifra astronómica en la época. Ni corto ni perezoso, Trujillo se hizo de grandes extensiones de terreno y fue socio de los principales aserraderos del país.

Y por orden del mandatario, los taladores de árboles recibieron la consigna de dejar algunos de ellos en pie para que sirvan como reservorios de semillas para la regeneración natural. Muchas de las medidas adoptadas por Trujillo derivaron de las recomendaciones hechas por un grupo de investigadores suecos, a los que se les encargó un estudio para determinar la posibilidad de obtener energía hidroeléctrica mediante la construcción de represas. Posteriormente, en 1958, el mandatario convocó al primer congreso medioambiental y estableció nuevos parques nacionales, aunque estos últimos protegían, más que todo, las partes altas de las cuencas donde se pensaba construir algunas represas.

Durante su dictadura, Trujillo dirigió personalmente las sesiones de tala; y como era costumbre, involucraba solo a su familia y conocidos, prohibiendo autoritariamente que otros extrajeran madera. Tras su muerte, en 1961, el saqueo generalizado se abrió paso y los habitantes desplazados invadieron los terrenos protegidos y quemaron los bosques para utilizar la tierra en actividades agrícolas. Adicionalmente, la inmigración masiva del campo a los barrios urbanos se disparó y las familias acaudaladas iniciaron una tala masiva de los bosques.

Con todo esto, las políticas de protección ambiental iniciadas por el dictador quedaron en el olvido, producto de una descontrolada lucha por el acceso a los recursos naturales en el país. Posteriormente, en 1963, el presidente electo democráticamente, Juan Bosch, intentó persuadir a los taladores de frenar sus actividades y de preservar, en especial, las cuencas de los ríos Yaque y Nizao para la posterior construcción de represas en beneficio del país. Esto tuvo un efecto inverso, pues los empresarios madereros se aliaron para intentar derrocar a Bosch y las tasas de deforestación aumentaron considerablemente.

Balaguer: ¿pupilo ambientalista de Trujillo?

En 1966 fue electo el presidente Joaquin Balaguer, quien reconoció la imperiosa necesidad de mantener las cuencas con bosques para la futura construcción de represas destinadas a satisfacer la creciente necesidad de energía y de agua en la República Dominicana. A los pocos meses de su mandato, Balaguer prohibió todo tipo de tala comercial y clausuró todos los aserraderos del país. Esto trajo consigo la exacerbada queja de las familias ricas y poderosas y ocasionó que la actividad maderera se realice en los lugares más alejados y recónditos, así como que los aserraderos trabajen de noche y de manera clandestina.

Pero Balaguer no se dejó pisar el poncho y fue mucho más estricto. Despojó al Departamento de Agricultura de la función de proteger los bosques y le encomendó dicha función a las fuerzas armadas declarando además la tala ilegal como un crimen contra el Estado. Dada esa orden, se inició una serie de vuelos de reconocimiento y de operaciones militares para impedir el desacato de las órdenes del gobierno. En 1967, un ataque militar nocturno en un campamento maderero clandestino dejó como saldo más de una docena de leñadores asesinados. Esto hizo que la cifra de tala ilegal se redujera significativamente en los tres mandatos consecutivos del mandatario dominicano (1966 – 1978), debido al temor de ser asesinado.

Adicionalmente, Balaguer implementó otras medidas a favor del medio ambiente. No obstante, en el periodo que estuvo ausente del cargo (1978 – 1986), los presidentes de turno liberaron algunas zonas para la tala y permitieron la fabricación de carbón en base a los bosques dominicanos. Pero, cuando Balaguer regresó al poder, en 1986, retomó sus anteriores medidas desde el primer día de su mandato. Se retomó las misiones militares para encarcelar a los madereros ilegales, para sacar de los parques nacionales a los invasores e incluso para cerrar empresas agrícolas (de las cuales muchos de sus propietarios eran amigos del Presidente).

Una de las medidas más recordadas es aquella que se hizo en 1992, en el Parque Nacional Los Haitises[2], espacio que registraba en aquella época el 90% de su territorio deforestado. El ejército dominicano ingresó a la zona protegida y desalojó a miles de ocupantes. Asimismo, en 1994, Balaguer dirigió personalmente e in situ la incursión de maquinaria pesada para tumbarse las residencias de lujo construidas por dominicanos adinerados en el Parque Nacional Juan Bautista Pérez Rancier[3]. Así también, prohibió la quema de los bosques y propuso incluso utilizar árboles vivos como postes de electricidad, lo cual nunca prosperó como era de esperarse.

Políticas dictatoriales a favor del medio ambiente

Por otro lado, Balaguer frenó la deforestación en su país abriendo sus fronteras para importar madera de Chile, Honduras y de Estados Unidos. Además, firmó un pacto con Venezuela para importar gas natural licuado (y reemplazar al carbón vegetal) para uso general; amplió la red de reservas naturales; estableció los dos primeros parques nacionales en el litoral e incorporó áreas de aguas continentales a estas reservas para garantizar la protección de los lugares a donde llegaban ballenas jorobadas y otros cetáceos; firmó la Convención de Río de Janeiro y prohibió la caza ilegal por diez años.

A todo esto, Balaguer tomó otras medidas, como por ejemplo presionar a las industrias para que traten sus residuos, hizo algunos esfuerzos para controlar la contaminación del agua y del aire imponiéndole a las empresas mineras un impuesto bastante alto. También se opuso a la construcción de diversas carreteras que atravesaban parques nacionales; de un aeropuerto en Santiago; de un megapuerto en Madrigal y de otras obras que alterarían significativamente el medio ambiente. Así las cosas, Balaguer mandó construir en Santo Domingo el Jardín Botánico, el Museo de Historia Natural, el Zoológico Nacional mostrando su gran interés por la investigación y el desarrollo de la ciencia en su país.

A sus 94 años, su última acción política fue el pacto que generó con el Presidente electo Mejia para bloquear el plan de reducir y debilitar la red de reservas naturales del país mediante una inteligente maniobra legislativa. De esta manera puso a salvo a una de sus más preciados esfuerzos. De manera paralela, durante las décadas de 1970 y de 1980, los científicos dominicanos inventariaron gran parte de sus recursos naturales y luego, una vez acabado el terror impuesto por Trujillo, en la década de 1980 nacieron diversas organizaciones no gubernamentales ambientalistas muy efectivas.

Lo interesante y resaltante en ello es que, a diferencia de otros países, estas ONG eran netamente dominicanas (recursos humanos y financieros), es decir, no eran las sucursales de otras grandes organizaciones internacionales que buscaban socios para ejecutar proyectos. En la República Dominicana nació un movimiento conservacionista propio como producto de la preocupación inminente de sus ciudadanos por el medio ambiente. En esa línea, los conservacionistas establecieron una alianza con las universidades locales y con la Academia Dominicana de Ciencias para formar un movimiento ecologista muy importante, eficiente y comprometido con su entorno.

Dictador controversial

De ninguna manera se puede obviar el hecho de que Balaguer fue un dictador, no tan feroz como Trujillo tal vez, pero sí un personaje que no respetó los derechos humanos (defendió, por ejemplo, una de las matanzas que hizo El Chivo, en 1937, contra haitianos) y que avaló todo lo hecho por Trujillo (además trabajó para él). No obstante, Balaguer fue elegido de forma limpia y democrática en 1986, pero sin embargo, utilizó el fraude, la intimidación y la violencia para ser reelegido en 1970, 1974, 1990 y 1994. Ordenó la expulsión obligatoria de indigentes, mandó matar a opositores y permitió que campee una corrupción general en su país. Una frase suya que lo pinta de cuerpo entero es: “La Constitución no es más que un trozo de papel”.

Otra de las frases celebres que lleva su sello es: “La corrupción se detiene en la puerta de mi despacho”. Y es que se le tildaba de maquiavélico, complejo, autoritario, pero no se le pudo probar que haya robado como Trujillo. Según Diamond, una de las personas que él entrevistó le dijo: “Balaguer era un malvado, pero un malvado necesario en esa etapa de la historia dominicana”. Si bien esta frase es muy discutible y controversial, al parecer lo cierto es que, después de Trujillo, lo que el país necesitaba era la consolidación de una clase media y el fortalecimiento de algunas actividades capitalistas para desembocar en lo que hoy es dicho país centroamericano.

En lo referido específicamente a sus medidas ambientalistas, existe una gran discusión sobre sus verdaderos fines. Así, Diamond indica que mucha gente piensa que podrían haber existido diversos motivos que lo llevaron, por ejemplo, a desalojar y a asesinar madereros “ilegales”. Se especula que el dictador temía que se estuviese forjando una revolución procastrista; que quería tener tierras para luego convertirlas en grandes paraísos turísticos o que finalmente deseaba estrechar los vínculos con las fuerzas armadas.

Todas las medidas adoptadas por Balaguer tuvieron un alto costo para su mandato y reputación, pues estas fueron impopulares. Esto le hizo perder votos (para eso está el fraude) y su aplicación ocasionó que se aleje de los poderes de la élite civil y militar. Pero también para eso hubo un contrapeso, pues diversas políticas adoptadas tuvieron bastante acogida entre los dominicanos en general. En este escenario tan complejo, me detendré en las políticas medioambientales en concordancia con lo que expone Diamond.

Todo lo que en el escenario ambiental fue hecho por Balaguer tuvo bastantes vacios y sus medidas no fueron del todo exitosas. Uno de sus mayores errores, sino el más grave, fue el de no haber logrado una armonización entre las necesidades de los agricultores de las zonas rurales y las preocupaciones ambientales, dejando de lado la búsqueda de un apoyo de las poblaciones locales destinado a la conservación y utilización de sus recursos naturales para su propio beneficio y para el del país.

Aunque cueste creerlo, según Diamond, a Balaguer sí le interesaba el medio ambiente incluso más que a otros políticos pasados y actuales. En todos sus discursos políticos asomaba la conservación de los bosques, ríos y de la naturaleza como uno de sus sueños más recurrentes. Y como ya se mencionó, cuando el Presidente Fernández afirmó que tener el 32% del territorio nacional protegido era una exageración, Balaguer defendió a capa y espada los espacios protegidos en el país.

Como también ya se mencionó, solo existen especulaciones para explicar el por qué Balaguer fue un “verde”. Se dice que todo lo hecho fue por la influencia que recibió durante su permanencia en Europa, por la influencia de sus familiares, por conocer muy de cerca los cambios en la isla e incluso por un cierto repudio a Haití y porque quería diferenciarse de ellos. En todo caso, lo que sí es cierto es que Balaguer fue un personaje altamente controversial, complejo, maquiavélico, enigmático y que tuvo —y tiene— opositores radicales por todo lo que hizo y representa; no obstante, también tiene algunos adeptos.

Todo esto, llevado a la idiosincrasia peruana, podría parecerse al “roba pero hace obras”; en el caso de Balaguer podría ser: “conserva pero mata y reprime”. Y es que las políticas medioambientalistas implementadas por el dictador centroamericano han ocasionado en gran parte que la República Dominicana no convierta su territorio en lo que es Haití hoy en día. Claro, el costo ha sido muy alto y no se puede tolerar una dictadura, sin embargo, ¿algo bueno de todo esto se podría o debería rescatar? Habrá que seguir analizando el tema.  

Marzo 2013



[1] Según la RAE, un vedado es un “campo o sitio acotado o cerrado por ley u ordenanza”.
[2] Su extensión total es de 896 km².
[3] Su extensión total es de 910 km².