martes, 29 de septiembre de 2009

CAMALEÓN

Ella entró al departamento meneándose suavemente sorteando la humedad limeña con sus hábiles y gatunas caderas. Él entró después. Ella se apoyó en la escalera, se sacó los zapatos y corrió hacía la cocina. Qué raro, pensó él. ¡No te duermas mi amor, siéntate un rato! Bueno, me tiré al sofá torpemente como siempre. Desde la cocina no llegaba sonido alguno, salvo, tras unos inútiles minutos, el relinche lejano y naciente del hervidor de agua acercándose a todo galope. Contemplando el techo la pensaba desnuda. Alguien me hablaba. Un sonido metálico distorsionaba mi nombre. Regresé a la sala. No gracias, no quiero. No me gusta el té. Lo sabes y me sigues preguntando, ay hija.

Buscaba desaparecer completamente como el señor de los perfumes Jean-Baptiste. Me sentía feliz de estar ahí simplemente sentado e inmóvil. La noche fue aniquilada con unos buenos tragos. Ella estaba un poco ebria. Yo no, ¡qué extraño! Lo que vendrá no es mi culpa, es culpa del universo maldito y de su arrogancia a ser inalcanzable e infinito.

Frente a mí, el teléfono en la mesita. Los últimos momentos de la noche antes de dormir con ella destellaban imágenes bizarras. El sabor final era amargo. La incertidumbre regresaba a pinceladas. El mar aparecía naranja. Bajo el agua era más silencioso que de costumbre. Se sentó a mi costado con su taza amarilla de M&M.

Si lees esto seguro reclamas. Tus pelos cubrían serenamente tu rostro bello e imbatible. Tus llamadas son cada vez más lejanas. ¿Podré acostumbrarme? Temo que cada día que pase, vilmente te olvide. Sus manos rodeaban la taza caliente de té. Sus pies tocaban ligeramente el piso. Su mirada estaba dirigida a la ventana de la terraza al lado izquierdo de nosotros. No dije nada. Ella se levantó y desapareció hasta el balcón. Su figura arremetía entre las sombras. El delirio de la noche reflejaba en el vidrio las últimas esperanzas de quedarme contigo.

Me quedé mirándola concentrado en otra cosa. Ya no puedo seguir esperando. Su figura esculpía la noche haciéndola más perfecta e insensible. Una noche más de pesadumbre.

Sentado en el jardín de la casa de playa, discutía con Madame Cassis sobre una fobia suya. No se inmutaba. Yo la atravesaba con mi mirada hambrienta. Su verbo florido y jovial me embriagaba de sapiencia.

- Así no puedo ir a Europa.
- Sí puedes. No puedes ir a Louvre, ni a Roma, pero si a Heidelberg, nunca vi una por ahí.
- Uno de esos tipos a caballo puede bajarse.
- ¿Para qué? ¿A llamar por teléfono?
- A atacarme.
- Pesan mucho, no son ágiles.

Madame tomaba muy animada un aperitivo de menta con hielo. Lucía fresca como la brisa del océano y dulce como la compota de guanábana. Su mirada lejana y triste denotaba melancolía. Yo me había quedado después de tanta hierba en Europa, exactamente en un mercado de Palermo, donde la gente gritaba despreocupada del Euro y del Tratado de Niza. Peces colorados y exóticas frutas se asomaban entre tanto griterío. Ella me apuntó con el dedo y me dijo sutilmente:

- Hay una especie de esponja marina gigante que habita en el mar polar y que, al parecer, es el más longevo de todos los organismos sobre la Tierra.
- Hija mía, despreocúpate de ellas, no hacen nada.
- No hay que subestimar lo inmóvil y lo antiguo.
- Sí pues. Este mar esta jodido como caca de murciélago.

Madame tomó un trago y despotricó contra el calor y las moscas. Yo estaba sumergido en el mar buscando esponjas y jabones. Todo era naranja, como yodo. No había ruido, solo alaridos de niños bañándose y meándose en el mar. Madame se paró y se sirvió otro trago. Sus caderas son voluptuosas, sus ojos verdes son salvajes, sus labios carnosos son como grapefruit.

- Tú estas en otro planeta.
- No, estoy en este pero en el mar buscando esponjas de mar.
- Relájate hijo mío. Por acá no hay.
- Tiene que haber alguna.
- Me encanta ver como copulan los animales.
- ......
- Debe ser bonito. Los animales no se inhiben.

Madame tarareaba una canción conocida, muy de moda. Lanzó una carcajada y me sirvió más Vodka. Su figura me tapaba el sol denotando esa simetría casi perfecta y felina de las mujeres, capaz de someter hasta al más desconfiado.

- ¿Nos metemos al mar?
- No, mejor no, estoy con los reflejos aturdidos, me ahogaría
- Vamos, veamos si es tan bueno como parece. Me dan ganas de meterme calata.
- ¿Estás loca? Hay muchos sapos y renacuajos como en los baños termales.

Estaba tomando café en Grecia (nunca fui, pero estaba ahí) o en Chivay. No recuerdo. Observaba, serenamente anonadado, a la preciosa mujer que nos atendía. Las horas no circulaban. Se detenían a mirarme, mientras conversaba plácidamente en la terraza con mesitas de mantel rojo. El nombre del local era rarísimo, en quechua o en griego. Su fachada amarilla, con dos ventanas simples pero exóticas, le daba un aspecto terrícola envidiable. La puerta estaba bajo una enredadera fantástica que brindaba la calma perfecta. Entre las dos ventanas colgaban una lámpara y un termómetro. No se escuchaba nada más que los ruidos de la cocina y algunos pajaritos.

Departía armoniosamente con Christine sobre Oskar Matzerath, el niño del tambor y sobre Canetti y los adorados puños de Benedikt Pfaff. Cuando me pasen la cuenta me daré cuenta de dónde estoy. Soles o euros, ya veremos. Christine pide un postre de nombre irrepetible, casi insultante, agresivo, pero de su boca sólo puede emanar dulzura, quizá era un trago o pidió la cuenta, ¿cómo será?

- ¿Cuánto tiempo tiene el tiempo encadenado a lo infinito?
- Supongo que todo depende desde donde lo mires o quizá, de donde estés.
- Para Oskar el tiempo es lo de menos.
- ¿Tú crees?
- ¿Acaso tuvo apuro en crecer? No. Él representa a Alemania, al estancarse en su crecimiento y después crecer.

La noche es el refugio de mi desesperación y de mi osadía. Ella fumaba en el balcón, tranquila como después de una gran tormenta. Me saqué los zapatos y sentí un miedo sin fundamento. Una cierta desdicha, aparecida de la nada, rondaba en el ambiente y se metía, sigilosa pero holgadamente, por la cocina. No importa ya ni la hora ni el día. Tu risa me atormenta y me nubla la mente de carabelas portuguesas. El único antídoto es tu boca o tu desaparición.

Madame miraba el mar cantando y tomando sorbos suculentos de su brebaje. Volteó a saber si todavía me hallaba ahí desbaratado como muy-muy en tierra. Su sonrisa me terminaba de embriagar y de anonadar. Siempre pensé en besarla. Ahora me arrepiento de no haberlo hecho. Madame bailaba lentamente con la sombra esculpida de su cuerpo. Parecía que se elevaba y que alzaba vuelo dejándome encandilado y absorto en un estuario de tulipanes naranjas y rodeado de alegóricos delfines rosados.

- Siéntate por favor que me pones nervioso.
- Vamos a ver MTV.
- Estoy viendo delfines, hipocampos y galeones.
- Ya no fumes.
- ¿Dónde empieza el mar Madame?
- Donde acaba la tierra y otro se pregunta lo mismo.
- No, yo creo que justo ahí, donde uno lo ve por primera vez. Luego no hay final.

Sentado en el café, desconocía de manera preocupante el trágico sentido de muchas cosas simples y de otras complicadas. Christine sonreía de la manera más perfecta. Su sonrisa era digna de ser clonada. Mi mirada la atravesaba, pero no se daba cuenta. Cómo puedo plantear una solución sin antes saber el problema. Antes que venga el final ya tengo la solución. Tú me entiendes. Me viste corriendo en el hielo. El café amargaba mi fe y encandilaba mi espíritu. Christine dejó entrever su aristocrática manera de cruzar las piernas y permitió que ejecute una libidinosa observación, casi descarada, de sus bellas y hermosas ancas.

- Me imagino los puños perfectamente romos, rosados y bellos de Benedikt.
- Ese individuo es un enfermo mental.
- Es bello y despreciable. Su mujer y su hija lo crearon. Le gusta la vida familiar. Es un buen tipo.
- Es un demente realmente atípico.
- Hay muchos como él. Debería estar orgulloso.

Sentado y con la mente feliz, distinguía una lucidez mental poco común. Los días son cada vez más cortos. Todo es más sublime y fácil. La abracé fuertemente con entusiasmo y dedicación. Tu risa me aplana. Mi desengaño se alarga. Mientras conversábamos, acariciaba tus manos como lo hice el primer día. En ese día cósmico, caminábamos de la mano en el frío desconocido y gélido de un paisaje azul. Nos detuvimos a contemplar un árbol que se perdía en la niebla del frío ascendente. Bajo el árbol te hice percibir el sonido de una lechuza pendiente de nosotros. No la veíamos pues se ocultaba como el hechizo reinante de tu hermosa presencia. La noche era silenciosa y serena. Jugueteábamos como dos niños dando vueltas sobre nuestro eje, contemplando el mundo pasar y llegar. Mi mente se retraía ante tu halo de luz como un dedo ante el fuego. Mi boca rozaba las paredes inimaginables de tu fortaleza, santo refugio de mi locura y pasión. Tu boca no sólo hablaba, también expedía una fragancia que empalada y vuelve mis deseos en rocío de madrugada primaveral.

Seguía insistiéndole a Madame que estábamos viviendo algo meramente intrascendente desde el punto de vista emocional. Ella no me prestaba atención o si lo hacía, lo ocultaba muy bien. Mi mirada ya no abarcaba un solo sentimiento, comprendía solo su rostro y su sonrisa de niña traviesa. Sus manos me conducen por un pasaje de rosas, lúcumas, chirimoyas y mariposas gigantes. No siento mis pies. Tu corazón late más rápido que el mío. No conozco situaciones más efímeras y apasionantes. Sientes mi corazón y yo no lo siento, dime que no es verdad Madame.

Pedí otro café, pues me hallaba ilusoriamente inspirado. Pudiera haber pedido un té, pero no me gusta, ¿ya lo sabes no? El miedo al pasar por el mismo sitio después de haberlo hecho una infinidad de veces te parece injustificado y en cierto modo lo es, pero no existe otra opción. La manera de gesticular de Christine se asemeja a la de una dama victoriana de ensueño. Su taza se confundía entre sus manos eternamente aterciopeladas. Sus labios no se cerraban del todo y dejaban sobresalir el boleto a la perdición.

Mientras permanecíamos en silencio, escuchábamos como se apagaba la noche, con sus repentinos ruidos cada vez más lejanos. No hablábamos, sin embargo, nos entendíamos telepáticamente. El silencio era en mi mente un ruido ensordecedor, ya que mi corazón latía intempestivamente. Me aferré tiernamente y con miedo a la única mujer que me rodea y tengo. Se me escarapeló el cuerpo. Ella se dirigió otra vez a la cocina, galopando entre nubes moradas. Yo decidí irme a dormir, no sin antes seguir pensando en lo que vendrá. Solamente quedaba la alegría inmediata, la que vendrá mañana sin previo aviso.

El atardecer se aproximaba y Madame seguía bailando y parloteando con mucha ecuanimidad. Mi cerebro descansaba parsimonioso dentro de un vivero gigante del Pleistoceno. Madame dio un sorbo violento a su bebida y me apuró con la mía. Yo atinaba sólo a reflejos aislados y lentos, distantes unos de otros en periodos cada vez más prolongados. Madame se abalanzó sobre mí, cayendo los dos sobre el césped húmedo. Su aliento dulce y con sabor a menta, me cegó. Sus piernas duras y firmes me presionaban. Su respiración candente me quemaba el cuello mientras contemplaba el cielo con los ojos desorbitados.

- Ahora o nunca querido.
- .....
- Te lo advertí.
- ¿Cuándo?
- No jodas, no preguntes estupideces.

martes, 22 de septiembre de 2009

AVES DE BABILONIA. OBSERVANDO AVES ENTRE BALAS Y BOMBAS

Dedicarse a observar aves en Irak puede ser una actividad bastante riesgosa y complicada. La situación política del país asiático es tremendamente inestable y violenta, por lo que sobrevivir en aquellos territorios convulsionados que fueron testigos de la grandeza histórica de los tiempos de Alejandro Magno, es una tarea titánica. Sin embargo, para un soldado estadounidense afincado en ese maltratado rincón del planeta, el día a día se hace más llevadero observando aves y escribiendo un blog sobre sus experiencias. Jonathan Trouer-Trend no es cualquier soldado, pues antes de enrolarse en las fuerzas militares estudió biología y ya desde chico observaba aves. Es así como nació este largo enamoramiento, el cual, pese a muchas dificultades, aún sobrevive.

Una vez instalado en Irak, Trouer-Trend decidió seguir disfrutando de su hobby. Entre ruinas históricas, como un anfiteatro donde el gran Alejandro Magno fue partícipe de algunos actos de su época, el amanecer le depara al soldado algunas vistas maravillosas de seres alados que, despreocupados de las locuras del hombre, siguen su ciclo natural. El amanecer es uno de los mejores momentos para el avistamiento de sus preferidas y entre sigilosas excursiones, nacen en sus pensamientos algunas ideas que harán especial esta gran relación entre él y las aves.

En medio de la sangrienta guerra de Irak, Trouer-Trend, a sus 36 años, decidió compenetrarse mejor con los pobladores iraquíes indagando a través de ellos, los mejores lugares para observar aves. Así, buscó un acercamiento con la gente con el afán de sobrellevar mejor esta situación y de poder seguir disfrutando de la naturaleza. En el campamento Anaconda, ubicado al norte de Bagdad, viven en los alrededores más de 20 000 ciudadanos. En dicho lugar, el soldado destacado en una unidad de sanidad, aprovechaba cada minuto libre para dedicarse a observar aves y muchas veces lo hacía teniendo como guías a los pobladores de la zona.

Diarios de Irak

Trouer-Trend publicó en el 2006 un libro titulado: “Birding Babylon: Diario de un soldado en Irak” en donde plasmó todos las notas ornitológicas hechas en Irak desde que fue destacado en febrero de 2004 hasta marzo de 2005. Y justamente al iniciar su servicio en Irak, empezó a publicar en su blog Birding Babylon (http://birdingbabylon.blogspot.com/) todas sus experiencias. Actualmente, el blog sigue reuniendo sus observaciones (vale la pena echarle un vistazo). Al principio las notas que aparecían en el blog eran anónimas y no indicaban lugares ni fechas debido a que temía que pudiesen ser censuradas por un tema de seguridad y que sus superiores se enteren de su afición.

Luego de varios años desde que dejó Irak, muchos lugares han sido descritos en el libro, entre ellos Camp Anaconda, Camp Liberty, Camp Victory y Camp Slayer. En ellos, el soldado encontró los mejores lugares y momentos para “pajarear”, burlando en algunas oportunidades los drásticos horarios militares. Un soldado mirando el horizonte con binoculares no llama mucho la atención, por lo que todo esto jugó a su favor.

En tiempo de guerra

Aunque suene extraño, la guerra permite tener bastante tiempo libre cuando no se está con la tensión y el miedo encima debido a un posible ataque o a la obligación de iniciar alguna incursión con un final imprevisible. Mientras los soldados permanecen varios días en bosques, desiertos, valles o en cualquier lugar alejado, no hay mucho que hacer, salvo para aquellos que tienen una fascinación por la naturaleza. Un ejemplo es el antropólogo francés Claude Lévi-Strauss (1908), fundador de la antropología estructural y gran pensador moderno. En 1939, mientras cumplía con su servicio militar apostado en un campo escondido esperando algún ataque enemigo para repelerlo, Lévi-Strauss, tendido muchas horas sobre la vegetación, empezó a estudiar la forma de las flores.

Tras largas contemplaciones de la naturaleza se percató de la fina y ordenada composición de esas formas naturales que no eran productos de la casualidad, sino estructuras perfectas construidas por la naturaleza. De manera similar, en “Birding Babylon” se registran esos momentos de contemplación entre la tensión y el aburrimiento que llevan al hombre a observar con más destreza lo que le rodea. Tal vez, buscando la perfección para escapar del miedo, hallamos en la naturaleza el cobijo perfecto.

Observaciones desde el frente de batalla

Ya en la Segunda Guerra Mundial, el zoólogo alemán Heinrich Dathe (antiguo Director del Zoológico de Berlín del Este), quien fuera destacado a Verona, en Italia, aprovechaba cada minuto libre para observar la naturaleza. En los atardeceres, Dathe observaba con detenimiento cómo los cernícalos cazaban murciélagos. Las observaciones hechas fueron posteriormente publicadas y denotan una gran precisión, convirtiéndose en los primeros estudios científicos sobre las cacerías de estos mamíferos por halcones. No obstante, detrás de las observaciones aparecen las terribles sombras de la guerra, las cuales no pudieron ensombrecer del todo el contacto entre el hombre y la naturaleza.

Trouer-Trend llevó un registro muy completo de sus observaciones. Desde el clima hasta las coordenadas geográficas, toda esa información queda descrita en su blog y en el libro y denota un gran trabajo. Con esto, se nos ofrece un gran ejemplo de dedicación y profesionalismo que podemos tomar en cuenta. Las escenas bélicas aparecen como fondo en sus descripciones. Así, se reportan los sonidos de helicópteros o de tanques que irrumpen en los lugares de observación sin desaprovechar la ocasión para describir un lugar que se desangra por el accionar humano y en donde viven diversas especies que no entienden lo que sucede.

Un pasaje interesante en la obra del soldado ornitólogo es aquella cuando describe la incursión a un antiguo palacio construido por Sadam Hussein con vista a las ruinas de Babilonia. Su atención no se centra en el lugar sino en los murciélagos que revolotean al atardecer y en la llegada de algunas aves nocturnas. En este escenario se aprecia cómo la naturaleza sigue su destino y cómo el hombre es una ínfima parte en el universo. Entender los pequeños detalles de la vida en las situaciones más adversas, nos enseña contundentemente a valorar la vida.

En uno de los últimos post de su blog (abril de 2009), Trouer-Trend anuncia que regresará a Babilonia por un año. ¡Qué locura! Dentro de sus planes está el ayudar a los iraquíes con el estudio de su diversidad biológica. Este es el ejemplo perfecto de un verdadero aficionado que está dedicado a su afición. Ojalá hubiesen muchos más como él en el planeta y en especial en nuestro país. Sin embargo, debo decir que en el Perú, el número de peruanos ornitólogos, mastozoólogos (los que estudian a los mamíferos), herpetólogos (los que estudian a los anfibios y reptiles), entomólogos (los que estudian a los insectos), botánicos y otros especialistas está creciendo poco a poco. Aún tenemos un gran desafío por delante que se puede simplificar en saber qué tenemos y dónde está. Adicionalmente, debemos también conocer qué se puede hacer con nuestra diversidad biológica. No esperemos que sean otros los que nos lo dicten. Nosotros mismos debemos saber qué hacer.

No propongo un discurso nacionalista, sino simplemente que se apoye a la investigación científica y que pasemos rápidamente a la acción, es decir, a conservar lo que se debe conservar y a manejar responsablemente lo que puede ser utilizado con racionalidad. Esperar más años, puede ser ya demasiado tarde.
Artículo publicado el 22 de setiembre en la versión online de la Revista Viajeros:
La foto la he obtenido del blog Birding Babilonia

domingo, 13 de septiembre de 2009

ESTIMADO AMIGO RATERO:

Debo decirte sin medias tintas que me cagaste. La hiciste linda hijo de la granputa. Te llevaste mi mochila, la cual era para mí muy preciada. Si supieses todo lo que tuve que pasar para comprarla, seguro que igual te la hubieses llevado cabrón. Debo reconocer también que te la hice fácil, pues como nunca, no estuve atento a mis cosas y te la puse en bandeja. Te has llevado, además de mi mochila, un short, medias y canilleras nuevas. Cabrón de mierda a ver si te dedicas a hacer deporte en vez de chorerar, vago de mierda. También te levantaste el chocolate bitter y los snacks de sacha inchi que compré en una feria de alimentos. Ojalá que te caigan mal recabrón y que te indigestes. Y claro, te llevaste mi lonchera con mi Tapper cochino oliendo a pescado pues como me cagaste un viernes, debes saber que desde la semana santa del 2007, todos los viernes no como carne animal, salvo que sea de pescado, pero esa historia a ti no te debe interesar mal nacido. Concha tu madre, aunque sea lava el Tapper. La próxima vez te dejaré alguna frutita o algo más para que comas, ¿está bien? Te choreaste también las cosas de mi enamorada. Malparido. Claro, esto pudo ser peor, es decir, dentro de todo felizmente no hubo violencia física ni agresión alguna. Aunque en la próxima mochila que cargue, tendré una inyección de morfina porque si te agarro hijo de puta te voy a reventar a golpes y vas a necesitar esa droga para el dolor. ¿Qué vas a hacer con mis cosas? Seguro que las venderás por un precio irrisorio para ir a juerguearte o para comprarte un pacaso y destruirte el poco cerebro que tienes. Está bien, eres totalmente prescindible. Aunque sea usa esa plata para algo productivo, cómprate un libro, anda al teatro, paga la universidad o lo que mierda sea, pero que te sirva de algo pues imbecil. Ojala estés haciendo algo productivo y ojala te dé el cerebro. Pero claro, ya no debería importarme, pero sí me importa pues idiota. Te doblaste con todo lo que te has llevado. Debo reconocerlo. Lo que más bronca me da es que yo haya caído como una mansa paloma. No sé, tal vez hubiese preferido que me arranchases la mochila y que hubiésemos forcejeado o que por lo menos nos hubiésemos agarrado a golpes. Quisiera haber podido defender mis cosas, pero no se dio así. Sé que hay peores cosas en la vida y robos mucho más bravos, por lo que en parte debo estar agradecido. Pero bueno, ya reflexionaré al respecto. Justamente, en estos últimos días pensaba que yo había tenido suerte en este infierno, pues hace años que no me robaban, pero bueno, perdí y tú ganaste. Así es este mundo miserable y tenemos la mala suerte de vivir en esta ciudad que sabe ser horripilante. Para acabar, lo repito, me jodiste feo. Bienaventurado seas concha tu madre. Choro maldito.

martes, 8 de septiembre de 2009

¡ESTO ESTÁ QUE QUEMA!: LOS OCEANOS SE CALIENTAN Y LA PESCA ILEGAL AUMENTA

Gracias a que se vienen registrando las temperaturas marinas en el planeta desde 1880, los científicos del National Climatic Data Center de Estados Unidos pueden afirmar con contundencia que los valores analizados a nivel mundial indican un claro aumento de la temperatura del agua en los mares terrícolas. Con un promedio de 17 °C, se ha superado largamente la marca establecida hace más de 10 años. La gran preocupación es que todo parece indicar que dicho valor seguirá aumentando.

Basta que este promedio esté en 0,59 °C por encima del valor normal para que los científicos se alarmen. En junio de este año se marcó el primer récord en el aumento de la temperatura promedio y en julio y agosto dicha tendencia continuó, lo que significa que los valores podrían ir en aumento. El valor más alto que se había registrado a la fecha se obtuvo en julio de 1998 cuando se presentó el Evento de El Niño en el Océano Pacífico.

La situación actual también tendría una cierta explicación por los indicios de dicho evento climático, no obstante, existen otros factores que inciden en el aumento de la temperatura de las aguas marinas. El causante principal de esto es el calentamiento global del planeta, producto de algunas actividades humanas. Las temperaturas altas ingresan en los océanos y generan estos cambios que traen consigo consecuencias negativas para el medio ambiente y el hombre.

Más huracanes

Las consecuencias del aumento de la temperatura del agua marina son varias. Así por ejemplo, los corales empiezan a degradarse y a morir. Esto trae consigo la muerte de varias especies biológicas asociadas a ellos, tales como peces, que son el sustento alimenticio de millones de habitantes del planeta. Otra consecuencia es el derretimiento de los glaciares antárticos y de las superficies de mar congeladas en los polos. Justamente al respecto, se ha reportado que en julio de este año, la superficie de hielo en los mares polares es de 8,8 millones de kilómetros cuadrados, la cual es la superficie más reducida que se conoce desde que se iniciaron los registros.

Además, las corrientes marinas de agua caliente son las causantes de la desaparición de glaciares en Groenlandia. Fotos satelitales demuestran que en el denominado “continente verde” la situación es preocupante. Pero sin irnos más lejos, en el Perú, visitar el Pastoruri es deprimente si se comparan fotos de ahora con las de hace no más de cinco o diez años.

Otra amenaza que se cierne sobre la humanidad es el aumento del número de huracanes y de la fuerza con la que se presenten.

Preocupa además el hecho de que las aguas marinas, una vez que aumentan su temperatura, se demoran mucho en enfriarse debido al calor específico que poseen. Científicos aseguran que lo acumulado en los océanos permanece años, incluso décadas. Esto significa que el aumento de la temperatura no decrecerá fácilmente y menos si el calentamiento global sigue imparable.

Asimismo, la comunidad científica asegura que El Niño podrá irse haciendo cada vez más notorio en los siguientes meses, lo que implica un incremento de la temperatura de las aguas marinas. Con esto, se presume que cada vez los fenómenos naturales irán aumentando en fuerza. Es decir, serán más devastadores. Urge tomar medidas preventivas en los lugares de país que, bien sabemos, siempre son los más afectados y vulnerables. No permitamos que nuestra inacción ocasione muertes y pérdidas que pueden evitarse.

Y hablando de mares…

Continuando con el tema marino, la depredación de los océanos ha aumentado dramáticamente en los últimos años, lo que ha obligado a que algunos países tomen de una vez cartas en el asunto para combatir la pesca ilegal. Hace unos días, se reunieron en Roma los representantes de 91 naciones para buscar salidas que detengan la desaparición de la fauna marina. Según la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación de las Naciones Unidas (FAO), más del 80% de la población total estimada de peces sufre la sobrepesca y está casi al borde la extinción.

El acuerdo firmado especifica, entre otros, que los barcos pesqueros ilegales no podrán anclar en los países firmantes. Así también, la carga de peces obtenida en contra de la ley y los tratados internacionales no podrá ser vendida en dichos países. Este convenio es el primero de su género y obliga a los barcos pesqueros extranjeros a solicitar primero la autorización correspondiente al país firmante para salir a pescar. De esta manera, se podrá controlar las cantidades y especies que se extraerían del mar. Se espera tener un control mucho más estricto y severo pues la situación es alarmante.

Entre los países suscriptores de este convenio están todos los de la Unión Europea, Japón, Brasil, Rusia y los Estados Unidos. El documento será revisado por la FAO en los siguientes meses y expuesto en noviembre en la conferencia mundial de esta organización para ser aceptado oficialmente. Luego, deberá ser ratificado por mínimo 25 países para que sea aprobado y entre en vigencia. Ojalá nuestro querido país firme en algún momento ese convenio y lo haga cumplir.

Google y la diversidad biológica

Como ya lo he escrito repetidas veces, la desaparición de especies en el planeta avanza a pasos agigantados. No entraré en detalles de cifras ni en las causas que originan dicha situación, sin embargo, para entender un poco mejor lo que viene sucediendo, explicaré parte de los resultados de una investigación reciente hecha por científicos estadounidenses. En ella se explica que la desaparición de una especie implica también que otras especies puedan sucumbir.

Generalmente se asocia la pérdida de la diversidad biológica con determinadas especies, lo cual, para Alessandro Allesina, de la Universidad de California, debe cambiar. Según el científico, se debe identificar qué tanto dependen las especies biológicas unas de las otras. Allesina junto a Mercedes Pascual, de la Universidad de Michigan, han desarrollado una aplicación que permite estimar las consecuencias de la desaparición de especies en el planeta. Para ello, ambos investigadores presentaron en la revista especializada “PLoS Computational Biology” un modelo basado en los algoritmos que utiliza el conocido buscador Google.

El algoritmo Page Rank le otorga a cada página web un valor que mide su significado y que se determina en base a cuántas otras páginas la mencionan. A más sitios, más valor. Adicionalmente, si un portal web importante y muy visitado la menciona, el valor aumenta considerablemente. Dicho concepto es aplicado por Allesina y Pascal para las especies. Para tal fin, partieron del cuestionamiento de cómo puede colapsar rápidamente un ecosistema ante la desaparición de una especie y se concentraron en el tema del acceso a los alimentos. Así, con el algoritmo de Google se determinó qué especies son las más importantes para mantener una cadena alimenticia.

El algoritmo fue probado en doce cadenas alimenticias que siempre son utilizadas como referencias. En cada una de ellas existen entre 25 y 124 especies claves (animales y vegetales) que si desaparecen harían colapsar todo un ecosistema. Para emplear el algoritmo en la naturaleza, los científicos debieron utilizar un pequeño “truco”. Crearon una especie biológica virtual para poder incluirla en la cadena alimenticia y cerrar el ciclo sin problemas. Esta “nueva” especie tenía la función de producir nutrientes para plantas en base a individuos muertos. De esta manera, el ciclo podía empezar desde el inicio, mientras todas las especies aún existían. Es decir, la especie concebida se encontraba siempre presente y servía para medir los impactos en sus “compañeros” en la cadena alimenticia ante diversas pérdidas.

La próxima vez que se bañen en el mar, coman pescado y “googleen” piensen en lo que estamos haciendo con el medio ambiente.
Artículo publicado el 07 de setiembre en la versión online de la Revista Viajeros:

sábado, 5 de septiembre de 2009

BLACK STAR

La calurosa noche de verano no ofrece tregua alguna. La medianoche se acerca pesadamente mientras él, sentado en el balcón, contempla algunos fantasmas parsimoniosos surcar el cielo. La noche es silenciosa pese al ruido permanente de la ciudad lejana palpitante como el vientre blanco de una rana. Las plantas parecen hablar entre sí. Con los pies sobre la mesa disfruta de un vaso de sidra helada y de dulces pensamientos. El helecho comenta con el culantrillo la carencia de lluvia de los últimos días. El culantrillo responde de mala gana pues sus raíces están secas y sedientas. El helecho lanza un discurso agotador sobre su disconformidad por el agotamiento del espacio físico en el reducido balcón. El romero y el tomillo discuten acaloradamente sobre sus bondades en la cocina. Ante tanta discusión, el “Basilikum” o albahaca, comenta altanera y con verbo florido, la necesidad inminente de guardar energía para los días venideros de sequía.

El tomillo despotrica contra el calor espantoso que circula por el ambiente. Terrible. El romero solo atina a arreglarse y a soportar estoicamente el clima agresivo que los aqueja. Sus ramas verdes se vuelven más bellas con las sombras de la noche y la de las estrellas. El helecho sonríe y juguetea coquetamente con todos. Sus miles de esporas parecen brillar al compás del poco viento presente en la noche furibunda. La rosa roja observa todo con una lucidez envidiable. El mastuerzo realiza denodados esfuerzos por lograr que sus demás compañeros de balcón logren calmarse. Cómo estar en sosiego ante tanto bullicio. Él es distinto. Sus flores salpican dulzura. El naranja de su vientre emana luminiscencia. El huacatay ni se inmuta. Su apreciable y exótico olor lo hace inmune a tanta desfachatez.

El tomillo vuelve a lanzar aireados reclamos. Nadie le responde. El romero propone, tras un largo silencio, ordenar la conversación. La única que le hace caso es la imponente rosa roja de color metálico. El romero y la rosa están juntos y ocupan el lugar central del balcón frente a la solitaria silla amarilla. La calle se escucha abajo. La salvia interrumpe con voz afónica en la tranquilidad de la noche. Su voz parece un rápido trueno lejano y prometedor de humedad y lluvia. El culantrillo desesperado y con risa contagiosa anuncia mejores tiempos. Nadie lo toma en serio, sin embargo, su tupida presencia hace que poco a poco se le preste atención. El mastuerzo no se deja impresionar y defiende su posición en un francés pulido y armonioso. La noche parece haber alcanzado su plenitud. La luna apunta hacía el maldito balcón. El cielo a su alrededor no es negro, si no de un azul de amanecer, como el más fino oleaje. Al fondo serpentea el río fiel a su estilo.

Los cerros verdes disputan su presencia a lo lejos. El huacatay se siente extraño y propone esperar con paciencia la lluvia. La salvia lo desautoriza a hacer proposiciones tan simplistas. Una luz sale de la casa. El balcón se ilumina de pronto. Cunde un pánico general. La rosa pronunció un severo quejido. El tomillo, fiel a su estilo, fue la única especia en contestar. A los pocos segundos todo es silencio. La casa emite raros sonidos africanos y caribeños. Un olor a menta parece surgir del aire. Vainilla quizá. Toda una confusión. Una tremenda araña cuelga del borde del balcón y decide pasearse por encima del helecho. Este, decepcionado del poco aseo existente, lanza maldiciones e injurias.

El basilikum no se inmuta, sigue contemplando la discusión sin prisa ni temor. Todo el menaje que existe a su alrededor no lo impacienta. La noche es, pese a todo, una divina deidad. Los cubre a todos sin excepción.

Por qué tratas de matar polillas cuando son solo sombras. Están al otro lado señor. Es todo un hit. Los compadres siguen tocando. Ahoritita se lo traigo. Ven a gozar cosa rica. Óyeme cantar. Toca la flauta. Es como desear algo lejano pero a la vez tan cerca y lindo. Eres divina hija. Eres lo más sublime después de ti. Pacheco. Como ya alguna vez lo escribiste en pleno jolgorio mental, cae sangre desde arriba pero está fría. La insoportable capacidad de saber mucho. ¿Por qué estás sentado allí? Él pensaba que estaban allí. ¿De dónde vienes? ¿Del infierno? ¡¡Qué tal cara, Dios mío!! Del techo caían más gotas frías de sangre. El cerebro te picaba. Faltan clásicos. Ya te lo dijo, ellos ya llegaron. Ándate al carajo pobre diablo. Estaba todo caliente. Thomas Guido 184. Lince. ¿Quién me llora? Pensaba que vendrías por sorpresa. Qué iluso. Indestructible. Sueñas con camaleones mi preciosa. Eres toda una dama color café. Impertinentes. Aparecen en plena luz del día. ¿Niñas dónde están? No pitees hija. Domo.B.M.V. ¿Esa concepción? Matriculado. Qué magia divina. Fue a buscar el libro de las ranas y su sentido y sabiduría lo llevaron a él inconscientemente, no fue su cerebro. Todo comienza a calzar. Te necesito (yo la conozco a usted). Arrepiéntete. Le dirás a la gente que no nos conocimos. Te sientes como un niño frente a su primer día de colegio. Tu mente va más lenta a su lado. Deberías amarla, tú lo sabes. Estas líneas están llenas de meteoros surcando el cielo naranja. Se acercan peligrosos. Supones que te ve como un irreverente incrustado en tu nube fantástica. Tierno. El sudor te abruma. Su olor chiquito te agranda el universo. Esta puede ser tu última vez si tú lo quieres, lo más probables es que no lo quieras así. ¿O sí?

Caminaba buscando la bicicleta. Sabía donde estaba pero no aparecía. Dentro de los jardines y los edificios de la universidad aparecían unos cerros grandes. Todo estaba en construcción. Entraste clandestinamente a la casa de algún vecino con ella a buscar la bicicleta. Se molestó contigo, no sabes exactamente por qué, pero te pareció muy raro, pues era algo insólito en su comportamiento. Estaba hecha una fiera. Extraña realidad. Nunca apareció la verdammte bicicleta. Lo más singular de todo esto es que aparecía tu bicicleta tan bien en tu memoria, que era como si estuviese ahí mismo, negra y en buen estado, con el freno de atrás malogrado y el de adelante peligroso como siempre.

Estaban todos reunidos en la oficina del jefe celebrando por algún motivo irrisorio. Cantabas alegremente. De pronto, ingresaste a la oficina. Ahí estaba ella con su hermano en una esquina, en tu escritorio. Su sonrisa era otra, mucho más sarcástica. Estabas nervioso ante tal presencia. En medio de la oficina estaban las otras dos conversando tranquilamente. A una de ellas le diste un beso en la boca. Al otro lado estaba la gringa que se llevaba toda su atención. Su hermano era el más cuerdo. Apareció tu jefe y se quedó impresionado con ella.

De pronto, te dirigiste al final del salón y tuviste que lidiar con varios espadachines que sacaban a relucir sus filudas espadas. Acabaste con la mayoría, hasta que surgió de toda esa masa de guerreros el líder, un enano insignificante cuadrado y narizón. Lo hubieras podido aplastar sin problemas. Lo dejaste ir. Sacaste al hermano y a ella. Les propusiste ir a saludar al gran jefe. Ellos desaparecieron. Tú te fuiste a tu casa y pasaste por la rivera del río. Ahí estaba el turco en un bus lleno de gente y con la mirada perdida como siempre. Fuiste a comprar algunas chucherias para adentrarte en el río. Mientras esperabas, contemplabas a un policía dirigir el transito de una manera ordenada. Supongo que me lo preguntaría o lo consultaría conmigo antes de aventurarse a decir algo, pero las mujeres son impredecibles. Se agotó el momento, una lluvia en un fondo verde despide este momento. El gris cotidiano aparece a truncar la sensación de apremio y bienestar antagónicamente reflejada en tu rostro.

El balcón y sus moradores esperan una noche más de calma. El ambiente es propicio para el reposo de los guerreros. Todo está en calma. La música ha dejado de sonar hace un buen rato. La población botánica descansa. Algunos rumores se escuchan vagos e incomprensibles. Te sientas otra vez junto a la mesa. Necesitas tomar algo. No miras el reloj pero asumes que ya pronto debe amanecer. Te dedicas a mirar a las plantas del balcón. Deberías acostarte. Estás cansado pero no tienes sueño. Tú sabes que así te acuestes no lograrás conciliar el sueño reparador. El tomillo desprende un olor inconfundible. Tu mente se alborota al compás de una caminata a través de la plaza de Padua. Malditos cuervos revolotean por el cielo azul en busca de desperdicios. La albahaca suspira fuertemente. Escuchas ruidos en el balcón. Observas con detenimiento las matas verdes. Tu nariz percibe olores exquisitos. Tu mente juega en una playa con aguas de color turquesa. La arena es de color verde oliva. Te tumbas a descansar. Distintas aves surcan el cielo amarillo. El balcón se hace más grande. Singulares personajes se sientan a tu lado a platicar. Te ofrecen un trago amargo, mientras las luces de luciérnagas despistadas forman una aurora boreal de particular belleza. El cielo está blanco con estrellas negras de distinto brillo. Tu mirada se tambalea.

Te levantas de la silla y te diriges a tu cama. Una vez más piensas en decírselo. Ella debe saberlo. Duermes como un trozo de madera. No sueñas con nada. No es necesario. Te despertó el frió. ¡Pero si es verano! Qué intranquilidad. Tú tienes miedo cada noche que te acuestas. Piensas que nunca más despertarás. Miras el techo y evocas su olor. Traes a tu costado su boca y sus recuerdos. Su alegría era tu alegría. Ya no estará más contigo. Todo termina aunque es difícil aceptarlo. Te levantas y sales al balcón. Un calor descomunal te advierte del nuevo día. Miras hacia todos lados. No ves nada inusual. Te sientas en la silla amarilla. Te coges la cabeza y empiezas a llorar. ¡Por fin! Las plantas te observan y no dicen nada. Para ellas esas lágrimas son la humedad que necesitan. Sientes el sol en tu cabeza carcomiendo esos pensamientos que te llevan hacia ella. Nada está dicho. Tú sigue para adelante como el cangrejo. A lo lejos se veían unas nubes que podrían traer un poco de lluvia. Las plantas del balcón se emocionaron. Quizá esta lluvia alivie un poco todo esto y borre de tu corazón y mente esos momentos amargos.