sábado, 16 de enero de 2010

SOBRE BALLENAS, CO2 Y HAITI

En los últimos meses hemos sido testigos de varias noticias sobre diversas especies de ballenas que fueron varadas por el mar. Muchas de ellas pudieron ser devueltas al océano, sin embargo, otras murieron irremediablemente. ¿A qué se debe esta situación? Al parecer, el causante de estas muertes es nada más y nada menos que un viejo conocido: el dióxido de carbono, es decir, el famoso CO2. Y como ya lo he comentado en varios artículos, la presencia en demasía de este gas en la atmósfera origina el calentamiento global del planeta —con el consecuente cambio climático— y la acidificación de los mares.

Pero eso no queda ahí. Ya que los mares absorben una gran cantidad de CO2, el agua salada se va acidificando poniendo en riesgo animales con caparazones formadas por carbonatos de calcio, tales como moluscos, caracoles, estrellas de mar y los tan preciados arrecifes. Adicionalmente, existe otro gran problema generado por la modificación de la estructura química del agua en los océanos: la transmisión del sonido en aguas marinas es más fácil e intensa en aguas ácidas. Es decir, las ondas sonoras recorren mayores distancias y son más penetrantes en un medio ácido.

Tal situación puede estar ocasionando que las ballenas pierdan la orientación debido a que reciben ondas sonoras que las confunden. Estas interferencias podrían explicar por qué algunos de estos grandes mamíferos terminan sus días en las playas tras ser varados por el mar. Se sabe que estas especies necesitan grandes profundidades para movilizarse y al confundirse o atender ciertos ruidos se acercan mucho a la costa sin posibilidad de regresar a altamar.

Algunos estudios científicos afirman que, dicho de manera sencilla, los mares son cada vez más ruidosos. Los tonos graves, es decir aquellos con una baja frecuencia de onda, son generados de manera natural en el mar debido a las lluvias, las olas y a la actividad de animales marinos. Sin embargo, a este repertorio se le suma el sonido producido por los barcos y por otras actividades humanas. Pese a que este tema fue abordado en Copenhagen sin resultado alguno, varios científicos insisten en anunciar cambios dramáticos para la fauna marina, en especial, para los grandes mamíferos como ballenas, delfines, orcas y otros.

Adicionalmente, la comunicación que existe entre estos animales, basada en un complejo sistema de sonidos, puede verse afectada por estos cambios en las aguas marinas. Dicha situación trae consigo modificaciones en la conducta con algunas consecuencias negativas. Asimismo, los delfines pueden perder o ver disminuido severamente su capacidad auditiva si es que en las aguas marinas los sonidos se agudizan y se hacen más intensos. Las zonas más amenazadas por esta situación son el Atlántico y el Pacífico norte, las regiones subtropicales como Hawai, así como las aguas marinas cerca al canal de Panamá y a la costa japonesa. Estamos advertidos.

Reflexiones en torno al terremoto en Haití

Uno de los países más pobres del continente, si no el más pobre, ha sido devastado por un letal terremoto. No entraré en detalles sobre esta tragedia, sin embargo, en base a diversas notas recogidas lanzaré algunos comentarios para reflexionar al respecto. Según algunos medios de prensa, dicho país ya estaba advertido de que un terremoto así sería sumamente devastador. Y es que la situación política, social y económica del país, donde el gobierno de turno es incapaz de tomar medidas preventivas, es el escenario perfecto para que una tragedia de esta magnitud se cobre tantas vidas. Si la política estatal hubiese tomado en cuenta reglas básicas y sencillas de construcción, posiblemente se hubiese podido salvar miles de vidas.

Un terremoto de esta magnitud en Japón o en los Estado Unidos no habría cobrado tantas vidas, pese a que también son zonas expuestas a estos eventos naturales impredecibles. La diferencia está en la cantidad de dinero que invierten estas naciones del “primer mundo” en construcciones especialmente diseñadas para afrontar terremotos y otras desgracias; y en capacitar a sus ciudadanos. Para los países pobres, dichas medidas no figuran en la lista de prioridades. Además, como es común en nuestra realidad, muchas construcciones son hechas a la “criolla”, es decir, son construidas sin seguir las normas básicas de ingeniería, ahorrando (o robando) material (acero, cemento) o utilizando mezclas alteradas para sacarle la vuelta a lo que debería ser un acto responsable.

Pensando en toda la masa de cemento que invade Lima, no quiero ni imaginarme un terremoto similar en esta ciudad (o en cualquier lugar del país). ¿Quién supervisa todas las construcciones?, ¿Somos los suficientemente responsables para pensar que lo barato sale caro? ¡Qué miedo! Construir de tal manera que se tome medidas preventivas para posibles movimientos telúricos no debería ser tampoco tan caro. Pero claro, más importante es tener aunque sea un techo, que ponerse a pensar en cómo construir tomando ciertas previsiones para el futuro. Sin un Estado (y/o una sociedad civil atenta) que fiscalice las construcciones y que imparta conocimientos y enseñanzas sobre prevención y defensa civil, poco se puede hacer.

Sumergidos en un mundo donde solo importa sobrevivir o generar más riqueza, lograr una cultura de la prevención es casi imposible. Todo esto se agrava cuando el último terremoto de grandes magnitudes se dio muchos años atrás (aunque en el Perú con lo sucedido en Pisco y anteriormente en Arequipa, deberíamos estar prevenidos, al margen de la inoperancia estatal). En el país somos expertos en reaccionar solo después (y “a media caña”) tras las desgracias.

Existen algunas reglas básicas de construcción que pueden ahorrarnos momentos amargos, tales como privilegiar construcciones ovaladas y dirigir el punto de gravedad hacia abajo. Las construcciones que buscan la simetría, y cuyo punto de gravedad se ubica principalmente cerca del suelo, son más estables. Por otro lado, se debería evitar el uso de balcones, cúpulas y de otros elementos ornamentales que podrían ocasionar daños colaterales lamentables, a menos que se construya bajo una supervisión y asesoría técnica. Crecer como país no significa únicamente intentar salir de la pobreza, sino también, fomentar una cultura de responsabilidad social. No podemos enfrentar a la naturaleza, pero sí podemos mitigar los efectos de este tipo de situaciones y sobre todo, podemos (y debemos) respetarla.

El caribe ha vuelto a temblar y no hemos llegado a nada concreto en Copenhagen. No sé quién está más jodido: ¿nosotros o las ballenas?

Artículo publicado el 15 de enero de 2010 en la versión online de la Revista Viajeros:
http://www.viajerosperu.com/articulo.asp?cod_cat=11&cod_art=1572

sábado, 9 de enero de 2010

MARÍA

María despertó de un sueño extraño. Un sabor amargo en la boca le recordaba la noche anterior. Yacía boca arriba. Su mirada se clavó en el techo. El ambiente estaba húmedo. Una luz tenue se dejaba entrever entre las cortinas. Introdujo la mano derecha en su pantalón aterciopelado. Con mucha tranquilidad acarició su pierna derecha. Algunos vellos se asomaban inclementes y rebeldes tras la última depilada. Se frotó detenidamente toda la pierna hasta llegar a sus nalgas suaves y frías. Arqueó un tanto el cuerpo. Sus manos frotaban su carne de seda blanca. Ataviada con sus recuerdos, percibió un calor agradable que la rodeaba. Se sentía feliz.
Su sexo se hallaba seco y en reposo. Se entretuvo ordenando el vello púbico en dos mitades simétricas. Sus pensamientos cabalgan a toda prisa intentando capturar recuerdos de la noche anterior. Su mano ocupa ahora el ombligo que, caliente y limpio, emana frescura. El movimiento rotatorio de un dedo intentaba taladrarlo suavemente.
Mary llevó su mano a la canilla cerciorándose de la necesidad de una pronta y necesaria depilada; y no dejó de moverla hasta detenerla en sus senos. Ambos, uno erecto y el otro flácido, descansaban como majestades equidistantes del centro del cuerpo. Su mano los acariciaba brindándole a cada uno la misma cantidad de cariño y atención. Sus labios estaban aún cubiertos con algo de lápiz labial.
Cerró sus ojos procurando seguir recordando. Atacó con dulzura al pezón flácido buscando su erección. Mientras tanto, magullaba distintos pasajes de sus horas anteriores. Se quedó profundamente dormida. El pezón nunca llegó al estado que buscaba. Un hilito de saliva discurría lento por el labio inferior hasta casi desaparecer.
El sueño fue muy breve. Un pequeño dolor en el brazo la despertó. Su primer pensamiento se concentró en el día que le esperaba sin que su mente se alejase de la última noche. Sus dos manos se posaron bajo las nalgas, arqueando nuevamente el cuerpo. La hendidura que formaban sus dos senos aparecía voluptuosamente ante ella.
Decidió no levantarse aún. Cerró sus ojos y se dejó llevar por el amargo silencio de la soledad.
María recordó con inminente rubor algunos detalles que él le había susurrado al oído. Se sonrojó, sin embargo, sonreía. Algo había en ese hombre que la fascinaba. Él posó sus manos tímidamente en sus rodillas. María ni se inmutó, pues sentía una agradable sensación y no dijo ni hizo nada para frenar una caricia que se aventuraba más allá en una atrevida incursión. Le temblaban las rodillas.
Un sabor húmedo en sus labios la sorprendió. La sequedad anterior había desaparecido de manera intempestiva. Los labios humedecidos respondían al recuerdo de uno de los besos de la noche anterior.
Bailó con él varias veces. María se esforzaba por mostrarse sensual y complaciente. Se dejaba apretar contra el cuerpo de su pareja. Trataba de engatusarlo con sus manos y con su mirada. Mientras seguía echada, pensaba en el día en el que le hicieron su fiesta a los seis años. Tenía un moño blanco y un vestido rosado. Sus amiguitos se fueron y ella se quedó en la sala sentada contemplando alguno de sus regalos. Sus padres estaban en la cocina con algunos de sus amigos. Se fue a su cuarto. Se sentó en la cama asustada. Un señor se acercó con aliento infernal a alcohol y la empezó a tocar. María se congeló. Él se reía y le dijo que estaba muy bonita. Le toco las rodillas y los muslos. Mary no pudo pararse hasta que la tembladera cesó.
A los nueve años hizo la primera comunión. El amigo de sus padres que la tocó envilecidamente estaba en la ceremonia. Ella intentaba no mirarlo. Sentía como sus manos la rozaban. Recordaba ese aliento y esa risa. Su corazón se encogía. Revivir ese instante, hacía que se le pusiera la piel de gallina. Si bien lo vio en varias reuniones familiares, pues era íntimo de la familia, siempre intentaba esquivarlo. Sentía su mirada y los deseos que tenía por acariciarla. Luego, tuvo que recibir su saludo. La ceremonia adquirió para María un sabor amargo.
En la mesa conversaban muy animadamente. Ella se reía de sus ocurrencias. Sus amigas le guiñaban el ojo y le mandaban asolapados besitos. La música en el local no dejaba de sonar y él pedía más cerveza y fumaba cada vez más seguido unos cigarros realmente fuertes. María se fue al baño.
Para sus quince años, sus papás le hicieron una fiesta. La emoción la embargaba. Bajó con su papá para bailar en la sala. Al principió solo veía a los más chicos. En pleno baile, divisó al amigo de sus padres -bebiendo y fumando- mirándola fijamente. Sus ojos la desvistieron. María perdió el paso. Su papá la contemplaba orgulloso y continuó bailando con Mary. Al final de la noche, el tipo se le acercó para bailar. María se fue corriendo desesperada al baño.
En el baño se acomodó el sostén. Se lavó la cara y se miró largo rato en el espejo. Alguien tocaba la puerta. Se retocó el cabello. Acercó sus labios al espejo y se besó en el espejo. Luego soltó una carcajada. Apretó el paso hacía la mesa donde estaba él. No lo encontró. Tras unos minutos, apareció. La jaló a la pista de baile. La apretó y le dijo algo al oído. María se estremeció.
Mary deseaba que el tiempo se detenga y que la mañana dure todo el día. Su cuerpo estaba fresco pese al trajín. Él salió del baño y le hizo nuevamente el amor. Esta vez gozó profundamente del embrujo del vaivén de sus sentimientos más puros. Su corazón galopaba descontrolado. Sus manos se aferraban a la posesión. Se sintió plena, realizada y feliz. La vida tenía sentido. Sus dos pezones estaban erectos. Los recuerdos de la noche anterior ya no eran necesarios. Por su mente pasó toda su niñez para desvanecerse como el gemido de su entrega. Las rodillas ya no le temblaban.