sábado, 31 de mayo de 2014

LOS PERROS (DEMASIADO) HAMBRIENTOS (II)

Alpaca devorada por perros silvestres en el distrito de Chachas, 
provincia de Castilla, departamento de Arequipa. 
Foto:  Carlos Enrique Michaud.
Como era de esperar, he recibido comentarios de todo tipo y calibre por la entrega anterior. ¡Excelente! Ese era uno de los objetivos de haberme metido en esto. Sigamos con el tema y esperemos que algo se haga para frenar esta situación. Recordemos también que los perros silvestres y asilvestrados, así como las especies exóticas e invasoras no conocen fronteras políticas ni zonas de amortiguamiento ni áreas naturales protegidas. Ellas y ellos siguen su camino buscando sobrevivir y asegurar su descendencia. Ojalá que las autoridades no se tiren la pelota y que las soluciones que se planteen para enfrentar este tema no sean peor que la enfermedad. Recordemos además que no debemos perder de vista a algunos mamíferos que ya llegaron al país para quedarse, como es el caso de la Liebre Europea (Lepus europaeus). 

Una de las amenazas actuales sobre la conservación de la diversidad biológica en nuestro medio es el impacto de perros domésticos (callejeros, vagos y asilvestrados). Como especie invasora puede depredar, competir y transmitir enfermedades a las especies nativas. Así, en base a la nota científica “Amenazas de perros domésticos en la conservación del cóndor, el zorro y el puma en las tierras altas bolivianas”[1] de Aliaga-Roseel et al. (2012), aparecida en la Revista Latinoamericana de Conservación, existen en Bolivia algunos conflictos —ocasionados por los perros silvestres— entre depredadores nativos, como el Zorro Andino (Licalopex culpaeus) y el Puma (Puma concolor) y los pobladores locales.

Según Aliaga-Roseel et al., “en Bolivia se ha registrado varios casos de muerte o de mutilaciones causadas por perros a ciervos andinos (Hippocamelus sp.) y a otros ungulados (animales con cascos o pezuñas) silvestres (…). También existen registros dispersos de ataques a animales domésticos como ovejas, chivos, burros y ganado vacuno, matando o dejando muy maltrechos a los mismos (…). Esto ha ocasionado que el Cóndor, el Zorro y el Puma Andino sean culpados por las comunidades locales de las pérdidas de sus animales domésticos”. Además,  a diferencia de otros predadores que cazan generalmente en solitario o en pequeños grupos y que atacan al cuello y matan por asfixia a sus presas, los perros silvestres atacan en jaurías y matan a su presa a mordiscos para destriparlas y empezar a tragárselas por el abdomen. Por eso, es fácil detectar cuando un animal es atacado por los canes.

Lo mismo estaría sucediendo en el Perú, pues se le estaría echando la culpa a los depredadores nativos de ser los malos de la película. Tal situación estaría obligando a muchos pobladores a agarrar su escopeta y dispararles o a darles veneno para evitar más pérdidas. Con esto se estaría mermando su población sin saber que los culpables no son ellos, sino los perros silvestres o asilvestrados.

Una manada de perros salvajes a punto de matar a un Buitre Leonado
(Gyps fulvus) en Segovia, España.
Foto: La Crónica Verde, por César Javier Palacios.
Y no solo están los animales domésticos en el menú de estos cánidos, sino también figuran los camélidos sudamericanos como la Vicuña (Vicugna vicugna), la Alpaca (Vicugna pacos) y el Guanaco (Lama guanicoe). En ese entendido, los pobladores andinos piensan que son los zorros y pumas andinos los comensales, pero, como sucedió en Bolivia, según Aliaga-Roseel et al., “(…) los pobladores locales amenazaron con organizarse para matar a estos animales (pumas y zorros). A los pocos días y después de un seguimiento por técnicos y guardaparques, se determinó que los verdaderos causantes del conflicto era un grupo de cuatro perros provenientes de una comunidad vecina. Una vez que estos perros fueron eliminados, cesaron inmediatamente los ataques a las alpacas en la zona”.

Según estos autores, “la información publicada sobre las implicaciones negativas de los perros sobre fauna nativa en revistas científicas es casi inexistente, sin embargo, son abundantes los registros de ataques por perros a la fauna nativa y con diferentes categorías de amenaza en diversos lugares del mundo; por ejemplo ataques de perros a Buitres Leonados (Gyps fulvus) en España, ataques a ciervos en Estados Unidos (…); la depredación de primates en Brasil (…) o ataques y daños ocasionados a tortugas, iguanas, pingüinos, y otras aves de la frágil fauna en Galápagos, Ecuador (…)”.  En el Perú no nos quedamos atrás.

El Perú y los perros

En nuestro terruño, se habría reportado ataques a la fauna local por perros silvestres en Sechura y en la Zona Reservada Illescas (a propósito, ¿cuándo serán categorizadas Illescas y la Zona Reservada Sierra del Divisor? ¡ya es hora!); en la Reserva Nacional San Fernando, donde los cánidos son la pesadilla de los pocos guanacos que bajan a la costa; en Arequipa, donde también se ha reportado la presencia de perros silvestres en zonas aledañas a la “Ciudad Blanca”, los que estarían persiguiendo (y cazando) guanacos y posiblemente interfiriendo con el anidamiento y descanso de algunas aves que utilizan los desiertos y zonas remotas para tales fines; y en la Reserva Nacional de Lachay, donde los zorros andinos y costeños estarían casi desapareciendo de la zona ante su presencia y donde los proyectos de reintroducción del Venado de Cola Blanca (Odocoileus virginianus) estarían amenazados por su presencia pues ya han ingresado a la Reserva a hacer de las suyas y a querer darle curso a los venados. Y seguramente hay más casos.

Como también sostienen Aliaga-Roseel et al., “normalmente, los perros domésticos no solo atacan para alimentarse, los ataques en jaurías usualmente llevan a la mutilación de sus víctimas. (…) Sin embargo, la natural simpatía de los humanos hacia los perros domésticos (…) impide la objetividad en casos de muertes, depredación y ataques sobre la fauna nativa”. No es mi intención satanizar a los cánidos, pero creo que debemos pensar en este problema y exigir a las autoridades que se haga algo al respecto. Tampoco es que deben salir cuadrillas de cazadores improvisados e ilegales a disparar al primer perro que se le aparezca en el campo. Se debe realizar una investigación seria para determinar el grado de amenaza y cuáles serían las medida a tomar y además ¡se debe publicar y comunicar los resultados!

Veamos el caso chileno

Recientemente se ha desatado en Chile una interesante discusión en torno a un proyecto de ley que permitiría que las personas puedan cazar perros silvestres en zonas rurales o aisladas, bajo la premisa de que las jaurías de cánidos atentan contra las especies nativas. Esto ha desencadenado un intercambio de ideas interminable entre las autoridades y los grupos que defienden la vida animal. Para los primeros, la presencia de perros silvestres puede llevar a la extinción (local y/o global) de especies que ya se encuentran amenazadas y en bajas densidades. Y debido a la irresponsabilidad en la tenencia de mascotas y a la débil fiscalización en este aspecto, el número de perros abandonados ha aumentado exponencialmente.

En la otra esquina, los defensores de la vida animal argumentan que la mencionada ley arruinaría y traería abajo todos los avances que se habrían dado en el país sureño en cuanto a la protección animal y que se desataría una cacería infernal. Además argumentan que ninguna especie debe ser cazada y que existen opciones para mantener el equilibrio ambiental sin violar los derechos y la libertad de los animales. El mencionado reglamento le daría luz verde a la caza o captura en cualquier época del año de los llamados perros salvajes y de otras especies calificadas como dañinas en todo el territorio chileno y sin limitación de número de piezas o ejemplares.

Cría de Guanaco devorado por perros silvestres en Chile, en el
Parque Nacional Pan de Azúcar. 
A todo esto, según el Servicio Agrícola y Ganadero (SAG) chileno, uno de los casos más estudiados es el de los perros silvestres que podrán ser controlados, siempre y cuando se encuentren en jaurías y en sectores rurales. Así por ejemplo, en la Región de Coquimbo, en Chile, una epidemia del virus distemper provocó la muerte de zorros cerca a la Reserva Fray Jorge. Asimismo, poblaciones de guanacos y de pudúes (ciervos pequeños) en el sur del país sufren una fuerte depredación por parte de perros. Por ello, frente a perros silvestres y a otras especies exóticas e invasoras, para las autoridades chilenas la caza es un método efectivo de control o erradicación para detener o disminuir la expansión de estas especies y para mitigar su impacto.

Continuando con la discusión en Chile, los que defienden a los animales traen a colación que se intenta incluir dentro del reglamento de caza a los perros asilvestrados, siendo este un concepto que no existe, pues los perros son animales domésticos y la ley busca controlar animales silvestres, con lo cual toda esta persecución sería ilegal. También se apela a un punto de vista ético, tildando a la caza como un método ineficiente que gran parte de la población rechaza, pues percibe que se trata de una matanza injustificada. Para ellos, la solución es la esterilización masiva de los cánidos y la educación basada en la tenencia responsable de animales.

También se escuchan voces discrepantes que indican que los perros salvajes son los que rompieron todo contacto con su mejor amigo bípedo y que se han aislado de ellos, por lo que deben valerse por sí mismo y cazar para sobrevivir y asegurar a sus cachorros. En ese sentido, es normal que los “animalistas” busquen evitar la cacería de perros, pero los argumentos científicos en este caso son más poderosos.  

Uno de los puntos que resalto de esa discusión mapocha es el hecho de la exigencia de la opinión pública de tener que contar necesariamente con profesionales competentes en estos temas tan complejos que requieren una cuota de interdisciplinariedad. No es cuestión simplemente de agarrar a todos los perros abandonados, vacunarlos, esterilizarlos y castrarlos o de reclutarlos en refugios donde las condiciones son paupérrimas.

Por todo lo anterior, es imprescindible que nuestras autoridades piensen en emprender alguna campaña educativa en las zonas afectadas y en buscar alianzas para emprender campañas de esterilización con estos perros. En el peor de los casos, habrá que eliminar a muchos de ellos. Además, como en el Perú está de moda hacer planes de conservación de especies, planes de acción y estrategias nacionales de diversidad biológica, de humedales y otras, sería bueno introducir este tema y no dejarlo de lado. ¿Qué opinan ustedes?

P.D. Quiero dedicar estas líneas, con mucho aprecio y estima, a Javier Barrio Guede, investigador y mastozoólogo de CORBIDI, quien está delicado de salud. Estoy seguro que se repondrá y que aportará mucho a este tema. Javier es una de las voces más autorizadas en lo que se refiere a mamíferos en el Perú. ¡Fuerza Lobo! Te esperamos para discutir al respecto.     

Mayo 2014

Artículo aparecido en la versión online de la Revista Rumbos: 


[1] Aliaga-Rossel E., Ríos-Uzeda B. & Ticona H. 2012. Amenazas de perros domésticos en la conservación del cóndor, el zorro y el puma en las tierras altas de Bolivia. Revista Latinoamericana de Conservación 2 (2) – 3(1): 78-81.

viernes, 23 de mayo de 2014

LOS PERROS (DEMASIADO) HAMBRIENTOS (I)

Los perritos pueden traer problemas ambientales. Ante eso, debemos
preguntarnos: ¿cómo así? ¿por qué? y ¿qué debemos hacer?
Sé que lo que viene sonará, para muchos, como una herejía, como una salvajada o como una locura. Por supuesto sé también en qué terrenos pantanosos me estoy metiendo. El simple hecho de deslizar por ahí que, en circunstancias especiales, es necesario matar perros (u otros animales), puede generar que (yo) sea visto, sin duda alguna, como un ser insensible e inhumano. Pero señoras y señores, me estoy refiriendo a tener que mandar a la otra vida a perros que ya no son más domésticos y que se han convertido en perros asilvestrados (semi salvajes) o silvestres (salvajes). En algunos lugares, los caninos que fueron poco a poco alejándose del que lo considera su mejor amigo —es decir, del hombre— se han convertido en una amenaza para algunos animales silvestres. Por eso, algo debemos hacer al respecto.      

Es casi imposible imaginar un mundo sin perros. Ya sea un San Bernardo o un Chihuahua; o un Pastor Alemán o un Bulldog Francés, estos incomparables mamíferos son los mejores amigos del hombre. El Perro Doméstico (Canis familiaris) ha acompañado al ser humano desde hace ya más de 15,000 años. Para ello, los primeros hombres tuvieron que domesticarlo; y en el ínterin, lo han llevado consigo a todos los rincones del planeta. Hoy en día, el perro es el canido más abundante en el mundo y su distribución es cosmopolita. Su “mejor amigo” de dos patas lo hizo dependiente de él y lo ha tratado de diversas maneras. Por supuesto existen los que aman a los perros y los que los maltratan.

Sin embargo, en algunas ocasiones, existe un comportamiento humano casi enfermizo de sobreprotección al perro (y a otros animales) que, para mí, linda ya con la exageración y con una mirada poco objetiva de la realidad. Yo defiendo a ultranza la vida silvestre, pero en algunos casos, se debe hacer algunos sacrificios (en varios sentidos) y actuar con sangre fría. No es cuerdo pensar que el hecho de tener que sacrificar a algunos animales nos convierta en unas bestias sanguinarias e insensibles. En determinadas ocasiones, esta medida se torna justificada, ya sea porque una especie animal puede haberse convertido en una plaga o en un depredador de especies locales; o porque son vectores de enfermedades o porque podrían poner en peligro el equilibrio natural.

Para declarar a algunos animales como amenazas al entorno deben existir —claro está— suficientes argumentos científicos que avalen la puesta en marcha de acciones para eliminarlos, ya sea cazándolos, con trampas, con medidas de control biológico (aunque esto a veces es más dañino que la enfermedad) o con algún otro artificio. Existen diversos ejemplos que evidencian que tales medidas son necesarias. Y ojo, no confundamos lo que acá se plantea con el maltrato y la violencia innecesaria con los animales. Una cosa es tener que sacrificar a algunas especies animales de la manera menos dolorosa y con medidas bien planificadas; y otra totalmente distinta es ejercer un trato repudiable contra los animales. Esto último parece obvio, pero para muchos, no lo es.

Los perritos

Existen algunos detalles que podemos conocer sobre los perritos para entender mejor qué es lo que esta pasando. Según el libro “Zoología Pintoresca” de Ángel Cabrera[1], en cuanto al perro, “lo evidente es que se trata del primer animal domesticado por el hombre, pues su imagen, como auxiliar en la caza, aparece ya en las pinturas prehistóricas del sudeste de España, y hallazgos hechos en las antiguas poblaciones lacustres de Suiza revelan que en la Edad de Bronce ya existían distintas razas, lo que parece indicar que su domesticación hubo de ser muy anterior. Es igualmente indudable que alguno de los pueblos primitivos que desde Asia pasaron a poblar América en los tiempos prehistóricos, llevaban ya el perro consigo, pues cuando los españoles descubrieron y conquistaron el Nuevo Mundo encontraron ya en poder de los diferentes pueblos indígenas perros con las mismas variaciones raciales que presentan los del Antiguo Mundo, con la única diferencia que no saben ladrar”.

Continúa Cabrera afirmando que “hay quien dice que tampoco ladraban los perros cimarrones[2] que, hasta no hace muchos años pululaban en algunos puntos de las pampas argentinas, siendo el terror del ganado y de los viajeros perdidos. No se conoce bien el origen de estos perros; según unos autores, descendían de los que se le escapaban a los pobladores españoles, pero es igualmente posible que procediesen de los que dejaban abandonados los indios de las pampas al ir desapareciendo sus tolderías ante el lento avance de la civilización”. Este testimonio revela que han existido perros salvajes desde hace siglos y que eran una amenaza latente para otros animales y para los humanos.
Perros salvajes devorando un guanaco en
Chile. 

Adicionalmente, Charles Darwin, en su obra “Viaje de un naturalista alrededor del mundo”, nos narra en uno de los capítulos de su travesía desde Chile septentrional hacia el Perú (del 11 de junio de 1835)  que en el valle de Copiapó en Chile (cerca al desierto de Atacama), “se acababa de ordenar que todos los perros vagabundos fuesen muertos y vi un gran número de cadáveres de ellos en el camino. Muchos perros habían sido atacados por hidrofobia (rabia) y no pocas personas habían sido mordidas y sucumbieron a tan horrible enfermedad. (…) Esa enfermedad llegó a Arequipa en 1807 (…) en Ica, cuarenta y dos personas perecieron desgraciadamente”.

Según el testimonio de Darwin, ya existía un conflicto entre el hombre y su mejor amigo, lo que ocasionó que se tuviera que hacer una matanza de perros enfermos para evitar (más) desgracias. Claro, las condiciones de salubridad no eran las mismas que las actuales, sin embargo, en algunos casos, la historia se repite.         

Los hechos

He escuchado diversos testimonios y comentarios de expertos que mencionan la existencia de perros salvajes en algunos lugares del país. Agrupados en jaurías, estos carnívoros estarían cazando venados, zorros, camélidos y otros animales. Si bien no tengo una prueba fotográfica de ello, si es que sobreviven, es porque algo deben estar cazando para alimentarse. Su presencia, en el país y bajo estas condiciones, estaría poniendo en riesgo parte de la fauna local, ya sea por ser “nuevos” depredadores de especies que no están acostumbrados a ellos, lo que les confiere cierta ventaja; por competir por el acceso al alimento con los depredadores locales; porque estarían interrumpiendo el ciclo reproductivo de algunas aves que anidan en el piso o en lugares accesibles para los perros; por ser especies agresivas, lo que hace que desplacen a otras especies; y tal vez porque, como los perros son bastante resistentes, pueden comer carroña, basura y otros desperdicios, lo que los hace inmunes a la escasez permanente o temporal de alimento.

Así por ejemplo, según la nota científica “Amenazas de perros domésticos en la conservación del cóndor, el zorro y el puma en las tierras altas bolivianas”[3] de Aliaga-Roseel et al. (2012), aparecida en la Revista Latinoamericana de Conservación, la existencia de perros asilvestrados o silvestres  en áreas periurbanas y rurales (en general) “es un tema de preocupación, no solo en términos de salud humana, sino también en temas de conservación, ya que son numerosos los efectos negativos de estos animales a la vida silvestre, como son: la competencia por recursos con otros carnívoros; la depredación sobre pequeños vertebrados nativos; o también la transmisión de enfermedades como la rabia, el parvovirus, el distemper canino y los parásitos externos (ej. garrapatas, pulgas, piojos, sarna) e internos (ej. nematodos, echinococcus y otros)…”.

El trabajo anterior reporta observaciones casuales entre perros (que serían asilvestrados) con Cóndores Andinos (Vultur gryphus) y con el Zorro Andino (Lycalopex culpaeus). Las observaciones fueron hechas entre julio y setiembre del 2005 dentro del Parque Nacional Madidi y del Área de Manejo Integrado Apolobamba al noreste de Bolivia. En él se indica que “en todas las interacciones observadas (entre perros y cóndores), los perros fueron muy agresivos, aproximándose de manera violenta, espantando a los cóndores con ladridos y persecuciones, con el fin de apoderarse de la carroña y alimentarse de esta, impidiendo acercarse a cualquier otro animal, con un constante y agresivo acoso, causando que todos los cóndores se alejaran de la zona”.

En el mismo reporte se indica también que se registró las interacciones entre el Zorro Andino y el Cóndor Andino, donde estas “fueron muy poco agresivas. No se observó comportamiento violento, ambas especies se limitaban a mantener cierta distancia y a alimentarse de la carroña en forma intercalada (…) Estas interacciones no violentas (…) sugieren que ambos animales, al haber coevolucionado en los mismos ecosistemas (…) podrían ser más tolerantes (…) aunque no se descarta que ocurran ataques de manera natural (…)”.       

Por otro lado, según Daniel Cossíos (2010)[4], puede ser que ya haya habido casos de perros asilvestrados desde “tiempos prehistóricos”, pues no debemos olvidar que cuando los españoles llegaron a nuestro continente, ya habían perros por estos lares. Sin embargo, según Cossíos, con los españoles también vinieron estos caninos como animales domésticos. Además, indica que “se ha registrado perros probablemente asilvestrados en los alrededores de la Reserva Nacional de Lachay, en Lima (…) pero no se ha demostrado aún su reproducción en libertad”.

Todo lo anterior (y lo que viene en la segunda entrega) nos indica que la relación que tenemos con los adorables perrunos y estos a su vez con el entorno puede verse alterada bajo algunas circunstancias. Si bien no podemos hablar de un problema ambiental de grandes magnitudes, es necesario que conozcamos esta problemática, que entendamos lo que está sucediendo y que analicemos qué es lo que deberíamos hacer.   

Mayo  2014

Artículo publicado en la versión online de la Revista Rumbos: http://www.rumbosdelperu.com/los-perros-demasiado-hambrientos-i-V1613.html

[1] Cabrera A. 1960. Zoología pintoresca. Barcelona, España.
[2] Según la Real Academia de la Lengua Española, una de las acepciones para cimarrón es “un animal doméstico que huye al campo y se hace montaraz”.
[3] Aliaga-Rossel E., Ríos-Uzeda B. & Ticona H. 2012. Amenazas de perros domésticos en la conservación del cóndor, el zorro y el puma en las tierras altas de Bolivia. Revista Latinoamericana de Conservación 2 (2) – 3(1): 78-81.
[4] Cossíos, Daniel E. 2010. Vertebrados naturalizados en el Perú: historia y estado del conocimiento. Revista Peruana de Biología. 17(2): 179-189. Lima.    

jueves, 1 de mayo de 2014

LA COP 20 Y UN MAR (ÁCIDO) DE INCERTIDUMBRES

Tiburón blanco. Una especie clave en los océanos del mundo.
Foto: Tim Davis - CORBIS
Dado que está de moda hablar del cambio climático y que hoy en día casi todos son expertos en el tema, no puedo quedarme atrás. Por eso, debo parecer un experto. Y como a casi todo le echamos la culpa al calentamiento global, debo hacer algo al respecto; bueno, en este caso, debo escribir algo al respecto. Entretanto, no es que no quiera hacer nada para evitar las amenazas que significa que el planeta se esté calentando cada día más; pero así el Perú reduzca casi a cero la cantidad de Gases de Efecto Invernadero (GEI) que emite a la atmósfera, ¡no pasa nada!, seguiremos jodidos. Solo nos queda (por ahora) adaptarnos y mitigar la pesadilla que se nos viene. Insisto, eso no significa que no debamos hacer algo. En ese entendido, ese algo es, entre otros, enterarnos y entender mejor este menudo problema y algunas de sus aristas. 

En diciembre de este año tendremos en Lima la “tan esperada” Conferencia de las Partes de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre Cambio Climáticos, es decir, la ya (para algunos cuantos) conocida COP 20. Del 01 al 12 de diciembre de 2014, el Perú —y específicamente, Lima, como suele suceder para bien o para mal— estará en la mira de casi todo el planeta. Y es que esta reunión convocará a más de 20 mil delegados de 190 países. Así, los representantes mundiales que algo tienen que ver con el medio ambiente en sus respectivos países se sentarán a negociar las medidas que “debemos” tomar como planeta para reducir la emisión de GEI y con ello paliar los efectos del cambio climático, producto del calentamiento del planeta.

Para tal fin, presidentes, ministros, empresarios, científicos y expertos ambientales se agarrarán de las mechas (¡eso espero!) en el intento de ponerse de acuerdo sobre qué debemos hacer para asegurarnos un destino más digno, así como para postergar nuestra inevitable extinción y la cada vez más cercana y necesaria fuga hacia Marte. La cosa se ve difícil sabiendo que existen países en vías de desarrollo, como China, India y Brasil, que no ven con buenos ojos que se les pida reducir sus GEI porque ellos “están creciendo” y tienen el derecho de hacerlo para llegar a ser países del “Primer Mundo” como justamente lo son algunos de los países que reclaman (y que a su vez no asumen muchos compromisos). Estos últimos tienen el poder de decisión y podrían cambiar las cosas si quisieran, pero parece que no quieren.

En este “tira y jala”, el Perú cumple un rol protagónico este año. Además de mostrarse al mundo como un supuesto recinto de oportunidades que anhela dar algunos pasos firmes para convertirse en un país de vanguardia en lo referido al accionar medioambiental, es el encargado de dirigir las negociaciones y de buscar que se tome decisiones concretas y reales que puedan ir preparando el terreno para seguir construyendo en el planeta las bases necesarias para un cambio global en lo relacionado al consumo de energía, en especial aquella proveniente de los combustibles fósiles. ¡Tremendo encargo!

Pero el fin de estas líneas no es discutir sobre la COP 20 y sobre los efectos del cambio climático en el Perú y en el mundo. Para eso, hay centenares de artículos rondando por ahí. No obstante, me da la impresión que esta importante reunión es como si un equipo de mitad de tabla de la segunda división del fútbol peruano invite a un triangular al FC Bayern München y al Barcelona FC e intente imponer su estilo de juego (si es que tiene uno) para “mejorar” el fútbol mundial. Ojalá me equivoque y se tomen buenas decisiones.

Lo más urgente que tenemos como país es preocuparnos de cuidar nuestros bosques tropicales y adaptarnos a los cambios climáticos y a sus consecuencias. Sobre esto último, ya se ha escrito bastante. No olvidemos que, si bien la deforestación contribuye con un importante volumen de las emisiones antrópicas de GEI, en contraposición a ello, los ecosistemas forestales intervienen en la lucha contra el cambio climático a través de la absorción de grandes cantidades de CO2 gracias a la fotosíntesis. Por esto y otras razones más, el Perú debe no solo ser un buen anfitrión y buscar que se firmen acuerdos vinculantes, sino también preocuparse por proteger nuestra diversidad biológica con todo lo que ello implica.

Mi intención en lo que viene es dar a conocer un problema silencioso que se desliza permanentemente al vaivén de las olas en todos los mares y océanos del planeta. Me refiero a la acidificación de las aguas marinas.     

Aguas ácidas

En el mar está sucediendo algo que a simple vista no podemos detectar. Y es que, dado que el ser humano sigue emitiendo toneladas de GEI a la atmósfera, los mares absorben el CO2 en grandes cantidades. Así, las aguas marinas se van volviendo progresivamente más acidas. Se estima que los océanos absorben ¡20 millones! de toneladas al día y que cada vez se acelera la acidificación de estas aguas que albergan a un gran número de especies biológicas. Las más afectadas son especies como los corales, las ostras y todos aquellas que tienen un caparazón o concha; además de las que viven en las aguas polares, pues en el agua helada el ácido se disuelve mejor.  

Según estudios del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC) de la ONU, desde la industrialización de la humanidad a la fecha, los océanos se han ido volviendo más ácidos. Esta acidificación estaría dándose de una manera más acelerada de lo que se pensaba y en contraposición con lo que se creía, pues los científicos asumían que los océanos “amortizarían” la absorción de dióxido de carbono evitando que el equilibrio químico de las aguas se vea alterado; pero no es así.

¿Y, cómo así?

Todos sabemos (o deberíamos saber) que el agua marina es alcalina con un valor promedio del pH de 8,2. Basta que esta cifra haya bajado a 8,1 para que las alarmas empiecen a sonar. Entretanto, si la cantidad de CO2, en comparación con los años de la revolución industrial, se duplica, tal como parecería que será a final de este siglo, el pH del agua marina podría descender a cerca de 7,9 (y si se triplica, podría bajar a 7,7). Vale la pena recordar que el valor neutral del pH es 7 (como el de la sangre y del agua pura) y que la escala va del 0 al 14, donde del 1 a 3 es bastante ácido y del 11 al 14 bastante alcalino.

Pero como la naturaleza siempre nos da sorpresas, existen bastantes algas que estarían reaccionando positivamente a esta situación. Así por ejemplo, la alga Emiliania huxleyi, de distribución global y de una abundancia tal que conforma casi la mitad de toda la masa de organismos conformados por calcita (cal) en los mares del planeta, ha demostrado —en el laboratorio— que frente a un medio más ácido del normal reacciona muy bien e incluso que produciría discos de calcita más grandes. Entonces, el dióxido de carbono no solo actuaría como “destructor” de formaciones calcáreas, sino también como fuente de energía. Algunos científicos afirman que la “sobredosis” de CO2 en los mares sería una ventaja para algunos organismos. Incluso, se ha reportado que desde la era industrial algunas algas marinas habrían aumentado su tamaño en casi el 40%.

No se sabe a ciencia cierta como los mamíferos marinos y peces
reaccionarán ante estos cambios en las aguas marinas.
Foto: AP - NDR
Es necesario anotar que muchos organismos viven plácidamente en medios ácidos. En algunos lagos y en las profundidades de los mares (sobre todo polares) el agua es ácida como la que se espera para el futuro si la cosa sigue así. Lo que sucede es que a algunos organismos no adaptados a estos cambios tan rápidos (como los cambios climáticos que siempre ha habido en el planeta) los van a agarrar “con los pantalones abajo”. Felizmente, también algunos corales han demostrado (en el laboratorio)  poder soportar un medio más ácido (pH de 7,3). Pese a perder su protección calcárea y dejar sus partes blandas al descubierto, cuando las aguas regresaron a sus valores normales, los corales pudieron reconstruir sus “esqueletos”. Esto explicaría también el porqué estos seres han sobrevivido en la historia del planeta con todos los cambios que ha habido. 

Otra vez la incertidumbre

Saber exactamente cómo reaccionará el mundo marino a la acidificación de los mares sigue siendo un misterio. Los organismos reaccionan de diversas maneras, incluso existen diferencias entre las distintas especies de un mismo género. Lo importante será que justamente esa gran diversidad biológica se imponga y que no se pierda. Algunas especies triunfarán, otras

sucumbirán. No lo sabemos. Todo esto podría ser una cuestión de “energía”. En un medio ácido, los organismos vivos necesitan más energía para construir su esqueleto, lo que le podría dar ventaja a otros organismos que “salen a flote” con poca energía.

Parte de la incertidumbre se debe a que este “problemita” ha salido hace poco a la luz. Recién empezamos a entender qué es lo que estaría pasando. El mayor inconveniente que debemos enfrentar es que muchas de las certezas que tenemos provienen del laboratorio y no han sido probadas en la naturaleza bajo otras condiciones. No se ha hecho los estudios en el “mismísimo” mar. Esto aumenta la incertidumbre. Un aspecto interesante en todo esto es que en la era de los dinosaurios, cuando el planeta era testigo de un gran “efecto invernadero”, es decir, la atmósfera contenía enormes cantidades de CO2 (mucho más que ahora), los organismos calcáreos la pasaban muy bien. Existen evidencias geológicas de enormes formaciones de estos organismos que comprueban lo anterior.

Dicho todo esto y un poco al margen de lo que sucede con las algas marinas y con la acidificación de los mares, no sabemos mucho. Un informe de la ONU sostiene que el medio marino se adapta muy bien a los cambios y que no se sabe finalmente cómo reaccionará ante lo que tenemos y ante lo que se viene. Adicionalmente, no sabemos tampoco a ciencia cierta cómo reaccionarán los mamíferos y peces ante la acidificación de las aguas marinas. Lo único claro es que los océanos están cambiando y que se espera consecuencias negativas, pero no sabemos cuál será el costo. Ojalá no nos ahoguemos en este mar de incertidumbres. 

Abril  2014

Artículo aparecido en la versión online de la Revista Rumbos: