sábado, 26 de diciembre de 2009

GERALDINE

El viaje dura dos horas y media. Llegué minutos antes de que el bus de dos pisos saliera. Cuando subí, ya todos lo pasajeros estaban sentados. El único asiento libre era el mío. La vi a unos metros de la parte posterior. Nada en ella me llamó la atención. Me senté torpemente y me acomodé lo mejor que pude. Aún era de día y el sol, aunque un tanto apagado, todavía nos alumbraba. Tras unos segundos, no pude evitar ver a mi vecina de asiento.

No me atrevía a mirarle el rostro. Solo miraba todo lo demás. Intenté en vano leer el diario. Inhalaba fuertemente ─como ahogándome─ intentando captar alguna fragancia despedida por la fémina sentada a mi lado. Su edad debía estar entre los 30 y 40 años. Su contextura, un tanto fornida, contrastaba con su delicado rostro y fino perfil. Su tez blanca la hacía ver mayor.

La rozaba con el brazo mientras intenta adivinar su nombre. El sol le caía en el rostro. A mí me ignoraba (y ella también). Después de varios intentos identifiqué un olor producto de una posible mezcla de tabaco y vainilla. Me quedé pensando en el aroma, intentando descifrarlo con todas las células que dispongo para tal fin. En vano. Mientras tanto, el sol amenazaba con esconderse. Yo volteaba descaradamente a verla. Sin ninguna vergüenza y avalentonado, intentaba captar su mirada, sin embargo ella actuaba como si estuviese sola. Aceptando mi derrota opté por desentenderme de la situación.

Así, cuando ya había logrado concentrarme en la lectura, un olor a acetona bloqueó la fragancia anterior. Me sentí golpeado. Mi acompañante se retocaba las uñas. Luego, extendió ambas manos y las mantuvo en el aire para que se sequen. Al poco tiempo se echó otros líquidos en la mano. El olor a sala de manicure lo cubría todo. No me quedaba más que echar otros vistazos al compás del movimiento bamboleante del bus.

Luego de la sesión de manos, continúe con mis miradas furtivas, hasta que por un momento me quedé dormido. Al despertar, aún brillaba tenuemente el sol. Ella estaba mirándose las uñas cuando se inclinó y recogió un maletín, del cual sacó un monedero grande de donde extrajo un reloj con correa púrpura. Se lo puso en vez de aquel de metal que llevaba puesto. Hacía juego con su camiseta.

A los pocos minutos, sacó unos aparatos para delinearse los ojos. Cumplió dicha tarea con una destreza única a pesar del movimiento incesante del bus y a la poca luz solar que quedaba. Noté también que sus pestañas eran grandes y que estaban rizadas. Se pintó afanosa y provocadoramente los labios. Lo hizo dos veces. Además, se miraba incesantemente en el espejo. Yo aprovechaba en mirar al espejo para observarla desde otro ángulo.

Ya había casi oscurecido cuando inició la ceremonia del peinado. Me quedé observándola con desfachatez aprovechando la luz tenue y que ella estaba concentrada en aquel ritual. Lo hacía de manera tan natural y con tanta agilidad que me causaba admiración su destreza. Además, me hacía sentir más torpe de lo que soy. En un momento parecía que había dos personas peinándola.

Es ahí cuando debí ofrecerle mi ayuda para peinarla, aunque tal vez no la hubiese aceptado. Me arrepiento. Una vez concluido el peinado, buscó entre sus cosas un collar. Se lo puso delicadamente. Otra vez no pude vencer mi timidez. No obstante, fui recompensando ya que mientras se miraba al espejo con la poca luz que provenía de la garita de control donde nos hallábamos detenidos (parecía que había calculado todo al milímetro), pude observarla mejor.

Tuve que desviar la mirada para no tirarme encima de ella (eso lo digo ahora cobardemente). Acto seguido, el bus continuó su marcha y todo se oscureció. Así, pude apaciguarme un tanto. Ya mi cerebro maquinaba qué decirle o qué preguntarle para entablar una conversa. Es ahí cuando me percaté que pronto estaríamos por llegar a nuestro destino.

No pude articular ni una frase. Las luces lejanas de la ciudad a la que íbamos empezaban a aparecer en el horizonte. Estaba desesperado y abatido. Ella se preparaba para descender. Se dio los últimos toques, revisó sus manos, se acomodó en el asiento para disfrutar los últimos minutos del viaje, mientras yo seguía congelado pensando qué decir o hacer.

Cuando llegamos al destino final, sentí envidia de aquel que estaría las siguientes horas con ella. En eso, prendieron las luces del bus y fue en ese instante que cruzamos la única mirada. Su nariz me apuntaba ferozmente. Me hizo un gesto de saludo y de despedida a la vez. Yo me quedé petrificado hasta que me atreví a preguntarle cómo debía llegar al aeropuerto. Me contestó animosamente, pero no le presté atención. Solo la contemplaba. Terminó de hablar y continuó con lo suyo. Yo no supe qué más preguntarle.

Antes de descender del bus quería verla de cuerpo entero, pero yo debía salir antes que ella pues estaba sentado en el pasillo. La dejé pasar y me quedé observándola. Pensé en todo lo que le debí haber dicho. Descendió del bus y desapareció. No la vi más pese a que, tras despertar de mi obnubilación, la busqué en el paradero final. En vano. La perdí de vista. En esos momentos ya debía estar en compañía de su enamorado pues, recién lo confieso, ella ya lo había llamado por teléfono anunciándole su llegada.

No le pude preguntar su nombre. No me atreví. Le puse Geraldine. Toda ella tenía ese nombre. ¿Qué nombre me habrá puesto?, ¿Gerald?, ¿Wilbur?, ¿Lo habrá hecho? Si no lo ha hecho, no me importa, lo que sí me interesa es que me recuerde. Por lo menos intenté captar su atención vagamente, pero como siempre, lo hice muy tarde. Ella no debe haber gastado ni un nanosegundo en acordarse de ese viaje y menos debe haber pensado en mí. Soy un cobarde. Le mandaré estas líneas. Tú dime a dónde Geraldine. ¡Al menos le hubiese pedido su correo electrónico!
Abril 2008

jueves, 17 de diciembre de 2009

MI CARTA A PAPA NOEL PARA ESTE CALUROSO AÑO 2010

Asumiendo que Papá Noel existe, le he escrito desesperada y velozmente esta pequeña carta en donde le hago algunos pedidos para esta deprimente navidad. Ojalá sepa escuchar mis peticiones, comentarios, tribulaciones, quejas y diatribas para que se las haga llegar a las personas y entidades respectivamente aludidas. Espero que el próximo año, si es que le vuelvo escribir, la lista de pedidos sea menos extensa.

Estimado Papá Noel:

Te saludo, y sin mediar más generalidades, dada tu escasez de tiempo en estas fechas, te envío mi lista de pedidos (sin ningún orden, ni prioridad. Todos son importantes).

Te pido que:

• Nos permitas ponerle freno a esos empresarios angurrientos que vienen devastando extensos terrenos de bosques para sus monocultivos, aniquilando la diversidad biológica, incrementando la inestabilidad social, enriqueciéndose descaradamente a costa de los más pobres y obviando todo tipo de respeto hacia los demás.

• Nos ayudes a detener esa locura llamada “Represa de Inambari” que no es más que un capricho brasilero para abastecerse de energía dejándonos a nosotros miserias, bosques destruidos, poblaciones desplazadas y un ripio.

• Los planes maestros de las Áreas Naturales Protegidas sean más concisos y claros (y antes que nada, te pido que “ajustes” a los respectivos implicados para que de una vez por todas se aprueben aquellos que circulan por ahí en busca de sellos y vistos buenos, desactualizándose cada día que trascurre) con la intención de que realmente sirvan de herramientas de gestión y no para rellenar estantes. No puede ser que se incluyan en ellos los participantes de los talleres, un marco legal extenso y decenas de páginas con información irrelevante para manejar eficientemente el área. O por lo menos que se edite una versión resumida que pueda ser leída y entendida por los pobladores locales y otros actores con el fin de que sepan “de qué se trata” y qué se quiere lograr.

• Nos ayudes a frenar las iniciativas mal llamadas científicas que lucran con nuestra diversidad biológica y que venden “cebo de culebra”. No estamos para experimentos. Además, no podemos permitir que nos quieran agarrar de “lornas” y que estos intentos improvisados y poco serios saboteen a las verdaderas investigaciones científicas que aportan información de primera clase. Ya es hora de ponerle freno y desenmascarar a estos falsos conservacionistas.

• Realmente funcionen las revisiones técnicas y que desaparezcan progresivamente esas “carcochas” contaminantes que circulan por doquier.

• Internen en un manicomio o que les metan una multa a todos esos energúmenos que tocan el claxon como enfermos mentales.

• Alguien le haga el pare a esos republicanos gringos (una de ellas es la guapa Sarah Palin, ex candidata a la vicepresidencia de los Estados Unidos) que se oponen a la reducción del CO2 de su contaminante país. En Estados Unidos deberían mandarlos por un tubo a estos estrechos de mente. Me hacen recordar a personajes cantinflescos de nuestra política que son unos obtusos con sus imposiciones religiosas medievales.

• Intercedas para que la Iglesia deje de “jorobar” con su insistente posición medieval, arcaica y ridículamente conservadora que se opone a una política de planificación familiar. No se dan cuenta que cada vez somos más y que necesitamos regular el aumento de población.

• Dejes sin regalo a aquellos padres de familia (y a todos en general) que botan basura a la calle delante de sus hijos (hace poco vi a un niño que abrió una caja de chicle y que botó la envoltura en la puerta de su casa. Luego el padre se agachó a recoger la basura ¡y la tiró más allá! ¡Esto es de locos!) y que no muestran nada de decencia ni respeto hacia los otros.

• Nos ayudes a estar preparados para cuando, debido al calentamiento global, nos volvamos caníbales y matemos a nuestros vecinos por un litro de agua. Lo bueno, en este caso, es que la Iglesia Católica garantizará que haya más humanos para estos oscuros fines.

• No nos detengamos en los esfuerzos por erradicar la minería informal en el país que está destruyendo cientos de hectáreas de bosques, envenenando ríos (y por ende a otras personas), así como acrecentando la pobreza y la violencia. Debemos optar por otros caminos que nos permitan mejorar nuestros sistemas productivos.

• Nos mantengamos alertas ante el ingreso de alimentos transgénicos y ante las ganas locas de hacer dinero de unos inescrupulosos fomentando el cultivo de organismos genéticamente modificados como alternativas para, según ellos, salvarnos de la hambruna a costas de sacrificar nuestra diversidad biológica.

• Salvemos de la extinción a varias especies biológicas. Siendo concientes que algunas no van a sobrevivir a la barbarie humana, te pido que le demos una mano al geko de las huacas (Phyllodactylus sentosus), al zambullidor de Junín (Podiceps taczanowskii) y al mono coto de Tumbes (Alouatta palliata). Estas son solo tres de los cientos de especies amenazadas en el país.

• Nos ayudes a encontrar incentivos reales para fomentar la educación y la investigación científica en el país.

• Nos des la fortaleza para enfrentar las consecuencias del calentamiento global. Seremos uno de los países más afectados en el planeta y si seguimos dando vueltas sin hacer nada, la vamos a ver negras.

• Hagas recapacitar a todos aquellos que creen que, invadiendo terrenos y haciendo imperar la fuerza y el abuso, hacen uso de “sus” derechos. Debemos dejar de ser el país de las invasiones y del “caballazo”.

• El Ministerio de Energía y Minas deje de otorgar a diestra y siniestra permisos de exploración y explotación mineros, tal como hace poco lo hizo con un proyecto aurífero en la Cordillera del Cóndor.

• Hagas algo para iluminar a nuestras autoridades para que de una vez por todas tomen medidas drásticas y urgentes que combatan el caos vehicular en Lima (y en todas las ciudades del país).

• Metas a la cárcel a todos esos choferes irresponsables que aún conducen pese a tener decenas de multas.

• Le confieras algo de masa gris a nuestros desprestigiados congresistas con la esperanza de que, en el tiempo que les queda por cobrar, perdón, por “legislar”, hagan algo productivo. Sé que es casi imposible, pero igual te lo pido por si acaso.

Gracias Papá Noel por la atención prestada. Espero que te esté yendo bien en tu trabajo y que sigas esforzándote todos los años por darnos esas pequeñas alegrías que hacen de la navidad, una verdadera ocasión para la reflexión. Gracias también por avalar y facilitar que nos tomemos unos minutos para pensar en lo(s) que más queremos, alejados de las tiendas, las luces, las opíparas reuniones, los tan sinceros deseos y las verdaderas ganas de comer y beber hasta reventar. Saludos cordiales y Feliz Navidad para los que han leído esta carta hasta el final.

lunes, 7 de diciembre de 2009

CONSERVAR Y USAR ES MEJOR QUE ABUSAR Y DESTRUIR

Con todo lo que se viene para el planeta en cuanto a la búsqueda de soluciones a la problemática ambiental, el panorama es nada prometedor. No obstante, debemos hacer lo posible para guardar cierto optimismo, ¿o no? Es importante saber que existen muchas personas que creen que la Tierra va a empezar a enfriarse y que el pánico reinante sobre el futuro ambiental del planeta es una “cosa de locos”. Sin embargo, científicos estadounidenses han realizado diversas investigaciones (objetivas y no parcializadas) y han llegado a la conclusión de que no existe indicio alguno que muestre alguna tendencia que indique el descenso de las temperaturas globales.

Muy por el contrario, el planeta se está calentando y se calcula que el año 2009 sería el más caluroso que se registre en los últimos 130 años. A la fecha se sabe que el 2005 fue el año que portaba esta “distinción”. Y justamente con este último dato, más aquel de que el año 1998 también fue uno de los más calurosos; y que ambos años ya son “muy lejanos en el tiempo”, algunos afirman que actualmente la tendencia es que la temperatura global promedio está descendiendo.

En toda esta realidad planetaria (pues ya no podemos hablar de casos aislados) debemos reconocer que si no hacemos algo al respecto, los años futuros seguirán dándonos sorpresas negativas que dificultarán nuestra existencia. Como todos sabemos, el dióxido de carbono o CO2 es el principal gas causante del calentamiento global, pero de lo que no se sabe mucho es que el 60% de ese gas no se queda en la atmósfera (de lo contrario ya estaríamos cercanos al fin del mundo), sino, es captado por los océanos, los bosques y el suelo. Empero, la capacidad de almacenamiento de estos está colapsando y con esto podemos colapsar todos.

Es por eso que en varios círculos científicos se habla de maquinarias dotadas de tecnología limpia que, en resumen, lo que hacen es captar el CO2 directamente apenas se genera, es decir, antes de que sea liberado a la atmósfera. Seguidamente, el gas capturado es almacenado bajo tierra en cámaras especiales o en superficies porosas. De esta manera, se liberaría a nuestro recargado planeta de este gas. No obstante, en la discusión sobre qué tecnología es la más limpia, barata y efectiva, nos olvidamos que la naturaleza cuenta con el mejor método para protegerse del ser humano. Sin embargo, tras tanto “trabajo”, sus mecanismos parecen estar desgastándose para nuestra mala suerte.

Todo tiene su final, nada dura para siempre

Como ya se mencionó, las plantas, los océanos y el bosque captan el 60% del CO2 que se emite a la atmósfera. En el caso de los mares, se sabe que la capacidad de captación del dióxido de carbono disminuye conforme aumenta la temperatura de las aguas marinas. Además, mediante el deshielo de gigantescas masas procedente de los polos, entran al mar grandes cantidades de dicho gas limitando su captación. Es decir, la eficiencia de los mares en esta tarea es cada vez menor. Pero también se ha determinado que la capacidad de los ecosistemas a tolerar estos cambios climáticos es mucho mayor de lo que pensamos. Felizmente.

El científico ingles Wolfang Knorr de la Universidad de Bristol en Inglaterra, publicó un artículo en la revista especializada “Geophysical Research Letters” donde afirma entre otros que los océanos y la atmósfera ayudan a que el calentamiento global no sea más dramático. Contra más CO2 produce el hombre, la Tierra en su conjunto (y como sistema) lo absorbe para evitar daños ambientales. Para Knorr, es fascinante que un sistema tan complejo realice una actividad tan simple. Sin este mecanismo, las causas del calentamiento global hubiesen sido mucho más drásticas.

Pese a esto, Knorr no duda que la cantidad de CO2 emitido a la atmósfera, comparada a través de los años, ha aumentado exponencialmente. Asimismo, existe otro resultado que debe ser tomado en cuenta en las conversaciones sobre la política climática mundial: no se sabe con certeza cuál es la cantidad de bosque que se deforesta y cuánto CO2 es liberado, así como captado por las extensas masas forestales. Es por eso que se debe desmitificar la premisa de que protegiendo las selvas tropicales se protege al planeta del calentamiento global.

Y es que con este argumento los países con las más extensas superficies de bosques le reclaman a las naciones industrializadas que los indemnicen para combatir la tala ilegal. No obstante, estas últimas pueden negarse a hacer dicho pago si es que no se llega a establecer cifras exactas en torno a la deforestación (esto nos compete directamente). Para Knorr, la captación de CO2 por la masa forestal es lo que menos vale de un bosque. Más importante es la conservación de la diversidad biológica (y de hecho la generación de lluvias) ya que si se quiere “monetizar” a los bosques, lo que menos valor tiene es su capacidad de reducir el dióxido de carbono de la atmósfera.

Además, para los científicos está claro que sus conocimientos sobre el dramatismo que significa el cambio climático, no va a cambiar la situación actual. Según Knorr, “a la fecha no ha pasado nada, pero eso no significa que en un futuro cercano no pase algo terrible para la humanidad”. Ya se sabe que los “captadores” naturales de CO2 cada vez son menos efectivos. Con eso ya el futuro se ve turbio.

La conservación debe dar dividendos, sino, no pasa nada

La desaparición de la diversidad biológica no es solo un drama ecológico, sino también un drama económico. Científicos y economistas han elaborado un reporte que muestra la problemática del caso y la necesidad de demostrar que la conservación sí es rentable. Hablar únicamente de desastres ecológicos no es un argumento suficiente, por eso se está buscando agregarle el tema económico ya que una vez que la amenaza se dirige a la billetera, las reacciones parecen ser inmediatas. Algunas tendencias ecologistas intentan ponerle precio a la diversidad biológica a fin de demostrar qué tan costoso es perderla en comparación con lo barato que puede resultar conservarla y lo caro, penoso y poco efectivo que es recomponer un ecosistema.

Estamos viviendo una extinción masiva de especies que parece imparable. Por eso, si no la detenemos ahora, “ya fue”. En la reunión de los Ministros de Ambiente del G-8 en Postdam, Alemania, hace dos años, surgió esta idea que fue plasmada en el informe: “La economía de los ecosistemas y de la diversidad biológica”, el cual debería ser una especie de Informe Stern sobre la naturaleza. Uno de los puntos que se desprende de dicho documento es que el capital natural puede convertirse en una buena inversión y que los puntos neurálgicos a tomar en cuenta son: la deforestación de los bosques, la preservación de los corales marinos, la sobrepresca y la degradación de ecosistemas.

¿Cómo hacer para frenar todos estos problemas? La solución parece estar, no en la prohibición, sino en fomentar el buen uso de los servicios ambientales que ofrece la naturaleza. Pero para eso, los Estados deben invertir dinero a fin de preservar los ecosistemas y sentar las bases para que su uso, de manera sostenible, aporte dividendos. El ejemplo clásico es el de la preservación de los bosques. Cada árbol que no es deforestado (o que es plantado) ahorra emisiones de CO2 y por ende, dinero también. Mantenerlos en pie es más barato y provechoso. En este panorama aparece la propuesta llamada REDD (Reducción de Emisiones por Deforestación y Degradación) propiciada por las Naciones Unidas.

Argumentos para proteger a los bosques sobran, no obstante ya existen voces que reclaman que la iniciativa REDD es invasiva, prohibitiva y discriminatoria. La discusión está abierta y habrá que escuchar a todas las partes. Lo importante es reconocer que algo se debe hacer con suma urgencia. No podemos anhelar a conservar todo, pero tampoco podemos permitir que la naturaleza pague los platos rotos porque finalmente los más perjudicados seremos nosotros. Necesitamos ejemplos claros que demuestren que el desarrollo sí puede ir de la mano de la conservación. Más barato es manejar y conservar ecosistemas que restaurarlos después de haber sido destruidos.
Artículo publicado el 07 de diciembre en la versión online de la Revista Viajeros:
http://www.viajerosperu.com/articulo.asp?cod_cat=11&cod_art=1550

jueves, 3 de diciembre de 2009

III ¿F(L)ORO? NACIONAL DE ÁREAS NATURALES PROTEGIDAS: TENEMOS MUCHO POR HACER

Del 24 al 27 de noviembre del 2009 se realizó en Chiclayo este importante encuentro que reunió a más de 400 personas. Con una recargada agenda de temas para entender parte de la situación actual de las Áreas Naturales Protegidas (ANP) como espacios necesarios para la conservación y el desarrollo del país, este evento cumplió su objetivo. Es hora de pasar a la acción. Van unos comentarios personales.

Según el Servicio Nacional de Áreas Naturales Protegidas por el Estado (SERNANP), el país cuenta con 64 ANP (a agosto del 2009) pertenecientes al Sistema Nacional de Áreas Naturales Protegidas por el Estado (SINANPE) que protegen casi el 15% de nuestro territorio. A estas ANP le podemos sumar las 5 Áreas de Conservación Regional (ACR) y las 16 Áreas de Conservación Privada (ACP), las cuales son consideradas áreas complementarias al SINANPE. Comparada esta cifra con la de otros países, no estamos tan mal, sin embargo, lo más difícil no es establecer las ANP (se vienen 15 más), sino gestionarlas y demostrar de que sí aportan beneficios al país y, en primera instancia, a los pobladores locales que deben interactuar directamente con ellas.

Es necesario determinar en primer lugar que —desde mi percepción— la situación actual del SINANPE es alentadora y positiva. Tenemos recursos económicos (y ganas) para sacarlas adelante y convertirlas en ejes de desarrollo basados en la conservación y buen uso de los recursos naturales, pero nos falta (entre otros) mejorar los mecanismos de ejecución de los gastos que son necesarios para lograr que las ANP sean reconocidas como unidades eficientes que realmente aportan al país. En esa línea, aún se debe invertir más en personal, es decir, contratar más guardaparques (asegurando su estabilidad laboral, brindándoles seguro médico y capacitándolos mejor), incluir abogados y especialistas en la gestión de las ANP, así como, según la dimensión y los conflictos del área, asegurar que la respectiva jefatura funcione de manera eficiente.

Es necesario resaltar que un buen paso para la mejor gestión de las ANP es la decisión de que cada una de ellas tenga un Jefe. Otro punto importante que debemos reconocer es que, ahora que el SERNANP pertenece al Ministerio del Ambiente (MINAM) este se ha vuelto más dinámico y tiene mayor empuje. Pero esto es solo una parte del gran reto que tenemos ante nosotros: ¿cómo hacer que las ANP aseguren la conservación de nuestra gran diversidad biológica y que puedan ser utilizadas por nosotros para asegurar un mejor porvenir? Puede sonar contradictorio que al hablar de conservar mencionemos la palabra uso, pero sí podemos hablar de manejo. No obstante, para eso tenemos varios obstáculos que vencer.

Sopa de temas

Regresando al Foro y revisando su programación noté que la variedad de temas era grande (y está bien que sea así) pero lo que me llamó la atención es una apreciación muy personal que la someto a debate. En torno a las ANP, ACR y ACP existen muchos puntos de discusión en base a temas como monitoreo, determinación de lugares prioritarios para la conservación, gestión eficiente, sistemas de información, realización de inventarios biológicos y otros más específicos donde no tenemos una uniformidad teórica. Esta situación nos deja la impresión de que cada uno de los actores que trabaja en torno a estos espacios protegidos parece ser dueño de la verdad.

Definitivamente es bueno tener varios avances en diversos escenarios pero a mi parecer, se debe trabajar de manera más articulada buscando el consenso (el cual, aceptémoslo, es difícil de alcanzar en nuestro medio) para poder sistematizar la información de manera más certera y rápida. No tenemos mucho tiempo para tener ANP que funcionen de verdad. Es decir, la impresión de que cada actor (ONG, consorcio, gobierno regional o local u otros) jala agua para su molino y protege (o impone) sus intereses, nos puede llevar a no avanzar rápidamente en la gran lucha que tenemos para poder seguir (sobre)viviendo en un país megadiverso amenazado violentamente por el cambio climático producto del calentamiento global y por una expansión humana incontenible.

En algunos casos se aprecia que en estos espacios tan complicados de gestionar como lo son las ANP están presentes diversas propuestas (con sus diferentes metodologías) que posiblemente persiguen lo mismo, pero que responden tal vez a lineamientos establecidos en Estados Unidos, Europa o en otras realidades. Todo esto se confunde en interminables propuestas, planes de acción, estrategias, visiones, misiones que constantemente deben ser actualizadas porque pierden vigencia entre tanto papeleo y búsqueda de consenso para pasar a la acción.

Otros temas

Debemos reconocer, en mi opinión, que no vamos a poder conservar y salvar del ser humano a todo lo que quisiéramos y deberíamos conservar. Es inadmisible también pensar que algunos espacios protegidos se vean como entes aislados del resto. Las ANP son parte de un concepto más grande llamado territorio donde confluyen diversas visiones y usos del mismo. Tal situación nos obliga a incorporar a todos los actores involucrados para sentarse en una mesa y definir responsabilidades y acciones conjuntas que sean viables y que no queden flotando en la estratosfera.

Urge ser más expeditivos y concretos. La maquinaria estatal parece despertar de un letargo prolongado pero igual falta buscar catalizadores que demuestren que ese cambio sí está en marcha. Así por ejemplo es necesario que se aprueben los Planes Maestros de algunas ANP para que estas puedan cobrar ingreso y asumir aunque sea los gastos operativos. Por otro lado, un punto tocado en el Foro fue el de la recategorización de algunas ANP. Me parece un buen tema que debe también ser abordado con celeridad para redefinir conceptos y pasar a la acción. Los gobiernos regionales y locales (provinciales y distritales) deben también involucrarse en la conservación y uso sostenible de nuestra diversidad biológica.

Si bien, en resumen, el panorama se ve dentro de todo alentador, insisto en que debemos fajarnos más y buscar acciones concretas que sumen para tener resultados precisos. A estas alturas del partido tenemos que ser no solamente conservacionistas apasionados, sino también “humanistas”, es decir, concientes de que la única manera de sacar adelante a las ANP es viendo más allá de sus fronteras e incorporando a las poblaciones locales en su gestión. “Hace hambre”, cada vez somos más bocas que alimentar, requerimos más energía y necesitamos más espacio para habitar, por ende, la presión humana hacia las ANP no va a disminuir, sino todo lo contrario.

Es por eso que un rol importante en todo esto es aquel que tienen las Zonas de Amortiguamiento (ZA) como espacios que deben disminuir las presiones antrópicas hacia las ANP. En ellas se debe dar un uso del espacio de tal manera que lo que se conserva y resguarde dentro de los espacios protegidos sufra la menor intervención posible. Terrenos saneados jurídicamente; espacios para la agroforestería, ganadería controlada y otras actividades productivas bien manejadas; lugares para ofrecer bienes y servicios (hospedaje, venta de artesanías, alimentos y otros); centros de interpretación; espacios para fomentar la educación ambiental, talleres experimentales y otras posibilidades; deben permitir una mejor gestión de las ANP. Además, así se demuestra que la conservación sí puede traer beneficios para todos.

Finalmente quiero recalcar que tenemos que agarrar la sartén por el mango y ponernos las pilas de una vez por todas. Nuevos temas en la agenda internacional van a precisar modificaciones en nuestro accionar. Hablar de captura de carbono, gestión del agua, pago por servicios ambientales y otros implica reorientar, priorizar y ejecutar nuevas acciones o modificar algunas en marcha. No podemos pasarnos la vida “coordinando” y “agendando” reuniones donde el “floro” es el elemento principal. De hecho es necesario unificar criterios y establecer plazos, pero busquemos celeridad y perfección. Todos lo necesitamos. Manos a la obra.

Nota aparecida en "Solo para Viajeros" del 03 de diciembre de 2009:
http://www.viajerosperu.com/soloparaviajeros/nota1.html

miércoles, 18 de noviembre de 2009

SOMOS MÁS, CONTAMINAMOS MÁS

El simple racionamiento planteado en el título parece ser claro, pero al parecer, para muchos no lo es. La explosión demográfica es una amenaza para el clima global. Urge tener una política poblacional clara y que esta se aplique de una vez por todas en el país y en todo el mundo (los chinos saben perfectamente de esto). Para muchos científicos existe una gran duda: ¿la necesidad de promover una estricta campaña de planificación familiar que frene un descontrolado aumento de nacimientos en países del Tercer Mundo es la solución o es simplemente un deseo hipócrita de los países ricos para evitar más daños al planeta?

En el debate sobre los efectos del calentamiento global, el tema del altísimo aumento del nivel poblacional pasa desapercibido. Así por ejemplo, en el conocido Informe Stern sobre las repercusiones económicas de la problemática ambiental, este tema no aparece. Una planificación familiar bien aplicada (sin tapujos doctrinarios, ni conservadurismos ridículos como los que parecen predominar en nuestro país) puede convertirse en un medio propicio para reducir las emisiones de CO2 en el planeta. Por lo menos esto es lo que se desprende del estudio de Thomas Wire del London School of Economics.

Wire calculó que cuesta 32 dólares evitar la emisión al medio ambiente (con tecnología moderna) de una tonelada de dióxido de carbono. Asimismo, estimó que se necesitaría por lo menos 7 dólares por familia entre los años 2010 y 2050 para evitar que se emita más de una tonelada de CO2. En los siguientes 40 años se podría evitar que 34 gigas (billones) toneladas de CO2 vayan a la atmósfera si es que se pone énfasis a las políticas destinadas a reducir las tasas de natalidad descontroladas en el planeta. Somos menos, contaminamos menos.

Ya es hora de ir frenando el crecimiento humano

Se estima que existen cerca de 200 millones de mujeres en búsqueda del acceso a modernos métodos de planificación familiar que les permitan determinar el número de hijos a tener, según sus posibilidades económicas, producto de su situación social. Muchas mujeres viven bajo el yugo de maridos (e incluso de otros familiares cercanos) alcohólicos y violentos, lo que ocasiona un alto número de violaciones que las obliga a traer al mundo niños no deseados. Estos están condenados a sufrir la pobreza porque justamente estos casos se dan, casi en su totalidad, en familias de muy escasos recursos económicos.

Según la revista especializada en medicina Lancet, existen en promedio cerca de 76 millones de embarazos no deseados, lo que obliga a 42 millones de mujeres a optar por el aborto. Adicionalmente, la Organización Mundial de la Salud informa que 20 millones de mujeres se ven obligadas a someterse a un aborto ilegal con todos los riesgos que esta situación amerita, es decir, falsos doctores e insalubridad. Esto ocasiona que las operaciones se compliquen y que aproximadamente 5 millones de mujeres pierdan la vida.

Con un acceso directo a los métodos anticonceptivos se podría reducir esta cifra en varios países del planeta y con esto disminuir los impactos al medio ambiente. Así lo afirma Lancet y abre un nuevo debate sobre la relación entre el crecimiento humano, la salud reproductiva y el cambio climático. Bienvenida sea la discusión siempre y cuando esta se dé con una base científica y realista que no permita la intromisión de planteamientos morales inútiles que ignoran (o que no quieren ver) la preocupante realidad humana en asociación con su medio ambiente.

Abramos los ojos

Es hora de vencer algunas taras sociales y religiosas que solo conducen a una visión reducida de la problemática ambiental basada exclusivamente en aspectos técnicos. Se debe incorporar también aspectos sociales como la defensa de los derechos humanos y en este caso, la protección de las mujeres. El experto en control de nacimientos de la Universidad de Melbourne (Australia), Roger Short, afirmó en la revista especializada Philosophical Transactions of the Royal Society B que el crecimiento humano descontrolado es el principal problema de la humanidad.

Pese a esto, dentro de las ocho metas del milenio establecidas el año 2000 por las Naciones Unidas, este punto no se encuentra. Para Short, las organizaciones internacionales, los gobiernos y la Iglesia serán los últimos en convencerse de esta situación y en aplicar medidas reguladoras. Existen muchos intereses ocultos puesto que más gente significa también un aumento en las necesidades que deben ser cubiertas, es decir, más demanda, por ende mayores ganancias. Se calcula que cada año la población mundial aumenta cada día en 200 000 personas, es decir, al año ven la luz 75 millones de humanos.

Las Naciones Unidas calculan también que para el año 2050 seremos entre 8 y 10 mil millones de habitantes en el planeta (actualmente somos casi 7 mil millones). Además, el 95% del crecimiento humano desproporcionado se registra en países del hemisferio sur y con problemas como el SIDA y la pobreza. Si bien, actualmente el promedio de hijos por mujer es de 2,6 (el cual es bajo comparado con el de hace un siglo que oscilaba entre 5 y 6 hijos) existen (felizmente) países en donde el promedio es inferior. Estos se ubican en Europa, América del Norte y el oeste asiático (Japón por ejemplo).

Pero además hay otro punto importante: el consumismo. Cada nuevo humano es un consumidor en potencia que ocasionará un aumento del CO2 en el planeta y que exigirá más espacio para vivir. Visto esto de manera exponencial, a más personas, más impactos negativos en el planeta. El ecólogo Paul Ehrlich, autor de la obra “La bomba de la población” de 1968, afirma que “así como es necesario frenar el acelerado crecimiento humano, también es imprescindible reducir el excesivo consumo humano de los países más ricos”.

Sin embargo, como este mundo está lleno de contradicciones, una baja cuota de nacimientos puede ser también perjudicial para el medio ambiente ya que los costos para una infraestructura que permita el tratamiento de residuos sólidos y del agua, y que se sustente en energías limpias, aumentarían por cabeza. Esto podría ocasionar que estas tecnologías se dejen de lado por ser muy caras. Esto se puede dar en algunos países europeos, donde el promedio de hijos por mujer oscila entre 1,3 y 1,8. Esta situación irónica es otro reto pues contra más gente pague, las prácticas ambientales pueden ser más baratas.

Hagamos más peruanas y peruanas, el país los necesita

El recientemente nombrado Premio Nobel de Química, el holandés Paul Crutzen, ha denominado nuestra época como el “Antropoceno”, es decir, una etapa en donde el hombre predomina en todos los ecosistemas del planeta impactándolo de manera violenta y en muchos casos, de manera negativa e irreversible. Esto nos podría estar conduciendo a una nueva era geológica. Un ejemplo claro lo vemos en nuestra selva amazónica, cada espacio que se le arrebata y destruye a la selva se debe a la necesidad de ganar algo de dinero para alimentar más bocas (permaneciendo en la pobreza). Al ser humano con necesidades vitales que cubrir le importa un carajo el medio ambiente y si cada vez hay más en esta situación, ¿por qué nos asombramos que estemos haciendo “leña” el medio ambiente?

Además como ya se nombró, se deben satisfacer las demandas de los “ricos” y por ende hay que utilizar todas las fuentes de energía existentes. En este panorama, la situación ambiental es catastrófica y lo seguirá siendo. Puede sonar injusto que los del “Primer Mundo” nos exijan a los pobres que protejamos el medio ambiente cuando no tenemos la culpa de que las grandes cantidades de CO2 provengan de sus fábricas. No obstante, algo debemos hacer para frenar el crecimiento insostenido de seres humanos.

Es fácil darnos cuenta que ahora abundan los “baby shower” y que se ven más mujeres embarazadas en nuestro medio. Se percibe un cambio innegable en nuestra sociedad debido a un crecimiento económico palpable (no para todos lamentablemente), el cual debería ir acompañado de políticas de planificación familiar serias y no contaminadas de extremismos religiosos ridículos y obsoletos. Asimismo, debe haber mano fuerte contra los que impunemente depredan y contaminan el medio ambiente. Si vamos a crecer, crezcamos bien y de manera ordenada.
Artículo publicado el 18 de noviembre de 2009 en la versión online de la Revista Viajeros:

miércoles, 11 de noviembre de 2009

LA CONSERVACIÓN DE LA DIVERSIDAD BIOLÓGICA Y LA PROTECCIÓN DEL MEDIO AMBIENTE (2)

Continuando con el artículo anterior en donde plasmé parte del problema sobre la desaparición de la diversidad biológica en el planeta como una de las causas del antagonismo entre las visiones ecológicas y económicas del planeta, veamos parte de lo que se está haciendo para contrarrestar esta pérdida. Para encontrar un punto conciliador en las negociaciones, algunos políticos y tomadores de decisiones en el planeta buscan seguir en lo posible lo propuesto por Nicholas Stern (el famoso economista inglés autor del importante Informe Stern, redactado a pedido del Gobierno Británico para definir el impacto del cambio climático, producto del calentamiento global, en la economía mundial, publicado en octubre de 2006).

El Informe Stern concluye que no hacer nada es más caro que negociar y buscar un cambio en las políticas sociales y económicas de las grandes potencias del planeta. Tener una visión global del problema sobre la galopante extinción de la diversidad biológica nos lleva a asumir diversas miradas al tema desde perspectivas socioeconómicas y medioambientales que nos deberían conducir a la búsqueda del equilibrio entre el desarrollo humano y la conservación de nuestra flora y fauna.

Se siguen buscando argumentos que justifiquen la conservación de diversas especies biológicas y, si el dinero y el "bienestar" humano priman como consignas, las razones escasean. Además, si se busca determinar el valor de la diversidad biológica, hasta ahora muchos intentos en lograrlo han fracasado, por lo que, para varios, lo único que justifica su conservación es el aspecto ecológico, el mismo, que en una visión netamente económica, puede parecer débil e insuficiente.

Dudas que matan

En el año 1997 la revista Nature publicó un estudio que calculó el rendimiento económico total de la biósfera por un valor entre 16 y 54 billones de dólares. Ese año, el producto bruto social del planeta fue de 18 billones de la moneda estadounidense. Es decir, la naturaleza, tal cual como se encuentra, no rinde mucho. Es por eso que para muchos, más vale sacar provecho de ella que conservarla. Qué tan difícil conciliar la conservación con el uso responsable de los recursos naturales, lo podemos ver a través del ejemplo de Borneo, la tercera isla más grande del planeta.

Sus bosques son considerados como paraísos de la diversidad y hasta hace no mucho cubrían casi la extensión total de la isla. No obstante, entre 1985 y 2005, se talaron, según un estudio del Banco Mundial, 850 000 hectáreas (ha). Actualmente, se talan cerca de 2 millones de ha anualmente para plantar palmas aceiteras que producen el tan cuestionado biocombustible. Es decir, en este “negocio” ganan solo unos cuantos a costa del medio ambiente. ¿Es eso lo que se quiere? En el Perú, ya se vienen "tanteando" terrenos para lo mismo. Mucho cuidado.

La otra cara de la moneda: en la parte malaya de Borneo se busca encontrar un equilibrio entre diversos intereses. En tres concesiones de madera se están plantando acacias, sobre una superficie de 490 000 ha. Estos árboles crecen con rapidez y son cortados a los 7 años. Así, se recolectan anualmente cerca de 3,5 toneladas de madera destinada principalmente a la producción de papel y cartón. De este modo, la presión contra los bosques nativos disminuye buscando preservar la diversidad biológica de la zona y salvaguardar los espacios naturales ya protegidos.

Asimismo, cada año se plantan más de tres millones de “arbolitos” y se les otorga a los pobladores locales terrenos para que ellos mismos planten acacias. El proyecto denominado “Grand Perfect’s Planted Forest” hace que todos ganen y que la población local, los madereros y los conservacionistas convivan sin problemas. Esto permite que todos estén felices y contentos. No obstante, al parecer no todo es felicidad.

No todo lo que brilla es oro

Muchos conservacionistas dudan de este modelo. Y es que, pese a que la acacia es considerada como una especie mucho más “amigable” con el medio ambiente que las palmas aceiteras y que su presencia proporciona un hábitat para muchos animales, existen ganadores y perdedores en este proyecto. Las ranas, ratas, ardillas, así como algunos carnívoros viven felices bajo su sombra, pero la gran variedad de aves, las serpientes y otros saurios, los murciélagos y diversas especies exóticas no se sienten a gusto en este hábitat impuesto, por lo que simplemente no se les encuentra allí.

Adicionalmente, la capacidad de los bosques originales de retener el líquido elemento disminuye notoriamente, ya que las acacias consumen una gran cantidad de agua. Ante esto, se cuestiona: ¿Es este modelo la solución a la problemática socioambiental o es que estamos ante el mal menor? Otro ejemplo que grafica parte de lo que sucede en el planeta es lo que se da en el Parque Nacional Peritar en India, donde se protege al tigre. Allí se practica un turismo que busca reguardar al área protegida con el apoyo de los antiguos cazadores que laboran como guías y guardaparques. Al parecer, este modelo funciona y convence a todos.

Un ejemplo más cercano lo tenemos en Brasil, específicamente en el Estado de Amazonas, en donde se ha instalado la “Zona Franca Verde”, es decir, un espacio para aplicar el libre comercio. En dicho lugar se aprovecha el bosque responsablemente, ya sea a través del turismo (se filman documentales y se cobran derechos de filmación), se hacen investigaciones y capacitaciones científicas, se resguardan las áreas naturales protegidas o se venden pequeñas concesiones para cultivar especies forestales medicinales y aromáticas para la industria.

Pero… ¿y?

Pese a estas iniciativas (y seguramente otros proyectos similares), el panorama no es muy alentador. Así por ejemplo, Brasil está en la mira de la opinión pública y ecológica mundial, puesto que se denuncia que cada año son más los terrenos deforestados para plantar soya. Asimismo, en el país carioca las zonas donde se cultiva arroz y frijoles están siendo destinadas para la siembra de caña de azúcar para el etanol que requieren los países más industrializados. ¿Debemos reconocer que los intereses económicos priman ante los ecológicos? Parece que sí. Además, justamente los países con la mayor diversidad biológica no cuentan con los recursos económicos para salvaguardarla. El presupuesto que se designa para la gestión y manejo de sus áreas naturales protegidas es ínfimo.

Por otro lado, el poco dinero que se invierte en los países “megadiversos” en la investigación científica y el exiguo interés que le dedican sus gobernantes, no hace más que nublar el horizonte. Si no se hace algo rápido para buscar una convivencia justa y armónica entre conservación y desarrollo, gran parte del patrimonio natural del planeta desaparecerá. La pesca indiscriminada, la tala ilegal y la cacería incesante son producto del consumo de los países industrializados, que muchos países en vías de desarrollo (China, Brasil, India), imitan. Si esta desaparece es única y exclusivamente nuestra culpa.

Artículo publicado el 09 de noviembre de 2009 en la versión online de la Revista Viajeros:
http://www.viajerosperu.com/articulo.asp?cod_cat=1&cod_art=1526

viernes, 6 de noviembre de 2009

ESTIMADA CONGRESISTA AGNES KRUMWIEDE

Me enteré con mucha satisfacción que ha sido elegida, a sus 32 años, como Congresista en Alemania. No sabe la gran admiración que desde ya le tengo, debido a que he revisado parte de su “historia” y me he quedado fascinado con su exitosa y privilegiada “hoja de vida”. Sé que es una pianista de excelente trayectoria que comprueba que la música y la política sí pueden congeniar. Si bien ha tenido que cerrar su escuela de música en su natal Baviera, pienso que el gran esfuerzo que hace como parlamentaria del Partido Verde (con el cual también simpatizo pues viviendo en su país varios años, descubrí esa gran corriente que ahora en mi país, algunos improvisados, intentan imitar) es para quitarse el sombrero.

La lucha que tiene programada para que los músicos, bailarines y otros artistas reciban el sueldo mínimo me parece importante. Sé también que es considerada una “exótica” en el “Bundestag” por ser joven, elocuente y atractiva y que eso la saca de quicio, pero en verdad son cualidades de las que no me queda más que expresar mi envidia, por un lado por no conocerla personalmente, y por el otro, porque si viniese a mi país, se toparía con un gran circo de impresentables, fanfarrones, corruptos, improvisados, brutos y animales que reciben el sueldo en base a nuestra plata. Realmente, mejor no venga porque me da vergüenza ajena de solo pensar que podría ver esta poza de bestias totalmente prescindibles.

Ha obtenido (¿puedo tutearla?) un Diploma, lo cual en mi país equivale a una licenciatura (¡qué más da ahora!) y empezaste a tocar el piano desde los cinco años, pero como tú misma afirmas, el Congreso no impedirá que sigas tocando. Qué bueno (aunque admito que no te he escuchado tocar). Lo importante es que sigas manteniendo tu alma de artista y más si estás totalmente comprometida con buenas causas. Me imagino que desde joven pudiste mezclar la música con la política y eso es admirable pero normal en un país con partidos políticos fuertes y bien organizados, no como en el Perú que estos son como equipos de futbol que se arman para jugar una “pichanguita” y luego desaparecen.

Tu campaña la hiciste de pueblo en pueblo, de granja en granja entre vacas y ovejas en Baviera, tocando obras de conocidas compositoras alemanas. Tu campaña electoral se llamó: “Mujeres fuertes”. Formidable. Además, me parece excelente que después de cada concierto te hayas quedado a discutir con los presentes sobre tus propuestas para el Congreso, las cuales, estoy seguro, podrás hacer realidad.

Seguro que la despedida de tus alumnos y de sus padres en Ingolstadt debe haber sido triste, pero bueno, ten en cuenta que tus colegas también han debido atravesar por eso y que tú vas a Berlín a buscar mejores cosas para tu país. Sé también que pretendes luchar para que más mujeres ocupen cargos directivos en el mundo del espectáculo en Alemania, ya que la gran mayoría son ocupados por hombres. Aplaudo esa iniciativa. Pero lo que más aplaudo es que no solo te piensas limitar a la música y la danza, sino a toda la cultura. Eso es realmente alentador. Acá tenemos a una Congresista que algo bueno ha hecho (hay que reconocerlo) pero que está amarrada a una cofradía de políticos de temer. Ojalá ella se entere de tu trabajo para que pueda ver otras posibilidades, pero viendo a nuestro Congreso, poco se puede hacer, ya que es imposible tener una discusión sensata sobre temas de interés nacional sin que se tenga que perder el tiempo en discutir nimiedades y ver peleas absurdas.

Sé también que para ti la empatía es más importante que una carrera de derecho (u otra disciplina) para este cometido. Te doy toda la razón, ya que para un puesto como ese, necesitas tener contacto directo con la gente, escucharlos y llevar propuestas precisas y viables. La parte técnica la pueden ver tus asesores (acá hay asesores fantasmas y hasta empleadas del hogar e incapaces que dicen serlo) bajo tu tutela y dirección.

También me parece extraordinario tu afán por crear una red de colegios y casas culturales para combatir problemas de violencia, alcoholismo, drogas, problemas alimenticios (anorexia y bulimia) desde temprana edad. Y por supuesto, creo de vital importancia el empuje que le quieres dar a una cultura ecológica en tu país. Deberías venir (o mejor no) para que veas lo prehistóricos, obsoletos, irresponsables y absurdos que somos acá con nuestro medio ambiente. Te llevarías una impresión aterradora del fin del mundo.

Estás ahora en una gran orquesta donde estoy seguro tendrás un papel importante y seguro discreparás con muchos de tus colegas, pero finalmente se entenderán para trabajar por tu país. Acá es todo lo contrario cada uno toca su melodía pensando en ganar la mayor cantidad de plata, pues ser Congresista no es visto como un servicio al país, sino como la manera de ganar dinero fácil sin hacer nada, haciendo puras barbaridades innombrables y siendo el protagonista de escándalos dignos de una república bananera.

No te aburro más. Te deseo lo mejor e intentaré seguir tus pasos de una u otra forma. Me has animado a postular al Congreso de mi, por ahora, no tan querido país, a ver si algo se puede hacer. El problema es que acá es casi como querer suicidarse si es que uno decide entrar a esa jungla de bestias salvajes.

No dejo de jalarme los pelos por la envidia y la satisfacción de saber de tu trayectoria. Viel Glück Agnes!!

P.D. He leído uno de tus carteles publicitarios para la campaña electoral y veo que también piensas que es imprescindible proteger la diversidad biológica del planeta. Pienso igual que tú. Hay que salvarla de los seres humanos irresponsables. Su presencia es lo peor que le pudo pasar al planeta. Y lo último: ya somos amigos en el Facebook.

lunes, 2 de noviembre de 2009

EL PREMIO NOBEL DE ECONOMÍA, LAS CULEBRAS Y LOS HIELOS QUE SE DERRITEN

La primera mujer en la historia en recibir el Premio Nobel de Economía es la ganadora de este año, Elinor Ostrom, una polítóloga estadounidense nacida en 1933. No le había prestado mucha atención a la noticia, pero un buen amigo me recomendó leer uno de los estudios de Ostrom. Así, indagando sobre su obra me topé con varias entrevistas que concedió con respecto al tema de la política mundial sobre el cambio climático. De esta manera rescataré algunos pasajes que me parecieron interesantes. Una de sus propuestas recae en la necesidad de elaborar y poner en práctica diversas soluciones regionales a los problemas actuales.

Ostrom afirma que se debería propiciar lo que ella denomina un sistema policéntrico, es decir, las soluciones que se den a escala local pueden ser replicados en otras localidades y luego en distintos niveles, siempre buscando un mismo fin: mejorar la calidad ambiental del planeta. En su visión, se debería dejar que la gente, en diversos niveles y bajo determinadas reglas, experimente mecanismos que permitan administrar y usar mejor sus recursos naturales. Las políticas nacionales o continentales que regulan (o intentan hacerlo) el uso de un bosque o de la fauna marina, por ejemplo, no ofrecen buenos resultados. Es mejor sumar pequeños esfuerzos pues así se obtienen mejores resultados.

Asimismo, para Ostrom, no solo debe existir un único nivel (el global) para combatir el cambio climático, sino varios esfuerzos en diversos niveles. Afirma además que no podemos esperar sentados hasta que los protocolos y los tratados internacionales se firmen. Hasta que eso suceda podría ser demasiado tarde. La ganadora del Nobel plantea por ejemplo utilizar más la bicicleta (algo que acá es lejano), la energía solar y fomentar el reciclaje. Tales medidas pueden ser insuficientes pero tienen un efecto local que puede ser replicado y a final de cuentas ayudar a todo el planeta.

Para Ostrom, es necesario también convencer a la gente de que estamos frente a un gran problema y que ya es hora de actuar. De esta manera sus propuestas, basadas en gran medida en la propiedad común bien manejada, cobran fuerza. Por ejemplo, el Internet es un bien común que puede ser de mucha utilidad en la resolución de conflictos pero que también alberga criminales que atentan contra la sociedad. Esta plataforma tecnológica se ha convertido en una fuente de bienes que pueden ser utilizados por casi todos, pero que tiene sus riesgos. Es por eso que Ostrom propone que todas las prácticas comunales deben partir de que los miembros de un colectivo se conozcan bien y puedan identificar metas comunes. Adicionalmente, debe haber una comunicación fluida que facilite el trabajo.

Aterrizando a nuestra realidad, debemos focalizarnos en resolver nuestros problemas ambientales (y todos los demás) utilizando un trabajo multidisciplinario en donde tomemos en cuenta todas las aristas, desde la ecológica hasta la social para buscar soluciones practicas, viables e inmediatas. Si bien creo que la guerra contra el calentamiento global ya está perdida, solo nos queda mitigar sus efectos que cada vez serán más severos debido al cambio climático. Y para todo esto no ayuda en nada la indiferencia.

El ataque de las serpientes

Una invasión de serpientes de gran tamaño ha puesto en alerta a los Estados Unidos. Varias de las especies más grandes del planeta de estos ofidios ponen en peligro el equilibrio de diversos ecosistemas e incluso al hombre. La boa constrictora (Boa constrictor), la anaconda (Eunectes marinus), así como diversas especies de pitón (familia Phytonidae) se expanden desde el México y el sur del país norteamericano hacia el norte. Si bien se pensaría que estos reptiles están asociados a las regiones tropicales, su avance a otras zonas es uno de los efectos del cambio climático, pues el clima en muchos lugares se ha vuelto más templado.

Los ejemplares más grandes de estas serpientes llegan a medir seis metros y a pesar cerca de 100 kilos. Los ataques a humanos son pocos, pero sí se han detectado ya varios casos que han acabado con algunas personas. El US Geological Survey (SGS) del servicio ecológico del Gobierno Estadounidense ha clasificado incluso a estos invasores al mismo nivel que los caimanes. En el sur de Florida, el número de boas constrictor y de las pitones tigre sobrepasa los 10 000 ejemplares. Y es que estos reptiles maduran sexualmente muy rápido, tienen muchas crías y se desplazan grandes distancias sin problemas.

El problema para los biólogos es el extenso menú de estos rastreros, pues en él están incluidas varias especies locales de aves, mamíferos y reptiles. Estos animales no están acostumbrados a la presencia de las grandes serpientes y son presa fácil. Adicionalmente, la boa constrictora y algunos pitones incursionan en las ciudades y se sienten a gusto allí. Dentro de los principales factores que condicionan favorablemente esta invasión están el clima caluroso, su enorme capacidad de adaptación, su mimetismo y su gran resistencia. Una vez que se instalan en un territorio, es casi imposible desterrar a estos animales.

En un principio estos reptiles estaban circunscritos a las zonas más calurosas de Estados Unidos, es decir, gran parte de la Florida, el sur de Texas y Hawaii, no obstante su avance continente adentro parece ser imparable. Si estas serpientes, digámoslo así, se están movilizando rápidamente para “arriba”, también pueden hacerlo para “abajo”. Además, su incursión urbana puede acelerarse debido a todos estos cambios climáticos. Su presencia en territorios nuevos puede poner en serio peligro algunos ecosistemas. Mucho cuidado.

Hielo venenoso

Como sabemos los nevados como los que (aún) existen en los Alpes o en nuestra Cordillera de los Andes están cubiertos por hielos perennes. No obstante, debido al calentamiento global, estos se están derritiendo cada vez más rápido. Según algunos científicos, en los Alpes, el agua que conforma estas capas heladas contiene diversas sustancias tóxicas diluidas (como la dioxina y el DDT) que son liberadas cuando el hielo se derrite. Las concentraciones encontradas de estas sustancias son muy altas, las cuales no se habían reportado desde los años 70 cuando se dio el uso indiscriminado de pesticidas e insecticidas.

Además se han encontrado sustancias orgánicas cloradas que son muy poco biodegradables. De esta manera, muchos peces de las lagunas alpinas están contaminados con sustancias tóxicas. A través del estudio de las capas de sedimentos (en donde estas sustancias fueron fijadas a través del hielo) se logró identificar la “historia” de los nevados. Así, entre los años 1960 y 1970 se registra la mayor presencia de sustancias tóxicas. Esto coincide con el uso excesivo que se le dio a estos compuestos en dicha década y a la prohibición de su aplicación a inicios de la década del setenta. No obstante, en los últimos 10 y 15 años se registra un aumento de compuestos venenosos en las capas de sedimentos. En los años noventa el uso de sustancias cloradas aumentó, incluso más que en los años sesenta y setenta.

Dado que estos compuestos orgánicos tóxicos no son solubles en agua y se trasladan poco, no representan un gran peligro. Es muy difícil que pasen de los sedimentos al agua que pueda ser utilizada para consumo humano y que contaminen violentamente los cuerpos de agua de montaña, sin embargo, los científicos recomiendan que estemos prevenidos. Es necesario analizar continuamente la calidad del agua. Todo esto pasa en Europa. Acá, que yo sepa, no se ha investigado nada al respecto (para variar). Solo sabemos que cada vez nos quedamos con menos fuentes de agua.

Ante una posible (aunque por ahora remota) invasión de serpientes y acelerada pérdida de los nevados en el país (con una posible carga contaminante del agua liberada) ¿Qué podemos hacer? Por lo pronto creo yo que podemos seguir aplicar algunas propuestas de Ostrom, es decir, soluciones a nivel local cuando haya que aplicarlas y el fortalecimiento de redes de conocimiento que nos permitan estar alertas. Los próximos años que se nos vienen van a ser tremendamente difíciles. Que Dios nos agarre confesados e informados. Amén.

domingo, 18 de octubre de 2009

GRACIAS ONETTI: ¡TE PASASTE MACHO!

Hace unos días terminé de leer el excelente libro de Mario Vargas Llosa “El viaje a la ficción. El Mundo de Juan Carlos Onetti”. Me siento bastante contento de haber descubierto a este gran autor uruguayo, al cual solo conocía por algunas referencias. Leyendo sobre él siento que su estilo de vida se me hace conocido. Onetti era huraño, disfrutaba de un aislamiento voluntario en su hogar leyendo novelas policíacas, bebiendo whisky y fumando. Me pasa por ahora algo similar, pues últimamente prefiero quedarme en mi casa, leer o ver cualquier sonsera en televisión, o en el mejor de los casos, escribiendo y leyendo. Además, huyo de la mayor cantidad de compromisos sociales. Cuando estoy solo disfruto de la soledad en demasía. Incluso he llegado al extremo de conversar en voz alta conmigo mismo. En esos momentos también me asaltan los más profundos pensamientos malignos y a veces hasta desquiciados que se basan entre otros en escenas obscenas, retorcidas y de desprecio hacia muchas situaciones y hechos cotidianos.

También aparecen en mi cerebro saltos violentos de tiempo, en donde se confunden momentos pasados con los actuales como si estuviesen todos en una continuidad perfecta, es decir, como si el tiempo que distancia los hechos unos de otros no existiese. No me da miedo comunicar esto, al contrario, siento que todo esto enriquece mis pensamientos y me mantiene alerta (aunque no lo parezca) de todo lo extraño que resulta convivir con seres humanos dada su imprevisibilidad. En los momentos de estar solo maquino cómo describir a la fauna tan sinvergüenza en la que nos hemos convertido los humanos.

Un escritor con las influencias de James Joyce, John Dos Passos y en gran medida del genio escritor estadounidense William Faulkner, más esa mezcla de ficción y cruda visión de la miseria humana, solo puede ser de mi admiración. Yo creo que el hombre es un ser miserable y que a veces la única manera de entender este mundo en decadencia es explorar el interior del humano para intentar encontrar su comportamiento irracional y combatirlo. Crear un mundo ficticio para escapar de este laberinto maldito que puede ser nuestra vida, me parece una opción interesante y válida para sobrevivir en un remolino de desgracias. A Faulkner le debemos el Macondo de Gabriel García Márquez, el Comala de Juan Rulfo y la ciudad ficticia de Santa María creada por Onetti.

Yoknapatawpha Country, esa ciudad ficticia creada por Faulkner y ubicada en algún lugar del sur profundo de los Estados Unidos, es el lugar perfecto para “insertar” personajes y escenas que narran la decadencia humana. Luego de haber leído hace ya varios años “El ruido y la furia” de Faulkner (y muchos otros libros de él) y ahora, después de haber descubierto a Onetti, siento que tengo la excusa perfecta para ir creando un lugar ficticio que me aleje de toda esta mierda. No es que me vaya a aislar del mundo. Al contrario, uno puede estar en medio de todo, pero lo importante es dónde está nuestra mente cocinando nuestros más oscuros secretos y deseos. Analizar una misma situación a través de diversas miradas y en un lugar inexistente me ofrecería la oportunidad perfecta para dejar que algunos de mis más oscuros pensamientos tomen vida y salgan a flote para bien o para mal. No todo es bello y lindo en este mundo. La situación terrícola es cada vez más preocupante.

Recién ahora puedo seguir leyendo, ya que esos “malos” pensamientos no me dejaban tranquilo y me conminaron a escribir estas líneas para continuar sumergiéndome en más páginas de calidad. Nada más reconfortante que leer un buen libro en estos días de vertiginosos minutos incontenibles. Dejar salir a nuestros demonios (y/o a nuestros ángeles) para entender lo que nos rodea, no es una mala idea. Claro, no estoy haciendo una apología a la maldad. Tampoco pretendo que todos nos convirtamos en monstruos. Pero sí creo que una pizca de ira, desconfianza, violencia, sangre fría y de “huevos” es necesaria para intentar cambiar algo. Por último, todo esto alimenta (aunque suene extraño) a fortalecer mi espíritu. Le agradezco a Onetti por mostrarme un mundo fascinante. Además, reitero mi admiración por Faulkner, ese gran escritor que me ha hecho ver toda esta aventura que es la vida de una manera distinta.

martes, 13 de octubre de 2009

LA CONSERVACIÓN DE LA DIVERSIDAD BIOLÓGICA Y LA PROTECCIÓN DEL MEDIO AMBIENTE (1)

He estado (y sigo) pendiente de algunas discusiones sobre la terrible situación de la diversidad biológica en el planeta y las diversas propuestas que existen para intentar remediar esta situación. Encuentro posturas que sustentan salvar específicamente algunas especies, las cuales colisionan con otras, que pregonan que se debe salvar al ecosistema en sí que alberga tal o cual especie. Es decir, no nos debemos avocar a una especie sino a todo su hábitat. Personalmente concuerdo con esta última postura. Veamos otros elementos de juicio para tener más claro el panorama.

Y es que apostar por conservar todo un ecosistema implica dejar de utilizar ciertos espacios para la agricultura y la generación de fuentes de energía y minerales. Es obvio que un área natural protegida no puede convivir con estas actividades productivas, pero para muchos no lo es, y menos cuando el planeta sigue creciendo de manera descontrolada. Voy a utilizar el caso del tigre como referencia a lo que sucede con la diversidad biológica. Este felino que se distribuye desde Siberia hasta Indonesia "ha visto" cómo su territorio se ha reducido, entre 1995 y 2005, en un 40%. Además, algunas de sus subespecies ya se extinguieron. En India, se calculaba que la población del tigre era de 40 000 ejemplares. Hoy en día se estima que no pasan de 1500.

Es así como en mayo del 2008 se reunieron en Bonn (Alemania) más de dos mil científicos de todo el mundo en la novena Conferencia sobre el Convenio de la Diversidad Biológica (CDB) con el fin de establecer los mecanismos para salvar de la extinción a la fauna y flora del planeta. Los resultados de dicha reunión aún no son conocidos por el público de a pie. Esperemos que nuestro país haya sido dignamente representado y que los compatriotas que estuvieron en Alemania hayan traído propuestas aplicables a nuestra realidad.

Un tigre en depredación

Regresando al tigre, en el mundo deben existir entre 3500 y 5000 ejemplares de este gran felino según la WWF (World Wildlife Fund). Con esto, el tigre ya está en la lista de las especies al borde de la extinción. Las principales causas de su desaparición son su caza indiscriminada para obtener los huesos, piel y dientes, así como la disminución drástica de su hábitat. Y es que comparando las cifras con el año 2000 en donde se estimaba una población entre 5000 y 6000 tigres, la alarma suena imparable. El tigre de Sumatra ya está a punto de desaparecer. Asimismo, las subespecies: bengalí, indonesio y malayo están amenazadas. El tigre del sur de China, del cual hace diez años se calculaba que existían entre 20 y 30 individuos, ya debe estar extinto.

Pese a todo lo hecho (y no hecho) para salvar al tigre, el panorama es desolador. En especial, la creencia de las cualidades curativas y afrodisíacas de las partes del tigre hace crecer la demanda de estos bellos animales (¿no nos suena esto conocido?). Por otro lado, pese a que ya desde el año 1975 existe una prohibición internacional para el comercio de estos animales, para variar, esto no ha impedido su caza ilegal. El ser humano se cree un "monstruo" en conservación, pero en realidad es “un tigre” en depredación.

¿Floro monse?

A diferencia de otras reuniones, esta vez el punto central de la discusión en Bonn fue contemplar a la diversidad biológica como una sola, y ya no solamente casos aislados (como el tigre, el orangután y otras especies al borde de desaparecer del planeta). Es por eso que ante el actual encarecimiento de los alimentos y la búsqueda desesperada de fuentes de energía, así como ante la crisis financiera, ¿es más importante conservar al rinoceronte de Sumatra?, ¿acaso no se necesitan mayores superficies de tierra para la agricultura? El debate sigue pendiente.

Adicionalmente, existe la discusión por el tema de los transgénicos y la monoagricultura contra la diversidad biológica. Para algunos, los primeros pueden salvar al mundo de la hambruna, para otros, en la variedad de especies (y en la diversidad genética) está la salvación del planeta. El conflicto de intereses entre la protección de la flora y fauna y los apetitos comerciales es un tema que tiene para rato y que nos involucra directamente, pues somos un país megadiverso.

Ya en 1992, en Río de Janeiro, donde se firmó el primer CDB (durante la Cumbre de la Tierra), se reconoció que la extinción de especies trae consigo la pérdida de importante información genética. Así también, se determinó que la conservación del medio ambiente no sería exitosa si no se cubren las demandas básicas de las poblaciones directamente involucradas. A esto se le adiciona ahora la necesidad de proteger no solamente una especie, sino a todo su territorio. Si bien a partir de 1992 se acrecentó una ola de establecimiento de áreas naturales protegidas, la disminución de animales y plantas ha aumentado.

Si asumimos que existen cerca de 1,5 millones de especies de flora y fauna en el planeta y que gran parte de ellas no ha sido aún descrita por la ciencia, además de que se estima que cada día desaparecen aproximadamente 100 especies, y que finalmente casi 16 000 de ellas figuran ya en la Lista Roja de la IUCN (International Union for Conservation of Nature); algo estamos haciendo mal. La tercera parte de los anfibios, cada octava ave, cada cuarto mamífero y cerca de 100 000 plantas silvestres están amenazados. Tras 17 años del primer CDB se ha hecho poco.

Se habla permanente de conservar la diversidad biológica, sin embargo, con cada nueva carretera, pozo petrolero; con la expansión interminable de las ciudades y de sus zonas industriales; y con la colonización de nuevos terrenos agrícolas; se le mete una zancadilla a dicha intención. Conciliar los intereses ecológicos con los económicos es complicado.

Además, no solo existe una dependencia entre la protección de las especies con la del clima mundial, sino que también son consecuentes. Con el cambio climático la extinción de especies se acelera. Si bien existen biólogos que confían en que las especies se adaptan al calentamiento global como parte del proceso evolutivo, otros más escépticos, como los del Panel Intergubernamental de Cambio Climático (IPCC en inglés) asumen que con un aumento de la temperatura mundial en 2,5 grados centígrados al final del siglo, cada tercera especie desaparecerá.

En el siguiente artículo veremos qué propuestas y soluciones se han planteado en la tribuna internacional para no perder la batalla contra la extinción de especies.

Artículo publicado el 12 de octubre de 2009 en la versión impresa de la Revista Viajeros:
http://www.viajerosperu.com/articulo.asp?cod_cat=1&cod_art=1509

sábado, 10 de octubre de 2009

MIXTURA

Unas punzadas dolorosas en el cuello te regresaron a la triste realidad. Creías sanamente que esa postura supliría los dolores y la apremiante electricidad en una de tus piernas. Un movimiento brusco intentó liberar un conejo de un sombrero de huesos y músculos entumecidos. Todo estaba oscuro. Distintos humores humanos se confundían serenos en el aire enrarecido conjugando una almizclada compañía.

Mientras digería un apetecible mamey en el caluroso norte esperaba que los grandes culminen su siesta para poder ir a la gran fiesta. Su abrupta digestión ocasionaba movimientos peristálticos innovadores en mi ya henchida panza. No deseaba ir a la fiesta. Subí abruptamente a una camioneta rodeado de calor y moscas. Estaba peinado y acicalado. La calle se convertía, conforme avanzábamos, en carretera. Las casas disminuían y se aplanaban, mientras las calles se ensanchaban hasta convertirse en una sola vía de ida y vuelta. Del mismo modo, los perros y los niños empezaban a multiplicarse, señal indudable de que nos alejábamos de la ciudad.

Aparecí sentado bajo el sol de la sierra en una plazita, algunos metros por encima del pintoresco pueblito. No entré a la iglesia, santuario o lo que fuese. Me parecía incoherente. Me estremecía un desgano hacia las reverencias y el teatro católico. Las viejas cucufatas me espantaron e hicieron más fácil que decida quedarme sentado disfrutando del sol. Observaba plácidamente el quehacer de ese día tan común pero tremendamente alborotado. Me sentía con un bienestar extraño, como si estuviera en un lugar muy tranquilo, lo cual era incongruente con la realidad pues el tumulto ensordecedor de sus alrededores mostraban todo lo contrario.

Llegamos a la fiesta. Un mar de gente con prendas apagadas parloteaban animadamente en la sala. Una mesa repleta de sanguchitos y gelatinas y una imponente radiola eran al parecer los anfitriones. Me alejé de todo el tumulto y me escabullí entre la masa para, dentro de ella, esconderme de las presentaciones y demás problemas de ser distinto. Mi madre presentaba orgullosa a todo el gentío a mi hermano. Yo buscaba desesperadamente la salida.

El santuario del señor de ese mismo sitio, se encontraba enclavado en los cerros colindantes. El ambiente era de fiesta y de suculentas fritangas. Algunas llamas, ignorantes de la situación, posaban con desaliñados y pintorescos turistas. Familias numerosas se tomaban las fotos del recuerdo con el fondo del bendito “santuario”. Abuelos de innumerables años, madrinas, sobrinas, compadres, niños y demás miembros eventuales sonreían animosos entre hojas de coca y “calientitos”. Los niños compraban emocionados las estampitas, las mismas que veía oscilando en todas las tiendas y autos de la zona. Todos toman para combatir el frío pero, no hace frío.

Estaba siendo testigo de esos momentos en los que el ser humano se comporta igual, esté donde esté. La hospitalidad puede variar en cuanto a la cantidad pero no en la forma. Los padres del “niñito” de la fiesta hacían esfuerzos sobrehumanos para desdoblarse y atender a todos los invitados, en especial a los foráneos, dentro de los cuales me incluía perfectamente. Las paredes hace poco pintadas y el piso lustrado con esmero confabulaban para lograr el mejor aspecto posible del cálido hogar que nos acogía. Mis preocupaciones eran otras. Me sentía preso en ese conglomerado de gente y bullicio. La música empezó con furia y desató el fervor y la alegría de los invitados. Las mamás orgullosas lanzaban a sus criaturas al ruedo para que luzcan sus destrezas y sean los posibles centros de atención o simplemente los mandaban a bailar para que no los sigan incomodando mientras disfrutaban de la hospitalidad de los anfitriones.

El sol me iluminaba el rostro y mi desazón desaparecía conforme avanzaba la mañana. Cada visitante salía más santo que el otro. El aire era por momentos puro y limpio hasta que el olor de parrillas y algunos excrementos de auquénidos irrumpían invisibles. Contemplaba con especial curiosidad a la gente del sitio. Todo era más lento y parsimonioso. Unos niños revoloteaban como palomas y hacían un escándalo poco digno del lugar. Una pareja de novios salió del recinto. Santo matrimonio. El calorcito en mi rostro me hace bien. Contemplaba cómo los cerros colindantes abrazaban al santuario. Tres niños corrían encima de ellos despreocupados de la triste realidad. Me dediqué a observarlos. Definitivamente es bien imprudente que estén allí saltando y jugando. Sentí la presencia de una muchachita triste que caminaba lentamente pero firme hacia el recinto santoral. Vestía humildemente. Era bella, rosadita, llenita. Unas nubes caprichosas pasaban fugazmente por el cielo azul impecable. Pensaba en una caverna misteriosa gobernada por el silencio.

Logre salir de la fiesta y me dirigí a la carretera buscando la puesta de sol. Un hombre se encontraba esperando alguna movilidad que lo llevara a casa. Una variedad de alforjas, morrales y bolsas lo convertían en una figura simpática bajo el rezago de calor norteño. Me acerqué a hacerle compañía y a buscar algunos momentos de salvación frente a la debacle de la fiesta. La música estridente no dejaba de alborotar el barrio, a los perros, al calor, a los churres, a todos, salvo al preocupadísimo hombre que aguardaba meditabundo.

El sol quemaba con más ahínco. Mi vista se concentró otra vez en los cerros y en los tres mocosos. Parecían cabras de monte revoloteando en busca de flores. Cerré los ojos dejando mi mente ocupada en la identificación de algunos olores andinos no registrados en mi cerebro. Un arco iris irrumpió en mi imaginación toda negra. Abrí los ojos y el sol me deslumbró trasladándome a un paralelo universal. Todo era bello y parsimonioso. Veía los cerros con los ojos cerrados y distinguía figuras humanas que se acercaban al santuario y lo contemplaban desde arriba. De pronto ante el intempestivo revoloteo de las figuras, dos de ellas se desplomaban del cerro. Abrí los ojos y vi que dos de los niños se encontraban en caída libre, atiné a gritar “stop”, los dos niños quedaron estáticos en el aire. La gente me miraba. Yo apuntaba al cerro tal cual como un conquistador español tras avizar tierra de indios.

La angustia llegó muy pronto. Decidí quedarme a esperar y a conversar con el señor. Los carros y camiones ignoraban el pedido de Leonidas, agricultor de 45 años y curtido por el sol. Oscurecía de un color naranja similar al horizonte de Nietzsche viendo volar al Super-Hombre. Leonidas casí no hablaba. Lo bombardeaba con numerosas preguntas, de las cuales solo obtenía gestos y muecas. La bulla continuaba y no comprendía como convivían la alegría y la desesperación tan juntas. Leonidas se lamentaba de su suerte. El calor es humano y despiadado. Se alejaba tranquilo, tal como había llegado.

Mantenía en mi mente el deseo de que permanezcan en el aire estáticos hasta que decidiera qué hacer. Sentía una estridente tranquilidad. La gente se me acercaba a raudales. La música del pueblo cesó. En segundos, la plaza se llenó de gente que me miraba con asombro. Lentamente bajé mi mano y los niños bajaron como copos de nieve hasta la plaza. Me sentía un pobre mortal con algún don. Empecé a reír. La gente no dejaba de admirarme y contemplarme. Algunos se persignaban y me acercaban rosarios para que los bendiga. Yo los rechazaba. Solo deseaba estar tranquilo.

Leonidas desapareció contento. La gente me tocaba boquiabierta y balbuceaba oraciones. Me dirigí a una pequeña tienda donde había una sola mesita. Pedí algo para tomar. Necesitaba un trago urgente. Un séquito de gente me miraba. Me senté observando detenidamente el sol. Vino el alcalde. No sabía cómo hablarme. Yo lo ignoraba olímpicamente. Los dos niños que “salvé” abrazaban a su madre y me pedían explicaciones con su mirada. Ella era un mar de lágrimas. Su vestimenta era simple. Me sentía muy bien. Leonidas ya debe estar en casa. El día empezaba a menguar. Los primeros beneficios del alcohol surgían efecto. Una señora me acercó un escapulario. Le dije que por favor sigan sus rumbos. Un surco parecía abrirse en el cielo rayado. Pensaba quedarme sentado disfrutando del poder. Dos compadres en completo estado de ebriedad daban saltos al compás de un moderno huayno. Abrazados cual pareja, bailaban apasionadamente. Me invitaban a que los siga a su fiesta. Uno tenía solo un par de dientes. Yo era santo, era otro, era distinto. No estaba para fiestas. Sentía un calor en todo el cuerpo. ¿O era el trago? Vi unas estampitas con mi foto en un fondo morado rodeado de flecos blancos. ¡Qué fea foto! ¡Salgo horrible, por Dios! Una señora me clavaba su mirada inquisidora. Hereje. La vida no da para más. Esperaba la noche para sufrir en silencio. Sentía rugir unas voces. Unos violines lastimeros frotaban mi alma. Mucha gente me seguía aún observando. Sin perder el tiempo, ya se habían instalado algunos con sus puestos de fritangas. Otros vendían mi estampita. No me quería levantar. Compré dos estampitas "de mí" y me las colgué en el cuello. Me fui a dormir completamente seguro que todo sucede así porque no puede suceder de otro modo distinto. ¿Y ahora?

martes, 29 de septiembre de 2009

CAMALEÓN

Ella entró al departamento meneándose suavemente sorteando la humedad limeña con sus hábiles y gatunas caderas. Él entró después. Ella se apoyó en la escalera, se sacó los zapatos y corrió hacía la cocina. Qué raro, pensó él. ¡No te duermas mi amor, siéntate un rato! Bueno, me tiré al sofá torpemente como siempre. Desde la cocina no llegaba sonido alguno, salvo, tras unos inútiles minutos, el relinche lejano y naciente del hervidor de agua acercándose a todo galope. Contemplando el techo la pensaba desnuda. Alguien me hablaba. Un sonido metálico distorsionaba mi nombre. Regresé a la sala. No gracias, no quiero. No me gusta el té. Lo sabes y me sigues preguntando, ay hija.

Buscaba desaparecer completamente como el señor de los perfumes Jean-Baptiste. Me sentía feliz de estar ahí simplemente sentado e inmóvil. La noche fue aniquilada con unos buenos tragos. Ella estaba un poco ebria. Yo no, ¡qué extraño! Lo que vendrá no es mi culpa, es culpa del universo maldito y de su arrogancia a ser inalcanzable e infinito.

Frente a mí, el teléfono en la mesita. Los últimos momentos de la noche antes de dormir con ella destellaban imágenes bizarras. El sabor final era amargo. La incertidumbre regresaba a pinceladas. El mar aparecía naranja. Bajo el agua era más silencioso que de costumbre. Se sentó a mi costado con su taza amarilla de M&M.

Si lees esto seguro reclamas. Tus pelos cubrían serenamente tu rostro bello e imbatible. Tus llamadas son cada vez más lejanas. ¿Podré acostumbrarme? Temo que cada día que pase, vilmente te olvide. Sus manos rodeaban la taza caliente de té. Sus pies tocaban ligeramente el piso. Su mirada estaba dirigida a la ventana de la terraza al lado izquierdo de nosotros. No dije nada. Ella se levantó y desapareció hasta el balcón. Su figura arremetía entre las sombras. El delirio de la noche reflejaba en el vidrio las últimas esperanzas de quedarme contigo.

Me quedé mirándola concentrado en otra cosa. Ya no puedo seguir esperando. Su figura esculpía la noche haciéndola más perfecta e insensible. Una noche más de pesadumbre.

Sentado en el jardín de la casa de playa, discutía con Madame Cassis sobre una fobia suya. No se inmutaba. Yo la atravesaba con mi mirada hambrienta. Su verbo florido y jovial me embriagaba de sapiencia.

- Así no puedo ir a Europa.
- Sí puedes. No puedes ir a Louvre, ni a Roma, pero si a Heidelberg, nunca vi una por ahí.
- Uno de esos tipos a caballo puede bajarse.
- ¿Para qué? ¿A llamar por teléfono?
- A atacarme.
- Pesan mucho, no son ágiles.

Madame tomaba muy animada un aperitivo de menta con hielo. Lucía fresca como la brisa del océano y dulce como la compota de guanábana. Su mirada lejana y triste denotaba melancolía. Yo me había quedado después de tanta hierba en Europa, exactamente en un mercado de Palermo, donde la gente gritaba despreocupada del Euro y del Tratado de Niza. Peces colorados y exóticas frutas se asomaban entre tanto griterío. Ella me apuntó con el dedo y me dijo sutilmente:

- Hay una especie de esponja marina gigante que habita en el mar polar y que, al parecer, es el más longevo de todos los organismos sobre la Tierra.
- Hija mía, despreocúpate de ellas, no hacen nada.
- No hay que subestimar lo inmóvil y lo antiguo.
- Sí pues. Este mar esta jodido como caca de murciélago.

Madame tomó un trago y despotricó contra el calor y las moscas. Yo estaba sumergido en el mar buscando esponjas y jabones. Todo era naranja, como yodo. No había ruido, solo alaridos de niños bañándose y meándose en el mar. Madame se paró y se sirvió otro trago. Sus caderas son voluptuosas, sus ojos verdes son salvajes, sus labios carnosos son como grapefruit.

- Tú estas en otro planeta.
- No, estoy en este pero en el mar buscando esponjas de mar.
- Relájate hijo mío. Por acá no hay.
- Tiene que haber alguna.
- Me encanta ver como copulan los animales.
- ......
- Debe ser bonito. Los animales no se inhiben.

Madame tarareaba una canción conocida, muy de moda. Lanzó una carcajada y me sirvió más Vodka. Su figura me tapaba el sol denotando esa simetría casi perfecta y felina de las mujeres, capaz de someter hasta al más desconfiado.

- ¿Nos metemos al mar?
- No, mejor no, estoy con los reflejos aturdidos, me ahogaría
- Vamos, veamos si es tan bueno como parece. Me dan ganas de meterme calata.
- ¿Estás loca? Hay muchos sapos y renacuajos como en los baños termales.

Estaba tomando café en Grecia (nunca fui, pero estaba ahí) o en Chivay. No recuerdo. Observaba, serenamente anonadado, a la preciosa mujer que nos atendía. Las horas no circulaban. Se detenían a mirarme, mientras conversaba plácidamente en la terraza con mesitas de mantel rojo. El nombre del local era rarísimo, en quechua o en griego. Su fachada amarilla, con dos ventanas simples pero exóticas, le daba un aspecto terrícola envidiable. La puerta estaba bajo una enredadera fantástica que brindaba la calma perfecta. Entre las dos ventanas colgaban una lámpara y un termómetro. No se escuchaba nada más que los ruidos de la cocina y algunos pajaritos.

Departía armoniosamente con Christine sobre Oskar Matzerath, el niño del tambor y sobre Canetti y los adorados puños de Benedikt Pfaff. Cuando me pasen la cuenta me daré cuenta de dónde estoy. Soles o euros, ya veremos. Christine pide un postre de nombre irrepetible, casi insultante, agresivo, pero de su boca sólo puede emanar dulzura, quizá era un trago o pidió la cuenta, ¿cómo será?

- ¿Cuánto tiempo tiene el tiempo encadenado a lo infinito?
- Supongo que todo depende desde donde lo mires o quizá, de donde estés.
- Para Oskar el tiempo es lo de menos.
- ¿Tú crees?
- ¿Acaso tuvo apuro en crecer? No. Él representa a Alemania, al estancarse en su crecimiento y después crecer.

La noche es el refugio de mi desesperación y de mi osadía. Ella fumaba en el balcón, tranquila como después de una gran tormenta. Me saqué los zapatos y sentí un miedo sin fundamento. Una cierta desdicha, aparecida de la nada, rondaba en el ambiente y se metía, sigilosa pero holgadamente, por la cocina. No importa ya ni la hora ni el día. Tu risa me atormenta y me nubla la mente de carabelas portuguesas. El único antídoto es tu boca o tu desaparición.

Madame miraba el mar cantando y tomando sorbos suculentos de su brebaje. Volteó a saber si todavía me hallaba ahí desbaratado como muy-muy en tierra. Su sonrisa me terminaba de embriagar y de anonadar. Siempre pensé en besarla. Ahora me arrepiento de no haberlo hecho. Madame bailaba lentamente con la sombra esculpida de su cuerpo. Parecía que se elevaba y que alzaba vuelo dejándome encandilado y absorto en un estuario de tulipanes naranjas y rodeado de alegóricos delfines rosados.

- Siéntate por favor que me pones nervioso.
- Vamos a ver MTV.
- Estoy viendo delfines, hipocampos y galeones.
- Ya no fumes.
- ¿Dónde empieza el mar Madame?
- Donde acaba la tierra y otro se pregunta lo mismo.
- No, yo creo que justo ahí, donde uno lo ve por primera vez. Luego no hay final.

Sentado en el café, desconocía de manera preocupante el trágico sentido de muchas cosas simples y de otras complicadas. Christine sonreía de la manera más perfecta. Su sonrisa era digna de ser clonada. Mi mirada la atravesaba, pero no se daba cuenta. Cómo puedo plantear una solución sin antes saber el problema. Antes que venga el final ya tengo la solución. Tú me entiendes. Me viste corriendo en el hielo. El café amargaba mi fe y encandilaba mi espíritu. Christine dejó entrever su aristocrática manera de cruzar las piernas y permitió que ejecute una libidinosa observación, casi descarada, de sus bellas y hermosas ancas.

- Me imagino los puños perfectamente romos, rosados y bellos de Benedikt.
- Ese individuo es un enfermo mental.
- Es bello y despreciable. Su mujer y su hija lo crearon. Le gusta la vida familiar. Es un buen tipo.
- Es un demente realmente atípico.
- Hay muchos como él. Debería estar orgulloso.

Sentado y con la mente feliz, distinguía una lucidez mental poco común. Los días son cada vez más cortos. Todo es más sublime y fácil. La abracé fuertemente con entusiasmo y dedicación. Tu risa me aplana. Mi desengaño se alarga. Mientras conversábamos, acariciaba tus manos como lo hice el primer día. En ese día cósmico, caminábamos de la mano en el frío desconocido y gélido de un paisaje azul. Nos detuvimos a contemplar un árbol que se perdía en la niebla del frío ascendente. Bajo el árbol te hice percibir el sonido de una lechuza pendiente de nosotros. No la veíamos pues se ocultaba como el hechizo reinante de tu hermosa presencia. La noche era silenciosa y serena. Jugueteábamos como dos niños dando vueltas sobre nuestro eje, contemplando el mundo pasar y llegar. Mi mente se retraía ante tu halo de luz como un dedo ante el fuego. Mi boca rozaba las paredes inimaginables de tu fortaleza, santo refugio de mi locura y pasión. Tu boca no sólo hablaba, también expedía una fragancia que empalada y vuelve mis deseos en rocío de madrugada primaveral.

Seguía insistiéndole a Madame que estábamos viviendo algo meramente intrascendente desde el punto de vista emocional. Ella no me prestaba atención o si lo hacía, lo ocultaba muy bien. Mi mirada ya no abarcaba un solo sentimiento, comprendía solo su rostro y su sonrisa de niña traviesa. Sus manos me conducen por un pasaje de rosas, lúcumas, chirimoyas y mariposas gigantes. No siento mis pies. Tu corazón late más rápido que el mío. No conozco situaciones más efímeras y apasionantes. Sientes mi corazón y yo no lo siento, dime que no es verdad Madame.

Pedí otro café, pues me hallaba ilusoriamente inspirado. Pudiera haber pedido un té, pero no me gusta, ¿ya lo sabes no? El miedo al pasar por el mismo sitio después de haberlo hecho una infinidad de veces te parece injustificado y en cierto modo lo es, pero no existe otra opción. La manera de gesticular de Christine se asemeja a la de una dama victoriana de ensueño. Su taza se confundía entre sus manos eternamente aterciopeladas. Sus labios no se cerraban del todo y dejaban sobresalir el boleto a la perdición.

Mientras permanecíamos en silencio, escuchábamos como se apagaba la noche, con sus repentinos ruidos cada vez más lejanos. No hablábamos, sin embargo, nos entendíamos telepáticamente. El silencio era en mi mente un ruido ensordecedor, ya que mi corazón latía intempestivamente. Me aferré tiernamente y con miedo a la única mujer que me rodea y tengo. Se me escarapeló el cuerpo. Ella se dirigió otra vez a la cocina, galopando entre nubes moradas. Yo decidí irme a dormir, no sin antes seguir pensando en lo que vendrá. Solamente quedaba la alegría inmediata, la que vendrá mañana sin previo aviso.

El atardecer se aproximaba y Madame seguía bailando y parloteando con mucha ecuanimidad. Mi cerebro descansaba parsimonioso dentro de un vivero gigante del Pleistoceno. Madame dio un sorbo violento a su bebida y me apuró con la mía. Yo atinaba sólo a reflejos aislados y lentos, distantes unos de otros en periodos cada vez más prolongados. Madame se abalanzó sobre mí, cayendo los dos sobre el césped húmedo. Su aliento dulce y con sabor a menta, me cegó. Sus piernas duras y firmes me presionaban. Su respiración candente me quemaba el cuello mientras contemplaba el cielo con los ojos desorbitados.

- Ahora o nunca querido.
- .....
- Te lo advertí.
- ¿Cuándo?
- No jodas, no preguntes estupideces.

martes, 22 de septiembre de 2009

AVES DE BABILONIA. OBSERVANDO AVES ENTRE BALAS Y BOMBAS

Dedicarse a observar aves en Irak puede ser una actividad bastante riesgosa y complicada. La situación política del país asiático es tremendamente inestable y violenta, por lo que sobrevivir en aquellos territorios convulsionados que fueron testigos de la grandeza histórica de los tiempos de Alejandro Magno, es una tarea titánica. Sin embargo, para un soldado estadounidense afincado en ese maltratado rincón del planeta, el día a día se hace más llevadero observando aves y escribiendo un blog sobre sus experiencias. Jonathan Trouer-Trend no es cualquier soldado, pues antes de enrolarse en las fuerzas militares estudió biología y ya desde chico observaba aves. Es así como nació este largo enamoramiento, el cual, pese a muchas dificultades, aún sobrevive.

Una vez instalado en Irak, Trouer-Trend decidió seguir disfrutando de su hobby. Entre ruinas históricas, como un anfiteatro donde el gran Alejandro Magno fue partícipe de algunos actos de su época, el amanecer le depara al soldado algunas vistas maravillosas de seres alados que, despreocupados de las locuras del hombre, siguen su ciclo natural. El amanecer es uno de los mejores momentos para el avistamiento de sus preferidas y entre sigilosas excursiones, nacen en sus pensamientos algunas ideas que harán especial esta gran relación entre él y las aves.

En medio de la sangrienta guerra de Irak, Trouer-Trend, a sus 36 años, decidió compenetrarse mejor con los pobladores iraquíes indagando a través de ellos, los mejores lugares para observar aves. Así, buscó un acercamiento con la gente con el afán de sobrellevar mejor esta situación y de poder seguir disfrutando de la naturaleza. En el campamento Anaconda, ubicado al norte de Bagdad, viven en los alrededores más de 20 000 ciudadanos. En dicho lugar, el soldado destacado en una unidad de sanidad, aprovechaba cada minuto libre para dedicarse a observar aves y muchas veces lo hacía teniendo como guías a los pobladores de la zona.

Diarios de Irak

Trouer-Trend publicó en el 2006 un libro titulado: “Birding Babylon: Diario de un soldado en Irak” en donde plasmó todos las notas ornitológicas hechas en Irak desde que fue destacado en febrero de 2004 hasta marzo de 2005. Y justamente al iniciar su servicio en Irak, empezó a publicar en su blog Birding Babylon (http://birdingbabylon.blogspot.com/) todas sus experiencias. Actualmente, el blog sigue reuniendo sus observaciones (vale la pena echarle un vistazo). Al principio las notas que aparecían en el blog eran anónimas y no indicaban lugares ni fechas debido a que temía que pudiesen ser censuradas por un tema de seguridad y que sus superiores se enteren de su afición.

Luego de varios años desde que dejó Irak, muchos lugares han sido descritos en el libro, entre ellos Camp Anaconda, Camp Liberty, Camp Victory y Camp Slayer. En ellos, el soldado encontró los mejores lugares y momentos para “pajarear”, burlando en algunas oportunidades los drásticos horarios militares. Un soldado mirando el horizonte con binoculares no llama mucho la atención, por lo que todo esto jugó a su favor.

En tiempo de guerra

Aunque suene extraño, la guerra permite tener bastante tiempo libre cuando no se está con la tensión y el miedo encima debido a un posible ataque o a la obligación de iniciar alguna incursión con un final imprevisible. Mientras los soldados permanecen varios días en bosques, desiertos, valles o en cualquier lugar alejado, no hay mucho que hacer, salvo para aquellos que tienen una fascinación por la naturaleza. Un ejemplo es el antropólogo francés Claude Lévi-Strauss (1908), fundador de la antropología estructural y gran pensador moderno. En 1939, mientras cumplía con su servicio militar apostado en un campo escondido esperando algún ataque enemigo para repelerlo, Lévi-Strauss, tendido muchas horas sobre la vegetación, empezó a estudiar la forma de las flores.

Tras largas contemplaciones de la naturaleza se percató de la fina y ordenada composición de esas formas naturales que no eran productos de la casualidad, sino estructuras perfectas construidas por la naturaleza. De manera similar, en “Birding Babylon” se registran esos momentos de contemplación entre la tensión y el aburrimiento que llevan al hombre a observar con más destreza lo que le rodea. Tal vez, buscando la perfección para escapar del miedo, hallamos en la naturaleza el cobijo perfecto.

Observaciones desde el frente de batalla

Ya en la Segunda Guerra Mundial, el zoólogo alemán Heinrich Dathe (antiguo Director del Zoológico de Berlín del Este), quien fuera destacado a Verona, en Italia, aprovechaba cada minuto libre para observar la naturaleza. En los atardeceres, Dathe observaba con detenimiento cómo los cernícalos cazaban murciélagos. Las observaciones hechas fueron posteriormente publicadas y denotan una gran precisión, convirtiéndose en los primeros estudios científicos sobre las cacerías de estos mamíferos por halcones. No obstante, detrás de las observaciones aparecen las terribles sombras de la guerra, las cuales no pudieron ensombrecer del todo el contacto entre el hombre y la naturaleza.

Trouer-Trend llevó un registro muy completo de sus observaciones. Desde el clima hasta las coordenadas geográficas, toda esa información queda descrita en su blog y en el libro y denota un gran trabajo. Con esto, se nos ofrece un gran ejemplo de dedicación y profesionalismo que podemos tomar en cuenta. Las escenas bélicas aparecen como fondo en sus descripciones. Así, se reportan los sonidos de helicópteros o de tanques que irrumpen en los lugares de observación sin desaprovechar la ocasión para describir un lugar que se desangra por el accionar humano y en donde viven diversas especies que no entienden lo que sucede.

Un pasaje interesante en la obra del soldado ornitólogo es aquella cuando describe la incursión a un antiguo palacio construido por Sadam Hussein con vista a las ruinas de Babilonia. Su atención no se centra en el lugar sino en los murciélagos que revolotean al atardecer y en la llegada de algunas aves nocturnas. En este escenario se aprecia cómo la naturaleza sigue su destino y cómo el hombre es una ínfima parte en el universo. Entender los pequeños detalles de la vida en las situaciones más adversas, nos enseña contundentemente a valorar la vida.

En uno de los últimos post de su blog (abril de 2009), Trouer-Trend anuncia que regresará a Babilonia por un año. ¡Qué locura! Dentro de sus planes está el ayudar a los iraquíes con el estudio de su diversidad biológica. Este es el ejemplo perfecto de un verdadero aficionado que está dedicado a su afición. Ojalá hubiesen muchos más como él en el planeta y en especial en nuestro país. Sin embargo, debo decir que en el Perú, el número de peruanos ornitólogos, mastozoólogos (los que estudian a los mamíferos), herpetólogos (los que estudian a los anfibios y reptiles), entomólogos (los que estudian a los insectos), botánicos y otros especialistas está creciendo poco a poco. Aún tenemos un gran desafío por delante que se puede simplificar en saber qué tenemos y dónde está. Adicionalmente, debemos también conocer qué se puede hacer con nuestra diversidad biológica. No esperemos que sean otros los que nos lo dicten. Nosotros mismos debemos saber qué hacer.

No propongo un discurso nacionalista, sino simplemente que se apoye a la investigación científica y que pasemos rápidamente a la acción, es decir, a conservar lo que se debe conservar y a manejar responsablemente lo que puede ser utilizado con racionalidad. Esperar más años, puede ser ya demasiado tarde.
Artículo publicado el 22 de setiembre en la versión online de la Revista Viajeros:
La foto la he obtenido del blog Birding Babilonia