miércoles, 18 de noviembre de 2009

SOMOS MÁS, CONTAMINAMOS MÁS

El simple racionamiento planteado en el título parece ser claro, pero al parecer, para muchos no lo es. La explosión demográfica es una amenaza para el clima global. Urge tener una política poblacional clara y que esta se aplique de una vez por todas en el país y en todo el mundo (los chinos saben perfectamente de esto). Para muchos científicos existe una gran duda: ¿la necesidad de promover una estricta campaña de planificación familiar que frene un descontrolado aumento de nacimientos en países del Tercer Mundo es la solución o es simplemente un deseo hipócrita de los países ricos para evitar más daños al planeta?

En el debate sobre los efectos del calentamiento global, el tema del altísimo aumento del nivel poblacional pasa desapercibido. Así por ejemplo, en el conocido Informe Stern sobre las repercusiones económicas de la problemática ambiental, este tema no aparece. Una planificación familiar bien aplicada (sin tapujos doctrinarios, ni conservadurismos ridículos como los que parecen predominar en nuestro país) puede convertirse en un medio propicio para reducir las emisiones de CO2 en el planeta. Por lo menos esto es lo que se desprende del estudio de Thomas Wire del London School of Economics.

Wire calculó que cuesta 32 dólares evitar la emisión al medio ambiente (con tecnología moderna) de una tonelada de dióxido de carbono. Asimismo, estimó que se necesitaría por lo menos 7 dólares por familia entre los años 2010 y 2050 para evitar que se emita más de una tonelada de CO2. En los siguientes 40 años se podría evitar que 34 gigas (billones) toneladas de CO2 vayan a la atmósfera si es que se pone énfasis a las políticas destinadas a reducir las tasas de natalidad descontroladas en el planeta. Somos menos, contaminamos menos.

Ya es hora de ir frenando el crecimiento humano

Se estima que existen cerca de 200 millones de mujeres en búsqueda del acceso a modernos métodos de planificación familiar que les permitan determinar el número de hijos a tener, según sus posibilidades económicas, producto de su situación social. Muchas mujeres viven bajo el yugo de maridos (e incluso de otros familiares cercanos) alcohólicos y violentos, lo que ocasiona un alto número de violaciones que las obliga a traer al mundo niños no deseados. Estos están condenados a sufrir la pobreza porque justamente estos casos se dan, casi en su totalidad, en familias de muy escasos recursos económicos.

Según la revista especializada en medicina Lancet, existen en promedio cerca de 76 millones de embarazos no deseados, lo que obliga a 42 millones de mujeres a optar por el aborto. Adicionalmente, la Organización Mundial de la Salud informa que 20 millones de mujeres se ven obligadas a someterse a un aborto ilegal con todos los riesgos que esta situación amerita, es decir, falsos doctores e insalubridad. Esto ocasiona que las operaciones se compliquen y que aproximadamente 5 millones de mujeres pierdan la vida.

Con un acceso directo a los métodos anticonceptivos se podría reducir esta cifra en varios países del planeta y con esto disminuir los impactos al medio ambiente. Así lo afirma Lancet y abre un nuevo debate sobre la relación entre el crecimiento humano, la salud reproductiva y el cambio climático. Bienvenida sea la discusión siempre y cuando esta se dé con una base científica y realista que no permita la intromisión de planteamientos morales inútiles que ignoran (o que no quieren ver) la preocupante realidad humana en asociación con su medio ambiente.

Abramos los ojos

Es hora de vencer algunas taras sociales y religiosas que solo conducen a una visión reducida de la problemática ambiental basada exclusivamente en aspectos técnicos. Se debe incorporar también aspectos sociales como la defensa de los derechos humanos y en este caso, la protección de las mujeres. El experto en control de nacimientos de la Universidad de Melbourne (Australia), Roger Short, afirmó en la revista especializada Philosophical Transactions of the Royal Society B que el crecimiento humano descontrolado es el principal problema de la humanidad.

Pese a esto, dentro de las ocho metas del milenio establecidas el año 2000 por las Naciones Unidas, este punto no se encuentra. Para Short, las organizaciones internacionales, los gobiernos y la Iglesia serán los últimos en convencerse de esta situación y en aplicar medidas reguladoras. Existen muchos intereses ocultos puesto que más gente significa también un aumento en las necesidades que deben ser cubiertas, es decir, más demanda, por ende mayores ganancias. Se calcula que cada año la población mundial aumenta cada día en 200 000 personas, es decir, al año ven la luz 75 millones de humanos.

Las Naciones Unidas calculan también que para el año 2050 seremos entre 8 y 10 mil millones de habitantes en el planeta (actualmente somos casi 7 mil millones). Además, el 95% del crecimiento humano desproporcionado se registra en países del hemisferio sur y con problemas como el SIDA y la pobreza. Si bien, actualmente el promedio de hijos por mujer es de 2,6 (el cual es bajo comparado con el de hace un siglo que oscilaba entre 5 y 6 hijos) existen (felizmente) países en donde el promedio es inferior. Estos se ubican en Europa, América del Norte y el oeste asiático (Japón por ejemplo).

Pero además hay otro punto importante: el consumismo. Cada nuevo humano es un consumidor en potencia que ocasionará un aumento del CO2 en el planeta y que exigirá más espacio para vivir. Visto esto de manera exponencial, a más personas, más impactos negativos en el planeta. El ecólogo Paul Ehrlich, autor de la obra “La bomba de la población” de 1968, afirma que “así como es necesario frenar el acelerado crecimiento humano, también es imprescindible reducir el excesivo consumo humano de los países más ricos”.

Sin embargo, como este mundo está lleno de contradicciones, una baja cuota de nacimientos puede ser también perjudicial para el medio ambiente ya que los costos para una infraestructura que permita el tratamiento de residuos sólidos y del agua, y que se sustente en energías limpias, aumentarían por cabeza. Esto podría ocasionar que estas tecnologías se dejen de lado por ser muy caras. Esto se puede dar en algunos países europeos, donde el promedio de hijos por mujer oscila entre 1,3 y 1,8. Esta situación irónica es otro reto pues contra más gente pague, las prácticas ambientales pueden ser más baratas.

Hagamos más peruanas y peruanas, el país los necesita

El recientemente nombrado Premio Nobel de Química, el holandés Paul Crutzen, ha denominado nuestra época como el “Antropoceno”, es decir, una etapa en donde el hombre predomina en todos los ecosistemas del planeta impactándolo de manera violenta y en muchos casos, de manera negativa e irreversible. Esto nos podría estar conduciendo a una nueva era geológica. Un ejemplo claro lo vemos en nuestra selva amazónica, cada espacio que se le arrebata y destruye a la selva se debe a la necesidad de ganar algo de dinero para alimentar más bocas (permaneciendo en la pobreza). Al ser humano con necesidades vitales que cubrir le importa un carajo el medio ambiente y si cada vez hay más en esta situación, ¿por qué nos asombramos que estemos haciendo “leña” el medio ambiente?

Además como ya se nombró, se deben satisfacer las demandas de los “ricos” y por ende hay que utilizar todas las fuentes de energía existentes. En este panorama, la situación ambiental es catastrófica y lo seguirá siendo. Puede sonar injusto que los del “Primer Mundo” nos exijan a los pobres que protejamos el medio ambiente cuando no tenemos la culpa de que las grandes cantidades de CO2 provengan de sus fábricas. No obstante, algo debemos hacer para frenar el crecimiento insostenido de seres humanos.

Es fácil darnos cuenta que ahora abundan los “baby shower” y que se ven más mujeres embarazadas en nuestro medio. Se percibe un cambio innegable en nuestra sociedad debido a un crecimiento económico palpable (no para todos lamentablemente), el cual debería ir acompañado de políticas de planificación familiar serias y no contaminadas de extremismos religiosos ridículos y obsoletos. Asimismo, debe haber mano fuerte contra los que impunemente depredan y contaminan el medio ambiente. Si vamos a crecer, crezcamos bien y de manera ordenada.
Artículo publicado el 18 de noviembre de 2009 en la versión online de la Revista Viajeros:

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