lunes, 10 de noviembre de 2014

NO HAY QUE SER EL REY DE INGLATERRA PARA MANDAR A MATAR ARDILLAS


Con mucha sorpresa y esperanzado en sacar a relucir nuestra sangre monárquica en el país, me enteré de que el controvertido Príncipe de Gales, Carlos, el hijo mayor de la simpática Reina de Inglaterra, mandó a sacrificar a cientos de ardillas en sus dominios (1) para controlar la población de estos roedores. Y es que estos animalitos tan simpáticos son una plaga endemoniada a la que se debe controlar por varios motivos. Por eso, no es mala idea esta propuesta real. No tengamos miedo a pensar que en algunos casos se le debe quitar la vida a ciertas especies de animales (y de plantas), debido a que su presencia no deseada en lugares donde no pertenecen pone en peligro a las especies que ya estaban antes que ellas. Me refiero a las especies exóticas y/o invasoras. Sin entrar en discusiones epistemológicas ni éticas, veamos qué razones fueron las que ocasionaron que el noble inglés tome esta medida. Dejemos de lado el fanatismo y el romanticismo. Si hay que hacerlo, hay que hacerlo. No hay otra. God save the Queen! A partir de hoy seguiré de cerca la vida de los reyes y los nobles de Europa.

La Ardilla de las Carolinas o Ardilla Gris (Sciurus carolinensis), originaria de América del Norte, llegó a Gran Bretaña alrededor del año 1870, seguramente como una tierna mascota. Y en 1876, un correcto y piadoso inglés, impulsado por la ternura que estos animalitos pueden ejercer en los humanos, liberó un par de estas ardillas sin saber qué consecuencias podría traer este acto tan caritativo y “humano”. Seguramente, este personaje anónimo no pudo negarle a este mamífero su libertad y se dejó llevar por la dulce mirada que ejercen con sus enormes ojos negros que parecen dos botones gigantes. Así, en el año 1900 del siglo pasado, la situación no era muy dramática en la isla, pese a que ya empezaban a aparecer en grandes cantidades.

En esos años, la especie de ardilla oriunda de Gran Bretaña, la Ardilla Roja o Común (Sciurus vulgaris), era considerada una plaga en Inglaterra. Por ello, se decidió reducir su población a punta de balazos. Hoy en día, esta ardilla está altamente amenazada y ha desaparecido casi totalmente de los bosques ingleses, pero no tanto por la anterior medida, sino por la presencia de la Ardilla Gris. Sus parientes “grises” han tomado posesión de casi todos los espacios de la ardilla “inglesa y colorada”. Adicionalmente, se estima que, según la autoridad forestal local (2), existirían cerca de 140,000 ardillas rojas frente a más de 2,5 millones de ardillas grises. Sin lugar a dudas, esta es una “guerra” altamente desbalanceada, en la cual, la especie local tiene todas las de perder.

Y una de las razones de la actual situación de estos mamíferos es la presencia del virus Parapox en las ardillas grises, las mismas que son inmunes al virus, pero que se lo transmiten a sus primas, las ardillas rojas, ocasionándoles casi siempre la muerte. Adicionalmente, las ardillas grises pesan casi el doble que sus primas y pueden acceder a frutos más grandes, por lo que están mucho mejor alimentadas, son más robustas y a su vez más resistentes a las condiciones locales. Y en el colmo de la desfachatez, se ha observado que las ardillas grises se roban las provisiones de nueces y semillas que con tanto esfuerzo recolectan sus parientes. Con ello, las ardillas rojas se alimentan mucho menos que las grises y sobreviven con bastante dificultad los duros meses de otoño e invierno, por lo que llegan a la primavera bastante debilitadas y susceptibles a enfermedades.

¿Príncipe ecologista?

El Príncipe Carlos es miembro, honorario por supuesto, de la organización Red Squirre Survival, dedicada a conservar a la Ardilla Roja. Por eso, el noble inglés se preocupa de que se tome las medidas del caso para sacrificar a las ardillas grises sin alterar los bosques donde las ardillas rojas deben sobrevivir para repoblar sus antiguos territorios. Así, tras un estudio científico realizado por la Zoological Society of London, posiblemente a pedido del Príncipe, se cree que algunos individuos de la Ardilla Roja han desarrollado los anticuerpos necesarios para volverse inmunes al virus Parapox. Con ello, las posibilidades de recuperación de la especie aumentan considerablemente.

A todo esto, la Ardilla Gris no solo ha hecho estragos en Inglaterra, sino también en el norte de Italia. Allá, en 1940, políticos italianos llevaron algunos ejemplares de la Ardilla Gris al país con forma de bota y los soltaron poco tiempo después. La historia es la misma: los animalitos se convirtieron en plaga. Adicionalmente, Alemania también podría ser invadida por las vandálicas ardillas grises. Los teutones ya la tienen fichada. Estos simpáticos roedores ya han ocasionado varios cortocircuitos y diversas situaciones caóticas en la red germana de trenes, ya que, por alguna extraña razón, les gusta comerse el plástico que protege los cables eléctricos.

Y en Escocia, la situación también es crítica. Los biólogos de ese país temen que las ardillas grises, que vienen del sur de la isla (Inglaterra), tomen por asalto sus territorios. Por supuesto, las fronteras (políticas) no son impedimento para las especies biológicas. Estas solo podrían detenerse (temporalmente) ante barreras geográficas inquebrantables, como grandes masas de agua o ecosistemas a los que no pueden adaptarse. En el ínterin, el futuro Rey, Carlos, justifica plenamente el uso de diversos métodos para matar ardillas grises y librar a Gran Bretaña de estos simpáticos pero impopulares animales.

Adicionalmente, a todo esto, existe una cuestión de orgullo nacional, pues ni los ingleses ni los escoceses quieren que su Ardilla Roja desaparezca, debido a un invasor foráneo. Además, claro está, la preocupación también radica en el ya mencionado tema fitosanitario en torno al virus Parapox que podría afectar también a otros animales. Así, a mediados del año 2008, se inició una campaña masiva para reducir la población de ardillas grises en Escocia, donde se estima que vive el 75% de la población de la Ardilla Roja.   

Adiós a las ardillas

El método elegido para mandar al más allá a miles de ardillas grises fue el siguiente: los roedores eran cazados vivos mediante trampas y posteriormente recibían una muerte digna y rápida mediante una bala o perdigón. Y como era casi imposible realizar esta campaña en toda la isla, se determinó, mediante diversos estudios científicos, que la incursión debería ser hecha, en primera instancia, tan solo en un corredor de casi 25 kilómetros que atraviesa la isla de oeste a este, para evitar que las ardillas grises y el virus se sigan propagando de sur a norte sin parar. Se estimó también que en Escocia viven cerca de 250,000 ardillas grises. Ya en el 2008 fueron sacrificadas 8000 ejemplares y en los años posteriores estas cifras han ido creciendo significativamente. No hay otra.

Lo interesante en todo esto es que el Ministro de Ambiente de ese entonces, Mike Russel, apoyaba ciegamente estas medidas y manifestaba que eran absolutamente necesarias. Otra vez, no hay otra. Sin lugar a dudas, un factor importante es el envidiable orgullo nacional escocés (que no es lo mismo que el huachafo y tercermundista chauvinismo nacionalista de nuestros lares). Para los avezados insulares, famosos por sus faldas masculinas y sus gaitas, la Ardilla Roja es una especie de alto valor y de gran belleza.

Por supuesto, esta situación no pasó desapercibida para los defensores de los animales, quienes alzaron su voz de protesta. Así por ejemplo, en Escocia, la organización Advocates for Animals manifestó que, como el hombre es el culpable de este problema, se debe buscar una solución ética y a largo plazo. Por otro lado, Richard Wales, de la organización Red Squirrels in South Scotland, sostiene que “el hombre es el culpable del problema y este debe ser resuelto por él mismo”. Personalmente, esperaba que se agarren a golpes como se daría en una buena batalla escocesa, pero esto no sucedió. La razón primó y el sacrificio de los roedores se impuso, como debe ser.

Así, a todo esto, es evidente que no se podrá exterminar completamente de Gran Bretaña a la Ardilla Gris, pese a que ese es el deseo de la comunidad científica local, pues se tiene al frente a una especie exótica e invasora altamente dañina y peligrosa. Wales quisiera, tal como pregona Advocates for Animals, una solución a largo plazo —como podría ser una vacuna contra el virus Parapox—, pero, por ahora, no la hay. La única solución a corto plazo es el sacrificio de las ardillas grises. No hay otra. Lo otro es especulación y buenos deseos.  

Perú exótico

A todo esto y para bien, el Ministerio del Ambiente, a través de la Dirección General de Diversidad Biológica (DGDB), viene cocinando el Plan de Acción para la Prevención, Control y Mitigación de Impactos de las Especies Exóticas Invasoras. Para ello, tras una serie de reuniones con expertos de varios sectores del Estado, de universidades, de organizaciones públicas y privadas y con otros especialistas, la DGDB ha ido recogiendo impresiones y aportes, con el fin de afinar y cristalizar esta herramienta que es muy necesaria para combatir a esta cada vez más fuerte amenaza de la diversidad biológica. El tema debe tomar más fuerza, dado que el Perú está expuesto a un gran número de especies exóticas e invasoras.

Y como somos un país con una muy alta diversidad biológica, producto, entre otros, de una gran oferta de ecosistemas a consecuencia de las diversas condiciones climáticas y geográficas que tenemos, estamos expuestos y somos muy vulnerables a este gran problema. Y lo peor de todo es que no estamos preparados. Por eso, si un día de estos, en Lima o en otra localidad fuera de la costa norte del país, vemos que nos ha invadido la Ardilla de Nuca Blanca (Sciurus stramineus), sí esa simpática ardillita que revolotea ya por casi toda la capital del país, ya saben qué hacer.
    
Noviembre 2014

Artículo publicado en la versión online de la Revista Rumbos:
http://www.rumbosdelperu.com/no-hay-que-ser-el-rey-de-inglaterra-para-mandar-a-matar-ardillas--V2034.html


(1) http://www.theguardian.com/environment/2014/oct/19/prince-charles-grey-squirrel-cull
(2) http://www.forestry.gov.uk/forestry/redsquirrel