miércoles, 25 de agosto de 2010

EDUCAR PARA SUPERARNOS Y ALCANZAR UN BIENESTAR

Una de las formas de superarnos es mejorando la educación en todos los aspectos. Uno de estos aspectos es el ambiental.

Todos los días escuchamos por doquier que el Perú es un país con grandes posibilidades y que es más grande que sus problemas. Asimismo, en la época de las celebraciones por un año más de nuestra independencia, salen a la luz los sentimientos nacionalistas, las arengas por defender nuestro patrimonio, nuestra cultura, el cajón criollo, la lúcuma, el pisco, el suspiro a la limeña, el cebiche y todos los productos peruanos. Yo amo a mi país. Pero para propalar ese estribillo hay que demostrarlo. De nada sirve ponerse el ya tan conocido polo rojo que hiciera tan popular un antiguo jugador de fútbol local, si no lo demostramos, si no lo vivimos y si no transmitimos nuestros verdaderos valores y conocimientos a las generaciones que vienen.

Es vergonzoso reconocer que existen muchos casos en que personas de otros países conocen más de nuestro propio país que nosotros mismos. Si esto es así, entonces qué estamos recibiendo en los innumerables años que pueda durar nuestra educación. Ya no me remito a la educación primaria y secundaria, sino, me refiero también a la educación universitaria. Existen varios puntos que he de mencionar a lo largo del texto (y que seguramente no son todos los necesarios), los cuales deberían hacernos reflexionar sobre nuestras actitudes.

Me voy a remitir a observar puntos que tienen que ver con el medio ambiente y la ecología. En este aspecto nos encontramos aún en un proceso muy lento de desarrollo, pese a los innumerables esfuerzos que existen en el Perú por fortalecer un manejo racional, sostenible y sustentable de los recursos naturales, así como por incentivar una educación que tome en cuenta el tema medioambiental. Empezaré por un ejemplo citadino, con el fin de analizar ciertas conductas que lamentablemente desembocan en un comportamiento poco amigable con el medio ambiente.

Imaginémonos, que estamos en una de esas combis asesinas haciendo la ruta “todo Javier Prado”. Veamos dos situaciones y tratemos de entenderlas. Mientras viajamos contemplando la vertiginosa embestida de autos y combis de la ciudad, vemos que el chofer, una vez terminada su “bolsa de galletas” y con la mayor naturalidad, del mundo, tira por la ventana la basura. Ante la llamada de atención que uno le hace, se molesta y le dice que “está trabajando”.

No contento con eso, el chofer utiliza a diestra y siniestra el claxon creyendo que por tocarlo repetidas veces, el endemoniado tráfico limeño va a descongestionarse y él va a “poder seguir trabajando” tranquilamente.

¿Cómo explicar estas conductas? En el primer punto, se debe recalcar que lamentablemente muchas personas hacen lo mismo, es decir, no es una conducta exclusiva de los chóferes. Ensuciar la ciudad es un síntoma de la carencia de explicaciones convincentes que agudicen un racionamiento, que induzca a la gente a mantener limpio su entorno. No se puede afirmar necesariamente que es una falta de educación de las personas, pues es muy probable que sí la hayan recibido, sino, es la falta de una visión global de los problemas de la sociedad (no importa ensuciar lo que no es nuestro). Así también, es una falta de respeto a los demás.

En el segundo caso, la vorágine de la ciudad, la falta de criterio y las débiles leyes del Perú, permiten y facilitan que un alto número de impresentables irrumpa en las calles y nos dejen casi sordos. ¡Pobres los transeúntes, que osan cruzarse en el camino de los apurados chóferes limeños! Este hecho significa también un acto de contaminación y tiene consecuencias negativas en los seres humanos. Estas conductas deben ser combatidas y erradicadas. Nuestra sociedad es un engranaje sumamente complejo, compuesto por muchas partes que entre ellas interactúan y mueven una pesada maquinaria.

Este engranaje busca, en algunos casos, solo sobrevivir y hacer más llevadera la existencia, en otros solo busca mantenerse en un status cómodo y seguro.

Esta breve descripción de nuestra situación nos ubica en un sistema más complejo que abarca la asociación del objeto en cuestión, en este caso, la educación ambiental en la sociedad peruana con el entorno. Asimismo, es sumamente necesario vincular esta educación con quien la observa y analiza. Para tal fin existen algunas premisas. Debemos identificar si el sistema que estamos analizando está organizado.

El elemento que tal vez parezca simple, deja de ser simple a través de una atomización en su estructura y pasa a ser un elemento compuesto con muchas aristas que abarcan varias cualidades de la sociedad. Si tomamos como referencia el modelo sustentado por Edgar Morin, se puede afirmar que nuestra sociedad es compleja. A esta afirmación, se le debe agregar el término “complicado”. Según este autor, ambos términos no son lo mismo. Lo complicado surge de una inconmensurabilidad que desvirtúa la percepción y que introduce elementos que impiden un andar organizado de un sistema.

En el caso de un sistema complejo —como el nuestro— estamos hablando de fenómenos sociales y de los principios que los rigen. Para hablar de complejidad, debemos partir de que este tipo de pensamiento trata de unir los conocimientos e hilvanar todo lo aprendido para fines comunes que lleven al hombre a su estabilidad emocional y social, como se verá líneas más adelante. En este esquema, la educación cumple un papel primordial y la educación ambiental también, pues debemos asegurar un factor primordial para nuestro bienestar: el medio ambiente que nos alberga y nos albergará todos los años que estemos sobre este planeta.

La educación no solo es para los que van al colegio

La educación ambiental no es solo para niños y jóvenes, es también para adultos y significa un proceso constante de aprendizaje. Para beneplácito de muchos, es fortaleciente percibir que los niños de ahora ya traen consigo algunas normas mínimas de conducta ambiental. Los que más ensucian son los adultos. El tema ambiental va cogiendo forma, pero falta aún mucho por hacer.

Si bien se puede afirmar que la “agenda verde” está de moda, más que todo debido al inminente calentamiento global y a las amenazas a nivel mundial contra el medio ambiente, es interesante observar cómo este tema va calando poco a poco y con más ahínco en los niños. Esta es una buena noticia, pues son ellos los que van a tomar “la posta”. La educación debe mejorar en todos los aspectos y en el aspecto ambiental mucho más.

Una reforma de la educación es imprescindible en todos los niveles. Si bien se debe incidir en los más chicos, los adultos no se deben salvar. Esta situación se fundamenta por la sencilla razón de que es en el seno de la familia donde se funden, en una amalgama de conocimientos, los principios con los que las futuras generaciones salen a lidiar y formar su destino. La educación es importante en la casa, ahí nace y ahí se consolida.

El problema del agua

Parte de la educación ambiental es el racionamiento de los recursos (siempre y cuando los haya) y el buen uso. ¿Qué podemos pensar si vemos que en época de escasez algunos ciudadanos salen a regar su jardín derrochando el agua?, ¿Cómo explicar que mientras unos padecen la falta de agua, otros la desperdician sin ningún remordimiento? Estas conductas pueden ser evitadas, justamente si el propio individuo toma conciencia de la situación real que estamos atravesando.

La única manera de fomentar un uso racional es educando al respecto y esta educación implica explicar de dónde proviene el agua que utilizamos, las causas y consecuencias de la posible crisis de este elemento básico y su implicancia en todas nuestras actividades. Sin llegar a ser tremendistas, en este caso se debe educar sobre lo que le espera a la humanidad (sequías, avance del desierto, conflictos sociales, etc.)

Esta última percepción también forma parte de un sistema complejo de conocimiento que apunta a poder concebir y abordar lo fundamental, aquello que aparece ante nosotros de diversas maneras que implican confrontaciones entre los distintos actores y de donde surgen una serie de incertidumbres y contrastes.

Si bien el tema del agua puede tener algunos aspectos políticos y económicos de alcance nacional que tal vez sean ajenos al ciudadano común y corriente, es necesario acercar dichos temas a todos. El pensamiento complejo asume estos problemas como coyunturas especiales determinadas por múltiples factores, pero que no corresponden a situaciones lejanas y singulares.

El tema de la educación para superar estas coyunturas y procesos que involucra a todos, debe suponer que se asuman los verdaderos principios de un conocimiento pertinente y certero de la condición humana, como primer eje y de ahí, de la condición del humano como un todo a nivel planetario. La educación ambiental es uno de los pilares de esta enseñanza de la comprensión y de la ética del ser humano.

Conocer para aplicar

Según Morin, se debe iniciar una reforma del pensamiento. Definitivamente, esta reforma no debe escapar a reformular varios conceptos referentes a la educación en temas ambientales. Según este autor, esta reorganización ya no se enfoca necesariamente en el acto de enseñar, ni en las metodologías de la enseñanza (este es un tema para los educadores, y si hay mejoras técnicas de educación, bienvenidas sean), sino en reorganizar los males del sistema actual que conllevan a una crisis de valores.

Un caso típico y muy tratado por Morin es el que se refiere a las diferentes disciplinas y tópicos que se enseña. Estos conocimientos deben estar interrelacionados. Debe haber una conexión lógica y secuencial entre lo que se enseña y la realidad. De qué sirve enseñar la estructura de todos los seres vivos y sus diferentes funciones, así como la composición química de la materia o las principales teorías económicas, sino hay ninguna relación entre estos temas.

Estas diferentes enseñanzas no aseguran un conocimiento integral, y por ser nuestra sociedad, una sociedad compleja, es necesario reestructurar varios aspectos de la educación. Se debe poner énfasis en problemas centrales, en aquellos que sean realmente prioritarios para asegurar una mejora en la calidad de vida de la población. Nuestra sociedad se ha vuelto totalmente egoísta. Cada uno vela por su “propio negocio”, es decir cada uno se “asegura” de su propio destino. Las ganancias o beneficios a corto plazo son los más buscados o explotados, sin mirar para adelante. En el Perú, la visión de un plan a largo plazo no es tomada en cuenta.

Si apreciamos por ejemplo que la gente “lava” oro en los ríos para obtener un poco de ganancia o que tala los algarrobos que quedan en el norte para obtener alguna ganancia, se trata de justificar dichas actividades argumentando que estas generan fuentes de ingreso, pero, ¿a qué precio? ¿Es sostenible dicha actividad? Podrá ser sustentable en un muy corto plazo, pero de ninguna manera sostenible en el tiempo. Para afirmar esto hay que saberlo y para saberlo hay que aprenderlo, alguien te lo tiene que decir. No obstante, también estamos obligados a dar opciones pues la gente actúa a veces por hambre y por sobrevivir.

¿Cómo saber y entender estos temas? Deberíamos entenderlo a través de la educación que uno recibe en la casa y en la escuela, y por qué no, en las aulas universitarias. Las ganas de llevarse algo a la boca incitan a dicha conducta y esa conducta es muchas veces la que nos lleva a alterar e intervenir el medio ambiente sin una visión más amplia.

El mundo en que vivimos: una visión según Martha Nussbaum

Nuestro mundo alberga muchas culturas, religiones, tradiciones y diversas imaginaciones que tienen para cada uno un valor determinado. Respetar esta característica es esencial y más aún en nuestra sociedad minada por un racismo clasista. Una sociedad que se respeta a sí misma, puede avanzar en armonía con el medio ambiente.

Las diversas cualidades para una vida con calidad propuestas por esta filosofa estadounidense, tales como las experiencias universales enraizadas en el cuerpo (necesidad de alimentos y bebidas, del techo y el abrigo, el deseo sexual y el placer, entre otros), así como un razonamiento práctico, la afiliación con otros seres humanos, el humor y otros están en un nivel alto y general. Esto sin embargo, no impide a que un individuo anhele y alcance estas virtudes. La diferencia de tradiciones y cultura tampoco es ni debería ser impedimento.

Según el pensamiento de Aristóteles, las políticas del Estado deberían hacer posible estas cualidades. El Estado no debería obligar al ciudadano a cumplir estas virtudes, sino debería facilitar alcanzar una calidad de vida mejor. Para tal fin, la armonía con el medio ambiente es de vital importancia. Así también, deben ser respetadas las creencias y tradiciones locales. Un aspecto fundamental que hay que agregar es el de la salud. Un tema que también tiene mucho que ver con el medio ambiente.

En resumen y rescatando los principales fundamentos de Morin y Nussbaum, debemos intentar alcanzar un nivel de vida mucho mejor en donde se alcancen los principios de una calidad de vida mejor que las actuales. Esto solo puede ser logrado, entre otros tomando como uno de los pilares de este cambio a la educación y según lo sostengo en este texto, la educación ambiental.

Esta educación no significa enseñar sobre las plantitas y animalitos que tenemos, ni como tener un huerto para cultivas productos orgánicos. Implica mucho más, implica asumir una actitud a buscar un nivel de vida más humano en el único medio ambiente que poseemos.

Entender el entorno nuestro como un sistema complejo y no aislado, es también una de las premisas para este cambio. Debemos buscar entrelazar los conocimientos, no separarlos ni hacerlos terriblemente teóricos e inalcanzables. Se debe asumir los principios del conocimiento pertinentes, es decir enseñar los métodos que permitan aprehender las relaciones sociales y las influencias reciprocas entre las partes y el todo de este sistema peruano complejo. Se debe incidir en una actitud mental capaz de abordar problemas y situaciones globales y llevarlas al contexto local para establecer lineamientos de acción. El caso del calentamiento global o la escasez del agua son problemas mundiales, hay que hacerlos “aterrizar” a nuestra realidad sin perder la vista de la problemática mundial.

Enseñar sobre la condición humana y sobre las virtudes que debemos cultivar debe ser el objeto esencial del sistema de educación en el Perú. Asumiendo que muchos conocimientos están dispersos y repartidos en varias ciencias. La educación debe permitir conocer estas ciencias dispersas pero llevándolas a un plano completo y unificándolas en el ser humano.

La educación ambiental debe hacernos más humanos y coherentes en nuestra interrelación con nuestro hábitat. Solo así podemos desarrollar nuestras verdaderas cualidades y aseguraremos una armonía que nos conduzca a ser más humanos. Solo un ser humano pude denominarse como tal si es que puede desarrollar sus capacidades, vence sus limitaciones y suple sus necesidades.

Regresando al primer párrafo, la búsqueda de nuestra verdadera identidad debe asumir una educación global pero sin perder de vista lo nuestro. Solo conociendo nuestra cultura a cabalidad, podemos protegerla y aprender de lo foráneo para cumplir con esta importante tarea.

Diciembre 2005

viernes, 13 de agosto de 2010

¡LOS PERUANOS LE METIERON LA YUCA A MIS ANTEPASADOS!

Acabo de regresar a Alemania. Mi nombre es Georg von Hessen y mis antepasados fueron colonos alemanes que se fueron a Perú a poblar la selva central por una invitación del Gobierno peruano. Estuve en Oxapama y en Pozuzo, dos ciudades muy bonitas, pero que parecen detenidas en el tiempo (tal vez por eso me gustaron). Tengo familiares en Pozuzo (en la parte de Prusia) con los cuales no logro tener un contacto muy estrecho por más que se supone, son de mi sangre (bueno, no se supone, ¡tienen mi sangre! pero finalmente ¿eso qué significa?, no lo sé, ni me interesa). Me gusta visitarlos (lo he hecho ya dos veces) y veo que cada vez la situación está mejor en el Perú, sin embargo, esta vez me he llevado un sabor amargo. Y es que creo que aún tienen mucho por hacer y me parece que avanzan a paso lento.

No puedo continuar estas líneas sin mencionar la bronca que aún me da (por más que trato de ocultarla) que se les haya prometido una carretera a los valerosos colonos austro-alemanes que sufrieron bastante para llegar a esas tierras casi paradisíacas y que los hayan estafado con eso. El Gobierno Peruano les prometió a mis antepasados construir una carretera que conectaría a diversas ciudades en la zona para facilitar el comercio y el acceso, pero hasta ahora no han hecho nada o lo que han hecho es solo una parte. Como dicen los peruanos, les “metieron la rata” a los europeos.

El Presidente Castilla los embaucó. Eso creo, pero ya casi nadie habla sobre dicho incidente, por lo menos así lo veo yo. No sé si es mejor así, pero igual me da cólera. Estos peruanos son unos pendencieros e improvisados. Les cuento la historia de manera breve. El 5 de diciembre de 1855 el Perú y Alemania hicieron un pacto para reunir, en un periodo de 6 años, a 10 000 inmigrantes alemanes (católicos, resistentes y convencidos de encontrar un mejor futuro) que se instalen en la selva central peruana, específicamente en los ríos Pozuzo, Palcazu y Mairo.

En el año 1857 llegó al Callao el primer grupo de 300 colonos. De ellos, 180 eran del Tirol en Austria y los restantes 120 eran alemanes de Renania (de donde provengo yo y mi familia). Desde el primer puerto peruano (donde estuvieron unos días retenidos en el barco en cuarentena) iniciaron su recorrido hasta Acobamba donde tuvieron que establecerse inicialmente porque el camino prometido a Pozuzo no existía. Ellos mismos tuvieron que hacer esa vía de comunicación hasta llegar a su destino final. ¡Qué injusto! Pero claro, a esas alturas del partido era impensable pensar en un regreso.

En el año 1858 iniciaron la construcción del camino y ya en 1859 se fueron trasladando a los territorios bañados por el río Huancabamba. Así, ese mismo año, 176 personas se instalaron finalmente en lo que hoy es Pozuzo. Pese a que el proyecto fue un fracaso, en el año 1868 llegó otro grupo de 320 inmigrantes, de los cuales 300 eran del Tirol y 20 de Bavaria. Ya para ese entonces, por lo menos ya había algo construido. Según me cuentan, muchos sucumbieron ante estos territorios inhóspitos (pero hermosos). Claro, se podría pensar que la “civilización” ya debería estar instalada en Oxapampa y Pozuzo, pero no es así aún no lo está del todo.

Tierra de ensueño y de polvo

Me encanta el Perú y creo que tienen una de las mejores tierras de este maldito planeta pero lo que no me gusta mucho es que existen muchos peruanos que no saben lo que tienen. Yo como extranjero estoy, creo, en facultad de afirmar que ustedes mismos son los que se ponen piedras en el camino y no quieren salir adelante. No puede ser que con tanta diversidad sigan con algunos problemas que los llevan a cometer locuras. Por ejemplo, para nombrar un par de cosas, ¿Cómo entender que Oxapampa sea una ciudad llena de polvo (sobre todo en época seca) porque menos del 5% de sus calles están asfaltadas? Es cierto que la zona se vio estancada varios años por el terrorismo pero creo que no se ha pisado el acelerador para salir adelante.

Es cierto además que todo ha cambiado y mejorado desde esa fatídica década de los 80, pero si no se toman medidas drásticas, como por ejemplo proteger los bosques que aún sobreviven en la zona, el futuro puede ser incierto pues ya se sienten algunos efectos en el clima por tener grandes extensiones deforestadas. La provincia de Oxapampa es un paraíso, por lo menos para mí. Pero me preocupa también que ante un crecimiento demográfico imparable se eche a perder la riqueza de flora y fauna; y también que se creen conflictos con las comunidades nativas.

En las fiestas patrias de Perú pude ver como Oxapampa no se daba abasto para atender a todos los turistas que estábamos allí. Siendo un destino turístico interesante, al parecer no abren los ojos sobre el enorme potencial que tienen (y más ahora que la UNESCO reconoció a la Reserva de Biosfera Oxapampa – Ashaninka – Yanesha) para hacer de esos territorios un importante eje de desarrollo. Todo esto debe ir de la mano de una visión ordenada del manejo del territorio.

En Alemania existen muchos colegas que quieren visitar el Perú y seguramente pronto lo estarán haciendo (ahora más que nunca cuando les muestre las fotos que he tomado). Espero que sigan avanzando para mejorar. Me dicen que se vienen las elecciones de los alcaldes. Ojalá estos señores y hagan algo. Sé por amigos que en muchos casos, el problema no es la falta de presupuesto, sino la ejecución de los gastos (sé algo de eso porque soy economista).

Bueno, espero que todo salga bien en la provincia de Oxapampa (y en todo el Perú). Yo me voy contento por visitar un lugar tan bonito, pero un poquito preocupado. Tal vez los peruanos no gusten de mis opiniones, pero yo creo que los únicos que pueden rebatir lo que veo son ellos mismos a través de lo que hagan. No hay resentimiento por lo que pasó con mis antepasados, pero sí una pequeña reflexión porque no creo conveniente que se siga jugando con la gente y menos aún ahora que se vienen tiempos difíciles con los efectos del calentamiento global y con la promesa de sacar a la región con obras inútiles que no contemplen un cuidado del medio ambiente, que no involucren a todos los actores y que repitan los errores del pasado.

martes, 3 de agosto de 2010

LA COSMOVISIÓN DEL PERUANO: ¿EXISTE EL HOMO PERUVIANUS COMPLEJO?

Ante la pregunta si la evolución es lineal y constante en el caso de los humanos; la respuesta es NO. Si nos preguntamos; si el peruano es complejo, la respuesta es SÍ. La evolución del hombre es un proceso que puede tomar varias aristas; y si bien, es irremediable y común para todos los seres humanos, existen algunos casos, en los que la evolución se convierte en un proceso particular y único. En el caso del ciudadano peruano, y en especial del peruano común y corriente de clase media o emergente (o también decadente), al parecer, la evolución se confunde con un proceso de adaptación a condiciones especiales que parecen frenar este proceso inevitable.

Si el hombre evoluciona (hacia dónde, no es motivo de este ensayo, pero no deja de preocuparnos encontrar una respuesta que nos deje tranquilos), el peruano parece querer saltear este incomodo proceso y desea solo sobrevivir y tener cómo llegar al fin de semana y cómo olvidarse de sus problemas. ¡Qué se encarguen otros de evolucionar!, el peruano está muy ocupado en sus menesteres y en sus peripecias para “hacerla” y tratar de llevar la fiesta en paz.

Después de vivir diez años en Europa, precisamente en Alemania, siempre hubo una frase que me explicaba, y me sigue explicando, el estado emocional, psicológico, monetario y hasta anímico de mis queridos compatriotas. Ante la pregunta: ¿Cómo estas? obtenía muchas veces al unísono: “jodido pero contento”. Estas tres palabras sustentan, a mi parecer, una cosmovisión que escapa muchas veces a la verdadera realidad del país, pero que a su vez explica claramente lo que sucede en nuestra sociedad.

Más que una evolución, lo que ocurre en el país es un proceso de humanización disparejo, incontrolable y sin rumbo fijo que sustenta el día a día a como de lugar. El peruano puede estar “misio”, sin trabajo, con varias preocupaciones, pero siempre está contento, siempre hay algo para festejar, para olvidarse de los problemas, o incluso, siempre hay algo para discutir, sin entender necesariamente de que se trata. Esta manera de afrontar la vida crea diversos mecanismos de supervivencia que motivan un análisis más profundo. Empecemos a entender, en primer lugar, qué significa estar jodido pero contento, pues no es tan fácil como parece.

El peruano asume su condición y su destino como venga o como tenga que venir. Los problemas hay que evitarlos o esperar quizá al día siguiente para contar con la mejor estrategia para combatirlos. También es común esperar que desaparezcan invocando quizás algún favor divino. Siempre hay alguna manera de esquivar la dura realidad. El peruano sabe siempre (o casi siempre) cómo evitar que los problemas le impidan continuar con lo que viene haciendo. ¿Cómo explicar esta situación? la explicación, al parecer, radica y procede de una sociedad que se encuentra permanentemente en cambio y que lucha contra varios esquemas fijos y férreos que la impiden desenvolverse con mayor libertad.

La complejidad del peruano es más compleja de lo que parece

Para Morin, el hombre vive y reflexiona sobre lo que hubo, hay, habrá y lo que podía haber, lo que debería haber y lo que habría que impedir. En esto, el peruano es experto, pues gran parte de la visión de la vida se basa en el pasado, desde el aspecto futbolístico, hasta la memoria permanente de los seres queridos siempre imperturbables y presentes en todos los actos. La remembranza del pasado juega un papel muy importante, pues su simple recuerdo y evocación constante, forman una sólida base para justificar muchos actos del presente.

Para el peruano existen diversos aspectos que comprueban que todo lo pasado fue mejor. Desde las reuniones en el “barrio” hasta las épocas quizá de bonanza y bienestar. Todo ese pasado rico y digno de tenerlo siempre presente es para otros, un motivo para olvidar. El pasado recalca en la mente como una acumulación de experiencias que pueden ser útiles para salir adelante a como de lugar, pero claro, sin descuidar el presente. La realidad es un campo muy difícil en el que se mueve desesperadamente a veces sin saber a dónde se dirige, pero es a la vez tan familiar y amigable en ciertos aspectos, que vale la pena seguir afrontándola. Ya vendrán tiempos mejores.

El futuro, en la visión del peruano, parece, en determinadas ocasiones, no ocupar un lugar muy importante. Las perspectivas para lo que “pueda venir” son a veces ajenas a toda planificación. Ejemplos de esta manera de “tomar” la vida los tenemos —y de manera muy clara— en el deporte y en algunos círculos del espectáculo (pero también en el peruano promedio). Una vez que se obtiene el éxito y con ello algunos ingresos económicos considerables, solo se asegura el presente (comprarse un carro, mudarse a un barrio “más decente” y comprarle la casa a la mamá), sin pensar en una inversión a largo plazo.

El peruano no tiene reparo en reclamarle a la vida, al futuro, o al destino lo que debería venir para estar feliz y contento y asegurar el porvenir de los suyos. Está seguro de lo que debería haber y está convencido que los demás son los culpables. Asume también que los migrantes son los que ocasionan el caos (como el tráfico), así como que el clima, los políticos, el vecino y hasta algunos familiares son los causantes del desorden. Uno mismo no es culpable, siempre son los otros.

Lo que se debería impedir o evitar está también presente en el esquema mental del peruano, pero al parecer solo de manera tangencial. Pensar en el futuro es angustiarse, es crear más problemas de los que se tiene y no permite disfrutar del momento. Asimismo, no permite estar “jodidos” pero contentos. El futuro es a veces un aspecto que no desea afrontar y del cual se desea estar lejos. Evolucionar no significa asumir lo que deba venir. Es algo inevitable, pero para entenderlo de esa manera hace falta en primer lugar entender qué es lo que realmente está sucediendo.

La multidimensionalidad como herramienta para sobrevivir

Continuando con Morin, el pensamiento complejo debe respetar la multidimensionalidad de los seres y de las cosas. Del mismo modo, esta manera de pensar, obliga a trabajar y desenvolverse en ciertos aspectos con la incertidumbre si lo que uno hace es racional o no lo es. En ciertos casos, el límite entre lo racional y lo irracional es tan claro que no cabe la menor duda, pero a veces, ese límite es tan frágil y a veces tan imperceptible que sus fronteras parecen confundirse, tanto así que lo racional linda con lo irracional de una manera casi imperceptible. Esta situación a su vez empieza a hacerse tan cotidiana y común que ya forma parte de nuestra cultura.

Para intentar explicar lo anterior, las siguientes dos situaciones que paso a relatar ofrecen una aproximación a estos temas. Así, en el concurrido Jirón de la Unión del megadiverso centro de Lima, fui testigo de una escena que me dejó pensando varios días y que me ha hecho buscar explicaciones que siempre han desembocado en la “viveza criolla” y en las ganas inmediatas y urgentes de sobrevivir.

En una tienda de artefactos eléctricos que exhibía distintos televisores —desde los más pequeños hasta los más grandes y sofisticados— encontré a astutas personas que alquilaban un control remoto al otro lado de la tienda, (es decir, en plena calle) para que el transeúnte —apurado y ansioso de un poco de relajo— pueda ver en los televisores de la tienda, los programas de su preferencia. ¿Cuánto te cuesta, cuánto te vale? Un sol o una “quina” (o sea medio sol). Todo depende del tiempo que disponga el cliente para tan relajador y necesario ejercicio.

Esta escena parece haber sido tomada de uno de los libros que, con mucho recelo, guardaba el Profesor Kien en su preciada biblioteca (1). Algo fuera de este mundo, pero tan real, que se confunde en el variado mosaico que es nuestra sociedad. El “cliente” hace uso de “su” control remoto y dispone de la programación del cable para saciar su apetito de información, cultura o simplemente para ver lo que se le antoje sin que nadie le diga nada.

Para explicar esta situación solo hace falta unir dos palabras: las ganas y la necesidad. Lo que para muchos es tan normal y cercano a un encuentro con camaleones acercándose a escuchar un concierto en piano (2) en uno de los epicentros del país, como lo es nuestra capital, esta es una escena más del complejo mundo de la sobrevivencia y de la astucia. Dicha situación solo es posible que se origine y que provenga de la necesidad y del constante combate entre las ganas de llevarse algo a la boca y la de saciar necesidades “normales” siempre y cuando se disponga de tiempo y de unos soles.

El otro caso que roza con la irracionalidad (e irresponsabilidad) del accionar del peruano y con la proeza de un acelerado e imparable afán por salir del paso de la responsabilidad, es el siguiente: en uno de esos “micros” grandes y antiguos, con la palanca de cambios casi atrás del chofer, tomé asiento al costado del chofer y al poco tiempo de haber entrado en vigencia la obligación de utilizar el cinturón de seguridad (para lo cual, por supuesto, muy pocos automóviles particulares, y menos aún el transporte público estaban acondicionados), puse atención en el chofer. Después de algunos minutos de viaje me quedé perplejo. El conductor manejaba de lo más relajado con un polo blanco que tenía estampado un cinturón de seguridad de manera diagonal en el mismo. Lo más probable es que el distinguido chofer no haya tenido tiempo para acondicionar (o en el mejor de los casos, reparar) ese desconocido implemento que se llama cinturón de seguridad. Ese cuadro linda con lo demencial, lo irreverente y con la astucia (no hay que negarlo) de la increíble viveza criolla.

Pero como hay que trabajar y cumplir con las obligaciones, una “simple” ordenanza no puede impedir que el chofer trabaje y maneje más de doce horas diarias. Para eso están los “cerebros” del país. Ellos confeccionan una prenda con cinturón de seguridad incorporado para así esquivar las exigencias de la ley momentáneamente hasta recibir la primera multa. De lejos parece que el responsable conductor cumple con la ley. Grave error. No se debe ser racional. No es la incertidumbre la que nos persigue, es la necesidad de justificar lo irracional para seguir adelante y burlar la ley hasta que sea posible.

Regresando a la premisa de “jodido pero contento” es necesario explicar algunos aspectos de la mentalidad del peruano. Siempre existe un motivo para desconfiar de lo que se recibe. Es muy común observar en nuestro entorno, como las cosas que a veces son impensables en otras sociedades, acá en nuestro medio son normales. Recuerdo perfectamente una escena que es antagónica a las anteriormente expuestas que suceden en nuestro país, pero que explica otros parámetros de conducta y que ofrece una visión distinta de lo que puede suceder en otra sociedad. De estas comparaciones surge la necesidad de hallar un elemento racional que proporcione explicaciones a la conducta humana, las cuales pueden ser encontradas en la formación cultural.

Un domingo en la mañana iba en un bus en Alemania en pleno centro de la ciudad. De repente, uno de los pasajeros del bus, se bajó en un paradero y como el semáforo estaba en rojo, el bus se mantuvo detenido unos minutos. El hombre, apenas bajó, se fue al árbol más cercano a unos metros y empezó a miccionar. Yo me quedé asombrado pues era la primera vez en mi vida que veía a un alemán (en Alemania) “ir al baño” en plena vía publica. Algunos pasajeros en el bus empezaron a aplaudir festejando ese acto heroico, inaudito y poco común. El hombre rompió esquemas y quebró un orden establecido.

Acá, eso es lamentablemente lo normal y forma parte de la escena cotidiana. Por qué asumir que eso debe ser así. No es parte de nuestra idiosincrasia, sino, es parte del mecanismo complejo de la relación entre la comodidad, la falta de recursos y la falta de cultura. La mente del peruano parece estar hecha para sortear problemas sin medir las consecuencias. En un sistema como el nuestro, las explicaciones a estas conductas recaen en dos aspectos fundamentales: la educación y el subdesarrollo.

La educación como herramienta de desarrollo

Morin propone una reforma del pensamiento y sostiene que la educación tiene que ser reorganizada totalmente. Esta reorganización no está referida al acto de enseñar, sino a la lucha contra los defectos del sistema. Por ejemplo, la enseñanza de disciplinas separadas y sin ninguna intercomunicación produce una fragmentación y una dispersión que nos impide ver cosas cada vez más importantes en el mundo.

La conducta del peruano en situaciones adversas que lo obliga a tomar todo de una manera poco responsable proviene de la educación que ha recibido. Asimismo, las diferentes maneras de comportarse tienen un origen común en la educación y en los valores que se recibe en el hogar. El complejo andamiaje de las relaciones en la sociedad peruana no es punto de estudio en este caso, pero definitivamente este influye en el comportamiento de las personas. Por un lado es el sistema el que falla, pero por el otro, es la persona en sí, la que adquiere ciertos hábitos y costumbres que inducen a un comportamiento que no necesariamente puede ser el más racional.

Morin expone la complejidad como una aventura y como el estado de alerta extrema ante la simplificación. En el caso del peruano que toma la vida como una aventura con obligaciones necesarias —pero que se pueden postergar— la aventura de vivir se convierte en una constante lucha que nunca parece detenerse, menos en estos tiempos de incertidumbre y de recesión económica. Muchas de los aspectos que rodean a nuestra cultura son parte del sistema complejo en el que nos hallamos inmersos, y no solo el sistema es complejo, sino, nosotros mismos como seres complejos, formamos una cultura que parece simplificar diversos temas.

El mortero de situaciones que representa la unión de diversas manifestaciones culturales en la sociedad peruana —machacada por diversas crisis y situaciones de violencia, corrupción y de inestabilidad económica— se mantiene vigente y dispuesto a sobrevivir a toda tempestad. Para abarcar el estudio de lo complejo hay que ubicar al objeto de estudio en su entorno y relacionarlo totalmente con los expertos en el tema sociológico.

El elemento que no puede incorporarse y adaptarse a este sistema, puede desaparecer y ser absorbido por la sociedad. Es decir, existe un símil con la selección natural. El sistema va generando mecanismos de descarte y al parecer las condiciones actuales de la humanidad funcionan bajo esa premisa. En el caso del peruano, es muy difícil asegurar su supervivencia, pero a la fecha lo ha conseguido.
(1) Del libro de Elias Canetti: Auto de fe (Die Blendung).
(2) Truman Capote, Música para camaleones.
Noviembre 2005