domingo, 25 de enero de 2015

MI COSMOVISIÓN PARA EL 2015 Y EN ADELANTE: ¡ESTAMOS AL BORDE LA CORNISA!

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El smog en China es un gran problema, un verdadero problema. Foto: Getty Images/ ChinaFotoPress.
Para mí, este nuevo año empieza de la mejor manera. El reciente nacimiento de Maya, mi hija, me ha obligado a, entre otros, releer parte de lo que he escrito. Así, aprovechando los escasos momentos en que puedo desconectarme de su cuidado, debo cerciorarme de que si me va a leer más adelante, lo que he publicado le sirva para entender parte de lo que sucede en nuestro país y en el planeta, al cual ha llegado hace mes y medio. Si bien debo confesar que veo el futuro de la humanidad bastante turbio, intento aparentar todo lo contrario. Empero, dejando de lado algunos problemas existenciales, lanzo algunos temas salpicados para ir calentando motores y afilando la pluma. Al parecer, será necesario estar preparado para desenvainar las armas en el momento menos esperado. 

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Luego de haber sido anfitriones de la tan mentada COP 20, habrá que ver qué podemos esperar de Paris este año en la por ahora lejana COP 21. La reunión en la recientemente golpeada capital francesa marcaría la pauta para el futuro ambiental del planeta si es que efectivamente, lo hecho en la capital peruana puede ser un buen inicio para el acuerdo internacional que deberá reemplazar al tan venido a menos y obsoleto Protocolo de Kyoto. Y sin entrar en la polémica sobre lo bueno, lo malo y lo feo de la pomposa reunión ambientalista limeña, empezaré por un hecho a tomar en cuenta, en base a lo que un par de colegas alemanes me han hecho notar.

Según la prensa, en el 2014, Alemania ha emitido 3% menos de Gases de Efecto Invernadero (GEI) en comparación a años anteriores. Así lo dijo la Ministra de Medio Ambiente, Barbara Hendricks y yo le creo. Este hecho es notable, pues debemos tomar en cuenta de que estamos frente a uno de los países que está incluido en el saco de las naciones “industrializadas y contaminantes” del planeta. Claro, este pequeño avance es importante, pero es insuficiente para alcanzar las metas ambientales del país teutón en cuanto a la reducción de sus GEI.

El mencionado retroceso en la emisión de GEI tiene que ver no solamente con una pequeña “ayuda” meteorológica —pues tanto a inicios y finales del año, los germanos tuvieron un invierno bastante templado para sus estándares, lo que implica un menor uso de energía para calefacción y otros fines—, sino que también responde a la puesta en marcha de políticas medioambientales destinadas a ir reduciendo progresivamente la emisión de estos gases. Los alemanes están “luchando” para reducir sus emisiones de GEI en un 40% (en comparación al año 1990) pensando en el año 2020. Como parte de esos esfuerzos, acordaron implementar, en diciembre del 2014, un “paquete ambiental” destinado a poner en marcha las acciones necesarias para ahorrar energía, cambiar poco a poco su matriz energética y para ir reemplazando progresivamente las viejas fábricas que utilizan carbón para generar energía.

¿Cómo haríamos?

Entonces, sí es posible que un país haga lo necesario para reducir sus emisiones de GEI. Claro, no es fácil y sin lugar a dudas, no todos los países están en la capacidad de hacerlo o quieren hacerlo. Es poco probable que países que anhelan entrar a toda costa a la lista de las potencias mundiales, como Brasil, India y China, tengan la intención de reducir sus emisiones de GEI. Parecería ser que la consigna es “primero me convierto en potencia y emito los GEI que deba emitir para mover mis industrias y luego hablamos”. Así como vamos, habrá que esperar que las futuras COP vayan logrando algo porque de lo contrario, tendremos un futuro bastante desalentador.

Además, la humanidad ya está sobrepasando los límites en cuanto al uso indiscriminado y abusivo que le da a los recursos naturales en el planeta. En el 2009, un grupo de científicos se propuso determinar cuáles son las “fronteras planetarias” que no se debería sobrepasar para llegar a un punto crítico en la historia de la humanidad. En el 2014 se hizo una actualización al respecto y se determinó que las actividades humanas han perturbado significativamente la “relativa calma” de los primeros 12,000 años de la historia del Homo sapiens. Hemos entrado escandalosamente a una época de desestabilización y de incertidumbre planetaria.

Según los investigadores del Stockholm Resilience Center, en cuatro aspectos (de nueve); cambio climático, conservación de la diversidad biológica, uso de la tierra y los ciclos globales de fósforo y nitrógeno, ya hemos pasado los límites permisibles y aceptables que aseguraban una tranquilidad en el horizonte. En lo referido al primer aspecto, la concentración del dióxido de carbono (CO2) en la atmósfera ha alcanzado las 400 partes por millón (ppm). El límite seguro, según modelos matemáticos, es de 350 ppm en un escenario de 1,5ºC de aumento de la temperatura global. A partir de 450 ppm, según Will Steffen del mencionado Centro, entraríamos a una situación de alto riesgo.

A llorar al río  

El 2014 fue el año más caliente desde que se mide el clima mundial. Foto: Getty Images












































En lo referido a la preservación de los hábitats que albergan a la diversidad biológica del planeta, según los expertos, la humanidad ya pasó el límite, en especial, en lo que concierne a la diversidad genética. Esta última es vital para garantizar la permanencia de especies que puedan adaptarse (de manera natural) a diversos escenarios para seguir ofreciendo innumerables servicios vitales para el ser humano. Y es que debido a la pérdida inminente y global de la diversidad biológica (debido a la deforestación, la sobrepesca, la introducción deliberada o no de especies exóticas e invasoras y a otros factores), se está perdiendo todo ese invalorable material genético que nos podría asegurar la supervivencia en el planeta Tierra (o en otro, de ser necesario y creo que lo será).   

Otro de los graves problemas mundiales —y que por estos lares parece pasar desapercibido— es la incontrolable liberación de fósforo y nitrógeno almacenados principalmente en fertilizantes y abonos destinados a la agricultura intensiva. Este hecho trae consigo la pérdida de la calidad y de la aptitud original de los suelos, así como la contaminación de las aguas, ya que estos llegan tarde o temprano a las fuentes acuíferas. A ello habría que sumarle la salinización, especialmente de aquellos terrenos que han sido regados de manera artificial para impulsar la producción agraria descontrolada. Le estamos sacando la mugre a los suelos y en el Perú no nos quedamos atrás.

Ante estos escenarios, nuestra capacidad de respuesta, como país, podría ser demasiado elefantiásica, porque hasta que nos demos cuenta de que lo acá descrito (y mucho más) ya está sucediendo en el planeta, podría ser demasiado tarde. A eso debemos sumarle el hecho de que cuando queramos reaccionar, la velocidad y fuerza con la que todos estos problemas se vienen dando podrían pasarnos por encima. Como menciona Steffen, “en una generación, la humanidad se ha convertido en una fuerza geológica a nivel planetario”. Es decir, somos capaces de transformar dramáticamente a la Tierra (para mal, claro está) en periodos muy cortos de tiempo y sin darle tiempo a algunos seres vivos de que se adapten para poder sobrevivir.

En temas como el acceso y uso del agua, la situación global todavía no ha pasado los límites arriba mencionados, pero ya existen graves problemas en la región este de Estados Unidos (California y alrededores), en la parte del sur de Europa, en Asia y en el convulsionado Medio Oriente. En el Perú todavía no hemos vivido una fuerte crisis en torno al agua, pero así como vamos, pronto la tendremos. Si seguimos desperdiciando el agua y no tomamos medidas drásticas en cuanto a la conservación y manejo de cabeceras de cuenca, por ejemplo; y si no ponemos en marcha un plan aterrizado y real que nos permita gestionar este recurso clave, ya recibiremos nuestro merecido.

Otros aspectos en los que la humanidad está en el límite para pasar a terrenos pantanosos son el de la pérdida de la capa de ozono en la estratósfera y la acidificación de los océanos. Estamos caminando sobre la cornisa y así como vamos, en cualquier momento nos caeremos estrepitosamente y el daño será irreparable. Con todo lo anterior mi cosmovisión —la cual no es exclusiva de algunos­— está cada vez más alterada y oscura. La manera de percibir y de entender lo que está sucediendo en el planeta nos debería obligar a reaccionar de una vez por todas. Además, tomemos en cuenta que el 2014 fue el año más caluroso en el planeta desde que se tiene registros al respecto. Por ende, así como vamos, ¡nos vemos en el infierno!

Enero 2015

Artículo publicado originalmente en la página web de Rumbos: