lunes, 31 de diciembre de 2018

TRIBULACIONES, LAMENTOS Y OCASO DE UN TONTO FUNCIONARIO IMAGINARIO, O NO

Punta Veleros

Particularmente y sobre todo en los últimos años —y pese a los esfuerzos que “debo hacer” por Maya, mi hija de cuatro años—, toda la parafernalia navideña me parece una pérdida de tiempo y una celebración decadente y absurda. Pero para mi buena suerte, en estos días, en los que bajan algunas revoluciones, puedo tener un pequeño respiro. Así, aprovecho el tiempo para cristalizar parte de mis últimos pensamientos del año en curso y poder ponerlos en papel. Por ello, decidí volcar en estas líneas algunas reflexiones que me produjo leer hace unos meses un texto vargallosiano, antes de que se pierdan entre miles de neuronas y que se queden atrapadas entre sinapsis intermitentes. A propósito, el título me vino a la mente luego de haber escuchado una canción del extinto grupo argentino Sui Generis y creo que hace juego con lo escrito, o no. 


Punta Veleros, Los Órganos, Piura, Perú, octubre de 2018. Mientras recibía una descarga importante de rayos ultravioleta y veía de reojo el vuelo de decenas de aves fregatas o tijeretas americanas (Fregata magnificens), piqueros de patas azules (Sula nebouxii), pelicanos peruanos (Pelecanus thagus), de cormoranes (Phalacrocorax brasilianus) y de otras aves playeras, agarré con firmeza el libro de turno y concentré mi mirada en la página 187.

En el capítulo referido a Sir Karl Popper (1902 – 1994) del libro: La llamada de la tribu, del compatriota Mario Vargas Llosa, el autor arequipeño y ganador del Premio Nobel en el año 2009, señala lo siguiente: “¿Por qué prefiere el reformista modificar o reformar las instituciones existentes en vez de reemplazarlas, como el revolucionario? Porque, dice Popper en uno de los ensayos de su libro Conjeturas y refutaciones, el funcionamiento de las instituciones no depende nunca solo de la naturaleza de estas es decir, de su estructura, reglamentación, tareas o responsabilidades que le han sido asignadas o las personas a su cargo— sino, también, de las tradiciones y costumbres de la sociedad. La más importante de estas tradiciones es el “marco moral”, el sentido profundo de justicia y de la sensibilidad social que una sociedad ha alcanzado a lo largo de su historia”.

Me quedé pensando al respecto. Y es que tras haber transitado por varios organismos, tanto públicos como privados, sí creo que lo que define las instituciones, al margen de sus funciones y responsabilidades, son las personas que en ellas laboran, las mismas que representan parte de la “moral nacional”. Es decir, pienso que en base al accionar de las masas, condicionado en parte por su moral, se marca la pauta en el funcionamiento de las instituciones. Centrándome en el Estado, tal dependencia podría ser excelente o podría ser atroz, pues en un país como el nuestro —que no se cansa de demostrar que a veces se asemeja bastante a una república bananera— es complicado (pero no imposible) hacer patria.

Una institución estatal cualquiera podrá tener el mejor marco legal, los mejores planes estratégicos, un buen presupuesto, las mejores instalaciones y otros aspectos que podrían hacerla “de primera”, sin embargo, si las personas que la conforman son en gran número mediocres, conformistas y con poca moral, el presente y futuro de la misma podrían verse bastante socavado y oscuro.

Me explico. En mi paso por varios lugares he identificado que existen personas que solo cumplen su labor para llevar el pan a su mesa (o a varias mesas) y aportan lo justo y necesario sin sudar la camiseta. No podríamos decir que esté mal dicho accionar, pero claro, en ellos (y ellas, para evitar problemas) no se percibe el entusiasmo y no muestran tener “camiseta” por lo que hacen. Es una manera de hacer un tránsito sosegado y libre de riesgo por una a veces larga y compleja vida laboral. Si este tipo de personas “le entran” a la “cochinada” es difícil de determinar, pues justamente por involucrarse lo menos posible, tal vez no tengan ni ánimos ni valentía de hacerlo (¿o sí?). Al final, podríamos asumir que eso es bueno.      

También están los que intentan demostrar que están compenetrados hasta el tuétano con la institución y que tienen puesta “la camiseta” y todo el ajuar institucional porque sienten que han sido los elegidos y los llamados a demostrar que donde están es lo mejor que hay. Pero en el fondo, necesitan recibir elogios para sí mismos (o mismas) porque al final se creen imprescindibles. Sin ellos, su centro de trabajo no es nada. Claro, hay entusiasmo, pero no hay convicción ni ganas sinceras de aportar realmente al fin institucional. Si al día siguiente, se van a trabajar a otra empresa o institución, repetirán la historia. No está mal tampoco. Estos elementos (o elementas) son necesarios. Si “le entran” a la “cochinada”, difícil saberlo, aunque me parecería que estarían algo tentados porque para ellos, el fin justificaría los medios. En todo caso, es discutible.
    
Existiría un tercer grupo de empleados que son los que pasan algo desapercibidos desde sus trincheras, pero que son piezas claves para el funcionamiento de una institución. Su accionar es a veces ejemplar, otras veces discutible o hasta polémico. Sea como fuere, tienen la camiseta puesta, pero tal vez no lo evidencian porque su mirada trasciende a la institución y a su puesto, dado que su concepción es más sectorial o amplia. Es decir, son aves de paso, pero saben que lo que construyen es parte de algo más grande. Son cohesionadores, empujan procesos y no solo cumplen funciones únicas y no concatenadas, sino que buscan trascender y eso es bueno. Si “le entran” a la “cochinada”, difícil saberlo, pues no arriesgarían su apostolado por unas monedas; o quién sabe, tal vez sí lo hagan.

Corrupción v.02

En resumen, pese a esta tosca y parcializada clasificación de tipos de funcionarios públicos, podría parecer que todos estaríamos propensos a obrar mal. Pero ser amoral no implicaría solamente caer en la tentación de “meter uña” sino también, ser holgazán o no poder cumplir con lo que tu cargo te exige, ya que por esas cosas de la vida accediste a un puesto para el cual no estás capacitado. Asimismo, como funcionario público se tiene responsabilidad para con la ciudadanía, dado que uno debe tomar decisiones que involucran a personas, aprobar pagos, así como manejar y disponer de recursos financieros de tal manera que beneficie a la población y que cada sol invertido tenga un destino justificado.   

Por otro lado, como servidor estatal, uno recibe capacitaciones, accedes a talleres, seminarios y otros por ser un “especialista” del Estado, en el cual se invierte dinero y energías. En otras palabras, ir a dormir o a perder el tiempo a las reuniones a las que se es enviado como autoridad, es una manera de sacarle la vuelta al país y a todos los que pagan impuestos. Así también, servir en el Estado conlleva a estar apto para cargar consigo una pesada mochila en lo referido a la toma de decisiones de diversa índole que pueden resultar al final poco eficientes o inservibles, con lo que, si se comprueba que se actuó con meditación y con alevosía, se estaría incurriendo en otra variante de lo amoral. La aprobación o no de temas importantes podría depender de un funcionario público, quien a veces por ignorancia, desidia, mala leche o por razones no muy claras pude truncar procesos o anticipar el colapso de muchas cosas.

MVLL agrega además sobre el éxito o fracaso de las instituciones sociales que estas “… por inteligentemente que hayan sido concebidas, solo cumplirán los fines presupuestos si sintonizan de manera cabal con ese contexto inefable, no escrito, pero decisivo en la vida de una nación que es el ‘marco moral’”. Así, una institución destaca sobre las demás, no solo por los logros realizados o por las metas cumplidas, las cuales, claro, al final son importantes porque las gestiones deben ser medidas en base a algo concreto. Sin embargo, estos logros podrían ser solo paliativos y de corto plazo, de tal manera que al final resultarían poco pensados y dejarían traslucir que habrían sido alcanzados solo para cumplir con los benditos planes y evaluaciones.

Empero, cómo hacer para que la institución X trascienda y sea un modelo a seguir y forme parte del aparato estatal, de tal forma que realmente ayude a construir el país en base a cimientos sólidos, “limpios” y duraderos en el tiempo. Sin duda, cada servidor o servidora cumple un rol fundamental. Además de poner sus conocimientos, experiencias y sapiencia a disposición del país y de la ciudadanía, debería ser también un ejemplo de entereza y honestidad. El código de ética está escrito y debe ser leído y puesto en práctica, pero no hay un código moral escrito. Cada uno lleva la moral “puesta” y demuestra de qué está hecho.

Por lo tanto, a los que estén en el Estado, esa cosa etérea y trajinada llamada moral exige dar lo mejor de uno y sugiere que se tenga en cuenta de que se está ahí para servir a la gente, fortalecer la institucionalidad, construir un mejor futuro, dejar algo bueno para los que vienen y hacer que el país sea más justo. En algunos casos, las críticas llueven porque nunca se puede hacer felices a todos y menos con limitaciones de diversa índole. No obstante, vale la pena trabajar para lo ya nombrado. Además, alguien tiene que hacerlo. Si eres uno de ellos (o de ellas), demuestra entonces que tienes las agallas para hacer las cosas bien. No es mucho pedir, ¿o sí?.   
  
La ilustración del ave fregata proviene (otra vez) del libro: Aves de los humedales de la costa peruana, de Javier Barrio y Carlos Guillén (Serie de Biodiversidad CORBIDI 3 del año 2014).

Diciembre 2018

sábado, 20 de octubre de 2018

LOS CAZADORES DE OSTRAS QUE SE NOS VAN

Ostrero americano.

Mientras vacacionaba unos días en una playa piurana y veía cómo se divertía Maya, mi hija de ya casi cuatro años, aproveché en darme tiempo para leer. Así, empecé por un libro que compré hace poco y que estaba en la lista de espera: La medida de todas las cosas, de Pedro Llosa Vélez, pariente de Mario Vargas Llosa. Llegué al libro luego de revisar, no recuerdo cuándo, un artículo del Nobel MVLL reseñando de manera muy positiva la obra de Llosa Vélez.

No voy a entrar a discutir la parte literal del libro que en resumen me pareció interesante, profundo y fácil de leer (tras terminar su lectura, me adentré en los cuentos completos de Juan Carlos Onetti, lo cual te lleva a terrenos mucho más agrestes y profundos, pero a su vez fascinantes, desgarradores y perturbadores). Tampoco pretendo hacer apología del libro ni reventarle cohetes a nadie. Solo quiero comentar la aparición de unos personajes alados en uno de los seis cuentos que conforman la presente obra y reflexionar sobre algunos temas tangenciales que anota este autor peruano.

Interesante obra de un autor peruano que se las trae.
El libro de Llosa Vélez está dividido en dos partes; y en la primera, a partir de la página 99 (de la primera edición), es decir, del tercer cuento titulado “Cazadores de ostras”, aparecen como parte de la narración, unas aves playeras conocidas como ostreros. Antes de continuar, debemos tomar en cuenta que en el Perú tenemos la presencia de dos especies de estas aves de la familia Haematopodidae, el ostrero americano, común u ostrero pitanay (Haematopus palliatus) y el ostrero negruzco u ostrero brujillo (Haematopus ater). Ambas especies se distribuyen a lo largo de la costa peruana, sin embargo, el ostrero negruzco solo está presente desde Lambayeque hasta Tacna. La característica principal de estas aves es su pico largo y robusto que puede ser rojo o naranja en los adultos, lo que las hace casi inconfundibles con otras aves playeras. Además son aves robustas y tienen ojos llamativos de color entre amarillo y rojo.

Debemos saber también que los ostreros americanos prefieren las playas, a diferencia de los ostreros negruzcos que utilizan más las zonas rocosas para alimentarse. Dicho esto, veamos que dice Llosa Vélez con respecto a estas aves. En la página 100 indica que “La prueba más luminiscente de que en esa franja la libertad existe es la presencia de los cazadores de ostras, unas aves corpulentas y combativas a las que también se les conoce con el nombre de ostreros. Su lomo negro, como una capa adherida al cuerpo, les sigue por el cuello y se extiende hasta recubrirles la cabeza con una capucha de verdugo. Tienen el pecho y la barriga de un blanco algodón, las patitas rosadas, firmes y veloces, y las alas blanquinegras y tupidas. Su rasgo más distintivo, sin embargo, es su largo pico rojo, grueso y puntiagudo, con el que punzan y pinzan toda suerte de invertebrados marinos. Entre todos ellos, las ostras, como su nombre lo atestigua bien, son sus favoritas”.

Debemos saber que parte del cuento de Llosa Vélez se sitúa en alguna playa al sur de Lima, en los alrededores de la famosa zona conocida como Asía o “Eisha” para los entendidos.  Con ello y con la descripción del ave y de los lugares donde hace mención a su presencia, estaríamos frente al ostrero americano. A diferencia de su congénere, el ostrero negruzco tiene todo el cuerpo negro, con las alas y la espalda de color pardo oscuro, y como ya se dijo, se le encuentra casi exclusivamente en las zonas rocosas.

Ostrero negruzco, primo del primero y habitante inconfundible de
nuestras playas. 
Llosa Vélez nos cuenta también, en la página 113, que “Observo los primeros ostreros del día y me siento conmovido. Sus ojos coloridos —el centro amarillo, la aureola roja— perforan su capucha de verdugo y dan la impresión de que siempre te miran de reojo. Quizá queden ya muy pocos porque este par es el único a la vista. En otras épocas ellos eran los dueños de esta playa. (…) Arman su nido en cualquier parte de la playa, de preferencia sobre alguna protuberancia o montículo, y allí, mientras la hembra incuba sus huevos, el macho ahuyenta a los intrusos. Quizá por eso la intensidad de su graznido lo ocupa todo, un grito seco seguido por una réplica de ecos intermitentes que van descendiendo hasta el silencio. Caminan erráticos y decididos, haciéndote notar que la playa es de ellos, no tuya”.

Hoy en día es cada vez más difícil divisar a estas aves en nuestro litoral. Si bien no están incluidas, por lo menos en el Perú, en la lista oficial de especies bajo alguna categoría de amenaza, sus espacios se reducen progresivamente debido a la desordenada presencia e invasión humana. Basta ver el caso de las playas “exclusivas” en la zona de Asia, donde hace no más de 20 años había todavía grandes extensiones de playas casi solitarias, en las cuales, estas simpáticas aves podían anidar y estar tranquilas, algo alejadas de los humanos.

Libro recomendable para conocer algo más de
nuestras aves en la costa peruana. 
La presencia de estas aves, desencadena una serie de incógnitas para Llosa Vélez, tal como anota en la página 119, donde menciona que “Averigüé y descubrí que los ostreros son monógamos y que se quedan toda su vida con la misma pareja. Me impactó saberlo. Me pregunté si no cambiaban de carácter con el tiempo, si no se cansaban del otro, o si no se entusiasmaban con otros ejemplares de su especie. Incluso llegué a pensar que en el invierno, que no era época de apareamiento y por ende se distanciaban, recargaban energías para soportarse el resto del año”. Al parecer, el autor se informó sobre estas aves o tal vez es un observador de aves, quién sabe. No es obligación del autor hacerlo, pero por lo menos ha logrado que sus lectores conozcan algo más del ostrero común y con ello, es posible que haya despertado la curiosidad de algunos de saber más al respecto.
 
El relato en el cual “participan” estas aves playeras está enmarcado dentro del primer capítulo que aborda conflictos humanos de diversos tipos. Estas aves, sin embargo, tienen otros conflictos que se traducen en su pugna por el espacio con los invasivos y cada vez más numerosos humanos. En la página 125, Llosa Vélez escribe que “Los ostreros viven en muchas playas del mundo y se supone que eligen las más despobladas. A veces, en esos años en donde la población de aves era mucho mayor, se acercaban hasta nuestro campamento con movimientos erráticos y milimétricos. Mi mama decía que habían venido a visitarnos, pero yo siempre creí que era lo contrario, que venían a pedirnos cuentas por invadir su hábitat y a exigir que, para justificar nuestra osadía, al menos les diéramos comida”. Agrega además que “Este fue siempre su lugar y ni siquiera ahora, con la epidemia de la construcción de casas, han sucumbido. Desaparecen durante los fines de semana del verano, pero vuelven en los días de escaso público, en las horas y temporadas donde pueden recuperar su propio medio. Y así sobreviven y por décadas se siguen reproduciendo”.

Finalmente, en la página 132, el autor cierra el cuento con las siguientes palabras: “Leí también que buscan la forma de ahorrar energías al máximo, desplazándose la mayor parte del tiempo a pie. Solo cuando les es absolutamente necesario, emprenden el vuelo”. El final refleja lo que le sucede al protagonista del cuento, quien por razones que no entraré a detallar, emprende el vuelo hacia otro destino. Esperemos que los ostreros que aún pululan en nuestro litoral no tomen la misma decisión.  

En relación a lo expuesto, solo quería sacar a la luz la aparición de estas aves en una obra literaria. Debe haber seguramente otros ejemplos similares, en los cuales las aves son parte de un relato. En conclusión, la literatura puede acercarnos a temas terrenales que a veces ignoramos sin querer; y por otro lado, los temas terrenales, donde pueden encajar las aves, nos pueden llevar o tal vez obligar a construir mundos paralelos o distintos que nos enriquecen, confortan y fortalecen como seres humanos. Una vía para ello es la literatura y la otra vía o camino es observar con calma y agudeza lo que sucede a nuestro alrededor y hacer que lo que creamos importante, pueda trascender a través de cada uno. Solo eso.

Ver reseña de MVLL sobre el libro de Llosa Vélez:

Para ver un pequeño video de esta ave, ingresar a:

Las dos ilustraciones de los ostreros corresponden al libro: Aves de los humedales de la costa peruana de Javier Barrio y Carlos Guillén (Serie de Biodiversidad CORBIDI 3 del año 2014).

Octubre 2018




jueves, 13 de septiembre de 2018

¡ELLAS SÍ! OK, ¡USTEDES TAMBIÉN!

Aleksa Palladino de Exitmusic.

Debería estar preparando la presentación del 20 de setiembre que haré en el laboratorio del curso "Desafíos Globales" de la Universidad de Tecnología e Ingeniería (UTEC) —por gentil invitación de Fiorella Burneo— para hablar ante alumnos de los primeros ciclos de ingeniería ambiental, química, bioingeniería y otras carreras afines, sobre el Objetivo de Desarrollo Sostenible 15, relacionado con la "Vida en Ecosistemas Terrestres"[1]. Sin embargo, hay algo que no me deja zambullirme en los temas que debería tratar, es decir, sobre la importancia de los ecosistemas en el Perú, sus amenazas, las oportunidades que existen para el desarrollo sostenible, los retos y las oportunidades, el sector forestal y de fauna silvestre y otras hierbas que por ahora me tienen su cuidado. Les explico qué es lo que me distrae y por qué.

Resulta que en mi búsqueda permanente —y recientemente más exhaustiva— de grupos musicales para poner en marcha la férrea educación musical que le imparto a Maya[2], mi hija de casi cuatro años, he ido encontrando excelentes bandas de rock[3]. Y lo interesante es que muchas de ellas son lideradas por mujeres o en su defecto, estas tienen un rol preponderante. Podría hablar mucho sobre cada uno de los casos que les presentaré para que enriquezcan su repertorio musical o podría narrar las circunstancias en las que fui descubriendo estas agrupaciones para sumarlas a las canciones que Maya debe escuchar. Sin embargo, lamentablemente no me da el tiempo.

Las iré incluyendo por orden cronológico de aparición en mi espectro musical y no porque una me gusta más que la otra. Todas me parecen fenomenales. Recurro bastante seguido a ellas para alegrarme el área y recargar energías; y con Maya, disfrutamos de su música y de la calidad de sus acordes.   

Exitmusic – Passage

La voz de Aleksa Palladino me hiela la sangre. Es bastante potente y las canciones de Exitmusic son de primer nivel. Recuerdo haber pasado casi toda una noche escuchando esta canción intentando diseccionar los sonidos para disfrutar cada parte.

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Lucius - Wildewoman

Llegué a este alucinante binomio de cantantes por casualidad. Su sincronización, su energía al cantar, los buenos arreglos y la potencia de su voz me dejó atónito. Es reconfortante siempre escucharlas y disfrutar de su calidad. Para satisfacción mía, las dos chicas vendrán con Roger Waters en noviembre de 2018. Ambas cantantes trabajan con Rogelio Aguas desde hace un tiempo y si no me equivoco han participado en la grabación del último disco del ex bajista y líder de Pink Floyd, el cual es también altamente recomendable.

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Yo la Tengo – Before we run

Yo la Tengo
Este es un grupaso, sin duda alguna. La baterista me fascina. Me encanta. No tiene la mejor voz, comparada con otras cantantes de esta pequeña lista, pero su temple en la batería y la manera como “se entrega” integra en cada canción del grupo, me fascina y me hace admirarla. Este trío estadounidense es un vendaval de música. Ninguno de los tres destaca por su voz, pero juntos son dinamita y son “locasos”. Cada vez que los escucho, me quedo absorto con la omnipresencia de su sonido. Un dataso, la canción The story of Yo la tengo, live (https://www.youtube.com/watch?v=b5f11Nf1ydI) es para agarrar una botella de tequila y beberla entera de pico, con la canción a todo volumen. Después de eso, ¡qué venga lo que tenga que venir, cabrones!

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Big Thief – Mary

Big Thief
Me quedé perplejo tras escuchar a esta comadre y a este gran grupo. En el video miren la cara del baterista, es locaso el pata. Esta banda es también súper potente. Si bien el guitarrista se alejó del grupo, los otros miembros siguen tocando. Ella toca de manera magistral la guitarra. Si exploran más sus canciones y trayectoria, verán que la vocalista la conoce. Su voz es de primera y pareciera que puede cantar cualquier estilo musical. Es reconfortante escuchar los acordes de las guitarras y dejarse llevar por la voz de la cantante que te llega hasta lo más recóndito del cerebro.

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Wolf Alice – Don´t Delete the Kisses

Wolf Alice
Otro gran descubrimiento para mí. Esta cantante también parece de otro planeta, además de ser bastante guapa. Hay canciones de este grupo que son mucho más “pesadas” y que se acercan a un rock duro, casi “metal” y ella, como si nada. Busqué varias versiones de esta canción y de otros temas para ir viendo su avance y me parece que son un grupo excelente y bien poderoso. Si escuchan su repertorio, el grupo recorre varios estilos y nunca desentonan. Altamente recomendable.


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Y como bonus track, incluiré cuatro temas correspondientes a grupos que merecen la atención de todos.


Perfume Genius
Perfume Genius – Wreath

Este grupo es simple pero alucinante. El cantante es un caso interesante. Su voz y performance son de admirar. Es una buena oportunidad para disfrutar de una buena voz mezclada con histrionismo y buena combinación de sonidos. Exploren sus otras canciones.  

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Diane Coffee - NPR Music Tiny Desk Concert
https://www.youtube.com/watch?v=nRnPD-KW-0M

Diane Coffee


Gran descubrimiento. Una de las canciones de este grupo (Not that easy) me sirve siempre para contraponerla a la horrible canción “Despacito” cuando Maya y yo “discutimos” sobre música. Tremenda voz y buen showman.


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Bon Iver - 22 (OVER S∞∞N) Live at Rock the Garden
Bon Iver

Este grupo es un golaso. Con una de sus canciones (Holocene) empecé un viaje por otras dimensiones. El cantante, Justin Vernon trabaja también en otra banda, Deyarmond Edison que es también de alto nivel. Escuchar, por ejemplo: The Lake

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Parquet Courts - Uncast Shadow of a Southern Myth

Parquet Courts
Grupaso. Estos señores también la conocen. Su música es bastante fulminante y bien lograda. Para darle contundencia a la vida y canalizar las ganas de agarrar a varios a zapatasos, esta banda es perfecta. Vale la pena escucharla a todo volumen.

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Lo dejo ahí porque de lo contrario, podría poner decenas de temas más, pero esa no es la idea. Traten de escuchar alguna de estas canciones. Si no les gusta, no hay problema. Eso sí, no escuchen música de baja calidad como la indicada en el pie de página. No se malogren el oído.

Esta es solo una pequeña muestra. Y ahora sí, debo regresar a seguir armando mi “pepete” para el 20 de setiembre.



[1] Pueden buscar en Facebook a través del hashtag #MusikfuerMaya las canciones que forman los módulos de aprendizaje y que nos llevan a recorrer parte de lo mejor del currículo musical que Maya debe absolver para librarse de la música asquerosa de hoy en día, llámese reggaetón, pop latino y otras atrocidades como Marc Anthony, GianMarco, Maluma, Shakira, Jennifer López, Luis Miguel, Eva Ayllón y otros.  
[2] Y ya casi no exploro la salsa porque para mí, con lo que hay ahora de este género, se confirma que este género musical ya está extinta en estado silvestre. Tampoco busco grupos de rock en español, pues estos son para mí casi intrascendentes salvo honrosas excepciones. 
[3] Resulta que los ODS fueron establecidos por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) en el 2012 (recién me entero) durante o después (ni idea) de la  Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Desarrollo Sostenible, celebrada en Río de Janeiro. ¿Para qué sirven? ¡Ni puta idea!


Setiembre 2018

sábado, 18 de agosto de 2018

EL VALLE DEL SONDONDO: REFUGIO DE CÓNDORES (II)


Cóndor andino macho adulto en el
Zoológico La Totorilla, en Huamanga.

Regresé al valle ayacuchano del Sondondo. Esta vez tomé otra ruta. Me fui por avión a Huamanga, para de ahí enrumbar por carretera hacia Cangallo y a Querobamba (en la parte alta del valle) y luego a Andamarca (en la parte baja). Pude conocer así una zona realmente hermosa e interesante del departamento de Ayacucho y recogí, en la parte alta, impresiones de gente que también interactúa con el cóndor andino (Vultur gryphus) del valle del Sondondo. Con ello, ya cuento con dos miradas distintas en torno su conservación en esta magnífica parte del país.

Pude volver a este valle interandino gracias al apoyo del Programa de Desarrollo Económico Sostenible y Gestión Estratégica de los Recursos Naturales en las regiones de Ayacucho, Apurímac, Huancavelica, Junín y Pasco (PRODERN). Esta vez hice el viaje con Doris Rodríguez, especialista del Servicio Nacional Forestal y de Fauna Silvestre (SERFOR), con Emilio Cruzado, especialista de PRODERN y con William Ayala, director de la Dirección Forestal y de Fauna Silvestre del Gobierno Regional de Ayacucho.

Tras aterrizar en Huamanga, nos fuimos al Zoológico La Totorilla de la Facultad de Ciencias Biológicas de la Universidad Nacional San Cristóbal de Huamanga. La idea era ver cómo le iba a un ejemplar de cóndor andino hembra joven que estaba allí en cuarentena, dado que fue rescatado a mediados de junio, justamente cerca del anexo de Mayobamba, en el distrito de Chipao, donde realizamos el primer taller para la conservación de esta ave. El ejemplar fue encontrado aturdido a orillas del río Mayobamba y fue puesto a buen recaudo por pobladores locales.

En un inicio se pensó que había sido envenenado, pero luego se determinó que se habría estrellado contra los cables de media tensión que están en el valle en la zona del mirador. Felizmente, el ave goza de buena salud y debería ser liberada pronto. En el zoológico ha recibido una muy buena atención y tal como vi, ya está esperando el momento de regresar con los suyos. Aprovechamos para recorrer este recinto ayacuchano que alberga también en cuarentena a diversos especímenes de nuestra fauna silvestre que han sido decomisados por tenencia ilegal.

Río Pampas, muy cerca a Cangallo. 
Esos loros, búhos, zorros, pumas, halcones, monos y otros ejemplares nos muestran que el tráfico ilegal de fauna silvestre atenta contra nuestra diversidad biológica y que los zoológicos cumplen un rol importante en la gestión de fauna silvestre, pues, entre otros y con su escaso presupuesto, permiten albergar animales hasta que se decida su suerte. Muchos de ellos (por no decir, casi todos) no podrán regresar a su hábitat natural. Algunos tal vez se queden ahí y el resto se irá a centros de rescate, zoocriaderos u otros. Verlos en ese momento y saber que han sido extraídos de su entorno natural nos recuerda el siguiente mensaje: no compres ni vendas animales silvestres de origen ilegal, no seas cómplice de su extinción.

El bosque seco del valle del río Pampas

Dejamos Huamanga y salimos en dirección a Cangallo, una ciudad ubicada a 2570 metros (m) de altitud y capital de la provincia ayacuchana del mismo nombre, asentada a orillas del río Pampas que es a su vez la frontera natural con la provincia de Víctor Fajardo y que desemboca en el río Apurímac. De Cangallo seguimos hacia el distrito de Querobamba —capital de la provincia ayacuchana de Sucre— ubicado a 3500 m de altitud. Durante el camino estuvimos bastante tiempo acompañados por este río que forma una muy interesante porción de bosque seco que me hacía recordar al bosque seco del Marañón entre los departamentos de Amazonas y Cajamarca.

Porción de bosque seco entre Cangallo y Sucre que hace
recordar al del Marañón. 
Esta zona entre Cangallo y Querobamba en la provincia de Víctor Fajardo y luego en la de Sucre es bastante accidentada y destaca por sus cultivos agrícolas y por su actividad ganadera. En la parte alta se cría camélidos sudamericanos y el comercio es bastante activo con el departamento fronterizo de Apurímac y con ciudades como Chalhuanca, Abancay, Andahuaylas y otras. Así, tras unas siete horas de haber salido de Huamanga llegamos a Querobamba para pasar la noche. Es necesario anotar dos cosas: la zona forma parte de la cuenca amazónica y en cada pueblo que atravesábamos no faltaba su plaza de toros.

Querobamba City

Al día siguiente realizamos el taller sobre el cóndor andino en el Instituto de Educación Superior Tecnológico Público Santo Domingo de Guzmán con estudiantes, profesores y autoridades académicas y ediles. Nos quedó claro que su mirada sobre el cóndor andino es otra con respecto a aquella de la parte baja del valle de Sondondo. Y es que en la parte alta del valle, los cóndores solo están de pasada y usan estos espacios de tránsito o para alimentarse. Es decir, no los utilizan para anidar, dormir o como lugar de residencia. A propósito, recordemos que en mayo de 2018 y muy cerca de allí, se reportó la muerte de seis ejemplares de cóndor andino que fueron envenenados porque se les “acusó” de ser los responsables de la muerte de ganado en la zona.

Estudiante querobambina diserta sobre el cóndor andino en
su región. 
No obstante, se determinó que el veneno habría tenido otro destino: pumas. Pero como se sabe, este felino, en base a su traumática necesidad de tener que convivir con los humanos y de saber de sus torpes acciones, es bastante hábil para no regresar al mismo lugar a cazar, por lo menos, por un buen tiempo. Así que los cóndores bajaron a comer ganado envenenado que nadie solicitaba y se fueron a la otra. Se podría inferir entonces que en esta zona, los cóndores serían vistos como una amenaza y que estarían expuestos a ser capturados para ser usados en el conocido Yawar Fiesta. Y si bien nos contaron que se habría reducido bastante el uso de esta ave para tal fin “cultutral”, aún no se puede cantar victoria porque todavía es bastante usual y arraigada esta práctica en diversos poblados, principalmente, del departamento de Apurímac.

Por otro lado, dialogar con los querobambinos nos permitió saber que, por ejemplo, en esta región no se percibe al turismo como una opción inmediata de desarrollo, por lo que no hay mucha ilusión al respecto, a diferencia de la parte baja del valle. En una primera y rápida impresión, esta zona es más dinámica y “comercial” que la parte baja. Y en cuanto a la presencia del cóndor andino en el colectivo local, por ejemplo, en la Plaza de Armas de Querobamba el cóndor andino tiene su estatua y aparece bastante seguido en iconografía y en manifestaciones de todo tipo.

Plaza de Armas de Qurobamba. 
Entonces, se reconoce la presencia del cóndor, se sabe que podría ser una opción mediata para el turismo, que es importante biológicamente y que es una especie emblemática y ancestral. Sin embargo, aún falta bastante para lograr armonizar la convivencia entre el hombre y estas aves. Muchos de estos problemas entre ambos actores se deben a la expansión humana, es decir, a la necesidad de “colonizar” nuevos espacios, de trabajarlos (agricultura, ganadería, previa tala de la cobertura vegetal original), de satisfacer demandas (minería); también al desconocimiento de su naturaleza (envenenamiento), a malas prácticas ambientales (basura, contaminación) y culturales (celebraciones, artesanía), entre otros aspectos. A eso se suma la falta de información sobre esta ave y diversos factores (perros asilvestrados, por ejemplo) que amenazan a los cóndores andinos y a nuestro patrimonio natural.

De esta manera, en Querobamba pudimos también conocer pinceladas sobre la dinámica económica y cultural de esta pujante parte del valle. Sin duda, las ganas de salir adelante están ahí. Esperemos que sea así y que el cóndor andino acompañe a toda la región y se quede por siempre en todos los espacios incluidos dentro de su rango de distribución por estos lares.

Cerrando el círculo

Cóndor andino macho ve con buenos ojos el futuro.
Tras la incursión en Querobamba, regresamos a la parte baja para reunirnos en Andamarca con pobladores y autoridades, a fin de pactar la ejecución de actividades que ayudarán a la gestión sostenible de la población del cóndor andino en el valle. Antes de ello recorrimos otra porción de esta interesante y accidentada región ayacuchana. Tras cruzar el río Sondondo y disfrutar de hermosos paisajes, llegamos al pintoresco pueblo de Aucará con su hermosa laguna, para luego pasar por Cabana Sur y llegar a nuestro destino.

Después de estas dos incursiones al valle, concluyo que hay todavía mucho por hacer. Es imperante insistir con la reubicación de los cables de media tensión en la parte baja del valle del Sondondo para evitar más accidentes aéreos y realzar la belleza paisajística del mirador de cóndores. Asimismo, es necesario seguir apostando por un desarrollo turístico ordenado, de tal manera que esta actividad genere oportunidades de mejora en la calidad de vida de sus pobladores sin que se tenga que sacrificar la identidad cultural local y sin caer en improvisaciones ni en el desorden. Sin duda, el camino es complicado, pero ahí está el reto: hacer que el valle se convierta en un polo magnético para el turismo.

Las distancias no ayudan y la infraestructura todavía no alza vuelo. Así también, falta promocionar más este destino que debería empezar a estar en la agenda de más peruanos y extranjeros. Esperemos que esto suceda. Por eso, regresaré una vez más al valle a dejar algo de información para apoyar, mediante la conservación del cóndor andino, la consolidación de una apuesta de desarrollo que debe ser integral; es decir, unir los aspectos sociales, culturales, ambientales y hasta políticos para hacerlos caminar y que converjan en un mismo fin.

Se conserva lo que se conoce, se entiende, se valora y se usa para mejorar y ofrecer un mejor futuro. Por eso, lo que sí sé es que este valle no puede alzar vuelo sin el acompañamiento y permanencia del ser alado que domina estos territorios: el cóndor andino.       
 
P.D. Agradezco a Andrés Medina, conductor de vehículos de PRODERN, con quien viajé las dos veces que estuve por allá, por el aplomo y la profesionalidad de su trabajo.    

Agosto 2019

jueves, 2 de agosto de 2018

DE CÓMO SOBREVIVÍ A UNA DE LAS PRUEBAS MÁS DIFÍCILES QUE HE TENIDO


Salón de Nursery A del Colegio Abraham Lincoln.
Para los que no la conocen, Maya es la que me está viendo.  
Contar un cuento en el salón de Maya puede ser una experiencia muy compleja. Felizmente pude contar “Elmer, el elefante de colores” con aplomo, no sin antes casi perecer en el intento.

Los primeros días de junio de este aún inconcluso 2018 transcurrían tranquilos, no sin verse afectados de diversas formas por la pasada (¡felizmente y gracias a Dios!) fiebre mundialista al estilo peruano. Es ahí cuando Fátima me consultó si el miércoles 13 de junio podía ir al colegio de Maya a las 8.20 am a contarle un cuento a todo el salón de Nursery A, donde estudia mi princesa. Esa semana era la “Semana de los Valores” y Maya salió sorteada, lo cual indicaba que sus papás debían contar un cuento. Nos tocó el tema respeto.

Acepté sin chistar, primero porque me parecía una excelente experiencia y segundo porque en mi cerebro se fijó la idea de que ese día me darían un cuento sobre el respeto para que yo lo lea y tal vez lo comente y explique. Hasta ahí, todo bien. Yo estaba de lo más tranquilo y emocionado de ir a conocer a los amiguitos de Maya. Sin embargo, unos días antes de la tan ansiada fecha, Fátima me preguntó si ya había escogido el cuento que iba a contar. En ese instante casi me da un derrame cerebral porque según fui informado, no solo debía contar el cuento que yo elija, sino que también debía actuar y hacer que sea lo más ameno para que los niños (todos entre tres y cuatro años) puedan entenderlo y puedan retener el mensaje que tenía que ser en torno al respeto.

Tras reponerme del shock y estar seguro de que no me hallaba en una unidad de cuidados intensivos con una embolia, empecé a carburar qué cuento podría contar y cómo podía hacer para que los niños no se aburran y no me quieran linchar. Pase dos días de suma angustia pensando únicamente en mi misión y preocupado solo de no defraudar a mi exigente audiencia. Busqué casi una docena de cuentos, consulté a expertos e incluso pensé en desertar de mi misión alegando que tenía una enfermedad terminal, pues sentía que iba a fracasar. Confieso que me confié y no calculé el impacto que tendría en mí la tarea que me fue encomendada.

Pasé dos noches de terror, sobre todo la que le precedía al día en que me tocaba salir al ruedo. Esa noche previa casi me desvelé hasta que por fin pude determinar —casi a la medianoche y solo con la invalorable ayuda de Fátima, porque solo no lo hubiese hecho— qué cuento contar. Dormí atormentado pensando en que iba a fracasar en mi intento, luego de tratar casi por una hora —por supuesto, de manera infructuosa— de memorizármelo para no hacer papelones. Incluso grabé el cuento en mp3 para tratar de escucharlo todas las veces que sea posible a ver si algo retenía.

Felizmente podía usar un proyector y una PC para “ayudarme” con mi titánica tarea. Decidí llevar el pequeño video (con imágenes del libro del cuento elegido —que por suerte estaba en YouTube—, a fin de hacerlo visualmente atractivo) para así ponerlo sin volumen y pasar solo las imágenes. Pese a esa “pequeña” ayuda y después de dejar a Maya para que entrara a su salón a las 7.30 am aproximadamente, pasé casi una hora en recepción esperando a que me llamen para enfrentar a ese auditorio de 18 niños que me iban a masacrar en su “cancha”. Pasé casi una hora escuchando el cuento intentando pensar cómo debía hacer para no hacer un papelón. 

Elmer, el elefante de colores. 
He enfrentado diversos públicos exigentes; he sustentado mi tesis de maestría y mi licenciatura; he expuesto en congresos, simposios, talleres, etc.; dictado clases en la universidad, diplomados y otros; enfrentado entrevistas laborales; y dado algunas entrevistas en medios de comunicación; se supone que debería tener “cancha” y no estar tan nervioso, pero esta vez estaba “muñequeado” como nunca antes. Los minutos que pasé sentado en la recepción del colegio fueron angustiantes. Pensé en fugarme, en simular un desmayo, en hacer sonar la alarma, pero recapacité y esperé a que la señorita me llamara para ir a enfrentar mi destino. En eso estaba hasta que escuché mi nombre y tras casi un infarto fulminante, sentí un vacío en el pecho que me hizo sudar frío. Caminé hacia el salón de Maya como si me estuviese yendo al patíbulo. Pensé otra vez en salir corriendo despavorido, pero al ya estar cerca del salón escuché la voz inconfundible (claro, para mí) de mi reinita que pregonaba a los cuatro vientos: ¡mi papá!

En ese momento me inundó una racha de valentía y entré a los pocos segundos al salón de Maya. Saludé a las dos profesoras y a cada uno de los niños, mirándolos fijamente a los ojos y dándole el beso o apretón de manos correspondiente a ver si así les imponía temor y los “ablandaba”, pero todo eso fue en vano. Sentí que cada uno me miraba de manera inquisidora. Así que pasé al frente, otra vez angustiado por no hacer un papelón.

Conté el cuento de manera fluida y estuve atento a cada reacción de los niños. Incluso me vi enfrentado a varias preguntas, pero hubo dos de ellas que me sacaron de cuadro en ese momento. ¿Por qué no hay elefantes “mujeres” en el cuento? y ¿por qué no hay elefantes en el Perú? No recuerdo qué niños o niñas me hicieron esas y otras preguntas, pero felizmente al responderlas salí airoso de ese trance; y al final creo haber hecho una buena performance. Maya estuvo todo el rato atenta e incluso se adelantó a algunas partes, pese a que no había leído el cuento, con lo cual, debí aclarar que ella no tuvo acceso al cuento hasta ese momento.

Este es mi tan valioso diploma.
Al final recibí el aplauso de mis distinguidos interlocutores y pude charlar con ellos un poco, pues si bien hubiese querido quedarme un rato más, su horario no se los permitía. Y tras despedirme de cada uno y dejarles un par de mensajes sobre el respeto a sus compañeros, profesores y por supuesto, a sus padres, salí raudo no sin antes comerme a besos y abrazar a Maya, pese a que la debo haber hecho pasar un momento “rochoso”. Finalmente me fui por donde vine y sentí que había regresado a la vida. Miré mi diploma y me sentí orgulloso y como si hubiese sustentado mi tesis post doctoral en la NASA y en chino mandarín sobre física cuántica aplicada a la construcción de drones espaciales. Ahora puedo decir que pasé una de las pruebas más difíciles que he tenido.

Acá está una de las versiones del cuento por si lo desean ver:
https://www.youtube.com/watch?v=MMq5zWMQl-o

Agosto 2018