lunes, 31 de diciembre de 2012

LA DELGADA FRONTERA ENTRE LO VERDE Y LO MENOS VERDE (II)


En la entrada anterior expuse parte de la historia de la isla caribeña La Española, territorio en el cual dos países —con distinta suerte— comparten su destino: Haití y la República Dominicana. Para graficar parte de su desarrollo a través de los años utilicé el libro de Jared Diamond titulado “Colapso”. En resumen, la isla fue colonia tanto española, como francesa y tras varios sucesos que definieron la posesión y dominio de tierras en el primer lugar de América donde Colón puso los pies, ambos países isleños se fueron diferenciando, por lo que hoy en día podemos hablar de casi dos categorías distintas de realidades; una catastrófica: Haití; y una menos catastrófica e incluso esperanzadora: República Dominicana.

Así, luego de una historia de vaivenes y de peleas internas, a inicios del siglo pasado, las potencias extranjeras veían en la isla dos realidades distintas. Por un lado, Haití era visto como un país formado por una sociedad africana que hablaba una lengua criolla y en donde el ambiente era hostil a los extranjeros, debido, en parte, a la presencia de ex esclavos. Por otro lado, la Republica Dominicana era vista como un país hispanohablante formado por una sociedad parcialmente europea que veía con buenos ojos la presencia extranjera y el comercio con europeos. De esta manera, pese a la inyección de capitales económicos desde Europa y Estados Unidos, la economía isleña fue marchando a dos velocidades y tomando distintos rumbos.

A partir de 1870 hubo un auge agrícola en especial en la República Dominicana, donde sobresalían los cultivos de café, cacao, tabaco y las grandes plantaciones de caña de azúcar. Sin embargo, el caos político también campeaba en la isla lo que traía consigo mucha inestabilidad política y conflictos de nunca acabar. A eso es necesario agregar que, en plena Primera Guerra Mundial, Estados Unidos puso una base militar en ambos países de la isla para “vigilar de cerca” cualquier alteración en el tráfico fluvial del Canal de Panamá. La presencia de los “gringos” se dio, en Haití, entre los años 1915 hasta 1935; y en la República Dominicana de 1916 hasta 1924. Tras la salida de estadounidenses, la inestabilidad política y las disputas entre aspirantes a presidentes regresaron a ambos países.

Sin embargo, con la llegada al poder de dos dictadores famosos por su maldad, los desordenes políticos cesaron y llegó “una cierta calma y estabilidad”. Nos referimos a, por el lado dominicano, Rafael Leonidas Trujillo Molina, “El Chivo”, quien luego de ser jefe de la policía nacional dominicana y jefe supremo del ejército, tomó el poder en 1930. Trujillo administró su país como si fuese un negocio propio y, además de los delitos que cometió y del dominio absoluto que ejerció, controló —junto a su familia— la mayor parte de la economía del país mediante monopolios a escala nacional.

Por el lado de Haití, en 1957 se hizo del poder el famoso dictador François “Papa Doc” Duvalier, quien era médico y tenía mucha más formación que Trujillo. El tirano llegó a aterrorizar a su gente y era muy astuto y despiadado. No obstante, Duvalier no tenía la más mínima intención de modernizar su país y de desarrollar su industria. Ante su parsimoniosa y violenta mano dura, el país se estancó en el terror. Murió en 1971 de muerte natural y fue sucedido por su hijo Jean-Claude “Baby Doc” Duvalier, quien gobernó Haití hasta 1986, año en que fue obligado al exilio.

¿Dictaduras a favor del medio ambiente?
    
Sin duda alguna, asociar a una dictadura con un buen manejo del medio ambiente, puede parecer algo extraño. No obstante, la dictadura de Trujillo es un caso interesante que vale la pena ser analizado, no sin antes saber algunos detalles sobre la manera tan déspota que tuvo para dirigir a su país. El dictador dominicano dominaba casi toda la actividad forestal y era dueño de casi todas las plantaciones de caña de azúcar. Además, era propietario de líneas aéreas, bancos, hoteles, de grandes extensiones de tierras y hasta de empresas marítimas. E incluso, como parte de sus políticas, determinó que el 10% del sueldo de los funcionarios del Estado y que una parte de los beneficios de la prostitución deberían ir a sus arcas.

En el colmo de la locura del dictador, la capital de República Dominicana, Santo Domingo, pasó a llamarse Ciudad Trujillo y la montaña más alta del país, el Pico Duarte, recibió el nombre de Pico Trujillo. Asimismo, los programas escolares se encargaban de incluir en el currículo escolar todas las buenas acciones del dictador y en todos los espacios públicos se encontraba carteles dándole gracias por el agua y por el gran servicio al país. Y para asegurarse de que nadie se revele, destinó el dinero suficiente para tener el mejor ejercito del Caribe, incluso más grande y poderoso que el de México.

No obstante, en la década de 1950, Trujillo empezó a perder poder, debido al despilfarro gubernamental para financiar sus caprichos, a la caída de los precios de algunos productos que exportaba República Dominicana y debido a las malas inversiones del Estado. Y es el 30 de mayo de 1961, cuando un grupo armado emboscó —al parecer con el apoyo de la CIA— el carro del sátrapa, quien viajaba solo con su chofer, para asesinarlo, poniendo fin a una dictadura sin precedentes[1].

En ese escenario isleño, tras las dictaduras de los Duvalier en Haití, el país retomó su inestabilidad y su economía siguió debilitándose mientras su población humana seguía creciendo. La República Dominicana, mientras tanto y tras el asesinato de Trujillo, continuó su vida republicana con inestabilidad política hasta que en 1966 salió elegido Joaquín Balaguer, con el apoyo de ex oficiales del ejército de Trujillo, quien se quedó en el poder 34 años (de 1966 hasta 1978 y desde 1986 hasta 1996, ejerciendo además un gran poder en el Estado durante el periodo que no gobernó).Y dos años antes de morir, en el 2000 —con 94 años, ciego y enfermo— Balaguer luchó por la recuperación de la red de reservas naturales del país. 

Es así como, a partir de 1961, la República Dominicana inició su camino a la modernización, diversificando sus cultivos (dejaron la dependencia de la caña de azúcar) y sus servicios (hoteles, comercios, minería). Además, tanto allí como en Haití se dio una migración masiva de personas hacia, principalmente, Estados Unidos, lo que significó que posteriormente llegue a ambos países dinero (remesas), contribuyendo así fuertemente a la economía en la isla.

El medio ambiente como un factor determinante para el desarrollo

En ese contexto, la pregunta que se hace Diamond es: “¿por qué se desarrollaron de un modo tan distinto las historias políticas, económicas y ecológicas de estos dos países que comparten una isla?”. Para este autor, la respuesta es la siguiente: por las diferencias medioambientales. Veamos cómo así. Empecemos por las lluvias. En la isla, estas provienen principalmente del este, es decir, la vertiente dominicana (oriental) recibe más lluvias y tiene mayores índices de crecimiento vegetal. Adicionalmente, la montaña más alta de la isla está en la República Dominicana y los ríos que allí se generan, discurren principalmente hacia el lado dominicano. La vertiente dominicana está compuesta por amplios valles, llanuras y con un mejor suelo, donde destaca el valle del Cibao, uno de los más fértiles del planeta.

Por otro lado, en Haití, la situación es más complicada ya que la cadena montañosa en el lado dominicano impide parcialmente el paso de las lluvias procedentes del este, ocasionando que sus territorios sean más áridos. Asimismo, en comparación con su vecino, Haití tiene un territorio más montañoso, con mucho menos espacio llano para desarrollar una agricultura a gran escala. Además, su suelo no es de tan buena calidad, pues la capa no es tan gruesa, es menos fértil y no se recupera tan rápido.

Pero debemos recordar (y sobretodo tomar nota) de lo siguiente: si bien la cuenca haitiana no era tan “dotada” como la dominicana, la primera desarrolló, antes que la segunda, una gran producción agrícola sacrificando sus bosques y suelos. Al principio funcionó, luego ya no. El factor medioambiental de hecho supone una parte de la explicación de las diferencias entre ambos países, pero según el análisis de Diamond, las principales causas son de orden político y social. Veamos por qué.

Otras diferencias

Un factor predominante en la diferencia entre ambos países recae en el hecho de que Haití fue colonia francesa (la más importante de ultramar) y que la República Dominicana fue colonia española, la misma que fue descuidada por los ibéricos por la crisis que ellos mismos atravesaban. De esta manera, Francia pudo asegurar una agricultura intensiva en Haití (ya sabemos a costa de qué) con el uso de esclavos. Los españoles no pudieron hacer lo mismo. Esto trajo consigo que la población haitiana fuera, en ese entonces, siete veces mayor que la dominicana, lo que se refleja parcialmente hasta la actualidad, pues existen casi once millones de haitianos, frente a los casi nueve millones de dominicanos (no perdamos de vista que el territorio de Haití es mucho menor que el de su vecino).

En Haití, la mortal combinación de una alta densidad demográfica con una baja pluviosidad resultó ser muy dañina para el medio ambiente: deforestación (los barcos franceses que dejaban esclavos regresaban cargados de madera haitiana), cambio de uso del suelo y disminución de la fertilidad. Otro factor importante fue que los dominicanos con sus antepasados españoles fueron más receptivos a los inmigrantes y comerciantes europeos, a diferencia de la población criolla haitiana, compuesta en su mayoría por antiguos esclavos negros. Esto significó que todo el capital humano y financiero europeo vaya a la República Dominicana, lo que, quiérase o no, contribuyó al desarrollo del país.

Un factor adicional que permitió una diferenciación de ambas economías es el siguiente: como producto de la rebelión de los esclavos en Haití, la mayoría de haitianos eran propietarios de sus tierras (lo cual, no debería ser negativo), pero, sin embargo, solo las utilizaron para alimentarse y no para producir algún recurso, dado que el Estado no aportó ningún tipo de incentivo económico para tal fin. Esto trajo como consecuencia que Haití no tuviese casi nada para comercializar ni para exportar, a diferencia de su vecino dominicano. Así también, la élite haitiana se identificaba más con Francia y no invirtió nada para su desarrollo y solo pensaba en cómo aprovecharse de los de clases sociales inferiores.

No se puede dejar de lado el siguiente punto: las aspiraciones de sus dictadores. Mientras que Trujillo se obsesionó por construir una economía industrial y un Estado moderno (para sí mismo y para su beneficio), Duvalier no tuvo la menor intención de hacer algo por su país. Según Diamond, esta diferencia personal entre ambos dictadores podría deberse también a la idiosincrasia de cada uno de ellos o podría explicarse en que ellos son el reflejo de sus sociedades. Este punto da para una acalorada discusión, pues al parecer eso de que el pueblo tiene al gobernante que se merece parecería ser verdad.  

Y en los últimos años, la crisis política, social, económica y hasta medioambiental en Haití se ha agravado (a lo que se le debe sumar la acción de los fenómenos naturales) sin visos de ver una solución a la mano. Empero, en la República Dominicana el futuro se ve distinto. Retrocediendo en el tiempo, Trujillo hizo una planificación a largo plazo para construir centrales hidroeléctricas, las mismas que fueron construidas por Balaguer y los mandatarios siguientes. Adicionalmente, dada la gran masa forestal (en comparación con su vecino) dominicana, Balaguer puso en marcha diversos programas para frenar el uso del bosque como combustible e importó gas. La pobreza haitiana obligó a sus habitantes a usar carbón vegetal, es decir, a talar sus bosques, aniquilando casi toda la cobertura forestal de Haití.

Lo anterior me lleve a sacar algunas conclusiones preliminares. Una de ellas es que los países que fueron colonias francesas la pasan “menos bien” que otros que fueron colonias españolas e incluso portuguesas. Eso se puede ver también en África, según me comentan algunos conocidos. Asimismo, se puede determinar que el medio ambiente puede tener una gran influencia —sin llegar a ser determinante— en el desarrollo económico de un país.

Eso se puede ver en nuestro país a una mayor escala, las zonas más fértiles y aptas para el desarrollo agrícola y para el manejo forestal, no son necesariamente las zonas con mayores ingresos per capita ni las que más aportan al PBI. Y bueno, que nos merecemos los gobernantes que tenemos, eso es muy discutible, lo que sí nos merecemos (y tenemos) es un Congreso repugnante. Otro tema interesante es el referido a las políticas del Estado para manejar los recursos naturales. No es que apoye a las dictaduras, pues en mi concepción no son necesarias, pero sí creo que se necesita mano dura en temas de importancia nacional, los cuales también requieren una planificación estatal ordenada con un órgano que la lidere (no como en nuestro país, donde existe un desorden preocupante) y que supervise la ejecución de políticas y de obras para el beneficio de futuras generaciones.

Estoy totalmente en contra del cortoplacismo y de los cambios constantes de políticas en todos los niveles debido al cambio constante de autoridades. No apoyo el “entornillamiento” de presidentes, alcaldes u otros, pero sí creo que su gestión debe alinearse a políticas de largo plazo consensuadas. Tenemos un medio ambiente privilegiado, ¿qué nos falta?

En la tercera parte de esta saga seguiremos viendo el desempeño de ambos países caribeños. Este es un buen ejemplo para entender algunos aspectos que pueden definir el destino de sociedades, donde el medio ambiente juega un rol vital.

Diciembre 2012     



[1] Para saber más al respecto, recomiendo leer el libro de Mario Vargas Llosa “La Fiesta del Chivo”. 

miércoles, 26 de diciembre de 2012

MENSAJE PARA EL REVERENDO MIGUEL PIOVESAN



El 19 de diciembre recibí un correo donde se me preguntaba si era yo el personaje sobre el cual el Sr. Miguel Piovesan hacía mención en su programa radial: “El que tenga oído que oiga”. Y claro que se refería a mí, ya que Piovesan afirmaba —con una seguridad implacable— que un tal Enrique Angulo Pratolongo redactó un artículo en la prensa escrita sobre ecología. Es más, en su programa radial, Piovesan me agradeció por haber escrito el artículo. Sé que se están preguntando qué dice el audio y de qué artículo se trata.

Este es el audio en mención:

Y este es el texto que generó el elocuente monólogo de Piovesan:

¡QUÉ SE MUERA EL PAVIPOLLO DE PICO VERDE! ¡QUÉ MÁS DA SI DESAPARECE UNA ESPECIE BIOLÓGICA!, publicado en mi blog: “Mi tambor de Hojalata” el domingo 23 de mayo del 2010.

En mi blog colgué un texto del crítico de teatro Alonso Alegría publicado el 16 de setiembre del 2007 en el diario Perú 21, donde criticaba la “insensibilidad” de los llamados ecologistas a quienes más le preocupa la conservación del “pavipollo de pico verde” que la hambruna de niños africanos. Así, dicho texto lo utilicé en algunas clases como material didáctico, con el fin de crear debates en clase sobre los conservacionistas y los anti-conservacionistas. Adicionalmente, al texto de Alegría le sumé dos artículos, uno de mi hermano y uno mío. En ellos le “contestamos” a Alegría de diversas maneras. Seguramente el Sr. Alegría nunca vio ni verá ambos escritos.

Eso no importa. Lo importante era crear polémica sana y constructiva para intentar entender diferentes posturas en cuanto al tema ambiental en el país. De hecho, estoy seguro que varias personas piensan como Alegría y claro, respeto su postura, pero por supuesto no comparto su manera de ver las cosas en este tema puntual. No obstante, bienvenido sea el debate y bienvenido sea el momento en el cual el Sr. Piovesan llegó a mi blog y específicamente a esa entrada. Dicho esto, Sr. Piovesan si lee estas líneas cuénteme cómo así llegó a mi humilde espacio virtual.

En realidad no tengo nada que aclarar ni me siento ofendido por lo que dice Piovesan —quien incluso me felicita y me llama sociólogo, para luego decirme que también soy periodista y un “ecologista verdadero”—, dado que nada de lo que dice ser de mi autoría, lo es. Piovesan se esmera en repetir lo que dice Alegría. Saquen sus propias conclusiones cuando escuchen el audio y lean los textos ya mencionados.

Además, la verdad es que no pienso gastar mucho tiempo en contestarle al Sr. Piovesan pues finalmente, repito, todos los argumentos que el esgrime como míos y utiliza para su “causa”, no lo son, son del Sr. Alegría. Es más, me siento actualmente desconcertado porque he sido llamado valiente y eso ha causado una terrible confusión en mí, ya que por valiente entendía otra cosa.   

Pero para los que no conocen al Sr. Piovesan, ¿Quién es él? Bueno, solo sé que es la mayor autoridad eclesiástica en el distrito de Puerto Esperanza, provincia de Purús, departamento de Ucayali y que depende del Vicariato de Puerto Maldonado. Es italiano y es uno de los principales propulsores de la construcción de la carretera Puerto Esperanza – Iñapari, la cual, según su percepción, sacaría del subdesarrollo y del aislamiento a nuestros compatriotas. A propósito, habría que preguntarle al padre italiano si, de tener que construirse una carretera, ¿no debería esta salir a Pucallpa, ciudad con la cual hay más afinidad y una relación más lógica?

Lo más probable es que la carretera —que él, algunos nativos y colonos, así como un par de Congresistas defienden a capa y espada— catalice una invasión masiva y desorganizada de la zona, la cual traería consigo todos los males posibles, tales como la desculturización asociada a violencia, alcohol, prostitución y otros males sociales imparables; impulsaría una deforestación en ese rincón con tan alta diversidad biológica (incluye la cultural), la cual no en vano está protegida mediante un Parque Nacional y una Reserva Comunal; permitiría la salida de madera; aceleraría un posible ingreso de cultivos ilícitos, entre otros males. Existen otras maneras de impulsar el desarrollo y no creo que una carretera como la propuesta cumpla ese rol. No entraré a más detalles, para no desviarme del tema. Al respecto ya se ha debatido bastante y los interesados pueden hacerle seguimiento a este asunto revisando la prensa local y especializada.

Regresemos al Sr. Piovesan. Sobre este controvertido personaje existen diversos artículos y videos en Internet. Un enlace que muestra parte de su quehacer y de su empresa es el siguiente: http://www.parroquiapurus.org/index.html donde, cómodamente y en su tribuna casi personal, pregona la palabra del Señor y SU palabra con total libertad (eso es bueno), sin que nadie le diga lo contrario, lo desmienta o polemice con él (eso es malo). Es decir, su “pueblo elegido” tiene una sola versión de la realidad: la realidad de Piovesan.

Nuevamente, no entraré en un debate a fondo con el Sr. Piovesan. No es necesario, solo doy a conocer lo que el señor ha dicho para que cada uno saque sus propias conclusiones. El tema de la propuesta de ley para nombrar de interés nacional la conexión terrestre entre Puerto Esperanza e Iñapari, camuflando la real intención de construir la ya mencionada carretera tiene varios vacíos e incongruencias que no vale la pena tocar en estas líneas. Al respecto ya se ha debatido y escrito bastante. Mi intención es solo, reitero, aprovechar el favor que el hombre de fe me hizo al referirse a mí mediante mi blog y un texto que yo no escribí para que todos nos conozcamos mejor.

Finalmente invito a todos los que han llegado hasta estas líneas y a todos los interesados en el tema a que revisen la información acá presentada. Y es que, el supuesto aislamiento territorial trae también consigo, al parecer, un peligroso aislamiento ideológico y de opinión. Una opinión pública local monotemática, monolineal y patriarcal no es lo mejor para una zona que justamente necesita corrientes de opinión para poder debatir sobre su futuro y tener ideas mejor sustentadas. Claro, siempre hay que echarle la culpa a alguien, por eso, los firmes candidatos para esto son: el Estado, con su poca o nula presencia y con sus pocos vuelos cívicos; las ONG con sus intereses exclusivos destinados a conservar animalitos y arbolitos sacrificando el bienestar humano; los indígenas con su incansable búsqueda de desarrollo y de bienes económicos; los colonos con su afán en explotar los recursos naturales (porque para eso están, para ser explotados); los del Sernanp con su necesidad implacable de pensar solo en su parque y en su reserva comunal; la Iglesia con su deber de llevar la palabra y la paz social a este rincón tan cristiano; y bueno todos los demás que igual son culpables por hacer o por no hacer algo al respecto.

Bienaventurados sean los que lean esto y los que busquen conocer más al respecto. Esto es tan solo un pequeño esfuerzo terrenal para dirigir la mirada a estas tierras bendecidas por el Señor.

Diciembre 2012 

miércoles, 17 de octubre de 2012

LA DELGADA FRONTERA ENTRE LO VERDE Y LO MENOS VERDE (I)


Hace tiempo que debí haber escrito estas líneas. Bueno, llegó el momento, pese a que tengo una lista exageradamente grande de temas pendientes. Recuerdo haber leído el capítulo dedicado a la Isla Española que comparten Haití y República Dominicana en el libro “Colapso” de Jared Diamond. Llegué a dicho libro por diversos motivos; uno de ellos fue Rapa Nui, isla sobre la cual ya escribí y a la cual ya visité. No obstante, recuerdo que unos de los capítulos del libro de Diamond que más perturbado me dejó fue justamente el dedicado a estos dos países caribeños. Veamos por qué.

Son 193 km de frontera que dividen ambos países en una isla (de 76,500 km²) que fue un paraíso vegetal. Hoy en día, la masa forestal ha disminuido de manera alarmante. En Haití ya casi no existen áreas con bosques naturales, pues estos fueron arrasados sin miramiento alguno. Justamente, el país francoparlante es uno de los más pobres del planeta y ahora, además, paga los platos rotos, pues en su territorio campean, la erosión, la pérdida de fertilidad de los suelos, la acumulación de sedimentos en los ríos, la falta de protección en las cuencas y por ende la falta de lluvias con las consecuentes sequías; además de la falta de madera para carbón.

Según Diamond, “la diferencia de masa forestal entre los dos países corre paralela a las diferencias en sus respectivas economías”. Ambos países tropicales tienen los mismos problemas que casi todos los países que antes fueron colonias europeas, es decir, gobiernos corruptos o fantoches (repúblicas bananeras), deficientes sistemas de salud pública, baja productividad en comparación con zonas templadas y, tal vez, mala suerte. Así, en esa “mala racha”, Haití destaca por ser, además, el país más pobre de América (y para su mala suerte el país es azotado por terremotos y por guerras civiles) y uno de los más pobres del planeta.

Y no contento con esto, el país que vio nacer al célebre y repudiado “Papa Doc” es uno de los más superpoblados de América. Haití posee un tercio del territorio de la Isla Española, no obstante alberga a casi dos tercios de la población total isleña (cerca de diez millones de habitantes. Su densidad demográfica es de casi 400 habitantes por kilómetro cuadrado (la de Perú es de cerca de 22 habitantes por kilómetro cuadrado). A eso, sus habitantes practican una agricultura de subsistencia a base, principalmente, de azúcar, algodón y café para exportación.

En Haití se distingue claramente a una clase social muy pequeña de ricos y a otra  de pobres (por supuesto, la gran mayoría), esta última asentados en su capital Puerto Príncipe. Además, en el país campean altas tasas de crecimiento poblacional, contagio de sida, tuberculosis, malaria y otras enfermedades. Según Diamond “La pregunta que se hacen todos los visitantes de Haití es si hay alguna esperanza para este país; y la respuesta habitual es que no”.

Ahora, República Dominicana también es un país en vías de desarrollo, pero no tiene los problemas ni los extremos del país vecino. Su densidad demográfica y sus tasas de crecimiento poblacional son menores. Asimismo, es interesante anotar que en sus territorios se encuentra varias centrales hidroeléctricas y extensos campos de cultivo de paltas, tabaco, flores; y que existe una pujante industria turística. Es así entonces que existen diferencias bien marcadas entre ambos países que, por una cuestión de espacio, no voy a poder tocar.

Conservación en Haití y en República Dominicana

Para efectos de este artículo, me remitiré a la parte ambiental, la cual también presenta los mismos contrastes anteriormente mencionados. Haití posee una red de parques nacionales diminuta, pues solo tiene cuatro de ellos, los mismos que están altamente amenazados por la invasión permanente de campesinos en búsqueda de nuevas tierras y de árboles para convertirlos en carbón vegetal. Por otro lado, República Dominicana posee, según Diamond, una red de reservas naturales que es “en términos relativos, la más completa y extensa de las dos Américas, comprende el 32% de la extensión de tierra del país en un total de 74 parques o reservas naturales, e incorpora todos los tipos de hábitats importantes”. Bueno, habrá que revisar esta información, pero de ser cierta, suena muy bien.

No obstante, esos espacios no están exentos de los problemas de siempre: financiamiento insuficiente, tala ilegal, caza furtiva y otros similares que por acá conocemos muy bien. Y adicionalmente, en República Dominicana existe un movimiento conservacionista muy fuerte y activo detrás de toda esa red de parques. Así también hay un detalle interesante, según Diamond, en las organizaciones no gubernamentales del país trabajan los propios dominicanos con una presencia casi nula de extranjeros.

Todas las diferencias entre ambos países en lo referido a la masa forestal, a la economía y a la red de espacios protegidos surgió pese a que comparten una misma isla, una historia similar marcada por el colonialismo europeo, una ocupación estadounidense, una presencia católica fuerte con elementos del vudú (en especial, en Haití) y otros elementos que los hacen casi “hermanos”. Adicionalmente, los dos países estuvieron unificados como una sola colonia durante tres periodos de su historia. Entonces, ¿cómo es que las diferencias son tan marcadas? 

Otra vez debemos regresar un poco a la historia. Y lo más resaltante es que Haití solía ser más poderosa e incluso intentó conquistar República Dominicana en varias oportunidades. Así nos enteramos que en el siglo XIX esto se dio durante veintidós años. Para entender las diferencias actuales hay un rosario de causas, dentro de las cuales incluso hay un par de carácter ambiental que si bien no son determinantes, deben ser conocidas por lo que serán explicadas más adelante.

Idas y vueltas para entender a esta isla   

Cristobal Colón llegó a esta isla en 1492 y se topó con indígenas (de la familia arahuaca, llamados tainos) que ya había conquistado la isla hace más de 5000 años (ellos también fueron colonizadores). Estos indios eran pacíficos, tenían oro y eran más de medio millón. En 1519, solo quedaban poco más de once mil indios. Los demás sucumbieron a las enfermedades foráneas traídas por los españoles y a los abusos y matanzas propias de los amos que esclavizaron la isla para su beneficio. Pero eso no fue todo, con los años vino una peste de viruela y no quedaron más de 3000 indios para luego casi desaparecer. Los españoles necesitaban esclavos y salieron en su búsqueda. Y claro, qué mejor que comprar africanos para cultivar azúcar.

Durante todo el siglo XVI, La Española fue una isla famosa por sus riquezas, no obstante, al final del siglo, la isla fue cayendo en desgracia porque los españoles dirigieron su mirada a otros lugares más exóticos y, en teoría, más ricos, como México, Perú y Bolivia con poblaciones indígenas muchos más numerables para explotar. Así, la isla fue perdiendo interés. Además, el Caribe estaba repleto de piratas y corsarios franceses, ingleses y holandeses que los atacaban constantemente para robarles “sus riquezas”. En esa fuga parcial, los franceses se asentaron en el extremo occidental de La Española, lejos de la zona donde estaban aún los españoles e invirtieron en esclavos para sus plantaciones. En ese momento, la historia de la isla empezó a cambiar.

Durante el siglo XVIII, los españoles eran unos cuantos con un puñado de esclavos y con una economía reducida, mientras que los franceses eran la gran mayoría. Solo para saber de la relación, Diamond informa que eran más de 700 mil esclavos “franceses” contra poco más de 30 mil esclavos “españoles”.  Poco tiempo después, la isla fue llamada Saint-Domingue y se convirtió en la colonia europea más rica del Nuevo Mundo aportando, nada más y nada menos, que la cuarta parte de la riqueza de Francia en ese entonces. Posteriormente, en 1795, España cedió sus territorios y la isla fue de total dominio francés; y en 1804, Francia renunció a La Española y la abandonó. Seguidamente, los antiguos esclavos franceses rebautizaron su país con el nombre de Haití (nombre original taino) mataron a todos los blancos, destruyeron las plantaciones de caña de azúcar y su infraestructura (para evitar que vuelva a surgir dicha industria) y parcelaron las plantaciones en pequeños lotes familiares.

Lo hecho era el deseo de los esclavos pero finalmente resultó ser nada productivo y desastroso para la agricultura local, las exportaciones y para la economía haitiana. Adicionalmente, los agricultores independizados recibieron poca ayuda del Gobierno y muchos de los sobrevivientes pobladores blancos dejaron la isla, lo que ocasionó una gran pérdida de recursos humanos. No obstante, pese a lo sucedido, la zona era aún la más poderosa, más poblada y rica de la isla. E incluso, en 1805, los haitianos invadieron dos veces la vertiente oriental de la isla, antiguamente española y conocida como Santo Domingo.

En 1809, los españoles se volvieron a declarar colonia española, pero administrando a Santo Domingo de la peor manera, tanto así que los colonos declararon la independencia en 1821. Seguidamente fueron ocupados por los haitianos hasta que en 1844 fueron expulsados. En 1850, Haití controlaba el lado oeste de la isla con menos territorio y más población, con una economía agrícola de pocas exportaciones, con una alta población negra de origen africano y con una minoría de mulatos (gente originaria mezclada con los negros). No obstante, la elite mulata era muy poderosa, hablaba francés y se consideraba muy próxima a Francia, sin embargo, dado el pasado haitiano, se prohibió, mediante la Constitución, que los extranjeros tengan tierras o que hagan grandes inversiones.

Paralelamente, los dominicanos del “otro lado”, es decir, los del extremo oriental (la ex colonia española) tenían un territorio mucho mayor pero contaban con muy poca gente; y su economía se basaba casi exclusivamente en la ganadería. Eso los obligó a acoger a muchos inmigrantes para su desarrollo. De esta manera llegaron a la isla inmigrantes judíos, canarios, libaneses, palestinos, cubanos, puertorriqueños, alemanes e italianos; y en 1930 llegaron a la isla japoneses, más españoles y judíos austriacos.  

Luego de todo esto, en lo que más se parecían Haití y la República Dominicana era en su inestabilidad política y en los altos números de golpes de Estado. Según Diamond, “De los 22 presidentes que hubo en Haití entre 1843 y 1915, 21 fueron asesinados o derrocados, mientras que entre 1844 y 1930 hubo en la República Dominicana cincuenta presidentes, los cuales sufrieron un total de treinta revoluciones. En ambas partes de la isla los presidentes gobernaban con la finalidad de enriquecerse y enriquecer a sus partidarios”.

Conociendo estos tristes pasajes de la historia de ambos países caribeños, podemos entender un poco mejor lo que sucede y sucedió también en nuestros territorios (América del Sur), los mismos que fueron colonias de españoles y de portugueses. No podemos echarles la culpa de todo a los antiguos conquistadores, pero de hecho algo de culpa tienen. La idea de estas reflexiones es entender un poco cómo es que funcionan nuestras sociedades en base a técnicas de sobrevivencia.

En lo que viene también intentaré ofrecer una mirada personal de lo que estoy presentando para saber por qué los gobernantes gobiernan para enriquecerse y lógicamente para satisfacer a los suyos y quedar bien con ellos. Si bien, ese no es el mensaje de estos textos, sí es necesario ahondar un poco en el tema. Lo que viene es cómo en un territorio tan pequeño se pueden dar dos historias distintas que marcan sus destinos, donde el medio ambiente y la política juegan roles muy importantes y determinantes. 

Octubre 2012

viernes, 31 de agosto de 2012

MIS 40 PRIMAVERAS


Hace unos días cumplí cuarenta años. En realidad, cumplí cuarenta años y ocho meses y pico (¿o eran siete meses y algo?) porque yo fui concebido antes de ver la luz de un hospital en la Avenida Angamos en Miraflores. Luego, recuerdo, viví en San Isidro, cerca a la comisaria de ese distrito y, si mal no recuerdo, en lo que queda de mi mente y en un rincón inubicable, tengo unas escenas del terremoto del año 1974. A veces dudo que desde ese año (nací en 1972, te lo vuelvo a repetir) pueda recordar algo. Tal vez es una ilusión. Lo cierto es que uno de mis primeros recuerdos es cuando vivía en la calle Olavide y me pasaba horas jugando “penales” (o arco-arco) con mi hermano. Luego recuerdo las distintas guerras que hacíamos con barcos de Lego que estrellábamos uno contra el otro a ver cuál resistía más para proclamarse ganador. Infaltable son los recuerdos del laboratorio clandestino que habíamos montado en el sótano al final de un larguísimo corredor oscuro, misterioso y húmedo.    

Me demoraría toda mi niñez en nombrar todo lo que tengo en mente almacenado entre neuronas semi despiertas que me lleve a recordar lo que fue esa etapa tan fantástica que recuerdo como la época en la que fui un niño tranquilo, apacible, obediente, curioso y condenado a ser aquel joven que le sucedía; y que hasta ahora es después de cuarenta años y pico. Las épocas de mi niñez son sumamente numerosas. Recuerdo haber dado un examen o prueba o algo así para entrar a uno de los tantos nidos, Kindergarten u otros en donde he estado, lo cual fue tan fácil, lógico y normal que me asombraba mucho la celebración posterior, una vez que había pasado con éxito esa prueba. Creo que eso ocupa un lugar preocupante en mi cerebro, no sé por qué.

Recuerdo también haber creído firmemente en que, con mi Primera Comunión, ya estaba a puertas de tener mi espacio asegurado en el Cielo. Recuerdo cómo sentí ese trance. Percibí, con nueve años encima, como mi mente y alma se enriquecían de uranio para ser más radioactivo de lo que soy o de lo que debería ser (o de lo que seré, quién sabe). Solo el salir a jugar fulbito en el “patio de la B” en la Agrupación Risso, podía desviarme de mi misión bíblica de cumplir con lo estipulado en algún lugar del planeta Tierra. En ese entonces, todo era más chico, más fácil y más simple. Solo una nanométrica selección de momentos me permite idear un universo para mi época de niño, en el cual siempre me hallaré cómodo, seguro y protegido de lo que debía venir.

10-20

Lo más difícil siempre fue saber qué era lo que estaba haciendo para pagar mi derecho a pisar tierras terrícolas infestadas de otros seres que, de alguna manera tormentosa, se parecían a mí. Supe ser un perfecto desadaptado en un mundo que se adaptaba al desperfecto total. No supe nunca hacia dónde iba, pese a que tampoco era necesario. Era de suponer que nunca encontraría algo similar a lo que debería haber sido en un mundo ilusorio. La prehistoria y la realeza se confundían en mi cerebro entre paredes repletas de figuras, alcachofas con salsa de limón y aceite, figuras paleolíticas en la pared, patios de diversas letras, canciones ochenteras, excursiones al campo y aviones llenos de rusos.

Todo parecía que iba a estar bien y de hecho lo estuvo. Nunca dejó de estar bien el viajar a una ciudad cosmopolita sin razón alguna, a tierras congeladas, a pantanos llenos de patos ahora inexistentes o a lagunas citadinas. Todo tenía su explicación. Ahora lo entiendo. Bueno, siempre lo entendí, pero no sé si sabía para qué me servía entender todo lo que vivía si ahora todo es igual o mejor. No obstante, todo tiempo futuro era mejor, siempre y cuando creyese que sí valía la pena vivir para creer hacer lo correcto.  

20-30

Fui muy noble e ingenuo. Me arrepiento de haber sido uno más del montón, pero me alegro de haber sido el único entre millones. Ver más allá de lo evidente me ha permitido sobrevivir a un mundo bipolar. Desarrollar el instinto de supervivencia hasta casi naufragar en un vaso de agua me ha sido de mucha utilidad. Ser un templario de la soledad y leer condenado casi a la ceguera, me ha valido un premio: ingresar a un mundo paralelo del que entro y salgo repetidas veces confundiendo mi día a día con una epopeya de una cabeza en un mundo o de un mundo en una cabeza. Nunca llegué a ver doble y esa es una de mis frustraciones.

Echado en una llanura medieval pensaba en solo vivir lo que me tocaba mientras comía hierba. Me sobrepuse a tempestades tenebrosas pensando siempre en lo que se venía y no en lo que me pasaba. Eso me salvó. Y es que, como decía mi pata El Turco, no queda otra que ir “pa’lante como el cangrejo”. En fin, así pasa cuando sucede.

30-40

Acá estaba hasta hace unos días. En esta época he aprendido a valorar lo poco que tengo y a ver las cosas de la manera más crítica posible para el bien de la humanidad. No he sido el más ordenado, ni el más dedicado, ni el más justo y menos el más respetuoso y cuerdo. He cometido barbaridad y media; y de hecho me arrepiento de muchas cosas. Mi confianza absurda en la supremacía de lo caótico y del desorden, me ha llevado a cometer muchos errores humanos imperdonables para un ser de mi calaña.  

Sabe Dios qué partes de mi existencia he perdido o he dejado en algún lugar donde he de regresar. La suma de mis errores, de mis experiencias, de mi aprendizaje, de mi genialidad, de mi desfachatez, de mi torpeza y de mi locura me ha restado posibilidades de llegar más rápido a sumergirme en miasmas necesarias. Soy la suma de todo lo que he hecho y pensado en este tiempo; pero, eso no es todo, me falta seguir haciendo desbarajustes con mi vida y seguir demostrando mi ineptitud para entender lo que se me ponga al frente, así no sepa para qué.

40-50

Acá estoy con el ánimo en alto y la moral por los suelos; o si se quiere, desanimado y con la moral al tope. Sea como fuere, lo que me queda es seguir renegando, seguir escribiendo, seguir creyendo en que el ser humano es un perfecto idiota, seguir viendo mi novela, seguir creyendo en que Jorge y Gerald me acompañan de manera permanente y que contestan mis preguntas, seguir ilusionándome con lo más simple, seguir siendo —en secreto— un ser solitario y huraño; y finalmente seguir pensando que toda esta situación no tiene remedio a menos de que me hagan caso.

Tenía que escribir todo esto solo porque soy un atormentado y un obsesivo que no termina de creer que es un relajado e incompetente para hacer lo que debe hacer. Ya escribí estas líneas Wilbur, ¿estás contento? No del todo, porque sé que las has escrito por obligación y no porque realmente las sientas. Tienes razón maldito verdugo de mis esperanzas. Pero es verdad, deja de escribir para sorprender a esos demonios y fantasmas. Escribe para sacar esos espíritus malignos que tú y yo conocemos. Ojalá los pueda coger del cogote y se los pueda retorcer para que me dejen en paz. Ya deja describir, ya te pasaste las mil palabras. Además, ya ni siquiera sabes, ni sabemos para qué y por qué estás escribiendo esto. Yo no lo sé. Tú sí lo sabes. Mentira, ni tú ni yo no lo sabemos.

Agosto 2012 

martes, 31 de julio de 2012

DESCUBRIMIENTOS RECIENTES: EL ORIGEN DEL HOMBRE AMERICANO Y EL BOSÓN DE HIGGS


En estos últimos días me he enterado de una serie de cosas que me han hecho pensar más de lo normal. Si bien se me ha aclarado en algo el panorama, me he dado cuenta de muchas verdades, me he quedado atónito, me he decepcionado y también me ha dado pena enterarme de algunos sucesos. En resumen, cada día me convenzo más que el universo tiene los días contados y con ello, nosotros también. Pero, ¡a quién le importa! No hemos venido a este mundo a sufrir, sino a gozar el sabroso bembé.

Por ejemplo, de que el continente americano fue poblado con hordas de humanos procedentes de Asia, eso ya lo sabíamos, no obstante, de lo que no estábamos enterados es de cuántas oleadas de hambrientos y malandrines asiáticos llegaron a este continente. O por lo menos, yo, no lo sabía. Y claro, lo que sí sabíamos era (o es) que nuestros antepasados asiáticos vinieron por el Estrecho de Bering. Ahora sé que los asiáticos vinieron en tres grandes oleadas a lo largo de 15,000 años.

Hubo una primera gran oleada y luego dos menores. No sé si mis antepasados vinieron en la primera, en la segunda o en la tercera. ¡Qué importa! La vaina es que me jodieron, porque ahora resulta que me hubiese gustado quedarme en Asia. ¿Por qué tuve yo que venir de polizonte en unos malditos genes que se americanizaron? No me parece. Un equipo de científico analizó cerca de 370,000 muestras de ADN de homínidos modernos que habitan desde Canadá hasta Chile.

Pero como nada es fácil, la investigación sobre las raíces de nuestros antepasados fue muy complicada debido a la fuerte mezcla de sangre entre indios americanos, europeos, africanos y hasta asiáticos modernos. No obstante, no en vano tenemos aparatos sofisticados y se logró aislar esos bichos contaminantes que no dejaban a los expertos analizar nuestro maldito ADN amerindio.  

Recién, hace cerca de 500 años, recibimos sangre europea y asiática, empero, nuestros primeros antepasados procedentes de Asia ya habían llegado al continente americano hace poco más de 15,000 años. Al principio, estos recios y valientes primeros pobladores se alimentaban de mamuts y de mastodontes.

Las pruebas de ADN hechas en 52 grupos de pobladores americanos originales demuestran que la gran mayoría de estos humanos vinieron en una primera oleada y que al poco tiempo se lograron instalar ya en su nuevo continente. Posteriormente, estos grupos empezaron a expandirse y a ocupar la mayor cantidad de lugares, total, espacio era lo que más había. En resumen, existen tres grandes líneas de origen que hicieron posible que este continente sea hoy esta tierra de locos, de nadie y de lo absurdo.

Bueno, no me queda otra  que aceptar que vengo de Asia. Ahora, por qué mis antepasados decidieron llegar acá a Perú. ¿Debo asumir que todos esos idiotas, caraduras, fanfarrones, tarados e ineptos que forman parte de lo que algún desadaptado nombra como “mis compatriotas” vinieron en una de esas oleadas? Para diferenciarme de ellos, ¿puedo decir que yo y mis antepasados vinimos en la primera oleada y que los anteriormente nombrados llegaron en la tercera oleada y que el clima los afectó? Por favor ¡díganme que sí! Así sea mentira, quiero creer eso, sino, entraré en una profunda depresión.

El mundo es otro con Higgs

El descubrimiento del bosón de Higgs o de la también llamada “partícula de Dios” ha revolucionado el mundo científico. En Suiza se dio a conocer esta maravillosa noticia. Ahora el reto es saber qué se va a hacer con ese descubrimiento. Bueno, esa pregunta es para nosotros los cabrones ciudadanos de a pie. Los científicos ya saben qué deben hacer.

El modelo estándar para describir el mundo se basa en una caja de construcción compuesta por doce partículas elementales que son los componentes principales de todos los átomos y que hacen que tengamos la materia como base fundamental para todo. Cada una de esas partículas tiene una “anti partícula” con una carga eléctrica contraria. Dicho modelo era el que regía hasta hace poco, pese a que tenía algunas inconsistencias. Así por ejemplo, se tiene, en ese modelo, partículas que no tendrían masa, pese a que sin masa, todas las partículas podrían moverse tan rápido como la luz. Pero sin masa, no existirían los átomos, ni las estrellas y ni siquiera el hombre.

Pero, la realidad parecer ser otra. Para eso, el físico inglés Higgs y sus colegas crearon un mecanismo que permitía otorgarle una masa a estas partículas. Para entenderlo mejor, debemos alucinar una fiesta en la que aparece un personaje conocido. Los invitados forman el campo de Higgs. Si el personaje famoso quiere cruzar el ambiente, muchos de los invitados rodearán a la partícula (al bosón) y lo detendrán. De esta manera, la partícula ganará masa. El bosón de Higgs es entonces el rumor de que el famoso quiere cruzar el ambiente. Rápidamente las demás partículas se acercarán inmediatamente a él para evitar que se vaya. De esta manera, ese “rumor” se instala en todo el ambiente o en todo un espacio determinado y produce una aglomeración.

Entonces, para probar la existencia de este campo de Higgs, se debía descubrir al bosón. Y eso parece que ya se dio. No obstante, aún hay varias dudas por resolver. Una de ellas es la existencia de la llamada “materia oscura”, la cual sería responsable de casi el 20% del universo. El resto estaría formado por la “energía oscura” en su gran mayoría y por la materia normal en un 4 o 5%. Se sabe que esa materia oscura debe existir con una fuerza de atracción que determina su accionar. Así por ejemplo, las galaxias giran tan rápido que simplemente se dispersarían una de otras, si estuviesen compuestas por materia normal. Pero como no lo están, se mantienen todavía como estructuras que se rigen por las fuerzas de atracción presentes en la materia oscura.

Sin embargo, todavía no se ha podido observar la materia y la energía oscura. No se sabe cómo se podrían ver y para eso, este importante descubrimiento podría dar algunas luces. Para todas estas complejas mediciones, lo que se ha hecho, descrito de manera sencilla, es lo siguiente: se ha bombardeado protones con otras partículas para analizar lo que resulta de esas colisiones. Es como si se disparara pelotas de tenis rellenas de alverjitas. Es decir, no solo colisionan las pelotas, sino también todo lo que está en el interior. Producto de eso, surgen diversas fuerzas, campos eléctricos y magnéticos, reacciones y otros fenómenos que permiten entender mejor cómo es que está formado este maldito universo. Pero como no todo es color de rosa, aún está pendiente crear un acelerador para poder estudiar mejor el comportamiento de todas estas partículas, dentro de las cuales está el bosón de Higgs.  

Con esto, me queda claro lo siguiente: No somos nada.

Julio 2012

jueves, 28 de junio de 2012

ADIÓS SOLITARIO GEORGE

Estoy seguro que solo a un par de marcianos le interesa tu muerte. Bueno, a mí sí me interesa y seguro que a otros marcianos también. Sé que tu corazoncito falló luego de más de cien años en las Islas Galapagos. Cuando leí la noticia, sentí una pena inusual. Claro, nadie va a creer que me puse triste, pero eso a mí me importa un bledo. Sí, me puse triste. Y lo hice porque sabía de tu existencia y sabía que ese maldito día iba a llegar. Claro, como no iba a llegar si vivías aislado de todos en unos territorios que nosotros, los malditos cerdos de dos patas, poblamos de gatos, de ratas, de cabras, de hierbas invasoras y de otras alimañas exóticas que se fueron adueñando de tus dominios hasta dejarlo como unas simples rocas antropizadas de la peor forma (felizmente no te criaste cerca a las costas peruanas). 

Me apena saber que te fuiste a otro lugar, pero te envidio, pues eres uno de los seres solitarios más fascinantes que he conocido (bueno, por referencia, pues no te pude ver vivo). De hecho, eres (o eras) un solitario muy conocido y querido, algo que poco o nadie logra en esta cabrona vida y menos siendo solitario. Has muerto de viejito y no de una enfermedad. Eres (eras; es que no me acostumbro aún) un acorazado de primera y de cuatro patas que nos diste una lección de vida: púdranse cabrones con sus técnicas cojudas de conservación. Nosotros, esos seres que debes recordar como los que perturbamos tu existencia, no pudimos hacerte daño a ti pues nos llevabas años de ventaja en este complejo negocio de la evolución.

Chelonoidis abingdoni te fuiste. Vas a tener a varios humanos tratando de saber más sobre ti. ¡Te felicito! Los dejaste en ascuas a esos maricas. Y lo más interesante es que los dejaste sin tu descendencia. Bien hecho carajo. ¿Por qué debías dejarnos “Georgitos”?, ¿acaso, para que también los exterminemos? Te aplaudo Jorge, muy bien hecho. Lo bueno es que te despachaste con hartas hembras, te ganaste y no les diste el gusto a esos humanos enfermos a los que más les gustaba verte copular que hacer algo por proteger a tu reino.

Me enteré que te volvieron a descubrir en el año 1972 en la isla Pinta, justo en el jodido año en el que yo nací. O sea, hay algo más que tenemos en común amigo tortuga. En realidad, te redescubrieron pues creían que tu subespecie ya estaba extinta. Y esos “redescubridores” casuales fueron unos desadaptados criadores de cabras que hacían pastar a esos malditos animales en tus territorios. Si bien luego te llevaron a la isla Santa Cruz para tenerte encerrado, tú eras un animal que no le pertenecías a esta humanidad, le pertenecías a esa clase de seres bendecidos por las fuerzas de la naturaleza.

Sé que te encontró muerto tu cuidador, Fausto Llerena, quien tal vez te conocía más que todos los demás. Estoy seguro que se puso triste, pero George, todos los que queremos a la naturaleza estamos tristes. Todos los que hacemos algo para salvarla de nosotros mismos estamos de luto. Amigo George, me he demorado en escribir estas humildes líneas, pero sé que sabrás disculparme. Tú, que tuviste el privilegio de ser el hijo (o nieto) de otros de tu especie que vieron pasar a Darwin allá por el año 1835, eres un ser divino (eras). Es por eso que en estos días de duelo, solo deseo que la evolución te tenga en su gloria.

¡Descansa en paz Amigo Jorge!

Junio 2012

viernes, 18 de mayo de 2012

YA VOY OTRA VEZ MÉXICO LINDO Y QUERIDO

Pese a que estoy a punto de iniciar mis trámites para nacionalizarme mexicano, debido a lo exageradamente harto que me ha gustado el país azteca (¿o maya?) y a lo amable de su gente, pienso que existen un par de cosas que debemos aclarar mis queridos cuates y “peruanitos”. Si bien he sentido que la gente mexicana con la cual he interactuada ha sido muy amable y me he sentido muy a gusto en el país de las tortas, enchiladas, tacos y del agua de Jamaica (que no es gran cosa), presiento que me han ocultado algunas cosas y eso me ha confundido algo. Estoy convencido de que mis compatriotas, todos ellos tan nacionalistas y orgullosos animales gastronómicos, saltarán (por lo menos un par) hasta el cielo cuando sepan que pienso que los mexicanos tienen bastante por enseñarnos y que tienen muchos más avances en varios ámbitos de los cuales debemos tomar nota. No obstante, debo decir un par de cosas antes de obtener mi pasaporte mexicano e irme a vivir a tan maravilloso país (sí ya sé, ya me iré, tranquila o tranquilo, no te exaltes).

No exagero cuando digo que, pese a sus casi 30 millones de habitantes, el DF (o distrito federal) me pareció más limpio, cuidado, moderno, acogedor y hospitalario que la pálida y sucia Lima. No estoy de acuerdo cuando se dice (aunque yo lo pensaba antes de viajar) que somos la misma vaina. Es cierto, a veces dicha frase es muy cierta, pero en general pienso que cada vez somos más distintos. Y tomando como ejemplo lo que he visto en la capital mexicana (claro, en el entendido de que era turista; que no visité la periferia ni los lugares “feos”; que estuve en días festivos —semana santa— cuando no había mucha gente en el DF; que recorrí y conocí muy poco de la ciudad —en cuanto a tiempo y a espacio— y que dada mi alergia social reciente que me aleja de las masas, solo entablé el mínimo contacto con los mexicanos; no puedo, lo sé, generalizar) estoy apto para poder afirmar, con temor a un apanado, que Lima es una ciudad de mierda (ya sé que si no me gusta, pues debo irme. Pero como dice el Negro Mama: “algún día”) y creo que algunos de sus habitantes son peor.

En mi defensa debo traer a colación algunos argumentos que sustentan mi afirmación. En primer lugar, en la ciudad que me vio nacer viven demasiados energúmenos que no tienen la menor consideración por los demás. Pienso que la “Ciudad de los Reyes” alberga a una inmensa fauna de gente egoísta, desconsiderada, grosera, cochina y conchuda. Esto es razón suficiente para que esta urbe sea considerada como poco amigable. Pero claro, acá vivo, así que por ahora, poco puedo hacer por acabar con eso. ¿Cómo puede uno explicarse los diversos sucesos que vemos a diario? La brutalidad de los choferes de combi por ganar pasajeros; los taxis que se meten por doquier sin respetar nada; la gente bruta que saca la mano en cualquier lugar para parar un taxi o combi y que estos paren sin pensar en el orden ni en el caos que ocasionan; la manera como los apacibles citadinos tocan la bocina; el hecho de que se suba una persona a un medio de transporte público con sus parlantes a todo volumen, se siente a tu costado y ponga su música sin importarle que a ti no te guste sin respetar el espacio público (¿qué es esa vaina?); la movilidad escolar que pasa a las 6.06 am tocando la bocina para que bajen las criaturas sin importarle los vecinos, cuando puede bajar a tocar el timbre; que el idiota del auto moderno pase con la música a todo volumen sin ningún miramiento; que la gente tire la basura por todos lados habiendo basureros (casi siempre); que la gente hable por celular en el cine y que te calle si les exiges que dejen de hablar; que no cedan el asiento en los buses; que se quieran colar en la cola; y otras, no son razón suficiente para preocuparse por esta ciudad infestada de malos elementos.

Pero regresando a México, el DF cuenta con un servicio de transporte público muy bien estructurado que está adaptado a una ciudad enorme. Ya con eso, me parece, nos lleva décadas de ventaja. Además, la gente allá sí quiere a su ciudad (y sí la siente como suya) y la respeta cuidándola. Eso ya es razón suficiente para que nos haga pensar un poco más sobre cómo nos comportamos. A eso debo decir que Lima está ya a punto de colapsar. Ya solo el tráfico infernal es algo que puede sacar de quicio a cualquiera, pero además lo peor es que el caos vehicular es peor, debido al comportamiento de la gente. Es cierto, la ciudad no está preparada para la avalancha de energúmenos (dentro de los cuales me incluyo) y de carros que circulan a diario, pero estaría menos jodida si no fuese por la gente inconsciente que cree que la calle es su chacra. En fin, ya no ahondaré más al respecto.

Pero bueno, debo también plasmar un par de cosas más para poder quedarme tranquilo. La comida mexicana no me gustó y no me convenció del todo por lo que me siento frustrado por eso. Además, sentí una silenciosa frustración por no haber encontrado buen chocolate y buen café. Eso me tiene hasta la fecha deprimido. Pero lo que más me ha causado algo de preocupación e incluso, ya con el tiempo, algo de sarcasmo es el hecho de que varios guías me hayan dicho que los mayas conocían la rueda pero que no la usaron porque, como tenía la forma del sol, no podían colocar nada encima de ella porque era algo sagrado. No puedo creerme ese cuento por más que intento. Quiero creer que es mentira, pero varios guías y personas en la zona de Chiapas me dijeron lo mismo. Estaré atento a los que quieren aclarar ese punto y lógicamente presentar la verdad (o lo más cercano a ella).  

Tal afirmación me ha dejado preocupado. No puedo creer que eso sea cierto y seguro muchos mexicanos lo van a desmentir. Me parece lo más razonable, pero me quedó un sabor agridulce tras dicha vehemencia. Seguro que tal afirmación de índole regional no es compartida por todos los demás, pero bueno, la dejo ahí por si acaso.

Igual me quedé fascinado del país de donde era mi abuela paterna. México lindo y querido, ya regresaré a tus fabulosas tierras tal vez para quedarme escapando del infierno limeño (y peruano). Prometo saborear con más calma tu comida, tomarme más tiempo para degustar tu café, deleitarme con tu cacao, pasear más por tus entrañas, escuchar tu música dejándome llevar por tus dulces, dolorosas y a la vez alegres melodías; y bueno, tengo tantos pendientes México que debo regresar a las buenas o a las malas.   

Mayo 2012

viernes, 4 de mayo de 2012

POLOS OPUESTOS, IZQUIERDA Y DERECHA, BRECHT Y FLAUBERT

En una rebobinada musical me puse a escuchar un cd de Silvio Rodriguez, específicamente Días y Flores, y me detuve a reflexionar en la canción Sueño con Serpientes que empieza con una frase de Bertolt Brecht; esa que dice: “hay hombres que luchan… y bla bla bla” (para lo cual debo decir que, tras escuchar de nuevo un par de cd del cubano, su letra me parece panfletaria y sosa, pero ese es otro tema que no tocaré por ahora. Sin embargo debo decir que la calidad musical de Silvio es innegable). Y bueno, no sé si por una coincidencia propiciada por deidades paganas o por un acto inconsciente, acabo de terminar el libro de MVLL La orgía perpetua. Flaubert y Madame Bovary.

Así, en las últimas páginas del libro, MVLL analiza raudamente las comparaciones que siempre se han hecho (y que seguramente se siguen haciendo) entre Brecht y Flaubert. Me llamó la atención el hecho de que nuestro Nobel afirme que “… curiosamente, pese a representar cada uno dos extremos de la manera de entender la vocación del escritor y la naturaleza de la obra literaria, tienen, me parece, algo común: haber obtenido, cada cual, en su obra respectiva, en un caso más de contradicción entre intenciones y realizaciones de que está repleta la literatura, resultados opuestos a los que se propusieron al concebirlas”.

La comparación sigue su curso y me va tomando por sorpresa llegar a algo que, me parece, percibo en nuestra realidad. Veamos. Para MVLL, “… es difícil imaginar dos artistas más alérgicos uno al otro. El punto de partida tiene en los dos, sin embargo, algo similar: el odio al ‘burgués’. Pero es verdad que en Brecht burgués significa clase social explotadora, dueña de los medios de producción, y en Flaubert poco menos que sinónimo de hombre: la excepción son un puñado de escritores…”. MVLL califica luego a Brecht como “un ser de ideas sociales generosas, un hombre sensible a la injusticia (…) y también, un optimista: creía que esa situación podía cambiar con una revolución y que la literatura contribuiría al cambio abriendo los ojos y alertando la consciencias de la gente sobre la ‘verdad’”.

Por supuesto que con todo lo último que viene sucediendo en la sociedad peruana, todos son poseedores de la verdad, todos están o a favor o en contra, todos luchan por la razón y cada vez nos polarizamos más. Están los “defensores de todo” y los que “quieren todo”. Tenemos también los que a todo le buscan culpables para que se haga justicia y salvar sus almas; y a los que solo les queda defenderse. Tenemos de todo, pero siempre o de izquierda o de derecha; o de justo o de injusto; o de mafioso o de paladín de la decencia; o de aliancista o de crema; o de mafioso o de no mafioso; o de católico o de evangelista; y así una larga lista de extremos, cada cual convencido de tener la razón.

Sigue MVLL sobre Flaubert anotando que “… en cambio, era un profundo egoísta en lo que respecta a la injusticia social, y, a lo largo de su vida, no se preocupó sino de los problemas que atañían a su persona y la literatura (…) y en lo que se refiere a la historia era terriblemente pesimista: el futuro siempre sería peor que el presente, que era peor que el pasado y nada tenía remedio, lo que, por lo demás, tampoco le parecía injusto pues los hombres no se merecían otra cosa”. Leyendo lo que MVLL comenta sobre Flaubert, no me queda más que bendecir esas palabras pues pienso casi igual que el escritor francés. Así como se siguen dando las cosas en el planeta Perú, lleno de caudillos, de corruptos, de luchadores “sociales” con fines políticos y con hambrientos depredadores, no veo un panorama alentador. Pero sigamos viendo más sobre ambos escritores ya que MVLL afirma que “El democrático Brecht escribe una obra que, en la práctica, parece suponer el infantilismo o la ineptitud de su público: todo debe serle explicado y subrayado para no dar la menor oportunidad al equívoco, a la interpretación incorrecta (…) El ‘mensaje’ es impuesto al lector o espectador (…) sin dejarle escapatoria ni elección: la literatura resulta así, como las dictaduras, algo que no deja otra disyuntiva que el sometimiento o el rechazo totales”.

El peruano prosigue en relación al autor de Madame Bovary: “El despectivo Flaubert, en cambio, realizó una obra que en la práctica supone (en la medida que las exige) la adultez y la libertad del lector: si hay una verdad en la obra literaria (porque es posible que haya varias y contradictorias), se halla escondida, disuelta en el entramado de elementos que constituye la ficción, y le corresponde al lector descubrirla, sacar por su cuenta y riesgo las conclusiones éticas, sociales y filosóficas de la historia que el autor ha puesto ante sus ojos. El arte de Flaubert respeta por sobre todas las cosas la iniciativa del lector”. Al tratar de superponer estos temas en nuestra realidad siento el miedo que se cierne sobre mí porque no puedo ser objetivo (de hecho no lo soy) para poder intentar explicar alguna pincelada de nuestro comportamiento (tampoco es mi función) como “masa pensante”.

Sin embargo, la verdad es que por un lado me frustra no poder entender todas esas cosas que pasan por esta tierra; y por el otro, creo que es en vano hacerlo pues de nada sirve una interpretación sin la venia de los seres pensantes e intelectuales que rigen esta sociedad decrepita. Para rematar, MVLL sostiene en su ensayo que “La diferencia con Brecht es que en Flaubert la ideología es implícita a la ficción, una estructura conceptual que resulta de lo creado y nunca lo procede, algo que yace en lo profundo de la historia y frente a esa verdad sumergida el autor y el lector tienen los mismos derechos para bucear tras ella y sacarla a la luz. (…) Paradójicamente, el novelista que odiaba a los hombres concibió una literatura respetuosa del lector, en la que éste es tratado como un igual y comparte con el autor la tarea de acabar la obra descifrando su significado, y, en cambio el hombre que amaba al hombre (Brecht) concibió una literatura que implica desdén o, cuando menos, una tenaz desconfianza hacia el lector ya que únicamente exige de él obediencia y credulidad”.

Y así, tras perder de vista el fin original de estas líneas, pido, de manera anticipada, disculpas a las luminarias que todo saben y que siempre tienen respuesta para todo, por tremenda desfachatez mía de tocar un tema tan sensible como la eterna disputa entre los de izquierda y los de derecha. No quiero obligar al lector a que asuma una posición que ni yo mismo logro cristalizar en letras.

Pero sí debo decir que creo y asumo que mi mensaje va cargado de veneno para muchos de los reaccionarios modernos que solo se quejan e intentan imponer sus ideas a como de lugar. No obstante, también deseo disparar veneno contra los que intentan imponer sus intereses sin contemplaciones y sin miramiento alguno. Si hay algún otro mensaje que ustedes creen que yo intento decir entre líneas, por favor, adelante, tómenlo o rechácenlo. La verdad es que yo no tengo ni idea qué puede ser, pues hace rato que perdí el hilo conductor de este texto. Ustedes pueden interpretar lo escrito que como les dé la maldita gana, yo no impongo nada.

Mayo 2012

lunes, 12 de marzo de 2012

EL PERÚ Y EL CAMBIO CLIMÁTICO: ADAPTACIÓN NECESARIA PARA LOS FUTUROS AÑOS

Por Enrique Angulo Pratolongo
Coordinador de Comunicaciones de ProNaturaleza*

Tras la Cumbre del Clima de la ONU**, celebrada en la ciudad sudafricana de Durban, quedan muchas incógnitas y desafíos por delante. Los ánimos están bajos y la percepción del sinsabor y de que no hemos alcanzado nada a nivel mundial para frenar el calentamiento global y por ende el cambio climático, llena de pesimismo a varios. Se tiene la apreciación genuina de que las grandes potencias han “huido” del Protocolo de Kyoto en vista de que no piensan detener su desarrollo. Seguir contaminando el medio ambiente, en una vorágine de crecimiento económico, sonaría lógico, ya que la única manera de tener industrias es emitiendo dióxido de carbono al medio ambiente (por lo menos de manera barata y cuando nadie te exige hacerlo de manera limpia).

La necesidad de un nuevo Protocolo de Kyoto es inminente, dado que es un hecho que el mundo no se detendrá en cuanto a su crecimiento económico y sobre todo, en lo que se refiere a más seres humanos. Un claro ejemplo de ello es China —convertida en el país que más CO2 emite en el planeta— que crece a pasos agigantados y que, según algunos, ya desplazó a Estados Unidos como primera potencia mundial. Asimismo, los otros países “emergentes” como India, Brasil e incluso la misma Sudáfrica no piensan firmar si no es que China y los Estados Unidos no se comprometen a estampar su firma, es decir, estamos frente a un “tira y jala” de nunca acabar.

¿Y todo esto, cómo influye en el Perú? Al parecer, lo único que nos queda es buscar acciones concretas y bien estudiadas para mitigar y adaptarnos al cambio climático, el cual ya estamos sintiendo y el que a su vez nos viene afectando (para bien o para mal). Nuestras emisiones de CO2 son ínfimas si las comparamos con otros países, por lo que, si bien también debemos pensar en reducir las emisiones de dióxido de carbono, más nos debe preocupar problemas como la desertificación y salinización de los suelos; la pérdida de glaciares; la escasez de agua; la deforestación, así como el avance no planificado de las poblaciones humanas y de actividades productivas mal manejadas como la agricultura, ganadería, pesca y otras.

Debemos pensar, como país, en políticas gubernamentales que incorporen medidas claves para buscar alternativas a los problemas arriba mencionados, los cuales se agudizan severamente con el cambio climático. Un tema primordial es el agua. Dada nuestra condición de país tropical con glaciares que se derriten progresivamente y de ser uno de los países que más sufrirán los embistes del calentamiento global, urge pensar en ello y ¡actuar! Si bien, escuchamos repetidamente que somos un país con una gran diversidad biológica y que debemos aprovechar la diversidad de productos naturales de los que disponemos, no olvidemos que el agua nos puede ser esquiva si no pensamos en ella como un recurso natural que debe ser conservado y manejado.

Así por ejemplo, toda el agua que discurre al mar, ya sea al Océano Pacífico o Atlántico, se pierde. Además, es un hecho de que el agua del subsuelo (de la napa freática) es cada vez más escasa (basta con ver el ejemplo, para los limeños, del valle del río Lurín), debido al uso excesivo de pozos y norias para riego y para el creciente consumo humano. No podemos quedarnos de brazos cruzados; el cambio climático ya está entre nosotros para quedarse. Por supuesto, no podemos entrar en pánico, ni echarle la culpa de casi todas nuestras desgracias, pero sí debemos asumir y reconocer que estamos aún muy pasivos frente a esta realidad y que si no tomamos al toro por las astas, este nos puede embestir con fatales consecuencias.

ProNaturaleza – Fundación Peruana para la Conservación de la Naturaleza es una organización privada sin fines de lucro fundada en 1984. Contribuimos a la conservación de la diversidad biológica del país e incentivamos el desarrollo de actividades amigables con el medio ambiente que garanticen una mejora de la calidad de vida de los pobladores de las zonas donde trabajamos. Apoyamos también la gestión de áreas naturales protegidas y el manejo de recursos naturales, fomentando actividades que demuestran que la conservación y el uso responsable de nuestra diversidad biológica pueden ir de la mano.

*www.pronaturaleza.org

** Este texto nunca salió publicado (por lo menos que yo sepa, así que acá va, antes que se me pierda)

Diciembre 2011

domingo, 5 de febrero de 2012

PANDILLAS DE NUEVA YORK

En el barrio más avezado de los Estados Unidos en el siglo XIX, Five Points en la naciente Nueva York, un testigo de la época describió así el ambiente que reinaba: “Los cerdos que deambulaban por las calles se deben sorprender de ver a los otros cerdos de dos patas caminando”. Este es el escenario en donde está ambientada la ultima película de Martin Scorsese: “Pandillas de Nueva York”. Nos referimos al punto en donde “América” nace, luego de verter en un mismo recipiente a los nativos descendientes de los ingleses, hordas de inmigrantes irlandeses, chinos trabajadores y disimulados, así como esclavos sueltos. Un barrio en donde el asesinato, alcoholismo, prostitución, violencia y maltrato son el pan de cada día.

Como muchos de los filmes de Scorsese, este se sitúa en su patria, aunque todo el escenario del barrio neoyorquino fue montado en Roma para los ocho meses de grabación. En alguna escena del principio vemos a Leonardo Di Caprio, prototipo del inmigrante irlandés perseguido, arrojar la Biblia al agua y como esta se sumerge teatralmente entre las aguas del mal. Esta escena puede ser interpretada, bajo una mirada psico-social, como el deseo irremediable de los irlandeses católicos de olvidar la religión de sus ancestros para asegurar su supervivencia en el nuevo mundo (aunque por otro lado, para sobrevivir, muchos se “metían a la religión”). En el fondo, es una trama histórica que incluye violencia y revancha política, así como la herencia del conflicto racial. Scorsese trata de documentar la arqueología de la violencia de la sociedad americana y lo logra acertadamente con esta cinta.

New York es en 1860 el mortero de muchas razas y culturas, en donde los nativos se defienden con infinita brutalidad ante la invasión europea. Bill the Butcher (Daniel Day-Lewis), “el carnicero” de porte casi satánico, es el líder de los nativos y el asesino del cabecilla de los irlandeses, el reverendo Vallon (Liam Neeson), padre de Amsterdam Vallon (Leonardo Di Caprio). Amsterdam es testigo del asesinato de su padre por parte de Bill. Su futura venganza, tras 16 años de ausencia en el barrio, impone el accionar de la película marcada por el enfrentamiento, la miseria y la corrupción. Entre Amsterdam y Bill se entremezcla la carterista Jenny Everdeane (Cameron Diaz), quien mantiene una pálida y curiosa relación con ambos pero sin darle un giro distinto a la trama en sí.

Estamos sin lugar a duda ante un film de violencia, en el que solo en un momento de la trama esta cesa. Los irlandeses se unen y se postran frente a su iglesia como muestra de resistencia con velas y niños de por medio. Luego, la brutalidad sigue su ruta desenfrenada entre cuchillos, machetes, dagas y otras armas blancas. La ambientación, perfectamente lograda, nos hace recordar a Charles Dickens y a sus esmerados relatos sobre la pobreza y la miseria humana. La cinta está dedicada al nacimiento de la nación americana cargada inevitablemente de un trasfondo político ante los hechos actuales y los del 11-S. Sin embargo, es posible afirmar que el film épico al estilo americano es una especie extinguida. Scorsese no lo cree así y nos lo demuestra con esta cinta. “Pandillas” es altamente recomendable donde verá al quizá futuro ganador de un Oscar por mejor actuación: Daniel Day-Lewis, sin desmerecer el trabajo de Di Caprio.

Diciembre 2003