jueves, 28 de junio de 2012

ADIÓS SOLITARIO GEORGE

Estoy seguro que solo a un par de marcianos le interesa tu muerte. Bueno, a mí sí me interesa y seguro que a otros marcianos también. Sé que tu corazoncito falló luego de más de cien años en las Islas Galapagos. Cuando leí la noticia, sentí una pena inusual. Claro, nadie va a creer que me puse triste, pero eso a mí me importa un bledo. Sí, me puse triste. Y lo hice porque sabía de tu existencia y sabía que ese maldito día iba a llegar. Claro, como no iba a llegar si vivías aislado de todos en unos territorios que nosotros, los malditos cerdos de dos patas, poblamos de gatos, de ratas, de cabras, de hierbas invasoras y de otras alimañas exóticas que se fueron adueñando de tus dominios hasta dejarlo como unas simples rocas antropizadas de la peor forma (felizmente no te criaste cerca a las costas peruanas). 

Me apena saber que te fuiste a otro lugar, pero te envidio, pues eres uno de los seres solitarios más fascinantes que he conocido (bueno, por referencia, pues no te pude ver vivo). De hecho, eres (o eras) un solitario muy conocido y querido, algo que poco o nadie logra en esta cabrona vida y menos siendo solitario. Has muerto de viejito y no de una enfermedad. Eres (eras; es que no me acostumbro aún) un acorazado de primera y de cuatro patas que nos diste una lección de vida: púdranse cabrones con sus técnicas cojudas de conservación. Nosotros, esos seres que debes recordar como los que perturbamos tu existencia, no pudimos hacerte daño a ti pues nos llevabas años de ventaja en este complejo negocio de la evolución.

Chelonoidis abingdoni te fuiste. Vas a tener a varios humanos tratando de saber más sobre ti. ¡Te felicito! Los dejaste en ascuas a esos maricas. Y lo más interesante es que los dejaste sin tu descendencia. Bien hecho carajo. ¿Por qué debías dejarnos “Georgitos”?, ¿acaso, para que también los exterminemos? Te aplaudo Jorge, muy bien hecho. Lo bueno es que te despachaste con hartas hembras, te ganaste y no les diste el gusto a esos humanos enfermos a los que más les gustaba verte copular que hacer algo por proteger a tu reino.

Me enteré que te volvieron a descubrir en el año 1972 en la isla Pinta, justo en el jodido año en el que yo nací. O sea, hay algo más que tenemos en común amigo tortuga. En realidad, te redescubrieron pues creían que tu subespecie ya estaba extinta. Y esos “redescubridores” casuales fueron unos desadaptados criadores de cabras que hacían pastar a esos malditos animales en tus territorios. Si bien luego te llevaron a la isla Santa Cruz para tenerte encerrado, tú eras un animal que no le pertenecías a esta humanidad, le pertenecías a esa clase de seres bendecidos por las fuerzas de la naturaleza.

Sé que te encontró muerto tu cuidador, Fausto Llerena, quien tal vez te conocía más que todos los demás. Estoy seguro que se puso triste, pero George, todos los que queremos a la naturaleza estamos tristes. Todos los que hacemos algo para salvarla de nosotros mismos estamos de luto. Amigo George, me he demorado en escribir estas humildes líneas, pero sé que sabrás disculparme. Tú, que tuviste el privilegio de ser el hijo (o nieto) de otros de tu especie que vieron pasar a Darwin allá por el año 1835, eres un ser divino (eras). Es por eso que en estos días de duelo, solo deseo que la evolución te tenga en su gloria.

¡Descansa en paz Amigo Jorge!

Junio 2012

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