lunes, 27 de diciembre de 2010

ASPECTOS ADAPTATIVOS A LA TERRA FIRME

Tercera reseña sobre el libro de Betty J. Meggers, "Amazonía. hombre y cultura en un paraíso ilusorio".

En primer lugar es necesario mencionar lo que la autora afirma al principio de la lectura y reafirma en las conclusiones: “las cinco tribus elegidas como ejemplos de la adaptación al medio ambiente de la terra firme exhiben muchas semejanzas culturales. Subsisten con muchas de las mismas plantas y animales que se obtienen con métodos similares; viven en casas comunales en grupos familiares extendidos”.

Asimismo, en las conclusiones afirma que “en toda la zona se dispone de los mismos cultivos y recursos alimenticios silvestres (con excepciones mínimas)”. Sin embargo, “no hay dos grupos que combinen los mismos ingredientes en las mismas proporciones. No obstante, cualquiera que sea el ciclo anual de subsistencia que se haya adoptado, se obtiene todos los elementos nutritivos necesarios en las cantidades requeridas”.

Bajo estas premisas comentaré tres aspectos que me han llamado la atención, pero que en mi opinión, son el resultado adaptativo de los grupos indígenas a un medio que puede parecer un paraíso, pero que no lo es. Al contrario, la Amazonía es un medio hostil que si bien da la impresión de ofrecer todo lo que algunos grupos humanos puedan anhelar o necesitar, demanda mucha energía y esfuerzo para sobreponerse y desarrollarse. Es así como los procesos adaptativos, en mi opinión, han estado más dirigidos a sobrevivir que a cultivar valores culturales que permitan un mayor desarrollo.

El medio ambiente ha frenado el avance hacia un nuevo horizonte, lo cual tal vez se pueda verificar con los últimos avistamientos de indígenas en aislamiento voluntario o no contactados (o que no quieren contactarse con la “civilización”).

El poblador de la terra firme pasa (o pasa aún) mucho tiempo tratando de descifrar los misterios del medio que lo rodea e intentando explicar diversos fenómenos que rige su día a día. Producto de esa búsqueda o anhelo de encontrar algunas explicaciones, surge la figura del chamán o brujo, personaje infaltable en estas tribus indígenas, salvo en una de las estudiadas en el libro de Meggers. Pese a que este personaje también se encuentra en otras comunidades de la sierra y de la costa, percibo que en la terra firme, cumple un papel adicional al de curar o repartir conocimientos.

En estos territorios, el chamán es un hombre con poder que tiene un status más allá de lo que realmente pueda ofrecer y que limita o acelera ciertos procesos sociales.

Por otro lado, al parecer, la migración de los pueblos de la terra firme hacia territorios menos hostiles o más diversos en cuanto a la oferta en flora y fauna, como la selva alta, los Andes, los valles interandinos e incluso la costa desértica del Pacífico, permitió forjar un mayor desarrollo y dedicar más tiempo a la búsqueda de nuevos estilos de vida que ya no dependían tan marcadamente de una naturaleza hostil y que no es tan diversa como suele parecer.
Técnicas para controlar el tamaño de la población

Llama la atención las diferentes estrategias utilizadas para mantener un equilibrio entre la población y el medio ambiente, con el fin de asegurar que el uso de este último no sobrepase su capacidad de regeneración. Dichas técnicas surgieron sin duda como parte de los procesos adaptativos y de la selección natural que se impone en este medio. Los grupos indígenas estudiados dominan las acciones destinadas para regular su crecimiento, de tal modo que ellos mismos no amenacen su propia supervivencia.

Para tal fin, no solo utilizan métodos naturales, sino también culturales manejados propiamente y estando plenamente concientes de la importancia de su cumplimiento como parte de su “destino” o “misión”. El uso de estos métodos se ve posiblemente reforzado por la brujería, para entender mejor su significado, o simplemente para justificar su implementación. Y como bien lo anota la autora, es necesario diferenciar entre el propósito de estas prácticas y la función que cumplen.

El propósito es evidente para los que los practican, debido a que si no cumplen con dichas imposiciones, pueden ser sancionados o mal vistos en la tribu. Por otro lado, la función de estas prácticas para las personas involucradas, podría ser rara e incomprensible. No obstante, estos comportamientos forman parte de los elementos culturales que caracterizan y son “normales” para estas comunidades indígenas.

Lo resaltante, retomando lo que afirma Meggers, es que, conforme se mejora las técnicas para contrarrestar las causas naturales de mortandad, se debe perfeccionar las herramientas culturales para mantener a raya la superpoblación. Para determinar cuál es el número de hijos que deba o pueda tener la hembra, ha sido necesario el paso de varias generaciones, así como la transmisión de conocimientos para mantener una tasa reproductiva estable que preserve el presente y asegure el futuro de la tribu.

Es por eso interesante distinguir en estos cinco grupos indígenas todas las técnicas que utilizan. Me llama la atención aquella que aplican los sirionó. Esta tribu no emplea ninguna medida de control en los períodos prenatales y juveniles, sin embargo, el promedio de hijos por pareja es de dos. Lo que implica que adopten medidas naturales que no hacen necesario el uso de otras técnicas culturales. Sin embargo, lo que me parece más singular es que, en la etapa adulta, los sirionó abandonan a los más débiles o enfermos.

Esta medida me parece un ejemplo claro de selección natural y adaptación perfectamente justificable. Algo también importante es que esta tribu no tiene chamanes que pudiesen intentar curar a los enfermos o a los más débiles. Asimismo, esta situación se da también en el reino animal como un proceso de selección y del proceso adaptativo al medio ambiente. Además, en dicha tribu no existe el reconocimiento para las personas adultas como sí sucede en otras tribus, por lo que al parecer los “viejos” también pueden ser prescindibles y no adquieren un papel de sabios o de maestros.

Esta adaptación me parece una medida que responde a un estilo de vida itinerante, errático y menos civilizado, lo cual se comprueba más adelante en la lectura, en el caso de esta tribu. Es decir, la distancia que separa al hombre del animal es, en este caso, más corta, pero no por eso, menos exitosa.

Técnicas para controlar la densidad de la población

Es interesante anotar que, pese a la gran diversidad de la terra firme, ésta no está distribuida de manera uniforme y de manera accesible para todos. A dicha situación se le suma la baja fertilidad del suelo amazónico, por lo que es común en la zona la rotación de los cultivos e incluso la rotación de las tribus en búsqueda de mejores tierras. Esto condiciona además que una población numerosa debe mantenerse dispersa para no agotar todos los recursos disponibles de su entorno. Los mecanismos culturales de las tribus indígenas garantizan que no exista una concentración demográfica que ponga en peligro el acceso a las fuentes de alimento.

Es interesante determinar que tal situación se da en estas tribus y se complementa con el primer aspecto tratado. Es decir, ambos aspectos aseguran que no exista una explosión ni una concentración demográfica. Sin embargo, es también importante anotar que el medio natural en sí también cumple un rol protagonista en estas situaciones, debido a su hostilidad y a su gran extensión. Adicionalmente, la presencia indígena no ha podido incrementarse debido al triste papel del foráneo, el cual se ha encargado de mantener “a raya” a estas tribus e incluso a borrarlas del mapa.

En el caso de los jívaros y de los waiwai, sus poblados están constituidos por casas comunales separadas entre sí por una distancia que fluctúa entre 2 y 10 kilómetros, lo que garantiza que exista suficiente terreno para el abastecimiento. Esta situación es posible también debido al gran territorio de la terra firme. Pero además, estas dos tribus indígenas multan con severas sanciones a quienes violen esta “norma”, la cual implica además, no aumentar el número de personas por casa, más allá del límite establecido. Es decir, la regulación y la adaptación empiezan literalmente “en casa”.

Sin embargo, en este caso entra a talar otro aspecto, el temor a que “el vecino” te haga brujería. Un miembro de cualquier grupo familiar solo puede estar seguro dentro de su familia. Dicha situación explica también e la implementación de estas medidas, ya que exponerse al contacto con otras personas ajenas puede ser perjudicial. Pero como es habitual, la población de las casas también crece, y con ello aumentan las posibilidades de que surjan problemas entre sus miembros, por lo que las casas se subdividen. Esta característica de la subdivisión social es solo posible en grupos relativamente pequeños y “aislados” en un vasto territorio que además es poco fértil y limitado en el acceso a sus recursos.

Adicionalmente, está presente el tema de la brujería, pues los pobladores de estas dos tribus no quieren estar cerca del hechicero. Además, en una población más numerosa, es más propensa la posibilidad que se generen conflictos entre sus miembros, para lo cual se debe llamar al brujo. Estas situaciones evidencian tal vez un estado de interrelaciones personales limitado, pero que cumple un rol importante en la estructura social que es la base (a veces muy frágil) de las tribus indígenas estudiadas.

Otro de los aspectos que me llama la atención es el hecho de que las guerras se conviertan, dentro de estas tribus indígenas, en reguladores de la población. Además, existen diferencias con las guerras de otras latitudes, ya que estos conflictos no se realizan para tomar territorios. Para los jívaro por ejemplo, ocupar áreas habitadas por sus enemigos es detestable y no es lo deseado. A esto se le debe sumar que el territorio es ya de por sí extenso, por lo que tampoco hay una escasez de tierras.

Lo singular es que esta tribu arremete contra los miembros de su propia etnia hasta aniquilarlos; y en el caso de los kayapó, estos destruyen todos los utensilios e implementos sin el deseo de obtener ningún botín. En ambas tribus, la guerra es un arte, en donde dar muerte a un enemigo es símbolo de hombría y de reconocimiento.

Es difícil entender a cabalidad el significado e importancia de las guerras, pues como se aprecia, estas no son hechas para obtener beneficios tangibles. En todo caso, creo que la “cultura de la guerra” responde a modelos de control poblacional llevados a niveles extremos, que si bien para nosotros no son justificados, para los grupos nativos, estas actividades forman parte de los procesos adaptativos que les han permitido sobrevivir a la terra firme.

Finalmente, otro punto interesante es el abandono de las casas cuando alguien muere. Esto se da en diversos niveles entre las tribus indígenas seleccionadas, pero al parecer podría responder a medidas higiénicas. No obstante, creo que además se debe al tema de los espíritus y de las creencias. Sea como fuese, es importante anotar que esta medida puede calzar en un medio hostil donde se busque nuevos horizontes y acceso a los recursos naturales; y que no responde a la necesidad de tener más, sino tener lo suficiente.

Diferencias en la complejidad cultural

Si existiese la necesidad de “medir” el avance cultural, se puede observar, según la lectura, que los kayapó y los camayurá poseen algunos elementos que no se encuentran en las otras tres tribus, lo cual los pone en aparente “ventaja cultural”. Uno de estos puntos es que ambas tribus poseen un jefe permanente, lo que les da cierto grado de estabilidad. Adicionalmente, poseen una especie de consejo consultivo que delibera los problemas y necesidades de la tribu, algo que denota un grado de organización y jerarquía. Además, la estructura social de los kayapó es más compleja, en donde las ligas de parentesco son sustituidas por las ligas civiles.

En el caso de los camayurá, se presenta la división del trabajo por ocupaciones y el intercambio formalizado por medio de un mercado público, lo que genera un mayor grado de relaciones interpersonales que fortalece los nexos sociales y posibilita la adaptación y el desarrollo de la tribu, además de la obtención de diversas fuentes de alimento y de elementos que favorecen su desarrollo.

En ambos casos, se percibe que existen algunos avances culturales, sin embargo, estos no se dan con la misma intensidad, debido a que no son percibidos como necesarios, o a que el medio natural condiciona otras dinámicas de desarrollo o las limita. Me llama la atención el grado de desarrollo de los sirionó por ser el más primitivo. Al parecer, la permanente adaptación de esta tribu al medio ambiente y su constante lucha por sobrevivir impide que se desarrollen culturalmente.

Si bien es necesario anotar que las diferencias culturales no son abismales, ni muy marcadas entre las tribus indígenas estudiadas, es importante incidir en el tema del medio ambiente y del clima como “regulador” del avance cultural. Esto se percibe en el caso de las lluvias que generan el movimiento de las tribus, lo que tal vez propicie intermedios o avances en el desarrollo cultural.

La posible abundancia de recursos naturales no es sinónimo de desarrollo, sino más bien, al parecer, el factor determinante es el acceso a ellos. En otras culturas que se han desarrollado en ambientes poseedores de una diversidad menos variada, se puede registrar un mayor avance. Este aspecto, sumado a los avances culturales y a la estructuración social, podría conjugarse para fomentar un mayor desarrollo en todos los aspectos.

Es interesante comparar entonces, el estadio de las culturas amazónicas con las culturas andinas y costeñas. El medio ambiente jugó y juega un papel primordial que condiciona conductas como el infanticidio, las guerras, los movimientos migratorios locales, etc. En el caso de otras culturas se practicaba el sacrificio humano como culto a los dioses, pero no para regular la población. En el caso de las tribus amazónicos no se registra estas prácticas, pero sí la muerte (condicionada) para mantener un equilibrio. Si en teoría existía (o existe aún) abundancia de recursos, entonces ¿por qué frenar el crecimiento de la población?

Octubre 2007

lunes, 20 de diciembre de 2010

LOS KAYAPÓ Y LOS JIVAROS

Segunda reseña sobre el libro de Betty J. Meggers, "Amazonía. hombre y cultura en un paraíso ilusorio".

Elegí a estos dos grupos indígenas por un motivo geográfico, ya que ambas tribus se encuentran muy distantes entre sí. Los Kayapó habitan en el centro y al lado este de América del Sur, cerca de la costa del Océano Atlántico, y por otro lado, los Jivaros ocupan territorios cerca de la línea ecuatorial y al oeste de América del Sur, cerca a la costa del Océano Pacifico.

Por otro lado, me pareció interesante analizar a estos dos pueblos indígenas debido a que, comparando sus territorios, se percibe una “diferencia hídrica” notoria. En los territorios de los Kayapó, en la selva tropical, se tiene una estación seca bien definida que dura tres meses (de julio a septiembre). En el caso contrario, en los territorios jivaros, todo el año se presentan lluvias intensas. Esta diferencia en la precipitación pluvial determina, según el libro de Meggers, algunas estrategias de supervivencia como puede ser los movimientos de las tribus en la selva para buscar alimento y las diversas dietas en las que se basa su alimentación.

Así también, existen diferencias lingüísticas entre ambos grupos indígenas. Los Kayapó hablan ge, mientras que los Jíbaro hablan un idioma distinto. Esta situación, según la autora, permite afirmar que “las posibilidades de que compartan un origen común son menores que si tuvieran vinculaciones lingüísticas” No obstante esto, basados en la propuesta de Meggers, “si uno de los principales determinantes culturales es la adaptación, entonces las culturas aborígenes deben reflejar esta situación ambiental en dos formas principales”.

La primera de ellas es la existencia de un patrón cultural general en toda la selva tropical como respuesta al medio que presenta características bastante similares de clima, flora, fauna y suelo que definen esta vasta región. Seguidamente, existe un “patrón local” debido a las variaciones regionales que determinan la abundancia, ausencia o limitada presencia de ciertas especies biológicas. Este último factor es el que tal vez determine también varias estrategias de supervivencia y adaptación al medio como el tipo de alimentación, el comercio y la cosmovisión de los pueblos indígenas en general.

En todo caso, las distintas adaptaciones revelan las diferencias en el esquema general que derivan, según la autora, en las variaciones ambientales. En la obra de Meggers se describe estas culturas particulares a través de los detalles que las caracterizan y las diferencian de las otras. Asimismo, Meggers establece categorías para ordenar los datos obtenidos; y a su vez estos datos conforman un todo. Es interesante lo que plantea la autora con respecto a la forma de estudiar a estos grupos indígenas, los cuales son “disecados y separados en partes para ser examinados”. La metodología utilizada es la del análisis científico que consiste en desagregar las partes para explicar el todo. En el caso de estas tribus, se adiciona el medio ambiente, algo que fortalece la afirmación de que existe una interdependencia entre lo biótico y lo abiótico que determina muchos factores de desarrollo económico y social.

Los Kayapó

Esta tribu habita en territorios salpicados por franjas de sabana que constituyen penetraciones de las altiplanicies áridas en la llanura amazónica brasilera. Además, en estos territorios existe una marcada distribución estacional: en junio, julio y agosto la precipitación es escasa. Y entre las distintas tribus existe una hostilidad constante. Por otro lado es interesante anotar que desde que se originó el contacto con la cultura europea , la población de esta tribu se ha visto mermada considerablemente, en especial, en el siglo pasado.

Esta situación ha sido ocasionada principalmente por las enfermedades de las que se han contagiado debido al contacto con los europeos y por las constantes disputas con los caucheros y madereros, situación que se mantiene en la actualidad tanto en el Perú como en el Brasil. Esta reducción en su número ha debilitado considerablemente sus estructuras sociales, lo que acrecienta un resquebrajamiento en la continuidad de la tribu.

En cuanto a algunos de sus patrones de conducta, los Kayapó alternan la vida sedentaria en época de lluvia, ─es decir la mayoría del año─, con una existencia errante en época seca. En este periodo la población se desplaza en conjunto o decide separarse en grupos pequeños, esto, dejando a los enfermos e incapacitados en el pueblo. Dicha conducta es una estrategia de adaptación al medio, pues en caso de tener que sobrevivir ante cualquier eventualidad, es necesario que sobrevivan los más fuertes y aptos para seguir procreando y de este modo, asegurar la continuidad de la tribu.

Llevar consigo a personas enfermas o débiles desgasta y quita mucha energía, por lo que son dejados de lado. Además, asumir su cuidado los hace vulnerables ante posibles enemigos ya que se desplazan más lento. Esta adaptación es parte del proceso de selección natural que también se da en los animales. Asumimos, en caso de que la tribu, se tope por ejemplo con otras tribus hostiles a ellos, las primeras victimas, serán los más débiles. Adicionalmente, condicionados por las lluvias, los Kayapó varían su dieta. En época seca se convierten en pescadores y en recolectores, mientas que en épocas lluviosas son cazadores y siembran algunas plantas.

Y es así como, tras la influencia europea, han ampliado sus fronteras agrícolas y por ende los productos que cultivan, adicionando a su dieta el arroz, la caña de azúcar y la mandioca amarga. Un aspecto importante que rescatar de esta tribu, es que dentro de sus alimentos, consumen una especie de pan hechos de masa de maíz con diversos productos complementarios, lo que evidencia un cierto grado de dominio de técnicas más avanzadas de desarrollo cultural. Estos panes son incluso horneados en el suelo.

Es notorio que se identifica un cierto grado de avance cultural, tanto por las técnicas de cocina, así como por el hecho de que la cacería es un deporte para los Kayapó, quienes no dependen exclusivamente de ella ─pese a ser expertos en esta técnica─, como en el caso de otras tribus. Adicionalmente, es importante identificar que realizan cacerías en grupo y con perros, lo que evidencia el avance cultural. La pesca es otra actividad importante y se realiza en época seca, debido a que es más fácil ya que las aguas están en su nivel más bajo y los peces son más acequibles. Esta situación también es una adaptación similar a la de otras especies del bosque tropical.

Asimismo, los Kayapó practican una especie de “ganadería” con tortugas, lo cual les asegura una fuente de alimento importante. Además, almacenan alimentos como es el caso de las nueces de Brasil. Estas actividades son producto de muchos años de adaptación y de un conocimiento adquirido que se refleja en su conducta. Existe una división sexual del trabajo, la cual está más acentuada en las artes y en los oficios que en las tareas propias de la subsistencia de la tribu.

Llama la atención en todas estas tribus que siempre existan chamanes; y en el caso de los Kayapó, también existen estos curanderos, pero al parecer en menor número. Caso contrario es el número de etapas por las que atraviesa un integrante de la tribu para llegar a ser “adulto”, en comparación con otros grupos indígenas. Sin embargo, existen muchas similitudes con los otros grupos indígenas en cuanto a la organización social. Un ejemplo claro es el infanticidio que es practicado por casi todos estos grupos.

Otro punto importante en la vida de los Kayapó es que anteriormente no realizaban ninguna actividad relacionada con el comercio, y es recién en las últimas décadas que han incursionado en este campo. Tal situación se debería a un cambio de las costumbres como producto de la influencia de otras culturas o a que no requerían otros productos, debido a sus actividades de caza, pesca y recolección adaptadas al medio ambiente, las cuales les bastaba para su supervivencia.

Estos aspectos son importantes para identificar grados de adaptabilidad al entorno y el nivel de avance cultural. Si bien, estos factores no son determinantes, sirven para entender mejor los procesos regionales determinados por el medio ambiente.

Los Jivaros

A diferencia de los territorios de los Kayapó, el de los Jivaros es una zona lluviosa caracterizada por una combinación de calor y humedad que produce una vegetación exuberante, la cual alberga una fauna muy variada. Estas tribus comparten una misma cultura y poseen un mismo idioma, sin embargo carecen de unidad social y política, lo que genera constantes disputas entre ellos, pese a los esfuerzos que se han hecho a través de la evangelización y la pacificación. Un aspecto importante en esta tribu es que predomina el número de mujeres.

Este punto es importante, ya que el mayor número de mujeres dentro de los Jivaros determina algunos aspectos importantes que se traducen en parte en los papeles que cumplen en la estructura social. Y es que, pese a que el jefe de la familia es la autoridad máxima de la sociedad jivara, el papel de las mujeres es esencial y su rol es fundamental para el bienestar de la familia. Incluso, las mujeres poseen una influencia sobrenatural que es tomada muy en cuenta por la tribu.

En cuanto a la alimentación, el alimento básico es la mandioca dulce, cuya fertilidad y productividad está muy asociada a la mujer. Para su plantación, el hombre prepara el terreno y la mujer se encarga de sembrar dicho vegetal. Los hombres se encargan de cultivar y cosechar otros productos. En este punto se ve también el importante papel que tiene la mujer, el mismo que también está asociado a la producción de las bebidas alcohólicas (masato), las cuales cumplen también un importante rol en las relaciones sociales.

El poblador jivaro posee una dieta rica y variada que le permite afrontar sin ningún problema alguna carencia de alimentos. Esta situación se ve favorecida debido a que son omnívoros, existe una abundancia de animales de caza y a que además, son muy buenos cazadores. Utilizan varias técnicas de cacería notables como la imitación de voces para llamar a los animales en el monte, el uso de señuelos, trampas y otros. Adicionalmente, entrenan perros para este fin, algo realmente que personalmente desconocía.

Es interesante también notar que existe entre los Jivaros una especie de código de caza con respecto a ciertos animales, lo que indica el grado de conocimiento de su fauna. Es notable también el variado “menú” adicional del cual pueden disfrutar en base a insectos, huevos de tortuga y al palmito. Regresando al tema de género, la diferenciación de los sexos también se evidencia en las actividades manufactureras.

Los hombres están encargados de las actividades relacionadas con la madera, es decir la construcción de las casas, canoas, remos, tambores, lanzas, camas, cerbatanas, dardos y –esto llama la atención– de los telares, actividad que generalmente está relacionada con la mujer. Además, los hombres hacen canastos, hilan y tejen el algodón, mientras que las mujeres están más avocadas al campo y a las actividades domesticas, a producir el masato y cuidar a los niños y a los perros.

Esta división de roles es interesante y explica en parte la horizontalidad de la estructura social de los Jivaro. Cada familia es una estructura económica y políticamente independiente, pese a pertenecer a una estructura mayor. Cada casa presenta poderes muy similares divididos entre hombres y mujeres, donde la mujer posee un poder que a veces es superior al del hombre.

Es realmente asombroso que los Jivaro tengan como uno de los motivos para celebrar, el fin del entrenamiento de los perros. Esta situación forma parte de las creencias jivaras y es asumida con el mismo grado de importancia que las otras celebraciones. Si bien en la obra de Meggers no se dan más detalles al respecto, asumo que esta es una ceremonia de igual jerarquía que las demás, ya que los caninos son parte fundamental para la supervivencia de la tribu.

Analizando la conducta referidas a las guerras de los Jivaro, vemos que ante la inminente conquista de un pueblo, todos los integrantes masculinos, las mujeres de mayor edad, los niños y los perros, son aniquilados. Solo se salvan aquellas mujeres que no oponen resistencia. Esta conducta puede explicar tal vez, el mayor número de mujeres que existen dentro de este grupo indígena. Es posible también que estas sean tomadas como rehenes para garantizar la fertilidad de sus plantaciones, así como el suministro del masato.

Adentrándonos en el mundo de la religión y la magia de los Jivaro, vemos que la Madre Tierra (¿la pacha mama?) es muy importante, pues esta se le aparece a las mujeres cuando están bajo los efectos de algún narcótico, y le da instrucciones a la mujer, referidas al cuidado de la tierra y de los animales. A su vez, les enseñó a las mujeres la agricultura. Esta situación puede explicar en parte lo que se ha venido dando en los últimos años con los Aguaruna, que forman parte de esta tribu, con respecto a los suicidios de muchas mujeres jóvenes.

Al parecer, ante la introducción de elementos foráneos a las estructuras aguaruna, como la cerveza u otras bebidas alcohólicas, los alimentos enlatados o tal vez las costumbres evangelistas que prohíben la ingesta del alcohol, la mujer está perdiendo poder y significado dentro de la estructura social y se ve avasallada por el avance de una cultura que la margina.

Conclusiones finales

A través del análisis comparativo de estas dos tribus, –tras un análisis previo de cinco tribus amazónicas hecho por Meggers–, se puede identificar diferencias “locales” sustentadas en las condiciones regionales de la selva, pero que en el aspecto más amplio, responden a una adaptación semejante de todos estos grupos humanos a la gran selva amazónica. Muchas características, costumbres, técnicas de supervivencia, cosmovisión, y otros aspectos son similares en los grupos indígenas y solo varían en aspectos simples que están determinados por factores climáticos, geográficos y topográficos locales.

Finalmente, para entender todas estas diferencias y similitudes, es indispensable utilizar un enfoque similar al que se puede haber aplicado a las culturas andinas o costeñas, las cuales presentan también muchas similitudes, pero que se diferencian entre sí en diversos aspectos. Lo que si está claro es la necesidad de conocerlas a cabalidad, pues les debemos mucho de lo que hoy en día somos y tenemos. De existir una interconexión entre el mundo amazónico con los mundos andinos y costeños, no podemos dejar de lado a las expresiones culturales estudiadas por Meggers. Asimismo, es necesario, en mi opinión, desmitificar a la selva amazónica como paraíso, pues definitivamente no lo es, si es que pensamos que es un lugar “lleno de animales y plantas donde el alimento no falta”.

Octubre 2007

lunes, 13 de diciembre de 2010

LOS ANDES Y LA AMAZONÍA: AMOR PARA SIEMPRE

Incluiré en varias entregas algunas reseñas del libro de Betty J. Meggers: "Amazonía: hombre y cultura en un paraíso ilusorio", un libro de obligada lectura para entender qué es la selva amázónica y cuál es la importancia de los Andes. Va la primera parte.

Uno de los planteamientos de la autora en el texto se basa en la existencia de un equilibrio ecológico en la naturaleza que se da entre los hombres primitivos y el medio ambiente que los rodea. Para que ese equilibrio se dé, Meggers afirma que los pueblos primitivos se consideran a sí mismos parte de la naturaleza y no superiores o inferiores a las demás criaturas que conforman su entorno natural. Asimismo, el desarrollo humano a partir de organismos unicelulares, tiene un paralelo con el desarrollo de bandas cazadoras en grandes ciudades.

Para lograr dicho equilibrio, el hombre ha debido atravesar un proceso de adaptación al medio ambiente que se ha basado en parte en la selección natural de la especie. Hasta lograr un desarrollo casi parejo en las culturas humanas, ha pasado miles de años, durante los cuales no se percibieron grandes cambios en la especie. Sin embargo, una vez que se iniciaron las diferenciaciones en los humanos, se inició la búsqueda y conquista de nuevos territorios. En muchos casos, las poblaciones perecieron ante las inclemencias de la naturaleza y se extinguieron, en otros casos, sobrevivieron y lograron adaptarse al medio ambiente.

Por otro lado, la autora trae a colación la dificultad que existe en el ser humano de comprender su entorno y su desarrollo debido a factores culturales que originan que la observación directa sea un tanto subjetiva. Esto debido a que el ser humano ordena sus pensamientos en base a un patrón cultural, científico e intelectual producto de una base cultural con la que se ha desarrollado y que establece parcialmente un modo definido de percibir el medio ambiente.

Por eso, la autora afirma que es más sencillo estudiar a las culturas primitivas ya que estas permiten hacer una diferenciación entre el observador y lo que se observa, debido a las diferencias culturales que existen y a la presencia de una naturaleza única y aislada. Dicha situación facilita el estudio de la adaptación humana desde una perspectiva más clara con la presencia mínima de factores que dificulten una visión objetiva y certera.

Así también, la autora afirma que la Amazonía ha atravesado en los últimos milenios dos grandes etapas. La primera se dio durante la selección natural a partir de la presencia del hombre en la zona, y la segunda con el avance de la “civilización” a partir del siglo XVI con sus elementos de explotación que modificaron el equilibrio hasta ese entonces existente.

Finalmente, la autora plantea que, debido a que el hombre es un animal, este debe mantener una relación adaptativa con su entorno para sobrevivir. Asimismo, pese a que el hombre puede lograr su adaptación mediante la cultura, este proceso también está regido por las reglas de la selección natural que determinan la adaptación biológica. Es decir, para entender ambos procesos, se debe conocer tanto los factores naturales (bióticos y abióticos), así como los factores culturales para entender los mecanismos de desarrollo, adaptación y posiblemente, el futuro de las poblaciones humanas (de no existir factores externos que las lleven al exterminio, como ha sido el caso de algunas poblaciones indígenas en la Amazonía).

En esa dirección, la autora hace una completa descripción de la topografía, clima, flora, fauna y otros aspectos de la selva amazónica, así como de algunas poblaciones indígenas, para poder entender la verdadera esencia de la Amazonía. En ese aspecto, define dos subregiones en esta vasta zona: la tierra firme y la várzea. Ambas zonas determinan, en base a la adaptación, la cultura de los pueblos amazónicos.

Finalmente, conocer las diferentes adaptaciones de los pueblos indígenas, tanto a la tierra firme, así como a la várzea, permite definir las restricciones del medio ambiente en cuanto a la adaptación y al desarrollo humano, que son paleadas por los aspectos culturales en conjunción con la variabilidad del medio ambiente. Conocer el medio ambiente y entenderlo, debería permitir superar ciertas dificultades en aras de la subsistencia y de la búsqueda del equilibrio del humano con su entorno.

Entendiendo tal vez cómo es que ese equilibrio se dio (y tal vez se siga dando en algunas comunidades), es posible que el hombre moderno pueda entender el respeto que se debe tener al entorno si es que queremos permanecer mucho tiempo más en el planeta.

Importancia de la Amazonía

Considero de suma importancia a la Amazonía por ser esta una fuente muy rica de diversidad biológica y de alternativas para fomentar un desarrollo en base al aprovechamiento sostenible de los recursos naturales y del mantenimiento de los procesos biológicos que allí se dan. Si bien, para muchos la importancia de la Amazonía radica en que esta es “el pulmón del mundo”, creo que esta característica no es la que mejor la define.

Es innegable el valor que tiene como hábitat de una gran masa forestal, sin embargo, su importancia radica prioritariamente en que la Amazonía es el gran almacén de una diversidad biológica y genética única, así como que es un reservorio de agua para esta parte del planeta. Además, estos territorios son el hábitat de importantes poblaciones humanas que se han desarrollado en ella desde hace miles de años.

Así también, la Amazonía es importante debido al gran papel que juega en determinar muchas de las características climáticas del continente y por el papel que ha jugado desde tiempos inmemorables en el desarrollo de las culturas que han poblado el país. Esta última influencia es evidente en muchos testimonios culturales, tanto en la sierra, así como en la costa peruana.

Además, existe a mi entender una importancia geológica que deriva de la dinámica de los Andes en relación con el surgimiento de la Amazonía y los sistemas fluviales. Es decir, hace millones de años la dinámica de las aguas en el continente era otra, y con el surgimiento de los Andes, la dirección de los ríos se modificó, originando que existan aquellos que fluyan hacia el Océano Atlántico y otros hacia el Océano Pacífico. Esta situación determinó el desarrollo de la cuenca amazónica y de las culturas preincas.

Por otro lado, la Amazonía y sus variaciones climáticas han influenciado ─en base también a la geografía de la zona─ a la composición de la diversidad biológica de las ecorregiones del Bosque Seco Ecuatorial y del Bosque Tropical del Pacífico y de otras ecorregiones del país. Por ejemplo, parte de la diversidad biológica de la denominada región de endemismo Tumbesina, presenta un origen o características amazónicas. Esto origina que los territorios que comprenden esta zona tengan una gran diversidad biológica, pese a que son espacios relativamente pequeños comparados con los amazónicos.

Asimismo, el valle del Marañón y otros valles interandinos se ven enormemente influenciados por las nubes procedentes de la Amazonía bajo el efecto del “rain shadow” que origina un hábitat único con una fauna de alto grado endémico. En el caso del valle del Marañón, este es conocido como uno de los territorios denominados “Refugios del Pleistoceno”, dado a que ha estado aislado de la dinámica de las tierras adyacentes, permitiendo el desarrollo de una flora y fauna única. La Amazonía cumple entonces un rol fundamental en determinar muchos aspectos climatológicos, biológicos e incluso culturales en el país.

Ahondando en el tema de los recursos biológicos y genéticos, está comprobada la gran diversidad en recursos naturales amazónicos, muchos de los cuales aún no han sido estudiados a cabalidad. Esta situación ocasiona que a la fecha existan todavía muchos aspectos por estudiar. La gran diversidad de productos biológicos puede ser de importancia vital para el país y tal vez para la humanidad entera, pues en dicha variedad se pueden encontrar especies que tengan un papel fundamental en la subsistencia humana.

Características de la Amazonía

Una de las características que más me ha llamado la atención referente a la Amazonía, es el color de las aguas de los diversos ríos que la atraviesan. Si bien existe la clasificación de acuerdo a principios físicos y químicos o a la carga en suspensión, la clasificación en base al color de las aguas me parece sumamente interesante ya que revela el origen de las aguas, así como su importancia en cuanto al contenido de nutrientes. En el caso de las aguas blancas, el color es semejante al del café con leche, debido a la gran cantidad de sedimentos suspendidos. La reacción química de estas aguas es casi neutra.

Por otro lado, los ríos de aguas negras, contienen residuos de humus pero pocos sedimentos y sustancias nutritivas, además sus aguas son ácidas. Finalmente, las aguas claras son pobres tanto en sedimentos como en nutrientes y varían en cuanto al pH. Estas características definen en parte la dinámica de las aguas en la Amazonía que tiene una influencia directa para la várzea, que depende en gran parte de los nutrientes que trae consigo el río.

En cuanto al color, también existen variaciones estaciónales y posiblemente algunas de índole subjetivo que lo determinan, ya que algunos ríos de agua blanca pueden tener aguas claras durante la estación de las vaciantes. Otros ríos de agua negra pueden ser de ese color durante casi todo el año pero, se pueden ver blancos cuando la estación de lluvias empieza y estos ríos acumulan sedimentos de sus orillas. Esto origina que algunos sean llamados de agua mezclada o de agua mixta.

Al margen de las apariencias, lo resaltante de estas características es el origen de las aguas. Los ríos de agua blanca tienen su origen en los Andes y los ríos de aguas negras o mixtas se originan en la selva baja. Los ríos de agua clara se originan en cordilleras desgastadas que ya no aportan ningún tipo de sedimentos ni de nutrientes. La autora incluso menciona que los ríos de agua negra son llamados “ríos de hambre” por su bajo contenido en nutrientes y sedimentos.

Otro punto que resalto es la presencia de los Andes en conjunción con la Amazonía, lo cual es muy importante, pese a que en algunas ocasiones se les trata de diferenciar y se les ve como dos fenómenos geográficos totalmente distintos. Su interrelación es muy estrecha e importante. Y es que los Andes, además de albergar el origen del río Amazonas, “otorgan” sus nutrientes tanto a la Amazonía, así como al mar peruano. Los ríos de la vertiente del Pacífico también contienen muchos sedimentos y nutrientes que son transportados por los ríos al mar. Estos son depositados en el zócalo continental y, con los fenómenos de las corrientes marinas, el afloramiento y otros, generan la gran riqueza de nuestro mar.

Otra de las características que me ha interesado bastante, es el trayecto paralelo al Ecuador del río Amazonas. Esto garantiza que los ríos del hemisferio norte, así como aquellos del hemisferio sur, aporten durante casi todo el año al caudal del río Amazonas. En el hemisferio norte la estación lluviosa es generalmente de abril a agosto y en el hemisferio sur, los meses más húmedos son de octubre a abril.

Dicha situación origina que aproximadamente en el mes de junio se de una creciente y que esta marque un ciclo casi regular que permita el uso de las tierras de várzea. Este régimen hídrico también me llama la atención por la importancia de los flujos de agua y las lluvias en la Amazonía que determinan la gran diversidad biológica de la misma, así como la temperatura bastante uniforme en esta vasta zona del planeta.

Otro dato importante es la pendiente del río Amazonas. Según Meggers, desde la parte peruana hasta la desembocadura del río en el Océano Atlántico, solo existen 65 metros de pendiente a lo largo de aproximadamente 3000 kilómetros. Pese a la poca pendiente, la velocidad del flujo del río varía entre 2,5 Km/hora hasta el doble, permitiendo el flujo de las aguas e incluso que especies de aguas saladas remonten parte del río para su alimentación (y que algunas ya se hayan “quedado” como los delfines).

Territorios de tierra firme y de várzea

Según el texto de Meggers, los territorios de tierra firme son aquellos que forman la tierra alta, compuesta por suelos geológicamente viejos y drenados por ríos estériles de agua negra o clara. No obstante, es asombroso que pese a la gran diversidad biológica existente, estos suelos representen el 98% de la Amazonía.

Para la autora, el restante 2% está ocupado por la várzea o llanura de inundación, es decir aquel territorio que ocupa el corazón de la cuenca amazónica, en donde el clima tropical alcanza su máxima expresión. La várzea también es conocida como “playa”. Cuando el río se ensancha, esta zona también se hace más amplia y alcanza su mayor longitud en el “delta” del Amazonas. La várzea predomina en la parte media e inferior del río más largo y caudaloso del planeta.

Esta se diferencia de las tierras firmes por dos motivos principales: en primer lugar su suelo es rejuvenecido todos los años con los sedimentos acarreados desde los Andes por las aguas blancas; y en segundo lugar su ciclo anual está determinado por la creciente y bajante del río, más que por la distribución estacional de las lluvias locales.

Durante las crecidas de los ríos, las barras deposicionales de estos se encuentran cubiertas por agua, pero tan pronto como el nivel de esta desciende, la tierra nueva (sedimentos, nutrientes) depositada está lista para ser colonizada por la vegetación o por plantaciones de corta duración.

Para Meggers entonces la várzea es aquella zona adyacente a las márgenes de los ríos y el territorio restante es considerado como tierra firme. Si bien en la actualidad se pueden observar otra distribución del territorio a las descripciones y mapas del libro de Meggers, el concepto está definido y es claro. Por otro lado, existen algunas estimaciones de las zonas inundadas en el país (Dourojeanni, 1990, habla del 13%) se conoce poco sobre la naturaleza de los bosques inundados. No se conoce a ciencia cierta la cobertura geográfica de las inundaciones y su variación anual.

Asimismo, Meggers hace otra diferenciación entre la tierra firme y la várzea. En la primera, los recursos naturales se hayan dispersos pero están siempre disponibles al hombre. En la várzea alternan la escasez y la abundancia de los recursos, según baje o suba el caudal del río.

En la Amazonía peruana, los territorios de tierra firme se encuentran en toda la llanura amazónica considerada como la selva baja del Perú. En el caso de la várzea, estos territorios comprenden las orillas del río Amazonas y de los demás ríos accesitarios.

Setiembre del 2007

sábado, 9 de octubre de 2010

¿ES TODA FORMA DE CONOCIMIENTO, CONOCIMIENTO CIENTÍFICO?

Para iniciar la difícil tarea de responder a esta pregunta, es necesario encontrar una definición del conocimiento que nos acompañe en este texto. Luego veremos qué es el conocimiento científico y en qué se diferencia del primer concepto. El conocimiento representa el conjunto organizado de información y de sus variadas dependencias que, enlazadas entre si, proporcionan un sistema racional de sabiduría con el cual, y en base al cual, actuamos. El conocimiento permite reaccionar ante la realidad de manera consciente y con sentido, proyectándonos en un horizonte conocido con la finalidad de mantenernos en él.

El conocimiento requiere un sustento bastante fuerte, es decir, este se debe basar en que lo descrito debe ser probable y medible, así como debe poder conducir a otro tipo de conocimiento. Asimismo, el conocimiento debe coincidir con los parámetros de la realidad perceptible, es decir, sus elementos deben poder ser registrados.

En el discurso científico no se encuentra definiciones concretas y reconocidas para el concepto de conocimiento. En este campo encontramos diversas definiciones que suenan similares entre sí, pero en donde cada una depende del punto de referencia desde donde se plantee. Una pequeña reflexión sobre las diversas perspectivas del conocimiento nos puede llevar a tres puntos en común de todo tipo de conocimiento:

i. El conocimiento se basa y se sustenta en información.
ii. Esta información debe estar referida a situaciones entrelazadas entre sí y a su vez debe concordar con la realidad. Debe de haber coherencia.
iii. Además de la concordancia en la información, el conocimiento debe estar en concordancia con las condiciones palpantes de nuestro entorno.

El conocimiento se encuentra, desde la filosofía griega, al lado opuesto de la opinión, debido a que el conocimiento implica la verdad pura, y esta no puede tener contradicciones a través de argumentos que critiquen la verdad. En el caso de la opinión, esta sí puede ser contradecida, ya que el juicio de valor es discutible y sólo representa una manera de percibir la realidad.

El conocimiento garantiza que objetos reales e imaginarios, sistemas y procesos, puedan ser diferenciados entre sí y a su vez que puedan ser definidas y descritas independientemente. Esta cualidad nos acerca a un entendimiento mayor de nuestro entorno. Si bien puede abarcar partes bien definidas y delimitadas por separado, el fin supremo es interrelacionar todo tipo de información en un todo que explique cómo funciona y se desenvuelve nuestro universo desde una visión macro a una visión micro.

El conocimiento es un concepto concerniente a una totalidad. La definición del término “conocimiento” modifica en sí el conocimiento, porque la definición misma forma parte del conocimiento. Debido a esto, solo se puede producir una descripción de la acción del conocimiento.

Mientras que en un primer vistazo parece tan claro lo que realmente es el conocimiento, es muy difícil encontrar una definición general que sea valida. Para cada una de las definiciones que podamos proponer, existen casos en que no se da o no se aplica lo que realmente entendemos por conocimiento. Esto se puede observar de manera más cercana revisando la historia de las ciencias.

A través de esta visión, se puede determinar que nosotros “creemos saber” muchas cosas, hasta que aparecen unas hipótesis más contundentes y completas. En muchos casos, se han venido abajo diversas teorías, ante el surgimiento de nuevas hipótesis que dejan atrás a lo que hasta la fecha explicaba (o intentaba) explicar la realidad. Dicha situación genera duda, puesto que siempre dudamos de lo que ya sabemos, planteándonos nuevas interrogantes, las mismas que deben ser respondidas. A través de la búsqueda de nuevas respuestas, nuestro conocimiento avanza.

Esto permite a su vez afirmar que la duda se convierte realmente en un impulsador del nuevo conocimiento.

El conocimiento como magnitud

El conocimiento es una medida verdadera y palpable de la realidad. Asimismo, la búsqueda de nuevos conocimientos, es un proceso que no se detiene. La definición exacta de conocimiento varía constantemente, ya que los mismos elementos que la conforman, se modifican permanentemente. Un requisito indispensable para la información que se convierte en conocimiento, es un estado perceptivo consciente que permita asimilar la realidad tal cual como se nos presenta. Solo de esta manera se puede definir los elementos que conforman el entorno de tal manera que cada uno podrá ser definido y observado por separado.

Las relaciones entre los objetos proporcionan diversos tipos de información que forman parte de la realidad que aparece ante el observador a través de las interdependencias que producen las diferentes percepciones del entorno. Estos datos que tomamos del entorno pueden ser asimilados tal cual como son, pero no necesariamente debe ser así.

Dentro de las magnitudes del conocimiento podemos definir este concepto de acuerdo a lo que es “saber algo”, o si deseamos “saber cómo” se produce algún fenómeno.

Esto se puede graficar en los siguientes ejemplos:

Para “saber algo” sobre los hechos, podemos hablar de números, como es el caso de π= 3.1416 o de proposiciones como: “el gavilán es un ave de presa”. En estos casos nos basamos en una información que ya está determinada y definida por parámetros definidos por el hombre.

En el caso del conocimiento sobre “saber cómo” y características de los conceptos, estos son definidos por su extensión y su intención. La extensión incluye la cantidad de todos los objetos que pertenecen al concepto. La intención es la marca que un objeto debe presentar para pertenecer a un concepto. Se puede diferenciar entre conceptos individuales y conceptos masivos.

En todo caso, el concepto de conocimiento es muy amplio y depende desde que perspectiva nos encontremos para poder definirlo.

El conocimiento científico: ¿conocimiento más ciencia?

Desde nuestra aparición, nosotros mismos nos hemos definido como seres complejos, racionales, afectivos y sociales; y es que realmente lo somos. Todas estas características nos incitan a buscar, a través de diversas maneras, la posibilidad de aproximarnos a los objetos de nuestro interés. Todo depende desde que perspectiva analicemos las cosas.

El resultado de estos diversos tipos de acercamiento, producirá algún tipo de conocimiento y dentro de estos tipos de conocimientos, aparece el científico como el más útil o adecuado para otorgarnos las respuestas a todos los planteamientos y preguntas que podamos hacer con respecto a lo que observamos en nuestro entorno.

La ciencia es un conjunto de acciones dirigidas hacía la determinación de un conocimiento verificable sobre los hechos y elementos que nos rodean. Toda la maquinaria científica se ha ido modificando a través de la historia y es en la Edad Media, específicamente en el Renacimiento, a partir de donde se produce una aceleración en su desarrollo.

A partir de esa época, la ciencia va tomando distancia del “conocimiento vulgar”, es decir, la ciencia va tomando otras aristas que la diferencian de los aspectos cotidianos de la vida para adentrarse en un mundo más complejo de conocimientos sobre los fenómenos de la naturaleza. La ciencia no puede permitir que se designe con el mismo nombre a hechos que, aunque parezcan semejantes, son de otra naturaleza. Esta es una de las grandes diferencias con el simple conocimiento.

El conocimiento científico tiene varias características que marcan la diferencia con el conocimiento común. Es por esto que definitivamente ambos tipos de conocimiento no son iguales. Esto se explica a través de diversas características, una de ellas es la objetividad, la cual permite obtener un conocimiento que concuerde y sea lo más cercano a la realidad del objeto o fenómeno. Esta permite describir o explicar tal cual cómo es o se da lo que se observa, sin una carga subjetiva que intente definir o explicar, según lo que uno anhela o espera.

Del mismo modo, el conocimiento científico utiliza y dispone de la razón como elemento sustancial para obtener resultados. Este tipo de conocimiento utiliza conceptos, juicios y razonamientos, y no sensaciones, impresiones o suposiciones (aunque puede partir de una suposición). La racionalidad permite separar a la ciencia de la religión, metafísica, parapsicología y otros conjuntos de sistemas que basan sus estructuras en elementos no racionales y en algunos casos en estructuras sobrenaturales. Es así como también la racionalidad separa a la ciencia del arte, ya que en este último, la razón pasa a un segundo plano y es guiada por sentimientos y sensaciones para producir obras.

El conocimiento científico es producto además de un trabajo sistemático, organizado en la obtención y presentación de resultados. En los elementos del trabajo científico hay una ilación lógica entre los elementos. Asimismo, la inclusión de elementos parciales, permite construir un “todo” sólido y explicativo. Esto permite no limitar el conocimiento a algo individual y particular, sino posibilita una mejor comprensión de mayor alcance.

Todo conocimiento científico deja un pequeño espacio, como sistema ideado por el hombre, para el error. Es decir, existe siempre la posibilidad de la equivocación. Esta limitación es en realidad una ventaja, puesto que permite que se pueda corregir y por ende mejorar el conocimiento.

El conocimiento vs. el conocimiento científico

Ante la pregunta planteada: ¿Es toda forma de conocimiento, conocimiento científico? llegamos a una respuesta: NO. Si bien todo tipo de conocimiento es una dependencia entre las partes que lo conforman en donde aparecen dos términos que se relacionan, es decir el que observa (o conocedor) y el objeto por observar (o conocer), el conocimiento científico va más allá de la simple percepción y ahí radica la diferencia.

No es lo mismo saber por ejemplo que un cuerpo al ser soltado “se cae al piso” que saber que esto se debe a la gravedad. El conocimiento que nos proporciona la realidad nos permite adaptarnos y sobrevivir en nuestro entorno. Asimismo, nos muestra de una manera simple todo lo que nos rodea. Sin embargo, es el conocimiento científico el que nos permite entender a cabalidad los diferentes fenómenos y hechos del entorno. Es a través de la ciencia que encontramos explicación a todo (o casi todo), y son las teorías e hipótesis que se van perfeccionando para intentar explicar cada vez mejor el mundo.

Es también a través del conocimiento científico que podemos predecir lo que pueda acontecer con una sólida base de conocimientos (no apelando a la astrología, las cartas y demás pseudo-conocimientos). Esta función es primordial y una de las más importantes de la ciencia. El poder predecir con un alto grado de confiabilidad lo que puede suceder, es un gran paso del conocimiento humano. El conocimiento del hombre es muy limitado en comparación con todo lo que nos rodea. La única manera de entender nuestro entorno es conociendo cómo funciona y de eso se encarga la ciencia. Es necesario a su vez entender que el conocimiento científico debe de traer al hombre siempre beneficios y mejoras para su supervivencia. El conocimiento solo nos da un panorama general del mundo, la ciencia nos permite afrontarlo.

El hombre sigue inmerso en la búsqueda de la verdad, de la medicina que alivie todos sus males, de las maneras de optimizar su producción, de la manera de sobrevivir en este mundo complejo, y de miles de asuntos. Toda esta búsqueda parte de un conocimiento inicial. De ahí surge la ciencia para tomar ese conocimiento y desagregar sus partes a través del análisis. Luego vendrá la explicación, y si el conocimiento es contúndete, se podrá predecir posibles conductas, hechos, fenómenos, catástrofes. No basta entonces con conocer, hay que entender. He ahí la diferencia.

Todo el proceso anterior desemboca en hipótesis, que en conjunto y bien planteadas, intentan explicar algo. El conjunto de estas forman las teorías y con ellas se consolida una posición. Las teorías son mejorables, de eso no cabe la menor duda. Sin embargo, ¿Llegaremos un día a explicar todo? De algo podemos estar seguros, nosotros, no estaremos ahí.

Reflexión final

Si para explicar el mundo, utilizamos diferentes teorías y todas son en realidad acercamientos a la verdad, es decir, son “solamente” eso, entonces; ¿Qué significa esta situación? Quizás significa que no sabemos en realidad NADA, ¡no conocemos nada! El conocimiento científico nos ofrece aún muy poco sobre nuestro entorno. ¡Tal vez Sócrates tenía razón! Solo sabemos (o deberíamos saber) que nada sabemos.

Definitivamente, no estamos en las mismas circunstancias de conocimiento, en comparación con la época cuando el hombre apareció por primera vez. Actualmente podemos decir que conocemos solo un poco más, sin embargo; ¿Merece el mundo una explicación? Lo más probable es que sí la necesite, pues solo entendiendo el mundo a cabalidad, sabremos orientar nuestras acciones y quizá así, sepamos también a dónde vamos.
Diciembre 2005

miércoles, 22 de septiembre de 2010

DEBO DEJAR DE ESCRIBIR LO QUE ME GUSTA POR ESTAS MALDITAS ELECCIONES

“Del 8 al 14 de noviembre del 2011 se realizará en Cusco el IX Congreso de Ornitología Neotropical y el VIII Congreso Peruano de Ornitología. Una vez más, las aves reunirán a varios expertos, aficionados, observadores de aves, estudiantes y apasionados de estos seres alados. Desde ahora se viene anunciando estos dos importantes eventos que se desarrollarán de manera paralela en la ciudad imperial. Ver más en: http://www.ixconperu2011.org/ Ya están avisados.”

Me encontraba de lo más feliz escribiendo sobre aves y preparando mi siguiente clase para ISIL y un curso que daré en Chachapoyas sobre diversidad biológica cuando recibí un llamado divino que me hizo dejar de lado las ecorregiones del Perú, la ciencia de la conservación, las aves, los problemas ambientales y otros temas similares para comentar algo en base al momento electoral que vivimos. A estas alturas del partido —a 13 días de las Elecciones Regionales, Municipales y del inútil y estúpido Referéndum del Fonavi— me siento en la obligación ciudadana de escribir —furibundo— estas malditas líneas.

Me parecen ridículas estas campañas para retrasados mentales como “¿tu candidato habla de cambio climático?” ¿Cuántas personas saben realmente qué pasa en la Tierra y en el país al respecto? ¿Qué puede hacer una Municipalidad para frenar el calentamiento global y/o el cambio climático (que no es lo mismo)? Absolutamente nada. No podemos ni gobernarnos, ni regular el diabólico tráfico limeño y traen a colación un tema que no significa únicamente plantar arbolitos, hacer ciclovías, intentar reciclar y hablar sonseras sobre la importancia de cuidar las plantitas y los animalitos.

Nosotros, como país, podemos hacer muy poco para revertir el cambio climático que ya nos pisa los talones. Solo nos queda adaptarnos y mitigar los impactos que ya tenemos y que se agudizarán con el tiempo, tales como la escasez del agua; el aumento de la intensidad de eventos físicos y metereológicos como los huaycos, nevadas, friajes, sequías y otros; el avance de la desertificación y la salinización; la sobrepoblación y el crecimiento desordenado; las invasiones humanas; la sobrepesca y el aniquilamiento de los recursos biológicos que nos quedan; y por último la falta de educación y conciencia ambiental.

Además, pienso yo, que para sobrevivir en esta ciudad (y pronto en todas las ciudades del país) y tener una vida decente como citadino (a menos que nos vayamos “al campo”) debemos sacrificar algunos árboles; construir pasos a desnivel, un metro y ampliar pistas; regular los permisos a las putas combis; mejorar y hacer efectivas las revisiones técnicas; cambiar la matriz energética; multar y meter preso a varios de los descerebrados chóferes de combis, de taxis y de autos particulares también, así como a los peatones brutos y flojos; y finalmente buscar de verdad mejorar este infierno. Y que no me jodan las viejas (y viejos) y los tontos que claman por los arbolitos creyendo que defendiéndolos ya se ganaron el título de “ecologistas”.

Ya esta ciudad colapsó. O dejamos de crecer desordenadamente (con esto me refiero a dejar de construir edificios y de comprar autos nuevos sin antes desechar los viejos y desaparecer las chatarras, lo cual es imposible, pues siempre hay que ver la manera de “sacar alguito”) o cambiamos la estructura de este infierno que ya no da para más. Si debemos construir y meter cemento para que el tráfico sea más ligero, no hay otra. Prefiero que se tumben un árbol a que tengamos que estar una hora atrapados por la marea de autos e hijos de puta que manejan como mononeuronales.

Justo hoy estuve inmerso en una situación que describe parcialmente lo que sucede en este jodido país. Detenido en un ómnibus y esperando casi 10 minutos a que la pobre “tombita” dé la señal para cruzar la calle, varios pasajeros opinaban sobre lo que debía suceder. Uno le gritaba enfurecido al chofer que “se meta no más” que no haga caso ni de la luz, ni de la policía, otro sacaba los cálculos de cuántos minutos exactamente habían transcurrido y ensayaba una predicción del tráfico limeño, otros se mostraban resignados, otros miraban desesperados el reloj y querían bajarse, otros blasfemaban, bajaban la luna y le recordaban su madre a la mujer policía, otros escuchaban música indiferentes y otros, como yo, intentaban entender qué coño sucedía.

Así veo yo estas elecciones, hay de todo, pero todos estamos en la misma “puta combi” o micro (como dice el desfasado y dopado Bayli) atascados y viviendo nuestra realidad. Los limeños y peruanos no sabemos con exactitud cómo avanzar, a dónde vamos y cómo podemos hacer para realmente cambiar esta ratonera. ¿Por quién debemos votar? Solo sé que quien gane debe lidiar con un monstruo que cada día crece y se hace más poderoso y que está conformado por unos seres horripilantes: nosotros mismos. Preocupémonos primero de saber qué queremos y luego hablemos de cambio climático, de los arbolitos, de los animalitos y de otros temas que nos permitan participar de un té de tías que se creen astutas y modernas.

O sea que si soy partidario del estafador de Canelo o del orate del helicóptero, ¿debo preocuparme si hablan de cambio climático? ¡Las huevas! Solo me interesa que lleguen al poder para justificar la inversión (monetaria) hecha. Ya habrá algún idiota que calme los ánimos de los que se computan modernos, conocedores, progresistas y entendidos en la materia en cuestiones “verdes” (lo único verde que tienen es lo que fuman). ¿De cuándo acá somos ecologistas, medioambientalistas o nos preocupamos por el entorno? ¿Solo nos interesa el tema en tiempos de elecciones para ganarnos a unos despistados y alucinados? No pues, así no es este negocio.

Mejor regreso a las aves, a otros problemas ambientales y a las áreas naturales protegidas; a ponerme al día con mi novela y a averiguar cuándo viene Muse y Radiohead a Perú. Eso sí importa.

domingo, 5 de septiembre de 2010

DE BOSQUES QUE SE RECUPERAN Y DE DELFINES ROSADOS COMO CEBO PARA PECES

Revisando algunas noticias me doy con la sorpresa de que en Europa se informa que la tala ilegal en los bosques tropicales (dentro de ellos el amazónico) ha retrocedido. Si bien se afirma que todavía se sigue deforestando grandes extensiones de bosques, debido en parte a que los europeos aún compran madera de procedencia dudosa, se espera que esta situación cese en un futuro no muy lejano. Al parecer, a partir del 2002 la cantidad de madera ilegal extraída de los países tropicales ha disminuido casi en un 25%. La principal razón de esto son las nuevas y más estrictas leyes referidas a la obtención de madera en el viejo continente.

Así por ejemplo, en el caso de Camerún, la extracción de madera ilegal disminuyó casi en un 50%, en la parte brasileña de la selva amazónica se registra un descenso entre el 50% y 75% y en Indonesia se tiene una disminución de un 75%. Lo triste es que esta buena noticia no se debe necesariamente a lo realizado en los países tropicales, sino a los estrictos controles en Europa. Es decir, dado que los europeos sí toman cartas en el asunto, la deforestación podría disminuir en el trópico. Sin embargo, para tal fin, los países poseedores de grandes extensiones de bosques poco o nada han hecho para detener la tala ilegal.

En el 2008, empresas de Japón, Estados Unidos, Francia, del Reino Unido y de los Países Bajos le compraron a China cerca de 17 millones de metros cúbicos de madera (y de productos derivados) de procedencia ilegal. Dado el gran crecimiento que experimenta el país asiático y la mano de obra barata que tiene (además del poco control que parece existir), la madera ilegalmente extraída es transformada en muebles y otros accesorios para ser exportados. Uno de los “mejores” mercados para este negocio es el europeo. No obstante, al parecer, dicha situación terminará pronto.

El Parlamento de la Unión Europea ha prohibido la compra de madera de procedencia ilegal a partir del año 2012. Las empresas que comercialicen estos productos deben demostrar que la madera que utilizan proviene de bosques manejados y tienen un origen legal. En Estados Unidos existe algo similar. Los “gringos” tienen una ley conocida como “Lacey Act” que busca que solo ingrese y se utilice madera certificada en su país.

Lo que me llama la atención es que estas medidas adoptadas por los países “billetones” pueden reducir efectivamente la tala ilegal de bosques tropicales, pero esto es solo una parte de la solución. En nuestro caso, no solo se tala para extraer especies maderables, sino para generar espacios destinados a actividades agrícolas y ganaderas sin ningún tipo de planificación ni ordenamiento del territorio. Y esto no solo es hecho por pobladores colonos (y nativos) en busca de ingresos económicos para subsistir, sino por grandes grupos económicos.

Es innegable que los bosques tropicales —y en mayor grado, la gran llanura amazónica por su gran extensión— son grandes “absorbedores” de CO2; pero no solamente por eso son importantes (los océanos al parecer absorben mayores cantidades de este gas), sino por su papel fundamental en el clima mundial ¡y en especial, el clima local! Lo vemos ya con lo que viene sucediendo en nuestro país. La disminución de las lluvias en la selva se debe a cambios climáticos producto, en parte, por la menor captación de humedad por las grandes masas forestales.

No podemos estar desatentos de esta situación. Proteger nuestros bosques no solo traerá una mayor disminución de CO2, sino permitirá que todo ese complejo sistema climático que nos bendice y beneficia (en condiciones normales) se mantenga. No limitemos nuestro pensamiento a que nuestros bosques son los “pulmones del mundo”. Su permanencia permite que se dé la evotranspiración, la cual evita que la temperatura aumente y que se produzca incendios en los bosques remanentes.

Además, claro está, estos espacios albergan una diversidad biológica muy alta y única. Como país no podemos hacer mucho frente al calentamiento global, pero sí podemos y debemos reorientar nuestro accionar a mitigar los impactos innegables —en su mayoría, negativos— del cambio climático originado por la situación actual del planeta.

Los delfines amazónicos como sebo y carnada

Con mucho repudio fuimos testigos hace ya varias semanas del vil asesinato de ejemplares del delfín amazónico o rosado (Inia geoffrensis). Estos simpáticos mamíferos están severamente amenazados debido a que son asesinados para convertirlos en sebo y carnada. Si no se detiene esta situación, su existencia pende de un hilo (de pescar). La mayor especie de delfín de río del mundo —con 2.5 metros y cerca de 180 kilos en promedio— tiene una carne grasosa y eso es parte de su maldición. ¿Por qué? Porque al bagre conocido como “Piracatinga” (Calophysus macropterus) le gusta, justamente, la carne con bastante grasa. Y a su vez, a los seres humanos les encanta este pez de 40 centímetros originario de las cuencas del Amazonas y del Orinoco.

Y cuando hablo de seres humanos me refiero en este caso a comensales colombianos que se deleitan con este bagre también conocido como pez gato. Esto ha ocasionado que la exportación del Piracatinga de Brasil a Colombia se haya triplicado en los últimos tres años. Al parecer, o nuestros compatriotas “ya la vieron” y se están animando a capturar estos peces para venderlos o simplemente nos están invadiendo pescadores brasileros en busca de poblaciones de delfines en buen estado de conservación. Estos mamíferos son presa fácil, pues (aún) toleran la presencia humana, ya que en nuestros territorios todavía no son cazados (por lo menos eso es lo que se sabe).

Los delfines son curiosos y se acercan cuando ven a los humanos navegar por los ríos. Esta es otra la otra parte de su maldición ya que cada vez hay más pescadores inescrupulosos que se confunden entre los navegantes para matarlos. Según la científica Vera da Silva del Instituto Nacional de Pesquisas da Amazonía (INPA) del Brasil, la caza de este mamífero para convertirse en cebo es la principal causa de su casi extinción. Da Silva estudia al delfín hace 17 años por encargo del Gobierno brasileño y anota que su población disminuye anualmente.

Si bien el problema ya ha sido identificado claramente en el país vecino (al parecer, muy al contrario de lo que tenemos acá), se ha hecho poco para detener esta matanza. Para Andrey Silva del Instituto Brasileiro do Meio Ambiente e dos Recursos Naturais Renováveis (Ibama), las prioridades actuales del Gobierno brasilero recaen en detener la deforestación de la selva amazónica. Otro de los problemas con respecto al delfín es que no se tiene mucha información sobre la especie.

Según la Unión Internacional para la Conservación de la Natural (UICN), el delfín rosado fue clasificado el 2008 en la lista roja de especies amenazadas como en estado DD, es decir, con datos insuficientes. En nuestro caso, en el Decreto Supremo N° 034 del año 2004 que aprueba las categorías de amenaza de las especies de flora y fauna del Perú (utilizando como base los criterios de la UICN), el delfín rosado no aparece en la lista de las 301 especies de aves, mamíferos, reptiles y anfibios amenazados en el país según el Estado peruano. Se podría asumir que en nuestro país estos mamíferos están aún a salvo, pero no nos confiemos.

Es posible que estemos frente a una disminución de las poblaciones de delfines solo que esta no es percibida ni existe un registro exacto sobre su magnitud e implicancia. Dicha situación se da porque no sabemos con claridad qué ni cuánto tenemos. Además, como no nos afecta por ahora, ¿a quién le importa? No obstante, podemos echarles la culpa a los comensales colombianos y a los pescadores brasileros, sin embargo, nosotros no quedamos bien librados de esto, pues si no tomamos cartas en el asunto y no nos informamos al respecto para detener una “muerte avisada”, estaremos avalando otra desgracia.

miércoles, 25 de agosto de 2010

EDUCAR PARA SUPERARNOS Y ALCANZAR UN BIENESTAR

Una de las formas de superarnos es mejorando la educación en todos los aspectos. Uno de estos aspectos es el ambiental.

Todos los días escuchamos por doquier que el Perú es un país con grandes posibilidades y que es más grande que sus problemas. Asimismo, en la época de las celebraciones por un año más de nuestra independencia, salen a la luz los sentimientos nacionalistas, las arengas por defender nuestro patrimonio, nuestra cultura, el cajón criollo, la lúcuma, el pisco, el suspiro a la limeña, el cebiche y todos los productos peruanos. Yo amo a mi país. Pero para propalar ese estribillo hay que demostrarlo. De nada sirve ponerse el ya tan conocido polo rojo que hiciera tan popular un antiguo jugador de fútbol local, si no lo demostramos, si no lo vivimos y si no transmitimos nuestros verdaderos valores y conocimientos a las generaciones que vienen.

Es vergonzoso reconocer que existen muchos casos en que personas de otros países conocen más de nuestro propio país que nosotros mismos. Si esto es así, entonces qué estamos recibiendo en los innumerables años que pueda durar nuestra educación. Ya no me remito a la educación primaria y secundaria, sino, me refiero también a la educación universitaria. Existen varios puntos que he de mencionar a lo largo del texto (y que seguramente no son todos los necesarios), los cuales deberían hacernos reflexionar sobre nuestras actitudes.

Me voy a remitir a observar puntos que tienen que ver con el medio ambiente y la ecología. En este aspecto nos encontramos aún en un proceso muy lento de desarrollo, pese a los innumerables esfuerzos que existen en el Perú por fortalecer un manejo racional, sostenible y sustentable de los recursos naturales, así como por incentivar una educación que tome en cuenta el tema medioambiental. Empezaré por un ejemplo citadino, con el fin de analizar ciertas conductas que lamentablemente desembocan en un comportamiento poco amigable con el medio ambiente.

Imaginémonos, que estamos en una de esas combis asesinas haciendo la ruta “todo Javier Prado”. Veamos dos situaciones y tratemos de entenderlas. Mientras viajamos contemplando la vertiginosa embestida de autos y combis de la ciudad, vemos que el chofer, una vez terminada su “bolsa de galletas” y con la mayor naturalidad, del mundo, tira por la ventana la basura. Ante la llamada de atención que uno le hace, se molesta y le dice que “está trabajando”.

No contento con eso, el chofer utiliza a diestra y siniestra el claxon creyendo que por tocarlo repetidas veces, el endemoniado tráfico limeño va a descongestionarse y él va a “poder seguir trabajando” tranquilamente.

¿Cómo explicar estas conductas? En el primer punto, se debe recalcar que lamentablemente muchas personas hacen lo mismo, es decir, no es una conducta exclusiva de los chóferes. Ensuciar la ciudad es un síntoma de la carencia de explicaciones convincentes que agudicen un racionamiento, que induzca a la gente a mantener limpio su entorno. No se puede afirmar necesariamente que es una falta de educación de las personas, pues es muy probable que sí la hayan recibido, sino, es la falta de una visión global de los problemas de la sociedad (no importa ensuciar lo que no es nuestro). Así también, es una falta de respeto a los demás.

En el segundo caso, la vorágine de la ciudad, la falta de criterio y las débiles leyes del Perú, permiten y facilitan que un alto número de impresentables irrumpa en las calles y nos dejen casi sordos. ¡Pobres los transeúntes, que osan cruzarse en el camino de los apurados chóferes limeños! Este hecho significa también un acto de contaminación y tiene consecuencias negativas en los seres humanos. Estas conductas deben ser combatidas y erradicadas. Nuestra sociedad es un engranaje sumamente complejo, compuesto por muchas partes que entre ellas interactúan y mueven una pesada maquinaria.

Este engranaje busca, en algunos casos, solo sobrevivir y hacer más llevadera la existencia, en otros solo busca mantenerse en un status cómodo y seguro.

Esta breve descripción de nuestra situación nos ubica en un sistema más complejo que abarca la asociación del objeto en cuestión, en este caso, la educación ambiental en la sociedad peruana con el entorno. Asimismo, es sumamente necesario vincular esta educación con quien la observa y analiza. Para tal fin existen algunas premisas. Debemos identificar si el sistema que estamos analizando está organizado.

El elemento que tal vez parezca simple, deja de ser simple a través de una atomización en su estructura y pasa a ser un elemento compuesto con muchas aristas que abarcan varias cualidades de la sociedad. Si tomamos como referencia el modelo sustentado por Edgar Morin, se puede afirmar que nuestra sociedad es compleja. A esta afirmación, se le debe agregar el término “complicado”. Según este autor, ambos términos no son lo mismo. Lo complicado surge de una inconmensurabilidad que desvirtúa la percepción y que introduce elementos que impiden un andar organizado de un sistema.

En el caso de un sistema complejo —como el nuestro— estamos hablando de fenómenos sociales y de los principios que los rigen. Para hablar de complejidad, debemos partir de que este tipo de pensamiento trata de unir los conocimientos e hilvanar todo lo aprendido para fines comunes que lleven al hombre a su estabilidad emocional y social, como se verá líneas más adelante. En este esquema, la educación cumple un papel primordial y la educación ambiental también, pues debemos asegurar un factor primordial para nuestro bienestar: el medio ambiente que nos alberga y nos albergará todos los años que estemos sobre este planeta.

La educación no solo es para los que van al colegio

La educación ambiental no es solo para niños y jóvenes, es también para adultos y significa un proceso constante de aprendizaje. Para beneplácito de muchos, es fortaleciente percibir que los niños de ahora ya traen consigo algunas normas mínimas de conducta ambiental. Los que más ensucian son los adultos. El tema ambiental va cogiendo forma, pero falta aún mucho por hacer.

Si bien se puede afirmar que la “agenda verde” está de moda, más que todo debido al inminente calentamiento global y a las amenazas a nivel mundial contra el medio ambiente, es interesante observar cómo este tema va calando poco a poco y con más ahínco en los niños. Esta es una buena noticia, pues son ellos los que van a tomar “la posta”. La educación debe mejorar en todos los aspectos y en el aspecto ambiental mucho más.

Una reforma de la educación es imprescindible en todos los niveles. Si bien se debe incidir en los más chicos, los adultos no se deben salvar. Esta situación se fundamenta por la sencilla razón de que es en el seno de la familia donde se funden, en una amalgama de conocimientos, los principios con los que las futuras generaciones salen a lidiar y formar su destino. La educación es importante en la casa, ahí nace y ahí se consolida.

El problema del agua

Parte de la educación ambiental es el racionamiento de los recursos (siempre y cuando los haya) y el buen uso. ¿Qué podemos pensar si vemos que en época de escasez algunos ciudadanos salen a regar su jardín derrochando el agua?, ¿Cómo explicar que mientras unos padecen la falta de agua, otros la desperdician sin ningún remordimiento? Estas conductas pueden ser evitadas, justamente si el propio individuo toma conciencia de la situación real que estamos atravesando.

La única manera de fomentar un uso racional es educando al respecto y esta educación implica explicar de dónde proviene el agua que utilizamos, las causas y consecuencias de la posible crisis de este elemento básico y su implicancia en todas nuestras actividades. Sin llegar a ser tremendistas, en este caso se debe educar sobre lo que le espera a la humanidad (sequías, avance del desierto, conflictos sociales, etc.)

Esta última percepción también forma parte de un sistema complejo de conocimiento que apunta a poder concebir y abordar lo fundamental, aquello que aparece ante nosotros de diversas maneras que implican confrontaciones entre los distintos actores y de donde surgen una serie de incertidumbres y contrastes.

Si bien el tema del agua puede tener algunos aspectos políticos y económicos de alcance nacional que tal vez sean ajenos al ciudadano común y corriente, es necesario acercar dichos temas a todos. El pensamiento complejo asume estos problemas como coyunturas especiales determinadas por múltiples factores, pero que no corresponden a situaciones lejanas y singulares.

El tema de la educación para superar estas coyunturas y procesos que involucra a todos, debe suponer que se asuman los verdaderos principios de un conocimiento pertinente y certero de la condición humana, como primer eje y de ahí, de la condición del humano como un todo a nivel planetario. La educación ambiental es uno de los pilares de esta enseñanza de la comprensión y de la ética del ser humano.

Conocer para aplicar

Según Morin, se debe iniciar una reforma del pensamiento. Definitivamente, esta reforma no debe escapar a reformular varios conceptos referentes a la educación en temas ambientales. Según este autor, esta reorganización ya no se enfoca necesariamente en el acto de enseñar, ni en las metodologías de la enseñanza (este es un tema para los educadores, y si hay mejoras técnicas de educación, bienvenidas sean), sino en reorganizar los males del sistema actual que conllevan a una crisis de valores.

Un caso típico y muy tratado por Morin es el que se refiere a las diferentes disciplinas y tópicos que se enseña. Estos conocimientos deben estar interrelacionados. Debe haber una conexión lógica y secuencial entre lo que se enseña y la realidad. De qué sirve enseñar la estructura de todos los seres vivos y sus diferentes funciones, así como la composición química de la materia o las principales teorías económicas, sino hay ninguna relación entre estos temas.

Estas diferentes enseñanzas no aseguran un conocimiento integral, y por ser nuestra sociedad, una sociedad compleja, es necesario reestructurar varios aspectos de la educación. Se debe poner énfasis en problemas centrales, en aquellos que sean realmente prioritarios para asegurar una mejora en la calidad de vida de la población. Nuestra sociedad se ha vuelto totalmente egoísta. Cada uno vela por su “propio negocio”, es decir cada uno se “asegura” de su propio destino. Las ganancias o beneficios a corto plazo son los más buscados o explotados, sin mirar para adelante. En el Perú, la visión de un plan a largo plazo no es tomada en cuenta.

Si apreciamos por ejemplo que la gente “lava” oro en los ríos para obtener un poco de ganancia o que tala los algarrobos que quedan en el norte para obtener alguna ganancia, se trata de justificar dichas actividades argumentando que estas generan fuentes de ingreso, pero, ¿a qué precio? ¿Es sostenible dicha actividad? Podrá ser sustentable en un muy corto plazo, pero de ninguna manera sostenible en el tiempo. Para afirmar esto hay que saberlo y para saberlo hay que aprenderlo, alguien te lo tiene que decir. No obstante, también estamos obligados a dar opciones pues la gente actúa a veces por hambre y por sobrevivir.

¿Cómo saber y entender estos temas? Deberíamos entenderlo a través de la educación que uno recibe en la casa y en la escuela, y por qué no, en las aulas universitarias. Las ganas de llevarse algo a la boca incitan a dicha conducta y esa conducta es muchas veces la que nos lleva a alterar e intervenir el medio ambiente sin una visión más amplia.

El mundo en que vivimos: una visión según Martha Nussbaum

Nuestro mundo alberga muchas culturas, religiones, tradiciones y diversas imaginaciones que tienen para cada uno un valor determinado. Respetar esta característica es esencial y más aún en nuestra sociedad minada por un racismo clasista. Una sociedad que se respeta a sí misma, puede avanzar en armonía con el medio ambiente.

Las diversas cualidades para una vida con calidad propuestas por esta filosofa estadounidense, tales como las experiencias universales enraizadas en el cuerpo (necesidad de alimentos y bebidas, del techo y el abrigo, el deseo sexual y el placer, entre otros), así como un razonamiento práctico, la afiliación con otros seres humanos, el humor y otros están en un nivel alto y general. Esto sin embargo, no impide a que un individuo anhele y alcance estas virtudes. La diferencia de tradiciones y cultura tampoco es ni debería ser impedimento.

Según el pensamiento de Aristóteles, las políticas del Estado deberían hacer posible estas cualidades. El Estado no debería obligar al ciudadano a cumplir estas virtudes, sino debería facilitar alcanzar una calidad de vida mejor. Para tal fin, la armonía con el medio ambiente es de vital importancia. Así también, deben ser respetadas las creencias y tradiciones locales. Un aspecto fundamental que hay que agregar es el de la salud. Un tema que también tiene mucho que ver con el medio ambiente.

En resumen y rescatando los principales fundamentos de Morin y Nussbaum, debemos intentar alcanzar un nivel de vida mucho mejor en donde se alcancen los principios de una calidad de vida mejor que las actuales. Esto solo puede ser logrado, entre otros tomando como uno de los pilares de este cambio a la educación y según lo sostengo en este texto, la educación ambiental.

Esta educación no significa enseñar sobre las plantitas y animalitos que tenemos, ni como tener un huerto para cultivas productos orgánicos. Implica mucho más, implica asumir una actitud a buscar un nivel de vida más humano en el único medio ambiente que poseemos.

Entender el entorno nuestro como un sistema complejo y no aislado, es también una de las premisas para este cambio. Debemos buscar entrelazar los conocimientos, no separarlos ni hacerlos terriblemente teóricos e inalcanzables. Se debe asumir los principios del conocimiento pertinentes, es decir enseñar los métodos que permitan aprehender las relaciones sociales y las influencias reciprocas entre las partes y el todo de este sistema peruano complejo. Se debe incidir en una actitud mental capaz de abordar problemas y situaciones globales y llevarlas al contexto local para establecer lineamientos de acción. El caso del calentamiento global o la escasez del agua son problemas mundiales, hay que hacerlos “aterrizar” a nuestra realidad sin perder la vista de la problemática mundial.

Enseñar sobre la condición humana y sobre las virtudes que debemos cultivar debe ser el objeto esencial del sistema de educación en el Perú. Asumiendo que muchos conocimientos están dispersos y repartidos en varias ciencias. La educación debe permitir conocer estas ciencias dispersas pero llevándolas a un plano completo y unificándolas en el ser humano.

La educación ambiental debe hacernos más humanos y coherentes en nuestra interrelación con nuestro hábitat. Solo así podemos desarrollar nuestras verdaderas cualidades y aseguraremos una armonía que nos conduzca a ser más humanos. Solo un ser humano pude denominarse como tal si es que puede desarrollar sus capacidades, vence sus limitaciones y suple sus necesidades.

Regresando al primer párrafo, la búsqueda de nuestra verdadera identidad debe asumir una educación global pero sin perder de vista lo nuestro. Solo conociendo nuestra cultura a cabalidad, podemos protegerla y aprender de lo foráneo para cumplir con esta importante tarea.

Diciembre 2005

viernes, 13 de agosto de 2010

¡LOS PERUANOS LE METIERON LA YUCA A MIS ANTEPASADOS!

Acabo de regresar a Alemania. Mi nombre es Georg von Hessen y mis antepasados fueron colonos alemanes que se fueron a Perú a poblar la selva central por una invitación del Gobierno peruano. Estuve en Oxapama y en Pozuzo, dos ciudades muy bonitas, pero que parecen detenidas en el tiempo (tal vez por eso me gustaron). Tengo familiares en Pozuzo (en la parte de Prusia) con los cuales no logro tener un contacto muy estrecho por más que se supone, son de mi sangre (bueno, no se supone, ¡tienen mi sangre! pero finalmente ¿eso qué significa?, no lo sé, ni me interesa). Me gusta visitarlos (lo he hecho ya dos veces) y veo que cada vez la situación está mejor en el Perú, sin embargo, esta vez me he llevado un sabor amargo. Y es que creo que aún tienen mucho por hacer y me parece que avanzan a paso lento.

No puedo continuar estas líneas sin mencionar la bronca que aún me da (por más que trato de ocultarla) que se les haya prometido una carretera a los valerosos colonos austro-alemanes que sufrieron bastante para llegar a esas tierras casi paradisíacas y que los hayan estafado con eso. El Gobierno Peruano les prometió a mis antepasados construir una carretera que conectaría a diversas ciudades en la zona para facilitar el comercio y el acceso, pero hasta ahora no han hecho nada o lo que han hecho es solo una parte. Como dicen los peruanos, les “metieron la rata” a los europeos.

El Presidente Castilla los embaucó. Eso creo, pero ya casi nadie habla sobre dicho incidente, por lo menos así lo veo yo. No sé si es mejor así, pero igual me da cólera. Estos peruanos son unos pendencieros e improvisados. Les cuento la historia de manera breve. El 5 de diciembre de 1855 el Perú y Alemania hicieron un pacto para reunir, en un periodo de 6 años, a 10 000 inmigrantes alemanes (católicos, resistentes y convencidos de encontrar un mejor futuro) que se instalen en la selva central peruana, específicamente en los ríos Pozuzo, Palcazu y Mairo.

En el año 1857 llegó al Callao el primer grupo de 300 colonos. De ellos, 180 eran del Tirol en Austria y los restantes 120 eran alemanes de Renania (de donde provengo yo y mi familia). Desde el primer puerto peruano (donde estuvieron unos días retenidos en el barco en cuarentena) iniciaron su recorrido hasta Acobamba donde tuvieron que establecerse inicialmente porque el camino prometido a Pozuzo no existía. Ellos mismos tuvieron que hacer esa vía de comunicación hasta llegar a su destino final. ¡Qué injusto! Pero claro, a esas alturas del partido era impensable pensar en un regreso.

En el año 1858 iniciaron la construcción del camino y ya en 1859 se fueron trasladando a los territorios bañados por el río Huancabamba. Así, ese mismo año, 176 personas se instalaron finalmente en lo que hoy es Pozuzo. Pese a que el proyecto fue un fracaso, en el año 1868 llegó otro grupo de 320 inmigrantes, de los cuales 300 eran del Tirol y 20 de Bavaria. Ya para ese entonces, por lo menos ya había algo construido. Según me cuentan, muchos sucumbieron ante estos territorios inhóspitos (pero hermosos). Claro, se podría pensar que la “civilización” ya debería estar instalada en Oxapampa y Pozuzo, pero no es así aún no lo está del todo.

Tierra de ensueño y de polvo

Me encanta el Perú y creo que tienen una de las mejores tierras de este maldito planeta pero lo que no me gusta mucho es que existen muchos peruanos que no saben lo que tienen. Yo como extranjero estoy, creo, en facultad de afirmar que ustedes mismos son los que se ponen piedras en el camino y no quieren salir adelante. No puede ser que con tanta diversidad sigan con algunos problemas que los llevan a cometer locuras. Por ejemplo, para nombrar un par de cosas, ¿Cómo entender que Oxapampa sea una ciudad llena de polvo (sobre todo en época seca) porque menos del 5% de sus calles están asfaltadas? Es cierto que la zona se vio estancada varios años por el terrorismo pero creo que no se ha pisado el acelerador para salir adelante.

Es cierto además que todo ha cambiado y mejorado desde esa fatídica década de los 80, pero si no se toman medidas drásticas, como por ejemplo proteger los bosques que aún sobreviven en la zona, el futuro puede ser incierto pues ya se sienten algunos efectos en el clima por tener grandes extensiones deforestadas. La provincia de Oxapampa es un paraíso, por lo menos para mí. Pero me preocupa también que ante un crecimiento demográfico imparable se eche a perder la riqueza de flora y fauna; y también que se creen conflictos con las comunidades nativas.

En las fiestas patrias de Perú pude ver como Oxapampa no se daba abasto para atender a todos los turistas que estábamos allí. Siendo un destino turístico interesante, al parecer no abren los ojos sobre el enorme potencial que tienen (y más ahora que la UNESCO reconoció a la Reserva de Biosfera Oxapampa – Ashaninka – Yanesha) para hacer de esos territorios un importante eje de desarrollo. Todo esto debe ir de la mano de una visión ordenada del manejo del territorio.

En Alemania existen muchos colegas que quieren visitar el Perú y seguramente pronto lo estarán haciendo (ahora más que nunca cuando les muestre las fotos que he tomado). Espero que sigan avanzando para mejorar. Me dicen que se vienen las elecciones de los alcaldes. Ojalá estos señores y hagan algo. Sé por amigos que en muchos casos, el problema no es la falta de presupuesto, sino la ejecución de los gastos (sé algo de eso porque soy economista).

Bueno, espero que todo salga bien en la provincia de Oxapampa (y en todo el Perú). Yo me voy contento por visitar un lugar tan bonito, pero un poquito preocupado. Tal vez los peruanos no gusten de mis opiniones, pero yo creo que los únicos que pueden rebatir lo que veo son ellos mismos a través de lo que hagan. No hay resentimiento por lo que pasó con mis antepasados, pero sí una pequeña reflexión porque no creo conveniente que se siga jugando con la gente y menos aún ahora que se vienen tiempos difíciles con los efectos del calentamiento global y con la promesa de sacar a la región con obras inútiles que no contemplen un cuidado del medio ambiente, que no involucren a todos los actores y que repitan los errores del pasado.

martes, 3 de agosto de 2010

LA COSMOVISIÓN DEL PERUANO: ¿EXISTE EL HOMO PERUVIANUS COMPLEJO?

Ante la pregunta si la evolución es lineal y constante en el caso de los humanos; la respuesta es NO. Si nos preguntamos; si el peruano es complejo, la respuesta es SÍ. La evolución del hombre es un proceso que puede tomar varias aristas; y si bien, es irremediable y común para todos los seres humanos, existen algunos casos, en los que la evolución se convierte en un proceso particular y único. En el caso del ciudadano peruano, y en especial del peruano común y corriente de clase media o emergente (o también decadente), al parecer, la evolución se confunde con un proceso de adaptación a condiciones especiales que parecen frenar este proceso inevitable.

Si el hombre evoluciona (hacia dónde, no es motivo de este ensayo, pero no deja de preocuparnos encontrar una respuesta que nos deje tranquilos), el peruano parece querer saltear este incomodo proceso y desea solo sobrevivir y tener cómo llegar al fin de semana y cómo olvidarse de sus problemas. ¡Qué se encarguen otros de evolucionar!, el peruano está muy ocupado en sus menesteres y en sus peripecias para “hacerla” y tratar de llevar la fiesta en paz.

Después de vivir diez años en Europa, precisamente en Alemania, siempre hubo una frase que me explicaba, y me sigue explicando, el estado emocional, psicológico, monetario y hasta anímico de mis queridos compatriotas. Ante la pregunta: ¿Cómo estas? obtenía muchas veces al unísono: “jodido pero contento”. Estas tres palabras sustentan, a mi parecer, una cosmovisión que escapa muchas veces a la verdadera realidad del país, pero que a su vez explica claramente lo que sucede en nuestra sociedad.

Más que una evolución, lo que ocurre en el país es un proceso de humanización disparejo, incontrolable y sin rumbo fijo que sustenta el día a día a como de lugar. El peruano puede estar “misio”, sin trabajo, con varias preocupaciones, pero siempre está contento, siempre hay algo para festejar, para olvidarse de los problemas, o incluso, siempre hay algo para discutir, sin entender necesariamente de que se trata. Esta manera de afrontar la vida crea diversos mecanismos de supervivencia que motivan un análisis más profundo. Empecemos a entender, en primer lugar, qué significa estar jodido pero contento, pues no es tan fácil como parece.

El peruano asume su condición y su destino como venga o como tenga que venir. Los problemas hay que evitarlos o esperar quizá al día siguiente para contar con la mejor estrategia para combatirlos. También es común esperar que desaparezcan invocando quizás algún favor divino. Siempre hay alguna manera de esquivar la dura realidad. El peruano sabe siempre (o casi siempre) cómo evitar que los problemas le impidan continuar con lo que viene haciendo. ¿Cómo explicar esta situación? la explicación, al parecer, radica y procede de una sociedad que se encuentra permanentemente en cambio y que lucha contra varios esquemas fijos y férreos que la impiden desenvolverse con mayor libertad.

La complejidad del peruano es más compleja de lo que parece

Para Morin, el hombre vive y reflexiona sobre lo que hubo, hay, habrá y lo que podía haber, lo que debería haber y lo que habría que impedir. En esto, el peruano es experto, pues gran parte de la visión de la vida se basa en el pasado, desde el aspecto futbolístico, hasta la memoria permanente de los seres queridos siempre imperturbables y presentes en todos los actos. La remembranza del pasado juega un papel muy importante, pues su simple recuerdo y evocación constante, forman una sólida base para justificar muchos actos del presente.

Para el peruano existen diversos aspectos que comprueban que todo lo pasado fue mejor. Desde las reuniones en el “barrio” hasta las épocas quizá de bonanza y bienestar. Todo ese pasado rico y digno de tenerlo siempre presente es para otros, un motivo para olvidar. El pasado recalca en la mente como una acumulación de experiencias que pueden ser útiles para salir adelante a como de lugar, pero claro, sin descuidar el presente. La realidad es un campo muy difícil en el que se mueve desesperadamente a veces sin saber a dónde se dirige, pero es a la vez tan familiar y amigable en ciertos aspectos, que vale la pena seguir afrontándola. Ya vendrán tiempos mejores.

El futuro, en la visión del peruano, parece, en determinadas ocasiones, no ocupar un lugar muy importante. Las perspectivas para lo que “pueda venir” son a veces ajenas a toda planificación. Ejemplos de esta manera de “tomar” la vida los tenemos —y de manera muy clara— en el deporte y en algunos círculos del espectáculo (pero también en el peruano promedio). Una vez que se obtiene el éxito y con ello algunos ingresos económicos considerables, solo se asegura el presente (comprarse un carro, mudarse a un barrio “más decente” y comprarle la casa a la mamá), sin pensar en una inversión a largo plazo.

El peruano no tiene reparo en reclamarle a la vida, al futuro, o al destino lo que debería venir para estar feliz y contento y asegurar el porvenir de los suyos. Está seguro de lo que debería haber y está convencido que los demás son los culpables. Asume también que los migrantes son los que ocasionan el caos (como el tráfico), así como que el clima, los políticos, el vecino y hasta algunos familiares son los causantes del desorden. Uno mismo no es culpable, siempre son los otros.

Lo que se debería impedir o evitar está también presente en el esquema mental del peruano, pero al parecer solo de manera tangencial. Pensar en el futuro es angustiarse, es crear más problemas de los que se tiene y no permite disfrutar del momento. Asimismo, no permite estar “jodidos” pero contentos. El futuro es a veces un aspecto que no desea afrontar y del cual se desea estar lejos. Evolucionar no significa asumir lo que deba venir. Es algo inevitable, pero para entenderlo de esa manera hace falta en primer lugar entender qué es lo que realmente está sucediendo.

La multidimensionalidad como herramienta para sobrevivir

Continuando con Morin, el pensamiento complejo debe respetar la multidimensionalidad de los seres y de las cosas. Del mismo modo, esta manera de pensar, obliga a trabajar y desenvolverse en ciertos aspectos con la incertidumbre si lo que uno hace es racional o no lo es. En ciertos casos, el límite entre lo racional y lo irracional es tan claro que no cabe la menor duda, pero a veces, ese límite es tan frágil y a veces tan imperceptible que sus fronteras parecen confundirse, tanto así que lo racional linda con lo irracional de una manera casi imperceptible. Esta situación a su vez empieza a hacerse tan cotidiana y común que ya forma parte de nuestra cultura.

Para intentar explicar lo anterior, las siguientes dos situaciones que paso a relatar ofrecen una aproximación a estos temas. Así, en el concurrido Jirón de la Unión del megadiverso centro de Lima, fui testigo de una escena que me dejó pensando varios días y que me ha hecho buscar explicaciones que siempre han desembocado en la “viveza criolla” y en las ganas inmediatas y urgentes de sobrevivir.

En una tienda de artefactos eléctricos que exhibía distintos televisores —desde los más pequeños hasta los más grandes y sofisticados— encontré a astutas personas que alquilaban un control remoto al otro lado de la tienda, (es decir, en plena calle) para que el transeúnte —apurado y ansioso de un poco de relajo— pueda ver en los televisores de la tienda, los programas de su preferencia. ¿Cuánto te cuesta, cuánto te vale? Un sol o una “quina” (o sea medio sol). Todo depende del tiempo que disponga el cliente para tan relajador y necesario ejercicio.

Esta escena parece haber sido tomada de uno de los libros que, con mucho recelo, guardaba el Profesor Kien en su preciada biblioteca (1). Algo fuera de este mundo, pero tan real, que se confunde en el variado mosaico que es nuestra sociedad. El “cliente” hace uso de “su” control remoto y dispone de la programación del cable para saciar su apetito de información, cultura o simplemente para ver lo que se le antoje sin que nadie le diga nada.

Para explicar esta situación solo hace falta unir dos palabras: las ganas y la necesidad. Lo que para muchos es tan normal y cercano a un encuentro con camaleones acercándose a escuchar un concierto en piano (2) en uno de los epicentros del país, como lo es nuestra capital, esta es una escena más del complejo mundo de la sobrevivencia y de la astucia. Dicha situación solo es posible que se origine y que provenga de la necesidad y del constante combate entre las ganas de llevarse algo a la boca y la de saciar necesidades “normales” siempre y cuando se disponga de tiempo y de unos soles.

El otro caso que roza con la irracionalidad (e irresponsabilidad) del accionar del peruano y con la proeza de un acelerado e imparable afán por salir del paso de la responsabilidad, es el siguiente: en uno de esos “micros” grandes y antiguos, con la palanca de cambios casi atrás del chofer, tomé asiento al costado del chofer y al poco tiempo de haber entrado en vigencia la obligación de utilizar el cinturón de seguridad (para lo cual, por supuesto, muy pocos automóviles particulares, y menos aún el transporte público estaban acondicionados), puse atención en el chofer. Después de algunos minutos de viaje me quedé perplejo. El conductor manejaba de lo más relajado con un polo blanco que tenía estampado un cinturón de seguridad de manera diagonal en el mismo. Lo más probable es que el distinguido chofer no haya tenido tiempo para acondicionar (o en el mejor de los casos, reparar) ese desconocido implemento que se llama cinturón de seguridad. Ese cuadro linda con lo demencial, lo irreverente y con la astucia (no hay que negarlo) de la increíble viveza criolla.

Pero como hay que trabajar y cumplir con las obligaciones, una “simple” ordenanza no puede impedir que el chofer trabaje y maneje más de doce horas diarias. Para eso están los “cerebros” del país. Ellos confeccionan una prenda con cinturón de seguridad incorporado para así esquivar las exigencias de la ley momentáneamente hasta recibir la primera multa. De lejos parece que el responsable conductor cumple con la ley. Grave error. No se debe ser racional. No es la incertidumbre la que nos persigue, es la necesidad de justificar lo irracional para seguir adelante y burlar la ley hasta que sea posible.

Regresando a la premisa de “jodido pero contento” es necesario explicar algunos aspectos de la mentalidad del peruano. Siempre existe un motivo para desconfiar de lo que se recibe. Es muy común observar en nuestro entorno, como las cosas que a veces son impensables en otras sociedades, acá en nuestro medio son normales. Recuerdo perfectamente una escena que es antagónica a las anteriormente expuestas que suceden en nuestro país, pero que explica otros parámetros de conducta y que ofrece una visión distinta de lo que puede suceder en otra sociedad. De estas comparaciones surge la necesidad de hallar un elemento racional que proporcione explicaciones a la conducta humana, las cuales pueden ser encontradas en la formación cultural.

Un domingo en la mañana iba en un bus en Alemania en pleno centro de la ciudad. De repente, uno de los pasajeros del bus, se bajó en un paradero y como el semáforo estaba en rojo, el bus se mantuvo detenido unos minutos. El hombre, apenas bajó, se fue al árbol más cercano a unos metros y empezó a miccionar. Yo me quedé asombrado pues era la primera vez en mi vida que veía a un alemán (en Alemania) “ir al baño” en plena vía publica. Algunos pasajeros en el bus empezaron a aplaudir festejando ese acto heroico, inaudito y poco común. El hombre rompió esquemas y quebró un orden establecido.

Acá, eso es lamentablemente lo normal y forma parte de la escena cotidiana. Por qué asumir que eso debe ser así. No es parte de nuestra idiosincrasia, sino, es parte del mecanismo complejo de la relación entre la comodidad, la falta de recursos y la falta de cultura. La mente del peruano parece estar hecha para sortear problemas sin medir las consecuencias. En un sistema como el nuestro, las explicaciones a estas conductas recaen en dos aspectos fundamentales: la educación y el subdesarrollo.

La educación como herramienta de desarrollo

Morin propone una reforma del pensamiento y sostiene que la educación tiene que ser reorganizada totalmente. Esta reorganización no está referida al acto de enseñar, sino a la lucha contra los defectos del sistema. Por ejemplo, la enseñanza de disciplinas separadas y sin ninguna intercomunicación produce una fragmentación y una dispersión que nos impide ver cosas cada vez más importantes en el mundo.

La conducta del peruano en situaciones adversas que lo obliga a tomar todo de una manera poco responsable proviene de la educación que ha recibido. Asimismo, las diferentes maneras de comportarse tienen un origen común en la educación y en los valores que se recibe en el hogar. El complejo andamiaje de las relaciones en la sociedad peruana no es punto de estudio en este caso, pero definitivamente este influye en el comportamiento de las personas. Por un lado es el sistema el que falla, pero por el otro, es la persona en sí, la que adquiere ciertos hábitos y costumbres que inducen a un comportamiento que no necesariamente puede ser el más racional.

Morin expone la complejidad como una aventura y como el estado de alerta extrema ante la simplificación. En el caso del peruano que toma la vida como una aventura con obligaciones necesarias —pero que se pueden postergar— la aventura de vivir se convierte en una constante lucha que nunca parece detenerse, menos en estos tiempos de incertidumbre y de recesión económica. Muchas de los aspectos que rodean a nuestra cultura son parte del sistema complejo en el que nos hallamos inmersos, y no solo el sistema es complejo, sino, nosotros mismos como seres complejos, formamos una cultura que parece simplificar diversos temas.

El mortero de situaciones que representa la unión de diversas manifestaciones culturales en la sociedad peruana —machacada por diversas crisis y situaciones de violencia, corrupción y de inestabilidad económica— se mantiene vigente y dispuesto a sobrevivir a toda tempestad. Para abarcar el estudio de lo complejo hay que ubicar al objeto de estudio en su entorno y relacionarlo totalmente con los expertos en el tema sociológico.

El elemento que no puede incorporarse y adaptarse a este sistema, puede desaparecer y ser absorbido por la sociedad. Es decir, existe un símil con la selección natural. El sistema va generando mecanismos de descarte y al parecer las condiciones actuales de la humanidad funcionan bajo esa premisa. En el caso del peruano, es muy difícil asegurar su supervivencia, pero a la fecha lo ha conseguido.
(1) Del libro de Elias Canetti: Auto de fe (Die Blendung).
(2) Truman Capote, Música para camaleones.
Noviembre 2005