lunes, 13 de diciembre de 2010

LOS ANDES Y LA AMAZONÍA: AMOR PARA SIEMPRE

Incluiré en varias entregas algunas reseñas del libro de Betty J. Meggers: "Amazonía: hombre y cultura en un paraíso ilusorio", un libro de obligada lectura para entender qué es la selva amázónica y cuál es la importancia de los Andes. Va la primera parte.
Uno de los planteamientos de la autora en el texto se basa en la existencia de un equilibrio ecológico en la naturaleza que se da entre los hombres primitivos y el medio ambiente que los rodea. Para que ese equilibrio se dé, Meggers afirma que los pueblos primitivos se consideran a sí mismos parte de la naturaleza y no superiores o inferiores a las demás criaturas que conforman su entorno natural. Asimismo, el desarrollo humano a partir de organismos unicelulares, tiene un paralelo con el desarrollo de bandas cazadoras en grandes ciudades.

Para lograr dicho equilibrio, el hombre ha debido atravesar un proceso de adaptación al medio ambiente que se ha basado en parte en la selección natural de la especie. Hasta lograr un desarrollo casi parejo en las culturas humanas, ha pasado miles de años, durante los cuales no se percibieron grandes cambios en la especie. Sin embargo, una vez que se iniciaron las diferenciaciones en los humanos, se inició la búsqueda y conquista de nuevos territorios. En muchos casos, las poblaciones perecieron ante las inclemencias de la naturaleza y se extinguieron, en otros casos, sobrevivieron y lograron adaptarse al medio ambiente.

Por otro lado, la autora trae a colación la dificultad que existe en el ser humano de comprender su entorno y su desarrollo debido a factores culturales que originan que la observación directa sea un tanto subjetiva. Esto debido a que el ser humano ordena sus pensamientos en base a un patrón cultural, científico e intelectual producto de una base cultural con la que se ha desarrollado y que establece parcialmente un modo definido de percibir el medio ambiente.

Por eso, la autora afirma que es más sencillo estudiar a las culturas primitivas ya que estas permiten hacer una diferenciación entre el observador y lo que se observa, debido a las diferencias culturales que existen y a la presencia de una naturaleza única y aislada. Dicha situación facilita el estudio de la adaptación humana desde una perspectiva más clara con la presencia mínima de factores que dificulten una visión objetiva y certera.

Así también, la autora afirma que la Amazonía ha atravesado en los últimos milenios dos grandes etapas. La primera se dio durante la selección natural a partir de la presencia del hombre en la zona, y la segunda con el avance de la “civilización” a partir del siglo XVI con sus elementos de explotación que modificaron el equilibrio hasta ese entonces existente.

Finalmente, la autora plantea que, debido a que el hombre es un animal, este debe mantener una relación adaptativa con su entorno para sobrevivir. Asimismo, pese a que el hombre puede lograr su adaptación mediante la cultura, este proceso también está regido por las reglas de la selección natural que determinan la adaptación biológica. Es decir, para entender ambos procesos, se debe conocer tanto los factores naturales (bióticos y abióticos), así como los factores culturales para entender los mecanismos de desarrollo, adaptación y posiblemente, el futuro de las poblaciones humanas (de no existir factores externos que las lleven al exterminio, como ha sido el caso de algunas poblaciones indígenas en la Amazonía).

En esa dirección, la autora hace una completa descripción de la topografía, clima, flora, fauna y otros aspectos de la selva amazónica, así como de algunas poblaciones indígenas, para poder entender la verdadera esencia de la Amazonía. En ese aspecto, define dos subregiones en esta vasta zona: la tierra firme y la várzea. Ambas zonas determinan, en base a la adaptación, la cultura de los pueblos amazónicos.

Finalmente, conocer las diferentes adaptaciones de los pueblos indígenas, tanto a la tierra firme, así como a la várzea, permite definir las restricciones del medio ambiente en cuanto a la adaptación y al desarrollo humano, que son paleadas por los aspectos culturales en conjunción con la variabilidad del medio ambiente. Conocer el medio ambiente y entenderlo, debería permitir superar ciertas dificultades en aras de la subsistencia y de la búsqueda del equilibrio del humano con su entorno.

Entendiendo tal vez cómo es que ese equilibrio se dio (y tal vez se siga dando en algunas comunidades), es posible que el hombre moderno pueda entender el respeto que se debe tener al entorno si es que queremos permanecer mucho tiempo más en el planeta.

Importancia de la Amazonía
Considero de suma importancia a la Amazonía por ser esta una fuente muy rica de diversidad biológica y de alternativas para fomentar un desarrollo en base al aprovechamiento sostenible de los recursos naturales y del mantenimiento de los procesos biológicos que allí se dan. Si bien, para muchos la importancia de la Amazonía radica en que esta es “el pulmón del mundo”, creo que esta característica no es la que mejor la define.

Es innegable el valor que tiene como hábitat de una gran masa forestal, sin embargo, su importancia radica prioritariamente en que la Amazonía es el gran almacén de una diversidad biológica y genética única, así como que es un reservorio de agua para esta parte del planeta. Además, estos territorios son el hábitat de importantes poblaciones humanas que se han desarrollado en ella desde hace miles de años.

Así también, la Amazonía es importante debido al gran papel que juega en determinar muchas de las características climáticas del continente y por el papel que ha jugado desde tiempos inmemorables en el desarrollo de las culturas que han poblado el país. Esta última influencia es evidente en muchos testimonios culturales, tanto en la sierra, así como en la costa peruana.

Además, existe a mi entender una importancia geológica que deriva de la dinámica de los Andes en relación con el surgimiento de la Amazonía y los sistemas fluviales. Es decir, hace millones de años la dinámica de las aguas en el continente era otra, y con el surgimiento de los Andes, la dirección de los ríos se modificó, originando que existan aquellos que fluyan hacia el Océano Atlántico y otros hacia el Océano Pacífico. Esta situación determinó el desarrollo de la cuenca amazónica y de las culturas preincas.

Por otro lado, la Amazonía y sus variaciones climáticas han influenciado ─en base también a la geografía de la zona─ a la composición de la diversidad biológica de las ecorregiones del Bosque Seco Ecuatorial y del Bosque Tropical del Pacífico y de otras ecorregiones del país. Por ejemplo, parte de la diversidad biológica de la denominada región de endemismo Tumbesina, presenta un origen o características amazónicas. Esto origina que los territorios que comprenden esta zona tengan una gran diversidad biológica, pese a que son espacios relativamente pequeños comparados con los amazónicos.

Asimismo, el valle del Marañón y otros valles interandinos se ven enormemente influenciados por las nubes procedentes de la Amazonía bajo el efecto del “rain shadow” que origina un hábitat único con una fauna de alto grado endémico. En el caso del valle del Marañón, este es conocido como uno de los territorios denominados “Refugios del Pleistoceno”, dado a que ha estado aislado de la dinámica de las tierras adyacentes, permitiendo el desarrollo de una flora y fauna única. La Amazonía cumple entonces un rol fundamental en determinar muchos aspectos climatológicos, biológicos e incluso culturales en el país.

Ahondando en el tema de los recursos biológicos y genéticos, está comprobada la gran diversidad en recursos naturales amazónicos, muchos de los cuales aún no han sido estudiados a cabalidad. Esta situación ocasiona que a la fecha existan todavía muchos aspectos por estudiar. La gran diversidad de productos biológicos puede ser de importancia vital para el país y tal vez para la humanidad entera, pues en dicha variedad se pueden encontrar especies que tengan un papel fundamental en la subsistencia humana.

Características de la Amazonía
Una de las características que más me ha llamado la atención referente a la Amazonía, es el color de las aguas de los diversos ríos que la atraviesan. Si bien existe la clasificación de acuerdo a principios físicos y químicos o a la carga en suspensión, la clasificación en base al color de las aguas me parece sumamente interesante ya que revela el origen de las aguas, así como su importancia en cuanto al contenido de nutrientes. En el caso de las aguas blancas, el color es semejante al del café con leche, debido a la gran cantidad de sedimentos suspendidos. La reacción química de estas aguas es casi neutra.

Por otro lado, los ríos de aguas negras, contienen residuos de humus pero pocos sedimentos y sustancias nutritivas, además sus aguas son ácidas. Finalmente, las aguas claras son pobres tanto en sedimentos como en nutrientes y varían en cuanto al pH. Estas características definen en parte la dinámica de las aguas en la Amazonía que tiene una influencia directa para la várzea, que depende en gran parte de los nutrientes que trae consigo el río.

En cuanto al color, también existen variaciones estaciónales y posiblemente algunas de índole subjetivo que lo determinan, ya que algunos ríos de agua blanca pueden tener aguas claras durante la estación de las vaciantes. Otros ríos de agua negra pueden ser de ese color durante casi todo el año pero, se pueden ver blancos cuando la estación de lluvias empieza y estos ríos acumulan sedimentos de sus orillas. Esto origina que algunos sean llamados de agua mezclada o de agua mixta.

Al margen de las apariencias, lo resaltante de estas características es el origen de las aguas. Los ríos de agua blanca tienen su origen en los Andes y los ríos de aguas negras o mixtas se originan en la selva baja. Los ríos de agua clara se originan en cordilleras desgastadas que ya no aportan ningún tipo de sedimentos ni de nutrientes. La autora incluso menciona que los ríos de agua negra son llamados “ríos de hambre” por su bajo contenido en nutrientes y sedimentos.

Otro punto que resalto es la presencia de los Andes en conjunción con la Amazonía, lo cual es muy importante, pese a que en algunas ocasiones se les trata de diferenciar y se les ve como dos fenómenos geográficos totalmente distintos. Su interrelación es muy estrecha e importante. Y es que los Andes, además de albergar el origen del río Amazonas, “otorgan” sus nutrientes tanto a la Amazonía, así como al mar peruano. Los ríos de la vertiente del Pacífico también contienen muchos sedimentos y nutrientes que son transportados por los ríos al mar. Estos son depositados en el zócalo continental y, con los fenómenos de las corrientes marinas, el afloramiento y otros, generan la gran riqueza de nuestro mar.

Otra de las características que me ha interesado bastante, es el trayecto paralelo al Ecuador del río Amazonas. Esto garantiza que los ríos del hemisferio norte, así como aquellos del hemisferio sur, aporten durante casi todo el año al caudal del río Amazonas. En el hemisferio norte la estación lluviosa es generalmente de abril a agosto y en el hemisferio sur, los meses más húmedos son de octubre a abril.

Dicha situación origina que aproximadamente en el mes de junio se de una creciente y que esta marque un ciclo casi regular que permita el uso de las tierras de várzea. Este régimen hídrico también me llama la atención por la importancia de los flujos de agua y las lluvias en la Amazonía que determinan la gran diversidad biológica de la misma, así como la temperatura bastante uniforme en esta vasta zona del planeta.

Otro dato importante es la pendiente del río Amazonas. Según Meggers, desde la parte peruana hasta la desembocadura del río en el Océano Atlántico, solo existen 65 metros de pendiente a lo largo de aproximadamente 3000 kilómetros. Pese a la poca pendiente, la velocidad del flujo del río varía entre 2,5 Km/hora hasta el doble, permitiendo el flujo de las aguas e incluso que especies de aguas saladas remonten parte del río para su alimentación (y que algunas ya se hayan “quedado” como los delfines).

Territorios de tierra firme y de várzea
Según el texto de Meggers, los territorios de tierra firme son aquellos que forman la tierra alta, compuesta por suelos geológicamente viejos y drenados por ríos estériles de agua negra o clara. No obstante, es asombroso que pese a la gran diversidad biológica existente, estos suelos representen el 98% de la Amazonía.

Para la autora, el restante 2% está ocupado por la várzea o llanura de inundación, es decir aquel territorio que ocupa el corazón de la cuenca amazónica, en donde el clima tropical alcanza su máxima expresión. La várzea también es conocida como “playa”. Cuando el río se ensancha, esta zona también se hace más amplia y alcanza su mayor longitud en el “delta” del Amazonas. La várzea predomina en la parte media e inferior del río más largo y caudaloso del planeta.

Esta se diferencia de las tierras firmes por dos motivos principales: en primer lugar su suelo es rejuvenecido todos los años con los sedimentos acarreados desde los Andes por las aguas blancas; y en segundo lugar su ciclo anual está determinado por la creciente y bajante del río, más que por la distribución estacional de las lluvias locales.

Durante las crecidas de los ríos, las barras deposicionales de estos se encuentran cubiertas por agua, pero tan pronto como el nivel de esta desciende, la tierra nueva (sedimentos, nutrientes) depositada está lista para ser colonizada por la vegetación o por plantaciones de corta duración.

Para Meggers entonces la várzea es aquella zona adyacente a las márgenes de los ríos y el territorio restante es considerado como tierra firme. Si bien en la actualidad se pueden observar otra distribución del territorio a las descripciones y mapas del libro de Meggers, el concepto está definido y es claro. Por otro lado, existen algunas estimaciones de las zonas inundadas en el país (Dourojeanni, 1990, habla del 13%) se conoce poco sobre la naturaleza de los bosques inundados. No se conoce a ciencia cierta la cobertura geográfica de las inundaciones y su variación anual.

Asimismo, Meggers hace otra diferenciación entre la tierra firme y la várzea. En la primera, los recursos naturales se hayan dispersos pero están siempre disponibles al hombre. En la várzea alternan la escasez y la abundancia de los recursos, según baje o suba el caudal del río.

En la Amazonía peruana, los territorios de tierra firme se encuentran en toda la llanura amazónica considerada como la selva baja del Perú. En el caso de la várzea, estos territorios comprenden las orillas del río Amazonas y de los demás ríos accesitarios.

Setiembre del 2007

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