lunes, 11 de marzo de 2013

LA DELGADA FRONTERA ENTRE LO VERDE Y LO MENOS VERDE (III)


Continúo con un resumen de una parte de la historia de la isla caribeña La Española, territorio en donde dos países comparten su destino: Haití y la República Dominicana. Todo esto en base a lo que expone Jared Diamond en su libro “Colapso”; y a mis apreciaciones. Recordemos que la isla sufrió la dominación española y francesa, lo cual, entre otros factores, marcó su destino. Sigamos viendo por qué.

La explotación forestal en República Dominicana se dio con mucha fuerza en las décadas de 1860 y 1870 con una lógica disminución de las especies forestales más valiosas. Adicionalmente, se deforestó extensos territorios para dar paso a plantaciones de caña de azúcar; y a principios del siglo XX hubo otra creciente demanda de madera para la construcción de rieles para la interconexión ferroviaria. No obstante, la primera ordenanza para frenar la tala y la contaminación de ríos fue aprobada en 1901.

Seguidamente, una estricta política de protección ambiental se fue dando en los alrededores de Santiago, la segunda ciudad en importancia después de Santo Domingo y epicentro de la actividad agrícola. Esto, porque se registró un fuerte deterioro de las cuencas, debido a la construcción de carreteras y a la excesiva deforestación. Así, dos personas naturales, un abogado y un médico conservacionista (Miguel Canela) presionaron a la Cámara de Comercio de Santiago para comprar tierras en la zona y destinarlas a la protección del territorio.

De esta manera, en 1927 y con el apoyo del Secretario de Agricultura del Estado —mediante el otorgamiento de fondos económicos—, se pudo adquirir y contar con la primera reserva natural en el país: el Vedado[1] del Yaque, espacio destinado a la protección del nacimiento del río Yaque del Norte; el río más largo del país. Posteriormente, en 1930, el dictador dominicano Rafael Leonidas Trujillo Molina (El Chivo) invirtió bastantes esfuerzos y fondos económicos para impulsar una política medioambiental.

Dictadura medioambiental

Trujillo amplió la extensión del Vedado del Yaque; estableció otros vedados y creó, en 1934, el primer Parque Nacional dominicano; formó un cuerpo de Guardaparques; suprimió la quema de bosques para obtener espacios destinados a la agricultura; entre otras medidas similares. Se podría pensar que al dictador le interesaba el medio ambiente, sin embargo, sus intereses eran económicos y tenían como fin el lucro personal.

En 1937, Trujillo le encargó a un científico medioambiental puertorriqueño, el doctor Carlos Chardón, la elaboración de un diagnóstico de los recursos naturales de la República Dominicana para determinar su potencial agrícola, minero y forestal. Así mediante, Chardón estimó que la tala comercial de los bosques de pino podía generar cerca de cuarenta millones de dólares, una cifra astronómica en la época. Ni corto ni perezoso, Trujillo se hizo de grandes extensiones de terreno y fue socio de los principales aserraderos del país.

Y por orden del mandatario, los taladores de árboles recibieron la consigna de dejar algunos de ellos en pie para que sirvan como reservorios de semillas para la regeneración natural. Muchas de las medidas adoptadas por Trujillo derivaron de las recomendaciones hechas por un grupo de investigadores suecos, a los que se les encargó un estudio para determinar la posibilidad de obtener energía hidroeléctrica mediante la construcción de represas. Posteriormente, en 1958, el mandatario convocó al primer congreso medioambiental y estableció nuevos parques nacionales, aunque estos últimos protegían, más que todo, las partes altas de las cuencas donde se pensaba construir algunas represas.

Durante su dictadura, Trujillo dirigió personalmente las sesiones de tala; y como era costumbre, involucraba solo a su familia y conocidos, prohibiendo autoritariamente que otros extrajeran madera. Tras su muerte, en 1961, el saqueo generalizado se abrió paso y los habitantes desplazados invadieron los terrenos protegidos y quemaron los bosques para utilizar la tierra en actividades agrícolas. Adicionalmente, la inmigración masiva del campo a los barrios urbanos se disparó y las familias acaudaladas iniciaron una tala masiva de los bosques.

Con todo esto, las políticas de protección ambiental iniciadas por el dictador quedaron en el olvido, producto de una descontrolada lucha por el acceso a los recursos naturales en el país. Posteriormente, en 1963, el presidente electo democráticamente, Juan Bosch, intentó persuadir a los taladores de frenar sus actividades y de preservar, en especial, las cuencas de los ríos Yaque y Nizao para la posterior construcción de represas en beneficio del país. Esto tuvo un efecto inverso, pues los empresarios madereros se aliaron para intentar derrocar a Bosch y las tasas de deforestación aumentaron considerablemente.

Balaguer: ¿pupilo ambientalista de Trujillo?

En 1966 fue electo el presidente Joaquin Balaguer, quien reconoció la imperiosa necesidad de mantener las cuencas con bosques para la futura construcción de represas destinadas a satisfacer la creciente necesidad de energía y de agua en la República Dominicana. A los pocos meses de su mandato, Balaguer prohibió todo tipo de tala comercial y clausuró todos los aserraderos del país. Esto trajo consigo la exacerbada queja de las familias ricas y poderosas y ocasionó que la actividad maderera se realice en los lugares más alejados y recónditos, así como que los aserraderos trabajen de noche y de manera clandestina.

Pero Balaguer no se dejó pisar el poncho y fue mucho más estricto. Despojó al Departamento de Agricultura de la función de proteger los bosques y le encomendó dicha función a las fuerzas armadas declarando además la tala ilegal como un crimen contra el Estado. Dada esa orden, se inició una serie de vuelos de reconocimiento y de operaciones militares para impedir el desacato de las órdenes del gobierno. En 1967, un ataque militar nocturno en un campamento maderero clandestino dejó como saldo más de una docena de leñadores asesinados. Esto hizo que la cifra de tala ilegal se redujera significativamente en los tres mandatos consecutivos del mandatario dominicano (1966 – 1978), debido al temor de ser asesinado.

Adicionalmente, Balaguer implementó otras medidas a favor del medio ambiente. No obstante, en el periodo que estuvo ausente del cargo (1978 – 1986), los presidentes de turno liberaron algunas zonas para la tala y permitieron la fabricación de carbón en base a los bosques dominicanos. Pero, cuando Balaguer regresó al poder, en 1986, retomó sus anteriores medidas desde el primer día de su mandato. Se retomó las misiones militares para encarcelar a los madereros ilegales, para sacar de los parques nacionales a los invasores e incluso para cerrar empresas agrícolas (de las cuales muchos de sus propietarios eran amigos del Presidente).

Una de las medidas más recordadas es aquella que se hizo en 1992, en el Parque Nacional Los Haitises[2], espacio que registraba en aquella época el 90% de su territorio deforestado. El ejército dominicano ingresó a la zona protegida y desalojó a miles de ocupantes. Asimismo, en 1994, Balaguer dirigió personalmente e in situ la incursión de maquinaria pesada para tumbarse las residencias de lujo construidas por dominicanos adinerados en el Parque Nacional Juan Bautista Pérez Rancier[3]. Así también, prohibió la quema de los bosques y propuso incluso utilizar árboles vivos como postes de electricidad, lo cual nunca prosperó como era de esperarse.

Políticas dictatoriales a favor del medio ambiente

Por otro lado, Balaguer frenó la deforestación en su país abriendo sus fronteras para importar madera de Chile, Honduras y de Estados Unidos. Además, firmó un pacto con Venezuela para importar gas natural licuado (y reemplazar al carbón vegetal) para uso general; amplió la red de reservas naturales; estableció los dos primeros parques nacionales en el litoral e incorporó áreas de aguas continentales a estas reservas para garantizar la protección de los lugares a donde llegaban ballenas jorobadas y otros cetáceos; firmó la Convención de Río de Janeiro y prohibió la caza ilegal por diez años.

A todo esto, Balaguer tomó otras medidas, como por ejemplo presionar a las industrias para que traten sus residuos, hizo algunos esfuerzos para controlar la contaminación del agua y del aire imponiéndole a las empresas mineras un impuesto bastante alto. También se opuso a la construcción de diversas carreteras que atravesaban parques nacionales; de un aeropuerto en Santiago; de un megapuerto en Madrigal y de otras obras que alterarían significativamente el medio ambiente. Así las cosas, Balaguer mandó construir en Santo Domingo el Jardín Botánico, el Museo de Historia Natural, el Zoológico Nacional mostrando su gran interés por la investigación y el desarrollo de la ciencia en su país.

A sus 94 años, su última acción política fue el pacto que generó con el Presidente electo Mejia para bloquear el plan de reducir y debilitar la red de reservas naturales del país mediante una inteligente maniobra legislativa. De esta manera puso a salvo a una de sus más preciados esfuerzos. De manera paralela, durante las décadas de 1970 y de 1980, los científicos dominicanos inventariaron gran parte de sus recursos naturales y luego, una vez acabado el terror impuesto por Trujillo, en la década de 1980 nacieron diversas organizaciones no gubernamentales ambientalistas muy efectivas.

Lo interesante y resaltante en ello es que, a diferencia de otros países, estas ONG eran netamente dominicanas (recursos humanos y financieros), es decir, no eran las sucursales de otras grandes organizaciones internacionales que buscaban socios para ejecutar proyectos. En la República Dominicana nació un movimiento conservacionista propio como producto de la preocupación inminente de sus ciudadanos por el medio ambiente. En esa línea, los conservacionistas establecieron una alianza con las universidades locales y con la Academia Dominicana de Ciencias para formar un movimiento ecologista muy importante, eficiente y comprometido con su entorno.

Dictador controversial

De ninguna manera se puede obviar el hecho de que Balaguer fue un dictador, no tan feroz como Trujillo tal vez, pero sí un personaje que no respetó los derechos humanos (defendió, por ejemplo, una de las matanzas que hizo El Chivo, en 1937, contra haitianos) y que avaló todo lo hecho por Trujillo (además trabajó para él). No obstante, Balaguer fue elegido de forma limpia y democrática en 1986, pero sin embargo, utilizó el fraude, la intimidación y la violencia para ser reelegido en 1970, 1974, 1990 y 1994. Ordenó la expulsión obligatoria de indigentes, mandó matar a opositores y permitió que campee una corrupción general en su país. Una frase suya que lo pinta de cuerpo entero es: “La Constitución no es más que un trozo de papel”.

Otra de las frases celebres que lleva su sello es: “La corrupción se detiene en la puerta de mi despacho”. Y es que se le tildaba de maquiavélico, complejo, autoritario, pero no se le pudo probar que haya robado como Trujillo. Según Diamond, una de las personas que él entrevistó le dijo: “Balaguer era un malvado, pero un malvado necesario en esa etapa de la historia dominicana”. Si bien esta frase es muy discutible y controversial, al parecer lo cierto es que, después de Trujillo, lo que el país necesitaba era la consolidación de una clase media y el fortalecimiento de algunas actividades capitalistas para desembocar en lo que hoy es dicho país centroamericano.

En lo referido específicamente a sus medidas ambientalistas, existe una gran discusión sobre sus verdaderos fines. Así, Diamond indica que mucha gente piensa que podrían haber existido diversos motivos que lo llevaron, por ejemplo, a desalojar y a asesinar madereros “ilegales”. Se especula que el dictador temía que se estuviese forjando una revolución procastrista; que quería tener tierras para luego convertirlas en grandes paraísos turísticos o que finalmente deseaba estrechar los vínculos con las fuerzas armadas.

Todas las medidas adoptadas por Balaguer tuvieron un alto costo para su mandato y reputación, pues estas fueron impopulares. Esto le hizo perder votos (para eso está el fraude) y su aplicación ocasionó que se aleje de los poderes de la élite civil y militar. Pero también para eso hubo un contrapeso, pues diversas políticas adoptadas tuvieron bastante acogida entre los dominicanos en general. En este escenario tan complejo, me detendré en las políticas medioambientales en concordancia con lo que expone Diamond.

Todo lo que en el escenario ambiental fue hecho por Balaguer tuvo bastantes vacios y sus medidas no fueron del todo exitosas. Uno de sus mayores errores, sino el más grave, fue el de no haber logrado una armonización entre las necesidades de los agricultores de las zonas rurales y las preocupaciones ambientales, dejando de lado la búsqueda de un apoyo de las poblaciones locales destinado a la conservación y utilización de sus recursos naturales para su propio beneficio y para el del país.

Aunque cueste creerlo, según Diamond, a Balaguer sí le interesaba el medio ambiente incluso más que a otros políticos pasados y actuales. En todos sus discursos políticos asomaba la conservación de los bosques, ríos y de la naturaleza como uno de sus sueños más recurrentes. Y como ya se mencionó, cuando el Presidente Fernández afirmó que tener el 32% del territorio nacional protegido era una exageración, Balaguer defendió a capa y espada los espacios protegidos en el país.

Como también ya se mencionó, solo existen especulaciones para explicar el por qué Balaguer fue un “verde”. Se dice que todo lo hecho fue por la influencia que recibió durante su permanencia en Europa, por la influencia de sus familiares, por conocer muy de cerca los cambios en la isla e incluso por un cierto repudio a Haití y porque quería diferenciarse de ellos. En todo caso, lo que sí es cierto es que Balaguer fue un personaje altamente controversial, complejo, maquiavélico, enigmático y que tuvo —y tiene— opositores radicales por todo lo que hizo y representa; no obstante, también tiene algunos adeptos.

Todo esto, llevado a la idiosincrasia peruana, podría parecerse al “roba pero hace obras”; en el caso de Balaguer podría ser: “conserva pero mata y reprime”. Y es que las políticas medioambientalistas implementadas por el dictador centroamericano han ocasionado en gran parte que la República Dominicana no convierta su territorio en lo que es Haití hoy en día. Claro, el costo ha sido muy alto y no se puede tolerar una dictadura, sin embargo, ¿algo bueno de todo esto se podría o debería rescatar? Habrá que seguir analizando el tema.  

Marzo 2013



[1] Según la RAE, un vedado es un “campo o sitio acotado o cerrado por ley u ordenanza”.
[2] Su extensión total es de 896 km².
[3] Su extensión total es de 910 km².

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