domingo, 13 de marzo de 2011

LOS ASHÁNINKA (II)

Según sus propios testimonios, los Asháninka mantienen la visión que les fue transmitida por sus ancestros. Conocen a los dioses del mundo que tienen fuerza divina y que los vigilan permanentemente. Además, según sus creencias, solo los tabaqueros pueden conversar con ellos. Los antepasados fumaban tabaco para poder ver a los espíritus y tal vez conversar con ellos. En el mundo terrenal existen también fuerzas invisibles más fuertes que el hombre que pueden hacerlos perder la vida.

En cuanto a la concepción del mundo, el Dios Sol vivo siempre estuvo arriba. Como parte de su poder, desprendió parte de él y ese pedazo se asentó en las densas tinieblas y de manera gradual permitió que se fuese formando el mundo actual. Luego crecieron las plantas y todo lo que se ve en el monte. Posteriormente salieron los Asháninka que son hijos del padre Sol vivo.

Para los Asháninka, el agua es el aliento del Sol vivo. Este aliento rodea todo su territorio para que vivieran todas las aves, animales y toda la gente. El espíritu del agua es el aire por lo que el aire vuelve a ser agua. Para que el agua pueda regar la tierra, el Sol influye en esto y hace que el agua se introduzca entre dos rocas o cerros que se llaman Intanoni y Antamaraka. Una vez que el agua pasa por encima de la tierra, su aliento entra por otro extremo, entre dos rocas llamadas Omoro y Otsitiriko y vuelve a regresar a la tierra.

Por medio del aire, respiran y transpiran todas las plantas y todos los animales. Además, para los Asháninka, el mundo está sostenido por dos ejes. El Dios Sol vivo puso su eje para que no se vuele la tierra y para que la gente esté tranquila. Él puso los cerros Intanoni y Antamaraka por donde sale el agua para regar la tierra. El otro eje, por donde se hunde el Sol, está formado por los cerros Omoro y Otsitiriko. Los que sostienen estos ejes para que la tierra no se vuele son espíritus fuertes que son seres invisibles.

Estos espíritus se llaman Nabireri (debajo de Omoro) y Pachamama (debajo de Otsitiriko). Sosteniendo el otro eje están Inkari (debajo del Intatoni) e Inkami (debajo del Antamaraka). Estos espíritus cuidan también la salida y entrada del agua, limpiando las orillas para que no se obstruya la salida y para que su caudal siempre sea constante. Ellos no deben descuidar su trabajo, sino la tierra se ahogaría.

Para los Asháninka, algunos animales se comunican. Por ejemplo, el Cóndor Real, se comunica con el Gallinazo Negro. Ambas aves tienen un olfato muy desarrollado para detectar los animales en estado de putrefacción que conforman su dieta. El Cóndor Real detecta algún cadáver y baja a alimentarse de él. Luego le comunica a su amigo el Gallinazo para que también pueda comer. De la misma manera, el Asháninka los imita, pues cuando alguien de la tribu ve a algún semejante sin alimento, lo llama y lo invita a cenar.

Antiguamente, las plantas también eran personas. Hoy en día ya no se comunican entre sí. Asimismo, cuando el cielo está encima de la tierra, el Sol estaba más cerca y ejercía más influencia. Cuando existe maldad, el Sol se retira y todas las maldades empiezan a propagarse. Es por eso que la gente muere. El Dios Sol ha creado otro espacio para aquellos que mueren en la tierra.

Cuando sale el alma del cuerpo del muerto, esta debe saltar para pasar por medio del fuego ardiente; y cuando pasa este fuego, su alma se purifica. Luego de purificarse, esta alma se va a un espacio más allá de las nubes que es invisible. Allí habitan los seres más queridos que viven sin problemas.

Cuando muere la gente que comete actos malos en la tierra, su alma no puede pasar el fuego ardiente y tampoco puede ser aceptado en el lugar donde están las personas muertas que fueron buenas. Entonces, deben regresar al sitio donde están sepultados y se convierten en cualquier animal como un ave, un venado, un sajino u otro. En algún momento, los espíritus matan a estas almas para que no sean muchas. El espíritu de los tabaqueros también puede matarlos.

Los animales tienen su dueño. Por ejemplo, todos los animales que viven en el agua son dominados por un Tsomiri que es un ser invisible y al que a veces solo lo pueden ver los tabaqueros. Sin embargo, este ser adopta para el Asháninka una forma similar a una sirena que es muy bella. Ella enamora a los hombres y si estos la siguen, los desaparece. La única manera de que sus familiares se comuniquen con los seres que se van con Tsomiri es a través de los tabaqueros.

El Asháninka cree que para que los seres vivos de la naturaleza no los molesten deben dejarles algo, como por ejemplo el machete, fruta o coca. Deben dejar algo al dueño de los animales para que este los suelte y puedan ser cazados por los de la tribu. Por ejemplo, antes de pescar deben dejar algo al dueño para que les pueda dejar sacar algunos peces. Uno tiene que donar por ejemplo un racimo de plátanos para que el dueño suelte a sus crías (los peces). A los espíritus hay que darles para que den. Estos seres viven en las grandes cochas o en el monte.

Las mujeres que transitan por los lugares donde se encuentran esos espíritus y que tiene una sangre que le molesta al espíritu, este le quita la vida a la mujer. Esto porque la sangre de la mujer mata a los hijos del espíritu, entonces ella debe ocupar ese lugar en los sitios donde viven los seres invisibles. Asimismo, cuando una mujer acaba de tener hijos, no debe transitar por esos territorios porque su sangre aún no está purificada.

En la cultura de los Asháninka, la figura del tabaquero o la de los ayahuasqueros tiene un significado especial, tal como sucede en otras tribus indígenas. Muchos mitos, leyendas, creencias y verdades tienen como punto central a estas personas, las cuales están dotadas de poderes mágicos. Así también, estas personas saben cómo ver a los espíritus, cómo conversar con ellos y cómo determinar qué cosa es buena o mala, además de curar y garantizar que la vida en la tribu esté regida por algunas normas de la tradición oral.

En la tradición de esta tribu indígena la interacción con el medio ambiente es muy fuerte pues sus habitantes dependen del monte para poder sobrevivir. Además, todo se origina y “vive” allí. Si bien parece ser un territorio desconocido que no se puede ver, todo tiene su lugar y su motivo para estar allí. Es por eso que también existe un gran respeto hacia el entorno.

Reflexiones finales

Los Asháninka representan a la tribu indígena con mayor presencia en nuestra Amazonía. Si bien actualmente persisten muy pocas tribus que mantienen sus orígenes y que viven según sus usos y costumbres originales, esta etnia es muy importante pues nos muestra varios aspectos del proceso de desarrollo de nuestra sociedad a través de la historia.

Estos pobladores han tenido un contacto muy estrecho con el mundo occidental desde hace muchos años por lo que se ha producido ciertas fusiones culturales, económicas y sociales que han mermado la identidad del pueblo Asháninka, pero no la han desaparecido. Es así como se puede identificar aún la estructura original en esta etnia. No obstante, además del gran flagelo que significó la ola terrorista en la zona, este pueblo ha sabido mantener su identidad y luchar por lo que considera suyo.

Este último punto es importante, pues como lo demuestra su actual situación, el desplazamiento de muchas tribus como producto de la ola terrorista, implica la reinserción de cientos de Asháninka en sus zonas originales, ya que ellos mismos saben que pertenecen a “su tierra”. Salvo algunas excepciones de personas que adoptan las costumbres andinas o urbano-rurales, la gran mayoría de desplazados reconoce su tierra como el único lugar donde podrán vivir.

El largo proceso de ocupación de la selva central, territorio de los Asháninka, que se inició de manera irregular en el siglo XVII y que tomó cuerpo a partir de 1907 —que fue interrumpido en 1742 y reiniciado en 1847, adquiriendo un carácter masivo a partir de 1950— ha convertido estos territorios en un espacio regional. Esto diferencia a los territorios Asháninka de otros espacios amazónicos. El ordenamiento territorial en la zona se ha basado principalmente en criterios económicos que trascienden al interés personal y más bien adopta una visión económica – espacial.

Dicha visión —que tuvo su auge en la década del 70— fue interrumpida en 1988 con la incursión de los grupos terroristas. Actualmente, predomina el desorden como consecuencia de factores exógenos (migración desordenada, colonización, tala ilegal, narcotráfico, entre otros), los cuales despiertan y agudizan conflictos ya existentes. Dichos factores no han causado una alteración en las bases estructurales sobre las cuales se sustenta la economía de la zona, aunque sí ha dificultado la comunicación intrarregional sin mermar la articulación interna (1).

La articulación espacial de la selva central ha ido de la mano de una articulación económica que se manifiesta en a) la generalización de formas capitalistas de producción, distribución y consumo; b) la existencia de manera diferenciada de mercado de tierras, trabajo, bienes y servicios; c) la predominancia de un patrón productivo de carácter altamente comercial basado en tres productos y actividades principales: café, frutales, madera; d) la generalización de capitales como resultado de la diversificación espacial de las actividades productivas emprendidas por los grupos locales de poder económico; y finalmente e) el proceso de aglomeración económica en las zonas más consolidadas (2).

La producción y el comercio en la selva central dependen marcadamente del mercado para la venta de los productos y la adquisición de medios de subsistencia. Pese a esta dependencia y a las alteraciones que han producido la violencia y el terror en la zona, la selva central ha demostrado contar con una de las estructuras más estables en territorios colonizados. Es por eso que pese a que en la actualidad parecen surgir nuevas tendencias económicas y sociales, producto de los cambios a nivel nacional e internacional, la estructura en sí se podrá mantener. Es decir, su carácter de espacio regional diferenciado se seguirá imponiendo.

Es importante también identificar el contacto que hubo con los pueblos andinos, lo que evidencia los nexos que siempre han existido entre la Amazonía y los Andes. Es interesante también analizar el grado de asimilación en la cultura Asháninka de los elementos de occidente, el cual ha sido producto de diversas etapas económicas y sociales que se han dado en estos territorios.
Diciembre 2007

1) Santos Granero F., Barclay Rey de Castro F. Ordenes y desórdenes en la selva central. Historia y economía de un espacio regional. IEP, IFEA, FLACSO – ECUADOR. Pag. 331. Lima. 1995.
2) (idem)

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