domingo, 6 de marzo de 2011

LOS ASHÁNINKA (I)

Este grupo indígena es también conocido como kampas, chunchos y tampas. Originalmente se les encontraba en los territorios de los ríos Apurímac, Tambo, Ene, Pichis, Perené, un sector del Alto Ucayali y en parte de la zona interfluvial del Gran Pajonal. Los Asháninka se organizaban principalmente en pequeños grupos compuestos por cerca de cinco familias nucleares dirigidas por un jefe local.

Según el censo de 1993, los Asháninka era el grupo indígena más numeroso de la selva peruana, pese a que sufrieron la embestida del terrorismo en la década de los ochenta, lo que los obligó a realizar desplazamientos masivos a terrenos menos hostiles, produciendo modificaciones en la dinámica demográfica y cultural de esta sociedad. Según dicho censo, el promedio de habitantes por comunidad era de 171 habitantes. No obstante, existían asentamientos con menos de diez individuos y otros con más de 600.

Antes de la llegada de los españoles, los Asháninka mantenían relaciones con los pueblos andinos. Esto se evidencia a través del hallazgo de diversos materiales de uso común. Esta tribu empezó a ser evangelizada a partir de 1653 por misioneros dominicanos y franciscanos. En la cercanía de la Merced, los franciscanos fundaron la misión para los Campas y los Amueshas. Dicha ubicación era estratégica pues a través de ella, se podía controlar el denominado Cerro de la Sal, con el fin de dominar el comercio de las etnias en la selva central.

En 1640 ya se ubicaban siete centros en la zona de la Merced. Sin embargo, estos fueron destruidos por una rebelión provocada por la llegada de mineros españoles a la zona. En 1671 se restableció las misiones cerca del Cerro de la Sal y además se fundó nuevas misiones a lo largo del río Perené. En 1674 se produjo un levantamiento encabezado por el dirigente asháninka Fernando Torote, el cual al parecer, fue instigado por otra tribu indígena, la de los Piros. Esta tribu conocida por sus grandes facultades de comercio, ubicada en la selva sur, temía que los españoles bloquearan el intercambio de sal entre ellos y los Asháninka.

En 1709 se inició un nuevo intento de evangelización a cargo de un padre franciscano. De esta manera, en 1739 se construyó 38 misiones en el Gran Pajonal que incluían a más de 8500 nativos. Así también, los pueblos reducidos de los Asháninka sufrieron diversas epidemias lo cual, sumado a la rebelión de Juan Santos Atahualpa, ocasionó que los misioneros y colonos de la zona se retirasen.

Recién en 1869 la resistencia de los Asháninka en el valle de Chanchamayo sucumbió y es ahí donde se fundó la ciudad de La Merced cerca a la antigua misión franciscana de Quillazú. Sin embargo, las hostilidades continuaron en la zona hasta que se estableció la Peruvian Corporation en 1889. A esta empresa de capitales ingleses se le concedió 500 000 ha en las márgenes de los ríos Perené y Ené. Dicha situación significó el inicio de la penetración colonizadora de la selva central hasta la actualidad.

Ya en 1914, el valle del Perené estaba ocupado por más de 14 mil colonos, a su vez que en 1938, cerca de dos mil Asháninka ya trabajaban de manera asalariada para los colonos. En la década de los cuarenta, ante la presión de los nuevos pobladores y la incorporación de un gran número de asháninkas al mercado de trabajo, la ocupación de nuevas tierras siguió en aumento. De esta manera, se realizó varios desplazamientos de la población local a la selva central presionados por la colonización.

Adicionalmente, en los valles adyacentes al Perené se dio inicio al boom del caucho lo que instauró un régimen de esclavitud para los campa, en especial de mujeres y niños. En 1920 se inició un movimiento misionero por parte de los adventistas. En 1950 dicha labor fue continuada por el Instituto Lingüístico de Verano. A eso se le debe sumar que, a partir del año 1965, los Asháninka, en especial los del Gran Pajonal y los de Satipo, se involucraron en los conflictos armados a través de la incursión del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR) y del ejército del Perú.

Con la promulgación de la Ley de Comunidades Nativas en 1974, se le otorgó a los grupos indígenas algunas garantías sobre sus territorios. Es así como algunas de las aldeas que surgieron como producto de los procesos de contacto entre indígenas y colonos se acogieron a la nueva ley. Adicionalmente, ante la presión de campesinos andinos, fueron creados otros asentamientos en la zona, con lo que la presión hacia su entorno creció de manera un tanto descontrolada.

Entre los años 1986 y 1996, los Asháninka se vieron involucrados en la violencia que desató en la zona Sendero Luminoso y el Movimiento Revolucionario Túpac Amarú, a lo que se le debió sumar las acciones del Gobierno para paliar los avances de los subversivos.

La organización de los Asháninka

En cuanto a la descendencia de los Asháninka, esta es de tipo bilateral, es decir, se reconoce de igual manera las relaciones del lado paterno como materno. A través de esta estructura, el grupo está formado por todas las personas con las que la persona ha establecido un vínculo genealógico. La parentela es egocéntrica, esto implica que está constituida por la combinación de redes de parientes del padre y de la madre de la persona.

El parentesco en los Asháninka se caracteriza básicamente por diferenciar a los parientes en dos grandes categorías: consanguíneos y afines a la persona. En el caso de una persona, se diferencia en una primera instancia a los padres y a sus hijos. Luego se adiciona la generación de los abuelos y la de los nietos. Existe dentro de esta tribu la regla matrimonial a través de la cual, el individuo debe casarse “lejos”, es decir fuera del ámbito de las relaciones de consanguinidad y afinidad que se puedan haber establecido. Así también, existe la regla del “servicio de la novia” que señala que un hombre debe permanecer, luego de casado, en los territorios de su suegro por un tiempo indeterminado que generalmente se vence tras el nacimiento del primer hijo.

En el caso de que el padre de la novia sea un señor con mucho poder, como puede ser el jefe de la tribu o un chamán, este retendrá a sus hijos en sus dominios. Es así como un grupo de hermanos puede constituir el núcleo de un asentamiento Asháninka.

Este grupo indígena se interrelaciona por río o a través de las zonas ribereñas con un alto grado de movilidad espacial, debido a las áreas de cultivo itinerantes que tienen. Además, en los años 50, se estableció algunas escuelas bilingües, lo que originó que en esos lugares se formen centros poblados de mayor densidad poblacional. En los años 70, estos centros se convirtieron, debido a la titulación, en la base territorial para el reconocimiento de las comunidades nativas.

El proceso de titulación fortaleció a la organización de la comunidad, en donde además fueron creadas diversas federaciones, las cuales pudieron repeler el avance terrorista en los años 80. Si bien existieron grandes bajas en los Asháninka debido a las incursiones terroristas, estas organizaciones sociales no se desmembraron y continuaron siendo importantes para el mantenimiento de este pueblo.

El territorio Asháninka

Cuando se inició la titulación de las comunidades nativas a partir de 1974, las tierras de numerosas comunidades eran muy reducidas. Adicionalmente, las comunidades ya de por sí estaban muy atomizadas en espacios no contiguos. Además, el área de las tierras comunales, es decir aquel destinado para las familias de las tribus, era ya de por sí reducida.

La extensión promedio familiar de la tierra de los Asháninka en la provincia de Chanchamayo es de 17,9 ha. Pese a que inicialmente se le había otorgado muchas más hectáreas, tras los procesos de colonización, estas se fueron reduciendo. En ellas se realiza la agricultura que es la principal actividad económica de este grupo indígena. Los principales cultivos son la yuca, el plátano, el maíz, el maní, la sachapapa, el camote, el arroz, el fríjol, la caña de azúcar, los cítricos, la piña y otras frutas.

La agricultura comercial es hoy en día la principal actividad económica de los Asháninka, en especial en los valles de los ríos Perené y Satipo. Destacan también los cultivos de café y de achiote. La ganadería se ha ido acentuando progresivamente en la zona, pues cada vez son más los grupos familiares que la adoptan como actividad comercial. Este sistema de producción fue introducido por los colonos.

Otra actividad destinada a la obtención de ingresos económicos es la extracción de madera con fines comerciales, en especial en la zona del río Tambo y el Alto Ucayali. Además, muchos Asháninka trabajan como mano de obra en la extracción de madera. Finalmente, como actividad económica de relevancia se puede incluir a la caza de animales silvestres. En tanto, la pesca se realiza de manera individual y grupal para la obtención de proteína. Adicionalmente, se está criando aves de corral para complementar la dieta y para fines lucrativos.

Violencia y situación actual

El pueblo Asháninka ha sufrido bastante con la violencia en sus territorios. La presencia de los movimientos terroristas y de las fuerzas de represión ha puesto en el medio de dos fuegos a esta comunidad indígena. Esta problemática obligó al pueblo Asháninka a organizar una respuesta, la misma que se dio a través de diferentes mecanismos de vigilancia y control permanente para asegurar su supervivencia y la permanencia en sus territorios.

En 1990, Sendero Luminoso controlaba la totalidad del río Ene y gran parte del Alto Tambo. A partir de 1991, se organizó el autodenominado Ejército Asháninka, el cual logró rescatar a miles de prisioneros y recuperar gran parte de su territorio a mano de terroristas y cocaleros. Así también, se organizó, en los valles del río Apurímac, Ene y Satipo, las autodenominadas Rondas o Comités de Autodefensa. Posteriormente, con el apoyo de las Fuerzas Armadas, se pudo mantener en raya a los terroristas.

No obstante, el precio fue alto para los Asháninka pues murieron entre 4000 y 5000 personas entre los ataques terroristas, enfermedades o desnutrición durante su cautiverio.

Los pobladores que fueron secuestrados por los movimientos terroristas buscaron asentarse luego de su liberación en las comunidades que recibían a los refugiados. En esta situación, muchos Asháninka se vieron desplazados y se encontraron desamparados. Es así como muchas costumbres y estilos de vida se vieron modificados severamente. El impacto cultural fue muy severo pues se perdió el nexo con sus raíces y con su cultura original.

A esto, se le debe sumar los grandes problemas de hacinamiento, escasez de alimento y problemas de salud. Esta triste situación también creó un impacto en las costumbres originales de una gran parte del pueblo Asháninka. Pues de haber sido un pueblo casi nómada, estos se vieron obligados a convertirse en sedentarios con lo que muchas de sus costumbres alimenticias y culturales se fueron perdiendo progresivamente. Adicionalmente, el cumplimiento de las funciones de rondero y las acciones para asegurar la supervivencia, implicaba alejarse de sus costumbres y adoptar otros patrones de conducta.

Estos choques culturales fueron severos y se acentuaron ante la presencia de mecanismos totalmente lejanos a su cultura como las prácticas de los miembros del Ejército, las ollas comunes, los trabajos comunales, las prácticas militares y demás tipos de conducta ajenas a la cultura tradicional de los Asháninka. Estas comunidades de refugiados abarcan en la actualidad un conjunto de más de 300 o 400 personas, existiendo algunos con más de 1000 personas. En ellas se encuentra principalmente mujeres (viudas) y niños (huérfanos). Existe un déficit de hombres y de jóvenes de ambos sexos, ya que gran parte de estos murieron como consecuencia del terrorismo.

Muchos de los desplazados migran desesperados para proteger su vida y esto los obliga a modificar casi todos sus patrones de vida, teniendo que adquirir otras costumbres para sobrevivir. Las políticas de atención de este grupo, se caracterizan por ser de corto plazo. Sin embargo, pese a que pueden estar bien diseñadas en una primera instancia, no se ha aplicado políticas a largo plazo que asuman la reinserción adecuada a una zona harto intervenida y modificada.

Asimismo, los desplazados no son bien vistos por la población local que intenta incorporarlos en su estructura social. Esto se da principalmente en las zonas más pobres. Es así que se crean sentimientos de odio y envidia en muchos, así como de desprecio y de marginación. Los desplazados suelen ocupar el último nivel social.

Como ya se mencionó, la gran mayoría de los desplazados está conformada por mujeres y niños o jóvenes de temprana edad. En el caso de las madres, estas justifican su presencia para atender a los más pequeños. Los jóvenes, sin embargo, mediante el proceso de culturización, aspiran a una vida más moderna. Esta característica se asemeja a la inmigración andina hacia las grandes urbes de la costa, pese a que el nuevo medio es muy hostil para los emigrantes, debido a este que no les ofrece los servicios básicos ni les abre la puerta al mercado laboral.

Pese a esta situación, la transculturización continúa y es un problema que siempre ha estado presente y lo estará mientras no haya oportunidad para todos. Si bien, las causas del desplazamiento se deben al terrorismo que los hizo huir, pese a la férrea defensa que hicieron, tuvieron que emigrar. Existen muchos casos de pobladores que intentan regresar a sus territorios originales. El poblador Asháninka no busca socializar en un medio distinto al suyo. Su cultura y cosmovisión le permiten identificar el valor de los elementos fundamentales que su entorno les brinda.

En el caso de las poblaciones andinas, la migración se da para la búsqueda de un mejor porvenir, sin embargo, el Asháninka en general sabe que el mundo urbano o rural andino es muy ajeno a su realización familiar. Por esta razón busca regresar a su tierra. La vocación del desplazamiento en la Amazonia es un fenómeno temporal, pero que en algunos casos no puede ser detenido.
Diciembre 2007

4 comentarios:

  1. eso último es el gran drama de nuestras poblaciones nativas. luego tenemos guerra, odio, marginación y resentimiento en Lima, donde todos convergen y nadie se siente ni se escucha. sólo nos queda crear lazos, sanar heridas y procurar un estado descentralista… lo que suena a misión imposible. pero ahí estamos.

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  2. Tarea harto difícil Brix. Pero tampoco podemos esperar que todo esté en manos del Estado, las poblaciones indígenas deben buscar su propio desarrollo y plantear soluciones no solamente esperar que los Apus y la selva madre los ampare.

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  3. La identidad es nuestro principal baluarte, desconocer o perder nuestra esencia es la mayor mutilacion al alma humana, es un lindo ejemplo de pertenencia. No sabia de sus costumbres, gracias.

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  4. tu dices que tienen que buscar por ellos mismos claro, pero su geografia en que viven la gente nativa es dificil, no es como la costa, la selva es inaccesible, esa gente no tiene nada, tienen inteligencia como todos nosotros pero lo que limita es su geografia, ahora en lima es el colmo por que hay gente que tiene la posibilidad aqui y no hace nada ellos si esperan del estado, ahora tu di enrique angulo quien es realmente que necesita ayuda, te daras cuenta si sabes algo de geografia

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