martes, 27 de agosto de 2013

EL PERÚ Y SUS NUEVAS ESPECIES BIOLÓGICAS

Serpiente de Ojos Rojos (Trimeresurus rubeus)
recientemente descubierta en Vietnam.
Con mucha envidia me enteré que recientemente ha sido descubierta una nueva especie biológica en los bosques nublados de Ecuador. Se trata del Olinguito (Bassaricyon neblina), un mamífero de la familia de los mapaches que parecería ser una mezcla de gato y oso. Sin duda es una buena noticia para la comunidad científica internacional y para los ecuatorianos. Y en ese aspecto, ¿cómo vamos por casa? Seguramente nos podría ir mucho mejor.

Sin lugar a dudas, el Perú es —todavía— una caja de sorpresas, ya que en los últimos años, aunque no se sepa, se ha descubierto varias especies nuevas para la ciencia. El problema es que casi nadie “le da bola” a estos temas, los mismos que tampoco son muy difundidos porque no “venden”. Además, en el país, el mundo científico divulga poco sus resultados y no se cuenta con mecanismos institucionalizados para informar oportunamente lo que se viene haciendo en aras de conocer mejor nuestra diversidad biológica.
                 
En toda la euforia, debemos diferenciar entre lo que significa y representa en general descubrir una nueva especie para la ciencia y lo que implica tener un nuevo registro para un lugar, una región o un país, en este caso, el Perú. Hallar una nueva especie es mucho más complicado, insólito y excepcional, dado que no todos los días sucede y menos en este planeta tan intervenido y venido a menos, aunque hay sorpresas interesantes.

El segundo caso, es decir, obtener nuevos registros de especies biológicas para el Perú, se da mucho más seguido, ya que contamos con un mayor (pero aún insuficiente) número de investigadores que utilizan técnicas modernas para la investigación. Además, variables como el tan mentado cambio climático y la degradación de algunos ecosistemas en países vecinos estarían ocasionando que algunas especies biológicas amplíen sus rangos de distribución y que otras se vean obligadas a buscar nuevos territorios para sobrevivir, en este caso, algunos ubicados en nuestro país.

Por eso, lo sucedido en Ecuador es relevante (además, lo han “vendido” muy bien, pues la noticia ha dado la vuelta al mundo). Adicionalmente, —y hay que decirlo— el descubrimiento de un mamífero, es algo mucho más pomposo y resaltante que el reporte de una nueva especie de ave, reptil o insecto para la ciencia. Claro, a menos que se descubra un ave sumamente vistosa o no voladora; un sapo o lagartija, gigante, fosforescente y con tres ojos; o un insecto que camine en dos patas. Lo que sí es cierto es que el planeta todavía nos podría sorprender. Basta ver lo que sucede en la cuenca del río Mekong, en Asia, donde se sigue descubriendo nuevas especies para la ciencia.

Un poco de números

Según algunos expertos, existen, cerca de 5600 especies de mamíferos en el planeta, de las cuales se conoce solo 5501 (es decir, el 98% y sin contar al Olinguito); 10 500 de aves de las que se conoce 10 064, es decir el 96%; 12 000 de reptiles y 9547 de ellas conocidas (80%) y 15 000 especies de anfibios y 6771 conocidas (45%).

Por cierto ¿Cómo es que se sabe que existe un número determinado de especies biológicas, pero solo conocemos un porcentaje de dicha cifra? Esto sucede por lo siguiente: existen especies que ya fueron descubiertas, pero que aún no han sido descritas y no han sido dadas a conocer oficialmente; además existen muchas subespecies de alguna u otra especie que en realidad son especies nuevas pero que aún no han sido declaradas como tal.

En todo caso, cualquiera de estas podría aumentar la lista de especies ya conocidas. Pero, tengamos en cuenta que es distinto clasificar y renombrar a una especie ya conocida que descubrir una totalmente nueva para la ciencia.

Así también, con los grandes avances en la genética molecular (análisis secuencial del ADN) sucede también que algunas especies han sido declaradas como subespecies (con lo cual el número total de especies disminuye) o que determinadas subespecies son clasificadas como especies nuevas, lo cual aumenta el número total de especies. Lo importante es saber que todas estas cifras cambian permanentemente y que si bien es relevante conocer realmente qué tenemos y dónde está, lo primordial es asegurar de que las nuevas especies que vayamos sumando a cualquiera que sea la lista puedan permanecer en el planeta.

Para los sapos…

Rana Ying-Yang (Leptobrachium leucops) descubierta hace
unos años también en la selva de Vietnam. 
Para complementar parte de lo acá expuesto, recomiendo leer el artículo titulado: “Investigación y conservación de la biodiversidad en Perú: importancia del uso de técnicas modernas y procedimientos administrativos eficientes” de Rudolf von May, Alessandro Catenazzi y otros autores, publicado en la Revista Peruana de Biología 19 (3): 347 – 354 de diciembre de 2012 y editada por la Facultad de Ciencias Biológicas de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. En el mencionado artículo se indica, entre otros, que “…tan sólo en los últimos siete años –entre el 2005 y el 2011– se ha descrito 115 especies nuevas de anfibios en el Perú (Rivera-Correa 2012). En un período de tiempo similar se ha descrito muchas especies nuevas de otros grupos de vertebrados, decenas de especies nuevas de plantas y muchas especies nuevas de invertebrados”.

En el Perú tenemos todavía bastante por hacer para conocer nuestra diversidad biológica. En esa dirección, concuerdo también con lo expresado en el artículo en mención: “Asimismo, esta tarea no sólo debe servir para catalogar la riqueza natural del país sino también para entender los procesos involucrados en la generación y mantenimiento de la biodiversidad y su posible respuesta a los efectos del cambio climático. Esto es de particular impor­tancia en la elaboración de planes de adaptación y mitigación al cambio climático”.

Rocas en el camino

Dicho lo anterior, existen algunas trabas e impedimentos que limitan el accionar científico en el país. Tenemos las pataletas de algunos satanizando la colección de ejemplares biológicos en el campo para los estudios taxonómicos, lo cual solo saca a relucir una falsa concepción del “conservacionismo”, tildando además a muchos investigadores como los “malos de la película”; las actitudes gangsteriles de algunos también mal llamados “conservacionistas” impidiendo el trabajo de investigadores en el país; así como las dificultades ya conocidas, como la falta de presupuesto estatal para la investigación científica, lo mismo que se traduce en tecnología obsoleta y en limitados incentivos para invertir en el estudio de nuestra diversidad biológica y cultural.

Por eso, pese a que sí existen avances interesantes y resaltantes de la investigación científica en el país, nos estamos quedando un poco. Debemos meter más carbón a la locomotora de la gestión del conocimiento. Un ejemplo claro y conciso que grafica que se nos puede pasar el tren, es lo que podría suceder en Bolivia. Y es que el país vecino ya está por atrasarnos, pues ha anunciado la pronta fundación de su Centro Internacional de la Quinua. No se trata de una competencia a nivel internacional, por supuesto que no, pero sí se trata de aprovechar las oportunidades que se nos presentan y de darle un valor agregado a nuestros recursos naturales.

Claro, tampoco es que los bolivianos estén prohibidos de realizar esa y otras iniciativas de ese tipo, pero creo que no deberíamos dormirnos en ese aspecto e invertir más en la investigación y fortalecer el trabajo de instituciones como, en este caso, el Instituto Nacional de Innovación Agraria (INIA), ya que es harto conocido el potencial de este y de otros granos andinos. A su vez, es necesario aclarar, en especial a aquellos que creen que todo lo bueno y rico es peruano o de origen peruano, que la quinua, la kiwicha y otros productos provenientes de los Andes también existen en otras latitudes.

Un distinguido investigador (no diré su nombre para que no le suelten —innecesariamente— los perros) me comenta que en el país estamos perdiendo oportunidades para potenciar el estudio científico, debido a que los trámites arcaicos, obsoletos y absurdos que demanda el Estado para llevar tejidos, muestras y el material necesario para estudios genéticos a otros países (ante la falta o poca presencia de laboratorios calificados en el país) son francamente de terror y espantan a investigadores nacionales y foráneos por lo que, o se frustran y abandonan la empresa o se van a otros países a trabajar.

Así, aunque sé que existen muchos detractores de lo que voy a expresar, tampoco es que nos la debemos pasar investigando y compitiendo a ver quién publica más y quien lo hace en las mejores revistas. Sin duda alguna, es vital promover y apoyar la investigación científica, dar a conocer los resultados y sobre todo buscarles una aplicación. Por lo tanto, es de trascendental importancia identificar la manera de incorporar la información científica y técnica a las políticas nacionales, regionales y locales para que lo que se haga tenga un sustento válido, evitando las improvisaciones y el mal uso del dinero.

Además, es evidente que en algunos gobiernos regionales, los funcionarios no están muy bien capacitados y que requieren apoyo técnico. Lamentablemente, eventualmente salen a relucir los regionalismos y algunos resentimientos cuando se pretende apoyar a funcionarios fuera de la capital. No podemos perder de vista que el fin supremo de la investigación científica es ofrecer insumos e información de calidad para una buena toma de decisiones que nos permita desarrollarnos como sociedad para mejorar nuestra calidad de vida, conservar y utilizar responsablemente el medio ambiente y si es posible, en el camino, descubrir nuevas especies biológicas.

Agosto 2013

Artículo publicado en la versión online de la Revista Rumbos: 

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