BIENVENIDOS
AL NUEVO MORDOR: ¡EL PERÚ! (XXIV)
Hace unos
meses, tras un golpe de lucidez y un destello de valor, decidí abrir dos redes
sociales para lanzar mensajes sobre diversos temas. Por supuesto, prevalecerán
los tópicos ambientales y los relacionados a múltiples aristas en torno a la
diversidad biológica. El título de esta serie de videos nació de una visión que
tuve tras escuchar a alguien que decía que la situación que atraviesa el país
se asemeja al lugar donde reside el “Ojo de Sauron”, en el cual pululan
diversos tipos de orcos que solo responden a lo que ordena su amo, sin pensar y
sin chistar y que son expertos dejando el caos por donde van.
Para no
perder de vista los contenidos propalados en las redes sociales, colocaré
algunos de ellos acá. Tal vez un entusiasta orco, orca u orque desee leerlos.
Orcas, orcos, orques, ¿Qué
debemos hacer con la liebre europea? Ya conocieron que este mamífero orejón y
saltarín es considerado como una especie exótica invasora que, según el Plan de
Acción Nacional sobre las Especies Exóticas Invasoras en el Perú 2022-2026, “es
toda especie exótica que sobrevive, se reproduce, establece y dispersa con
éxito en la nueva región geográfica, amenazando ecosistemas, especies y
hábitats, salud pública o actividades productivas. Se apodera de nichos
ecológicos ya ocupados por las especies nativas, desplazándolas. (…) Son
especies cuya introducción y/o diseminación fuera de su distribución natural,
pasada o presente, constituye una amenaza para la diversidad biológica, la
salud humana y el desarrollo sostenible”.
Esta definición le cae “a
pelo” a la liebre europea, aunque su impacto más reconocido, según el
mencionado Plan “es a nivel de pérdidas económicas en cultivos y ser huésped de
parásitos”.
Asimismo, el Plan menciona
que “una vez detectado el ingreso o establecimiento de una especie exótica
invasora, se deben adoptar medidas efectivas para el control, la contención o
la erradicación, a fin de mitigar los efectos perjudiciales (…). Las técnicas
utilizadas para estos fines deben ser inocuas para los seres humanos y el
ambiente. Para estos fines, deben adoptarse medidas de mitigación en la etapa
más temprana posible de la invasión”. Creo que ya se nos pasó el tren. Y para
la mitigación o control es “esencial contar con un mecanismo integrado de
monitoreo que permita actuar de manera oportuna y eficaz”. Creo también que
estamos algo retrasados en estos puntos para el caso de la liebre europea.
Entonces, ¿qué hacer con
la liebre? ¿Llegó el momento de desempolvar la ley y aplicar la cacería
deportiva como medida desesperada? ¿Ya deberíamos pensar en aprovechar y
promover el uso de su carne y piel? Me parece que en este tema aún hay mucho
por discutir y sobre todo por actuar. ¿Nuestra gastronomía, por ejemplo, podría
incorporar a la liebre como parte de su menú?
Las aves les temen más
a las mujeres que a los hombres
Orcas, orcos, orques, mis
colegas feministas y luchonas de la República Checa me mandaron un correo para
casi obligarme, bajo amenaza, a leer un artículo, de febrero 2026, publicado en
la revista "People and Nature", que expone los resultados de un
estudio realizado por la Universidad Checa de Agricultura de Praga, que
sustenta que las aves urbanas parecerían huir más de las mujeres que de los
hombres. ¡Habrase visto!
Un equipo de
investigadores observó cómo reaccionaban las aves ante la presencia de
peatones. Para ello formó cuatro parejas de observadores, cada una compuesta
por un hombre y una mujer de estatura y vestimenta similares. Los ornitólogos
se acercaron a cada ave a la misma velocidad, manteniendo contacto visual.
Entre abril y julio de
2023, se logró observar 2701 reacciones de 37 especies de aves en siete
ciudades de la República Checa, Alemania, Francia, España y Polonia. Entre las
aves estudiadas se encontraban palomas, urracas, mirlos y cuervos. Se pudo
medir la distancia de huida, es decir, la distancia a la que las personas
podían acercarse antes de que el animal se retirara. Mis colegas me dicen que,
en ecología del comportamiento, este es un indicador común del nivel de
vigilancia de los animales cuando se sienten amenazados.
¿Cuál fue el resultado? en
promedio, los hombres habrían logrado acercarse aproximadamente un metro más a
las aves que las mujeres; y, además, no se observó diferencias significativas
entre los distintos países ni entre las especies de aves.
El estudio tuvo en cuenta
factores que podrían haber sesgado los resultados, como la distancia inicial,
el tamaño de la bandada, el sexo del ave, el uso del espacio circundante, la
cobertura vegetal y el parentesco entre las especies.
Además, las mujeres del
equipo no recopilaron datos durante su menstruación, ya que las moléculas de
olor presentes en su cuerpo podrían haber alterado los resultados.
Sin embargo, el estudio no
investigó por qué los animales se comportaron de esta manera. El equipo de
investigación sugirió posibles razones: diferencias en la forma de andar, la
complexión o el olor corporal, independientemente del sexo. Se sugiere que los
machos serían más tolerantes al riesgo. ¿por qué? No lo dicen.
No sé cómo así decidieron
hacer esta investigación. Seguro algunos dirán que es un estudio machista,
feminista, no inclusivo, opresor o algo por el estilo. Sea lo que sea, la
observación de aves es una excelente actividad para relajarse, aprender, disfrutar
de la naturaleza y entender por qué debemos cuidar lo que aún queda.
¡Adiós a los hipopótamos!
De reojo, estuve atento al
caso de los hipopótamos en Colombia. Por un lado, muchos aplaudían la intención
del gobierno colombiano de buscar frenar el avance de esta especie exótica
invasora; y por el otro, se escucha (aún) el grito de ciudadanos que apelan a
“salvar” a estos mamíferos de los humanos que quieren mandar a algunos de ellos
al más allá. Recordemos: los cuatro hipopótamos que llevó a Colombia, en los
años 80, el narcotraficante Pablo Escobar se han convertido en una numerosa
manada invasora. Según el censo del Ministerio de Ambiente cafetero, en el 2022
había al menos 169 “hipos”.
Sin una política de
control de la población, se estima que para el 2030 llegarían a ser más de 500
y en 2035 superarían los mil ejemplares. La ministra de Ambiente encargada,
Irene Vélez, anunció que se buscaría reducir la población de hipopótamos con la
eutanasia de 80 individuos; y con la traslocación (o sea, llevar los hipos a
zoológicos y santuarios en otros países).
Indicó también que el
crecimiento descontrolado de su población es una amenaza. Estos megaherbívoros
(cada uno pesa más de una tonelada), devoran la flora nativa que, en
condiciones normales, es alimento de la fauna silvestre. También alteran el
paisaje con sus pisadas y con las grandes cantidades de excremento que
producen, contaminan el agua, afectan a las comunidades humanas y ponen en
riesgo especies como el manatí y la tortuga de río. Su presencia se concentra
en las riberas del río Magdalena. En África, de donde son originarios, tienen
depredadores y sequías. En Colombia no tienen esos "controladores
naturales" y viven y se reproducen sin problema.
Miles de colochas y
colochos salieron a gritar “Salvemos a los hipopótamos” pero otros miles de sus
compatriotas los acusaron de incongruentes e hipócritas porque alegaban que
ellos son los primeros que piden acabar con las serpientes porque son "peligrosas",
con los sapos porque son "feos", con las lechuzas porque son
"brujas" y con otros animales como las zarigüeyas.
Otros más conciliadores
afirmarían que los “hipos” serían condenados por la vanidad y la estupidez del
hombre que los trajo, la falta de previsión de muchas administraciones
anteriores, la indiferencia general sobre el tema ambiental y reaccionar
siempre recién cuando el problema ya es grave. Bueno, pero de que es un
problema, lo es. Algo deben hacer los vecinos colombianos, ¿no? Sé que están
buscando quién adopte a estos animalitos, pero eso, sin duda, no es suficiente.
Me dicen mis colegas
colochos que la eutanasia de cada hipo costaría casi $50 millones de pesos
colombianos (cerca de US$ 14 000). ¡Me anoto!
Junio 2026






