lunes, 1 de junio de 2026

BIENVENIDOS AL NUEVO MORDOR: ¡EL PERÚ! (XXIV)

 


BIENVENIDOS AL NUEVO MORDOR: ¡EL PERÚ! (XXIV)

 

Hace unos meses, tras un golpe de lucidez y un destello de valor, decidí abrir dos redes sociales para lanzar mensajes sobre diversos temas. Por supuesto, prevalecerán los tópicos ambientales y los relacionados a múltiples aristas en torno a la diversidad biológica. El título de esta serie de videos nació de una visión que tuve tras escuchar a alguien que decía que la situación que atraviesa el país se asemeja al lugar donde reside el “Ojo de Sauron”, en el cual pululan diversos tipos de orcos que solo responden a lo que ordena su amo, sin pensar y sin chistar y que son expertos dejando el caos por donde van.

 

Para no perder de vista los contenidos propalados en las redes sociales, colocaré algunos de ellos acá. Tal vez un entusiasta orco, orca u orque desee leerlos.

 

Orcas, orcos, orques, ¿Qué debemos hacer con la liebre europea? Ya conocieron que este mamífero orejón y saltarín es considerado como una especie exótica invasora que, según el Plan de Acción Nacional sobre las Especies Exóticas Invasoras en el Perú 2022-2026, “es toda especie exótica que sobrevive, se reproduce, establece y dispersa con éxito en la nueva región geográfica, amenazando ecosistemas, especies y hábitats, salud pública o actividades productivas. Se apodera de nichos ecológicos ya ocupados por las especies nativas, desplazándolas. (…) Son especies cuya introducción y/o diseminación fuera de su distribución natural, pasada o presente, constituye una amenaza para la diversidad biológica, la salud humana y el desarrollo sostenible”.

 


Esta definición le cae “a pelo” a la liebre europea, aunque su impacto más reconocido, según el mencionado Plan “es a nivel de pérdidas económicas en cultivos y ser huésped de parásitos”.

 

Asimismo, el Plan menciona que “una vez detectado el ingreso o establecimiento de una especie exótica invasora, se deben adoptar medidas efectivas para el control, la contención o la erradicación, a fin de mitigar los efectos perjudiciales (…). Las técnicas utilizadas para estos fines deben ser inocuas para los seres humanos y el ambiente. Para estos fines, deben adoptarse medidas de mitigación en la etapa más temprana posible de la invasión”. Creo que ya se nos pasó el tren. Y para la mitigación o control es “esencial contar con un mecanismo integrado de monitoreo que permita actuar de manera oportuna y eficaz”. Creo también que estamos algo retrasados en estos puntos para el caso de la liebre europea.

 

Entonces, ¿qué hacemos? Si bien el Plan lista a 134 especies de especies exóticas invasoras, entre aves, mamíferos, plantas, hongos, reptiles, insectos, moluscos, algas y anfibios, creo que la liebre europea es la que más (por ahora) debería preocuparnos por los daños económicos que está ocasionando.

 

Entonces, ¿qué hacer con la liebre? ¿Llegó el momento de desempolvar la ley y aplicar la cacería deportiva como medida desesperada? ¿Ya deberíamos pensar en aprovechar y promover el uso de su carne y piel? Me parece que en este tema aún hay mucho por discutir y sobre todo por actuar. ¿Nuestra gastronomía, por ejemplo, podría incorporar a la liebre como parte de su menú?


 

Las aves les temen más a las mujeres que a los hombres

 

Orcas, orcos, orques, mis colegas feministas y luchonas de la República Checa me mandaron un correo para casi obligarme, bajo amenaza, a leer un artículo, de febrero 2026, publicado en la revista "People and Nature", que expone los resultados de un estudio realizado por la Universidad Checa de Agricultura de Praga, que sustenta que las aves urbanas parecerían huir más de las mujeres que de los hombres. ¡Habrase visto!

 


Un equipo de investigadores observó cómo reaccionaban las aves ante la presencia de peatones. Para ello formó cuatro parejas de observadores, cada una compuesta por un hombre y una mujer de estatura y vestimenta similares. Los ornitólogos se acercaron a cada ave a la misma velocidad, manteniendo contacto visual.

 

Entre abril y julio de 2023, se logró observar 2701 reacciones de 37 especies de aves en siete ciudades de la República Checa, Alemania, Francia, España y Polonia. Entre las aves estudiadas se encontraban palomas, urracas, mirlos y cuervos. Se pudo medir la distancia de huida, es decir, la distancia a la que las personas podían acercarse antes de que el animal se retirara. Mis colegas me dicen que, en ecología del comportamiento, este es un indicador común del nivel de vigilancia de los animales cuando se sienten amenazados.

 

¿Cuál fue el resultado? en promedio, los hombres habrían logrado acercarse aproximadamente un metro más a las aves que las mujeres; y, además, no se observó diferencias significativas entre los distintos países ni entre las especies de aves.

 


El estudio tuvo en cuenta factores que podrían haber sesgado los resultados, como la distancia inicial, el tamaño de la bandada, el sexo del ave, el uso del espacio circundante, la cobertura vegetal y el parentesco entre las especies.

 

Además, las mujeres del equipo no recopilaron datos durante su menstruación, ya que las moléculas de olor presentes en su cuerpo podrían haber alterado los resultados.

Sin embargo, el estudio no investigó por qué los animales se comportaron de esta manera. El equipo de investigación sugirió posibles razones: diferencias en la forma de andar, la complexión o el olor corporal, independientemente del sexo. Se sugiere que los machos serían más tolerantes al riesgo. ¿por qué? No lo dicen.

 

No sé cómo así decidieron hacer esta investigación. Seguro algunos dirán que es un estudio machista, feminista, no inclusivo, opresor o algo por el estilo. Sea lo que sea, la observación de aves es una excelente actividad para relajarse, aprender, disfrutar de la naturaleza y entender por qué debemos cuidar lo que aún queda.

 

¡Adiós a los hipopótamos!

 

De reojo, estuve atento al caso de los hipopótamos en Colombia. Por un lado, muchos aplaudían la intención del gobierno colombiano de buscar frenar el avance de esta especie exótica invasora; y por el otro, se escucha (aún) el grito de ciudadanos que apelan a “salvar” a estos mamíferos de los humanos que quieren mandar a algunos de ellos al más allá. Recordemos: los cuatro hipopótamos que llevó a Colombia, en los años 80, el narcotraficante Pablo Escobar se han convertido en una numerosa manada invasora. Según el censo del Ministerio de Ambiente cafetero, en el 2022 había al menos 169 “hipos”.

 


Sin una política de control de la población, se estima que para el 2030 llegarían a ser más de 500 y en 2035 superarían los mil ejemplares. La ministra de Ambiente encargada, Irene Vélez, anunció que se buscaría reducir la población de hipopótamos con la eutanasia de 80 individuos; y con la traslocación (o sea, llevar los hipos a zoológicos y santuarios en otros países).

 

Indicó también que el crecimiento descontrolado de su población es una amenaza. Estos megaherbívoros (cada uno pesa más de una tonelada), devoran la flora nativa que, en condiciones normales, es alimento de la fauna silvestre. También alteran el paisaje con sus pisadas y con las grandes cantidades de excremento que producen, contaminan el agua, afectan a las comunidades humanas y ponen en riesgo especies como el manatí y la tortuga de río. Su presencia se concentra en las riberas del río Magdalena. En África, de donde son originarios, tienen depredadores y sequías. En Colombia no tienen esos "controladores naturales" y viven y se reproducen sin problema. 

 

Miles de colochas y colochos salieron a gritar “Salvemos a los hipopótamos” pero otros miles de sus compatriotas los acusaron de incongruentes e hipócritas porque alegaban que ellos son los primeros que piden acabar con las serpientes porque son "peligrosas", con los sapos porque son "feos", con las lechuzas porque son "brujas" y con otros animales como las zarigüeyas.

 

Otros más conciliadores afirmarían que los “hipos” serían condenados por la vanidad y la estupidez del hombre que los trajo, la falta de previsión de muchas administraciones anteriores, la indiferencia general sobre el tema ambiental y reaccionar siempre recién cuando el problema ya es grave. Bueno, pero de que es un problema, lo es. Algo deben hacer los vecinos colombianos, ¿no? Sé que están buscando quién adopte a estos animalitos, pero eso, sin duda, no es suficiente.

 


Me dicen mis colegas colochos que la eutanasia de cada hipo costaría casi $50 millones de pesos colombianos (cerca de US$ 14 000). ¡Me anoto!

 

 


Junio 2026

 

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