domingo, 9 de enero de 2011

LA AMAZONÍA EN EL MUNDO MODERNO

Quinta reseña sobre el libro de Betty J. Meggers, "Amazonía. hombre y cultura en un paraíso ilusorio".

Según Meggers, “antes de que la población humana alcanzara un tamaño que fuera perjudicial, la selección natural había establecido una adaptación finamente equilibrada con los recursos del ambiente”. Dicha afirmación con respecto a la selva tropical lluviosa parece ser cierta, puesto que antes de que se diera la invasión de estos territorios por los europeos, el equilibrio en la zona se mantuvo perfectamente.

En ese aspecto, la naturaleza hostil se encargó de mantener un estado de armonía entre el hombre y el medio ambiente. Los pobladores mismos eran conscientes de la necesidad de no tener una población muy numerosa. Asimismo, la naturaleza ofrecía a las tribus indígenas un nicho ecológico limitado, pese a ser tildada de paraíso, lo cual finalmente no lo es.

La invasión europea de la selva tropical lluviosa tuvo consecuencias devastadoras, debido a principalmente a dos motivos. El primero fue la explotación irracional de estos territorios. El segundo fue la implantación de costumbres foráneas que contradecían todo lo anteriormente establecido. Este “agente externo” extracontinental se mantuvo inmune a los patrones que definen la selección natural en la zona, por lo que pudieron salir en parte airosos.

Los afanes conquistadores y las diversas disputas entre los europeos tuvieron consecuencias devastadoras en la población indígena. Al exterminio ocasionado por la toma de esclavos y las guerras entre las naciones, se le debe sumar el gran número de indios muertos por enfermedades a las cuales no eran inmunes, tales como la viruela y otros males muy contagiosos que desaparecieron pueblos enteros. Adicionalmente, la exportación de esclavos africanos ocasionó que adicionalmente se introdujera enfermedades foráneas como el paludismo y la fiebre amarilla.

Esta situación es conocida por todos, puesto que también es considerada como una de las causas del aniquilamiento de culturas como la incaica o aquellas desarrolladas en Centroamérica. No obstante, en el caso de la selva tropical lluviosa, la invasión europea tuvo otro efecto demoledor: las prácticas locales fueron sustituidas. Esto significó modificar el uso del medio ambiente de los indígenas por otros usos provenientes de una realidad y un hábitat totalmente distinto.

Sin embargo, para los intereses europeos, la distribución geográfica dispersa (y frágil) de las tribus indígenas en la Amazonía colisionaba con sus costumbres productivas concentradas. Es por eso que se vieron obligados a modificar los patrones de asentamiento y de producción de los indígenas. Muchas costumbres “primitivas” fueron eliminadas con frecuencia de manera violenta y otras fueron debilitadas a través de la imposición de la nueva cultura. Para Meggers entonces, la situación actual de la Amazonia es consecuencia de la transformación hecha por los europeos, con el fin de amoldar esta vasta región a satisfacer su demanda de recursos.
La autora afirma también que en cuanto a las costumbres de todos los pueblos amazónicos, no existe mucha diferenciación, por lo que estos pueden ser vistos como un todo. Y es así como las tribus indígenas de la Amazonía han debido modificar sus usos y adoptar aquellos impuestos por los europeos, lo que los obliga a depender del nuevo sistema impuesto. Tal dependencia los obliga también a no poder desarrollarse mejor y a ser únicamente el primer eslabón en una cadena productiva que en ningún momento les ofrece beneficios reales.

Además, no solo el hombre amazónico ha sufrido cambios drásticos, sino también, el medio ambiente. La escasez de recursos es cada vez más notoria lo que ocasiona una amenaza a la supervivencia. A esta situación se le debe sumar el avance descontrolado de las poblaciones en la selva basado en el erróneo concepto del paraíso amazónico. No se ha tomado en cuenta los conocimientos ancestrales de aprovechamiento sostenible del medio desarrollados por los indígenas “bajo la lenta influencia de la selección natural”. Y como afirma Meggers, pese a que nosotros deberíamos poder hacerlo mejor, no lo hemos hecho. Existen varios ejemplos del uso equivoco del medio ambiente en la Amazonía: la ganadería, la agricultura extensiva y otros.

Así también, existen diversos usos sostenibles que han podido ser adoptados, tales como la silvicultura, la crianza de tortugas y otros que son desaprovechados hasta ahora. Esto denota por consiguiente que la imposición de modos de producción desarrollados en otras realidades, colisiona y desmantela un equilibrio que pudo haber ofrecido desarrollo y progreso para sus habitantes.

Coincido con Meggers en estos aspectos, sin embargo, creo que ante la afirmación de que “en tanto las iniciativas para la explotación de Amazonia se originen en culturas extrañas, no hay posibilidades de que se establezca un programa racional para su desarrollo”, dicha posibilidad es inviable hoy en día, debido a la necesidad de desarrollar mecanismos de conservación ante el mal uso que se le ha dado hasta la fecha a esta región. Es decir, debe haber una conjunción de elementos nativos y de elementos introducidos, pero con la consigna de que deben ser respetados los usos y costumbres tradicionales, los cuales han atravesado los procesos evolutivos y la selección natural.

Por otro lado, habiendo tomado conciencia de que la Amazonia —pese a la arremetida occidental— ha sobrevivido y se ha repuesto, tiene un futuro incierto si no se toman las medidas adecuadas. Si es que Meggers tiene razón y que producto de la selección natural existen algunas especies “preadaptadas” a las nuevas condiciones de vida imperantes, es hora de utilizarlas racionalmente.

La complejidad, diversidad y riqueza de la Amazonia se debe al proceso evolutivo que atravesó, en el cual el hombre solo ocupó un papel muy reducido. En la actualidad, el papel del ser humano es preponderante, si no es que definitivo, para bien o para mal.

Aportes

Los aportes de Meggers son, según mi opinión, varios y muy relevantes para entender el mundo amazónico como un complejo sistema ambiental de diversas relaciones que ha generado un espacio harto difícil de entender. Para tal fin, debe ser asumido como un todo con una gran interdependencia entre sus partes. Uno de los principales aportes de la arqueóloga estadounidense es definir de manera acertada e ilustrativa los conceptos de terra firme y de várzea. Ambos términos conforman parte de la explicación de todas las dinámicas que se dan en la selva tropical lluviosa.

Una vez que se entiende esta diferenciación del territorio y las diferentes estrategias de adaptación que desarrollaron los siete pueblos indígenas descritos en su obra, se puede comprender por qué la Amazonia es definida por la autora como un paraíso ilusorio. Asimismo, además de entender esta hipótesis, se puede interiorizar las diferentes estrategias de supervivencia desarrolladas por el hombre amazónico en su afán de convivir y desarrollarse en este medio tan inhóspito.

Meggers utiliza los distintos procesos adaptativos de los indígenas amazónicos para demostrar que el medio geográfico determina el grado de desarrollo. De manera paralela afirma que los pueblos que se desarrollaron en la várzea y que gozaron de un mejor acceso a los recursos naturales, tuvieron un desarrollo mucho mayor a aquellos pueblos que se desarrollaron en la terra firme. Esta última afirmación se ve sustentada en los relatos acerca de las tribus de los Omagua y de los Tapajos.

Analizando únicamente el sistema amazónico, me parece que es cierta la afirmación esbozada entre líneas que sostiene que el medio geográfico determina el grado de desarrollo. Analizando en primer lugar los dos “medios geográficos” de la Amazonia, se encuentra que, pese a que la terra firme tiene la mayor diversidad en recursos, estos están dispersos y son más difíciles de obtener. En el caso de la várzea, pese a que su uso optimo depende marcadamente del ciclo del agua, su abundancia y acceso es mucho mayor para el poblador amazónico. Esto de por sí marca una gran diferencia en el desarrollo del hombre amazónico.

Meggers presenta de manera interesante la comparación de diferentes aspectos correspondientes a siete tribus indígenas. Esto permite comparar la adaptación al medio geográfico, lo cual se traslapa con un proceso de selección natural que también juega hasta la actualidad un papel determinante en el desarrollo de los pueblos amazónicos. Así también, se presenta diversos patrones culturales que resultan de los diversos procesos adaptativos.

Los aspectos culturales, como las guerras y la presencia de los chamanes y brujos, encuentran un sustento natural en la Amazonía y determinan en parte el grado de desarrollo alcanzado por los pueblos allí asentados. La conjunción de la cultura con el medio ambiente nos proporciona distintas técnicas de adaptación que Meggers se encarga de recoger, presentar y utilizarlas como modelos que pueden ser adaptados a los patrones modernos. Dichas conclusiones son algunos de los aportes de la autora.

Otro aporte de Meggers es la explicación bastante coherente y fundamentada de los estragos que significó la introducción de patrones culturales totalmente ajenos al medio, los cuales han tenido un efecto devastador hasta la actualidad. Dicha afirmación se sustenta en los procesos modernos de desarrollo de la Amazonia que no han logrado proporcionarle las herramientas necesarias para permitir encontrar una armonía entre el medio ambiente y el hombre de tal manera que beneficie a ambos.

Otro aspecto rescatable de la autora es el llamado que hace con respecto a la necesidad de comprender mucho mejor la forma en que la cultura y el medio ambiente se “influyen recíprocamente”. Hoy en día este punto es inevitable para asegurar un desarrollo ambiental que permita sentar las bases para poder conservar el medio ambiente y satisfacer las necesidades del hombre amazónico y de los demás pueblos.

Finalmente, como aporte de la obra de Meggers, me parece importante rescatar cómo la selección natural puede favorecer la conservación de un comportamiento adaptativo, salvo que el deterioro ambiental sea muy agudo. Esto nos permite virar hacia ciertas estrategias evolutivas y de de adaptación que han generado diversos patrones culturales de desarrollo entre el hombre y su medio ambiente. Entender estas estrategias nos puede ofrecer la oportunidad de aplicarlas en los procesos modernos de producción.

Si bien para Meggers, la cultura es un producto de la selección natural más que el resultado del ingenio humano, las culturas son diferentes de los organismos biológicos. Esto permite entender que los aspectos biológicos y los aspectos culturales son distintos. Sin embargo, según la autora, en la ciencia se aplica actualmente criterios que intentan unificar ambos conceptos para explicar los procesos evolutivos. Para Meggers, estos deben ser diferenciados, debido a que representan dos campos totalmente distintos.

Yo opino que esta afirmación es cierta en muchos aspectos, pues al principio de la humanidad, lo “único” que predominó para el hombre fue asegurar su supervivencia y para tal fin tuvo que afrontar una selección natural, de la cual salió airoso. No obstante, dicha selección es constante, y una vez que se ha tomado las medidas adecuadas para sobreponerse, el hombre desarrolla aspectos culturales como producto de su evolución condicionada indefectiblemente por el medio ambiente.

Crítica

En cuanto a la cultura como forma de comportamiento adaptativo, Meggers afirma que “el hombre es el producto de un proceso que se inició muchísimo antes de su aparición, y tan complejo que está más allá de su capacidad de comprensión; al principio sobrevivió debido a su adaptabilidad biológica, y se afirmó con la adquisición de la cultura”. Además, la autora afirma que la selección natural no puede prever cuáles serán las condiciones imperantes en un futuro, por lo que se producen diversas especies preadaptadas a los cambios que se puedan dar para asegurar una cierta continuidad. Es así como también se desarrolla una diversidad biológica. Esta, según la autora, también está asociada a la diversidad cultural. En este punto no concuerdo con Meggers.

Si bien es cierto que de la diversidad biológica se desprende parte de la diversidad cultural (y viceversa) y con esta, mayores posibilidades de supervivencia, creo que esto no siempre es así, debido a la existencia de diferentes grados de desarrollo en un medio ambiente muy homogéneo como la Amazonia.

Para Meggers, la diversidad cultural tiene la misma explicación que la diversidad biológica: “la primera permite una explotación más eficiente de los hábitat existentes y proporciona un máximo de senderos potenciales para afrontar lo futuro”. Es así como el primer punto se evidencia en la adaptación aborigen a la terra firme, y el segundo en el desarrollo de civilizaciones cuando las condiciones son optimas.

Personalmente creo que este punto es muy discutible ya que en el caso de territorios con una gran diversidad biológica, el desarrollo cultural no ha permitido alcanzar un nivel óptimo que evidencie el grado de diversidad cultural. Es sabido que se desarrollaron grandes culturas en estos territorios, sin embargo, no siempre se da tal binomio, esto se evidencia en todo el hemisferio sur del planeta. El avance cultural, basado en la diversidad biológica, debería desembocar en un uso racional, sostenible y bien planificado de los recursos naturales, pero esto no ha sido siempre así.

Diciembre 2007

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