domingo, 5 de febrero de 2012

DER UNTERGANG (LA CAÍDA)

Ganz en alemán significa: todo, enteramente. El protagonista de esta película es Bruno Ganz y realmente hace mérito a su apellido, pues dio todo y se entregó enteramente a desentrañar a Adolf Hitler. El productor alemán Oliver Hirschbiegel nos ofrece la caracterización de Der Führer desde una perspectiva humana poco conocida. Esta cinta ha sido severamente criticada por algunos y alabada por otros. Hirschbiegel toca una lesión de la historia alemana que aún no sana: el nazismo. Asimismo, el film viola una ley no escrita sobre Hitler: no otorgarle tribuna al dictador.

La actuación de Bruno Ganz es grandiosa. Encarnizar a un ser del que de su mente trastornada dependen millones de personas, no debe ser muy fácil aunque, debe decirse, existe un parecido físico que le favorece. Sin embargo, el actor suizo hace un excelente trabajo con una transformación que permite conocer al ser humano Adolf Hitler, con su tembladera en la mano izquierda (un poco exagerada), cariñoso con su perro, y afectuoso con su esposa. Estas características, de un ser tal vez común y corriente, pueden inspirar algo de compasión en una persona que se va autodestruyendo, pero que, sin embargo, está aún en la facultad de afirmar y realizar cosas brutales.

En ese reducido bunker en medio de la capital alemana, somos testigos de otro rasgo humano: la desnaturalización del Führer producida por la demencia que mella en él. Dicha locura no es la excusa de la visión trastornada que lo llevó a determinar por ejemplo, que la población civil no vale nada —ante la arremetida imparable del Ejército Rojo— y que son ellos mismos los que se han buscado su trágico destino.

La narración abarca desde el 20 de abril hasta el 2 de mayo de 1945 cuando la guerra para los alemanes ya estaba perdida. No obstante, el film se inicia con la contratación de una nueva secretaria para Hitler: Traudl Junge (Alexandra María Lara) en 1942. La historia muestra la decadencia de los días previos al suicidio del Führer, mientras los altos cuadros nazis estaban en la incertidumbre entre seguir a su máximo líder hasta el final o dejarlo a su suerte, y mientras Eva Braun (Juliane Köhler) celebraba fiestas tratando de aparentar cierta normalidad, para luego casarse con el Führer y sellar su disposición de morir junto a él.

Tal vez una de las escenas más significativas de la película es aquella cuando Magda Goebbels (Corina Harfouch) mata a sus seis hijos ante la inminente caída del régimen y como producto de su enfermiza alegoría a la ideología nazi. La señora Goebbels es sólo uno de los tantos personajes que desfilan por esta cinta y que son mostrados en diversas facetas. Todos parecen querer conservar algún valor humano, como aquel que, producto de su fanatismo, los lleva a determinar que la única manera de solucionar tal estado, es suicidarse.

En una entrevista, el productor afirma que la señora Goebbels habría dicho que “nosotros hemos entendido que hay que pelear y que hay que vivir. Ahora le enseñaremos al mundo que también hemos entendido que hay que morir”. Esta frase es escalofriante, sin embargo, según Hirschbiegel en la cinta no se abarca el tema del suicidio como un acto de heroísmo, sino como el producto de la ceguera que produce el fanatismo y el estado alterado de ciertas mentes.

En los años que viví en Alemania ya había escuchado el nombre de Bruno Ganz y al enterarme de esta cinta, sabía que venía algo bueno. Justamente de aquellos años, guardo varios recuerdos que me hacen reflexionar sobre la importancia de este tipo de películas, para entender que pasó y no repetir los mismos errores. Cuando una barbarie solamente es nombrada, deja de ser barbarie, hay que comprenderla. Recuerdo claramente un diálogo que me late siempre en la mente y que me esclareció muchas cosas. Mi interlocutor era un Kurdo que en su masticado alemán me dijo: ¿Para qué tanta matanza entre nosotros, si todos vamos al baño y somos iguales? En ese instante entendí que tiene toda la razón.

Esta breve conversación con este amigo que había sufrido y vivido en carne propia la aniquilación casi total de su pueblo por fuerzas turcas e iraníes, trabajaba justamente con turcos e iraníes buscando, al igual que ellos, progresar. Es decir, buscaba un derecho común a todos sin excepción: sobrevivir y salir adelante.

El tema del nazismo ha merecido el más esmerado análisis para entender la barbarie, y de mi experiencia en tierras germanas, sé que la herida aún pica e incomoda. Muchos amigos alemanes aún se sienten culpables de lo que su pueblo ocasionó.

La caída propone y muestra algo muy importante: no le deja la explicación y discusión del flagelo del nacionalsocialismo a Hollywood y eso es muy valioso, pues es el mismo pueblo el que debe arreglar cuentas con su pasado. El siguiente paso es buscar las causas y comprender cómo dicha ideología pudo ser posible y causar tanta destrucción. Otro punto que debe hacernos reflexionar es el caso del suicidio. Dicho acto injustificado puede ser uno de los productos de la decadencia de una sociedad, salvando las distancias temporales y culturales. Los diferentes casos de padres que matan a sus hijos y que se suicidan en nuestra sociedad, ¿no son un símbolo de que algo anda mal?

Esta cinta es muy recomendable por la manera valiente como se abarca un tema tan espinoso y traumático. Así también, porque nos devela un lado poco conocido de una mente tan destructiva. El ser humano es capaz de cometer brutalidades, y esto es lo que se aprecia en esta entrega. Es asombroso y peligroso reconocer cómo las mentes pueden encubrir y ser cómplices de barbaridades, pero una manera de evitarlas es conocerlas. Hirschbiegel nos muestra una que no debe repetirse jamás.

Enero 2006

CHICAGO

No es exagerado afirmar que con este film, que marca el debut cinematográfico de Rob Marshall, el género cinematográfico del musical se consolida en este siglo. Chicago logra presentar una sincronía perfecta de acción, entretenimiento y “swing”, dejando al espectador atónito ante el impresionante despliegue de majestuosidad y garbo con que se describe el estilo de vida de los “locos años 20”, también conocidos como la “época del jazz”, en la cual la sociedad seguía atenta los pasos de los gansters, personajes que eran tratados como estrellas.

Es en este contexto en el que se desarrolla la vida de las protagonistas de la historia. Velma Kelly, interpretada por Catherine Zeta-Jones, es una célebre bailarina de cabaret quien en un arranque de celos asesina a su hermana y a su propio marido. Una vez en prisión conseguirá la ayuda de Billy Flynn (Richard Gere), el mejor abogado de la ciudad, quien además de defensor, se transformará en el motor de su publicidad y holgorio con la prensa. La película tomará cuerpo justamente cuando Flynn, de forma paralela, ejerza la defensa de otra bailarina, Roxie Hart (Renée Zellweger), quien asesina a su amante y no sólo desea salir de prisión, sino convertirse (a propósito de su historia) en una bailarina famosa, hecho para el cual, la ayuda de su abogado y “promotor de talento” será indispensable.

Varias de las escenas más saltantes de la película se originan justamente como una proyección de los deseos, inquietudes y narraciones de las protagonistas, sobre todo de Roxie quien es una soñadora que imagina las escenas de la vida real como un espectáculo digno de cabaret. Un claro ejemplo de ello es la conferencia de prensa junto a su abogado, donde ridiculiza a la prensa en un espectáculo de cabaret. Las piezas de baile son presentadas en porciones pequeñas y muy bien editadas, de tal forma que no se aprecia mayor diferencia entre la performance de los bailarines profesionales y los protagonistas. Zeta-Jones ha sido bailarina en algunas obras musicales al igual que Richard Gere, quien actuó en Grease por ejemplo, sin embargo, Renée Zellweger sí es novata en este rubro y para su primera vez, lo hace muy bien.

“Chicago” y “Pandillas de Nueva York” de Scorsese son dos películas que reúnen elementos que pueden formar una amalgama de agresión y humor, así como de locura y moral. Estos dos films forman una constelación representativa de la cultura americana: la conjunción de la violencia, patetismo y la auto-escenificación. Ambos nominados al Oscar, podrían formar una excelente muestra del cine norteamericano y el reflejo de sus posibilidades actuales. En resumen, Chicago nos deja un sabor muy agradable a Broadway y a su vez nos hace retroceder en el tiempo y sucumbir ante la imponente coreografía y escenografía.

Marzo 2003

CAPOTE

El escritor norteamericano Truman Capote (1924 – 1984) se definió a sí mismo de la siguiente manera: “Soy homosexual, soy drogadicto, soy alcohólico, soy un genio” y fue él mismo el que se encargó de difundirlo a los cuatro vientos. Justamente sobre el controvertido autor de la novela “A sangre fría” (1966) y sobre el origen de dicha obra, trata esta buena película de Bennet Miller que por fin se encuentra en la cartelera de varios cines limeños.

El film abarca los seis años que le tomó a Capote escribir su obra maestra “A sangre fría”. El libro se basó en la reconstrucción del brutal asesinato de una familia granjera en Holcomb, Kansas y que fuera perpetrado por dos jóvenes en 1959. Ambos asesinos fueron luego apresados y ejecutados en 1966. Dicha novela salió a la luz poco tiempo después de ambas ejecuciones, otorgándole tal fama y renombre al excéntrico Capote, que esa misma fama fue la que lo arrastró a la autodestrucción.

Para redactar su novela, Capote (Philip Seymour Hoffman) se dirigió al lugar de los hechos como reportero del renombrado diario “New Yorker” con su colega Harper Lee (Catherine Keener). Inspirado en el caso, Capote decidió luego escribir un libro sobre el hecho y utilizó el testimonio directo de los dos asesinos, en especial el de uno de ellos, Perry Smith. La historia narra además la estrecha relación que une al autor con el asesino, induciéndonos a sospechar una relación sentimental entre ambos.

A Capote se le criticó por haber utilizado supuestamente a Smith para poder escribir su libro. Así también, parece que el escritor calculó todo con sangre fría para exprimir al asesino y hacer de la realidad un arte. Un dato curioso del crimen es que los asesinos solo pudieron robar unos cuantos dólares y una vieja radio. Las explicaciones que obtuvo Capote de los atestados policiales y de cuanto documento pudo encontrar, además del motivo que pudo ser el mísero botín obtenido, no justificaron el horrendo crimen. Intrigado y tal vez, hasta fascinado, el escritor tuvo que escarbar en las mentes de los culpables para desentrañar la razón que los llevó a cometer el homicidio. El libro recoge ese trabajo minucioso y detallista y fusiona el periodismo con la literatura, creando un nuevo género literario: la novela de no ficción.

La actuación de Seymour-Hoffman es destacable, pues personifica a Capote con una credibilidad magnífica (ayudado también por el parecido físico). Su amaneramiento, su delicadeza, sus temores y su —para muchos— repudiable ego, alcanzan en el ganador del Oscar del año pasado, una perfecta representación. Seymour-Hoffman también nos entregó un gran papel de “malo” en Misión Imposible 3, donde sí que era malo y bien malo.

Dicha notable actuación refleja el elevado egocentrismo del escritor, producto tal vez de su soledad, así como de una moral no tan elevada, la cual a su vez logra que Capote se acerque tanto a su “objeto”. La relación entre ambos es uno de los puntos más importantes del film. Perry Smith piensa haber encontrado a un buen amigo en Capote, pues recibió de él apoyo y hasta un buen abogado, pero al parecer Capote deseaba solo ampliar el plazo de su ejecución para seguir obteniendo información.

Capote aparece en pantalla tal cual como fue: arrogante, inseguro, trastornado y amanerado. No sabemos si su comportamiento con los demás es el de un egoísta por naturaleza, o tal vez es porque realmente siente cierta simpatía o porque reviste un interés homosexual. Lo mismo sucede con su relación con Perry, pues ésta se intensifica posiblemente porque ve en él un alter ego, un antisocial con mucha capacidad o tal vez un artista no reconocido. Esa ambigüedad del carácter hace tan valiosa (y atractiva) la figura de Capote.

La contraparte de Capote en el film es Harper Lee, quien enfrenta las manipulaciones y búsquedas de prestigio de su colega con calma, pues sabe que se trata de un caso perdido. Lee se resigna a ver cómo la fama va acabando con Capote y lo fulmina tras la publicación de su obra cumbre, convirtiendo al niño mimado de la alta sociedad neoyorquina en un prisionero de sí mismo que se fue aislando progresivamente, ocultándose en el alcohol y en los medicamentos. En una entrevista que brindó poco antes de su muerte por sobredosis de medicamentos, Capote se cuestionaba si realmente valió la pena escribir “A sangre fría”, ya que tras la ejecución de los asesinos, cayó en una gran depresión que le impedía culminar la historia hasta el final. Solo con mucho esfuerzo pudo concluir su obra, pero nunca más se repuso tras dicho acontecimiento.

Otra de las frases que lanzó el engreído Capote fue: “No existía nadie como yo antes de mí y no va a existir nadie como yo, después de mí cuando ya no esté”. Solo para saber quién dijo esta frase llena de arrogancia, deberíamos ir a apreciar parte de la vida del escritor que también se rebeló a la teoría literaria de los años 60: “La muerte del autor”; es decir, la emancipación del autor de su texto tras su aparición. Dicha teoría sostiene que el autor ya no es el soberano en cuanto al significado y la fama, sino su obra. El autor y su obra toman rumbos distintos y se independizan. En el caso de Capote, su obra magna parece haberlo hecho prescindible, hasta hacerlo desaparecer.

La actuación de Seymour-Hoffman es magistral y justifica el darse un salto al cine para revivir a Capote, quien ya pasó a la historia para beneplácito de unos y envidia de otros. Hasta este texto parece asumir una ambigüedad forzada, pues hablo del libro y de la película, tal vez por culpa del mismo Capote.

Agosto 2006

CACHÉ (“ESCONDIDO” EN NUESTRA CARTELERA)

Según el portal de Internet Wikipedia, la memoria caché se define como una pequeña porción de memoria muy rápida, cuyo objetivo es reducir los estados de espera y estar a la velocidad del procesador. Es de acceso aleatorio (también conocida como acceso directo) y funciona de una manera similar a como lo hace la memoria principal (RAM). Es decir, la memoria caché es veloz e instantánea y sustituye a la memoria “grande” que se utiliza siempre. Aparece y desaparece a veces sin ser detectada. Algo así le debe suceder a cada uno de nosotros al recordar pasajes de nuestra vida agradables, desagradables, traumáticos o tal vez aquellos que siempre nos persiguen en forma de la “mala conciencia” o del “remordimiento de conciencia”. Nuestra memoria justamente nos recuerda siempre esos momentos que desearíamos olvidar y que nos persiguen por doquier. Sin embargo, es imposible; debemos convivir con nuestra memoria caché, queramos o no.

El film del director austriaco Michael Haneke, Caché (2004), nos presenta un thriller de singular performance que deja a algunos confundidos, a otros algo alterados y posiblemente a otros con dudas sobre ¿qué ha querido mostrar el director? La historia se inicia con la toma fija de un hogar de clase acomodada en París, en donde viven Anne (Juliette Binoche) y Georges (Daniel Auteil). Ambos forman una pareja cultivada con un solo hijo, Pierrot (Lester Makedonsky), el cual atraviesa la difícil etapa de la pubertad.

Él es un conocido presentador de un programa literario, ella trabaja en una editorial parisina. Ante dicha apacible tranquilidad, se avecina la tormenta que se inicia justamente con videos de origen anónimo mostrando la casa de la familia permanentemente vigilada y que vienen acompañados de dibujos infantiles con figuras que emanan sangre. La pareja, un tanto alterada, recurre a la policía a denunciar el hecho, sin embargo, los gendarmes nada pueden hacer ante la ausencia de daños. Con esto, la incertidumbre y desesperación aumentan.

Las cintas posteriores que recibe la familia ya no muestran únicamente la casa del matrimonio, sino escenas de la casa de los padres de George en el campo, una calle desconocida y un departamento en uno de los típicos edificios en las afueras de París. Con esto, las disputas y recriminaciones entre la pareja aumentan, ofreciendo un clima tenso entre la pareja, donde empiezan a surgir las dudas, los cuestionamientos e incluso algunas manifestaciones de racismo.

Es así como en la memoria de George empiezan a desfilar recuerdos traumáticos de su niñez que le hacen suponer quién está detrás de esos videos, asumiendo que se trata de una venganza. El desenlace del film deja algunas interrogantes y muestra también que sí existe un final para la historia, pero un final que simplemente es un alto a la situación actual; lo que viene, es cuestión de cada uno, lo cual no siempre es lo mejor.

El director Haneke filmó en el año 2001 “La Profesora de Piano”, basada en la obra de su paisana y Premio Nobel de Literatura, Elfriede Jelinek. En dicha cinta, Haneke nos ofrece la tormentosa vida de una profesora de piano y nos muestra también las desconocidas facetas del hombre, víctima de sus laberintos existenciales. En ese film, la protagonista es incapaz de mostrar sentimientos y solo puede relacionarse con otros a través de la dominación y la opresión. En Caché los motivos son distintos: el racismo y la moral.

Al parecer, Haneke intenta hacer un llamado a la reflexión y a la toma de conciencia en dos aspectos. Por un lado, cuestiona el poder de los medios y de la tecnología que se inmiscuyen en la vida de los humanos; y por el otro, la cuestión social llevada a contexto que apunta hacia la memoria colectiva. En un país como Francia que tiene actualmente un problema social, debido a la gran cantidad de inmigrantes, principalmente argelinos, y de otras de sus antiguas colonias que pugnan por ingresar al país y tener oportunidades para sobrevivir, se presenta un caldo de cultivo para el levantamiento de las clases menos favorecidas y marginadas.

Recordemos los disturbios ocasionados por miles de ciudadanos parisinos en las afueras de la capital francesa en el 2005 que produjeron una severa crisis en el país galo. Además, Francia aún no parece procesar el efecto que le produjo el conflicto en los años sesenta con su ex colonia, Argelia. Dicho conflicto creó una cierta ambigüedad en la relación con los argelinos. Justamente, uno de los protagonistas de la historia, procede de este país africano.

En el film, Haneke intenta tal vez denunciar un racismo asolapado en una típica familia de tendencia socialista (lo que acá conocemos como la izquierda caviar). En una de las escenas presenciamos el ataque verbal —no muy justificado— hacia un joven negro que muestra rasgos de intolerancia hacia los descendientes de las ex colonias francesas. Las heridas, así como los resentimientos por ambos lados, aún parecen estar abiertos.

Haneke utiliza el suspenso en esta cinta para despertarnos y obligarnos a reflexionar sobre nuestra actitud frente a los otros. El miedo y el trauma se entremezclan ante la incertidumbre de sentirnos vigilados y atacados. Y es que tal vez, únicamente podemos tomar conciencia de nuestra conducta ante una amenaza. Mientras todo esté bien, no hay de qué temer, ni por qué pensar en nuestra conducta; pero una vez que el orden se quiebra, empiezan los cuestionamientos.

Caché es una buena entrega que merece ser vista. Las actuaciones son destacables, y si bien, en algunos momentos se percibe cierta lentitud en el transcurrir del film, su desarrollo mantiene su fuerza como conjunto. Todo final inesperado deja dudas, sin embargo, ¿quién no tiene dudas?

Tal vez no es necesario buscar una explicación ni intentar identificar al autor de las cintas. Quizás nosotros mismos traemos esas escenas a colación en nuestro subconsciente. Es interesante percibir que la calidad y formato de las cintas que recibe la familia parisina, es idéntica a la calidad de la película. ¿No deberían ser distintas? ¿No somos nosotros los que dirigimos nuestra vida?, pero ¿quién dirige nuestra conciencia y nuestros temores?

Febrero 2007

BATMAN BEGINS

¿Y Robin? No aparece (felizmente) y francamente no lo necesitamos por ahora para entender el origen de Batman. Veamos por qué me atrevo a afirmar esto. Me gustó la película (o será porque el día anterior cometí el error de ver “Sr. y Sra. Smith”). Este film del joven director Christopher Nolan (“Memento”, 2000 e “Insomnio”, 2002) nos proporciona una nueva visión de Batman. Esta versión del hombre – murciélago es mejor que las anteriores (Joel Schuhmacher, Tim Burton). Sin embargo, el director no se pudo salvar del virus contagioso de Hollywood que lo obliga a hacer derroche de ciencia-ficción para intentar revertir la guerra en la que se haya la meca del cine contra el DVD (en nuestro país lamentablemente el 95% o más, es de origen pirata) para captar gente que vaya aún al cine y seguir haciendo taquilla.

Gracias a Dios, esta cinta no es una parodia circense con los paupérrimos “Guasón” y “Pingüino”, ni presenta al héroe alado como un tonto útil y como mito, rodeado de magia y de frases tontas. Batman es humano y como todo humano, tiene miedo. Pero para conocer el miedo hay que experimentarlo. Dicha sensación nunca se borrará de nuestra mente. Conozcamos un poco más de cerca el miedo que originó esta leyenda.

El director intenta explicar una fobia y su conexión con el miedo. El miedo que sentimos por algo, nos atormenta y nunca nos va a dejar libre. Para vencerlo hay que enfrentarlo, no huir despavorido (y lleno de miedo). La historia nos muestra cuando el pequeño y futuro millonario Bruce Wayne (Christian Bale) cae a un pozo y segundos después es rodeado por cientos de murciélagos. Esa escena de horror nunca lo dejará en paz. El joven Bruce es, poco tiempo después, testigo presencial del asesinato de sus padres. Él se siente culpable de aquella desgracia. Ambos recuerdos lo escoltarán a lo largo de su vida. Así, para librarse de este miedo y del complejo de culpa, deberá enfrentarlos (no hacerlos de lado y fingir tranquilidad), solo así podrá vencerlos.

Bruce se queda solo con su fortuna y con su fiel mayordomo, Alfred (Michael Caine). En vez de vivir en la cúspide de la sociedad, se embarca en varias experiencias para buscarse a sí mismo y encontrar la solución a sus miedos. Esto lo lleva hasta una prisión en Asia donde busca hallar la raíz del delito. Ahí es casi molido a golpes por uno de los convictos. Luego, es salvado por el guía de una liga de guerreros ninja: Henry Ducard; una especie de maestro Jedi interpretado nada menos que por Liam Neeson, el conocido Qui-Gon-Jin de Star Wars.

Ducard entrena a Bruce Wayne para convertirlo en un guerrero ninja en el Himalaya (por un momento pareciera que estuviésemos en otra película: “Siete años en el Tibet“) ayudándolo a vencer sus miedos y a librarse del trauma de los murciélagos. Paralelamente, la decadente ciudad Gótica se sumerge vertiginosamente en el lodo de la violencia, la corrupción y el hampa. Estos males campean sin control. Poco pueden hacer las fuerzas del orden para combatir y erradicar esos males. En eso, el futuro héroe alado escapa del Himalaya al descubrir que la liga de los “Guerreros de la sombra” busca devolver al mundo el equilibrio entre lo “bueno” y lo “malo” con métodos que no son de su convicción. Tras el entrenamiento recibido decide combatir el mal en ciudad Gótica.

Pero como en todo film, no podía faltar la figura femenina. Esta recae en la futura esposa del insoportable Tom Cruise con su innecesaria exposición a los medios y su discurso sectario (¿o es todo una tregua comercial, también organizada por Hollywood?), Katie Holmes, quien interpreta a un amor de adolescente de Wayne y a una intrépida abogada que combate el mal.

La pareja Nolan / Bale está en top form y quizá esta misma dupla continúe con los siguientes episodios de Batman. Hollywood se encargará seguramente de tenerlos en su regazo y de no dejarlos ir para que produzcan más bombas taquilleras, tan necesitados hoy en día. El director se aleja muy bien del tema “venganza” que inspiró antiguas versiones. En esta entrega mantiene al espectador en suspenso y maneja muy bien los tiempos, sin llegar a cansar. El actor principal proporciona un Batman caballeroso y verosímil. Nos muestra el miedo y la amargura de Batman sin caer en algo muy teatral, asimismo, hace posible percibir de cerca su conflicto personal.

Para todo esto, no necesitamos aún del —según mi concepción, nerd y débil mental— compañerito de Batman: Robin. Por ahora no, quizá en las siguientes cintas de Batman que con seguridad vendrán. Basta ver esta, para saber que no me equivoco. Pero atención, no vaya a ser que nos bombardeen luego con cintas de Batman de tal modo que le agarremos nosotros fobia a los murciélagos. De Hollywood se puede esperar cualquier cosa.

Julio 2005

21 GRAMOS

La ultima producción del director mejicano Alejandro Gonzáles Iñárritu nos muestra como la vida se puede decidir en segundos. Iñárritu nos presenta tres historias paralelas, las cuales no parecen tener nada en común, sin embargo, estas se entrecruzan y desembocan en un accidente automovilístico. La estructura del film y sus logrados personajes nos demuestran lo difícil que resulta vivir o morir con la dura verdad de percibir la muerte como un cambio, como la destrucción pero también como un nuevo empezar y como esperanza de paz.

Una de las primeras escenas del film presenta a un hombre y a una mujer en una cama, el fumando y ella durmiendo. Es fácil de intuir que los dos han tenido sexo. El temeroso silencio y la tranquilidad reinante en tal ambiente nos oculta el verdadero telón de fondo cruel y violento que se esconde tras ese cuadro sugestivo. El color rojo del infierno oculto tras esa aparente calma, es el color del sufrimiento y de la desesperación. Las tomas nos van acercando a los rostros compungidos y desgastados, los cuales reflejan el caos interno que vive y experimenta cada uno de los personajes.

Una tendencia recurrente en los dramas modernos consiste en iniciar el film con la escena clave y crucial. Al igual que en “Amores Perros”, Iñárritu parte de un accidente automovilístico, en el cual la suerte de cada uno de los personajes se entrecruza y toma diferentes rumbos para rozarse e interceptarse según las riendas del destino inesperado. Iñárritu nos muestra consecuentemente cómo una historia tan verdadera y trágica a la vez, no sigue ningún patrón determinado y no presenta ningún ritmo plausible al cual ceñirse. En “21 gramos” contemplamos escenas repetidas desde distintas perspectivas, las mismas que pueden ser registradas en una secuencia “salpicada” de acontecimientos que se vuelve más clara con el tiempo. Del mismo modo, podemos apreciar escenas con distinta resolución del material fílmico; escenas en “grano grueso” muestran la desesperación y el desorden interior, mientras que las tomas con un “grano fino” muestran el bienestar pasajero de los personajes.

Paul (Sean Penn) es un profesor de College con el corazón enfermo y a la espera de un donante. Paul vive con su mujer (Charlotte Gainsbourg), la cual desea a toda costa un hijo suyo. Naomi Watts es una cocainómana rehabilitada y madre de familia y pierde a los suyos de una manera trágica. Finalmente, Benicio del Toro es un creyente a cabalidad tras una carrera como delincuente y alcohólico, el cual encuentra la salvación en la palabra del Señor convirtiéndose en un predicador implacable. Estos tres personajes conviven con la pesadumbre de mantenerse a flote en un verdadero mar de lágrimas que amenaza con devorarlos sin la menor clemencia. No parecen tener nada en común, sin embargo, aparecen juntos en las primeras escenas en un motel ensangrentado y en una alocada carrera al hospital, unidos por el ineludible destino.

“Dios no lanza los dados” afirma el profesor de matemáticas Paul. Con esta frase queda claro que la muerte puede venir en cualquier momento, le temas o no le temas, y es en ese preciso momento en el que el cuerpo humano pierde 21 gramos, de ahí el titulo. Iñárritu ha logrado una muy buena película, altamente recomendable. La actuación es de primer nivel debido a la credibilidad que le dan los actores y a la identificación total con sus papeles. Cada situación es perfectamente verosímil y transmite la verdadera situación de pesadumbre y desesperanza de cada uno. Para muchos puede resultar un film depresivo sobre la vida y la muerte, no obstante, debido al tratamiento fiel de las escenas con la cruda realidad, vale la pena verlo e intentar esgrimir distintas reflexiones, tales como si una creencia tan fuerte puede derivar en fanatismo, o si la vida humana tiene algún sentido cósmico.

Marzo 2004

viernes, 23 de diciembre de 2011

NAVIDAD 2011: LA ANTESALA AL FIN DEL MUNDO

Visto de manera positiva y optimista, que se acabe el mundo el 2012 tiene sus ventajas. Se acaban los problemas, las deudas, los inconvenientes del día a día, el stress, las siguientes elecciones presidenciales y municipales; y además nos ahorramos de seguir soportando innumerables estupideces en este país horrible, en el Congreso y por supuesto en todo lugar que nos rodea. Felizmente antes del fin del mundo tendremos la Eurocopa 2012, donde espero que Holanda aplaste a los ya golpeados económicamente países europeos (aunque antes de desaparecer quisiera ver a Holanda campeón del mundo). Pero bueno, lo importante es que si este fuckin planeta no se acaba del todo, el 2012 nos iremos algunos y quedarán otros, o al revés (lo cual me preocupa enormemente, pues no podemos elegir quiénes serán los afortunados o los desgraciados).

En estos tiempos de recogimiento y de espíritu jovial donde debería reinar la paz y el cariño mutuo, me temo que sucede lo contrario (por lo menos, digamos en un 87%, según mi propio concienzudo y serio análisis) por lo que me preocupa cómo, de sobrevivir, serán las navidades futuras. En fin, qué más da. Lo importante es mantener la calma y sobrevivir a los embistes de estos días donde el maldito “amigo secreto” ronda amenazante por doquier para clavarte una puñalada si no le gusta el regalo que le has comprado con el sudor de tu frente caminando por lugares llenos de inadaptados y mugrosos transeúntes pese al dolor de cabeza y al dolor de patas por caminar como un pobre diablo.

Es fabuloso observar cómo el ser humano es a veces tan hipócrita y descarado. Me causa placer desenvainar mi espada y acometer contra estos malditos hijos del Señor que no hacen más que pulular por ahí vomitando frases de “paz y amor” mientras que por adentro los carcome la envidia, la mediocridad, la venganza y las ganas de joder. Me gusta provocar a los que se creen dueños de la verdad y a los que se “alucinan” ser los llamados para manejar las sendas de los emprendimientos en los que estamos envueltos, pese a que su calidad humana y su sapiencia deja mucho que desear.

He pasado navidades de todos los tipos y recuerdo una que me causa alegría y felicidad. No recuerdo el año (1995 o 1996 creo), pero fue en Heidelberg, en Alemania, específicamente en Neunheimer Feld, es decir, en el conglomerado de edificios estudiantiles donde reinaba la armonía ficticia (con excepciones, claro está). La gran mayoría de estudiantes, entre alemanes y extranjeros, estaban ya en sus cálidos hogares con sus familias. Solo éramos unos cuantos pobres diablos que deambulábamos entre nieve, neblina, el frío maldito, las pocas luces navideñas y la tristeza depresiva del invierno europeo.

Rechacé varias invitaciones a pasar navidades junto a compatriotas y a otros energúmenos. Me asombraba ver a algunos entrar en un llanto imparable por la nostalgia y la pena de no estar con los suyos. Yo pasé la Navidad muy feliz en mi cuarto, leyendo, embutiéndome un suculento pescado horrible del Mar del Norte en una salsa insípida, acompañado de unas horribles papas procedentes de algún puto campo alemán y tomando una sidra barata helada. Me acompañaba una música elegida para la ocasión, es decir, deprimente y agresiva, a su vez que me hacía cada vez más fuerte y me daba más ganas de pasar navidad solo, encerrado en cuatro paredes viendo por la ventana poquísimas luces resplandecer entre la neblina y el frío casi polar.

Dormí plácida y profundamente. Me acosté pasado pocos minutos de la medianoche pensando en todos los hogares donde se estarían empujando comida y trago hasta reventar. Yo hice mi sacrificio y mi retiro voluntario y me sentí de lo mejor. De eso se trata creo, de recogimiento, no de comprar desesperadamente y competir con los otros por el mejor regalo y en una falsa celebración pagana. Esa navidad heidelberguense fue una de las mejores, espero que la pueda repetir. Ya tengo la música perfecta y los libros separados para dicha ocasión.

BIENVENIDOS AL NUEVO MORDOR: ¡EL PERÚ! (XII)

  Hace unos meses, tras un golpe de lucidez y un destello de valor, decidí abrir dos redes sociales para lanzar mensajes sobre diversos tema...