sábado, 31 de mayo de 2014

LOS PERROS (DEMASIADO) HAMBRIENTOS (II)

Alpaca devorada por perros silvestres en el distrito de Chachas, 
provincia de Castilla, departamento de Arequipa. 
Foto:  Carlos Enrique Michaud.
Como era de esperar, he recibido comentarios de todo tipo y calibre por la entrega anterior. ¡Excelente! Ese era uno de los objetivos de haberme metido en esto. Sigamos con el tema y esperemos que algo se haga para frenar esta situación. Recordemos también que los perros silvestres y asilvestrados, así como las especies exóticas e invasoras no conocen fronteras políticas ni zonas de amortiguamiento ni áreas naturales protegidas. Ellas y ellos siguen su camino buscando sobrevivir y asegurar su descendencia. Ojalá que las autoridades no se tiren la pelota y que las soluciones que se planteen para enfrentar este tema no sean peor que la enfermedad. Recordemos además que no debemos perder de vista a algunos mamíferos que ya llegaron al país para quedarse, como es el caso de la Liebre Europea (Lepus europaeus). 

Una de las amenazas actuales sobre la conservación de la diversidad biológica en nuestro medio es el impacto de perros domésticos (callejeros, vagos y asilvestrados). Como especie invasora puede depredar, competir y transmitir enfermedades a las especies nativas. Así, en base a la nota científica “Amenazas de perros domésticos en la conservación del cóndor, el zorro y el puma en las tierras altas bolivianas”[1] de Aliaga-Roseel et al. (2012), aparecida en la Revista Latinoamericana de Conservación, existen en Bolivia algunos conflictos —ocasionados por los perros silvestres— entre depredadores nativos, como el Zorro Andino (Licalopex culpaeus) y el Puma (Puma concolor) y los pobladores locales.

Según Aliaga-Roseel et al., “en Bolivia se ha registrado varios casos de muerte o de mutilaciones causadas por perros a ciervos andinos (Hippocamelus sp.) y a otros ungulados (animales con cascos o pezuñas) silvestres (…). También existen registros dispersos de ataques a animales domésticos como ovejas, chivos, burros y ganado vacuno, matando o dejando muy maltrechos a los mismos (…). Esto ha ocasionado que el Cóndor, el Zorro y el Puma Andino sean culpados por las comunidades locales de las pérdidas de sus animales domésticos”. Además,  a diferencia de otros predadores que cazan generalmente en solitario o en pequeños grupos y que atacan al cuello y matan por asfixia a sus presas, los perros silvestres atacan en jaurías y matan a su presa a mordiscos para destriparlas y empezar a tragárselas por el abdomen. Por eso, es fácil detectar cuando un animal es atacado por los canes.

Lo mismo estaría sucediendo en el Perú, pues se le estaría echando la culpa a los depredadores nativos de ser los malos de la película. Tal situación estaría obligando a muchos pobladores a agarrar su escopeta y dispararles o a darles veneno para evitar más pérdidas. Con esto se estaría mermando su población sin saber que los culpables no son ellos, sino los perros silvestres o asilvestrados.

Una manada de perros salvajes a punto de matar a un Buitre Leonado
(Gyps fulvus) en Segovia, España.
Foto: La Crónica Verde, por César Javier Palacios.
Y no solo están los animales domésticos en el menú de estos cánidos, sino también figuran los camélidos sudamericanos como la Vicuña (Vicugna vicugna), la Alpaca (Vicugna pacos) y el Guanaco (Lama guanicoe). En ese entendido, los pobladores andinos piensan que son los zorros y pumas andinos los comensales, pero, como sucedió en Bolivia, según Aliaga-Roseel et al., “(…) los pobladores locales amenazaron con organizarse para matar a estos animales (pumas y zorros). A los pocos días y después de un seguimiento por técnicos y guardaparques, se determinó que los verdaderos causantes del conflicto era un grupo de cuatro perros provenientes de una comunidad vecina. Una vez que estos perros fueron eliminados, cesaron inmediatamente los ataques a las alpacas en la zona”.

Según estos autores, “la información publicada sobre las implicaciones negativas de los perros sobre fauna nativa en revistas científicas es casi inexistente, sin embargo, son abundantes los registros de ataques por perros a la fauna nativa y con diferentes categorías de amenaza en diversos lugares del mundo; por ejemplo ataques de perros a Buitres Leonados (Gyps fulvus) en España, ataques a ciervos en Estados Unidos (…); la depredación de primates en Brasil (…) o ataques y daños ocasionados a tortugas, iguanas, pingüinos, y otras aves de la frágil fauna en Galápagos, Ecuador (…)”.  En el Perú no nos quedamos atrás.

El Perú y los perros

En nuestro terruño, se habría reportado ataques a la fauna local por perros silvestres en Sechura y en la Zona Reservada Illescas (a propósito, ¿cuándo serán categorizadas Illescas y la Zona Reservada Sierra del Divisor? ¡ya es hora!); en la Reserva Nacional San Fernando, donde los cánidos son la pesadilla de los pocos guanacos que bajan a la costa; en Arequipa, donde también se ha reportado la presencia de perros silvestres en zonas aledañas a la “Ciudad Blanca”, los que estarían persiguiendo (y cazando) guanacos y posiblemente interfiriendo con el anidamiento y descanso de algunas aves que utilizan los desiertos y zonas remotas para tales fines; y en la Reserva Nacional de Lachay, donde los zorros andinos y costeños estarían casi desapareciendo de la zona ante su presencia y donde los proyectos de reintroducción del Venado de Cola Blanca (Odocoileus virginianus) estarían amenazados por su presencia pues ya han ingresado a la Reserva a hacer de las suyas y a querer darle curso a los venados. Y seguramente hay más casos.

Como también sostienen Aliaga-Roseel et al., “normalmente, los perros domésticos no solo atacan para alimentarse, los ataques en jaurías usualmente llevan a la mutilación de sus víctimas. (…) Sin embargo, la natural simpatía de los humanos hacia los perros domésticos (…) impide la objetividad en casos de muertes, depredación y ataques sobre la fauna nativa”. No es mi intención satanizar a los cánidos, pero creo que debemos pensar en este problema y exigir a las autoridades que se haga algo al respecto. Tampoco es que deben salir cuadrillas de cazadores improvisados e ilegales a disparar al primer perro que se le aparezca en el campo. Se debe realizar una investigación seria para determinar el grado de amenaza y cuáles serían las medida a tomar y además ¡se debe publicar y comunicar los resultados!

Veamos el caso chileno

Recientemente se ha desatado en Chile una interesante discusión en torno a un proyecto de ley que permitiría que las personas puedan cazar perros silvestres en zonas rurales o aisladas, bajo la premisa de que las jaurías de cánidos atentan contra las especies nativas. Esto ha desencadenado un intercambio de ideas interminable entre las autoridades y los grupos que defienden la vida animal. Para los primeros, la presencia de perros silvestres puede llevar a la extinción (local y/o global) de especies que ya se encuentran amenazadas y en bajas densidades. Y debido a la irresponsabilidad en la tenencia de mascotas y a la débil fiscalización en este aspecto, el número de perros abandonados ha aumentado exponencialmente.

En la otra esquina, los defensores de la vida animal argumentan que la mencionada ley arruinaría y traería abajo todos los avances que se habrían dado en el país sureño en cuanto a la protección animal y que se desataría una cacería infernal. Además argumentan que ninguna especie debe ser cazada y que existen opciones para mantener el equilibrio ambiental sin violar los derechos y la libertad de los animales. El mencionado reglamento le daría luz verde a la caza o captura en cualquier época del año de los llamados perros salvajes y de otras especies calificadas como dañinas en todo el territorio chileno y sin limitación de número de piezas o ejemplares.

Cría de Guanaco devorado por perros silvestres en Chile, en el
Parque Nacional Pan de Azúcar. 
A todo esto, según el Servicio Agrícola y Ganadero (SAG) chileno, uno de los casos más estudiados es el de los perros silvestres que podrán ser controlados, siempre y cuando se encuentren en jaurías y en sectores rurales. Así por ejemplo, en la Región de Coquimbo, en Chile, una epidemia del virus distemper provocó la muerte de zorros cerca a la Reserva Fray Jorge. Asimismo, poblaciones de guanacos y de pudúes (ciervos pequeños) en el sur del país sufren una fuerte depredación por parte de perros. Por ello, frente a perros silvestres y a otras especies exóticas e invasoras, para las autoridades chilenas la caza es un método efectivo de control o erradicación para detener o disminuir la expansión de estas especies y para mitigar su impacto.

Continuando con la discusión en Chile, los que defienden a los animales traen a colación que se intenta incluir dentro del reglamento de caza a los perros asilvestrados, siendo este un concepto que no existe, pues los perros son animales domésticos y la ley busca controlar animales silvestres, con lo cual toda esta persecución sería ilegal. También se apela a un punto de vista ético, tildando a la caza como un método ineficiente que gran parte de la población rechaza, pues percibe que se trata de una matanza injustificada. Para ellos, la solución es la esterilización masiva de los cánidos y la educación basada en la tenencia responsable de animales.

También se escuchan voces discrepantes que indican que los perros salvajes son los que rompieron todo contacto con su mejor amigo bípedo y que se han aislado de ellos, por lo que deben valerse por sí mismo y cazar para sobrevivir y asegurar a sus cachorros. En ese sentido, es normal que los “animalistas” busquen evitar la cacería de perros, pero los argumentos científicos en este caso son más poderosos.  

Uno de los puntos que resalto de esa discusión mapocha es el hecho de la exigencia de la opinión pública de tener que contar necesariamente con profesionales competentes en estos temas tan complejos que requieren una cuota de interdisciplinariedad. No es cuestión simplemente de agarrar a todos los perros abandonados, vacunarlos, esterilizarlos y castrarlos o de reclutarlos en refugios donde las condiciones son paupérrimas.

Por todo lo anterior, es imprescindible que nuestras autoridades piensen en emprender alguna campaña educativa en las zonas afectadas y en buscar alianzas para emprender campañas de esterilización con estos perros. En el peor de los casos, habrá que eliminar a muchos de ellos. Además, como en el Perú está de moda hacer planes de conservación de especies, planes de acción y estrategias nacionales de diversidad biológica, de humedales y otras, sería bueno introducir este tema y no dejarlo de lado. ¿Qué opinan ustedes?

P.D. Quiero dedicar estas líneas, con mucho aprecio y estima, a Javier Barrio Guede, investigador y mastozoólogo de CORBIDI, quien está delicado de salud. Estoy seguro que se repondrá y que aportará mucho a este tema. Javier es una de las voces más autorizadas en lo que se refiere a mamíferos en el Perú. ¡Fuerza Lobo! Te esperamos para discutir al respecto.     

Mayo 2014

Artículo aparecido en la versión online de la Revista Rumbos: 


[1] Aliaga-Rossel E., Ríos-Uzeda B. & Ticona H. 2012. Amenazas de perros domésticos en la conservación del cóndor, el zorro y el puma en las tierras altas de Bolivia. Revista Latinoamericana de Conservación 2 (2) – 3(1): 78-81.

viernes, 23 de mayo de 2014

LOS PERROS (DEMASIADO) HAMBRIENTOS (I)

Los perritos pueden traer problemas ambientales. Ante eso, debemos
preguntarnos: ¿cómo así? ¿por qué? y ¿qué debemos hacer?
Sé que lo que viene sonará, para muchos, como una herejía, como una salvajada o como una locura. Por supuesto sé también en qué terrenos pantanosos me estoy metiendo. El simple hecho de deslizar por ahí que, en circunstancias especiales, es necesario matar perros (u otros animales), puede generar que (yo) sea visto, sin duda alguna, como un ser insensible e inhumano. Pero señoras y señores, me estoy refiriendo a tener que mandar a la otra vida a perros que ya no son más domésticos y que se han convertido en perros asilvestrados (semi salvajes) o silvestres (salvajes). En algunos lugares, los caninos que fueron poco a poco alejándose del que lo considera su mejor amigo —es decir, del hombre— se han convertido en una amenaza para algunos animales silvestres. Por eso, algo debemos hacer al respecto.      

Es casi imposible imaginar un mundo sin perros. Ya sea un San Bernardo o un Chihuahua; o un Pastor Alemán o un Bulldog Francés, estos incomparables mamíferos son los mejores amigos del hombre. El Perro Doméstico (Canis familiaris) ha acompañado al ser humano desde hace ya más de 15,000 años. Para ello, los primeros hombres tuvieron que domesticarlo; y en el ínterin, lo han llevado consigo a todos los rincones del planeta. Hoy en día, el perro es el canido más abundante en el mundo y su distribución es cosmopolita. Su “mejor amigo” de dos patas lo hizo dependiente de él y lo ha tratado de diversas maneras. Por supuesto existen los que aman a los perros y los que los maltratan.

Sin embargo, en algunas ocasiones, existe un comportamiento humano casi enfermizo de sobreprotección al perro (y a otros animales) que, para mí, linda ya con la exageración y con una mirada poco objetiva de la realidad. Yo defiendo a ultranza la vida silvestre, pero en algunos casos, se debe hacer algunos sacrificios (en varios sentidos) y actuar con sangre fría. No es cuerdo pensar que el hecho de tener que sacrificar a algunos animales nos convierta en unas bestias sanguinarias e insensibles. En determinadas ocasiones, esta medida se torna justificada, ya sea porque una especie animal puede haberse convertido en una plaga o en un depredador de especies locales; o porque son vectores de enfermedades o porque podrían poner en peligro el equilibrio natural.

Para declarar a algunos animales como amenazas al entorno deben existir —claro está— suficientes argumentos científicos que avalen la puesta en marcha de acciones para eliminarlos, ya sea cazándolos, con trampas, con medidas de control biológico (aunque esto a veces es más dañino que la enfermedad) o con algún otro artificio. Existen diversos ejemplos que evidencian que tales medidas son necesarias. Y ojo, no confundamos lo que acá se plantea con el maltrato y la violencia innecesaria con los animales. Una cosa es tener que sacrificar a algunas especies animales de la manera menos dolorosa y con medidas bien planificadas; y otra totalmente distinta es ejercer un trato repudiable contra los animales. Esto último parece obvio, pero para muchos, no lo es.

Los perritos

Existen algunos detalles que podemos conocer sobre los perritos para entender mejor qué es lo que esta pasando. Según el libro “Zoología Pintoresca” de Ángel Cabrera[1], en cuanto al perro, “lo evidente es que se trata del primer animal domesticado por el hombre, pues su imagen, como auxiliar en la caza, aparece ya en las pinturas prehistóricas del sudeste de España, y hallazgos hechos en las antiguas poblaciones lacustres de Suiza revelan que en la Edad de Bronce ya existían distintas razas, lo que parece indicar que su domesticación hubo de ser muy anterior. Es igualmente indudable que alguno de los pueblos primitivos que desde Asia pasaron a poblar América en los tiempos prehistóricos, llevaban ya el perro consigo, pues cuando los españoles descubrieron y conquistaron el Nuevo Mundo encontraron ya en poder de los diferentes pueblos indígenas perros con las mismas variaciones raciales que presentan los del Antiguo Mundo, con la única diferencia que no saben ladrar”.

Continúa Cabrera afirmando que “hay quien dice que tampoco ladraban los perros cimarrones[2] que, hasta no hace muchos años pululaban en algunos puntos de las pampas argentinas, siendo el terror del ganado y de los viajeros perdidos. No se conoce bien el origen de estos perros; según unos autores, descendían de los que se le escapaban a los pobladores españoles, pero es igualmente posible que procediesen de los que dejaban abandonados los indios de las pampas al ir desapareciendo sus tolderías ante el lento avance de la civilización”. Este testimonio revela que han existido perros salvajes desde hace siglos y que eran una amenaza latente para otros animales y para los humanos.
Perros salvajes devorando un guanaco en
Chile. 

Adicionalmente, Charles Darwin, en su obra “Viaje de un naturalista alrededor del mundo”, nos narra en uno de los capítulos de su travesía desde Chile septentrional hacia el Perú (del 11 de junio de 1835)  que en el valle de Copiapó en Chile (cerca al desierto de Atacama), “se acababa de ordenar que todos los perros vagabundos fuesen muertos y vi un gran número de cadáveres de ellos en el camino. Muchos perros habían sido atacados por hidrofobia (rabia) y no pocas personas habían sido mordidas y sucumbieron a tan horrible enfermedad. (…) Esa enfermedad llegó a Arequipa en 1807 (…) en Ica, cuarenta y dos personas perecieron desgraciadamente”.

Según el testimonio de Darwin, ya existía un conflicto entre el hombre y su mejor amigo, lo que ocasionó que se tuviera que hacer una matanza de perros enfermos para evitar (más) desgracias. Claro, las condiciones de salubridad no eran las mismas que las actuales, sin embargo, en algunos casos, la historia se repite.         

Los hechos

He escuchado diversos testimonios y comentarios de expertos que mencionan la existencia de perros salvajes en algunos lugares del país. Agrupados en jaurías, estos carnívoros estarían cazando venados, zorros, camélidos y otros animales. Si bien no tengo una prueba fotográfica de ello, si es que sobreviven, es porque algo deben estar cazando para alimentarse. Su presencia, en el país y bajo estas condiciones, estaría poniendo en riesgo parte de la fauna local, ya sea por ser “nuevos” depredadores de especies que no están acostumbrados a ellos, lo que les confiere cierta ventaja; por competir por el acceso al alimento con los depredadores locales; porque estarían interrumpiendo el ciclo reproductivo de algunas aves que anidan en el piso o en lugares accesibles para los perros; por ser especies agresivas, lo que hace que desplacen a otras especies; y tal vez porque, como los perros son bastante resistentes, pueden comer carroña, basura y otros desperdicios, lo que los hace inmunes a la escasez permanente o temporal de alimento.

Así por ejemplo, según la nota científica “Amenazas de perros domésticos en la conservación del cóndor, el zorro y el puma en las tierras altas bolivianas”[3] de Aliaga-Roseel et al. (2012), aparecida en la Revista Latinoamericana de Conservación, la existencia de perros asilvestrados o silvestres  en áreas periurbanas y rurales (en general) “es un tema de preocupación, no solo en términos de salud humana, sino también en temas de conservación, ya que son numerosos los efectos negativos de estos animales a la vida silvestre, como son: la competencia por recursos con otros carnívoros; la depredación sobre pequeños vertebrados nativos; o también la transmisión de enfermedades como la rabia, el parvovirus, el distemper canino y los parásitos externos (ej. garrapatas, pulgas, piojos, sarna) e internos (ej. nematodos, echinococcus y otros)…”.

El trabajo anterior reporta observaciones casuales entre perros (que serían asilvestrados) con Cóndores Andinos (Vultur gryphus) y con el Zorro Andino (Lycalopex culpaeus). Las observaciones fueron hechas entre julio y setiembre del 2005 dentro del Parque Nacional Madidi y del Área de Manejo Integrado Apolobamba al noreste de Bolivia. En él se indica que “en todas las interacciones observadas (entre perros y cóndores), los perros fueron muy agresivos, aproximándose de manera violenta, espantando a los cóndores con ladridos y persecuciones, con el fin de apoderarse de la carroña y alimentarse de esta, impidiendo acercarse a cualquier otro animal, con un constante y agresivo acoso, causando que todos los cóndores se alejaran de la zona”.

En el mismo reporte se indica también que se registró las interacciones entre el Zorro Andino y el Cóndor Andino, donde estas “fueron muy poco agresivas. No se observó comportamiento violento, ambas especies se limitaban a mantener cierta distancia y a alimentarse de la carroña en forma intercalada (…) Estas interacciones no violentas (…) sugieren que ambos animales, al haber coevolucionado en los mismos ecosistemas (…) podrían ser más tolerantes (…) aunque no se descarta que ocurran ataques de manera natural (…)”.       

Por otro lado, según Daniel Cossíos (2010)[4], puede ser que ya haya habido casos de perros asilvestrados desde “tiempos prehistóricos”, pues no debemos olvidar que cuando los españoles llegaron a nuestro continente, ya habían perros por estos lares. Sin embargo, según Cossíos, con los españoles también vinieron estos caninos como animales domésticos. Además, indica que “se ha registrado perros probablemente asilvestrados en los alrededores de la Reserva Nacional de Lachay, en Lima (…) pero no se ha demostrado aún su reproducción en libertad”.

Todo lo anterior (y lo que viene en la segunda entrega) nos indica que la relación que tenemos con los adorables perrunos y estos a su vez con el entorno puede verse alterada bajo algunas circunstancias. Si bien no podemos hablar de un problema ambiental de grandes magnitudes, es necesario que conozcamos esta problemática, que entendamos lo que está sucediendo y que analicemos qué es lo que deberíamos hacer.   

Mayo  2014

Artículo publicado en la versión online de la Revista Rumbos: http://www.rumbosdelperu.com/los-perros-demasiado-hambrientos-i-V1613.html

[1] Cabrera A. 1960. Zoología pintoresca. Barcelona, España.
[2] Según la Real Academia de la Lengua Española, una de las acepciones para cimarrón es “un animal doméstico que huye al campo y se hace montaraz”.
[3] Aliaga-Rossel E., Ríos-Uzeda B. & Ticona H. 2012. Amenazas de perros domésticos en la conservación del cóndor, el zorro y el puma en las tierras altas de Bolivia. Revista Latinoamericana de Conservación 2 (2) – 3(1): 78-81.
[4] Cossíos, Daniel E. 2010. Vertebrados naturalizados en el Perú: historia y estado del conocimiento. Revista Peruana de Biología. 17(2): 179-189. Lima.    

jueves, 1 de mayo de 2014

LA COP 20 Y UN MAR (ÁCIDO) DE INCERTIDUMBRES

Tiburón blanco. Una especie clave en los océanos del mundo.
Foto: Tim Davis - CORBIS
Dado que está de moda hablar del cambio climático y que hoy en día casi todos son expertos en el tema, no puedo quedarme atrás. Por eso, debo parecer un experto. Y como a casi todo le echamos la culpa al calentamiento global, debo hacer algo al respecto; bueno, en este caso, debo escribir algo al respecto. Entretanto, no es que no quiera hacer nada para evitar las amenazas que significa que el planeta se esté calentando cada día más; pero así el Perú reduzca casi a cero la cantidad de Gases de Efecto Invernadero (GEI) que emite a la atmósfera, ¡no pasa nada!, seguiremos jodidos. Solo nos queda (por ahora) adaptarnos y mitigar la pesadilla que se nos viene. Insisto, eso no significa que no debamos hacer algo. En ese entendido, ese algo es, entre otros, enterarnos y entender mejor este menudo problema y algunas de sus aristas. 

En diciembre de este año tendremos en Lima la “tan esperada” Conferencia de las Partes de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre Cambio Climáticos, es decir, la ya (para algunos cuantos) conocida COP 20. Del 01 al 12 de diciembre de 2014, el Perú —y específicamente, Lima, como suele suceder para bien o para mal— estará en la mira de casi todo el planeta. Y es que esta reunión convocará a más de 20 mil delegados de 190 países. Así, los representantes mundiales que algo tienen que ver con el medio ambiente en sus respectivos países se sentarán a negociar las medidas que “debemos” tomar como planeta para reducir la emisión de GEI y con ello paliar los efectos del cambio climático, producto del calentamiento del planeta.

Para tal fin, presidentes, ministros, empresarios, científicos y expertos ambientales se agarrarán de las mechas (¡eso espero!) en el intento de ponerse de acuerdo sobre qué debemos hacer para asegurarnos un destino más digno, así como para postergar nuestra inevitable extinción y la cada vez más cercana y necesaria fuga hacia Marte. La cosa se ve difícil sabiendo que existen países en vías de desarrollo, como China, India y Brasil, que no ven con buenos ojos que se les pida reducir sus GEI porque ellos “están creciendo” y tienen el derecho de hacerlo para llegar a ser países del “Primer Mundo” como justamente lo son algunos de los países que reclaman (y que a su vez no asumen muchos compromisos). Estos últimos tienen el poder de decisión y podrían cambiar las cosas si quisieran, pero parece que no quieren.

En este “tira y jala”, el Perú cumple un rol protagónico este año. Además de mostrarse al mundo como un supuesto recinto de oportunidades que anhela dar algunos pasos firmes para convertirse en un país de vanguardia en lo referido al accionar medioambiental, es el encargado de dirigir las negociaciones y de buscar que se tome decisiones concretas y reales que puedan ir preparando el terreno para seguir construyendo en el planeta las bases necesarias para un cambio global en lo relacionado al consumo de energía, en especial aquella proveniente de los combustibles fósiles. ¡Tremendo encargo!

Pero el fin de estas líneas no es discutir sobre la COP 20 y sobre los efectos del cambio climático en el Perú y en el mundo. Para eso, hay centenares de artículos rondando por ahí. No obstante, me da la impresión que esta importante reunión es como si un equipo de mitad de tabla de la segunda división del fútbol peruano invite a un triangular al FC Bayern München y al Barcelona FC e intente imponer su estilo de juego (si es que tiene uno) para “mejorar” el fútbol mundial. Ojalá me equivoque y se tomen buenas decisiones.

Lo más urgente que tenemos como país es preocuparnos de cuidar nuestros bosques tropicales y adaptarnos a los cambios climáticos y a sus consecuencias. Sobre esto último, ya se ha escrito bastante. No olvidemos que, si bien la deforestación contribuye con un importante volumen de las emisiones antrópicas de GEI, en contraposición a ello, los ecosistemas forestales intervienen en la lucha contra el cambio climático a través de la absorción de grandes cantidades de CO2 gracias a la fotosíntesis. Por esto y otras razones más, el Perú debe no solo ser un buen anfitrión y buscar que se firmen acuerdos vinculantes, sino también preocuparse por proteger nuestra diversidad biológica con todo lo que ello implica.

Mi intención en lo que viene es dar a conocer un problema silencioso que se desliza permanentemente al vaivén de las olas en todos los mares y océanos del planeta. Me refiero a la acidificación de las aguas marinas.     

Aguas ácidas

En el mar está sucediendo algo que a simple vista no podemos detectar. Y es que, dado que el ser humano sigue emitiendo toneladas de GEI a la atmósfera, los mares absorben el CO2 en grandes cantidades. Así, las aguas marinas se van volviendo progresivamente más acidas. Se estima que los océanos absorben ¡20 millones! de toneladas al día y que cada vez se acelera la acidificación de estas aguas que albergan a un gran número de especies biológicas. Las más afectadas son especies como los corales, las ostras y todos aquellas que tienen un caparazón o concha; además de las que viven en las aguas polares, pues en el agua helada el ácido se disuelve mejor.  

Según estudios del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC) de la ONU, desde la industrialización de la humanidad a la fecha, los océanos se han ido volviendo más ácidos. Esta acidificación estaría dándose de una manera más acelerada de lo que se pensaba y en contraposición con lo que se creía, pues los científicos asumían que los océanos “amortizarían” la absorción de dióxido de carbono evitando que el equilibrio químico de las aguas se vea alterado; pero no es así.

¿Y, cómo así?

Todos sabemos (o deberíamos saber) que el agua marina es alcalina con un valor promedio del pH de 8,2. Basta que esta cifra haya bajado a 8,1 para que las alarmas empiecen a sonar. Entretanto, si la cantidad de CO2, en comparación con los años de la revolución industrial, se duplica, tal como parecería que será a final de este siglo, el pH del agua marina podría descender a cerca de 7,9 (y si se triplica, podría bajar a 7,7). Vale la pena recordar que el valor neutral del pH es 7 (como el de la sangre y del agua pura) y que la escala va del 0 al 14, donde del 1 a 3 es bastante ácido y del 11 al 14 bastante alcalino.

Pero como la naturaleza siempre nos da sorpresas, existen bastantes algas que estarían reaccionando positivamente a esta situación. Así por ejemplo, la alga Emiliania huxleyi, de distribución global y de una abundancia tal que conforma casi la mitad de toda la masa de organismos conformados por calcita (cal) en los mares del planeta, ha demostrado —en el laboratorio— que frente a un medio más ácido del normal reacciona muy bien e incluso que produciría discos de calcita más grandes. Entonces, el dióxido de carbono no solo actuaría como “destructor” de formaciones calcáreas, sino también como fuente de energía. Algunos científicos afirman que la “sobredosis” de CO2 en los mares sería una ventaja para algunos organismos. Incluso, se ha reportado que desde la era industrial algunas algas marinas habrían aumentado su tamaño en casi el 40%.

No se sabe a ciencia cierta como los mamíferos marinos y peces
reaccionarán ante estos cambios en las aguas marinas.
Foto: AP - NDR
Es necesario anotar que muchos organismos viven plácidamente en medios ácidos. En algunos lagos y en las profundidades de los mares (sobre todo polares) el agua es ácida como la que se espera para el futuro si la cosa sigue así. Lo que sucede es que a algunos organismos no adaptados a estos cambios tan rápidos (como los cambios climáticos que siempre ha habido en el planeta) los van a agarrar “con los pantalones abajo”. Felizmente, también algunos corales han demostrado (en el laboratorio)  poder soportar un medio más ácido (pH de 7,3). Pese a perder su protección calcárea y dejar sus partes blandas al descubierto, cuando las aguas regresaron a sus valores normales, los corales pudieron reconstruir sus “esqueletos”. Esto explicaría también el porqué estos seres han sobrevivido en la historia del planeta con todos los cambios que ha habido. 

Otra vez la incertidumbre

Saber exactamente cómo reaccionará el mundo marino a la acidificación de los mares sigue siendo un misterio. Los organismos reaccionan de diversas maneras, incluso existen diferencias entre las distintas especies de un mismo género. Lo importante será que justamente esa gran diversidad biológica se imponga y que no se pierda. Algunas especies triunfarán, otras

sucumbirán. No lo sabemos. Todo esto podría ser una cuestión de “energía”. En un medio ácido, los organismos vivos necesitan más energía para construir su esqueleto, lo que le podría dar ventaja a otros organismos que “salen a flote” con poca energía.

Parte de la incertidumbre se debe a que este “problemita” ha salido hace poco a la luz. Recién empezamos a entender qué es lo que estaría pasando. El mayor inconveniente que debemos enfrentar es que muchas de las certezas que tenemos provienen del laboratorio y no han sido probadas en la naturaleza bajo otras condiciones. No se ha hecho los estudios en el “mismísimo” mar. Esto aumenta la incertidumbre. Un aspecto interesante en todo esto es que en la era de los dinosaurios, cuando el planeta era testigo de un gran “efecto invernadero”, es decir, la atmósfera contenía enormes cantidades de CO2 (mucho más que ahora), los organismos calcáreos la pasaban muy bien. Existen evidencias geológicas de enormes formaciones de estos organismos que comprueban lo anterior.

Dicho todo esto y un poco al margen de lo que sucede con las algas marinas y con la acidificación de los mares, no sabemos mucho. Un informe de la ONU sostiene que el medio marino se adapta muy bien a los cambios y que no se sabe finalmente cómo reaccionará ante lo que tenemos y ante lo que se viene. Adicionalmente, no sabemos tampoco a ciencia cierta cómo reaccionarán los mamíferos y peces ante la acidificación de las aguas marinas. Lo único claro es que los océanos están cambiando y que se espera consecuencias negativas, pero no sabemos cuál será el costo. Ojalá no nos ahoguemos en este mar de incertidumbres. 

Abril  2014

Artículo aparecido en la versión online de la Revista Rumbos:  

lunes, 14 de abril de 2014

¡NO SE PAJAREEN, NI SE OLVIDEN! ¡EL IX CONGRESO NACIONAL DE ORNITOLOGÍA ES EN AYACUCHO!

Ostrero negruzco (Haematopus ater).
Foto: Fernando Angulo Pratolongo.
Lanzo algunas apuradas reflexiones antes de que empiece el IX Congreso Nacional de Ornitología. La cita es en la ciudad de Huamanga, en Ayacucho, del 20 al 25 de abril. Y es que, debo admitirlo, no podía quedarme sin escribir algo al respecto. Y además, como siento que estamos avanzando en la construcción de las bases para potenciar el estudio científico en el Perú y en este caso, el de la ornitología, es necesario también mirar para atrás para rescatar lo bueno, corregir errores y preparar lo que se viene. Felizmente, todo esto va de la mano de un avance prometedor de la observación de aves como una disciplina que cada vez motiva a más personas a conocer y preservar nuestra diversidad biológica.      

Parte de esta historia empezó —para mí— en el 2005, específicamente del 09 al 12 de octubre, en la ciudad de Chiclayo. En ese entonces, se realizó el VI Congreso Nacional de Ornitología en el campus de una universidad chiclayana. En aquella ocasión, se respiraba un aire universitario de afanosos emprendedores relacionados a la ornitología peruana que pugnaban por ampliar los horizontes y abrir más la paleta de posibilidades relacionadas al estudio y promoción de nuestra avifauna. Recuerdo que fue el otrora Presidente Regional de Lambayeque (y ahora vapuleado), Yehude Simon, el encargado de inaugurar el evento.

Aquella vez conocí a Thomas Shulenberg —uno de los “más capos” en cuanto a lo que nuestra diversidad ornitológica se refiere—, quien anunció que “pronto”, saldría una guía de aves para el Perú. Es decir, por fin habría una guía de campo digna de una potencia mundial en lo referido al número y variedad de aves (en especial, endémicas). Por supuesto, la aparición del “Aves de Perú” no desmerecía los trabajos anteriores hechos para estos fines. Sin embargo, lo anunciado por Schulenberg marcaría un importante repunte en la ornitología peruana. También recuerdo el justo y emotivo homenaje que se le dio a Gustavo del Solar y a John O’Neill, los “redescubridores” de la Pava Aliblanca (Penelope albipennis) en el año 1977.

Y recién caigo en cuenta que, con la viada y el ímpetu post congreso, inicié el 2006 —con un tal Fernando Angulo Pratolongo y otros expertos “pajarólogos”— una empresa que hasta ahora perdura: producir y sacar a la luz el boletín de la Unión de Ornitólogos del Perú (UNOP). Revisando los primeros números del boletín, debo confesar que me da un poco de vergüenza aceptarlos como tal. No obstante, ese sentimiento se desvanece cuando analizo el avance y progreso que ha tenido este importante medio de comunicación para la discusión y difusión de la investigación ornitológica en el país.

El gran esfuerzo y el continuo mejoramiento de la calidad científica del boletín no hubiesen sido posibles sin el apoyo de los expertos que conforman el actual Comité Editorial, es decir, Thomas Valqui, Javier Barrio, Mauricio Ugarte, Renzo Piana, Manuel A. Plenge, Alexander More, Irma Franke, José Tello y Fernando Angulo; de los miembros de la UNOP, revisores y colaboradores, como Grace Servat, Pepe Álvarez, César Chávez, Letty Salinas, Katya Balta, Horacio Zeballos, Armando Váldes, Nataly Hidalgo, Constantino Aucca, Alessandra Quiñones, Antje Chiu, Oscar Gonzales, Dan Lane, Thom Schulenberg, Alfredo Begazo, Barry Walker, Diego García, Ernesto Málaga, Carlos Zavalaga, Christian Devenish, Sergio Nolazco, Antonio García y otros; y —claro está— de todos los que han enviado sus artículos y colaboraciones para cristalizar y seguir consolidando esta imprescindible y poderosa herramienta que coadyuva a impulsar el desarrollo de la ornitología en el país. 

Además, no puedo dejar de agradecer a Ele (Wendy) Rojas, a Jorge Novoa y a Carolina Ostinelli, por ayudarnos con la inmensa e importante labor de diagramar el boletín y porque han soportado estoicamente los cincuenta mil cambios y correcciones que supone cada nuevo número del boletín. Mil gracias a todos. Y por todo esto, les recomiendo dar una mirada a todos los números aparecidos desde el 2006 a la fecha (ver notas al final) para conocer la evolución del boletín y revisar los diversos temas que han sido abordados en estos ya casi ocho años. Y aprovecho estas líneas para darle una primicia calientita: ¡se viene un nuevo número del boletín antes del congreso!

VIICNO

Dos años después, en el 2008 y del 27 al 30 de abril, la cita ornitológica se dio en la cálida ciudad de Piura. En aquella oportunidad y en las instalaciones de la Universidad Nacional de Piura, recuerdo haber asistido a diversas conferencias y charlas magistrales que fueron ampliándome el panorama en estos temas. No obstante, no dejó de atormentarme el número reducido de estudiantes que se hizo presente en aquella ocasión y el hecho de ver casi a los mismos del congreso anterior. Esto último, en realidad no es tan grave, pues sabemos que en nuestro reducido mundo ornitológico, no somos muchos.

Lo resaltante es que, pese a lo anterior, pude comprobar que este tipo de reuniones son de mucha importancia para intercambiar y actualizar información, para conocer emprendimientos nacionales y extranjeros que pueden servir de ejemplos o que aportan datos relevantes para lo que uno viene haciendo, para hacer relaciones públicas y para afianzar lazos de amistad y fraternidad. Claro, esto último, siempre y cuando no debamos toparnos con algunos impresentables que pululan por ahí como almas en pena sin aportar nada, creando conflictos y desinformando a despistados que defienden lo indefendible o que se hacen los de la vista gorda.  

El IX Congreso de Ornitología Neotropical y el VIII Congreso Peruano de Ornitología en Cusco

Tres años después, fue el turno del último congreso ornitológico nacional, realizado en Cusco, a la par del noveno congreso de ornitología neotropical. Del 08 al 14 de noviembre del 2011, alrededor de 1000 participantes inscritos abarrotaron las instalaciones destinadas para albergar a los expertos nacionales y extranjeros en torno a las aves. Esta vez hubo una mayor presencia de estudiantes, debido a —supongo— lo atractivo de la ciudad y a lo “bacán” de participar en dos congresos a la vez. Sean estas u otras las razones de una mayor afluencia de participantes, pude comprobar el crecimiento de la producción científica en torno a nuevos estudios sobre nuestra riqueza ornitológica.

Asimismo, en la “Ciudad Imperial” percibí un clima muy intenso y prometedor de intercambio de experiencias y de información científica. Conversando con varios “gringos” y expertos extranjeros, me convencí de que estábamos por buen camino pero que aún era insuficiente lo realizado. Es evidente que hay un despunte en la ornitología peruana y en el ejercicio de la observación de aves; pero aún falta descentralizar ambos aspectos y fortalecer nuestras capacidades. Así por ejemplo, como parte de las labores de producción y de edición del boletín de la UNOP, me he topado con algunos textos que tienen una calidad bastante cuestionable y reducida en cuanto a la redacción, la conexión lógica de las ideas que lo sustentan y a la manera de presentar, analizar, discutir y presentar datos. Es imperativo seguir trabajando al respecto para producir información de calidad que nos permita ofrecer argumentos científicos y técnicos que puedan sustentar la toma de decisiones en diferentes niveles.  

Huallata (Chloephaga melanoptera).
Foto: Fernando Angulo Pratolongo.
Pero, lo interesante en todo esto es que, tras el congreso en Cuzco a la fecha, ha habido bastantes mejoras y cada día nacen y se consolidan diferentes iniciativas en torno al mundo “pajarero”. Tenemos por un lado, la realización de diferentes actividades promocionales de la observación de aves, como los “Birding Days”, los “Birding Rally Challenge”, ferias y otras reuniones en torno a las aves; y por el otro, está aumentando la aparición de nuevas publicaciones técnicas y científicas sobre nuestra avifauna. Además, estoy seguro que podemos afirmar con certeza de que cada día crece el número de los aficionados a las aves. A eso hay que sumarle que tenemos la ventaja de contar con las redes sociales para promocionar el intercambio de información y la discusión de temas de relevancia, siempre y cuando no se conviertan en agentes para promocionar intereses propios.

Esto es seguramente, para los más “duros” en términos científicos o académicos, insuficiente, no obstante, es un avance y debemos unir esfuerzos. No estamos, a estas alturas del partido, para malgastar el tiempo y las energías en discusiones intranscendentes o  bizantinas que nos conducen a la nada. ¡Discutamos! No me opongo, pero saquemos a relucir argumentos técnicos que nos permitan cambiar las cosas y hacerle entender a los que toman decisiones que es vital apoyar la investigación científica para contar con información certera y con ello pasar a la acción. ¡Con ellos debemos discutir y si es necesario, agarrarnos de las mechas! 

Pajareros y ornitólogos en Ayacucho

Entonces, este año nos toca deliberar cómo seguir apostando por esta rama de la biología para aterrizar en acciones concretas que nos sigan despercudiendo del letargo en el que hemos estado. El desarrollo de la ornitología en el país debe pasar por una apuesta al compromiso de trascender más allá de publicar un artículo científico o de ser un experto en aves, es decir, debemos buscar “crear escuela” y llevar el apasionamiento e interés por las plumíferas a la toma de decisiones e intentar buscar alternativas de desarrollo en torno a ellas. Es decir, fomentar el cuidado y el buen uso de nuestra diversidad biológica teniendo a las aves como nuestro “Caballo de Troya” es una buena manera de exigir el cuidado del entorno y a su vez de sacar adelante iniciativas que conjuguen la pasión por la naturaleza con el tan mentado desarrollo que necesitamos y anhelamos.
  
Espero que en esta ocasión, la hermosa ciudad de Huamanga funja de catalizador para esta gran ola ornitológica que viene “azotando” a nuestro país. Tenemos la mesa servida y esta vez el menú estará al alcance de todos en la “Ciudad de las Iglesias”. Arrasemos con todo y sigamos remando en la misma dirección para convertir al país en una potencia mundial en el tema de aves. Y por último, dejando de lado los discursos aleccionadores y técnicos, disfrutemos de esta fiesta “pajarera” y aprovechemos al máximo el poder estar reunidos teniendo a las aves como protagonistas. Finalmente, dejo por escrito mi reconocimiento al gran esfuerzo desplegado por los organizadores y por todos los que han hecho que el epicentro de la ornitofauna nacional se traslade a Ayacucho.

Sobre el VI Congreso Nacional de Ornitología en Chiclayo (2006):
Para leer todos los números del boletín de la Unión de Ornitólogos del Perú (UNOP):
Sobre el VII Congreso Nacional de Ornitología en Piura (2008):
Sobre el IX Congreso de Ornitología Neotropical y el VIII Congreso Peruano de Ornitología en Cusco (2011):
Sobre los congresos ornitológicos en el Perú (1995 – 2011), visitar el blog de la Dra. Irma Francke:


Abril 2014

Artículo publicado en la versión online de la Revista Rumbos:  

lunes, 7 de abril de 2014

EL PROYECTO CONSERVACIÓN DE BOSQUES COMUNITARIOS Y LAS TRANSFERENCIAS DIRECTAS CONDICIONADAS (IV)

El río Huallaga cerca al pueblo de Shapaja en San Martín. y del Área de
Conservación Regional Cordillera Escalera. San Martín
es uno de los departamentos que más ha sufrido los embistes de la
deforestación en el país.
Foto: Enrique Angulo Pratolongo
Ahora sí. Lo prometido es deuda, con estas líneas cierro momentáneamente esta seguidilla de artículos dedicados al Proyecto Conservación de Bosques Comunitarios (Proyecto CBC). Para ello, es necesario revisar algunos de los principales avances a la fecha, cuáles son los retos que se debe enfrentar y qué lecciones aprendidas ha arrojado este emprendimiento en su primera fase. Aún hay bastante camino por recorrer. Si no metemos el hombro, el panorama actual puede empeorar y podríamos ir despidiéndonos de gran parte de nuestros bosques amazónicos. Esperemos que eso no se dé y si se da, que Dios nos coja confesados.   

La primera fase del Proyecto CBC se ha concentrado en consolidar la implementación de las Transferencias Directas Condicionadas (TDC) como un instrumento para conservar los bosques de las comunidades nativas asentadas en nuestra selva amazónica. A su vez, ofrece la oportunidad de administrar dinero para emprender alguna actividad productiva sostenible que permita utilizar responsablemente el entorno, con el fin de generar beneficios económicos para los miembros de estas comunidades. Se ha logrado, mediante los convenios para acceder a las TDC y hasta el 2012, conservar cerca de medio millón de hectáreas de bosques comunitarios amazónicos y beneficiar a casi 3200 familias de seis provincias de Cusco, Pasco, Junín, Amazonas y San Martín. Como se ve, falta bastante aún.

Lo importante en todo esto es que se está gestando una manera de incentivar un mejor uso de lo que nos rodea para mantener a salvo nuestros bosques. No estamos hablando de no tocar y dejar todo tal cual, sino de utilizar nuestros recursos naturales inteligente y responsablemente mirando hacia el futuro. A estas alturas del partido, coincido con el astrólogo y genio Stephen Hawking en que, si no salimos de este planeta, nos extinguiremos. Mientras tanto, debemos hacer algo para preservar nuestra diversidad biológica. Para ello debemos cambiar varias cosas. Veamos algunas de ellas.

¡A ponerse las pilas!

Como parte del Proyecto CBC, se analizó el impacto de la piscicultura en la cuenca amazónica como una alternativa económica y alimentaria implementada por el Estado y algunas organizaciones. Para ello, se analizó el caso de dos comunidades nativas del distrito de Santiago, en la provincia de Condorcanqui, departamento de Amazonas. Se evaluó el impacto económico del autoconsumo versus la venta en el mercado y se comparó el estado nutricional y las características del consumo alimentario de las familias que cultivan peces versus aquellas que no se dedican a la piscicultura. Se trabajó en total con 20 familias (10 con piscigranjas y 10 sin piscigranjas).

El análisis arrojó, entre otros, que el nivel tecnológico en ambas comunidades es incipiente, a pesar de que la mayoría de piscicultores afirma haber recibido capacitación técnica. No obstante, esto no se traduce en un buen manejo de sus cultivos, ni en un adecuado manejo de la infraestructura piscícola. Aspectos básicos como la limpieza, desinfección y fertilización de las piscigranjas no son tomados en cuenta con la seriedad del caso. Además, se reportó la ruptura de diques y de aliviaderos, lo que indica la falta de mantenimiento periódico.

Adicionalmente, se reportó el bajo nivel de crecimiento y de los niveles de producción de los peces, problemas que están directamente relacionado al deficiente manejo alimenticio. Asimismo, la difundida práctica del policultivo y la alta preferencia de especies poco exigentes en cuanto a la alimentación (y más fáciles de criar), como el boquichico, carachamas, lisas y pequeños ciclidos (todos estos, peces detritívoros de agua negra) indican que no se está aprovechando eficientemente esta oportunidad de desarrollo local. 

Lo anterior explicaría el hecho de que no se cultive especies omnívoras de mayor valor económico y nutricional como la gamitana y el paco. Estas especies necesitan mayor dedicación y deben ser alimentadas regularmente. A esto, todas las familias encuestadas manifestaron que, pese a los bajos niveles de producción, la única actividad productiva que les genera buenos ingresos es la piscicultura y que el dinero lo emplean principalmente en alimentación, pasajes, vestuario, medicina y en útiles escolares.

Dicho lo anterior, ¿qué más se debe hacer? ¿por qué esta alternativa productiva no funciona en lugares donde debería ser una buena alternativa de desarrollo? ¿se debe a la desidia de los pobladores, a la mala capacitación hecha por los encargados de brindarla? ¿se debe a que se acabaron los fondos económicos en pleno proceso de implementación, al cambio climático, a “el calor” o a qué? ¿y ahora?

Por ende, es necesario adaptar y/o simplificar los paquetes tecnológicos que se deja en las comunidades, los mismos que deben estar adaptados al entorno, a la cultura local y en especial a la disponibilidad de recursos económicos y técnicos en la zona, para que puedan ser realmente aplicados. Es prioritario también elaborar manuales o guías técnicas simplificadas y de ser necesario, bilingües. No es cuestión de cumplir las metas de un proyecto, sino lograr que los pobladores interioricen y comprendan el fin de la iniciativa y los beneficios que de ella se desprenden. Así también, es imprescindible que los pobladores locales se empoderen del esfuerzo para que lo hagan suyo y crean realmente en él.    

¡Ojo con las semillas!

Como sabemos, en las últimas décadas, los bosques naturales amazónicos están siendo deforestados, ya sea mediante la tala y quema para la ampliación de la frontera agrícola, así como mediante la extracción selectiva de especies. Esta última “modalidad” se da generalmente en bosques que no tienen un manejo forestal. Desde el punto de vista ecológico, esta actividad limita las posibilidades de recuperación del bosque, lo empobrece y merma su diversidad biológica; y desde el punto de vista industrial impide el establecimiento de programas de mejora genética sobre las especies de mayor relevancia comercial, lo que origina que se tenga poblaciones arbóreas cada vez más escasas, menos diversas y de baja calidad.

Todo esto se traslada a los planes de manejo forestal y a los de reforestación; debido a que la demanda de semillas de buena calidad no se encuentra totalmente satisfecha, como consecuencia de la escasez de fuentes de suministro suficientes y oportunas. Esto obliga a utilizar semillas de dudosa procedencia y de calidad inferior, lo que podría mermar en las expectativas para los que en el futuro desean invertir en la actividad forestal, pues “sus árboles” no serían de muy buena calidad.
Por ende, para las autoridades nacionales, regionales y locales encargadas del tema forestal, es fundamental propiciar la investigación y generar información actualizada sobre la oferta actual y potencial de semillas forestales de especies nativas. Esto, con el objetivo de poder establecer un vínculo a futuro entre productores y comunidades en lo relacionado al manejo forestal, para lograr que esta actividad realmente traiga consigo beneficios y que pueda se considerada como una alternativa de inversión que genere dividendos.

La eterna ¿y eficiente? descentralización

Como sabemos, desde el año 2003, los gobiernos regionales cuentan, dentro de su estructura orgánica, con la Gerencia Regional de Recursos Naturales y de Gestión del Medio Ambiente. Esta estructura que prometía ser efectiva y operativa para los temas “ambientales”, no ha demostrado que realmente así sea, por lo que muchos emprendimientos reportan un avance lento en los resultado tanto físicos como financieros, debido en parte, a la burocracia “regional” y a la falta de capacidades técnicas. Dirigir los esfuerzos para tener autoridades regionales y locales bien capacitadas que ayuden a que las cosas funcionen, es uno de los mayores retos del proyecto y de toda la gestión ambiental en el país. Sin esto, podría haber mucha frustración innecesaria. 

La Selva Central, en este caso, Oxapampa vive una creciente e imparable
presión humana para "tumbarse" al monte y aprovechar sus tierras
en plantaciones como la maracuya.
Foto: Enrique Angulo Pratolongo 
En base a lo anterior, el Proyecto CBC tiene pensado, entre otros resultados, lograr que los gobiernos regionales cuenten con mayores capacidades para ejercer sus competencias y funciones en lo referido a la conservación de sus bosques a través de diferentes mecanismos, donde uno de ellos es el de las TDC. Todo esto debe ir de la mano de una articulación real con los tres niveles de gobierno y con las organizaciones representativas de las comunidades nativas y campesinas para optimizar los esfuerzos destinados a la conservación de los bosques.

Según manifiestan algunos funcionarios, en los gobiernos regionales existe la buena costumbre de replicar experiencias exitosas de otros gobiernos regionales. ¿será verdad? Ojalá que sí, así podría ser que el modelo de las TDC u otros similares de conservación y desarrollo puedan ser aplicados en otros ámbitos en base a experiencias exitosas.

A ver de dónde chorrea 

Todo lo anterior puede sonar bonito y esperanzador, pero regresamos a una de las principales preocupaciones: ¿cómo financiar estos mecanismos, sus necesidades y las actividades pendientes? Como parte del Proyecto CBC, se ha realizado diversos estudios para garantizar la sostenibilidad de la política de conservación de bosques mediante el uso de las TDC o de mecanismos similares. Una de las alternativas analizadas fue la viabilidad de financiamiento con los recursos provenientes del canon minero que reciben los gobiernos regionales. “Felizmente” el Sistema Nacional de Presupuesto Público del Ministerio de Economía y Finanzas permite aplicar diversos esquemas de financiamiento de políticas públicas, en base a su impacto a largo plazo.

En ese entendido, se ha analizado la política nacional de conservación de bosques, el contexto internacional, las necesidades de fondos para financiar las TDC, los ingresos de los gobiernos regionales que concentran la mayor cantidad de bosques en comunidades indígenas y los saldos por transferencias del Tesoro Público. Con esto, se podría incorporar para el financiamiento requerido un porcentaje de los saldos por conceptos de explotación de hidrocarburos transferidos anualmente al Tesoro Público.

Y aunque suene paradójico, uno de los motivos que justifica la presente propuesta es que el concepto vinculante de la mitigación del cambio climático no sería ajeno al uso de combustibles fósiles y este, a la explotación de hidrocarburos. Los recursos provenientes de la explotación de hidrocarburos parecen ser permanentes en el país, dado que la gran mayoría de lotes en la actualidad tienen un buen horizonte de recursos por explotar. Adicionalmente, con el tiempo tendríamos nuevas operaciones comerciales en lotes que actualmente están en exploración, lo que aseguraría el ingreso de recursos económicos.

Por otro lado, también como parte del Proyecto CBC, se elaboró una propuesta normativa y técnica que permita al Ministerio del Ambiente y a determinados gobiernos regionales concertar una operación de endeudamiento para financiar la conformación de un Fondo Ambiental para la conservación de bosques a cargo del mencionado ministerio. Se analizó el escenario de un financiamiento que contempla una combinación de recursos nacionales y recursos provenientes del endeudamiento, de preferencia externo.

De este modo, una de las variantes para el financiamiento de proyectos forestales podría considerar la estructuración de un programa de proyectos para que sea financiado a través de transferencias monetarias directas. Esto implicaría un subsidio directo a los gobiernos regionales que serían los receptores y que deberían contribuir con una contraparte para, entre otros, respaldar el financiamiento parcial, su mantenimiento y la ejecución de los proyectos de conservación que estarían a  su cargo (por eso es imprescindible reforzar sus capacidades).

Para la implementación de una propuesta legislativa que permita viabilizar el esquema de financiamiento propuesto, se requiere que los gobiernos regionales y locales que son beneficiarios del canon, tengan la facultad de destinar una parte de los mismos para financiar la contrapartida de los proyectos de recuperación de bosques que son financiados, parcialmente, con recursos de endeudamiento público; y para realizar los estudios de pre inversión y el mantenimiento de dichos proyectos.

Además, para financiar un préstamos del gobierno nacional traspasado a los gobiernos regionales y locales, así como para financiar el endeudamiento interno mediante el uso de una parte de sus recursos determinados (canon, sobrecanon, regalías, exoneraciones tributarias, entre otros), es necesario adecuar el marco normativo vigente. Otro mecanismo sugerido es el fideicomiso para respaldar la sostenibilidad del financiamiento de un proyecto ambiental.

Como ven, hay bastantes posibilidades para “meter” plata en la conservación de nuestros bosques. A ver si de una vez nos convencemos que destinar fondos para estos temas no es un gasto, sino una inversión necesaria que no debemos seguir aplazando. ¡Manos a la obra! ¡Hay bastante chamba!    

Marzo 2014

Artículo publicado en la versión online de la Revista Rumnbos:


BIENVENIDOS AL NUEVO MORDOR: ¡EL PERÚ! (XXVII)

  Hace unos meses, tras un golpe de lucidez y un destello de valor, decidí abrir dos redes sociales para lanzar mensajes sobre diversos tema...