viernes, 18 de mayo de 2012

YA VOY OTRA VEZ MÉXICO LINDO Y QUERIDO

Pese a que estoy a punto de iniciar mis trámites para nacionalizarme mexicano, debido a lo exageradamente harto que me ha gustado el país azteca (¿o maya?) y a lo amable de su gente, pienso que existen un par de cosas que debemos aclarar mis queridos cuates y “peruanitos”. Si bien he sentido que la gente mexicana con la cual he interactuada ha sido muy amable y me he sentido muy a gusto en el país de las tortas, enchiladas, tacos y del agua de Jamaica (que no es gran cosa), presiento que me han ocultado algunas cosas y eso me ha confundido algo. Estoy convencido de que mis compatriotas, todos ellos tan nacionalistas y orgullosos animales gastronómicos, saltarán (por lo menos un par) hasta el cielo cuando sepan que pienso que los mexicanos tienen bastante por enseñarnos y que tienen muchos más avances en varios ámbitos de los cuales debemos tomar nota. No obstante, debo decir un par de cosas antes de obtener mi pasaporte mexicano e irme a vivir a tan maravilloso país (sí ya sé, ya me iré, tranquila o tranquilo, no te exaltes).

No exagero cuando digo que, pese a sus casi 30 millones de habitantes, el DF (o distrito federal) me pareció más limpio, cuidado, moderno, acogedor y hospitalario que la pálida y sucia Lima. No estoy de acuerdo cuando se dice (aunque yo lo pensaba antes de viajar) que somos la misma vaina. Es cierto, a veces dicha frase es muy cierta, pero en general pienso que cada vez somos más distintos. Y tomando como ejemplo lo que he visto en la capital mexicana (claro, en el entendido de que era turista; que no visité la periferia ni los lugares “feos”; que estuve en días festivos —semana santa— cuando no había mucha gente en el DF; que recorrí y conocí muy poco de la ciudad —en cuanto a tiempo y a espacio— y que dada mi alergia social reciente que me aleja de las masas, solo entablé el mínimo contacto con los mexicanos; no puedo, lo sé, generalizar) estoy apto para poder afirmar, con temor a un apanado, que Lima es una ciudad de mierda (ya sé que si no me gusta, pues debo irme. Pero como dice el Negro Mama: “algún día”) y creo que algunos de sus habitantes son peor.

En mi defensa debo traer a colación algunos argumentos que sustentan mi afirmación. En primer lugar, en la ciudad que me vio nacer viven demasiados energúmenos que no tienen la menor consideración por los demás. Pienso que la “Ciudad de los Reyes” alberga a una inmensa fauna de gente egoísta, desconsiderada, grosera, cochina y conchuda. Esto es razón suficiente para que esta urbe sea considerada como poco amigable. Pero claro, acá vivo, así que por ahora, poco puedo hacer por acabar con eso. ¿Cómo puede uno explicarse los diversos sucesos que vemos a diario? La brutalidad de los choferes de combi por ganar pasajeros; los taxis que se meten por doquier sin respetar nada; la gente bruta que saca la mano en cualquier lugar para parar un taxi o combi y que estos paren sin pensar en el orden ni en el caos que ocasionan; la manera como los apacibles citadinos tocan la bocina; el hecho de que se suba una persona a un medio de transporte público con sus parlantes a todo volumen, se siente a tu costado y ponga su música sin importarle que a ti no te guste sin respetar el espacio público (¿qué es esa vaina?); la movilidad escolar que pasa a las 6.06 am tocando la bocina para que bajen las criaturas sin importarle los vecinos, cuando puede bajar a tocar el timbre; que el idiota del auto moderno pase con la música a todo volumen sin ningún miramiento; que la gente tire la basura por todos lados habiendo basureros (casi siempre); que la gente hable por celular en el cine y que te calle si les exiges que dejen de hablar; que no cedan el asiento en los buses; que se quieran colar en la cola; y otras, no son razón suficiente para preocuparse por esta ciudad infestada de malos elementos.

Pero regresando a México, el DF cuenta con un servicio de transporte público muy bien estructurado que está adaptado a una ciudad enorme. Ya con eso, me parece, nos lleva décadas de ventaja. Además, la gente allá sí quiere a su ciudad (y sí la siente como suya) y la respeta cuidándola. Eso ya es razón suficiente para que nos haga pensar un poco más sobre cómo nos comportamos. A eso debo decir que Lima está ya a punto de colapsar. Ya solo el tráfico infernal es algo que puede sacar de quicio a cualquiera, pero además lo peor es que el caos vehicular es peor, debido al comportamiento de la gente. Es cierto, la ciudad no está preparada para la avalancha de energúmenos (dentro de los cuales me incluyo) y de carros que circulan a diario, pero estaría menos jodida si no fuese por la gente inconsciente que cree que la calle es su chacra. En fin, ya no ahondaré más al respecto.

Pero bueno, debo también plasmar un par de cosas más para poder quedarme tranquilo. La comida mexicana no me gustó y no me convenció del todo por lo que me siento frustrado por eso. Además, sentí una silenciosa frustración por no haber encontrado buen chocolate y buen café. Eso me tiene hasta la fecha deprimido. Pero lo que más me ha causado algo de preocupación e incluso, ya con el tiempo, algo de sarcasmo es el hecho de que varios guías me hayan dicho que los mayas conocían la rueda pero que no la usaron porque, como tenía la forma del sol, no podían colocar nada encima de ella porque era algo sagrado. No puedo creerme ese cuento por más que intento. Quiero creer que es mentira, pero varios guías y personas en la zona de Chiapas me dijeron lo mismo. Estaré atento a los que quieren aclarar ese punto y lógicamente presentar la verdad (o lo más cercano a ella).  

Tal afirmación me ha dejado preocupado. No puedo creer que eso sea cierto y seguro muchos mexicanos lo van a desmentir. Me parece lo más razonable, pero me quedó un sabor agridulce tras dicha vehemencia. Seguro que tal afirmación de índole regional no es compartida por todos los demás, pero bueno, la dejo ahí por si acaso.

Igual me quedé fascinado del país de donde era mi abuela paterna. México lindo y querido, ya regresaré a tus fabulosas tierras tal vez para quedarme escapando del infierno limeño (y peruano). Prometo saborear con más calma tu comida, tomarme más tiempo para degustar tu café, deleitarme con tu cacao, pasear más por tus entrañas, escuchar tu música dejándome llevar por tus dulces, dolorosas y a la vez alegres melodías; y bueno, tengo tantos pendientes México que debo regresar a las buenas o a las malas.   

Mayo 2012

viernes, 4 de mayo de 2012

POLOS OPUESTOS, IZQUIERDA Y DERECHA, BRECHT Y FLAUBERT

En una rebobinada musical me puse a escuchar un cd de Silvio Rodriguez, específicamente Días y Flores, y me detuve a reflexionar en la canción Sueño con Serpientes que empieza con una frase de Bertolt Brecht; esa que dice: “hay hombres que luchan… y bla bla bla” (para lo cual debo decir que, tras escuchar de nuevo un par de cd del cubano, su letra me parece panfletaria y sosa, pero ese es otro tema que no tocaré por ahora. Sin embargo debo decir que la calidad musical de Silvio es innegable). Y bueno, no sé si por una coincidencia propiciada por deidades paganas o por un acto inconsciente, acabo de terminar el libro de MVLL La orgía perpetua. Flaubert y Madame Bovary.

Así, en las últimas páginas del libro, MVLL analiza raudamente las comparaciones que siempre se han hecho (y que seguramente se siguen haciendo) entre Brecht y Flaubert. Me llamó la atención el hecho de que nuestro Nobel afirme que “… curiosamente, pese a representar cada uno dos extremos de la manera de entender la vocación del escritor y la naturaleza de la obra literaria, tienen, me parece, algo común: haber obtenido, cada cual, en su obra respectiva, en un caso más de contradicción entre intenciones y realizaciones de que está repleta la literatura, resultados opuestos a los que se propusieron al concebirlas”.

La comparación sigue su curso y me va tomando por sorpresa llegar a algo que, me parece, percibo en nuestra realidad. Veamos. Para MVLL, “… es difícil imaginar dos artistas más alérgicos uno al otro. El punto de partida tiene en los dos, sin embargo, algo similar: el odio al ‘burgués’. Pero es verdad que en Brecht burgués significa clase social explotadora, dueña de los medios de producción, y en Flaubert poco menos que sinónimo de hombre: la excepción son un puñado de escritores…”. MVLL califica luego a Brecht como “un ser de ideas sociales generosas, un hombre sensible a la injusticia (…) y también, un optimista: creía que esa situación podía cambiar con una revolución y que la literatura contribuiría al cambio abriendo los ojos y alertando la consciencias de la gente sobre la ‘verdad’”.

Por supuesto que con todo lo último que viene sucediendo en la sociedad peruana, todos son poseedores de la verdad, todos están o a favor o en contra, todos luchan por la razón y cada vez nos polarizamos más. Están los “defensores de todo” y los que “quieren todo”. Tenemos también los que a todo le buscan culpables para que se haga justicia y salvar sus almas; y a los que solo les queda defenderse. Tenemos de todo, pero siempre o de izquierda o de derecha; o de justo o de injusto; o de mafioso o de paladín de la decencia; o de aliancista o de crema; o de mafioso o de no mafioso; o de católico o de evangelista; y así una larga lista de extremos, cada cual convencido de tener la razón.

Sigue MVLL sobre Flaubert anotando que “… en cambio, era un profundo egoísta en lo que respecta a la injusticia social, y, a lo largo de su vida, no se preocupó sino de los problemas que atañían a su persona y la literatura (…) y en lo que se refiere a la historia era terriblemente pesimista: el futuro siempre sería peor que el presente, que era peor que el pasado y nada tenía remedio, lo que, por lo demás, tampoco le parecía injusto pues los hombres no se merecían otra cosa”. Leyendo lo que MVLL comenta sobre Flaubert, no me queda más que bendecir esas palabras pues pienso casi igual que el escritor francés. Así como se siguen dando las cosas en el planeta Perú, lleno de caudillos, de corruptos, de luchadores “sociales” con fines políticos y con hambrientos depredadores, no veo un panorama alentador. Pero sigamos viendo más sobre ambos escritores ya que MVLL afirma que “El democrático Brecht escribe una obra que, en la práctica, parece suponer el infantilismo o la ineptitud de su público: todo debe serle explicado y subrayado para no dar la menor oportunidad al equívoco, a la interpretación incorrecta (…) El ‘mensaje’ es impuesto al lector o espectador (…) sin dejarle escapatoria ni elección: la literatura resulta así, como las dictaduras, algo que no deja otra disyuntiva que el sometimiento o el rechazo totales”.

El peruano prosigue en relación al autor de Madame Bovary: “El despectivo Flaubert, en cambio, realizó una obra que en la práctica supone (en la medida que las exige) la adultez y la libertad del lector: si hay una verdad en la obra literaria (porque es posible que haya varias y contradictorias), se halla escondida, disuelta en el entramado de elementos que constituye la ficción, y le corresponde al lector descubrirla, sacar por su cuenta y riesgo las conclusiones éticas, sociales y filosóficas de la historia que el autor ha puesto ante sus ojos. El arte de Flaubert respeta por sobre todas las cosas la iniciativa del lector”. Al tratar de superponer estos temas en nuestra realidad siento el miedo que se cierne sobre mí porque no puedo ser objetivo (de hecho no lo soy) para poder intentar explicar alguna pincelada de nuestro comportamiento (tampoco es mi función) como “masa pensante”.

Sin embargo, la verdad es que por un lado me frustra no poder entender todas esas cosas que pasan por esta tierra; y por el otro, creo que es en vano hacerlo pues de nada sirve una interpretación sin la venia de los seres pensantes e intelectuales que rigen esta sociedad decrepita. Para rematar, MVLL sostiene en su ensayo que “La diferencia con Brecht es que en Flaubert la ideología es implícita a la ficción, una estructura conceptual que resulta de lo creado y nunca lo procede, algo que yace en lo profundo de la historia y frente a esa verdad sumergida el autor y el lector tienen los mismos derechos para bucear tras ella y sacarla a la luz. (…) Paradójicamente, el novelista que odiaba a los hombres concibió una literatura respetuosa del lector, en la que éste es tratado como un igual y comparte con el autor la tarea de acabar la obra descifrando su significado, y, en cambio el hombre que amaba al hombre (Brecht) concibió una literatura que implica desdén o, cuando menos, una tenaz desconfianza hacia el lector ya que únicamente exige de él obediencia y credulidad”.

Y así, tras perder de vista el fin original de estas líneas, pido, de manera anticipada, disculpas a las luminarias que todo saben y que siempre tienen respuesta para todo, por tremenda desfachatez mía de tocar un tema tan sensible como la eterna disputa entre los de izquierda y los de derecha. No quiero obligar al lector a que asuma una posición que ni yo mismo logro cristalizar en letras.

Pero sí debo decir que creo y asumo que mi mensaje va cargado de veneno para muchos de los reaccionarios modernos que solo se quejan e intentan imponer sus ideas a como dé lugar. No obstante, también deseo disparar veneno contra los que intentan imponer sus intereses sin contemplaciones y sin miramiento alguno. Si hay algún otro mensaje que ustedes creen que yo intento decir entre líneas, por favor, adelante, tómenlo o rechácenlo. La verdad es que yo no tengo ni idea qué puede ser, pues hace rato que perdí el hilo conductor de este texto. Ustedes pueden interpretar lo escrito que como les dé la maldita gana, yo no impongo nada.

Mayo 2012

lunes, 12 de marzo de 2012

EL PERÚ Y EL CAMBIO CLIMÁTICO: ADAPTACIÓN NECESARIA PARA LOS FUTUROS AÑOS

Por Enrique Angulo Pratolongo
Coordinador de Comunicaciones de ProNaturaleza*

Tras la Cumbre del Clima de la ONU**, celebrada en la ciudad sudafricana de Durban, quedan muchas incógnitas y desafíos por delante. Los ánimos están bajos y la percepción del sinsabor y de que no hemos alcanzado nada a nivel mundial para frenar el calentamiento global y por ende el cambio climático, llena de pesimismo a varios. Se tiene la apreciación genuina de que las grandes potencias han “huido” del Protocolo de Kyoto en vista de que no piensan detener su desarrollo. Seguir contaminando el medio ambiente, en una vorágine de crecimiento económico, sonaría lógico, ya que la única manera de tener industrias es emitiendo dióxido de carbono al medio ambiente (por lo menos de manera barata y cuando nadie te exige hacerlo de manera limpia).

La necesidad de un nuevo Protocolo de Kyoto es inminente, dado que es un hecho que el mundo no se detendrá en cuanto a su crecimiento económico y sobre todo, en lo que se refiere a más seres humanos. Un claro ejemplo de ello es China —convertida en el país que más CO2 emite en el planeta— que crece a pasos agigantados y que, según algunos, ya desplazó a Estados Unidos como primera potencia mundial. Asimismo, los otros países “emergentes” como India, Brasil e incluso la misma Sudáfrica no piensan firmar si no es que China y los Estados Unidos no se comprometen a estampar su firma, es decir, estamos frente a un “tira y jala” de nunca acabar.

¿Y todo esto, cómo influye en el Perú? Al parecer, lo único que nos queda es buscar acciones concretas y bien estudiadas para mitigar y adaptarnos al cambio climático, el cual ya estamos sintiendo y el que a su vez nos viene afectando (para bien o para mal). Nuestras emisiones de CO2 son ínfimas si las comparamos con otros países, por lo que, si bien también debemos pensar en reducir las emisiones de dióxido de carbono, más nos debe preocupar problemas como la desertificación y salinización de los suelos; la pérdida de glaciares; la escasez de agua; la deforestación, así como el avance no planificado de las poblaciones humanas y de actividades productivas mal manejadas como la agricultura, ganadería, pesca y otras.

Debemos pensar, como país, en políticas gubernamentales que incorporen medidas claves para buscar alternativas a los problemas arriba mencionados, los cuales se agudizan severamente con el cambio climático. Un tema primordial es el agua. Dada nuestra condición de país tropical con glaciares que se derriten progresivamente y de ser uno de los países que más sufrirán los embistes del calentamiento global, urge pensar en ello y ¡actuar! Si bien, escuchamos repetidamente que somos un país con una gran diversidad biológica y que debemos aprovechar la diversidad de productos naturales de los que disponemos, no olvidemos que el agua nos puede ser esquiva si no pensamos en ella como un recurso natural que debe ser conservado y manejado.

Así por ejemplo, toda el agua que discurre al mar, ya sea al Océano Pacífico o Atlántico, se pierde. Además, es un hecho de que el agua del subsuelo (de la napa freática) es cada vez más escasa (basta con ver el ejemplo, para los limeños, del valle del río Lurín), debido al uso excesivo de pozos y norias para riego y para el creciente consumo humano. No podemos quedarnos de brazos cruzados; el cambio climático ya está entre nosotros para quedarse. Por supuesto, no podemos entrar en pánico, ni echarle la culpa de casi todas nuestras desgracias, pero sí debemos asumir y reconocer que estamos aún muy pasivos frente a esta realidad y que si no tomamos al toro por las astas, este nos puede embestir con fatales consecuencias.

ProNaturaleza – Fundación Peruana para la Conservación de la Naturaleza es una organización privada sin fines de lucro fundada en 1984. Contribuimos a la conservación de la diversidad biológica del país e incentivamos el desarrollo de actividades amigables con el medio ambiente que garanticen una mejora de la calidad de vida de los pobladores de las zonas donde trabajamos. Apoyamos también la gestión de áreas naturales protegidas y el manejo de recursos naturales, fomentando actividades que demuestran que la conservación y el uso responsable de nuestra diversidad biológica pueden ir de la mano.

*www.pronaturaleza.org

** Este texto nunca salió publicado (por lo menos que yo sepa, así que acá va, antes que se me pierda)

Diciembre 2011

domingo, 5 de febrero de 2012

PANDILLAS DE NUEVA YORK

En el barrio más avezado de los Estados Unidos en el siglo XIX, Five Points en la naciente Nueva York, un testigo de la época describió así el ambiente que reinaba: “Los cerdos que deambulaban por las calles se deben sorprender de ver a los otros cerdos de dos patas caminando”. Este es el escenario en donde está ambientada la ultima película de Martin Scorsese: “Pandillas de Nueva York”. Nos referimos al punto en donde “América” nace, luego de verter en un mismo recipiente a los nativos descendientes de los ingleses, hordas de inmigrantes irlandeses, chinos trabajadores y disimulados, así como esclavos sueltos. Un barrio en donde el asesinato, alcoholismo, prostitución, violencia y maltrato son el pan de cada día.

Como muchos de los filmes de Scorsese, este se sitúa en su patria, aunque todo el escenario del barrio neoyorquino fue montado en Roma para los ocho meses de grabación. En alguna escena del principio vemos a Leonardo Di Caprio, prototipo del inmigrante irlandés perseguido, arrojar la Biblia al agua y como esta se sumerge teatralmente entre las aguas del mal. Esta escena puede ser interpretada, bajo una mirada psico-social, como el deseo irremediable de los irlandeses católicos de olvidar la religión de sus ancestros para asegurar su supervivencia en el nuevo mundo (aunque por otro lado, para sobrevivir, muchos se “metían a la religión”). En el fondo, es una trama histórica que incluye violencia y revancha política, así como la herencia del conflicto racial. Scorsese trata de documentar la arqueología de la violencia de la sociedad americana y lo logra acertadamente con esta cinta.

New York es en 1860 el mortero de muchas razas y culturas, en donde los nativos se defienden con infinita brutalidad ante la invasión europea. Bill the Butcher (Daniel Day-Lewis), “el carnicero” de porte casi satánico, es el líder de los nativos y el asesino del cabecilla de los irlandeses, el reverendo Vallon (Liam Neeson), padre de Amsterdam Vallon (Leonardo Di Caprio). Amsterdam es testigo del asesinato de su padre por parte de Bill. Su futura venganza, tras 16 años de ausencia en el barrio, impone el accionar de la película marcada por el enfrentamiento, la miseria y la corrupción. Entre Amsterdam y Bill se entremezcla la carterista Jenny Everdeane (Cameron Diaz), quien mantiene una pálida y curiosa relación con ambos pero sin darle un giro distinto a la trama en sí.

Estamos sin lugar a duda ante un film de violencia, en el que solo en un momento de la trama esta cesa. Los irlandeses se unen y se postran frente a su iglesia como muestra de resistencia con velas y niños de por medio. Luego, la brutalidad sigue su ruta desenfrenada entre cuchillos, machetes, dagas y otras armas blancas. La ambientación, perfectamente lograda, nos hace recordar a Charles Dickens y a sus esmerados relatos sobre la pobreza y la miseria humana. La cinta está dedicada al nacimiento de la nación americana cargada inevitablemente de un trasfondo político ante los hechos actuales y los del 11-S. Sin embargo, es posible afirmar que el film épico al estilo americano es una especie extinguida. Scorsese no lo cree así y nos lo demuestra con esta cinta. “Pandillas” es altamente recomendable donde verá al quizá futuro ganador de un Oscar por mejor actuación: Daniel Day-Lewis, sin desmerecer el trabajo de Di Caprio.

Diciembre 2003

THE MATRIX REVOLUTIONS

El 2003 se puede convertir en un año catastrófico para muchos mortales. Con “The Matrix Revolutions” culminó la trilogía de los hermanos Wachowsky y en algunas semanas veremos la tercera parte de la saga de “El Señor de los anillos” y luego, ¿qué viene? (la ultima esperanza es el Episodio III de George Lucas). En 1999 se escribió parte de la historia del cine con la aparición de “The Matrix”, trasladándonos de la histeria colectiva de “La guerra de los mundos” de Orson Wells a la alucinante era de las computadoras, en donde el campo de batalla es el “ciberespacio”. En esta realidad se encuentran los humanos esclavizados, reclutados en una especie de almacén gigante con el único fin de alimentar de energía a las máquinas. En contraparte, se les ofrece un mundo virtual, el cual representa nuestra realidad: un gigantesco programa informático denominado Matrix.

En “Revoluciones” volvemos a encontrar a los carismáticos agentes de negro con lentes oscuros, vestimenta avantgarde y armas perfectamente cromadas. Dentro de ellos destaca el agente Smith (Hugo Weaving). Smith ya no es un agente más, ni un servidor de la fuerza del mal reinante, sino, se ha convertido salvajemente en un programa desenfrenado. En “Reloaded” se apreció como podía convertir a cualquiera en una copia fiel de él mismo. En “Revoluciones” nos muestra algo más. Ya no aparece en grupo, sino en batallones de Smiths, dispuesto a eliminar a Neo (Keanu Reeves), el Mesias, el Computer-Nerd. En “Revoluciones”, Smith puede introducirse en cualquiera que viva fuera del mundo artificial de la matriz. La “gran ciudad” digital que aparece en las dos primeras películas, ha sido colonizada por Smith de tal manera que ahora se ha convertido en “la ciudad de Smith”, en Smithopolis, Smith City, y con ella el film.

Durante la primera media hora los personajes del mundo real y virtual revolotean sin ninguna dirección y orientación pérdidos totalmente asegurándose el uno al otro de no tener la menor idea de nada. Solamente la fe en el Mesías es lo único que los mantiene unidos. Neo se encuentra sin embargo en coma y atrapado entre la matriz y el mundo real. Tras la corta aparición de “Merowinger” y de su acompañante Persephone (Monica Bellucci), Neo abandona el estado de coma y decide dirigirse al mundo de las maquinas para combatir junto con ellas al descontrolado Smith. Neo solicita a cambio de su ayuda, la paz entre las maquinas y los hombres. De los humanos no hay más que decir. Adicionalmente a estar vegetando en sus “plantaciones”, los humanos se hallan inmersos en una feroz lucha contra las máquinas. La humanidad está condenada a desaparecer si no llega la paz ofrecida por Neo, el Mesías, quien al igual que Jesús ofrece sacrificar su vida.

En “Revoluciones” persiste casi únicamente Smith tras su “industrialización”. Neo debe desaparecer a Smith, sin embargo, esto no es necesariamente la consecuencia final y necesaria de todo este embrollo. Al margen de esto, todo lo que tiene un principio debe tener un fin, esto justifica la desaparición de Neo, Smith y finalmente de toda la trilogía. Por esto, dentro del mundo real esperamos que nos quede ahorrado un cuarto capitulo, pese a que la pregunta de la niña a la pitonisa hace presumir algo distinto.

Al margen de todo, “Revoluciones” culmina con éxito la trilogía, pese a que el gran efecto, o la escena clave y grandiosa, no aparece. Este híbrido entre el maravilloso mundo digital y la base formada por algunos fascinantes diálogos intelectuales puede ser ensombrecido con la aparición de las escenas bombásticas de acción. La magnificencia de la primera parte no es alcanzada por “Recargado” ni por “Revoluciones”. Aquel que espera las respuestas al mundo de laberintos de “The Matrix”, puede resultar decepcionado. Los hermanos Wachowsky han logrado tras las pinceladas de críticas culturales un buen final agregándole una pizca de patriotismo y heroísmo.

Noviembre 2003

EN UN LUGAR DE ÁFRICA

Las escenas que nos vienen a la mente de África están quizás pobladas de elefantes, cebras, leones y demás fieras en la amplia pradera africana. Imaginarnos a una familia alemana de origen judío en Kenia escapando del terror nazi en la Alemania de 1938, previa a la Segunda Guerra Mundial, es un poco difícil e inusual. La productora alemana Caroline Link nos ofrece la filmación del libro de Stefanie Zweig del mismo nombre (Nirgendwo In Afrika, En un lugar de África), el cual relata de manera cronológica, las peripecias, dificultades y facetas de un padre, madre e hija en el corazón de África.

Esta película ofrece una muy buena fotografía y la buena actuación de los personajes, en especial de la niña y del cocinero oriundo. Nos ubicamos en enero de 1938 en Alemania, en donde Jettel Redlich (Juliane Köhler), de origen judío, vive con su hija de cinco años Regina (Lea Kurka, después con doce años representada por Caroline Eckertz). Su esposo, el abogado Walter (Merab Ninidze) también de origen judío y por eso sin trabajo en la Alemania nazista, escapa a África vaticinando la debacle que se cierne ante el pueblo alemán.

Walter se instala en Kenia y trabaja para un inglés como ganadero. Desde África le sugiere a su mujer que abandone Alemania y que se vaya con él. Jettel y su hija emprenden el viaje al continente africano. Una vez que la familia se reúne en África deberá afrontar un cambio brusco de costumbres. El cocinero de la familia Owuor (Sidede Onyulo) se convertirá en un punto de referencia para la familia, en especial para Regina y servirá como nexo con el continente y sus costumbres.

El inicio de la guerra involucrará, pese a la distancia, pronto a la familia de distintas maneras. Por un lado, la incertidumbre de saber el porvenir de los familiares en su tierra natal, crea las primeras chispas en la relación. Por otro lado, la familia es llevada por el gobierno colonial de los británicos a un refugio especial, por ser alemanes, pese a que nadie apoya la política nazi y la guerra.

Esta entrega de la alemana Link resulta muy buena y no tiene nada que envidiarle a las producciones de Hollywood. Muy al contrario, este film plasma de manera grandiosa una historia tan real y humana. Link centra el desarrollo del film en las tres figuras principales. Las grandes luchas y debacles ocurren fuera de la pantalla y conlleva a concentrarnos en las luchas internas de la familia Redlich. Una de las trabas que la película supera exitosamente es lograr una ilación narrativa que pueda ser contada no como un anuncio turístico del continente (pese a la buena fotografía), sino como una historia real en un lugar exuberante. Los personajes no se convierten en entes aislados en una geografía extraña para ellos, sino, se integran de manera eficaz y armoniosa. La lección que aprende la familia de su experiencia africana se convierte en el reconocimiento de las mejores cualidades de dos civilizaciones distintas pero con un elemento común: la sobrevivencia, sorteando distintos cambios de rumbo y modos distintos de ver la realidad.

Los personajes deben superar las malas noticias procedentes de su tierra natal e interiorizar una vida más real ajena a los pormenores de la guerra. Un aspecto rescatable de esta historia radica en el cambio de percepción de Jettel. A su llegada registramos una arrogancia hacía los habitantes del continente, la cual desaparece con el tiempo a través de un mecanismo de integración social con los judíos exiliados procedentes de otras naciones (como Suiza).

Este film es recomendable por tratarse de una historia que no ahonda en un tratamiento psicológico de dos sociedades distintas y en la confrontación entre ellas, haciéndola demasiado profunda y pesada. Es un relato magistral que nos deja también un mensaje muy interesante. El hombre es un ser que se adapta a un sinfín de situaciones, rescatando lo mejor de ellas para asegurar su supervivencia pese a las adversidades y trabas culturales.

Esta facultad es socavada muchas veces por intereses particulares y con móviles destinados a mantener en la ignorancia y en la marginación a muchos. La última escena del filme contiene un pequeño dialogo sencillo pero profundo, en donde Jettel contempla a los vendedores ambulantes que merodean el tren. Ella le dice a la vendedora que no tiene dinero para comprarle una banana, pero que le apetecería bastante comer una, la mujer le responde entonces; si tienes hambre y deseas una, hay que darte la banana y se la da sin dudarlo un segundo. ¿Así de simple no debería ser siempre?

Agosto 2004

MUNICH

La última película de Steven Spielberg ha desatado una serie de críticas y comentarios de todos los calibres hacia él y su obra. Lo han tildado de provocador, de judío traidor y hasta de pacifista disfrazado. Sin embargo, Spielberg lanza al espacio a través de este film, la pregunta que intenta desentrañar hacia dónde conduce la violencia y si esta puede ser enfrentada únicamente con más violencia. En esta entrega no se aprecia, como en otras cintas de Spielberg, un happy end o un enemigo claramente definido, sino más bien la búsqueda de una explicación.

El conflicto entre Israel y Palestina es, creo yo, el caso que reúne una serie de elementos inciertos, incomparables e incongruentes entre sí, en todos los aspectos como ningún otro. Además, este intento de reconstrucción y análisis se presta para buscar un tipo de explicación que no puede dejar satisfecho a todos. Adicionalmente, tal cual como sucede en la vida real, cada uno tira para su lado y justifica su accionar según su conveniencia e intereses (uno de ellos puede ser la venganza).

Spielberg intenta agarrar al toro por las astas y contar esta trágica parte de la historia mundial de la manera más objetiva posible. Pero, ¿existe la objetividad? La respuesta está en la mente de cada uno de nosotros. Si debemos tomar partido por alguna de las partes, debemos conocer de cerca este problema histórico, cultural y religioso para obtener la mayor cantidad de elementos de juicio. Esta cinta es uno de ellos.

El secuestro de atletas israelíes dentro de la Villa Olímpica de Munich en 1972 por terroristas palestinos, desencadenó una presencia mundial del tema palestino en los medios de comunicación y la consiguiente atención de la opinión pública internacional. De esta manera, se origina un operativo israelí destinado a asesinar a los que planearon dicha acción terrorista. El líder del comando de cinco personas, es Avner (Eric Bana) y es designado por la Primer Ministro Israelí, Golda Meir (Lyn Cohen) y el Jefe del Servicio de Inteligencia, Ephraim (Geoffrey Rush).

Avner lidera un equipo de cuatro personas que no se conocen entre sí y con cuya ayuda deberá realizar su misión. Dicho equipo deberá “trabajar” sólo en países de Europa, evitando países comunistas e islámicos. La consigna es utilizar, en la medida de lo posible, bombas ya que llaman más la atención. Avner inicia su labor retomando contacto con antiguos conocidos para establecer, a través de ellos, los vínculos para ubicar a sus víctimas.

Es así como logra conocer al francés Louis (Mathieu Amalric), quien le ofrece una inesperada protección y las valiosas pistas para la caza. El clan familiar de Louis se encuentra entre los dos frentes y comercializa la información como unos efectivos y bien remunerados “dateros”. Este singular personaje nos demuestra el poder que proporciona disponer y manejar la información.

Llama la atención, pese a la eficacia del “team”, la inexperiencia de sus integrantes. Avner había sido anteriormente un guardaespaldas. El especialista en la construcción de bombas fungía, antes de trabajar con Avner, de desactivador de explosivos (sus bombas fallan en algunas ocasiones o tienen un efecto mayor del deseado). ¿Es creíble que un Servicio de Inteligencia organice un equipo “amateur”? Asimismo, parece sospechoso retractar a los terroristas como personas apacibles o padres de familia. “Munich” nos ofrece estas situaciones que durante el transcurso del film parecen pasar desapercibidas.
Spielberg no se concentra en los hechos ocurridos en la Villa Olímpica, sino que toma la lupa para analizar y describir el operativo de venganza de las fuerzas israelíes. En la narración aparecen los buenos y los malos entremezclándose por momentos, condicionándonos tal vez a tomar partido por alguno o incluso a sentir alguna simpatía por el comando israelí.

El director incluye una escena que corta con todo el hilo conductor de la narración y que parece escapársele de la mano, o al menos no logra su cometido. Mientras Avner se encuentra en el punto máximo del acto sexual con su esposa, se interponen en sus pensamientos las escenas de terror y sangre en el aeropuerto de Munich. Una escena macabra que pudo tal vez ser dejada de lado, pues no aporta nada.

Al final de la película apreciamos una conversación entre Avner y el contacto con el gobierno israelí. El fondo es Manhattan en el año 1973, el año en que se terminó las obras del World Trade Center. Tal vez resbala por ahí alguna insinuación a lo que ya todos conocemos: el 11-S (Nueva York, 2001), el 11-M (Madrid, 2004) y el 7-J (Londres, 2005). En especial, la escena parece anunciar el suceso que cambió el mundo: el ataque a las Torres Gemelas.

Munich es una buena película y merece ser vista. La actuación de Bana es buena, pero por momentos parece no convencer. Su mirada apuntando a la nada y dudosa ante toda situación, hace perder fuerza al argumento. Por otro lado, no deberíamos polemizar sobre el trasfondo ideológico y político, pues así se pierde mucha energía en encontrar una explicación (aunque de eso se trata). Algo rescatable de esta cinta es su capacidad de romper un poco el molde establecido por Hollywood de los buenos y malos. Algo difícil de encontrar en un mundo cada vez más polarizado, pero a la vez más cerca de todos.

Febrero 2005

BIENVENIDOS AL NUEVO MORDOR: ¡EL PERÚ! (XXVII)

  Hace unos meses, tras un golpe de lucidez y un destello de valor, decidí abrir dos redes sociales para lanzar mensajes sobre diversos tema...