viernes, 14 de enero de 2011

LA ISLA DE PASCUA: COLAPSO EN ALTA MAR (I)

Descubrí a Jared Diamond en una ya remota clase de la maestría en el 2005. Cuando escuché su apellido, inmediatamente lo asocié con la fabulosa canción de Pink Floyd: Shine on you crazy diamond, escrita en homenaje al gran fundador y compositor de la banda inglesa, Syd Barret. La profesora estadounidense que dictaba el curso me hizo saber que su paisano —birdwatcher aficionado y ganador en 1998 del Premio Pullitzer por su obra: “Armas, gérmenes y acero”— estaba por publicar un libro sobre algunas sociedades en el mundo que en el pasado sucumbieron y otras que lograron perdurar en el tiempo.

Dicho libro titulado: “Colapso: Por qué algunas sociedades perduran y otras desaparecen” es una obra muy interesante que nos narra —en casos comprensibles y conocidos— el ocaso de algunas sociedades debido a diversos factores, dentro de los cuales destacan o son protagonistas los impactos ambientales. Por ahora, solo me dedicaré al caso de la Isla de Pascua (que debo estar visitando en los siguientes días) para entender algo de los planteamientos de Diamond y asociarlos con lo que sucede en la actualidad.

El libro (que aún no termino de leer) reúne otros casos como el de la cultura maya, el de la región noruega de Groenlandia y otros menos conocidos como el de los anasazi en el oeste estadounidense y el de las islas Pitcairn en la Polinesia sudoriental que desaparecieron indefectiblemente. No obstante, Diamond reseña también casos en los que las sociedades supieron sobreponerse a las exigencias del medio ambiente, tal es el ejemplo de los agricultores de las partes altas de Nueva Guinea que desarrollaron unos sofisticados sistemas de cultivos en terrenos con una gran pendiente y una alta precipitación pluvial.

El capítulo dedicado a la Isla de Pascua abre la segunda parte del libro: Sociedades del pasado. De esta manera, nos adentramos en una isla ubicada a 3,700 kilómetros al este de Chile y a 2,100 kilómetros de las islas polinesias de Pitcairn. Su extensión es de tan solo 164 Km² y es habitada en la actualidad por no más de 4,000 personas. Lo que llama la atención de esta porción de tierra son sin duda las misteriosas figuras de piedra con forma humana. Según Diamond, en el cráter volcánico de Rano Raraku, se cuenta 397 estatuas, donde la mayoría de ellas alcanza los 4,5 y 6 metros de altura, sin embargo, existe una estatua de 21 metros de altura que pesa entre 10 y 270 toneladas. ¿Por qué y para qué las construyeron? No se sabe a ciencia cierta aunque hay algunas explicaciones al respecto que veremos más adelante.

Isla triangular polinésica

La isla de Pascua tiene una forma triangular que reúne a tres volcanes que emergieron del mar. Su altitud máxima es de 500 metros. Según Diamond, su topografía es “suave”, así que puede ser visitada a píe sin ningún problema. La isla se encuentra realmente aislada de casi todo. Sus pobladores de origen polinesio son venidos de Asía y no de América del Sur como se planteó en algún momento. Cuando el capitán Cook visitó la isla en 1774 anotó que en ella se hablaba un dialecto de origen polinesio vinculado al hawaiano y al que se hablaba en la isla Mangareva, ubicada en el archipiélago de Pitcairn al oeste de la Isla de Pascua.

La gran parte de los utensilios de los antiguos pobladores, tales como anzuelos, arpones y otros, tienen un estilo muy similar al de las Islas Marquesas. Los análisis de ADN de antiguos restos humanos denotan rasgos morfológicos típicos de los habitantes de la Polinesia. Adicionalmente, los cultivos encontrados en la isla como el plátano, la caña de azúcar y otros, así como el único animal domesticado criado en la antigüedad, el pollo, provienen del sudeste de Asía. Incluso las ratas que llegaron como polizontes provienen de esta parte del planeta.

Para Diamond, la Polinesia fue conquistada de oeste a este y de manera contraria a la dirección de los vientos y de las corrientes dominantes (y en dirección opuesta a lo que se pensaba, es decir, de América hacia Asia).

La población de la isla antes de iniciar su ocaso ha sido estimada entre 6 y 30 mil habitantes, es decir, entre 55 y 270 habitantes por kilómetro cuadrado. Pese a la discusión que existe sobre estas cifras, Diamond apuesta por las más altas y para tal fin se basa en los estudios recientes de arqueólogos chilenos, estadounidenses y europeos. Si bien algunos misioneros que llegaron a la isla en el año 1864 documentaron la presencia de tan solo 2,000 isleños, se sabe que ese mismo año hubo una epidemia que aniquiló a varios miles y que anteriormente, entre 1863 y 1864, varios barcos peruanos saquearon la isla para llevarse más de 1,500 pobladores como esclavos para la explotación guanera (posteriormente, ante la protesta internacional, regresaron no más de 100 de ellos a la Isla de Pascua).

Además, se sabe también que en 1863 hubo otras dos epidemias de viruela que mermaron la población isleña y se presume que a partir de 1770 hubo un par de epidemias más que arrasaron con los isleños, sin embargo, estas dos últimas no están documentadas.

Las enfermedades traídas por foráneos (en este caso, europeos) ocasionaron un daño terrible a los nativos. Esa historia ya la conocemos. Y ante la pregunta: ¿De qué vivía la población de la Isla de Pascua? La respuesta es la siguiente: de la agricultura, de la crianza de pollos, de la escasa recolección de mariscos y de una pesca incipiente. Un dato curioso que aporta Diamond es que ante la escasez de agua dulce, los isleños bebían abundante zumo de caña de azúcar lo que produjo una alta cuota de caries dental, tal como lo evidencian recientes excavaciones.

Se podría presumir que los isleños al estar rodeados de mar, serían pescadores por excelencia, sin embargo, este no es el caso. La ausencia de corales en sus costas, así como de alguna laguna o lago en su territorio generó que solo consumieran poca proteína animal de origen marino, a pesar de que se ha descubierto restos de delfines y de aves marinas.

Estatuas y clanes

Para explicar el origen de los famosos Moáis han surgido diversos planteamientos, entre los que destacan los del explorador noruego Thor Heyerdahl (aquel de la expedición Kon - Tiki), el cual afirmaba que de ninguna manera los polinesios habrían elaborado dichas figuras de piedra y más bien, estas habrían sido traídas de América del Sur (1). Las expediciones de Heyerdahl intentaron demostrar la vinculación que existiría entre las sociedades avanzadas sudamericanas, la cultura egipcia y las gigantescas estatuas de piedra de la Isla de Pascua.

Por otro lado, el investigador suizo Erich von Däniken atribuía la aparición de los Moáis a la presencia de extraterrestres en la isla. No obstante, excavaciones y estudios recientes han demostrado que las figuras taladas en piedra fueron construidas en la isla, tal como lo evidencia la presencia de la cantera Rano Raraku. Se sabe además, mediante las tradiciones orales y las investigaciones arqueológicas, que la Isla de Pascua estaba dividida en 12 territorios, cada uno destinado a un clan o linaje y que partía de la costa hacia el interior de la isla. Como anota Diamond, era como “un pastel cortado en una docena de cuñas radiales”.

Cada uno de estos territorios tenía su jefe y su propia plataforma para soportar a sus estatuas y los diferentes clanes competían de manera pacífica (al inicio) para ver quién construía mejores y más grandes plataformas y estatuas. Así, en vista de que cada uno de esta docena de pequeños reinos era distinto en cuanto al acceso a recursos (como el agua dulce) y a la calidad de la tierra para la agricultura, con el fin de acceder de un territorio a otro, los pobladores debían pedir el permiso necesario. Pese a todo, los isleños podían ser considerados como una población conjunta bastante integrada.

En las partes traseras de los Ahus o plataformas donde descansan los Moáis se ha descubierto crematorios con miles de cuerpos. Esta práctica de cremación es exclusiva de la isla, pues en toda la Polinesia, los muertos eran enterrados. Se sabe además que los Ahus eran de color amarillo, blanco y rojo, pero hoy en día presentan una coloración gris oscuro, que grafica en parte el ocaso de los antiguos pobladores. Se ha determinado también que con paso de los años, se incrementaba el tamaño de las estatuas, al parecer por la competitividad entre los clanes.

¿Y cómo lo hacen?

Pero la pregunta sigue siendo: ¿Cómo y por qué construyeron esas estatuas? Para llegar a una respuesta clara debemos conocer algunos puntos planteados por Diamond. Él sugiere que existen cuatro aspectos fundamentales que explicarían la existencia de los Moáis. El primer factor es la piedra existente en la isla, la toba volcánica, la cual es fácil de tallar. Asumo que, al no ser tan dura y no muy pesada, es óptima para tal fin. Seguidamente, dado el aislamiento de los isleños y el hecho de que no se podían dedicar al comercio, la colonización, la exploración, los asaltos y la migración, no les quedaba otra que “quedarse en casa” y competir entre ellos.

Como tercer punto, Diamond afirma que la “suavidad” del lugar y la presencia —hasta ese entonces— de recursos suficientes para abastecer a sus pobladores y a la producción de los Moáis, tales como árboles para fabricar lianas y obtener madera, alimentos para todos los trabajadores y claro, canteras, facilitó esta actividad. Además, la estructura unificada de sus clanes facilitó un mejor trabajo. Por último y en relación al punto anterior, dado que las élites controlaban las zonas más productivas, estas podían abastecer de alimento a los pobladores encargados de tallar y erigir las estatúas. Estos hechos hicieron posible que el desarrollo social, económico y hasta cultural llegue a un apogeo del cual hoy sabemos algo. No obstante, no todo dura para siempre.

Si bien, no existe ningún registro exacto de cómo fueron construidos los Moáis, existen varias explicaciones. Empero, en la próxima entrega será abordado este punto para desembocar en las principales causas que llevaron al ocaso de la sociedad en la Isla de Pascua.

(1) Las piedras de algunas plataformas o Ahu están tan bien encajadas que para muchos, como Heyerdahl, la similitud con las construcciones incas era evidente. Sin embargo, existen otras Ahu que están revestidas de piedra y no son grandes bloques de piedra trabajados como el de los Incas.

Enero 2011

domingo, 9 de enero de 2011

LA AMAZONÍA EN EL MUNDO MODERNO

Quinta reseña sobre el libro de Betty J. Meggers, "Amazonía. hombre y cultura en un paraíso ilusorio".

Según Meggers, “antes de que la población humana alcanzara un tamaño que fuera perjudicial, la selección natural había establecido una adaptación finamente equilibrada con los recursos del ambiente”. Dicha afirmación con respecto a la selva tropical lluviosa parece ser cierta, puesto que antes de que se diera la invasión de estos territorios por los europeos, el equilibrio en la zona se mantuvo perfectamente.

En ese aspecto, la naturaleza hostil se encargó de mantener un estado de armonía entre el hombre y el medio ambiente. Los pobladores mismos eran conscientes de la necesidad de no tener una población muy numerosa. Asimismo, la naturaleza ofrecía a las tribus indígenas un nicho ecológico limitado, pese a ser tildada de paraíso, lo cual finalmente no lo es.

La invasión europea de la selva tropical lluviosa tuvo consecuencias devastadoras, debido a principalmente a dos motivos. El primero fue la explotación irracional de estos territorios. El segundo fue la implantación de costumbres foráneas que contradecían todo lo anteriormente establecido. Este “agente externo” extracontinental se mantuvo inmune a los patrones que definen la selección natural en la zona, por lo que pudieron salir en parte airosos.

Los afanes conquistadores y las diversas disputas entre los europeos tuvieron consecuencias devastadoras en la población indígena. Al exterminio ocasionado por la toma de esclavos y las guerras entre las naciones, se le debe sumar el gran número de indios muertos por enfermedades a las cuales no eran inmunes, tales como la viruela y otros males muy contagiosos que desaparecieron pueblos enteros. Adicionalmente, la exportación de esclavos africanos ocasionó que adicionalmente se introdujera enfermedades foráneas como el paludismo y la fiebre amarilla.

Esta situación es conocida por todos, puesto que también es considerada como una de las causas del aniquilamiento de culturas como la incaica o aquellas desarrolladas en Centroamérica. No obstante, en el caso de la selva tropical lluviosa, la invasión europea tuvo otro efecto demoledor: las prácticas locales fueron sustituidas. Esto significó modificar el uso del medio ambiente de los indígenas por otros usos provenientes de una realidad y un hábitat totalmente distinto.

Sin embargo, para los intereses europeos, la distribución geográfica dispersa (y frágil) de las tribus indígenas en la Amazonía colisionaba con sus costumbres productivas concentradas. Es por eso que se vieron obligados a modificar los patrones de asentamiento y de producción de los indígenas. Muchas costumbres “primitivas” fueron eliminadas con frecuencia de manera violenta y otras fueron debilitadas a través de la imposición de la nueva cultura. Para Meggers entonces, la situación actual de la Amazonia es consecuencia de la transformación hecha por los europeos, con el fin de amoldar esta vasta región a satisfacer su demanda de recursos.
La autora afirma también que en cuanto a las costumbres de todos los pueblos amazónicos, no existe mucha diferenciación, por lo que estos pueden ser vistos como un todo. Y es así como las tribus indígenas de la Amazonía han debido modificar sus usos y adoptar aquellos impuestos por los europeos, lo que los obliga a depender del nuevo sistema impuesto. Tal dependencia los obliga también a no poder desarrollarse mejor y a ser únicamente el primer eslabón en una cadena productiva que en ningún momento les ofrece beneficios reales.

Además, no solo el hombre amazónico ha sufrido cambios drásticos, sino también, el medio ambiente. La escasez de recursos es cada vez más notoria lo que ocasiona una amenaza a la supervivencia. A esta situación se le debe sumar el avance descontrolado de las poblaciones en la selva basado en el erróneo concepto del paraíso amazónico. No se ha tomado en cuenta los conocimientos ancestrales de aprovechamiento sostenible del medio desarrollados por los indígenas “bajo la lenta influencia de la selección natural”. Y como afirma Meggers, pese a que nosotros deberíamos poder hacerlo mejor, no lo hemos hecho. Existen varios ejemplos del uso equivoco del medio ambiente en la Amazonía: la ganadería, la agricultura extensiva y otros.

Así también, existen diversos usos sostenibles que han podido ser adoptados, tales como la silvicultura, la crianza de tortugas y otros que son desaprovechados hasta ahora. Esto denota por consiguiente que la imposición de modos de producción desarrollados en otras realidades, colisiona y desmantela un equilibrio que pudo haber ofrecido desarrollo y progreso para sus habitantes.

Coincido con Meggers en estos aspectos, sin embargo, creo que ante la afirmación de que “en tanto las iniciativas para la explotación de Amazonia se originen en culturas extrañas, no hay posibilidades de que se establezca un programa racional para su desarrollo”, dicha posibilidad es inviable hoy en día, debido a la necesidad de desarrollar mecanismos de conservación ante el mal uso que se le ha dado hasta la fecha a esta región. Es decir, debe haber una conjunción de elementos nativos y de elementos introducidos, pero con la consigna de que deben ser respetados los usos y costumbres tradicionales, los cuales han atravesado los procesos evolutivos y la selección natural.

Por otro lado, habiendo tomado conciencia de que la Amazonia —pese a la arremetida occidental— ha sobrevivido y se ha repuesto, tiene un futuro incierto si no se toman las medidas adecuadas. Si es que Meggers tiene razón y que producto de la selección natural existen algunas especies “preadaptadas” a las nuevas condiciones de vida imperantes, es hora de utilizarlas racionalmente.

La complejidad, diversidad y riqueza de la Amazonia se debe al proceso evolutivo que atravesó, en el cual el hombre solo ocupó un papel muy reducido. En la actualidad, el papel del ser humano es preponderante, si no es que definitivo, para bien o para mal.

Aportes

Los aportes de Meggers son, según mi opinión, varios y muy relevantes para entender el mundo amazónico como un complejo sistema ambiental de diversas relaciones que ha generado un espacio harto difícil de entender. Para tal fin, debe ser asumido como un todo con una gran interdependencia entre sus partes. Uno de los principales aportes de la arqueóloga estadounidense es definir de manera acertada e ilustrativa los conceptos de terra firme y de várzea. Ambos términos conforman parte de la explicación de todas las dinámicas que se dan en la selva tropical lluviosa.

Una vez que se entiende esta diferenciación del territorio y las diferentes estrategias de adaptación que desarrollaron los siete pueblos indígenas descritos en su obra, se puede comprender por qué la Amazonia es definida por la autora como un paraíso ilusorio. Asimismo, además de entender esta hipótesis, se puede interiorizar las diferentes estrategias de supervivencia desarrolladas por el hombre amazónico en su afán de convivir y desarrollarse en este medio tan inhóspito.

Meggers utiliza los distintos procesos adaptativos de los indígenas amazónicos para demostrar que el medio geográfico determina el grado de desarrollo. De manera paralela afirma que los pueblos que se desarrollaron en la várzea y que gozaron de un mejor acceso a los recursos naturales, tuvieron un desarrollo mucho mayor a aquellos pueblos que se desarrollaron en la terra firme. Esta última afirmación se ve sustentada en los relatos acerca de las tribus de los Omagua y de los Tapajos.

Analizando únicamente el sistema amazónico, me parece que es cierta la afirmación esbozada entre líneas que sostiene que el medio geográfico determina el grado de desarrollo. Analizando en primer lugar los dos “medios geográficos” de la Amazonia, se encuentra que, pese a que la terra firme tiene la mayor diversidad en recursos, estos están dispersos y son más difíciles de obtener. En el caso de la várzea, pese a que su uso optimo depende marcadamente del ciclo del agua, su abundancia y acceso es mucho mayor para el poblador amazónico. Esto de por sí marca una gran diferencia en el desarrollo del hombre amazónico.

Meggers presenta de manera interesante la comparación de diferentes aspectos correspondientes a siete tribus indígenas. Esto permite comparar la adaptación al medio geográfico, lo cual se traslapa con un proceso de selección natural que también juega hasta la actualidad un papel determinante en el desarrollo de los pueblos amazónicos. Así también, se presenta diversos patrones culturales que resultan de los diversos procesos adaptativos.

Los aspectos culturales, como las guerras y la presencia de los chamanes y brujos, encuentran un sustento natural en la Amazonía y determinan en parte el grado de desarrollo alcanzado por los pueblos allí asentados. La conjunción de la cultura con el medio ambiente nos proporciona distintas técnicas de adaptación que Meggers se encarga de recoger, presentar y utilizarlas como modelos que pueden ser adaptados a los patrones modernos. Dichas conclusiones son algunos de los aportes de la autora.

Otro aporte de Meggers es la explicación bastante coherente y fundamentada de los estragos que significó la introducción de patrones culturales totalmente ajenos al medio, los cuales han tenido un efecto devastador hasta la actualidad. Dicha afirmación se sustenta en los procesos modernos de desarrollo de la Amazonia que no han logrado proporcionarle las herramientas necesarias para permitir encontrar una armonía entre el medio ambiente y el hombre de tal manera que beneficie a ambos.

Otro aspecto rescatable de la autora es el llamado que hace con respecto a la necesidad de comprender mucho mejor la forma en que la cultura y el medio ambiente se “influyen recíprocamente”. Hoy en día este punto es inevitable para asegurar un desarrollo ambiental que permita sentar las bases para poder conservar el medio ambiente y satisfacer las necesidades del hombre amazónico y de los demás pueblos.

Finalmente, como aporte de la obra de Meggers, me parece importante rescatar cómo la selección natural puede favorecer la conservación de un comportamiento adaptativo, salvo que el deterioro ambiental sea muy agudo. Esto nos permite virar hacia ciertas estrategias evolutivas y de de adaptación que han generado diversos patrones culturales de desarrollo entre el hombre y su medio ambiente. Entender estas estrategias nos puede ofrecer la oportunidad de aplicarlas en los procesos modernos de producción.

Si bien para Meggers, la cultura es un producto de la selección natural más que el resultado del ingenio humano, las culturas son diferentes de los organismos biológicos. Esto permite entender que los aspectos biológicos y los aspectos culturales son distintos. Sin embargo, según la autora, en la ciencia se aplica actualmente criterios que intentan unificar ambos conceptos para explicar los procesos evolutivos. Para Meggers, estos deben ser diferenciados, debido a que representan dos campos totalmente distintos.

Yo opino que esta afirmación es cierta en muchos aspectos, pues al principio de la humanidad, lo “único” que predominó para el hombre fue asegurar su supervivencia y para tal fin tuvo que afrontar una selección natural, de la cual salió airoso. No obstante, dicha selección es constante, y una vez que se ha tomado las medidas adecuadas para sobreponerse, el hombre desarrolla aspectos culturales como producto de su evolución condicionada indefectiblemente por el medio ambiente.

Crítica

En cuanto a la cultura como forma de comportamiento adaptativo, Meggers afirma que “el hombre es el producto de un proceso que se inició muchísimo antes de su aparición, y tan complejo que está más allá de su capacidad de comprensión; al principio sobrevivió debido a su adaptabilidad biológica, y se afirmó con la adquisición de la cultura”. Además, la autora afirma que la selección natural no puede prever cuáles serán las condiciones imperantes en un futuro, por lo que se producen diversas especies preadaptadas a los cambios que se puedan dar para asegurar una cierta continuidad. Es así como también se desarrolla una diversidad biológica. Esta, según la autora, también está asociada a la diversidad cultural. En este punto no concuerdo con Meggers.

Si bien es cierto que de la diversidad biológica se desprende parte de la diversidad cultural (y viceversa) y con esta, mayores posibilidades de supervivencia, creo que esto no siempre es así, debido a la existencia de diferentes grados de desarrollo en un medio ambiente muy homogéneo como la Amazonia.

Para Meggers, la diversidad cultural tiene la misma explicación que la diversidad biológica: “la primera permite una explotación más eficiente de los hábitat existentes y proporciona un máximo de senderos potenciales para afrontar lo futuro”. Es así como el primer punto se evidencia en la adaptación aborigen a la terra firme, y el segundo en el desarrollo de civilizaciones cuando las condiciones son optimas.

Personalmente creo que este punto es muy discutible ya que en el caso de territorios con una gran diversidad biológica, el desarrollo cultural no ha permitido alcanzar un nivel óptimo que evidencie el grado de diversidad cultural. Es sabido que se desarrollaron grandes culturas en estos territorios, sin embargo, no siempre se da tal binomio, esto se evidencia en todo el hemisferio sur del planeta. El avance cultural, basado en la diversidad biológica, debería desembocar en un uso racional, sostenible y bien planificado de los recursos naturales, pero esto no ha sido siempre así.

Diciembre 2007

lunes, 3 de enero de 2011

LOS OMAGUA

Cuarta reseña sobre el libro de Betty J. Meggers, "Amazonía. hombre y cultura en un paraíso ilusorio".

Los Omagua alcanzaron un alto desarrollo cultural que les permitió, entre otros, aprovechar al máximo los recursos naturales y las características de la várzea. Pese a que (lamentablemente) fueron poco estudiados y que al parecer se extinguieron totalmente, esta tribu llama mi atención también por la influencia andina que evidenciaron y por la manera de desarrollar el sistema de esclavos.

Es lamentable reconocer que su población fue casi masacrada por nuestra civilización. Al parecer, los Omagua fue la población indígena que alcanzó el mayor desarrollo cultural en toda la Amazonía, sin embargo, al igual que los Tapajos, estaban muy expuestos y eran vulnerables a ataques, debido a su ubicación geográfica. Es interesante anotar también que la ubicación de sus casas y poblados se daba a lo largo de toda la ribera del río, tal como hoy en día se puede apreciar en algunos poblados selváticos, lo cual se diferencia notablemente de la dirección casi circular de las tribus de la terra firme. Dicha ubicación hace pensar que los pueblos Omagua parecían ser puertos o poblados más “modernos” que los de la terra firme. Estos últimos se asemejan más a campamentos temporales poco estructurados.

La disposición de las viviendas de los Omagua está condicionada por la posibilidad de acceso directo al río del cual dependen. Justamente a través de los ríos se realizaría un intercambio cultural con algunos poblados andinos. Además, llama la atención que, pese a que la tribu fue exterminada, su lenguaje ─perteneciente a la familia lingüística tupí─ fue elegido por los misioneros como lengua oficial para el catecismo y la comunicación entre diversas tribus indígenas. Dicha elección se sustentaría en que su lengua reunía elementos más variados y complejos en comparación a otras lenguas amazónicas, lo cual revelaría por ende, un mayor desarrollo cultural.

Asimismo, es interesante anotar que los Omagua se encontraban en una zona con menos terrenos inundables que los Tapajos. Sin embargo, al parecer, tenían mayor acceso a los alimentos, lo que podría haber ocasionado que obtuviesen un desarrollo más complejo.

Como ya ha sido mencionado, el medio ambiente hostil frenó el desarrollo cultural de algunas tribus indígenas. En el caso de los Omagua, parece haber sido lo contrario. Pese a que atravesaron periodos anuales de escasez, debido al ritmo normal de la várzea y a diversos fenómenos naturales, el medio ambiente no les era tan hostil. Es por eso que alcanzaron un mayor desarrollo, el cual posiblemente se haya visto complementado a través del contacto con los pueblos andinos.

Otro punto resaltante es el de las deformaciones craneanas que aplicaban a los recién nacidos, lo cual, como se indica en el texto, es exclusivo de esta tribu. Dicha práctica tiene un origen andino, así como el uso de escudos. Si bien, no se indica cuáles son los motivos de dicha conducta, tal vez esta se deba a alguna práctica religiosa. Otro punto que me llama la atención es la variedad de frutos y productos comestibles que obtenían los Omagua y sus técnicas de almacenamiento. Asimismo, sobresalen las maneras de cocinar, preparar, macerar y tratar los alimentos. Incluso, hornear “bizcochos” y “tortas” como productos del uso de varios alimentos, indica un desarrollo mayor y un mejor aprovechamiento de los recursos naturales disponibles.

El desarrollo de los Omagua también abarcó un manejo de la fauna silvestre, en especial el de las tortugas. Pese a que esta actividad, también se registra en algunas tribus de la terra firme, en este caso, parece haber sido realizada de una manera más completa y a mayor escala. Esta práctica y la facilidad para la pesca les proporcionaban una fuente casi inagotable de proteínas. Es así como esta tribu casi no practicaba la recolección ni la caza de animales silvestres, debido a que no las necesitaban como fuente de alimento.

Con respecto a las técnicas combativas, es sobresaliente el grado de poderío alcanzado por esta tribu (aunque también sobresalen las mujeres combativas de los Tapajo, así como sus letales flechas envenenadas) que se mantenía en constante estado de alerta debido a las hostilidades con los habitantes de la terra firme. El uso exclusivo de escudos y la aptitud combativa los hacía ser muy temidos por sus vecinos. Es importante rescatar que sus motivos bélicos eran la búsqueda de esclavos y la consumación de venganzas, además de repeler ataques para los cuales estaban bien preparados.

La captura de esclavos implicaba parcialmente una selección natural, pues se sacrificaban a los ancianos, a los que no eran aptos para la esclavitud, así como a los que podían revelarse. El trato que se les daba era como el de tener objetos propios. Los esclavos estaban destinados a ser servidores. Y a diferencia de aquellos en algunas tribus de la terra firme, donde los esclavos llegaban a formar parte del parentesco, en los Omagua estos eran como el apéndice de una sociedad que en cualquier momento podía ser eliminado debido a la escasez de alimento o a una sobrepoblación.

Finalmente, es resaltante notar la influencia andina evidenciada en las deformaciones craneanas, el uso de escudos, la vestimenta, los templos religiosos y la organización político-social. Sin embargo, pese a esta influencia, que coadyuvo a un mejor desarrollo cultural, los aspectos culturales de los Omagua no se vieron modificados, ni tampoco su relación adaptativa al medio ambiente.

El manejo ambiental orientado a un desarrollo ambiental

En el libro de Meggers se indica, en cuanto a la supervivencia del patrón aborigen en la utilización de los recursos naturales, algunas de las técnicas para su uso. Algunas de ellas se vienen utilizando actualmente y derivan de las técnicas utilizadas por las tribus indígenas de la selva amazónica.

Como ejemplo tenemos la pesca estacional que se da cuando habitantes de la selva moderna se instalan entre agosto y setiembre en las orillas de los ríos para esta actividad. Esto lo pude comprobar personalmente en el Huallaga (cerca de la localidad de Shapaja) donde a principios de octubre, un puñado de pescadores se había “mudado” desde setiembre a orillas de dicho río, aprovechando su bajo caudal, para abastecer de pescado fresco a Tarapoto y a los hoteles de la zona.

Si bien hoy en día estas actividades se realizan para fines comerciales y no necesariamente para la supervivencia, estas prácticas son vistas como artesanales y solo satisfacen necesidades inmediatas a una escala muy reducida que no puede ser vista como desarrollo ambiental.

Personalmente creo que las técnicas de aprovechamiento presentadas por Meggers podrían derivar hacia un desarrollo ambiental, siempre y cuando sean realizadas en una dimensión que tome en cuenta la capacidad de carga del medio ambiente y que sean hechas de manera regulada. Sin embargo, adicionalmente, es necesario para tal fin, darle un valor agregado a los productos que se obtienen. El aprovechamiento de recursos como el paiche, la chonta, el aguaje, los frutos y otros puede y debe mejorar si es que se quiere apuntar y llegar a un desarrollo ambiental sostenible.

Hoy en día, el tamaño poblacional se ha incrementado en los territorios amazónicos, por lo que la cantidad de alimentos que necesita la población actual no podría ser cubierta en su totalidad con lo que la selva les proporciona. Es por eso también que urgen las mejoras en el uso y en el aprovechamiento de los recursos naturales. Ya no es viable extraer solo para consumir, sino es imprescindible manejar, producir y mejorar el uso de los recursos naturales para garantizar un desarrollo sostenible.

Anteriormente, el exceso de pesca por ejemplo, podía ser almacenado. Actualmente, esto no es posible debido a la exigencia por vender lo recolectado para satisfacer otras necesidades o a la falta de refrigeración, pues ya no se utiliza las técnicas de almacenamiento que utilizaban los antiguos indígenas.

El conocimiento que nos han dejado las antiguas tribus indígenas tanto de la várzea como de la terra firme, nos sirven para entender sus procesos adaptativos y su desarrollo cultural, más no para sentar las bases para un desarrollo local en sus costumbres, pues en la actualidad los mecanismos económicos son otros. No obstante, sí se puede rescatar algunas actividades indígenas que se fueron perfeccionando con el tiempo, como producto de su adaptación al medio ambiente y condicionado a la manera de entender y conocer este sistema natural y social tan complejo.

Encuentro por lo tanto, dentro de estas técnicas de subsistencia, solamente algunos elementos procedentes del saber tradicional que nos dan ciertas luces para entender los procesos adaptativos y de supervivencia, más no para enlazarlos directamente con un desarrollo ambiental sostenible a largo plazo. Para tal fin, es necesario unir conocimientos, saber qué es lo que se tiene exactamente, cómo utilizarlo y cómo hacer que con un buen manejo se pueda conservar y utilizar para beneficio de las poblaciones actuales.

Desarrollo ambiental originado en estrategias de adaptación al territorio

Sí creo que se puede tomar como punto de partida los conocimientos adquiridos por el poblador amazónico a través de las estrategias de adaptación al territorio. No obstante, es necesario diferenciar los territorios de la terra firme con un suelo mucho más infértil y en donde los recursos naturales están más dispersos; con aquellos de la várzea que son más fértiles pero que dependen fuertemente de los flujos del río y que además son territorios menos extensos.

En cuanto a la várzea, estos territorios tienen, según Meggers, dos limitaciones principales, por un lado la marcada estacionalidad y por el otro, su fluctuación impredecible. Además creo yo que se le debe sumar que en la actualidad, su uso implica una concentración demográfica demasiada acentuada en estas zonas que trae consigo diversos problemas de contaminación, sobrepoblación y depredación de los recursos naturales. Por otro lado, en muchos casos, la visión a corto plazo se contradice con las dinámicas de la várzea.

Es así como, pese a que se podría establecer una diferencia de desarrollo cultural entre las tribus indígenas de la terra firme con aquellas de la várzea, actualmente, creo que estas diferencias son menos acentuadas y están regidas por otros factores. Sin embargo, existen muchos elementos que se pueden rescatar del uso de estas zonas para asegurar un desarrollo ambiental para la selva amazónica en general en combinación con el uso de la terra firme.

Por ejemplo, las plantaciones de algunos productos podrían ser hechas en la várzea en vez de ser hechas en terra firme, debido a la naturaleza de los mismos y a las exigencias de agua y nutrientes. Por otro lado, en la terra firme se puede implementar la plantación de frutales, madera y otros. Las dinámicas de las aguas en la várzea pueden ser utilizadas para planificar también un manejo programado de los recursos naturales.

Si bien el crecimiento demográfico de la selva amazónica es inferior al de la costa y al de la sierra, se ha incrementado en los últimos años. Esto implica que ya no se podría hablar de abundancia de recursos para las poblaciones y de almacenamiento para las épocas de escasez. En base a los conocimientos adquiridos, se debe estudiar los recursos existentes y establecer dónde y cómo pueden ser aprovechados.

Así también, se puede establecer qué zonas deben ser protegidas de manera intangible y cuándo y dónde se debe imponer vedas o restricciones de uso. También se puede implementar plantaciones combinadas como el caso del maíz con el fríjol o el ajo con la fresa. Con estos conocimientos se podría introducir algunas especies foráneas (con un manejo responsable) o domesticar especies silvestres.

Otro punto importante a tomar en cuenta y sobre el cual insisto en hacer hincapié, es la necesidad urgente de compatibilizar los usos antiguos con los modernos, es decir, darle un valor agregado. Todo esto, sin alterar (o alterando lo menos posible) el complejo orden de la selva amazónica. Además, aunque en la actualidad no podemos hablar de las técnicas de las tribus indígenas para controlar el tamaño y la densidad de la población, sí se puede combinar las adaptaciones de la terra firme con la várzea como adaptaciones a la escasez de recursos naturales.

Esto es posible también gracias a que las hostilidades han cesado y si bien estas eran una manera de regulación poblacional, también atentaban contra el desarrollo. Es por eso que se puede rotar el uso de toda la Amazonía entre los periodos óptimos para la várzea y los adecuados para la terra firme.
Noviembre 2007

lunes, 27 de diciembre de 2010

ASPECTOS ADAPTATIVOS A LA TERRA FIRME

Tercera reseña sobre el libro de Betty J. Meggers, "Amazonía. hombre y cultura en un paraíso ilusorio". En primer lugar es necesario mencionar lo que la autora afirma al principio de la lectura y reafirma en las conclusiones: “las cinco tribus elegidas como ejemplos de la adaptación al medio ambiente de la terra firme exhiben muchas semejanzas culturales. Subsisten con muchas de las mismas plantas y animales que se obtienen con métodos similares; viven en casas comunales en grupos familiares extendidos”. Asimismo, en las conclusiones afirma que “en toda la zona se dispone de los mismos cultivos y recursos alimenticios silvestres (con excepciones mínimas)”. Sin embargo, “no hay dos grupos que combinen los mismos ingredientes en las mismas proporciones. 

No obstante, cualquiera que sea el ciclo anual de subsistencia que se haya adoptado, se obtiene todos los elementos nutritivos necesarios en las cantidades requeridas”. Bajo estas premisas comentaré tres aspectos que me han llamado la atención, pero que en mi opinión, son el resultado adaptativo de los grupos indígenas a un medio que puede parecer un paraíso, pero que no lo es. Al contrario, la Amazonía es un medio hostil que si bien da la impresión de ofrecer todo lo que algunos grupos humanos puedan anhelar o necesitar, demanda mucha energía y esfuerzo para sobreponerse y desarrollarse. Es así como los procesos adaptativos, en mi opinión, han estado más dirigidos a sobrevivir que a cultivar valores culturales que permitan un mayor desarrollo. 

 El medio ambiente ha frenado el avance hacia un nuevo horizonte, lo cual tal vez se pueda verificar con los últimos avistamientos de indígenas en aislamiento voluntario o no contactados (o que no quieren contactarse con la “civilización”). El poblador de la terra firme pasa (o pasa aún) mucho tiempo tratando de descifrar los misterios del medio que lo rodea e intentando explicar diversos fenómenos que rige su día a día. Producto de esa búsqueda o anhelo de encontrar algunas explicaciones, surge la figura del chamán o brujo, personaje infaltable en estas tribus indígenas, salvo en una de las estudiadas en el libro de Meggers. Pese a que este personaje también se encuentra en otras comunidades de la sierra y de la costa, percibo que en la terra firme, cumple un papel adicional al de curar o repartir conocimientos. 

 En estos territorios, el chamán es un hombre con poder que tiene un status más allá de lo que realmente pueda ofrecer y que limita o acelera ciertos procesos sociales. Por otro lado, al parecer, la migración de los pueblos de la terra firme hacia territorios menos hostiles o más diversos en cuanto a la oferta en flora y fauna, como la selva alta, los Andes, los valles interandinos e incluso la costa desértica del Pacífico, permitió forjar un mayor desarrollo y dedicar más tiempo a la búsqueda de nuevos estilos de vida que ya no dependían tan marcadamente de una naturaleza hostil y que no es tan diversa como suele parecer. Técnicas para controlar el tamaño de la población 

Llama la atención las diferentes estrategias utilizadas para mantener un equilibrio entre la población y el medio ambiente, con el fin de asegurar que el uso de este último no sobrepase su capacidad de regeneración. Dichas técnicas surgieron sin duda como parte de los procesos adaptativos y de la selección natural que se impone en este medio. Los grupos indígenas estudiados dominan las acciones destinadas para regular su crecimiento, de tal modo que ellos mismos no amenacen su propia supervivencia. Para tal fin, no solo utilizan métodos naturales, sino también culturales manejados propiamente y estando plenamente conscientes de la importancia de su cumplimiento como parte de su “destino” o “misión”. 

El uso de estos métodos se ve posiblemente reforzado por la brujería, para entender mejor su significado, o simplemente para justificar su implementación. Y como bien lo anota la autora, es necesario diferenciar entre el propósito de estas prácticas y la función que cumplen. El propósito es evidente para los que los practican, debido a que si no cumplen con dichas imposiciones, pueden ser sancionados o mal vistos en la tribu. Por otro lado, la función de estas prácticas para las personas involucradas, podría ser rara e incomprensible. No obstante, estos comportamientos forman parte de los elementos culturales que caracterizan y son “normales” para estas comunidades indígenas. 

 Lo resaltante, retomando lo que afirma Meggers, es que, conforme se mejora las técnicas para contrarrestar las causas naturales de mortandad, se debe perfeccionar las herramientas culturales para mantener a raya la superpoblación. Para determinar cuál es el número de hijos que deba o pueda tener la hembra, ha sido necesario el paso de varias generaciones, así como la transmisión de conocimientos para mantener una tasa reproductiva estable que preserve el presente y asegure el futuro de la tribu. Es por eso interesante distinguir en estos cinco grupos indígenas todas las técnicas que utilizan. Me llama la atención aquella que aplican los sirionó. 

Esta tribu no emplea ninguna medida de control en los períodos prenatales y juveniles, sin embargo, el promedio de hijos por pareja es de dos. Lo que implica que adopten medidas naturales que no hacen necesario el uso de otras técnicas culturales. Sin embargo, lo que me parece más singular es que, en la etapa adulta, los sirionó abandonan a los más débiles o enfermos. Esta medida me parece un ejemplo claro de selección natural y adaptación perfectamente justificable. Algo también importante es que esta tribu no tiene chamanes que pudiesen intentar curar a los enfermos o a los más débiles. Asimismo, esta situación se da también en el reino animal como un proceso de selección y del proceso adaptativo al medio ambiente. 

Además, en dicha tribu no existe el reconocimiento para las personas adultas como sí sucede en otras tribus, por lo que al parecer los “viejos” también pueden ser prescindibles y no adquieren un papel de sabios o de maestros. Esta adaptación me parece una medida que responde a un estilo de vida itinerante, errático y menos civilizado, lo cual se comprueba más adelante en la lectura, en el caso de esta tribu. Es decir, la distancia que separa al hombre del animal es, en este caso, más corta, pero no por eso, menos exitosa. 

Técnicas para controlar la densidad de la población 

Es interesante anotar que, pese a la gran diversidad de la terra firme, ésta no está distribuida de manera uniforme y de manera accesible para todos. A dicha situación se le suma la baja fertilidad del suelo amazónico, por lo que es común en la zona la rotación de los cultivos e incluso la rotación de las tribus en búsqueda de mejores tierras. Esto condiciona además que una población numerosa debe mantenerse dispersa para no agotar todos los recursos disponibles de su entorno. Los mecanismos culturales de las tribus indígenas garantizan que no exista una concentración demográfica que ponga en peligro el acceso a las fuentes de alimento. 

Es interesante determinar que tal situación se da en estas tribus y se complementa con el primer aspecto tratado. Es decir, ambos aspectos aseguran que no exista una explosión ni una concentración demográfica. Sin embargo, es también importante anotar que el medio natural en sí también cumple un rol protagonista en estas situaciones, debido a su hostilidad y a su gran extensión. Adicionalmente, la presencia indígena no ha podido incrementarse debido al triste papel del foráneo, el cual se ha encargado de mantener “a raya” a estas tribus e incluso a borrarlas del mapa. En el caso de los jívaros y de los waiwai, sus poblados están constituidos por casas comunales separadas entre sí por una distancia que fluctúa entre 2 y 10 kilómetros, lo que garantiza que exista suficiente terreno para el abastecimiento. 

Esta situación es posible también debido al gran territorio de la terra firme. Pero además, estas dos tribus indígenas multan con severas sanciones a quienes violen esta “norma”, la cual implica además, no aumentar el número de personas por casa, más allá del límite establecido. Es decir, la regulación y la adaptación empiezan literalmente “en casa”. Sin embargo, en este caso entra a talar otro aspecto, el temor a que “el vecino” te haga brujería. Un miembro de cualquier grupo familiar solo puede estar seguro dentro de su familia. Dicha situación explica también e la implementación de estas medidas, ya que exponerse al contacto con otras personas ajenas puede ser perjudicial. Pero como es habitual, la población de las casas también crece, y con ello aumentan las posibilidades de que surjan problemas entre sus miembros, por lo que las casas se subdividen. Esta característica de la subdivisión social es solo posible en grupos relativamente pequeños y “aislados” en un vasto territorio que además es poco fértil y limitado en el acceso a sus recursos. 

 Adicionalmente, está presente el tema de la brujería, pues los pobladores de estas dos tribus no quieren estar cerca del hechicero. Además, en una población más numerosa, es más propensa la posibilidad que se generen conflictos entre sus miembros, para lo cual se debe llamar al brujo. Estas situaciones evidencian tal vez un estado de interrelaciones personales limitado, pero que cumple un rol importante en la estructura social que es la base (a veces muy frágil) de las tribus indígenas estudiadas. Otro de los aspectos que me llama la atención es el hecho de que las guerras se conviertan, dentro de estas tribus indígenas, en reguladores de la población. Además, existen diferencias con las guerras de otras latitudes, ya que estos conflictos no se realizan para tomar territorios. Para los jívaro por ejemplo, ocupar áreas habitadas por sus enemigos es detestable y no es lo deseado. A esto se le debe sumar que el territorio es ya de por sí extenso, por lo que tampoco hay una escasez de tierras. 

Lo singular es que esta tribu arremete contra los miembros de su propia etnia hasta aniquilarlos; y en el caso de los kayapó, estos destruyen todos los utensilios e implementos sin el deseo de obtener ningún botín. En ambas tribus, la guerra es un arte, en donde dar muerte a un enemigo es símbolo de hombría y de reconocimiento. Es difícil entender a cabalidad el significado e importancia de las guerras, pues como se aprecia, estas no son hechas para obtener beneficios tangibles. 

En todo caso, creo que la “cultura de la guerra” responde a modelos de control poblacional llevados a niveles extremos, que si bien para nosotros no son justificados, para los grupos nativos, estas actividades forman parte de los procesos adaptativos que les han permitido sobrevivir a la terra firme. Finalmente, otro punto interesante es el abandono de las casas cuando alguien muere. Esto se da en diversos niveles entre las tribus indígenas seleccionadas, pero al parecer podría responder a medidas higiénicas. No obstante, creo que además se debe al tema de los espíritus y de las creencias. Sea como fuese, es importante anotar que esta medida puede calzar en un medio hostil donde se busque nuevos horizontes y acceso a los recursos naturales; y que no responde a la necesidad de tener más, sino tener lo suficiente. 

Diferencias en la complejidad cultural 

Si existiese la necesidad de “medir” el avance cultural, se puede observar, según la lectura, que los kayapó y los camayurá poseen algunos elementos que no se encuentran en las otras tres tribus, lo cual los pone en aparente “ventaja cultural”. Uno de estos puntos es que ambas tribus poseen un jefe permanente, lo que les da cierto grado de estabilidad. Adicionalmente, poseen una especie de consejo consultivo que delibera los problemas y necesidades de la tribu, algo que denota un grado de organización y jerarquía. Además, la estructura social de los kayapó es más compleja, en donde las ligas de parentesco son sustituidas por las ligas civiles. En el caso de los camayurá, se presenta la división del trabajo por ocupaciones y el intercambio formalizado por medio de un mercado público, lo que genera un mayor grado de relaciones interpersonales que fortalece los nexos sociales y posibilita la adaptación y el desarrollo de la tribu, además de la obtención de diversas fuentes de alimento y de elementos que favorecen su desarrollo. 

 En ambos casos, se percibe que existen algunos avances culturales, sin embargo, estos no se dan con la misma intensidad, debido a que no son percibidos como necesarios, o a que el medio natural condiciona otras dinámicas de desarrollo o las limita. Me llama la atención el grado de desarrollo de los sirionó por ser el más primitivo. Al parecer, la permanente adaptación de esta tribu al medio ambiente y su constante lucha por sobrevivir impide que se desarrollen culturalmente. Si bien es necesario anotar que las diferencias culturales no son abismales, ni muy marcadas entre las tribus indígenas estudiadas, es importante incidir en el tema del medio ambiente y del clima como “regulador” del avance cultural. Esto se percibe en el caso de las lluvias que generan el movimiento de las tribus, lo que tal vez propicie intermedios o avances en el desarrollo cultural. 

 La posible abundancia de recursos naturales no es sinónimo de desarrollo, sino más bien, al parecer, el factor determinante es el acceso a ellos. En otras culturas que se han desarrollado en ambientes poseedores de una diversidad menos variada, se puede registrar un mayor avance. Este aspecto, sumado a los avances culturales y a la estructuración social, podría conjugarse para fomentar un mayor desarrollo en todos los aspectos. Es interesante comparar entonces, el estadio de las culturas amazónicas con las culturas andinas y costeñas. El medio ambiente jugó y juega un papel primordial que condiciona conductas como el infanticidio, las guerras, los movimientos migratorios locales, etc. En el caso de otras culturas se practicaba el sacrificio humano como culto a los dioses, pero no para regular la población. En el caso de las tribus amazónicos no se registra estas prácticas, pero sí la muerte (condicionada) para mantener un equilibrio. Si en teoría existía (o existe aún) abundancia de recursos, entonces ¿por qué frenar el crecimiento de la población? 

Octubre 2007

lunes, 20 de diciembre de 2010

LOS KAYAPÓ Y LOS JIVAROS

Segunda reseña sobre el libro de Betty J. Meggers, "Amazonía. hombre y cultura en un paraíso ilusorio".

Elegí a estos dos grupos indígenas por un motivo geográfico, ya que ambas tribus se encuentran muy distantes entre sí. Los Kayapó habitan en el centro y al lado este de América del Sur, cerca de la costa del Océano Atlántico, y por otro lado, los Jivaros ocupan territorios cerca de la línea ecuatorial y al oeste de América del Sur, cerca a la costa del Océano Pacifico.

Por otro lado, me pareció interesante analizar a estos dos pueblos indígenas debido a que, comparando sus territorios, se percibe una “diferencia hídrica” notoria. En los territorios de los Kayapó, en la selva tropical, se tiene una estación seca bien definida que dura tres meses (de julio a septiembre). En el caso contrario, en los territorios jivaros, todo el año se presentan lluvias intensas. Esta diferencia en la precipitación pluvial determina, según el libro de Meggers, algunas estrategias de supervivencia como puede ser los movimientos de las tribus en la selva para buscar alimento y las diversas dietas en las que se basa su alimentación.

Así también, existen diferencias lingüísticas entre ambos grupos indígenas. Los Kayapó hablan ge, mientras que los Jíbaro hablan un idioma distinto. Esta situación, según la autora, permite afirmar que “las posibilidades de que compartan un origen común son menores que si tuvieran vinculaciones lingüísticas” No obstante esto, basados en la propuesta de Meggers, “si uno de los principales determinantes culturales es la adaptación, entonces las culturas aborígenes deben reflejar esta situación ambiental en dos formas principales”.

La primera de ellas es la existencia de un patrón cultural general en toda la selva tropical como respuesta al medio que presenta características bastante similares de clima, flora, fauna y suelo que definen esta vasta región. Seguidamente, existe un “patrón local” debido a las variaciones regionales que determinan la abundancia, ausencia o limitada presencia de ciertas especies biológicas. Este último factor es el que tal vez determine también varias estrategias de supervivencia y adaptación al medio como el tipo de alimentación, el comercio y la cosmovisión de los pueblos indígenas en general.

En todo caso, las distintas adaptaciones revelan las diferencias en el esquema general que derivan, según la autora, en las variaciones ambientales. En la obra de Meggers se describe estas culturas particulares a través de los detalles que las caracterizan y las diferencian de las otras. Asimismo, Meggers establece categorías para ordenar los datos obtenidos; y a su vez estos datos conforman un todo. Es interesante lo que plantea la autora con respecto a la forma de estudiar a estos grupos indígenas, los cuales son “disecados y separados en partes para ser examinados”. La metodología utilizada es la del análisis científico que consiste en desagregar las partes para explicar el todo. En el caso de estas tribus, se adiciona el medio ambiente, algo que fortalece la afirmación de que existe una interdependencia entre lo biótico y lo abiótico que determina muchos factores de desarrollo económico y social.

Los Kayapó

Esta tribu habita en territorios salpicados por franjas de sabana que constituyen penetraciones de las altiplanicies áridas en la llanura amazónica brasilera. Además, en estos territorios existe una marcada distribución estacional: en junio, julio y agosto la precipitación es escasa. Y entre las distintas tribus existe una hostilidad constante. Por otro lado es interesante anotar que desde que se originó el contacto con la cultura europea , la población de esta tribu se ha visto mermada considerablemente, en especial, en el siglo pasado.

Esta situación ha sido ocasionada principalmente por las enfermedades de las que se han contagiado debido al contacto con los europeos y por las constantes disputas con los caucheros y madereros, situación que se mantiene en la actualidad tanto en el Perú como en el Brasil. Esta reducción en su número ha debilitado considerablemente sus estructuras sociales, lo que acrecienta un resquebrajamiento en la continuidad de la tribu.

En cuanto a algunos de sus patrones de conducta, los Kayapó alternan la vida sedentaria en época de lluvia, ─es decir la mayoría del año─, con una existencia errante en época seca. En este periodo la población se desplaza en conjunto o decide separarse en grupos pequeños, esto, dejando a los enfermos e incapacitados en el pueblo. Dicha conducta es una estrategia de adaptación al medio, pues en caso de tener que sobrevivir ante cualquier eventualidad, es necesario que sobrevivan los más fuertes y aptos para seguir procreando y de este modo, asegurar la continuidad de la tribu.

Llevar consigo a personas enfermas o débiles desgasta y quita mucha energía, por lo que son dejados de lado. Además, asumir su cuidado los hace vulnerables ante posibles enemigos ya que se desplazan más lento. Esta adaptación es parte del proceso de selección natural que también se da en los animales. Asumimos, en caso de que la tribu, se tope por ejemplo con otras tribus hostiles a ellos, las primeras victimas, serán los más débiles. Adicionalmente, condicionados por las lluvias, los Kayapó varían su dieta. En época seca se convierten en pescadores y en recolectores, mientas que en épocas lluviosas son cazadores y siembran algunas plantas.

Y es así como, tras la influencia europea, han ampliado sus fronteras agrícolas y por ende los productos que cultivan, adicionando a su dieta el arroz, la caña de azúcar y la mandioca amarga. Un aspecto importante que rescatar de esta tribu, es que dentro de sus alimentos, consumen una especie de pan hechos de masa de maíz con diversos productos complementarios, lo que evidencia un cierto grado de dominio de técnicas más avanzadas de desarrollo cultural. Estos panes son incluso horneados en el suelo.

Es notorio que se identifica un cierto grado de avance cultural, tanto por las técnicas de cocina, así como por el hecho de que la cacería es un deporte para los Kayapó, quienes no dependen exclusivamente de ella ─pese a ser expertos en esta técnica─, como en el caso de otras tribus. Adicionalmente, es importante identificar que realizan cacerías en grupo y con perros, lo que evidencia el avance cultural. La pesca es otra actividad importante y se realiza en época seca, debido a que es más fácil ya que las aguas están en su nivel más bajo y los peces son más acequibles. Esta situación también es una adaptación similar a la de otras especies del bosque tropical.

Asimismo, los Kayapó practican una especie de “ganadería” con tortugas, lo cual les asegura una fuente de alimento importante. Además, almacenan alimentos como es el caso de las nueces de Brasil. Estas actividades son producto de muchos años de adaptación y de un conocimiento adquirido que se refleja en su conducta. Existe una división sexual del trabajo, la cual está más acentuada en las artes y en los oficios que en las tareas propias de la subsistencia de la tribu.

Llama la atención en todas estas tribus que siempre existan chamanes; y en el caso de los Kayapó, también existen estos curanderos, pero al parecer en menor número. Caso contrario es el número de etapas por las que atraviesa un integrante de la tribu para llegar a ser “adulto”, en comparación con otros grupos indígenas. Sin embargo, existen muchas similitudes con los otros grupos indígenas en cuanto a la organización social. Un ejemplo claro es el infanticidio que es practicado por casi todos estos grupos.

Otro punto importante en la vida de los Kayapó es que anteriormente no realizaban ninguna actividad relacionada con el comercio, y es recién en las últimas décadas que han incursionado en este campo. Tal situación se debería a un cambio de las costumbres como producto de la influencia de otras culturas o a que no requerían otros productos, debido a sus actividades de caza, pesca y recolección adaptadas al medio ambiente, las cuales les bastaba para su supervivencia.

Estos aspectos son importantes para identificar grados de adaptabilidad al entorno y el nivel de avance cultural. Si bien, estos factores no son determinantes, sirven para entender mejor los procesos regionales determinados por el medio ambiente.

Los Jivaros

A diferencia de los territorios de los Kayapó, el de los Jivaros es una zona lluviosa caracterizada por una combinación de calor y humedad que produce una vegetación exuberante, la cual alberga una fauna muy variada. Estas tribus comparten una misma cultura y poseen un mismo idioma, sin embargo carecen de unidad social y política, lo que genera constantes disputas entre ellos, pese a los esfuerzos que se han hecho a través de la evangelización y la pacificación. Un aspecto importante en esta tribu es que predomina el número de mujeres.

Este punto es importante, ya que el mayor número de mujeres dentro de los Jivaros determina algunos aspectos importantes que se traducen en parte en los papeles que cumplen en la estructura social. Y es que, pese a que el jefe de la familia es la autoridad máxima de la sociedad jivara, el papel de las mujeres es esencial y su rol es fundamental para el bienestar de la familia. Incluso, las mujeres poseen una influencia sobrenatural que es tomada muy en cuenta por la tribu.

En cuanto a la alimentación, el alimento básico es la mandioca dulce, cuya fertilidad y productividad está muy asociada a la mujer. Para su plantación, el hombre prepara el terreno y la mujer se encarga de sembrar dicho vegetal. Los hombres se encargan de cultivar y cosechar otros productos. En este punto se ve también el importante papel que tiene la mujer, el mismo que también está asociado a la producción de las bebidas alcohólicas (masato), las cuales cumplen también un importante rol en las relaciones sociales.

El poblador jivaro posee una dieta rica y variada que le permite afrontar sin ningún problema alguna carencia de alimentos. Esta situación se ve favorecida debido a que son omnívoros, existe una abundancia de animales de caza y a que además, son muy buenos cazadores. Utilizan varias técnicas de cacería notables como la imitación de voces para llamar a los animales en el monte, el uso de señuelos, trampas y otros. Adicionalmente, entrenan perros para este fin, algo realmente que personalmente desconocía.

Es interesante también notar que existe entre los Jivaros una especie de código de caza con respecto a ciertos animales, lo que indica el grado de conocimiento de su fauna. Es notable también el variado “menú” adicional del cual pueden disfrutar en base a insectos, huevos de tortuga y al palmito. Regresando al tema de género, la diferenciación de los sexos también se evidencia en las actividades manufactureras.

Los hombres están encargados de las actividades relacionadas con la madera, es decir la construcción de las casas, canoas, remos, tambores, lanzas, camas, cerbatanas, dardos y –esto llama la atención– de los telares, actividad que generalmente está relacionada con la mujer. Además, los hombres hacen canastos, hilan y tejen el algodón, mientras que las mujeres están más avocadas al campo y a las actividades domesticas, a producir el masato y cuidar a los niños y a los perros.

Esta división de roles es interesante y explica en parte la horizontalidad de la estructura social de los Jivaro. Cada familia es una estructura económica y políticamente independiente, pese a pertenecer a una estructura mayor. Cada casa presenta poderes muy similares divididos entre hombres y mujeres, donde la mujer posee un poder que a veces es superior al del hombre.

Es realmente asombroso que los Jivaro tengan como uno de los motivos para celebrar, el fin del entrenamiento de los perros. Esta situación forma parte de las creencias jivaras y es asumida con el mismo grado de importancia que las otras celebraciones. Si bien en la obra de Meggers no se dan más detalles al respecto, asumo que esta es una ceremonia de igual jerarquía que las demás, ya que los caninos son parte fundamental para la supervivencia de la tribu.

Analizando la conducta referidas a las guerras de los Jivaro, vemos que ante la inminente conquista de un pueblo, todos los integrantes masculinos, las mujeres de mayor edad, los niños y los perros, son aniquilados. Solo se salvan aquellas mujeres que no oponen resistencia. Esta conducta puede explicar tal vez, el mayor número de mujeres que existen dentro de este grupo indígena. Es posible también que estas sean tomadas como rehenes para garantizar la fertilidad de sus plantaciones, así como el suministro del masato.

Adentrándonos en el mundo de la religión y la magia de los Jivaro, vemos que la Madre Tierra (¿la pacha mama?) es muy importante, pues esta se le aparece a las mujeres cuando están bajo los efectos de algún narcótico, y le da instrucciones a la mujer, referidas al cuidado de la tierra y de los animales. A su vez, les enseñó a las mujeres la agricultura. Esta situación puede explicar en parte lo que se ha venido dando en los últimos años con los Aguaruna, que forman parte de esta tribu, con respecto a los suicidios de muchas mujeres jóvenes.

Al parecer, ante la introducción de elementos foráneos a las estructuras aguaruna, como la cerveza u otras bebidas alcohólicas, los alimentos enlatados o tal vez las costumbres evangelistas que prohíben la ingesta del alcohol, la mujer está perdiendo poder y significado dentro de la estructura social y se ve avasallada por el avance de una cultura que la margina.

Conclusiones finales

A través del análisis comparativo de estas dos tribus, –tras un análisis previo de cinco tribus amazónicas hecho por Meggers–, se puede identificar diferencias “locales” sustentadas en las condiciones regionales de la selva, pero que en el aspecto más amplio, responden a una adaptación semejante de todos estos grupos humanos a la gran selva amazónica. Muchas características, costumbres, técnicas de supervivencia, cosmovisión, y otros aspectos son similares en los grupos indígenas y solo varían en aspectos simples que están determinados por factores climáticos, geográficos y topográficos locales.

Finalmente, para entender todas estas diferencias y similitudes, es indispensable utilizar un enfoque similar al que se puede haber aplicado a las culturas andinas o costeñas, las cuales presentan también muchas similitudes, pero que se diferencian entre sí en diversos aspectos. Lo que si está claro es la necesidad de conocerlas a cabalidad, pues les debemos mucho de lo que hoy en día somos y tenemos. De existir una interconexión entre el mundo amazónico con los mundos andinos y costeños, no podemos dejar de lado a las expresiones culturales estudiadas por Meggers. Asimismo, es necesario, en mi opinión, desmitificar a la selva amazónica como paraíso, pues definitivamente no lo es, si es que pensamos que es un lugar “lleno de animales y plantas donde el alimento no falta”.

Octubre 2007

lunes, 13 de diciembre de 2010

LOS ANDES Y LA AMAZONÍA: AMOR PARA SIEMPRE

Incluiré en varias entregas algunas reseñas del libro de Betty J. Meggers: "Amazonía: hombre y cultura en un paraíso ilusorio", un libro de obligada lectura para entender qué es la selva amázónica y cuál es la importancia de los Andes. Va la primera parte.

Uno de los planteamientos de la autora en el texto se basa en la existencia de un equilibrio ecológico en la naturaleza que se da entre los hombres primitivos y el medio ambiente que los rodea. Para que ese equilibrio se dé, Meggers afirma que los pueblos primitivos se consideran a sí mismos parte de la naturaleza y no superiores o inferiores a las demás criaturas que conforman su entorno natural. Asimismo, el desarrollo humano a partir de organismos unicelulares, tiene un paralelo con el desarrollo de bandas cazadoras en grandes ciudades.

Para lograr dicho equilibrio, el hombre ha debido atravesar un proceso de adaptación al medio ambiente que se ha basado en parte en la selección natural de la especie. Hasta lograr un desarrollo casi parejo en las culturas humanas, ha pasado miles de años, durante los cuales no se percibieron grandes cambios en la especie. Sin embargo, una vez que se iniciaron las diferenciaciones en los humanos, se inició la búsqueda y conquista de nuevos territorios. En muchos casos, las poblaciones perecieron ante las inclemencias de la naturaleza y se extinguieron, en otros casos, sobrevivieron y lograron adaptarse al medio ambiente.

Por otro lado, la autora trae a colación la dificultad que existe en el ser humano de comprender su entorno y su desarrollo debido a factores culturales que originan que la observación directa sea un tanto subjetiva. Esto debido a que el ser humano ordena sus pensamientos en base a un patrón cultural, científico e intelectual producto de una base cultural con la que se ha desarrollado y que establece parcialmente un modo definido de percibir el medio ambiente.

Por eso, la autora afirma que es más sencillo estudiar a las culturas primitivas ya que estas permiten hacer una diferenciación entre el observador y lo que se observa, debido a las diferencias culturales que existen y a la presencia de una naturaleza única y aislada. Dicha situación facilita el estudio de la adaptación humana desde una perspectiva más clara con la presencia mínima de factores que dificulten una visión objetiva y certera.

Así también, la autora afirma que la Amazonía ha atravesado en los últimos milenios dos grandes etapas. La primera se dio durante la selección natural a partir de la presencia del hombre en la zona, y la segunda con el avance de la “civilización” a partir del siglo XVI con sus elementos de explotación que modificaron el equilibrio hasta ese entonces existente.

Finalmente, la autora plantea que, debido a que el hombre es un animal, este debe mantener una relación adaptativa con su entorno para sobrevivir. Asimismo, pese a que el hombre puede lograr su adaptación mediante la cultura, este proceso también está regido por las reglas de la selección natural que determinan la adaptación biológica. Es decir, para entender ambos procesos, se debe conocer tanto los factores naturales (bióticos y abióticos), así como los factores culturales para entender los mecanismos de desarrollo, adaptación y posiblemente, el futuro de las poblaciones humanas (de no existir factores externos que las lleven al exterminio, como ha sido el caso de algunas poblaciones indígenas en la Amazonía).

En esa dirección, la autora hace una completa descripción de la topografía, clima, flora, fauna y otros aspectos de la selva amazónica, así como de algunas poblaciones indígenas, para poder entender la verdadera esencia de la Amazonía. En ese aspecto, define dos subregiones en esta vasta zona: la tierra firme y la várzea. Ambas zonas determinan, en base a la adaptación, la cultura de los pueblos amazónicos.

Finalmente, conocer las diferentes adaptaciones de los pueblos indígenas, tanto a la tierra firme, así como a la várzea, permite definir las restricciones del medio ambiente en cuanto a la adaptación y al desarrollo humano, que son paleadas por los aspectos culturales en conjunción con la variabilidad del medio ambiente. Conocer el medio ambiente y entenderlo, debería permitir superar ciertas dificultades en aras de la subsistencia y de la búsqueda del equilibrio del humano con su entorno.

Entendiendo tal vez cómo es que ese equilibrio se dio (y tal vez se siga dando en algunas comunidades), es posible que el hombre moderno pueda entender el respeto que se debe tener al entorno si es que queremos permanecer mucho tiempo más en el planeta.

Importancia de la Amazonía

Considero de suma importancia a la Amazonía por ser esta una fuente muy rica de diversidad biológica y de alternativas para fomentar un desarrollo en base al aprovechamiento sostenible de los recursos naturales y del mantenimiento de los procesos biológicos que allí se dan. Si bien, para muchos la importancia de la Amazonía radica en que esta es “el pulmón del mundo”, creo que esta característica no es la que mejor la define.

Es innegable el valor que tiene como hábitat de una gran masa forestal, sin embargo, su importancia radica prioritariamente en que la Amazonía es el gran almacén de una diversidad biológica y genética única, así como que es un reservorio de agua para esta parte del planeta. Además, estos territorios son el hábitat de importantes poblaciones humanas que se han desarrollado en ella desde hace miles de años.

Así también, la Amazonía es importante debido al gran papel que juega en determinar muchas de las características climáticas del continente y por el papel que ha jugado desde tiempos inmemorables en el desarrollo de las culturas que han poblado el país. Esta última influencia es evidente en muchos testimonios culturales, tanto en la sierra, así como en la costa peruana.

Además, existe a mi entender una importancia geológica que deriva de la dinámica de los Andes en relación con el surgimiento de la Amazonía y los sistemas fluviales. Es decir, hace millones de años la dinámica de las aguas en el continente era otra, y con el surgimiento de los Andes, la dirección de los ríos se modificó, originando que existan aquellos que fluyan hacia el Océano Atlántico y otros hacia el Océano Pacífico. Esta situación determinó el desarrollo de la cuenca amazónica y de las culturas preincas.

Por otro lado, la Amazonía y sus variaciones climáticas han influenciado ─en base también a la geografía de la zona─ a la composición de la diversidad biológica de las ecorregiones del Bosque Seco Ecuatorial y del Bosque Tropical del Pacífico y de otras ecorregiones del país. Por ejemplo, parte de la diversidad biológica de la denominada región de endemismo Tumbesina, presenta un origen o características amazónicas. Esto origina que los territorios que comprenden esta zona tengan una gran diversidad biológica, pese a que son espacios relativamente pequeños comparados con los amazónicos.

Asimismo, el valle del Marañón y otros valles interandinos se ven enormemente influenciados por las nubes procedentes de la Amazonía bajo el efecto del “rain shadow” que origina un hábitat único con una fauna de alto grado endémico. En el caso del valle del Marañón, este es conocido como uno de los territorios denominados “Refugios del Pleistoceno”, dado a que ha estado aislado de la dinámica de las tierras adyacentes, permitiendo el desarrollo de una flora y fauna única. La Amazonía cumple entonces un rol fundamental en determinar muchos aspectos climatológicos, biológicos e incluso culturales en el país.

Ahondando en el tema de los recursos biológicos y genéticos, está comprobada la gran diversidad en recursos naturales amazónicos, muchos de los cuales aún no han sido estudiados a cabalidad. Esta situación ocasiona que a la fecha existan todavía muchos aspectos por estudiar. La gran diversidad de productos biológicos puede ser de importancia vital para el país y tal vez para la humanidad entera, pues en dicha variedad se pueden encontrar especies que tengan un papel fundamental en la subsistencia humana.

Características de la Amazonía

Una de las características que más me ha llamado la atención referente a la Amazonía, es el color de las aguas de los diversos ríos que la atraviesan. Si bien existe la clasificación de acuerdo a principios físicos y químicos o a la carga en suspensión, la clasificación en base al color de las aguas me parece sumamente interesante ya que revela el origen de las aguas, así como su importancia en cuanto al contenido de nutrientes. En el caso de las aguas blancas, el color es semejante al del café con leche, debido a la gran cantidad de sedimentos suspendidos. La reacción química de estas aguas es casi neutra.

Por otro lado, los ríos de aguas negras, contienen residuos de humus pero pocos sedimentos y sustancias nutritivas, además sus aguas son ácidas. Finalmente, las aguas claras son pobres tanto en sedimentos como en nutrientes y varían en cuanto al pH. Estas características definen en parte la dinámica de las aguas en la Amazonía que tiene una influencia directa para la várzea, que depende en gran parte de los nutrientes que trae consigo el río.

En cuanto al color, también existen variaciones estaciónales y posiblemente algunas de índole subjetivo que lo determinan, ya que algunos ríos de agua blanca pueden tener aguas claras durante la estación de las vaciantes. Otros ríos de agua negra pueden ser de ese color durante casi todo el año pero, se pueden ver blancos cuando la estación de lluvias empieza y estos ríos acumulan sedimentos de sus orillas. Esto origina que algunos sean llamados de agua mezclada o de agua mixta.

Al margen de las apariencias, lo resaltante de estas características es el origen de las aguas. Los ríos de agua blanca tienen su origen en los Andes y los ríos de aguas negras o mixtas se originan en la selva baja. Los ríos de agua clara se originan en cordilleras desgastadas que ya no aportan ningún tipo de sedimentos ni de nutrientes. La autora incluso menciona que los ríos de agua negra son llamados “ríos de hambre” por su bajo contenido en nutrientes y sedimentos.

Otro punto que resalto es la presencia de los Andes en conjunción con la Amazonía, lo cual es muy importante, pese a que en algunas ocasiones se les trata de diferenciar y se les ve como dos fenómenos geográficos totalmente distintos. Su interrelación es muy estrecha e importante. Y es que los Andes, además de albergar el origen del río Amazonas, “otorgan” sus nutrientes tanto a la Amazonía, así como al mar peruano. Los ríos de la vertiente del Pacífico también contienen muchos sedimentos y nutrientes que son transportados por los ríos al mar. Estos son depositados en el zócalo continental y, con los fenómenos de las corrientes marinas, el afloramiento y otros, generan la gran riqueza de nuestro mar.

Otra de las características que me ha interesado bastante, es el trayecto paralelo al Ecuador del río Amazonas. Esto garantiza que los ríos del hemisferio norte, así como aquellos del hemisferio sur, aporten durante casi todo el año al caudal del río Amazonas. En el hemisferio norte la estación lluviosa es generalmente de abril a agosto y en el hemisferio sur, los meses más húmedos son de octubre a abril.

Dicha situación origina que aproximadamente en el mes de junio se de una creciente y que esta marque un ciclo casi regular que permita el uso de las tierras de várzea. Este régimen hídrico también me llama la atención por la importancia de los flujos de agua y las lluvias en la Amazonía que determinan la gran diversidad biológica de la misma, así como la temperatura bastante uniforme en esta vasta zona del planeta.

Otro dato importante es la pendiente del río Amazonas. Según Meggers, desde la parte peruana hasta la desembocadura del río en el Océano Atlántico, solo existen 65 metros de pendiente a lo largo de aproximadamente 3000 kilómetros. Pese a la poca pendiente, la velocidad del flujo del río varía entre 2,5 Km/hora hasta el doble, permitiendo el flujo de las aguas e incluso que especies de aguas saladas remonten parte del río para su alimentación (y que algunas ya se hayan “quedado” como los delfines).

Territorios de tierra firme y de várzea

Según el texto de Meggers, los territorios de tierra firme son aquellos que forman la tierra alta, compuesta por suelos geológicamente viejos y drenados por ríos estériles de agua negra o clara. No obstante, es asombroso que pese a la gran diversidad biológica existente, estos suelos representen el 98% de la Amazonía.

Para la autora, el restante 2% está ocupado por la várzea o llanura de inundación, es decir aquel territorio que ocupa el corazón de la cuenca amazónica, en donde el clima tropical alcanza su máxima expresión. La várzea también es conocida como “playa”. Cuando el río se ensancha, esta zona también se hace más amplia y alcanza su mayor longitud en el “delta” del Amazonas. La várzea predomina en la parte media e inferior del río más largo y caudaloso del planeta.

Esta se diferencia de las tierras firmes por dos motivos principales: en primer lugar su suelo es rejuvenecido todos los años con los sedimentos acarreados desde los Andes por las aguas blancas; y en segundo lugar su ciclo anual está determinado por la creciente y bajante del río, más que por la distribución estacional de las lluvias locales.

Durante las crecidas de los ríos, las barras deposicionales de estos se encuentran cubiertas por agua, pero tan pronto como el nivel de esta desciende, la tierra nueva (sedimentos, nutrientes) depositada está lista para ser colonizada por la vegetación o por plantaciones de corta duración.

Para Meggers entonces la várzea es aquella zona adyacente a las márgenes de los ríos y el territorio restante es considerado como tierra firme. Si bien en la actualidad se pueden observar otra distribución del territorio a las descripciones y mapas del libro de Meggers, el concepto está definido y es claro. Por otro lado, existen algunas estimaciones de las zonas inundadas en el país (Dourojeanni, 1990, habla del 13%) se conoce poco sobre la naturaleza de los bosques inundados. No se conoce a ciencia cierta la cobertura geográfica de las inundaciones y su variación anual.

Asimismo, Meggers hace otra diferenciación entre la tierra firme y la várzea. En la primera, los recursos naturales se hayan dispersos pero están siempre disponibles al hombre. En la várzea alternan la escasez y la abundancia de los recursos, según baje o suba el caudal del río.

En la Amazonía peruana, los territorios de tierra firme se encuentran en toda la llanura amazónica considerada como la selva baja del Perú. En el caso de la várzea, estos territorios comprenden las orillas del río Amazonas y de los demás ríos accesitarios.

Setiembre del 2007

sábado, 9 de octubre de 2010

¿ES TODA FORMA DE CONOCIMIENTO, CONOCIMIENTO CIENTÍFICO?

Para iniciar la difícil tarea de responder a esta pregunta, es necesario encontrar una definición del conocimiento que nos acompañe en este texto. Luego veremos qué es el conocimiento científico y en qué se diferencia del primer concepto. El conocimiento representa el conjunto organizado de información y de sus variadas dependencias que, enlazadas entre si, proporcionan un sistema racional de sabiduría con el cual, y en base al cual, actuamos. El conocimiento permite reaccionar ante la realidad de manera consciente y con sentido, proyectándonos en un horizonte conocido con la finalidad de mantenernos en él.

El conocimiento requiere un sustento bastante fuerte, es decir, este se debe basar en que lo descrito debe ser probable y medible, así como debe poder conducir a otro tipo de conocimiento. Asimismo, el conocimiento debe coincidir con los parámetros de la realidad perceptible, es decir, sus elementos deben poder ser registrados.

En el discurso científico no se encuentra definiciones concretas y reconocidas para el concepto de conocimiento. En este campo encontramos diversas definiciones que suenan similares entre sí, pero en donde cada una depende del punto de referencia desde donde se plantee. Una pequeña reflexión sobre las diversas perspectivas del conocimiento nos puede llevar a tres puntos en común de todo tipo de conocimiento:

i. El conocimiento se basa y se sustenta en información.
ii. Esta información debe estar referida a situaciones entrelazadas entre sí y a su vez debe concordar con la realidad. Debe de haber coherencia.
iii. Además de la concordancia en la información, el conocimiento debe estar en concordancia con las condiciones palpantes de nuestro entorno.

El conocimiento se encuentra, desde la filosofía griega, al lado opuesto de la opinión, debido a que el conocimiento implica la verdad pura, y esta no puede tener contradicciones a través de argumentos que critiquen la verdad. En el caso de la opinión, esta sí puede ser contradecida, ya que el juicio de valor es discutible y sólo representa una manera de percibir la realidad.

El conocimiento garantiza que objetos reales e imaginarios, sistemas y procesos, puedan ser diferenciados entre sí y a su vez que puedan ser definidas y descritas independientemente. Esta cualidad nos acerca a un entendimiento mayor de nuestro entorno. Si bien puede abarcar partes bien definidas y delimitadas por separado, el fin supremo es interrelacionar todo tipo de información en un todo que explique cómo funciona y se desenvuelve nuestro universo desde una visión macro a una visión micro.

El conocimiento es un concepto concerniente a una totalidad. La definición del término “conocimiento” modifica en sí el conocimiento, porque la definición misma forma parte del conocimiento. Debido a esto, solo se puede producir una descripción de la acción del conocimiento.

Mientras que en un primer vistazo parece tan claro lo que realmente es el conocimiento, es muy difícil encontrar una definición general que sea valida. Para cada una de las definiciones que podamos proponer, existen casos en que no se da o no se aplica lo que realmente entendemos por conocimiento. Esto se puede observar de manera más cercana revisando la historia de las ciencias.

A través de esta visión, se puede determinar que nosotros “creemos saber” muchas cosas, hasta que aparecen unas hipótesis más contundentes y completas. En muchos casos, se han venido abajo diversas teorías, ante el surgimiento de nuevas hipótesis que dejan atrás a lo que hasta la fecha explicaba (o intentaba) explicar la realidad. Dicha situación genera duda, puesto que siempre dudamos de lo que ya sabemos, planteándonos nuevas interrogantes, las mismas que deben ser respondidas. A través de la búsqueda de nuevas respuestas, nuestro conocimiento avanza.

Esto permite a su vez afirmar que la duda se convierte realmente en un impulsador del nuevo conocimiento.

El conocimiento como magnitud

El conocimiento es una medida verdadera y palpable de la realidad. Asimismo, la búsqueda de nuevos conocimientos, es un proceso que no se detiene. La definición exacta de conocimiento varía constantemente, ya que los mismos elementos que la conforman, se modifican permanentemente. Un requisito indispensable para la información que se convierte en conocimiento, es un estado perceptivo consciente que permita asimilar la realidad tal cual como se nos presenta. Solo de esta manera se puede definir los elementos que conforman el entorno de tal manera que cada uno podrá ser definido y observado por separado.

Las relaciones entre los objetos proporcionan diversos tipos de información que forman parte de la realidad que aparece ante el observador a través de las interdependencias que producen las diferentes percepciones del entorno. Estos datos que tomamos del entorno pueden ser asimilados tal cual como son, pero no necesariamente debe ser así.

Dentro de las magnitudes del conocimiento podemos definir este concepto de acuerdo a lo que es “saber algo”, o si deseamos “saber cómo” se produce algún fenómeno.

Esto se puede graficar en los siguientes ejemplos:

Para “saber algo” sobre los hechos, podemos hablar de números, como es el caso de π= 3.1416 o de proposiciones como: “el gavilán es un ave de presa”. En estos casos nos basamos en una información que ya está determinada y definida por parámetros definidos por el hombre.

En el caso del conocimiento sobre “saber cómo” y características de los conceptos, estos son definidos por su extensión y su intención. La extensión incluye la cantidad de todos los objetos que pertenecen al concepto. La intención es la marca que un objeto debe presentar para pertenecer a un concepto. Se puede diferenciar entre conceptos individuales y conceptos masivos.

En todo caso, el concepto de conocimiento es muy amplio y depende desde que perspectiva nos encontremos para poder definirlo.

El conocimiento científico: ¿conocimiento más ciencia?

Desde nuestra aparición, nosotros mismos nos hemos definido como seres complejos, racionales, afectivos y sociales; y es que realmente lo somos. Todas estas características nos incitan a buscar, a través de diversas maneras, la posibilidad de aproximarnos a los objetos de nuestro interés. Todo depende desde que perspectiva analicemos las cosas.

El resultado de estos diversos tipos de acercamiento, producirá algún tipo de conocimiento y dentro de estos tipos de conocimientos, aparece el científico como el más útil o adecuado para otorgarnos las respuestas a todos los planteamientos y preguntas que podamos hacer con respecto a lo que observamos en nuestro entorno.

La ciencia es un conjunto de acciones dirigidas hacía la determinación de un conocimiento verificable sobre los hechos y elementos que nos rodean. Toda la maquinaria científica se ha ido modificando a través de la historia y es en la Edad Media, específicamente en el Renacimiento, a partir de donde se produce una aceleración en su desarrollo.

A partir de esa época, la ciencia va tomando distancia del “conocimiento vulgar”, es decir, la ciencia va tomando otras aristas que la diferencian de los aspectos cotidianos de la vida para adentrarse en un mundo más complejo de conocimientos sobre los fenómenos de la naturaleza. La ciencia no puede permitir que se designe con el mismo nombre a hechos que, aunque parezcan semejantes, son de otra naturaleza. Esta es una de las grandes diferencias con el simple conocimiento.

El conocimiento científico tiene varias características que marcan la diferencia con el conocimiento común. Es por esto que definitivamente ambos tipos de conocimiento no son iguales. Esto se explica a través de diversas características, una de ellas es la objetividad, la cual permite obtener un conocimiento que concuerde y sea lo más cercano a la realidad del objeto o fenómeno. Esta permite describir o explicar tal cual cómo es o se da lo que se observa, sin una carga subjetiva que intente definir o explicar, según lo que uno anhela o espera.

Del mismo modo, el conocimiento científico utiliza y dispone de la razón como elemento sustancial para obtener resultados. Este tipo de conocimiento utiliza conceptos, juicios y razonamientos, y no sensaciones, impresiones o suposiciones (aunque puede partir de una suposición). La racionalidad permite separar a la ciencia de la religión, metafísica, parapsicología y otros conjuntos de sistemas que basan sus estructuras en elementos no racionales y en algunos casos en estructuras sobrenaturales. Es así como también la racionalidad separa a la ciencia del arte, ya que en este último, la razón pasa a un segundo plano y es guiada por sentimientos y sensaciones para producir obras.

El conocimiento científico es producto además de un trabajo sistemático, organizado en la obtención y presentación de resultados. En los elementos del trabajo científico hay una ilación lógica entre los elementos. Asimismo, la inclusión de elementos parciales, permite construir un “todo” sólido y explicativo. Esto permite no limitar el conocimiento a algo individual y particular, sino posibilita una mejor comprensión de mayor alcance.

Todo conocimiento científico deja un pequeño espacio, como sistema ideado por el hombre, para el error. Es decir, existe siempre la posibilidad de la equivocación. Esta limitación es en realidad una ventaja, puesto que permite que se pueda corregir y por ende mejorar el conocimiento.

El conocimiento vs. el conocimiento científico

Ante la pregunta planteada: ¿Es toda forma de conocimiento, conocimiento científico? llegamos a una respuesta: NO. Si bien todo tipo de conocimiento es una dependencia entre las partes que lo conforman en donde aparecen dos términos que se relacionan, es decir el que observa (o conocedor) y el objeto por observar (o conocer), el conocimiento científico va más allá de la simple percepción y ahí radica la diferencia.

No es lo mismo saber por ejemplo que un cuerpo al ser soltado “se cae al piso” que saber que esto se debe a la gravedad. El conocimiento que nos proporciona la realidad nos permite adaptarnos y sobrevivir en nuestro entorno. Asimismo, nos muestra de una manera simple todo lo que nos rodea. Sin embargo, es el conocimiento científico el que nos permite entender a cabalidad los diferentes fenómenos y hechos del entorno. Es a través de la ciencia que encontramos explicación a todo (o casi todo), y son las teorías e hipótesis que se van perfeccionando para intentar explicar cada vez mejor el mundo.

Es también a través del conocimiento científico que podemos predecir lo que pueda acontecer con una sólida base de conocimientos (no apelando a la astrología, las cartas y demás pseudo-conocimientos). Esta función es primordial y una de las más importantes de la ciencia. El poder predecir con un alto grado de confiabilidad lo que puede suceder, es un gran paso del conocimiento humano. El conocimiento del hombre es muy limitado en comparación con todo lo que nos rodea. La única manera de entender nuestro entorno es conociendo cómo funciona y de eso se encarga la ciencia. Es necesario a su vez entender que el conocimiento científico debe de traer al hombre siempre beneficios y mejoras para su supervivencia. El conocimiento solo nos da un panorama general del mundo, la ciencia nos permite afrontarlo.

El hombre sigue inmerso en la búsqueda de la verdad, de la medicina que alivie todos sus males, de las maneras de optimizar su producción, de la manera de sobrevivir en este mundo complejo, y de miles de asuntos. Toda esta búsqueda parte de un conocimiento inicial. De ahí surge la ciencia para tomar ese conocimiento y desagregar sus partes a través del análisis. Luego vendrá la explicación, y si el conocimiento es contúndete, se podrá predecir posibles conductas, hechos, fenómenos, catástrofes. No basta entonces con conocer, hay que entender. He ahí la diferencia.

Todo el proceso anterior desemboca en hipótesis, que en conjunto y bien planteadas, intentan explicar algo. El conjunto de estas forman las teorías y con ellas se consolida una posición. Las teorías son mejorables, de eso no cabe la menor duda. Sin embargo, ¿Llegaremos un día a explicar todo? De algo podemos estar seguros, nosotros, no estaremos ahí.

Reflexión final

Si para explicar el mundo, utilizamos diferentes teorías y todas son en realidad acercamientos a la verdad, es decir, son “solamente” eso, entonces; ¿Qué significa esta situación? Quizás significa que no sabemos en realidad NADA, ¡no conocemos nada! El conocimiento científico nos ofrece aún muy poco sobre nuestro entorno. ¡Tal vez Sócrates tenía razón! Solo sabemos (o deberíamos saber) que nada sabemos.

Definitivamente, no estamos en las mismas circunstancias de conocimiento, en comparación con la época cuando el hombre apareció por primera vez. Actualmente podemos decir que conocemos solo un poco más, sin embargo; ¿Merece el mundo una explicación? Lo más probable es que sí la necesite, pues solo entendiendo el mundo a cabalidad, sabremos orientar nuestras acciones y quizá así, sepamos también a dónde vamos.
Diciembre 2005

BIENVENIDOS AL NUEVO MORDOR: ¡EL PERÚ! (XXVII)

  Hace unos meses, tras un golpe de lucidez y un destello de valor, decidí abrir dos redes sociales para lanzar mensajes sobre diversos tema...