martes, 27 de agosto de 2013

EL PERÚ Y SUS NUEVAS ESPECIES BIOLÓGICAS

Serpiente de Ojos Rojos (Trimeresurus rubeus)
recientemente descubierta en Vietnam.
Con mucha envidia me enteré que recientemente ha sido descubierta una nueva especie biológica en los bosques nublados de Ecuador. Se trata del Olinguito (Bassaricyon neblina), un mamífero de la familia de los mapaches que parecería ser una mezcla de gato y oso. Sin duda es una buena noticia para la comunidad científica internacional y para los ecuatorianos. Y en ese aspecto, ¿cómo vamos por casa? Seguramente nos podría ir mucho mejor.

Sin lugar a dudas, el Perú es —todavía— una caja de sorpresas, ya que en los últimos años, aunque no se sepa, se ha descubierto varias especies nuevas para la ciencia. El problema es que casi nadie “le da bola” a estos temas, los mismos que tampoco son muy difundidos porque no “venden”. Además, en el país, el mundo científico divulga poco sus resultados y no se cuenta con mecanismos institucionalizados para informar oportunamente lo que se viene haciendo en aras de conocer mejor nuestra diversidad biológica.
                 
En toda la euforia, debemos diferenciar entre lo que significa y representa en general descubrir una nueva especie para la ciencia y lo que implica tener un nuevo registro para un lugar, una región o un país, en este caso, el Perú. Hallar una nueva especie es mucho más complicado, insólito y excepcional, dado que no todos los días sucede y menos en este planeta tan intervenido y venido a menos, aunque hay sorpresas interesantes.

El segundo caso, es decir, obtener nuevos registros de especies biológicas para el Perú, se da mucho más seguido, ya que contamos con un mayor (pero aún insuficiente) número de investigadores que utilizan técnicas modernas para la investigación. Además, variables como el tan mentado cambio climático y la degradación de algunos ecosistemas en países vecinos estarían ocasionando que algunas especies biológicas amplíen sus rangos de distribución y que otras se vean obligadas a buscar nuevos territorios para sobrevivir, en este caso, algunos ubicados en nuestro país.

Por eso, lo sucedido en Ecuador es relevante (además, lo han “vendido” muy bien, pues la noticia ha dado la vuelta al mundo). Adicionalmente, —y hay que decirlo— el descubrimiento de un mamífero, es algo mucho más pomposo y resaltante que el reporte de una nueva especie de ave, reptil o insecto para la ciencia. Claro, a menos que se descubra un ave sumamente vistosa o no voladora; un sapo o lagartija, gigante, fosforescente y con tres ojos; o un insecto que camine en dos patas. Lo que sí es cierto es que el planeta todavía nos podría sorprender. Basta ver lo que sucede en la cuenca del río Mekong, en Asia, donde se sigue descubriendo nuevas especies para la ciencia.

Un poco de números

Según algunos expertos, existen, cerca de 5600 especies de mamíferos en el planeta, de las cuales se conoce solo 5501 (es decir, el 98% y sin contar al Olinguito); 10 500 de aves de las que se conoce 10 064, es decir el 96%; 12 000 de reptiles y 9547 de ellas conocidas (80%) y 15 000 especies de anfibios y 6771 conocidas (45%).

Por cierto ¿Cómo es que se sabe que existe un número determinado de especies biológicas, pero solo conocemos un porcentaje de dicha cifra? Esto sucede por lo siguiente: existen especies que ya fueron descubiertas, pero que aún no han sido descritas y no han sido dadas a conocer oficialmente; además existen muchas subespecies de alguna u otra especie que en realidad son especies nuevas pero que aún no han sido declaradas como tal.

En todo caso, cualquiera de estas podría aumentar la lista de especies ya conocidas. Pero, tengamos en cuenta que es distinto clasificar y renombrar a una especie ya conocida que descubrir una totalmente nueva para la ciencia.

Así también, con los grandes avances en la genética molecular (análisis secuencial del ADN) sucede también que algunas especies han sido declaradas como subespecies (con lo cual el número total de especies disminuye) o que determinadas subespecies son clasificadas como especies nuevas, lo cual aumenta el número total de especies. Lo importante es saber que todas estas cifras cambian permanentemente y que si bien es relevante conocer realmente qué tenemos y dónde está, lo primordial es asegurar de que las nuevas especies que vayamos sumando a cualquiera que sea la lista puedan permanecer en el planeta.

Para los sapos…

Rana Ying-Yang (Leptobrachium leucops) descubierta hace
unos años también en la selva de Vietnam. 
Para complementar parte de lo acá expuesto, recomiendo leer el artículo titulado: “Investigación y conservación de la biodiversidad en Perú: importancia del uso de técnicas modernas y procedimientos administrativos eficientes” de Rudolf von May, Alessandro Catenazzi y otros autores, publicado en la Revista Peruana de Biología 19 (3): 347 – 354 de diciembre de 2012 y editada por la Facultad de Ciencias Biológicas de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. En el mencionado artículo se indica, entre otros, que “…tan sólo en los últimos siete años –entre el 2005 y el 2011– se ha descrito 115 especies nuevas de anfibios en el Perú (Rivera-Correa 2012). En un período de tiempo similar se ha descrito muchas especies nuevas de otros grupos de vertebrados, decenas de especies nuevas de plantas y muchas especies nuevas de invertebrados”.

En el Perú tenemos todavía bastante por hacer para conocer nuestra diversidad biológica. En esa dirección, concuerdo también con lo expresado en el artículo en mención: “Asimismo, esta tarea no sólo debe servir para catalogar la riqueza natural del país sino también para entender los procesos involucrados en la generación y mantenimiento de la biodiversidad y su posible respuesta a los efectos del cambio climático. Esto es de particular impor­tancia en la elaboración de planes de adaptación y mitigación al cambio climático”.

Rocas en el camino

Dicho lo anterior, existen algunas trabas e impedimentos que limitan el accionar científico en el país. Tenemos las pataletas de algunos satanizando la colección de ejemplares biológicos en el campo para los estudios taxonómicos, lo cual solo saca a relucir una falsa concepción del “conservacionismo”, tildando además a muchos investigadores como los “malos de la película”; las actitudes gangsteriles de algunos también mal llamados “conservacionistas” impidiendo el trabajo de investigadores en el país; así como las dificultades ya conocidas, como la falta de presupuesto estatal para la investigación científica, lo mismo que se traduce en tecnología obsoleta y en limitados incentivos para invertir en el estudio de nuestra diversidad biológica y cultural.

Por eso, pese a que sí existen avances interesantes y resaltantes de la investigación científica en el país, nos estamos quedando un poco. Debemos meter más carbón a la locomotora de la gestión del conocimiento. Un ejemplo claro y conciso que grafica que se nos puede pasar el tren, es lo que podría suceder en Bolivia. Y es que el país vecino ya está por atrasarnos, pues ha anunciado la pronta fundación de su Centro Internacional de la Quinua. No se trata de una competencia a nivel internacional, por supuesto que no, pero sí se trata de aprovechar las oportunidades que se nos presentan y de darle un valor agregado a nuestros recursos naturales.

Claro, tampoco es que los bolivianos estén prohibidos de realizar esa y otras iniciativas de ese tipo, pero creo que no deberíamos dormirnos en ese aspecto e invertir más en la investigación y fortalecer el trabajo de instituciones como, en este caso, el Instituto Nacional de Innovación Agraria (INIA), ya que es harto conocido el potencial de este y de otros granos andinos. A su vez, es necesario aclarar, en especial a aquellos que creen que todo lo bueno y rico es peruano o de origen peruano, que la quinua, la kiwicha y otros productos provenientes de los Andes también existen en otras latitudes.

Un distinguido investigador (no diré su nombre para que no le suelten —innecesariamente— los perros) me comenta que en el país estamos perdiendo oportunidades para potenciar el estudio científico, debido a que los trámites arcaicos, obsoletos y absurdos que demanda el Estado para llevar tejidos, muestras y el material necesario para estudios genéticos a otros países (ante la falta o poca presencia de laboratorios calificados en el país) son francamente de terror y espantan a investigadores nacionales y foráneos por lo que, o se frustran y abandonan la empresa o se van a otros países a trabajar.

Así, aunque sé que existen muchos detractores de lo que voy a expresar, tampoco es que nos la debemos pasar investigando y compitiendo a ver quién publica más y quien lo hace en las mejores revistas. Sin duda alguna, es vital promover y apoyar la investigación científica, dar a conocer los resultados y sobre todo buscarles una aplicación. Por lo tanto, es de trascendental importancia identificar la manera de incorporar la información científica y técnica a las políticas nacionales, regionales y locales para que lo que se haga tenga un sustento válido, evitando las improvisaciones y el mal uso del dinero.

Además, es evidente que en algunos gobiernos regionales, los funcionarios no están muy bien capacitados y que requieren apoyo técnico. Lamentablemente, eventualmente salen a relucir los regionalismos y algunos resentimientos cuando se pretende apoyar a funcionarios fuera de la capital. No podemos perder de vista que el fin supremo de la investigación científica es ofrecer insumos e información de calidad para una buena toma de decisiones que nos permita desarrollarnos como sociedad para mejorar nuestra calidad de vida, conservar y utilizar responsablemente el medio ambiente y si es posible, en el camino, descubrir nuevas especies biológicas.

Agosto 2013

Artículo publicado en la versión online de la Revista Rumbos: 

lunes, 19 de agosto de 2013

ESPECIES INVASORAS: LOS INQUILINOS NO DESEADOS

Conociendo algunos casos de especies invasoras en otras latitudes se puede entender el peligro que significa su presencia indeseada en nuestro terruño. Una vez asentadas en su nuevo hogar, se les debería enfrentar dado que desplazan a las especies dueñas de casa. Sin embargo, a la fecha, no existe ningún registro de alguna batalla contra ellas que haya sido ganada. Por eso, tomemos nuestras precauciones antes de que sea demasiado tarde.

Sapo Gigante (Bufo marinus) en Australia.
Como se mencionó en el artículo anterior, las especies exóticas o invasoras son especies animales o vegetales no nativas de un lugar o región que, debido a la intervención humana o a otros factores, han sido introducidas en un territorio ajeno al suyo. Variables como el cambio climático, el comercio internacional, el tráfico ilegal de especies, el control biológico, el turismo y la tenencia irresponsable de mascotas, permiten la propagación indeseada de estas especies. En el caso del cambio climático, las barreras climáticas que “mantienen a raya” a una u otra especie en un ecosistema determinado se “relajan” ocasionando que sus rangos de distribución se amplíen.

Así por ejemplo, en el Mar Mediterráneo y en otros mares prosperan en los últimos años, más de lo anteriormente registrado, la Medusa Luminiscente (Pelagia noctiluca), la temida Carabela Portuguesa (Phisalia physalis) y otras especies de estos invertebrados, las cuales expanden sus territorios cuando las aguas se calientan más de lo normal (aunque existen versiones que afirman que este fenómeno es cíclico). El problema no es solamente lo incómodo que resulta ser “picado” por estos seres vivos en los lugares de veraneo, sino que las medusas y sus congéneres se alimentan de los huevos de los peces.  

Por ende, el aumento de la población de las medusas es un factor desestabilizador de algunos ecosistemas marinos. Y ¿a qué otro factor se debe este aumento? Como no podía ser de otra manera: al hombre. Mediante la sobrepesca, las especies que son enemigos naturales de las medusas, como los atunes y las tortugas marinas, han desaparecido casi totalmente en los rincones donde justamente ellas prosperan. El cambio climático juega un rol fundamental pues en un mar caliente, las medusas tienen más chance de reproducirse y de supervivencia que en un mar frío. Adicionalmente, la gran cantidad de residuos orgánicos provenientes de los fertilizantes y abonos que transportan las aguas de los ríos y que van a parar al mar, facilita el crecimiento del fitoplancton en aguas marinas y con esto, se potencializa el incremento de las medusas dado que tienen más alimento. 

Muchas especies que estaban consignadas a ciertos espacios geográficos restringidos no podían avanzar porque tenían una barrera climática que se los impedía. Sin embargo, en el escenario actual han podido llegar a otros territorios, favorecidas por algunos de los cambios climáticos que se vienen presentando. Asimismo, puede pasar lo contrario, muchas especies pueden verse “recluidas” en espacios cada vez más restringidos, lo que las puede hacer más vulnerables.    

Adicionalmente, el creciente comercio internacional es un factor que potencializa la introducción de especies exóticas mediante el tráfico incesante de barcos, aviones, camiones y hasta de trenes. Un ejemplo concreto es el agua que expulsan los barcos (lastre). En ellas viajan muchas especies de peces, algas, crustáceos y otras especies marinas que llegan a lugares ajenos a los suyos. Así, para evitar que estas aguas sean vertidas en nuestra costa, existen protocolos que deberían ser cumplidos, como por ejemplo, expulsar el agua a muchos kilómetros antes de llegar al destino final, pero solo Dios sabe si en el Perú se cumplen o si son exigidos para barcos extranjeros.

Ejemplos de especies biológicas invasoras

El Sapo Gigante (Bufo marinus) es una especie que fue introducida en Australia en 1930 para combatir una plaga de escarabajos en las plantaciones de caña de azúcar. Nadie se percató de que los insectos podían volar, así que la solución terminó siendo un problema mucho mayor que el original. Hoy en día es imposible erradicar al sapo del continente australiano. Se introdujo cien individuos, hoy son varios millones de sapos que han puesto en problemas a las especies nativas. Esta especie proviene del bosque tropical que va desde México hasta el norte de Perú.

Además, este anfibio posee unas glándulas que segregan un liquido tóxico cuando se siente amenazado, el cual es mortal para muchas aves y mamíferos que intentan alimentarse de ellos (incluso sus huevos y renacuajos son tóxicos). Adicionalmente, casi no tiene enemigos naturales, por lo que su población crece día a día. Se ha hecho varios esfuerzos para aniquilar a esta especie en Australia, pero todos han fracasado.

Otro ejemplo interesante es el de la Pitón de la India (Python molurus), especie que ha invadido el sur de Florida en los Estados Unidos. Estos reptiles constrictores pueden llegar a medir siete metros y a pesar hasta 90 kilos. Son originarios de los bosques del sudeste asiático. No obstante, entre 1970 y 1980 algunos irresponsables soltaron un par de ejemplares en los Everglades seguramente porque se dieron cuenta de que sus mascotas empezaban a crecer sin parar. Adicionalmente, en agosto de 1992, el huracán Andrew azotó la Florida y destruyó cientos de casas, entre ellas, diversas tiendas de mascotas y un criadero de estas boas. Se estima que aquella vez se habrían escapado cerca de mil ejemplares, aunque esto último no deja de ser una especulación.  

Las pitones encontraron en los pantanos de Florida el lugar perfecto para vivir. Recién en el año 1989 fue observado el primer ejemplar silvestre en los Everglades y en el 2004 se pudo constatar que estos animales de sangre fría ya habían construido varios nidos y que se reproducían velozmente. Una hembra puede poner hasta 40 huevos y además casi no tienen enemigos naturales. Pese a que existirían casi 120 especies exóticas en la zona, las pitones son las más dañinas. Y a pesar de que no son venenosas, casi ningún animal está a salvo ante su voracidad. Se sabe incluso que se alimentan hasta de pequeños cocodrilos.

Caracol gigante en Flórida. Otra especie invasora casi
imposible de erradicar
Ante esto, el Estado de Florida ha dado la alarma y fomenta jornadas de caza para intentar aniquilar a este reptil (incluso entrega premios al que cace el ejemplar más grande). Para desdicha de los estadounidenses sureños, las pitones son muy difíciles de encontrar, debido a que se mimetizan muy bien. Adicionalmente, el medio donde viven (los pantanos) es de difícil acceso para los cazadores. Por eso también es complicado saber exactamente cuántas hay, pero se estima que la cifra estaría entre 20 000 y 150 000 ejemplares.

El Pez León del Caribe

Un ejemplo más cercano es el del Pez León (Pterois volitans), un pez originario del Océano Índico y de la zona occidental del Océano Pacífico que llegó al Mar Caribe para quedarse. Este pez es muy preciado por los acuarios, debido a sus llamativos colores y a sus singulares características físicas. Es así como llegó a Florida (un gran centro de acopio y comercialización de mascotas) para luego ser liberado (intencional o casualmente, no se sabe) en la costas estadounidenses. En 1985 se observó los primeros ejemplares silvestres en su nuevo hogar.

Se asume también que algunos ejemplares de este pez llegaron a la Bahía de Biscayne, tras el paso del ya mencionado huracán Andrew en 1992. Posteriormente, esta especie pobló casi toda la costa este estadounidense llegando hasta el Mar Caribe, el Golfo de México y las costas de Colombia y de Venezuela. En este último país se ha desatado una agresiva campaña para exterminar a esta especie invasora que se alimenta vorazmente de los huevos de muchos peces de consumo humano (ver postdata).

El Pez León se reproduce continuamente durante todo el año. Una hembra pone cerca de 30 000 huevos en cada evento reproductivo, el cual se da al menos siete veces al mes, durante los 12 meses del año. Inicialmente, los huevos están dentro de una masa gelatinosa que flota, la cual se descompone poco tiempo después de que los huevos han sido fecundados por el macho. Estos quedan a merced de las corrientes marinas, lo que facilita su dispersión a grandes distancias. ¡Así cualquiera! 

Problemón

Existe un caso interesante para tomar en cuenta. En Nueva Zelanda, ante el declive de muchas especies nativas que son polinizadoras y que cumplen un rol esencial en el mantenimiento de los ecosistemas, se registra un alivio en este tema. Y es que algunas especies exóticas, como la ya conocida Rata Negra (Rattus rattus) y el Pájaro de Anteojos (Zosterops lateralis), han asumido el rol de las especies polinizadoras locales. Con esto, se habría encontrado, aparentemente, el equilibro biológico. No obstante, no deja de ser polémica esta situación, dado que para que esto haya sucedido, muchas especies nativas estarían cerca de la extinción y la presencia de las invasoras pudo haber tenido algo que ver con eso. Estemos atentos para que no nos suceda algo similar. Ojalá no debamos agradecerles a algunas especies exóticas por ser ellas quienes garanticen la polinización de nuestras flores. 

De los cientos de ejemplos que existen, es interesante saber que, en España, la introducción deliberada del Visón Americano (Neovison vison) para ser criado en granjas y como mascota enfrentó a los “ecologistas” y a las autoridades. Cientos de estos mamíferos fueron liberados por los primeros y ahora, el Visón Americano es considerado una plaga invasora que está poniendo en aprietos a su primo europeo, el Visón Europeo (Mustela lutreola) y a otras especies nativas de España y de Europa, en especial a las aves que anidan en los suelos. En algunos casos, por actuar de “buen corazón” se puede cometer errores irreversibles. Este caso lo demuestra. Posiblemente, el Visón Americano se iba a convertir de todas maneras en una especie invasora, pero tal vez se hubiese podido tomar medidas para minimizar sus impactos negativos o, mejor aún, evitar tal situación.    

Se ha quedado mucha tinta en el tintero. Este tema y sus distintas aristas tienen para mucho más. Espero, no obstante, que a través de estas líneas se haya podido captar la atención del lector para redoblar los esfuerzos que estén ya encaminados a incluir esta problemática en las diversas estrategias de conservación y de manejo de nuestra diversidad biológica. Con lo anteriormente expuesto, creo que es indispensable tomar conciencia de la relevancia de este problema. No estamos a salvo de sufrir los embistes de especies exóticas.

Es justamente nuestra gran diversidad biológica (asociada a la extensa variedad de climas y ecosistemas) la que podría frenar la invasión de especies exóticas, dado que no todas las especies invasoras pueden adaptarse a tantos hábitats y condiciones climáticas como los que poseemos. Sin embargo, no dejemos que lo intenten. Ser un país megadiverso nos hace también más vulnerables a estos problemas.    
  
Agosto 2013
  
P.D. Recomiendo revisar la página web del Centro de Biodiversidad Marina de Venezuela: http://pezleon.cbm.usb.ve/
para conocer una experiencia interesante de recojo de datos sobre esta especie invasora.
Otro ejemplo de “invasión” es el de los camellos en Australia: http://mitambordehojalata.blogspot.com/2011/06/1253-camellos.html

Publicado en la versión online de la Revista Rumbos:

viernes, 2 de agosto de 2013

VIVIENDO CON EL ENEMIGO: ESPECIES INVASORAS QUE VINIERON PARA QUEDARSE

Sobre el hecho de liberar animales (e incluso plantas) al medio ambiente sin ningún tipo de estudio, hay mucho por discutir. Lo cierto es que si esto se hace sin un respaldo científico, se actúa con negligencia. Por ende, es necesario poner mano dura para regular este tema. Adicionalmente, existe un peligro muy grave que debemos tomar en cuenta: la amenaza que implica la presencia de especies exóticas o invasoras en nuestro territorio. Rondan por doquier ejemplos de introducción ─deliberada o no─ de especies en territorios que no eran los suyos y que a la larga se han convertido en problemas de difícil solución. Veamos por qué.

Las especies exóticas o invasoras son especies animales o vegetales no nativas de un lugar o región que, debido a la intervención humana o a otros factores, han sido introducidas en un territorio ajeno al suyo. En algunos casos, esto sucede de manera deliberada y en otros, debido a motivos involuntarios pero potencializados por el crecimiento del comercio global y por otras razones. Muchas especies viajan como polizontes en barcos o en otros medios de transporte y llegan generalmente para quedarse. Y ojo, las especies exóticas no son aquellas que destacan por sus llamativos y coloridos rasgos externos.

Para muchos expertos, la presencia de las especies invasoras es la segunda causa de la desaparición de la diversidad biológica en el planeta, después de la pérdida del hábitat de las especies, debido a la expansión de la frontera agrícola, deforestación, minería ilegal, ganadería extensiva y a la degradación ambiental por contaminación. Por eso, para evitar los efectos negativos de su presencia (extinción de especies nativas, transmisión de enfermedades y otros) se debe tomar medidas drásticas, dado que una vez que estas se adueñan de su nuevo territorio, es casi imposible (y muy costoso) erradicarlas.

Lo ideal sería afinar la detección de especies invasoras y evitar su indeseada y dañina entrada. Pero, eso es casi una utopía, en especial en países como el nuestro donde no se destina dinero a temas como este, ya que no son prioritarios y además, solo son de interés de los que “defienden la ecología” (por cierto, esa es una expresión idiomática errónea). Así, cuando nos damos cuenta, ya es muy tarde y ya “estamos invadidos”. No obstante, en el país no tenemos, a la fecha, ningún evento contundente y bien documentado que realmente demuestre los efectos negativos de las especies invasoras.

Vinieron para quedarse

Casi siempre, cuando se ha detectado una invasión biológica, ya el daño está hecho y el medio ambiente ya fue alterado. En la mayoría de los casos, ya es demasiado tarde para actuar. Dicho esto, existen especies que llegaron al Perú (y a otros territorios) para ser introducidas deliberadamente. Estas ya forman parte de nuestra fauna local, sin dejar de haber sido y de ser un problema para nuestra diversidad biológica. Su inclusión o no como parte de nuestra riqueza animal o vegetal es un tema permanente de debate científico.

¿Ejemplos en el Perú? Tenemos varios, desde peces e insectos hasta plantas. Veamos. La Trucha Arcoiris (Oncorhynchus mykiss), procedente de Estados Unidos, fue introducida en un criadero en Junín en la década del cuarenta del siglo pasado. Posteriormente, se trasladó ejemplares a Ingenio en Huancayo y luego a otros ríos y lagunas serranas. Hoy en día, esta especie está en todos los cuerpos de agua por arriba de los 1500 msnm. Su presencia ha desplazado a diversas especies nativas de su hábitat original e incluso habría ocasionado la extinción de algunas de ellas, como el Suche (Trychomycterus rivulatus).

Otro caso notorio es el del Pejerrey de Río (Odontesthes bonariensis), pez originario de Argentina que fue introducido en Bolivia y de ahí, a través del río Desaguadero, llegó al Perú, específicamente al Lago Titicaca y a los cuerpos de agua del sur del país hasta Cajamarca. Junto a la Trucha Arcoiris han ocasionado estragos en los peces oriundos del Perú. Así también, la Tilapia del Nilo (Oreochromis niloticus), introducida primeramente en Brasil desde África, fue liberada a finales de la década del setenta en Ucayali y San Martín y en la costa del Perú y hoy se encuentra en casi en todo el país. Su agresivo comportamiento y su voracidad han puesto en jaque a muchas especies locales.    

Otro caso es el de la Cochinilla del Algodón (Icerya purchasi). Este insecto proveniente de Australia se ha convertido en una de las plagas más dañinas de los cítricos. Se le ha intentado exterminar mediante el control biológico utilizando, entre otros, a las conocidas mariquitas, pero esto solo ha sido un remedio pasajero y focalizado sin éxito. Entre las especies vegetales, la lista es larga. Destaca el tan mentado Eucalipto (Eucalyptus camaldulensis), especie originaria de Australia e introducida en el país en la época de la Conquista por los españoles. Este árbol ha sido el centro de muchas discusiones y se encuentra por doquier (para bien o para mal), salvo tal vez en la llanura amazónica.

Un caso interesante es el de la Retama (Spartium junceum), especie original del Mediterráneo que fue introducida también por los españoles. Esta planta es considerada, para muchos, casi como un símbolo patrio. Sin embargo, debemos saber que es foránea y que se adaptó muy bien a nuestro medio desplazando a otras especies, tanto así que ya estaría considerada como autóctona.  
    
Especies exóticas imposibles de erradicar

Entre nosotros rondan especies invasoras que ya se quedarán acá para siempre. Un caso, que también es universal, es el de la Paloma Torcaza (Columba livia), especie aviar que llegó con los españoles a nuestros territorios y que se ha convertido en una amenaza sanitaria en algunos lugares. En cuanto a los mamíferos, la lista es larga. La Rata Negra (Rattus rattus) es una de las especies expandidas en casi todo el planeta, salvo en los polos. Llegó al Perú con los españoles como polizonte, posiblemente al igual que la Rata Noruega (Rattus norvegicus) y que el Ratón Doméstico (Mus musculus).

Existen incluso poblaciones silvestres de estos tres roedores, lo que demuestra su alto grado de adaptabilidad. La Rata Negra ha sido letal para muchas poblaciones de aves, en especial, las guaneras. Su presencia en las islas del litoral peruano habría ocasionado la reducción de especies de aves endémicas de la costa peruana (y chilena), como es el caso del Potoyunco Peruano (Pelecanoides garnotii). Además, habría contagiado la peste a otras especies de roedores locales.

Otros casos interesantes son los del Gato Doméstico (Felis cattus), del Cerdo (Sus domesticus) y del Caballo (Equus caballus), especies que también fueron introducidas. Incluso, existirían en el país poblaciones silvestres de estas especies. En el caso del Gato Doméstico, su presencia en islas guaneras es y ha sido una amenaza permanente para la anidación de aves marinas. En este tema tenemos además, otro problema: la falta de información y de un monitoreo consistente que nos permita sacar conclusiones certeras.

Pero al parecer no todo está perdido. Existe un programa sobre especies exóticas invasoras en el Perú, liderado por el Ministerio del Ambiente, que busca poner en marcha las acciones necesarias para tomar real conciencia de este tema en el país. Pero primero debemos estar convencidos de que esto es un problema, para luego ahondar en la investigación científica. Existen muchos vacíos de información sobre el número de especies que podemos considerar invasoras y sobre aquellas que ya están naturalizadas como la Trucha Arco Iris o el Eucalipto; o sobre los efectos reales que podrían ocasionar o que ya están ocasionando en el país.

Una de las maneras de entender mejor esta situación, es conociendo algunos casos internacionales. Eso es lo que viene en la siguiente entrega.

Julio 2013


P.D. Recomiendo leer estos dos textos para enterarse de una experiencia de gran envergadura destinada a erradicar a un roedor en unas islas remotas y para conocer a la Liebre Europea (Lepus europaeus), una especie que está invadiendo el Perú.  
Exterminio en el fin del mundo, en el Perú y al costado de mi casa (I)
Exterminio en el fin del mundo, en el Perú y al costado de mi casa (II)

Artículo aparecido en la versión online de la revista Rumbos: 



lunes, 8 de julio de 2013

REGRESO SIN GLORIA: LIBERACIÓN DE ANIMALES EN CAUTIVERIO ES UNA QUIMERA

Con lágrimas en los ojos contemplo dos delfines prisioneros en una vulgar piscina cerca a la playa La Herradura. Muchos exigen su libertad. Me invade la impotencia, sé que esa no es la solución. A veces, el remedio es peor que la enfermedad. 

Foto: Lindolfo Souto
En los últimos días desfilan por televisión y por las redes sociales un par de campañas y de reportajes televisivos que sugieren entre líneas que “devolver” animales en cautiverio a la naturaleza es un acto de buen corazón. No dudo de las buenas intenciones de aquellas sacrificadas personas, pero no es tan fácil como parece; y menos si no existe un control para la liberación de especies. Así entonces, sería una barbarie soltar alegremente y sin miramientos a los dos delfines prisioneros en nuestro litoral. Y no solo en este caso, sino, en el caso de todos los animales que por alguna razón han sido privados de su libertad. En especial, cuando el animal ha sido trasladado a otro lugar que no es su hábitat natural o si ha permanecido mucho tiempo en cautiverio.  

La reintroducción de especies es el acto de liberar deliberadamente uno o más individuos de una especie en un hábitat seleccionado que está incluido, de preferencia, dentro de su rango original de distribución y en el que ya no se encuentra. Este mecanismo es aplicado siempre y cuando la especie esté amenazada y el lugar ofrezca las condiciones para su supervivencia. Además, para hacerlo, debe haber un estudio previo que determine lo que podría implicar la presencia de nuevos individuos en el hábitat. Para su correcta realización existen protocolos internacionales que reducen los impactos negativos al mínimo. El más utilizado y reconocido mundialmente es el que propone la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN).    

Adicionalmente, los especímenes a ser reintroducidos deben pasar varios exámenes médicos, con el propósito de descartar que traigan consigo enfermedades, en especial si es que provienen de un lugar distinto a aquel en donde serán liberados. Además, se debe evaluar si las nuevas especies alterarían el ciclo natural local, ya que su presencia inesperada podría generar competencia con sus congéneres por el agua, por alimento, por parejas para la reproducción o por los lugares de caza. Esto debe ser tomado muy en cuenta, en especial en especies muy territoriales. Toda intervención y manipulación en el medio ambiente es un asunto delicado y ambas no pueden ser hechas sin estudios previos.   

Ahora, ¿de dónde proceden las especies para una reintroducción? Como ya se mencionó, la reintroducción de especies se debe realizar tan solo si la especie está altamente amenazada y si se dan las condiciones para su liberación deliberada y controlada. Entonces, bajo esta premisa, obtener especímenes de una especie determinada bajo esas condiciones es difícil pues implicaría, por un lado, extraer del entorno natural donde se haría la reintroducción como mínimo un par de individuos para que se reproduzcan en cautiverio, con el fin de obtener descendencia para liberar; o por el otro, traer especímenes de algún otro lugar donde la especie todavía esté presente en buenas cantidades y condiciones. Todo esto debe hacerse sin amenazar la integridad de las poblaciones en donde se interviene.

Existe una tercera variante algo distorsionada: reintroducir especies que han sido rescatadas o decomisadas y que provienen de algún zoológico clandestino, circo o de otro lugar poco apropiado para ellas y que han sido entregadas a algún “centro de rescate”. Pongo comillas porque no cualquier centro o iniciativa que ose llamarse así, lo es realmente o tiene los permisos necesarios para ello. Lamentablemente, en los últimos años ha proliferado el número de estos “centros”, lo cual, no está mal, pues le dan una esperanza de vida a muchos animales, pero es necesario fiscalizarlos y asegurar de que no liberen especies sin ningún tipo de protocolo y sin ningún estudio científico serio que respalde tales acciones.       

Cuando la reintroducción implica una introducción de amenazas

Introducir a una especie en la naturaleza no es fácil. Nadie puede asegurar que va a sobrevivir. Si todo sale bien podría darse el caso de que la especie reintroducida se logre reproducir con algún ejemplar silvestre, asegurando descendencia y con eso, una posible expansión de la especie. Hasta ahí todo bien. Sin embargo, cuando se libera ejemplares que provienen de otro lugar a un nuevo medio donde ya existe una población estable y bien conservada de la especie, se está introduciendo información genética distinta que puede tener un impacto negativo en la población nativa si no se ha realizado los estudios necesarios.

Además, lo más grave es cuando sacas animales de otro lugar sin permisos y “a la mala” para introducirlos —también “a la mala”— en terrenos que no son su hábitat natural, solo por intereses propios y no para fines de conservación, sino de lucro. Argumentar que “se desea” repoblar una zona X con la especie Y porque esta vivía hace tiempo allí, es poco profesional. Esta práctica debería quedar descartada en el país y debería ser penalizada. Pero, para eso debe existir primeramente la intención de reglamentar este tema y es ahí donde el Estado debería llevar la batuta.

Urge saber qué centros de rescate, albergues y otros cumplen realmente con los requisitos para ser reconocidos como tales. Pareciera que en el Estado se tiran la pelota unos a otros para determinar quién debe fiscalizar este tema tan espinoso. Ya es hora de que se tome al toro por las astas. Las consecuencias de estas acciones mal encaminadas podrían traer impactos negativos en el medio ambiente, como introducir enfermedades, generar la pérdida de la diversidad genética u otros. Ojalá que pronto se sienten los involucrados y especialistas en la mesa (¡ver Postdata!) para saber quién es quién, qué se está haciendo al respecto, qué medidas se debe tomar, cuál es el panorama que nos espera y para, en consenso, ponernos las pilas de una vez.

Finalmente, lo peor que se puede hacer es alimentar a especies que han sido liberadas tras estar mucho tiempo acostumbradas a los humanos; o peor aún, alimentar a especies silvestres. Esto es un acto de vandalismo ecológico. No entraré, por ahora, en detalles, pero un ejemplo claro de ello es lo que sucede con el Oso de Anteojos o Ukumari (Tremarctos ornatus) en América del Sur cuando los plantígrados son alimentados en zonas agrícolas o ganaderas para evitar que ataquen al ganado o a las aves de corral; o más grave aún, para que permanezcan en los alrededores, con el objetivo de hacer atractivo un lugar para incautos turistas. Muchos osos mueren; ya sea porque se vuelven muy agresivos cuando ya no reciben alimento por parte de los humanos y estos finalmente se ven obligados a matarlos o porque luego se acostumbran a depender del hombre y posteriormente se vuelven ineptos para sobrevivir por sí mismos.

Buenas intenciones, pero…
  
Sin lugar a dudas, para muchos, lo más lógico es que los animales sean devueltos a la naturaleza. Verlos partir a sus dominios saltando, caminando, nadando o volando nos causa esa sensación de reencontrarnos con la buena voluntad humana y nos deja con la conciencia tranquila. Sin embargo, eso no significa que el pobre animal sobreviva. Por eso, liberar especies sin un respaldo técnico no es lo correcto. No podemos seguir siendo tildados por muchos científicos extranjeros (aunque nos duela) como un país de improvisados en este aspecto. Lamentablemente, en los tópicos arriba mencionados el desconocimiento y el descontrol campean alegremente.

Aprovecho estas líneas para preguntar a los involucrados por la actualización de la lista de especies de fauna amenazada del Perú. Se sigue trabajando en base al DS 034-2004-AG, el cual, a mi entender, ya es casi obsoleto para muchos de los casos incluidos. Esperamos que pronto sea publicada la mencionada lista, con el fin de enfocar y priorizar mejor los esfuerzos de conservación y manejo de aquellas especies que realmente sí están en peligro de extinción.

PD.
Quisiera pedir que estemos atentos y que difundamos la realización del II SIMPOSIO DE PRIMATOLOGÍA EN EL PERÚ en Iquitos, del 7 al 10 de noviembre de 2013, en la Universidad Nacional de la Amazonia Peruana (UNAP). El evento es organizado por el Centro Primatológico Alemán (DPZ), la ONG Yunkawasi, la UNAP y por la Sociedad Peruana de Mastozoología. Ojalá que en esta importante reunión, tanto la Dirección General Forestal y de Fauna Silvestre (DGFFS) del Ministerio de Agricultura, el Servicio Nacional de Áreas Naturales Protegidas por el Estado (SERNANP) y la Dirección General de Biodiversidad del Ministerio del Ambiente, así como la mayor cantidad de expertos se pongan de acuerdo para, de una vez por todas, delinear y aprobar los lineamientos necesarios para frenar la liberación de especies a diestra y siniestra. Necesitamos regular estos temas, darlos a conocer y, lo más importante, fiscalizar y velar que se cumpla lo que se establezca como lo más indicado. 


Junio 2013

Artículo aparecido en la versión on line de la Revista Rumbos:

jueves, 20 de junio de 2013

¿POR QUÉ OPONERSE A UNA CARRETERA EN TIEMPOS DE INCLUSIÓN SOCIAL?

A propósito del Proyecto de Ley N° 1035/2011-cR que propone declarar de necesidad pública y de interés nacional la conectividad terrestre de la ciudad de Puerto Esperanza con la ciudad de Iñapari, agrego un par de puntos para echarle más leña al fuego. Es necesario mirar más allá de intereses cortoplacistas y aprender del pasado sin encapricharnos en posturas muy férreas. Esto no significa que se deba tolerar a falsos profetas y a vendedores de sebo de culebra; ni que debamos esperar a la divina providencia para que solucione nuestros problemas.   


Ojo, no es cuestión de oponerse a una carretera por estar en contra de una iniciativa que, en un primer momento, podría parecer una opción razonable para una población aislada geográficamente de la “civilización” en tiempos de inclusión social. No se trata tampoco de oponerse tajantemente a la necesidad de ofrecerle mejores condiciones y alternativas duraderas a miles de compatriotas. Tampoco se trata de encapricharse y dejarse llevar por la inercia conservacionista del “no tocar” y tratar a algunos espacios como intocables porque allí viven animalitos y arbolitos. No. Y mucho menos se trata de solamente querer conservar los bosques amazónicos porque son los “pulmones” del planeta (el cual es un argumento débil y enclenque). 

No, así no es. Y no creo que yo ayude a solucionar este tema con mi firma digital en una u otra página web. Mejor escribo lo que pienso. Además, ¿cuántos peruanos saben dónde diablos queda Puerto Esperanza?, ¿Cuántos saben qué es un parque nacional, una reserva comunal o una reserva territorial y para qué sirven? Empecemos por brindar información y elementos de juicio a los que se interesan por el tema. Ya luego, cada uno sacará sus propias conclusiones.   

Necesitamos usar el raciocinio, aprender de experiencias pasadas, comprender realmente el territorio y el entorno en el que se da este caso, escuchar a las poblaciones involucradas y mirar al futuro con propuestas cuerdas que permitan hacer bien las cosas. No tenemos todo el tiempo del universo para seguir despilfarrando esfuerzos innecesarios, ni para dejar pasar alternativas sostenibles que nos deparen un mejor futuro.

Por supuesto, todo lo anterior debemos hacerlo sin dejar de luchar por cambiar también mentalidades, con el firme propósito de demostrar que sí se puede dejar en el planeta mentes capaces de identificar con certeza lo que nos conviene; y de recoger las enseñanzas del pasado para tomar buenas decisiones.

Recordemos que el mencionado proyecto pretende unir la capital de la provincia de Purús en el departamento de Ucayali, Puerto Esperanza, con la ciudad de lñapari en la provincia fronteriza de Tahuamanu en el departamento de Madre de Dios, mediante una carretera o una línea férrea. Al margen del tema legal que indica que este proyecto violaría la Ley de Áreas Naturales Protegidas y su reglamento; que vulneraría los derechos de indígenas en aislamiento voluntario y el proceso de consulta previa; que no tiene un respaldo local mayoritario; que la bendita carretera no es de interés nacional y que diversas comisiones del Congreso y expertos han opinado que no es viable bajo ningún aspecto; este es un tema que debe alertarnos sobre los modelos de desarrollo que estamos pensando para el país.

No es un capricho oponerse

Lo importante de resaltar en esta polémica es que la oposición al proyecto de ley no busca imponer un “capricho” de los “ecologistas”. Y como me considero parte de ese grupo humano que, entre otros, defiende el uso racional de nuestra diversidad biológica, pienso que es necesario sacar a relucir argumentos sólidos para demostrar que, en este caso, no conviene construir una carretera de más de 300 kilómetros que no llevaría progreso alguno (término entendido bajo la mirada más simple y “occidental” de llevar alimentación, salud y educación) a una población indígena que ya ha elegido otro estilo de vida.

Los purusinos desean vivir como siempre lo han hecho. Los que deben adaptarse al entorno son los que llegan y los que, en teoría, llevan consigo impactos positivos. Esta población mayoritariamente nativa afincada en el territorio de un país llamado Perú desea (y merece) recibir los beneficios que implica ser un ciudadano peruano. Al mismo tiempo y bajo este último concepto, nuestros compatriotas de Purús están también obligados a cumplir sus deberes como ciudadanos. Uno de ellos es preservar su entorno. 

Los que nos oponemos a la carretera pensamos que es un grave error pregonar que tener una vía asfaltada es sinónimo de progreso. Muy por el contrario, una carretera mal planificada puede ser el catalizador de una serie de desgracias. La presencia latente de colonos malintencionados, de narcotraficantes, de traficantes de madera, de cazadores furtivos, de mineros ilegales e informales y de gente que está esperando para arrasar con uno de los últimos rincones amazónicos bien conservados que nos queda, trayendo además consigo violencia, prostitución, alcoholismo y más lacras sociales, es una razón suficiente para no precipitarse y actuar sin pensar.

Forzar lo innecesario

La población purusina está concentrada casi en su totalidad (poco más de 3500 habitantes) en Puerto Esperanza y está conformada principalmente por pobladores indígenas. De esta población, tan solo una minoría (menos de 1000 personas) es la que está solicitando la carretera; y de ellos, casi todos son colonos. Por otro lado, la mayoría indígena se opone a la conexión terrestre (carretera o ferrocarril) y lo que solicita es la conexión aérea con Pucallpa mediante vuelos cívicos más frecuentes.

A todo esto, no debemos perder de vista el accionar del párroco de Puerto Esperanza, Miguel Piovesán, quien estaría jugando en pared con personas a las que les interesa un bledo la conservación y el buen uso de los espacios amazónicos y que solo quieren explotarlos irracionalmente. Este italiano es un lobo disfrazado de cordero que ha adoptado con suma facilidad lo peor de nuestra cultura: la repulsiva “criollada”. Así, imita a muchos “gringos”, quienes en su intento de mimetizarse en nuestra sociedad también la adquieren. Además, desde su casi intocable posición de “guía espiritual” se cree dueño de la verdad y se autoproclama vocero de las mayorías purusinas.

A este señor hay que frenarlo en seco y no permitir que utilice su investidura para pregonar intereses ajenos y dañinos. Es tiempo ya de pasar a la acción. Los defensores de la integridad de la zona debemos ponernos las pilas y contraatacar. No es posible que Piovesán domine el territorio mediante una radio que maneja a su antojo y desde donde se despacha a su gusto. Ante la falta de información y ante la desinformación, el primero que agarra el micrófono o dice algo, gana. Esto debe cambiar.

Propongamos soluciones

Es cierto, estamos frente a un caso de aislamiento, pero dicha situación puede ser bien aprovechada. Se podría impulsar la zona como un destino único para el turismo especializado y para la investigación científica. Así, se podría “vender” Purús como un paraíso al que solo se puede llegar, desde el Perú, por vía aérea. Esto le daría un mayor atractivo, pues se consideraría a este hermoso lugar como un destino remoto y como una especie de isla en un mar selvático.

Esta posibilidad podría traer consigo una dinámica socioeconómica que, bien manejada, tendría impactos positivos y obligaría a los pobladores de la zona a esforzarse también por mejorar su calidad de vida. Y es que tampoco pueden estar esperando que todo les caiga del cielo (aunque en este caso, es mejor que venga de ahí).   

La conservación debe dar réditos económicos para los pobladores locales, sino, la situación se vuelve dramática. Ya no podemos repetir la cantaleta de que es necesario hacer planes de acción para de acá a diez años. Necesitamos soluciones que den dividendos a corto, mediano y largo plazo y que a su vez garanticen la conservación y reposición de la diversidad biológica utilizando también la sabiduría local. Urge analizar con celeridad la posibilidad de poner en marcha diversas alternativas productivas sostenibles en el tiempo como los sistemas agroforestales, la piscicultura u otras actividades que ofrezcan soluciones y que generen progreso.  

Claro, todo esto sin dejar de evaluar su viabilidad, pues tampoco es conveniente crear falsas expectativas a la población local y luego desmotivarla con actividades que luego resulten ser un fracaso. Tampoco debemos crear “elefantes blancos”, es decir, construir, viveros, reservorios para peces y otras obras de infraestructura para que después de un par de años, no sirvan para nada. Eso aporta únicamente frustración y argumentos pro carretera.

Existe un plan de acción para la provincia. ¿Qué estamos esperando para ponerlo en marcha y para exigir que se cumpla?, ¿o es que estamos esperando que Piovesán lo bendiga y que nos confiese a todos? De ser así, prefiero que Dios no nos coja confesados para hacer algo más por Purús. 

Junio 2013

Artículo publicado en la versión online de la Revista Rumbos:

lunes, 10 de junio de 2013

¡A PAJAREAR QUE EL MUNDO SE VA A ACABAR! (Parte 2)

Continuando con la entrega anterior y enlazando el tema con el Birding Rally Challenge Nor Amazónico 2013 paso a abordar algunos puntos relacionados a la observación de aves. Como ya se ha mencionado, existen diversos e innegables impactos positivos del aviturismo, sin embargo, es necesario también revisar algunos impactos que podrían ser negativos si no se toman en cuenta. Así por ejemplo, como se sabe, muchas aves son muy sensibles a la presencia humana y al ruido. Es por eso que se aconseja que los grupos de pajareros no tengan más de diez personas.

Muchos podrían pensar que con el Rally se viene una avalancha de pajareros que irán “en mancha” a ver aves. No es así. En esta ocasión participarán seis equipos (dos de Estados Unidos, uno del Reino Unido, uno de España, uno de Brasil y uno de Sudáfrica), cada uno conformado por cuatro integrantes. Según la dinámica del Rally, cada equipo anda por separado con uno o dos guías locales en busca de la mayor cantidad de registros, por lo que su presencia no es tan invasiva, es decir, no van todos juntos y en tropel buscando aves. Es importante saberlo para evitar malentendidos.   

En todo esto, el rol del guía es muy importante. Su experiencia, su conocimiento del lugar y de la avifauna, su manejo de grupo y hasta su carisma son fundamentales para minimizar las perturbaciones al hábitat. Un guía que no esté bien formado y que sea informal e improvisado puede ser un factor perturbador que debemos evitar y si es necesario, alertar a otros pajareros para que no vuelva a ser contratado. A veces, por querer quedar bien con el “cliente” se cometen algunas faltas como abusar de los play – back, ahuyentar a las aves para que se les pueda ver volar, guiar a más de diez personas para ahorrar costos y tener otras malas conductas en campo. La culpa no es solo del guía, sino también de la empresa turística y de los que no reclaman.

Por ende, la formación de buenos guías es imprescindible para fomentar el aviturismo (y el turismo en general) y para consolidarnos como un destino atractivo. Y es en este aspecto en donde el papel de las empresas turísticas especializadas, del Estado como ente regulador y de los usuarios mismos es fundamental. Se debe educar en buenas prácticas, tanto a los guías como a los turistas, pues estos últimos también, no siempre son conscientes de su propia conducta en el campo. Adicionalmente, los usuarios deben ser exigentes con lo que se les ofrece y reclamar (a las agencias y utilizar las redes sociales) en caso sea necesario. Solo así nos veremos obligados a mejorar.

Código moral

Los birdwatchers, en general y con honrosas excepciones, toman en cuenta algunos lineamientos para reducir impactos y apoyar a las economías locales. Asimismo, ponen especial énfasis en el particular cuidado que se debe tener con especies amenazadas y sensibles; en la contratación de empresas certificadas, de comprobada calidad y comprometidas ambientalmente (y con buenos guías); y en la necesidad de contribuir en la medida de lo posible con la comunidad mediante la educación ambiental  y el apoyo para preservar los espacios naturales y darle un uso sustentable y sostenible en el tiempo.

Este código de ética no está escrito que yo sepa; y creo que no es necesario redactar alguno. Tampoco es que este esté en los genes de los birdwatchers. No. Simplemente son patrones de conducta mínimos que se sustentan y cultivan en la pasión y en el respeto a la naturaleza. En otras palabras, estas “normas” de conducta responden más a un código moral. Solo uno mismo es consciente y responsable de lo que hace; y puede evaluar si lo que hace es correcto o no lo es. Claro está, existe una minoría que lo deja de lado. No todo es perfecto.   

Pajareando, investigando y progresando     

Mediante la observación de aves, además de saciar un creciente mercado y de impulsar en algo la economía local, se aporta información para la investigación científica. Esta última es un elemento fundamental para nuestro desarrollo. En ese sentido, los datos que se recoge en campo son muy valiosos y aportan a la construcción de hipótesis que explicarían qué está sucediendo en el planeta, a la vuelta de la esquina o incluso en nuestro techo. Adicionalmente, las aves son unos eficientes indicadores biológicos que nos “informan” sobre la salud y el estado del medio ambiente; y que nos pueden dar luces sobre medidas ambientales a tomar en cuenta, por lo que su presencia o ausencia en un lugar determinado es para tomar en cuenta.   

Por otro lado, hoy en día, con la tecnología existente, es más fácil registrar, por ejemplo, puntos de avistamiento mediante el uso de GPS para establecer posibles rutas de migración, analizar los rangos de distribución de una u otra especie de ave, entre otros fines. Asimismo, se puede tomar fotos de alta resolución para reforzar la identificación de aves o para comparar diversos tipos de plumaje en distintas épocas del año; y se puede grabar con alta fidelidad los cantos y llamados de la avifauna para conocer más sobre su conducta. Estos y otros datos de primera mano pueden ser compartidos en las plataformas virtuales en tiempo real para que sean de dominio público y sobre todo, para que puedan ser utilizados. 

Y así también, con los nuevos avances de disciplinas como la filogenética y la biología molecular se puede “ordenar la casa”, es decir, hacer un “saneamiento” —de ser necesario— de la taxonomía ornitológica. Hoy en día es posible saber con mucha exactitud si el ave X es un nuevo registro para la ciencia o si finalmente no lo es y más bien se trata de una subespecie de un género y especie ya existente; o tal vez se trata de una nueva especie o incluso de un nuevo género. Adicionalmente, mediante estas disciplinas se ha logrado clasificar de manera más precisa a algunas aves que fueron consignadas en familias, géneros y especies de manera equivocada y sobre las cuales existían dudas. Esto es tan solo una pincelada de todo lo que se puede hacer con el aporte de los pajareros. Lo clave es pajarear y seguir apostando por la investigación científica en todos los ámbitos.   

Reputación, rigurosidad y honestidad

No puedo pasar al siguiente punto sin dejar de mencionar que es muy importante la rigurosidad científica para cualquier trabajo de investigación. Es por eso que existen reglas muy estrictas para evaluar la información que se obtiene y comparte. Así por ejemplo, utilizar información de una persona de dudosa reputación como pajarero o incluso como investigador, no es una alternativa. Me explico. Si Fulano dice haber visto a la especie X en el lugar Y, habrá que tener en cuenta sus antecedentes y saber de su accionar en el campo de la ciencia, pues tampoco cualquier dato puede ser tomado como verdadero. En el mundo científico, se debe ser estricto. Felizmente los charlatanes, improvisados y mentirosos no tienen cabida y ya están plenamente identificados.

Ahora, es necesario separar a los observadores de aves aficionados y a los investigadores que ven aves. Los primeros no comparten necesariamente sus datos porque no lo ven necesario, pero cuando lo hacen pueden aportar al conocimiento científico. En el caso de los segundos, mediante publicaciones científicas, reportes, elaboración de listas y otros elementos sí aportan al estudio de las aves y de su entorno. Todo conocimiento y aporte suma. Lo importante es hacer las cosas bien y con honestidad.

Y el ganador es…

Para ir acabando, intentaré responder un par de preguntas que muchos se hacen sobre el Rally. ¿Los equipos no hacen trampa al momento de reportar el número de aves que han visto? y ¿Por qué no participa un equipo peruano? Antes de eso, es necesario explicar de manera muy general la dinámica de esta “competencia” ornitológica. Cada equipo sale con todos sus miembros siempre juntos a pajarear, acompañados de un guía local que los lleva a los puntos donde se tiene más probabilidad de ver aves. Los birders registran todas las aves que ven. Para esto ya han recibido un checklist  con todas las especies que puede haber en toda el área por donde se realizará el Rally.

Al final del día, un jurado (conformado por expertos peruanos) evalúa cada uno de los registros de los seis equipos. Así, cada día del Rally tiene un puntaje para cada equipo y al concluir la competencia se suma todos los resultados parciales y de ello sale el ganador. El detalle está en lo siguiente: la honestidad y la ética. Ningún pajarero participante en este evento incluiría alguna especie de ave que no haya visto. Eso es impensable y es una cuestión de honor. Todos los participantes se tienen confianza entre sí y no están preocupados si sus rivales van a hacer trampa. Algo tan simple es vital para esto y a su vez es un ejemplo de confianza, algo que nos falta en el Perú.

En resumen, en esto no hay sacadas de vuelta, ni vivezas. La idea final es promocionar una excelente ruta para ver aves e ir preparando “la cancha” para los otros grupos de pajareros que vengan más adelante. El premio para el ganador es lo de menos. Ver aves endémicas, raras, emblemáticas y amenazadas no tiene precio para los birders. De eso se trata. Y no participa un equipo peruano por tres posibles motivos: o porque es dueño de casa y tendría ventaja sobre los otros; porque no estamos preparados todavía para este tipo de competencias o porque tenemos tan pocos pajareros que escoger solo a cuatro traería posibles reclamos y resentimientos. Escojan la respuesta que crean conveniente.    

Sobre los equipos:

El objetivo del Rally es que renombrados observadores de aves de los principales países emisores de turistas como Estados Unidos y el Reino Unido experimenten y divulguen lo que significa observar aves en Perú y en sus áreas naturales protegidas. Esta estrategia complementa los llamados Famtrips especializados que no alcanzan dicho objetivo.

Se invitó a Sudáfrica porque es un país que tiene bastantes aficionados a las aves y porque en el 2006 un guía sudafricano fue el principal impulsor, junto con Inkaterra, de las primeras competencias de observación de aves o Big Birding Days en el país, tanto en Machu Picchu, Lima, como en Tamboptata. Posteriormente, algunos guías de Inkaterra participaron, en el 2007, en algunas competencias en el país africano con algunos de los miembros que hoy forman el equipo de los Zululanders. Invitarlos es una manera de homenajearlos.

En el caso de España, se vio por conveniente invitar al "Campeón de Europa". Además, hasta la fecha, ningún equipo ha batido el record del Tramuntana Birding Team en este tipo de competencias en Europa, por lo que era conveniente tener a un equipo con algunos de los mejores pajareros del mundo en “nuestra cancha” (considerada como una de las mejores en el planeta) para que luego divulguen su experiencia en Perú. Los brasileños del equipo Ararajuba fueron invitados por ser los vecinos con los que estamos conectados por la carretera Interoceánica Sur, por medio de la cual se podría abrir un gran mercado turístico.

Los equipos estadounidenses, los e-Birders y los LSU Trigrisomas Team, están conformados por grandes conocedores e investigadores de nuestras aves por lo que no podían faltar, pues, aunque sea difícil de aceptar, muchos de ellos conocen más de nuestras aves que nosotros mismos; y juntos con los ingleses del Forest Falcon, representan a dos de los mercados más grandes de birdwatchers.

Para saber más al respecto, revisar: http://www.birdingrallychallenge.com/2013/index.html

Mayo 2013

Publicado en la versión on line de la Revista Rumbos:




BIENVENIDOS AL NUEVO MORDOR: ¡EL PERÚ! (XXVII)

  Hace unos meses, tras un golpe de lucidez y un destello de valor, decidí abrir dos redes sociales para lanzar mensajes sobre diversos tema...