miércoles, 26 de marzo de 2014

EL PROYECTO CONSERVACIÓN DE BOSQUES COMUNITARIOS Y LAS TRANSFERENCIAS DIRECTAS CONDICIONADAS (III)

Plantaciones de soya en Mato Grosso en el 2008. ¿Eso podría suceder
en el Perú? Foto: Reuters. 
Para ir cerrando lo referente al Proyecto Conservación de Bosques Comunitarios (Proyecto CBC), veamos algunos de los principales retos de la iniciativa. Como se mencionó, una de las etapas más complicadas es cuando las comunidades nativas deben abandonar el mecanismo por el cual reciben las Transferencias Directas Condicionadas (TDC) como incentivo para conservar sus bosques, con el compromiso de poner en marcha un plan de inversión que permita utilizar sosteniblemente el entorno para salir adelante y obtener, entre otros, un capital humano que ayude a mirar el futuro con más optimismo. 

Retomando el artículo anterior, sabemos que para implementar el mecanismo de las TDC es necesario dar seis pasos. En primer lugar se realiza la focalización de las comunidades nativas que participan; luego se da el proceso de admisión, mediante el cual se difunde el mecanismo en las zona de intervención y en el cual, las comunidades “ponen en regla” la documentación necesaria para solicitar ser parte de los beneficiarios de esta herramienta de conservación promocionada por el Programa Nacional de Conservación de Bosques para la Mitigación del Cambio Climático (Programa Bosques) a cargo del Ministerio del Ambiente (Minam).

Seguidamente, si una comunidad nativa decide y puede entrar al mecanismo, esta es afiliada y debe cumplir diversos requisitos, entre ellos, formar sus comités de gestión y de vigilancia, así como elaborar participativamente su plan de inversión con la asesoría técnica del Programa Bosques y del Proyecto CBC. Seguidamente, la comunidad ya está en la capacidad de recibir el dinero correspondiente (S/. 10.00 por hectárea conservada por año) y de velar por el cumplimiento de las condicionalidades. Luego de la firma del contrato de compromisos por cinco años y de la puesta en marcha del plan de inversión, viene el sexto paso, el de la graduación. Es decir, la comunidad nativa deja de ser beneficiaria de las TDC y debe valérselas por sí sola, tal cual como lo venía haciendo antes de ser incorporada a este mecanismo.

La diferencia radica en que, tras esta experiencia, la comunidad tiene muchas más posibilidades, conocimientos, así como capital físico y humano. Y es que durante todo este proceso, además de abogar por la conservación de los bosques, por el buen uso de un dinero entregado directamente para ser invertido en actividades productivas sostenibles; y tras haber interiorizado la importancia de mantener el entorno como uno de los requisitos indispensables para salir adelante y vivir mejor; así como de conocer mejor el accionar del Estado y la dinámica socioeconómica en la que vivimos, los miembros de las comunidades nativas pueden enfrentar con más recursos y ganas (¡eso esperamos!) la realidad.

Si bien el proceso de graduación aún no se ha dado para ninguna comunidad nativa beneficiaria, se asume que es el más complicado porque supone para todos los involucrados enfrentar grandes desafíos. Por ende, es necesario asegurar que todo lo ganado y adquirido no se pierda, ni se vaya al tacho. Así, para afrontar este gran paso, los miembros de la comunidad deben cumplir con ciertos requisitos, tales como haber obtenido su Documento Nacional de Identidad (DNI); acceder al sistema de salud y a una educación digna para los niños y jóvenes; haber sido capacitados en temas financieros, técnicos, de conservación del medio ambiente, entre otros; poder implementar prácticas de prevención en salud pública; luchar contra el analfabetismo; así como buscar otros mecanismos de financiamiento para continuar con el plan de inversión o para ejecutar otras iniciativas similares de desarrollo local. Estas últimas pueden ser el turismo, la comercialización de artesanía, de frutos o de otros productos, así como otras alternativas productivas, siempre y cuando se tenga como norte el buen uso de los recursos naturales.  

Finalmente, es fundamental evaluar que los beneficiarios estén en la capacidad de articularse a programas sociales, de trabajar con el Estado y de aprovechar al máximo el apoyo de las organizaciones no gubernamentales. Todo esto debe darse de manera progresiva, pero sin mucha demora y sin caer en el asistencialismo.  Además, claro está, es necesario que todos pongan de su parte.

Siempre hay que monitorear

Y como siempre es necesario evaluar, supervisar, notificar, corregir, enrumbar, enmendar y mejorar, también es imprescindible monitorear todo este proceso. Para ello, el proyecto ha desarrollado un interesante sistema de monitoreo y evaluación, mediante el cual se evalúa los aspectos técnicos y financieros relacionados a la implementación del plan de inversión. Adicionalmente, para verificar que efectivamente los bosques están siendo conservados según el convenio firmado, es necesario obtener diversas fotos satelitales de los bosques comunitarios en varios momentos. Para ello existe una línea base, es decir, la foto inicial o la foto de partida para ir viendo los cambios y lo que va sucediendo.
                                                                                      
Una herramienta importante es el sistema de alerta temprana de deforestación que utiliza las mencionadas imágenes satelitales e información de campo para detectar los p

osibles avances de la deforestación en sus momentos iniciales. De esta manera se puede combatir este mal a tiempo para no comprometer la integridad de los bosques y para cumplir con lo establecido entre las partes. Así también, se puede establecer, siempre y cuando se pueda verificar, otros acuerdos de buena voluntad entre los comuneros y el programa, tales como no cazar de manera indiscriminada, no hacer ni permitir minería ilegal y otros.     

Al perder los bosques tropicales,perdemos con ellos una enorme e
invalorable diversidd biológica.
Foto: DPA - Wildlife Conservation Society.
En cuanto al seguimiento y al monitoreo de las actividades del proyecto, urge articular esfuerzos con los gobiernos regionales y con los procesos de ordenamiento territorial, con el fin de manejar información actualizada y estandarizada, de tal manera que esta pueda ser utilizada para diversas iniciativas nacionales, regionales y locales. No siempre es necesario gastar dinero y tiempo en producir “nueva” información cuando esta ya existe. Señoras y señores debemos coordinar y optimizar nuestro accionar para ser más eficientes y eficaces. ¡No tenemos mucho tiempo para hacer las cosas!

Por otro lado, ¿cuántas veces es necesario ir a las comunidades nativas o campesinas, a los caseríos, anexos y a donde viven los “beneficiarios” o “grupos focales” de los proyectos para hacer mapas parlantes, los benditos análisis FODA, los árboles de ideas y decenas de talleres aburridos? A veces sí es necesario hacerlo para actualizar datos o para temas muy puntuales, pero todo esto le cuesta tiempo y dinero a todos y si no existe una retroalimentación y no se comparte la información, estaremos avanzando lentamente. Toda este trajín cansa y desgasta. En repetidas ocasiones, solo se hace este tipo de “dinámicas” para obtener una lista de participantes con sus respectivas firmas y así poder justificar los gastos. Ya es hora de optimizar nuestros procedimientos.    

Algunos retos en el país de las maravillas

Ojalá que se pueda ir teniendo progresivamente más comunidades nativas beneficiarias de este mecanismo, pero claro, necesitamos también que más gente se involucre y, en especial, garantizar el financiamiento de estos procesos. Sobre todo y en especial ahora que se le está trasladando diversas funciones (para bien o para mal) a los gobiernos regionales. Es imprescindible que se entienda que invertir en este u otros tipos de mecanismos similares no es un gasto, sino una inversión necesaria. Adicionalmente, es indispensable capacitar a los funcionarios públicos; así como elaborar planes y políticas de desarrollo que trasciendan a los cambios de gobierno y a las pataletas de muchos de los trabajadores del Estado.   

Es lamentable reconocer que a veces se avanza bastante con una gestión regional o local (provincial y/o distrital) y que cuando entra una nueva gestión o cuando un funcionario clave es cambiado (o despedido), se tiene que empezar casi de cero o esperar meses para una aprobación o visto bueno, porque al nuevo funcionario no le parece que lo avanzado esté bien. Es penoso también saber que por inseguridad, celos profesionales o por la negligencia de una nueva gestión, se debe retroceder y cambiar las cosas (sin justificación técnica), echando todo lo avanzado por la borda. Esto trae consigo frustración y nos pinta de cuerpo entero como cómplices de la situación actual.    

Y claro, también hay que hacer un llamado a las comunidades nativas, a los indígenas, a los colonos, a los pobladores rurales y en resumen a todas y todos los peruanos para que sepamos que también hay que poner el hombro. Debemos trabajar y no esperar que te vengan a tocar la puerta para ofrecerte un apoyo, cuando tú ni siquiera has agotado todas tus posibilidades y sigues pensando que la pacha mama o el espíritu del bosque te solucionarán todos tus problemas y que ellos “proveerán”.

Existen muchos proyectos que han invertido bastante dinero en infraestructura, en investigación, en capacitación y en otros aspectos para beneficiar a pobladores rurales amazónicos, serranos y costeños; para que luego todo lo realizado no sirva para nada. Así también, tenemos en el país bastantes “elefantes blancos” que adornan varios poblados y que muestran desidia, ineficiencia y oportunidades perdidas. Un ejemplo de ello es lo que vi en Tumbes y comparto líneas abajo (ver post data).     
                                                                                                    
Pero regresando al Proyecto CBC, prometo concluir con el tema en la siguiente y última entrega para conocer un poco más sobre algunos avances y aportes de interés. Además, daré algunas pinceladas sobre la segunda fase del proyecto, la cual está enfocada a desplegar una estrategia de descentralización y articulación territorial de las TDC.

PD: Pueden revisar un texto mío del 2010: “Oportunidades perdidas en Tumbes: fabricas secas en el bosque fantasma” que narra algunas oportunidades perdidas.

Marzo 2014

Artículo publicado en la versión online de la Revista Rumbos: 

jueves, 13 de marzo de 2014

EL PROYECTO CONSERVACIÓN DE BOSQUES COMUNITARIOS Y LAS TRANSFERENCIAS DIRECTAS CONDICIONADAS (II)

La selva amazónica es un ecosistema bastante frágil que, de desaparecer,
lamentaremos la pérdida de la alta diversidad biológica que alberga. Este
afluente del rió Huallaga en Loreto debe ir soportando la tala de los
territorios que la circundan, los cuales son transformados en zonas
para la agricultura.
Foto: Enrique Angulo Pratolongo
Como se vio en la entrega anterior, el Proyecto Conservación de Bosques Comunitarios (Proyecto CBC), ejecutado por la Cooperación Alemana al Desarrollo (GIZ), le brinda un importante apoyo técnico al Programa Nacional de Conservación de Bosques para la Mitigación del Cambio Climático (Programa Bosques) a cargo del  Ministerio del Ambiente (Minam). 

El fin supremo del proyecto es lograr que las Transferencias Directas Condicionadas (TDC) sean herramientas eficientes y eficaces para conservar bosques comunitarios en varias partes del país; y con todo ello, contribuir a mitigar los efectos del cambio climático. 

Como ya se explicó, las TDC son, en resumen, transferencias monetarias sin intermediarios que les son entregadas a determinadas comunidades nativas que voluntariamente aceptan conservar parte de sus bosques comunitarios. Mediante este y otros mecanismos, el Programa Bosques busca cumplir con su objetivo principal: conservar 54 millones de hectáreas de boques tropicales en el país. Dicho todo esto, pasemos a ver cómo funciona este instrumento que fusiona tres magnitudes difíciles de engranar en una herramienta de conservación: la ambiental, la económica y la social.

Mezclar en un mismo mortero la conservación de los bosques; la generación de iniciativas económicas sostenibles que brinden beneficios tangibles para los involucrados; y las medidas necesarias para lograr que se avance en la inclusión social, con el fin de disminuir los índices de pobreza y de mejorar la calidad de vida, es un experimento complejo pero no imposible. Sin lugar a dudas, a mi parecer, cualquier actividad de conservación de especies o de ecosistemas debe traer consigo alguna retribución de cualquier tipo (claro, de preferencia económica) a corto plazo para los dueños del espacio y para los que trabajen en ella. Este pago inmediato no debe impedir que también se fomente, a mediano y largo plazo, un manejo responsable de lo que se desea proteger para generar beneficios duraderos. Pocas son las medidas de conservación exitosas basadas en el romanticismo o en la necesidad solidaria de conservar y proteger las almas de los árboles o el espíritu de los animalitos.   

Dicho esto, para que una comunidad determinada reciba las TDC existe todo una serie de requisitos y de pasos a seguir. Por un lado, el Proyecto CBC debe aplicar diversos criterios que permitan filtrar un gran universo de comunidades nativas, con el fin de obtener un número limitado de ellas, las cuales son priorizadas por el proyecto. Por otro lado, los mismos beneficiarios deben cumplir determinadas obligaciones para acceder a las TDC. En esa dirección, parte de los esfuerzos del proyecto se concentran en poner en marcha seis pasos para la implementación de las TDC —de acorde a lo aprobado por el Programa Bosques del Minam— y en hacer un monitoreo constante de cómo se van dando los impactos en las comunidades y en los bosques.

Paso a paso 

Como sabemos, nuestro país es bastante extenso, accidentado y complicado (en todos los sentidos). En ese escenario, es necesario utilizar determinados criterios y factores para elegir ámbitos específicos en los cuales se pueda aplicar las TDC. Por lo tanto, como primer paso, se debe realizar una focalización con dos momentos claramente definidos. En el primero, el proyecto se concentra, geográficamente a nivel provincial para identificar y priorizar ámbitos de intervención utilizando criterios tales como el tamaño de los bosques, así como los índices de deforestación y de  pobreza. 

En un segundo momento se hace una focalización más fina a nivel de determinadas comunidades nativas en una provincia. Para elegirlas se emplea como factores de decisión el estado de conservación de los bosques, la accesibilidad, la diversidad biológica de la zona, la construcción social y otros índices. Un factor importante es que la comunidad debe tener no menos de 3000 hectáreas de bosque primario.

Una vez identificadas las comunidades que podrían acceder (si desean) a las TDC, se debe dar el proceso de admisión, mediante el cual se hace la difusión del proyecto a través de talleres con las autoridades regionales, locales, con las organizaciones de la zona y con los comuneros. Paralelamente, el personal técnico del proyecto asesora y acompaña a las comunidades en la obtención de los documentos administrativos que son pre requisitos y en la presentación de su interés de participar en el Programa Bosques. Luego, de ser el caso, prosigue la afiliación de los beneficiarios y la comunidad define qué cantidad de bosque va a ser conservado y cuánto de bosque necesita para sus actividades comunales.

Asimismo, en esta etapa, la comunidad debe cumplir con los requisitos legales y administrativos que le permitan obtener una cuenta corriente en el Banco de la Nación. Para ello, los dirigentes comunales deben tener vigente su Documento Nacional de Identidad (DNI), la organización comunal debe tener su Registro Único del Contribuyente (RUC) vigente y la comunidad nativa debe estar inscrita en los Registros Públicos. Este aporte del proyecto es interesante, dado que todos estos requisitos les servirían también para postular a otros proyectos e iniciativas de desarrollo. Además, de esta manera se busca exigir mayor presencia del Estado en algunas zonas del país para, entre otros, ir cerrando brechas en cuanto a la formalización y a la falta de oportunidades.

Así entonces, las comunidades identificadas y admitidas por el proyecto deben elaborar un plan de inversión destinado a mejorar la calidad de vida de los comuneros con el dinero que reciben de las TDC por conservar sus bosques. Para esto, se debe evaluar qué actividad económica sostenible traería beneficios económicos a la comunidad.
Poblador en el río Mayo, en San Martín.
Foto: Enrique Angulo Pratolongo

Planeando la inversión en base a la conservación

Es necesario especificar que el dinero que la comunidad recibe no puede ser gastado en alguna obra que no traiga beneficios concretos a los pobladores involucrados. El plan de inversión es para iniciar un proyecto de desarrollo local. Es decir, como ya se dijo, no se puede pretender construir una piscina, un estadio, un local comunal, un monumento a la pituca, al aguaje, al achiote o a la gamitana o cualquier otra obra similar, como se ha hecho en algunos lugares con dinero proveniente del canon minero y/o gasífero. Sin lugar a dudas, algunas obras de infraestructura son necesarias, no obstante, hacerlas es función y responsabilidad de los gobiernos regionales y/o locales. Y en ello, los pobladores locales deben exigir obras que realmente sirvan por lo que su participación y fiscalización es fundamental.

En este proceso, las comunidades deben elaborar con el dinero recibido y de manera participativa un plan de inversiones y cumplir con los compromisos acordados. El plan debe contener un componente ambiental que garantice la protección de los bosques; uno social que apoye a la salud, a la educación y a la capacitación de los comuneros; uno de gestión destinado a fortalecer gradualmente las capacidades organizativas y administrativas de la comunidad; y uno productivo para que, mediante la ejecución del plan, se pueda generar ingresos para la comunidad.

En esta etapa se conforma dos comités imprescindibles para el cumplimiento de las condicionalidades y el otorgamiento de los beneficios del proyecto: el comité de gestión y el comité de vigilancia. Los miembros de ambos comités son elegidos y conformados por los mismos comuneros. Además, reciben permanentemente asesoría técnica del Programa Bosques y del Proyecto CBC. El primero está conformado por un presidente, un tesorero y un secretario; y tiene como misión elaborar los planes de inversión y manejar toda la parte financiera. El segundo tiene como máximo tres personas que deben ser una mujer, un profesional y una autoridad y no deben formar parte del primer comité. Son los “veedores” y fiscalizadores de todo el proceso.  

Plata en mano

Una vez que todo lo anterior está en marcha, el Programa Bosques autoriza la transferencia de dinero a la cuenta bancaria de la comunidad en base al número de hectáreas que son conservadas. Con ello, existe una serie de compromisos entre las comunidades nativas participantes con el Programa Bosques y viceversa. Entre los principales figuran, por parte de la comunidad beneficiaria, la debida ejecución del plan de inversiones, informar sobre los cambios de la directiva comunal, administrar correctamente los fondos monetarios y por supuesto conservar los bosques comunales. Por su lado, el Programa Bosques debe brindar la debida y permanente asistencia técnica, transferir oportunamente los incentivos económicos, realizar trimestralmente reuniones de evaluación de avance, así como velar por la preservación de los bosques.

En resumen, todo esto conduce a la firma de un contrato de cinco años entre la comunidad y el Programa Bosques para la transferencia de fondos y el posterior cumplimiento de todo lo acordado, resumido básicamente en la conservación de los bosques y en la puesta en marcha del plan de inversiones. Posteriormente, se da el sexto paso denominado “la graduación”. Es decir, luego de que la comunidad nativa ha sido beneficiaria de las TDC, debe “caminar sola” pues sale del mecanismo para vérselas con la realidad.   

Pero cuando la comunidad nativa debe abandonar el mecanismo, no se va con las manos vacías. Para ese entonces, ya cuenta con varias cosas a su favor, como por ejemplo una serie de activos (maquinarias, locales, capital productivo u otros), dinero en su cuenta bancaria y lo más importante, pobladores capacitados y motivados. A eso, claro está, la comunidad cuenta con parte de sus bosques comunitarios en buen estado de conservación. Con todas esas herramientas y conocimientos es más fácil combatir la desigualdad y la pobreza, así como ejercer plenamente sus derechos fundamentales. No obstante, esta etapa es la más difícil. Ya veremos por qué.

Marzo 2014

Artículo publicado en la versión online de la Revista Rumbos: 
http://www.rumbosdelperu.com/el-proyecto-conservacion-de-bosques-comunitarios-y-las-transferencias-directas-condicionadas-ii--V1422.html

viernes, 28 de febrero de 2014

EL PROYECTO CONSERVACIÓN DE BOSQUES COMUNITARIOS Y LAS TRANSFERENCIAS DIRECTAS CONDICIONADAS (I)

Una de las principales amenazas a los bosques tropicales en el planeta
son las plantaciones de palma aceitera. De Tarapoto a Yurimaguas se
puede ver cientos de hectáreas con estos cultivos. Foto: Enrique Angulo
Pratolongo
En el año 2008, el Perú anunció, en la 14° Cumbre del Cambio Climático en Poznan, Polonia, que trabajaría incansablemente para aportar significativamente a la mitigación del cambo climático en el planeta apuntando a conservar cerca de 54 millones de hectáreas de bosques tropicales. Para ello, una de las medidas tomadas fue la creación del Programa Nacional de Conservación de Bosques para la Mitigación del Cambio Climático (Programa Bosques) liderado por el Ministerio del Ambiente. Uno de los principales socios estratégicos del programa es la Cooperación Alemana al Desarrollo (GIZ), entidad encargada de poner en marcha el Proyecto Conservación de Bosques Comunitarios (Proyecto CBC). Veamos de qué se trata.

Pero, antes de eso, recordemos que el Programa Bosques centra sus esfuerzos en las Áreas Naturales Protegidas; en las comunidades nativas y campesinas tituladas; en las concesiones maderables y no maderables; en los bosques de producción permanente; en las reservas territoriales para indígenas en aislamiento; y en parte de los humedales de la Amazonía (Abanico del Pastaza); todo esto en los bosques tropicales de selva alta, de selva baja, secos, andinos y de montaña. Además, para instrumentalizar su accionar, utiliza las Transferencias Directas Condicionadas (TDC); ejecuta proyectos y programas de inversión pública; y trabaja muy de cerca con los gobiernos regionales y con la cooperación internacional.

De este universo, el Proyecto CBC se centra exclusivamente en las comunidades nativas tituladas de la selva alta y baja; y en la implementación de las TDC. Y es que de las 54 millones de hectáreas de bosque tropicales por conservar, cerca de 14 millones de hectáreas (es decir, algo más del 26% del total) le pertenecen a las comunidades nativas y campesinas tituladas y están distribuidas en 17 departamentos en el país. Así, siguiendo con este “filtro”, se tiene que únicamente las comunidades nativas tituladas son dueñas del 19.6% del universo de bosques tropicales a ser conservadas por el Programa Bosques. Ya en el camino, se ha identificado que existen un total de 1324 comunidades nativas tituladas en el país.  

Así entonces, en la primera fase del proyecto (2010 – 2013) se ha logrado que, hasta el 2012, se haya firmado convenios con 48 comunidades para afiliarse a las TDC, lo que beneficia a casi 3200 familias y lo que implica la conservación de casi 450,000 hectáreas de bosques primarios. Para el 2013, se habría llegado a cerca de 80 comunidades afiliadas y se estima que con ello, se estaría protegiendo aproximadamente un millón de hectáreas. Los ámbitos de intervención del Proyecto CBC son la Selva Central, en las provincias de Oxapampa, en el departamento de Pasco; en la de Satipo, en Junín; y en la de La Convención, en Cuzco; y en las provincias de Bagua y Condorcanqui en el departamento de Amazonas. Asimismo, el 2013 se adicionó a la provincia de El Dorado en el departamento de San Martín. 

Antes de seguir, veamos cómo empezó todo esto y qué son las TDC.

Ja Wohl!

También en el año 2008, el Gobierno Federal de Alemania creó la Iniciativa Internacional de Protección del Clima (IKI, por sus siglas en alemán), con el objetivo de respaldar emprendimientos destinados a la protección climática en países en vías de desarrollo. La iniciativa busca aportar a la reducción de un 40% de la emisión de los gases de efecto invernadero de Alemania hasta el año 2020 (en relación al año 1990). El ente encargado de dirigir la iniciativa es el Ministerio Federal de Medio Ambiente, Protección de la Naturaleza y Seguridad Nuclear de Alemania (BMU, por sus siglas en alemán), el cual, mediante la aplicación de instrumentos innovadores y replicables que tengan impactos concretos, busca que sus resultados sean transferibles y aplicados con éxito en otros lugares.

A través de la iniciativa IKI, se viene ejecutando en el Perú cuatro proyectos: uno del Banco de Crédito para la Reconstrucción (KfW) y tres de la GIZ. El Ministerio del Ambiente es una de las contrapartes de la cooperación alemana, en donde el Proyecto CBC le brinda asistencia técnica al Programa Bosques. Así las cosas, el objetivo principal del proyecto es implementar exitosamente una política sostenible a largo plazo de compensaciones económicas (las TDC) para conservar bosques tropicales comunales.

Para tal fin, el proyecto se vale del desarrollo de criterios y procedimientos idóneos para la implementación de las TDC; de la creación de un sistema del monitoreo del impacto socioeconómico y de conservación de bosques como producto de las TDC; del desarrollo de capacidades de los actores con los que trabaja; y de la integración de las compensaciones económicas en la estrategia y en los objetivos del Programa Bosques.  

En base a lo anterior, el Proyecto CBC busca también garantizar la continuidad de la aplicación del mecanismo de las TDC, con el fin de asegurar la conservación de los bosques. Adicionalmente, como parte de su accionar ha dirigido diversos estudios y consultorías para definir la rentabilidad del mecanismo y sus efectos en las comunidades nativas beneficiarias, así como para buscar asegurar y definir futuras fuentes de financiamiento de esta herramienta, pues como se verá más adelante, las TDC implican el desembolso de dinero; y este, como todos sabemos, se acaba en algún momento (al igual que este tipo de proyectos que no son de eterna duración), por lo que es imprescindible ver de dónde obtenerlo a futuro para asegurar que el proceso se cierre y que se tenga los resultados esperados.

Para mí, por lo menos, queda claro que la idea no es transferir o entregar dinero permanentemente a las comunidades nativas para apoyarlas en un esfuerzo (o en varios) destinado a conservar su entorno y a sentar las bases para su desarrollo socioeconómico. Sus dirigentes y pobladores también deben hacer algo más, pues no siempre del cielo te caen limones. En fin, ese es otro tema del cual tengo un par de líneas en el tintero. Pero sigamos.     

La pregunta lógica es: ¿Qué son las TDC?

Si no se hace algo concreto e inmediato por nuestros
bosques tropicales, muchos espacios como la Reserva
Nacional Pacaya Samiria serán conocidos solo por fotos.
Foto: Enrique Angulo Pratolongo. 
Dicho en cristiano, las TDC es un fondo económico que implica el pago de S/. 10.00 (Diez y 00/100 Soles) por hectárea de bosque conservado al año. Es decir, si la comunidad nativa titulada X tiene cuatro mil hectáreas de bosques (titulados), recibirá cuarenta mil soles de manera directa por conservar esos bosques durante un año. Parece sencillo, pero no lo es. Atrás de todo esto hay un complejo sistema de condicionalidades, de procedimientos, así como de trabas y problemas por solucionar; y también existen beneficios, retos y desafíos por asumir, lo que lo hace más interesante. Sin embargo, pese a todo y hasta ahora, a mi parecer, este mecanismo funciona y sirve.

¿Qué implica que sean transferencias directas condicionadas? Implica que hay un traspaso u otorgamiento de dinero que se hace sin intermediarios a un beneficiario (la comunidad) y que incluye como condición el cumplimiento de una serie de compromisos para que se haga efectivo el pago y para poder seguir apostando por este mecanismo. Dicho sea de paso, afiliarse a las TDC es un proceso voluntario que requiere de la aprobación de la comunidad mediante su junta directiva o comunal.   

Además de ser un mecanismo inédito en el Perú para conservar bosques, una particularidad de las TDC en el Programa Bosques es que los incentivos entregados a los beneficiarios no pueden ser empleados para obras comunales, benéficas, culturales o de otra índole. Esto se diferencia de otros programas nacionales que también fueron implementados con este mecanismo como Juntos, Reparaciones Colectivas, Mi Chacra Productiva, Fondo para la Igualdad.

El incentivo económico debe ser utilizado en la implementación de planes de inversión que garanticen la ejecución de proyectos que traigan desarrollo y bienestar en base al buen uso de los recursos naturales y este debe ser administrado por el beneficiario a través de un comité de gestión. A eso, la correcta utilización de los fondos monetarios debe ser supervisada por un comité de vigilancia. Por cierto, ambos comités deben estar formados por los pobladores de la comunidad beneficiaria. El Proyecto CBC asesora técnicamente a ambos comités y por supuesto todo el proceso, desde la realización de los planes de inversión, su ejecución y el cumplimiento de las condiciones, las mismas que serán abordadas más adelante.

De esta manera, el uso del dinero recibido permite generar ingresos monetarios a través de activos que anteriormente no generaban un beneficio económico a los actores involucrados. Adicionalmente, con este modelo se gesta una interesante conjunción de la parte social, económica y sobre todo ambiental. Esto último no es muy común en fondos de este tipo. A su vez, es de destacar que se busca lograr que los involucrados entiendan y sepan que sus bosques tienen un costo económico y un valor intrínseco importante para ellos y para el planeta también; y que estos pueden ser aprovechados racionalmente.

Además, es imprescindible transmitir a los beneficiarios que mediante la conservación de sus bosques, ellos mismos pueden beneficiarse directamente, por ejemplo, mediante la regulación del clima, la obtención de productos naturales, el ofrecimiento de servicios ambientales, entre otras maneras. Se puede mejorar la calidad de vida conservando y utilizando responsablemente el entorno (¡pero hay que creérsela y trabajar para eso!). Lo más importante, a mi parecer, es que se puede anhelar a tener mejores oportunidades mediante un traslado de capacidades, siempre y cuando se quiera cambiar y mejorar.  

Como ya es costumbre, todo esto continuará en la siguiente entrega.

PD. Para conocer más sobre el Proyecto Conservación de Bosques Comunitarios (Proyecto CBC), visitar el siguiente enlace: http://www.bmu-cbc.org.pe/ Les recomiendo revisar las publicaciones realizadas en el marco de este interesante proyecto.

Febrero 2014

Artículo aparecido en la versión online de la Revista Rumbos: 
http://www.rumbosdelperu.com/el-proyecto-conservacion-de-bosques-comunitarios-y-las-transferencias-directas-condicionadas-i--V1403.html

martes, 4 de febrero de 2014

EL PERÚ SE PONE LAS PILAS PARA EVITAR QUE NUESTROS BOSQUES DESAPAREZCAN: UNA CARRERA CONTRA EL TIEMPO

De Tarapoto a Moyobamba, con el río Mayo de acompañante, se puede ver algunos
estragos de la deforestación. Foto: Enrique Angulo Pratolongo.  
El Perú tiene un enorme reto: proteger sus bosques tropicales e intentar detener la deforestación de los mismos. Para eso, el Estado está trabajando duro, entre otros, en la ejecución del Programa Nacional de Conservación de Bosques para la Mitigación del Cambio Climático (Programa Bosques). Para ello tiene la ayuda de varios socios y aliados estratégicos; uno de ellos es la Cooperación Alemana al Desarrollo (GIZ), organismo que está implementando el Proyecto Conservación de Bosques Comunitarios (CBC) en algunas partes del país con muy buenos resultados y con una herramienta bastante interesante a ser tomada en cuenta: las Transferencias Directas Condicionadas (TDC). Veamos de qué se trata todo esto.

Empecemos por el más grande. El Programa Bosques, puesto en marcha por el Ministerio del Ambiente (MINAM), tiene como principal objetivo contribuir a conservar 54 millones  de hectáreas de bosques tropicales como un aporte a la mitigación del cambio climático en el planeta y al desarrollo sostenible del país. Cumplir tal cometido es bastante complejo, ambicioso, lejano para algunos y muy posible para otros. Sea como fuere, es un aporte importante y relevante, ya que se evitaría la liberación de cantidades enormes de dióxido de carbono. Al parecer, esta iniciativa sería el Caballo de Troya del MINAM para proteger nuestros bosques en miras al futuro “prometedor” del país. Si es así, bienvenido sea este equino y ojala que tome bastante fuerza para recorrer el gran trecho que le espera.

Con esta apuesta, el Perú estaría en el podio que reúne a los países que intentan mantener en pie sus bosques para que estos sigan brindando una serie de beneficios tangibles e intangibles, tanto a la humanidad, como, por supuesto, a los peruanos (y peruanas). No obstante, cumplir una meta tan ambiciosa como llegar al año 2021 con deforestación cero es muy complicado. Sin embargo, eso no debe(ría) impedir que se haga algo; y (felizmente) desde varios frentes sí se está haciendo bastante al respecto. Recordemos que somos el tercer país más vulnerable en el mundo a los efectos que trae consigo el cambio climático, producto del calentamiento global. Si no nos sacudimos del letargo, nos va a agarrar (más) feo toda esta problemática ambiental.

Entre cifras que van y vienen, se estima que para el 2025, el Perú podría perder 10 mil millones de dólares (4,5% de nuestro Producto Bruto Interno), debido al imparable e ¿irreversible? cambio climático. Por eso, (otra vez la cantaleta) necesitamos incorporar medidas estratégicas frente al tan mentado cambio climático en las políticas de desarrollo económico en el país. Un elemento fundamental es que los funcionarios públicos y privados y la ciudadanía en general se den cuenta de que esto no es la pataleta de unos cuantos “ecologistas”. Ya tenemos todo este problema a la vuelta de la esquina.

Así, desde julio de 2010, el Programa Bosques trabaja para identificar y mapear las áreas donde se debe sí o sí conservar bosques; para promover el desarrollo de sistemas productivos sostenibles con base en los bosques, con el fin de generar ingresos económicos en las poblaciones más pobres; y para fortalecer las capacidades de los gobiernos regionales y locales, así como de los miembros de las comunidades campesinas y nativas, con el objetivo de poner en práctica hechos concretos que deriven en la conservación de los bosques. Finalmente, lo que se pretende es poner en marcha medidas que realmente tengan resultados que mostrar. Y para eso, todos deben mojarse.

Sin duda, esta “gran carrera” sobrepasa las capacidades y esfuerzos del Estado, por lo que se debe tener varios socios en esta difícil y ardua tarea. Sabemos de sobra que sin la cooperación técnica nacional e internacional, este y otros caballitos no andan. Un paso fundamental para que muchos colaboren es que los actores se convenzan e interioricen  de que estamos frente a un problema que “nos pisa los talones”. Sin esta premisa, es poco lo que se puede emprender para salvaguardar los bosques de todos los peruanos.

Así, los gobiernos regionales, los gobiernos locales (provinciales y distritales), la población indígena y campesina, los sectores con competencia en los bosques y la sociedad civil están llamados a apostar por la preservación de nuestros espacios forestales. Sin su aporte y compromiso, no salimos adelante. Y sin la convicción de que es necesario preservarlos, nada de esto tendrá éxito. La cantidad de argumentos para mantener y aprovechar responsablemente nuestra diversidad biológica sigue creciendo e incluso se manifiestan ya con los cambios que estamos viviendo.

Es justo y necesario

El Programa Bosques centra sus esfuerzos en las Áreas Naturales Protegidas; en las comunidades nativas y campesinas tituladas; en las concesiones maderables y no maderables; en los bosques de producción permanente; en las reservas territoriales para indígenas en aislamiento; y en parte de los humedales de la Amazonía (Abanico del Pastaza). Para esto, aplica una intervención de carácter preventivo y de seguimiento prolongado; y prioriza una ejecución descentralizada con una activa participación de múltiples actores, con el firme propósito de formar alianzas estratégicas. Este punto es fundamental. Solos no se avanza ni a la esquina.

De esta manera, el Programa Bosques trasciende a mecanismos como los ya conocidos Reducción de Emisiones por Deforestación y Degradación de los Bosques (REDD); pagos por servicios ambientales, por servicios ecosistémicos; servidumbres ecológicas; y otro conglomerado de medidas para conservar nuestra diversidad biológica que podrían ser realmente algo confusas para explicar acá. Es cierto, es difícil ver resultados y beneficios concretos desde la comodidad de nuestros hogares, pero el reto está en que también hay que esforzarse por enterarse más sobre lo que sucede en el país. Como siempre, hasta que no nos cause daño alguno, no nos interesará, ni preocupará el tema. Mal jugado, ya debería importarnos. El reto es doble: el Estado y la Sociedad Civil deberían informar más al respecto; y por otro lado, la ciudadanía debería exigir información e intentar involucrarse más.

Según el MINAM, la deforestación absoluta en la Amazonía peruana entre el 2009 y el 2011 fue de 225,400 hectáreas (ha), lo que permite establecer que en promedio, anualmente serían deforestadas cerca de 112,700 ha de bosque. Estas cifras son alarmantes sin lugar a dudas, por eso había (y hay) que ponerse las pilas. Para hacer frente a esta situación, el Programa Bosques tiene cuatro enfoques bien definidos: la gestión estratégica de la conservación de los bosques; la descentralización y el desarrollo local; la gestión participa y la vigilancia ciudadana; así como el desarrollo de capacidades individuales e institucionales.

Herramientas de peso

El Bosque de Protección Alto Mayo todavía conserva grandes extensiones
de bosque, sin embargo está altamente amenazado por la presión humana.
Foto: Enrique Angulo Pratolongo. 
Para poder instrumentalizar su trabajo, el Programa Bosques utiliza diversos instrumentos, como las Transferencias Directas Condicionadas (TDC); ejecuta proyectos y programas de inversión pública; y trabaja muy de cerca con los gobiernos regionales y con la cooperación internacional. Adicionalmente, se está poniendo énfasis en lograr que las comunidades nativas se vuelvan socias del Estado. Para esto, se les entrega directamente fondos económicos para que ellas los administren y los usen para propiciar el desarrollo local y para fortalecer la institucionalidad comunal. Se torna indispensable lograr que las comunidades nativas, dueñas de extensas áreas de bosque primario, puedan contribuir conservando sus bosques sin dejar de utilizar un porcentaje de ellos e iniciándose en actividades productivas que les deje dividendos.

No es que se debe prohibir el uso de sus bosques, pero sí se puede apelar para que se proteja parte de ellos, virando la mirada hacia modelos productivos más eficientes y rentables. Por supuesto, esta apreciación simplificada del Programa Bosques debe encajar diversas críticas y baches en el camino, en especial por parte de los que preferirían que todo siga igual y que se respete “el derecho original de los pueblos indígenas” del país. Pero, finalmente, nuestros compatriotas también deben proteger su entorno, pues nada dura para siempre y menos si la población humana sigue creciendo exponencialmente.

El Programa Bosques pone también especial atención en lograr sinergias públicas y privadas que contribuyan claramente a garantizar la sostenibilidad de los proyectos implementados, de tal manera que las buenas prácticas puedan ser replicadas. Es necesario animar a otros comuneros desconfiados y escépticos que en algunos casos es imprescindible cambiar ciertos modos de vida para dar paso a una mirada más integral. Esto no significa que se busque alejar a algunos comuneros de sus costumbres ancestrales y de su manera de relacionarse con el entorno. Muy por el contrario, se debe recoger la sabiduría y los conocimientos tradicionales para tentar un desarrollo más acorde con los tiempos.

Y con el fin de avanzar e ir quemando etapas, esta iniciativa del MINAM realiza permanentemente el monitoreo y evaluación de los compromisos asumidos por todos los actores comprometidos, en lo referido a la implementación de las buenas prácticas de manejo que hacen posible garantizar el uso sostenible de los bosques para su conservación. Monitorear y evaluar son pasos fundamentales para poder parar a tiempo, corregir la dirección y enrumbar si es necesario; ver cómo anda el o los “Jockey” y todo el equipo, saber si se cuenta con los recursos económicos y humanos para continuar en las mejores condiciones y llegar a la meta.

Apoyemos esta gran carrera. Todos somos de la partida. Seguramente, como siempre, habrá los que apoyan, los detractores y especuladores, así como los incrédulos, pero eso no debe impedir que sigamos en esta jornada casi épica. En lo que viene incluiré a uno de los principales jinetes de esta epopeya.

PD. Para conocer más sobre el Programa Bosques, visitar el siguiente enlace: http://www.minam.gob.pe/programa-bosques/ Revisen los “Avances en números” y saquen sus conclusiones.

Enero 2014

Artículo publicado en la versión online de la Revista Rumbos: 

http://www.rumbosdelperu.com/-el-peru-se-pone-las-pilas-para-evitar-que-nuestros-bosques-desaparezcan-una-carrera-contra-el-tiempo-V1350.html

miércoles, 22 de enero de 2014

SEGUIMOS EN REDD PARA ENTENDER LA RED DE REDD Y NO ENREDDARNOS


Toda esta aventura surgió en base al documento: “Enmascarando la destrucción: REDD+ en la Amazonía peruana” de Joanna Cabello del Movimiento Mundial por los Bosques. Con ganas de seguir indagando al respecto, veamos otros aspectos alrededor del mecanismo de Reducción de Emisiones por Deforestación y Degradación de los bosques (REDD).  

Partamos del hecho de que, según el reciente Caso de Estudio en el Perú: Políticas REDD+ y los medios de comunicación, publicado por el Center for International Forestry Research (CIFOR) y Libélula Comunicación, Ambiente y Desarrollo[1], “el número de noticias que hablan de temas ambientales son muy pocas, siendo REDD un tema que se toca de manera muy escasa, y aún más escasas son las noticias que realizan un análisis más profundo del tema. Existen incluso eventos relevantes que no se han identificado en las noticias halladas”. Este escenario no debe extrañarnos, pues nuestro país aún presenta un gran déficit en cuanto a la publicación científica y periodística de temas relacionados al medio ambiente, a la conservación de especies biológicas y a toda la paleta de temas “ecológicos”.

Por eso, no sorprende que en el caso de los departamentos donde se viene implementando algunos proyectos REDD, como Madre de Dios y San Martín, “además de ser muy escaso el número de noticias halladas en general, considerando todas las búsquedas, llama la atención la baja incidencia de noticias vinculadas con REDD”. Por otro lado, se afirma en el estudio que un tema recurrente es el de la falta de estabilidad jurídica “lo que pone en riesgo los derechos de propiedad, y por lo tanto plantea un desafío importante para programas de REDD en el país”. Y para redondear el tema, “las noticias a nivel nacional y subnacional son, en su mayoría, descriptivas y no analíticas. (…) Se dan noticias ambientales pero difícilmente se explican sus causas históricas, económicas y culturales, lo que reduce el panorama reflexivo del público lector”.

Dicho esto, podríamos afirmar que muchos temas similares solo son manejados y procesados por un puñado muy reducido de habitantes, lo que no resulta conveniente ni adecuado para implementar políticas públicas y estrategias de conservación. Contra esto, podríamos también afirmar que no es necesario gastar energía en informar a la opinión pública y al ciudadano de pie al respecto, porque igual no van a entender, no les interesa y porque no es una prioridad para los que trabajan en estos temas. Esta conducta cavernaria, el desinterés ciudadano (hay que aceptar que existe) por estos temas y la escasez de medios de comunicación comprometidos con temas ambientales son barreras que debemos ir sorteando cada día para buscar mejores opciones de desarrollo y en especial para saber que debemos actuar involucrando a la mayor cantidad de personas. Pero regresemos a REDD.

REDD is complicated

En base al estudio: La situación de REDD en el Perú publicado por Derecho, Ambiente y Recursos Naturales (DAR)[2], “la relación de los bosques y el cambio climático pone al Perú en una encrucijada. Seguir impulsando el desarrollo económico a costa de sus impactos en el ambiente, en particular en los bosques; o un cambio de modelo de desarrollo bajo en carbono y resiliente al cambio climático”. Ante este escenario, el Ministerio del Ambiente (MINAM) consideró que el país debe adoptar esquemas y normas de institucionalidad que aseguren una gestión óptima de REDD+. En otras palabras, el Estado apuesta, digámoslo así, casi todas sus cartas al éxito de REDD para llegar al 2021 con cero deforestación. Adicionalmente, en el informe de DAR (2011) se indica que en el Perú, “los proyectos REDD o iniciativas tempranas (¿?) están avanzando más rápido que la capacidad que tiene el gobierno para hacerles seguimiento y para brindar las condiciones necesarias para su desarrollo en armonía con una política pública sobre REDD”.

No es fácil poner en práctica este mecanismo voluntario y menos en nuestro país, donde estamos luchando día a día para construir un Estado que llegue a todas y todos; y para tener ciudadanos (y ciudadanas) responsables y comprometidos con su entorno. En esa dirección, Jorge Torres y Augusto Castro, en un texto consignado en el capítulo 12: Construyendo un régimen REDD+ en Perú, perteneciente al libro ¿Gratis?: los servicios de la naturaleza y cómo sostenerlos en el Perú[3], afirman que “no obstante, el Perú ha presentado avances en los últimos años. Ejemplo de ello es la formulación del Documento Guía para la Fase de Preparación para REDD+ en el Perú, en donde gracias en buena medida a la apertura del Gobierno Nacional y al involucramiento activo de la sociedad civil organizada en el Grupo REDD+ Perú, se generaron discusiones importantes sobre temas claves relacionados con el diseño e implementación de REDD+ en el país”.

En el mencionado capítulo se incluye también información sobre diversos avances en el país referentes al desarrollo y a la implementación del tan mentado mecanismo, “a pesar de las incertidumbres internacionales, tanto de tipo político como técnico que limitan ciertamente el flujo de inversiones privadas requeridas y disponibles, y que no están siendo compensadas por su equivalente de fondos públicos y/o multilaterales”. De haber avances, creo que es necesario darlos a conocer para entender mejor qué está pasando y cómo realmente estamos protegiendo nuestros bosques, cómo podemos colaborar y cuáles son los retos que nos esperan, entre otros aspectos que garanticen el éxito.  

Y por supuesto, estimo conveniente e imprescindible hacer un esfuerzo por incluir siempre el componente de comunicación en estas iniciativas, pero, subrayo esto, desde el principio, no al final de cada iniciativa o proyecto, cuando se debe presentar el informe final y cuando se quiere tener un video, una memoria o un reporte final para documentar el trabajo y poder mostrarle a los donantes lo realizado y para que sepan en qué invirtieron su plata. El tema de la difusión y el esfuerzo en el tema de comunicaciones deben estar desde el arranque y no solo al final.

Deforestación al interior de la Reserva Nacional Pacaya Samiria. Foto: Enrique Angulo Pratolongo.
Es decir, se debe evitar interiorizar que un trabajo serio en estos aspectos es una buena estrategia para optimizar la implementación de este y de otros mecanismos; y que no solo es para tomar fotos y filmar todas las reuniones. Urge producir información de interés y difundirla. No en vano, en el mencionado capítulo se indica que “uno de los campos más limitados, a pesar de la gran cantidad de talleres realizados, es la difusión acerca de los alcances de REDD+ en términos de beneficios y compromisos”.  

Y dado que estamos frente a un tema complicado que no termina de “cuajar”; donde los esfuerzos para su implementación y las críticas que se oponen a REDD van y vienen, ojalá podamos hacer más entendible este y otros esfuerzos similares. Las críticas son bienvenidas claro está, pero estas también deben traer consigo propuestas viables que no suenen solamente a quejas insinuando que todo debe quedar tal cual o que ya no hay nada que hacer. El hecho es que los bosques tropicales sí están desapareciendo y que algo debemos hacer para evitar ese retroceso. Los esfuerzos para esto deben venir del Estado, de la sociedad civil y de los pobladores indígenas y colonos que están directamente relacionados a los bosques amazónicos. Tampoco es cuestión de victimizarse y no hacer nada al respecto.      

¿REDD+ + REDD+ = 2REDD+ o = REDD++?

Y aunque parezca algo sarcástico, también existe REDD++. Dicho mecanismo está mucho menos desarrollado y se enfoca básicamente en preservar la conversión de bosques que no son tan densos —pero que albergan una alta diversidad biológica y que emitirían mucho menos carbono que los bosques tropicales si desaparecen— en terrenos para la agricultura o la ganadería. Así, lo más interesante es que REDD++ estaría protegiendo parte de los terrenos que no estarían incluidos en REDD+, es decir, espacios donde podría trasladarse la necesidad de bajarse el monte para actividades productivas que generen ingresos alternativos a los bosques.

Así por ejemplo, en zonas subtropicales, como Argentina, existe el Consorcio Municipios Unidos para la Conservación de la Selva Paranaense Argentina (MUCSPA - REDD++) que busca aplicar este mecanismo en la selva de la región de Misiones. El + adicional se da para el enriquecimiento de la masa boscosa y el desarrollo de las comunidades rurales dependientes de los bosques.

Algo similar ocurre en otros países como México, donde se quiso implementar el mecanismo de REDD en la región de Chiapas, lo que produjo diversas críticas. Una de ellas fue que se le tildó de ser una forma más de asistencialismo, mediante la cual era mejor recibir este fondo que no recibir nada. Esto fue visto por muchos indígenas mexicanos como que “si no me pagan por conservar, me tumbo la selva”. Los críticos señalan que lo monetario se sobrepone a la esencia misma de la conservación. Y en el caso de que las comunidades acepten recibir un pago, el problema vendría cuando se acabe el financiamiento.

Aún queda mucho pan por rebanar. Y es que en este escenario tan complejo existen, felizmente, varias experiencias que luchan incansablemente para poner en práctica alternativas claras y específicas que detengan el avance de la deforestación. Esto es muy importante y alentador, dado que, como ya se dijo, los bosques sí están desapareciendo. En la próxima entrega tocaré dos iniciativas que vienen luchando para lograr el tan ansiado retroceso de la deforestación en el país. Debemos conocerlas para no perder las esperanzas.
  
Enero 2014


[1] Perla Álvarez, J., Freundt Moreno, D., Burga Barrantes, E., Postigo Takahashi, T., Menton, M. 2012 Políticas REDD+ y los medios de comunicación: Caso de estudio en el Perú. Documento de Trabajo 101. CIFOR, Bogor, Indonesia.
[2] Che Piu, H. y García T. 2011. Estudio REDD Perú: La situación de REDD en el Perú. Derecho, Ambiente y Recursos Naturales (DAR). Lima.
[3] ¿Gratis?: los servicios de la naturaleza y cómo sostenerlos en el Perú. Goldman, Wackernagel, Salomón… [et al.]; editado por Franl Hayek y Pablo Martínez de Anguita. Primera edición. Lima: Servicios Ecosistémicos Perú. 2012. 

Artículo publicado en la versión online de la Revista Rumbos: 
http://www.rumbosdelperu.com/seguimos-en-redd-para-entender-la-red-de-redd-y-no-enreddarnos-V1314.html

lunes, 13 de enero de 2014

EL MUNDO DE LOS REMOLINOS Y ENREDOS DEDICADOS A LA DEFORESTACIÓN (REDD)

No recuerdo cómo llegó a mis manos el documento: “Enmascarando la destrucción: REDD+ en la Amazonía peruana” de Joanna Cabello del Movimiento Mundial por los Bosques, pero le di una revisada más que todo por el “achorado” y sugerente título. Al respecto, debo decir que no siempre he seguido muy de cerca el tema de Reducción de Emisiones por Deforestación y Degradación de los bosques (REDD) y de todas sus variantes. Sin embargo, he estado varias veces entre dos fuegos cruzados, es decir, entre los defensores y los detractores de este mecanismo. Sé que estoy pisando territorio minado. Veamos cómo me libro de esta sinuosa experiencia que es parecida a entrar a la Matrix y no poder salir de ella. 

El tema es controversial, álgido, ¿utópico?, pasional y bastante difuso. Tal vez por eso, pese a que soy consciente de caminar por arenas movedizas, lanzo algunas ideas sueltas y generales para reflexionar y para enterarnos un poco más al respecto. Personalmente, no puedo tomar una decisión a favor o en contra, dado que, sin duda alguna, este tópico es bastante complejo. Me he visto varias veces confrontado con él; y no han faltado los que me exigen y esperan que apoye o que critique este mecanismo, sin embargo, todavía no cuento con los elementos necesarios y básicos para opinar.

Por supuesto, mi opinión es referencial y nada objetiva. Por ende, no es el fin de lo que viene, convencer o atacar este proceso, sino, entender un poco más lo que tenemos a la mano. A eso, es importante saber qué significa el más (o plus) que se le agrega a REDD; y es que implica adicionarle al mecanismo la función de la conservación, gestión sostenible de los bosques y el aumento de las reservas de carbono.

Antes que nada, incluyo algunos puntos resaltantes del artículo ya mencionado, con el fin de discutir al respecto y sacar algunas conclusiones. Para J. Castillo, REDD+ “…se trata del carbono. De la medición y acumulación de las partículas de las partículas de dióxido de carbono en los árboles, bosques y suelos para su compra-venta y especulación en los mercados de carbono”. Asimismo, “… REDD+ pretende que, sin contrarrestar el modelo extractivista y sin lidiar con las causas subyacentes, al añadir un valor económico al carbono, se creen los incentivos suficientes para reducir la deforestación”. Para la autora, “Esto claramente no funciona”. 

Pero, ¿qué otra definición existe de REDD? No es fácil encontrar un concepto claro y preciso de este término, por lo que, haciendo una mezcla de lo encontrado, asumamos que REDD es un mecanismo (voluntario) en desarrollo (ojo) que pretende reconocer el servicio que los bosques le prestan al planeta almacenando inmensas cantidades de carbono (¿cuánto?, ese es uno de los puntos críticos en todo esto). Uno de sus fines es, según Castillo, “insertar a los bosques en la lógica de mercado, creándole un valor financiero al dióxido de carbono almacenado en los bosques y suelos, o más bien, a su capacidad para absorber dicho carbono”.

¿REDDificil de entender y de poner en marcha?

Para poner en práctica el reconocimiento de los bosques como sumideros o reservas de carbono, el mecanismo REDD sugiere que los países que opten por reducir sus índices de deforestación en relación a valores referenciales acordados (¿entre quiénes?) recibirán compensaciones (¿de quién?) según se cumplan los objetivos planteados. Así también, REDD busca incentivar el cambio de algunas actividades productivas que implican “tumbarse” el monte. Para tal fin, propone la ejecución de prácticas sostenibles que eviten justamente la deforestación y la degradación de los bosques; no obstante, no se indica específicamente cuáles son esas actividades.

En un proyecto REDD+ se debe establecer un acuerdo entre el que usa el bosque y el “comprador” de los créditos que son generados por mantener el bosque en pie, lo que genera que se reduzca la emisión de CO2, producto de la deforestación. En el caso del usuario, este debe comprometerse (¿cómo?, ¿quién firma el acta, documento o contrato?) a no deforestar y a reducir las posibles amenazas al bosque. Es decir, deben existir otras actividades productivas que generen ingresos económicos para los pobladores locales, con el fin de que satisfagan sus necesidades básicas y no tengan que vender madera a precios irrisorios o vender sus tierras para monocultivos u otras actividades que impliquen la emisión de CO2 a la atmósfera.   

Luego de un periodo a determinar, el usuario del bosque (una comunidad nativa, una familia, ¿un propietario privado?, ¿o quién más?) deberá recibir un certificado que indique que mediante el proyecto REDD+ se evitará la reducción de X toneladas de los conocidos Gases de Efectos Invernadero (GEI). Bacán, pero ¿y la platita? ¿cómo es? No sé cómo se da o debe dar este tema. En principio, suena todo bien, pero no entiendo cómo y cuánto recibe, por ejemplo, una comunidad nativa del mercado por conservar y/o no tocar el bosque. Y cuando se recibe un monto específico, cómo hacen para repartirlo entre todos los miembros de la comunidad. Menuda tarea.

REDD y la deforestación

Para que haya REDD debe haber deforestación, ya que, se supone, si no hay reducción de la masa forestal, estos mecanismos no serían necesarios. Según Castillo, “la mayoría de documentos oficiales que promulgan analizar los agentes de la deforestación… identifican a los campesinos como los principales agentes de la deforestación, principalmente por migrar a tierras boscosas y abrir en su mayoría pequeñas áreas forestales para hacer parcelas con cultivos de subsistencia”. En su mirada, “los proyectos a gran escala de extracción, infraestructura y apuntados a la exportación tienen apenas un papel secundario o ‘indirecto’ en el proceso de deforestación y degradación forestal”.

Para muchos, las principales amenazas de los bosques amazónicos en el país son: la fuerte dependencia que tenemos con la agricultura y ganadería, la cual nos exige nuevos terrenos para estas y otras actividades productivas colaterales; el acelerado e imparable crecimiento demográfico que nos obliga a obtener más energía (y alimentos) mediante centrales hidroeléctricas, explotación gasífera y petrolera y a construir carreteras; así como la tala selectiva, la contaminación, la minería ilegal e informal y otros factores que van mermando nuestros bosques con la consecuente emisión de CO2, calentamiento global y los cambios climáticos que ya estamos padeciendo. Así las cosas, elegir qué factor es el más “bravo” en todo esto, depende mucho del cristal con el que se mire el problema.

Algunas críticas

Deforestación en Brasil. Foto: Reuters
Una de las críticas que más recuerdo de las reuniones somníferas a las que he acudido al respecto es que mediante REDD, lo único que se estaría haciendo es trasladar la deforestación a otros lugares donde este mecanismo no esté en juego. Por lo tanto, quién, cómo y en qué medida se tiene control sobre la verificación de que el mecanismo en sí no genera emisiones de carbono en lugares no controlados fuera del área determinada para REDD. Supongo que tanto el Ministerio del Ambiente (MINAM), así como los gobiernos regionales amazónicos y otros actores privados involucrados en este mecanismo ya tendrán este (y otros) puntos bajo control. No lo sé.

Según el MINAM, REDD es uno de los mecanismos claves para cumplir con la ambiciosa meta de llegar al año 2021 con índices de deforestación cero. No obstante, al parecer habrá algunas limitaciones en cuanto a las capacidades del Estado para implementar REDD en el país, por lo que habrían saltado a la palestra algunas ONG, con el fin de materializar estos esfuerzos. Esto no ha pasado desapercibido para algunos actores claves, tales como las organizaciones y federaciones indígenas, quienes estarían pensando que esta es una manera de apropiarse de terrenos comunales indígenas para usos posteriores como los monocultivos, plantaciones forestales u otros.

Tenemos bastante por conocer, discutir y entender en lo que respecta a este tema. Siendo el Perú un país megadiverso con grandes (todavía) extensiones de bosque tropical (segundo en Sudamérica y noveno en el mundo), debemos saber qué está pasando, qué se está haciendo para evitar la deforestación y cuál es el escenario que nos espera. Claro, todo esto sucede entre conflictos de intereses y críticas entre los actores involucrados, encomiables esfuerzos para conservar nuestros bosques, falta de interés de la ciudadanía y de la prensa nacional y entre la aún baja institucionalidad en el país.  

Concolón

Y ahora que estamos con la fiebre de la COP 20, donde casi todos los “ambientalistas” son expertos y gurús en los temas de calentamiento global y cambio climático, será necesario, sin lugar a dudas, aterrizar todo esto en políticas y acciones tangibles, claras y que se puedan poner en práctica ¡ya! Mucho tiempo no tenemos. Sería interesante también ir dejando progresivamente esa costumbre tan arraigada en nuestro medio “conservacionista” llamada “reunionitis”, es decir, la necesidad inminente de reunirse para —en teoría— discutir y buscar soluciones. Muchas reuniones son interminables (sin producir algo concreto) y parecen ser solo la oportunidad perfecta para empujarse cientos de sanguchitos y cafecitos; y servir de plataforma para decir cualquier cosa, con tal de justificar estar presente y para hacer relaciones públicas.

Esa es una de las críticas que más he escuchado en campo y de la cual siempre he intentado zafarme en la medida de lo posible. No perdamos el tiempo en reuniones esotéricas que no llevan a nada interesante. Y bueno, mientras escribía estas líneas me enteré de que el 2014 ha sido nombrado como el “Año de la Promoción de la Industria Responsable y del Compromiso Climático”. Si le quitamos el responsable a este título honorífico podría sonar contradictorio para muchos. Veamos qué sucede en este año que, como todos los anteriores, es “trascendental” para el futuro del país. Hasta ahora lo más importante que veo en los siguientes 365 días es el mundial de fútbol en Brasil.        


PD. Es necesario indicar que la versión del documento de J. Castillo a la que tuve acceso no indica el año de su elaboración y publicación. No obstante, por la información incluida y las referencias utilizadas, parece ser que el texto es de mediados del 2013.

Enero 2014

Publicado en la versión online de la Revista Rumbos:  

BIENVENIDOS AL NUEVO MORDOR: ¡EL PERÚ! (XXVII)

  Hace unos meses, tras un golpe de lucidez y un destello de valor, decidí abrir dos redes sociales para lanzar mensajes sobre diversos tema...