viernes, 25 de octubre de 2013

CONSERVACIÓN Y USO RESPONSABLE DE LOS RECURSOS NATURALES EN LA RESERVA NACIONAL PACAYA SAMIRIA

Cerca a Nauta y en uno de los extremos de la Reserva Nacional Pcaya
Samiria se unen los ríos Marañón y Ucayali para formar el gran río Amazonas.
Foto: Enrique Angulo Pratolongo. 
Un ejemplo del buen uso de los recursos naturales es el que se da en la Reserva Nacional Pacaya Samiria (RNPS) mediante el aprovechamiento sostenible de los recursos naturales y la participación de pobladores locales como guardianes de la reserva. Al parecer, sí se puede y hay que verlo en vivo y en directo para saber que sí es realidad.  

Circundada casi en su totalidad por dos grandes ríos, el Marañón y el Ucayali (ambos colosos de agua dan origen al gran río Amazonas en uno de los extremos de la reserva); y atravesada por innumerables “caños” y pequeños ríos que conforman a su vez lagunas de ensueño en su interior, este imponente refugio natural está tomando vuelo para convertirse en un área natural protegida ejemplar. Y es que tras varios años de mucho trabajo y de empeño, se ha logrado construir una “cultura de la conservación y del aprovechamiento de los recursos naturales”, donde los principales protagonistas son las poblaciones locales, el Estado, las autoridades locales y diversas ONG.

Mediante el trabajo conjunto se ha podido sentar las bases y fundamentos para afirmar que sí se puede combinar la preservación y el uso responsable de nuestra diversidad biológica, con el propósito de obtener dividendos económicos mediante la comercialización de algunas especies clave. Esta sinergia permite obtener dividendos económicos para mejorar la calidad de vida de las poblaciones locales y es un buen medio para tentar alcanzar el tan mentado desarrollo sostenible. Y es que si la conservación de nuestros recursos naturales “no paga”, la situación se vuelve cada día más compleja.

Así, dado que la RNPS es un área natural protegida de uso directo —es decir, en ella se puede aprovechar los recursos naturales mediante planes de manejo— se ha implementado diversas estrategias para hacer posible que la población local, a través de los Grupos de Manejo (GM), puedan recibir ingresos económicos. Para ello, el Estado, representado dentro de la RNPS, por el Servicio Nacional de Áreas Naturales Protegidas por el Estado (SERNANP), ha contado con el apoyo de instituciones como ProNaturaleza – Fundación Peruana para la Conservación de la Naturaleza y de otras organizaciones para trabajar persistentemente en lograr acuerdos y compromisos tangibles destinados a cumplir con los objetivos de la reserva y a demostrar que sí se puede hacer bien las cosas.

Conociendo el paraíso     

Poblado de San Carlos a orillas del río Ucayali, en el Canal
de Puinahua en la zona de amortiguamiento de la
RNPS. Foto: Enrique Angulo Pratolongo.
Tanto al interior, como en la zona de amortiguamiento de la reserva, vive mucha gente que no necesariamente es originaria de este espacio amazónico. Esto se explica, en parte, por los maltratos que sufrió la población local originaria en la época del caucho; dado que muchos de ellos fueron desterrados y exterminados. Posteriormente, la zona fue repoblada, por ende, gran parte de las generaciones actuales en la zona descienden de colonos. Es decir, llegaron de otros lugares para quedarse.

Así por ejemplo, bastantes familias que habitan en las orillas de los ríos que circundan y atraviesan la RNPS tienen un origen andino. Además, cuando visité la comunidad de San Carlos, ubicada en el Canal de Puinahua —un brazo del río Ucayali— y en la zona de amortiguamiento de la reserva, me asombró escuchar música andina en su plaza principal. Incluso, algunos pobladores de ahí me dijeron que son “charapas por accidente” y que les costó, a sus padres y ahora a ellos, adaptarse a la selva.  

Esta situación hace que algunos de estos pobladores que interactúan con la reserva tengan todavía una visión distinta del uso de los recursos naturales, en comparación con aquella que poseen los pueblos indígenas amazónicos originarios. Todo lo anterior se traduce en las maneras de aprovechar lo que les rodea. Adicionalmente, la forma de organizarse y de percibir el medio que rodea a estos pobladores difiere en parte a los patrones sociales y culturales amazónicos. La población colona que llegó a esta zona trabaja, generalmente, organizada a nivel familiar y ha percibido al “monte” como un “estorbo” para sus fines agrícolas. Por eso, había que “tumbárselo”. Ahora, si bien, la deforestación ha disminuido, aún es un problema por resolver.  

En ese escenario, una de las principales estrategias utilizadas para cambiar la mirada hacia el bosque fue convencer a los pobladores locales que debían asociarse para aprovechar mejor las oportunidades que les ofrece el entorno. Así también se logró convencerlos de que tenían la obligación de proteger los recursos naturales porque, así como vamos, estos sí se acaban. Por eso, la formación de los GM se convirtió en uno de los pilares para hacer posible la conservación; así como el manejo y el uso de la flora y fauna en la RNPS; y para afrontar posteriormente una de las etapas más difíciles y complejas de implementar: la comercialización de algunas especies biológicas.

Por ende, una vez consolidados los GM, el gran reto de toda esta aventura es “vender” lo que se obtiene de la reserva de manera responsable; con el fin de, como no, ganar plata, así de simple, no nos engañemos. Para llegar hasta acá es necesario identificar mercados, garantizar la producción, conseguir el debido equipamiento, estar capacitado, entre otros aspectos indispensables. Pero, sobre todo, lo principal es asegurar la sostenibilidad en el tiempo y también contar con apoyo externo —por lo menos en los primeros años— hasta que posteriormente se pueda andar solo.  

Un proyecto de largo aliento

Una de las iniciativas que ha apoyado todo este proceso es el proyecto ejecutado por ProNaturaleza denominado: “Canje de deuda por conservación en la Reserva Nacional Pacaya Samiria” que va desde el 2002 hasta el 2015. Este es financiado con recursos económicos provenientes del Acuerdo de Conservación de Bosques Tropicales (ACBT), administrados por el Fondo Nacional para Áreas Naturales Protegidas por el Estado (PROFONANPE). La puesta en marcha de este gran esfuerzo proviene de un acuerdo de canje de deuda por conservación y está constituido como un fondo contravalor destinado a financiar iniciativas para la conservación, restauración, uso y manejo de los bosques tropicales en el Perú. 

Este emprendimiento, en la RNPS, consta de dos fases. La primera estuvo enfocada en generar capacidades para el manejo y aprovechamiento sostenible de recursos naturales por parte de la población local. La segunda fase (2010 – 2015) pone énfasis en el aprovechamiento de dichas capacidades y en la comercialización de los productos del manejo sostenible de cuatro recursos priorizados; dos objetos de conservación (paiche y aguaje) y dos especies clave (arahuana y taricaya).


El Sernanp es el encargado de administrar este gran espacio
protegido. Foto: Enrique Angulo Pratolongo. 
Adicionalmente, busca fortalecer la gestión de la RNPS y para ello apoya al SERNANP en alianza con otras institucionesen la conformación y en el trabajo participativo de su Comité de Gestión, en el posicionamiento de la reserva como destino turístico y en aspectos tales como la capacitación de su personal, acondicionamiento de puestos de vigilancia, adquisición de equipos y otros. Todo esto sin perder de vista que, al apoyar a la conservación de estos bosques, se contribuye no solamente al desarrollo local, sino también a la mitigación de los efectos del cambio climático en el planeta y también a la preservación de un elemento clave: el agua.

La Reserva Nacional Pacaya Samiria: la selva de los espejos

La RNPS fue establecida como tal el 25 de febrero de 1972. Anteriormente fue declarada como una “reserva pesquera” por su altísimo potencial hidrobiológico. Su fama de lugar preciado fue tal que el ex presidente Fujimori llegaba exclusivamente a este lugar para pescar. Tiene una extensión de 2 080 000,00 hectáreas, lo que la convierte en la segunda área natural protegida en extensión en el país, después del Parque Nacional Alto Purús.

Este magnífico escenario natural conserva la mayor extensión de bosque tropical inundable en el Perú e incluye ecosistemas con una gran diversidad biológica que proveen de una variada gama de bienes y servicios, tanto a las poblaciones locales (pesquería, recursos forestales no maderables, turismo, carne de monte), como a todo el planeta (regulación del ciclo hidrológico y de las lluvias, captura de carbono, entre otros).

Dentro de la RNPS viven cerca de 25 mil personas —distribuidas en alrededor de 90  poblados—, las mismas que, junto con más de 65 mil personas que habitan en las casi 120 comunidades ubicadas en la zona de amortiguamiento, conforman una importante presencia humana en la zona de influencia directa e indirecta de este espacio protegido. Este hecho implica una creciente e imparable presión humana sobre los recursos naturales que aún pueden ser protegidos en la Reserva. En la siguiente entrega conoceremos más al respecto.

Octubre 2013

Publicado en la versión online de la Revista Rumbos:  



sábado, 21 de septiembre de 2013

¿Y QUÉ FUE DE LA CATEGORIZACIÓN DE LA ZONA RESERVADA SIERRA DEL DIVISOR?

El emblemático cerro El Cono, uno de los principales
objetos de conservación de la Zona Reservada Sierra
del  Divisor. Foto: Thomas Müller. 
Hasta inicios del 2013 estuve apoyando indirectamente al Estado, desde la sociedad civil, para sacar adelante el proceso de categorización de la Zona Reservada Sierra del Divisor (ZRSD). Supe luego que el expediente técnico para este cometido estaba en la puerta del horno. Pero, a estas alturas del partido, ya no sé en qué anda la cosa. 


Guardaba la esperanza de que en este año suceda algo al respecto, pero al parecer, no pasa nada o no nos hemos enterado de las buenas nuevas o de las buenas malas. En fin, lo que viene a continuación es una recopilación de argumentos, conclusiones, recomendaciones, sugerencias y otros puntos, con el humilde objetivo de indagar en qué va el proceso de categorización de la ZRSD y de dar a conocer este paraíso terrenal a los que todavía no sabían de su existencia. Por favor, a los que se puedan sentir atacados o criticados, no se ofendan. Esto va con el ánimo de apoyar este sinuoso proceso.

Pero antes y por si acaso, la ZRSD fue establecida como tal el año 2006 y tiene una extensión de 1 478 311,39 hectáreas. Está ubicada entre los departamentos de Loreto (provincias de Ucayali y Requena) y de Ucayali (provincia de Coronel Portillo); y colinda con Brasil, con el Parque Nacional Serra do Divisor. Su objetivo de creación es el de proteger la diversidad biológica, geomorfológica y cultural de la única región montañosa de la selva baja; a la par de brindar una mayor protección legal al grupo indígena Isconahua, en situación de aislamiento voluntario; y de apoyar el desarrollo de un manejo integrado y equilibrado de los recursos naturales en zonas adyacentes.

Vale también la pena aclarar que una zona reservada es un territorio seleccionado por el Estado para su protección, al que se le asigna un estado de conservación transitorio hasta definir su categoría de protección. Es decir, las zonas reservadas son establecidas en aquellas áreas que reunirían las condiciones para ser catalogadas como Áreas Naturales Protegidas (ANP). Forman parte del Sistema Nacional de Áreas Naturales Protegidas por el Estado (SINANPE) y son administradas por el Servicio Nacional de Áreas Naturales Protegidas por el Estado (SERNANP). No se confundan, los dos términos anteriores no son lo mismo.

Asimismo, para la categorización de una zona reservada, se debe concluir los estudios necesarios para determinar su extensión definitiva y para establecer sus objetivos de conservación. Su carácter temporal permite ir acondicionando el área para su posterior categorización. Es decir, “mientras tanto” se debe realizar el saneamiento legal, definir sus límites, determinar el uso que se le dará a los recursos naturales, entre otros temas, con el objetivo de asegurar una buena gestión de lo que allí se protege. Para esto, el Estado designa un equipo técnico específico y temporal —integrado por representantes de la sociedad civil y del Estado—, cuya misión es presentar y sustentar la propuesta de categoría en un expediente técnico.

El encargado de otorgarle la categoría de protección y el tipo de ANP a la ZRSD —mediante un decreto supremo— es el Ministerio del Ambiente (MINAM), cartera que debe sustentar el pedido ante el Consejo de Ministros. Para esto, previamente, el SERNANP le ha elevado el expediente técnico de categorización oleado y sacramentado. Por cierto, la preparación del mencionado documento resulta ser sumamente compleja, dado que cada miembro del equipo técnico tiene concepciones e intereses diferentes que debe defender e imponer. No obstante, se debe buscar la tan esquiva concertación para llegar a buen puerto, sino, no pasa nada.

Así, el otro paso a dar es igual o más complicado que el anterior y es cuando el MINAM, en su sustentación, debe lidiar con las otras carteras ministeriales —en especial, asumo, con el Ministerio de Economía y Finanzas y con el de Energía y Minas— que seguramente preguntarían: ¿otra ANP?, ¿para qué otra?, ¿cuánto nos va a costar?, ¿para qué un parque o reserva nacional si “eso” ya está protegido? y específicamente para este caso, ¿qué pasará con los Isconahuas, los lotes petroleros aledaños y con el proyecto de carretera Pucallpa – Cruzeiro do Sul en Brasil? Por eso, sin un buen sustento técnico y sin voluntad política, otra vez, no pasa nada.

Categorizar de una buena vez para dejar la incertidumbre

Ya en el 2006, año en que fue establecida la ZRSD, el Estado había designado a un equipo técnico para darle una categoría definitiva. Aquella vez se propuso crear un parque nacional y dejar como zona reservada al territorio comprendido dentro de la Reserva Territorial Isconahua. Sin embargo, todo quedó en el papel y no pasó nada. Es recién en julio del 2012 que el Ministerio del Ambiente decide reactivar el equipo técnico para la categorización, el cual incluía a 14 representantes, entre funcionarios del Estado, de los gobiernos regionales y locales, de las organizaciones indígenas y de las ONG que apoyan este proceso.

En esta segunda oportunidad, el Estado debería ya darle una categoría definitiva a la ZRSD, pues ya se ha conversado con todos los actores involucrados. Además, cabe señalar que el segundo equipo técnico trabajó en el expediente técnico hasta febrero de este año y ya tiene una propuesta definida. Ahora, ¿cuáles serían las opciones? Esta son, tener un ANP de uso directo, como es el caso de una reserva nacional; o un ANP de uso indirecto, como es el caso de un parque nacional.

¿Cuál es la diferencia? En una reserva nacional, como Pacaya Samiria o Paracas, se puede hacer un uso regulado de los recursos naturales allí conservados respetando además los usos y derechos otorgados previamente al establecimiento de la zona reservada. En un parque nacional, como Huascarán o Alto Purús, se tiene el status de protección más estricto, el cual no permite el uso y aprovechamiento directo de los recursos naturales.

¿Qué categoría de protección sería la más recomendable para la ZRSD? Existirían dos “corrientes” que pugnan por imponer una categoría de protección. La primera de ellas, la “conservacionista”, propone que se cree un parque nacional para garantizar la protección intangible a perpetuidad de esta zona altamente biodiversa e importante para las poblaciones locales y para el país. La segunda posición busca que se cree una reserva nacional para poder hacer un uso directo de los recursos naturales y para explotar, por ejemplo, algún lote petrolero que haya sido otorgado antes del establecimiento de la ZRSD. El tema es bastante complejo, esto es solo una pincelada para entender parte de este laberinto.

¿Por qué debería ser la ZRSD un parque nacional?

En el mapa se puede apreciar la ubicación
del cerro El Cono, del Ojo de Contaya, de la Sierra
de Contamana y de la Sierra del Divisor. 
Esgrimiré algunos de los tantos argumentos que sustentarían la decisión de crear un parque nacional. La ZRSD se encuentra aún en un buen estado de conservación, es decir, alberga todavía casi la integridad de su formación original, pues ha habido poca intervención humana. Sin embargo, no está exenta de amenazas latentes y muy cercanas a sus límites temporales, tales como la minería ilegal en la parte sur (en la cuenca del Abujao y no muy lejos del emblemático cerro El Cono), el avance de la agricultura migratoria y de la colonización de sus territorios, la tala ilegal y selectiva de especies maderables y la cacería furtiva, entre otras. Por eso, urge protegerla.  

En su interior se conserva conos volcánicos y formaciones montañosas (Ojo de Contaya, la Sierra de Contamana, el cerro El Cono y la Sierra del Divisor) de hasta 900 metros. Estas montañas son —geológicamente hablando— relativamente recientes y únicas en todo Sudamérica. Igualmente, es de resaltar el hecho de que estos “cerros en la selva baja” no son estribaciones o remanentes de la Cordillera de los Andes, sino son mucho más “jóvenes” y están lejos de ella. Asimismo, la Sierra del Divisor alberga a varias cabeceras de cuenca que generan ríos, como el Tapiche, Blanco y Yaquerana al norte y Calleria y Abujao al sur, los cuales alimentan al gran río Ucayali. Por ende, la ZRSD es una de las fuentes de agua dulce mas importante en la Amazonia baja.

Además, alberga especies de animales y plantas que están en peligro de desaparecer de la selva amazónica. Por otro lado, los hábitats únicos de la región albergan una gran diversidad biológica: 109 de peces; 200 de anfibios y reptiles; 366 de aves, muchas de las cuales son raras y restringidas; 38 de mamíferos grandes; y 38 de murciélagos. Adicionalmente, de las 33 especies de monos que viven en la Amazonía, 16 se encuentran en la ZRSD (superando el record de Manú y Tampobata). Así también, sin duda alguna, existirían en su interior muchas otras especies biológicas por descubrir.

Por otro lado, miles de hectáreas de la ZRSD son aún territorios vírgenes y serían también el hogar —desde tiempos ancestrales— de grupos indígenas en aislamiento voluntario (los Isconahuas, por ejemplo) que dependen exclusivamente de estos bosques.

Entonces, por todo lo anterior, la ZRSD es una fuente de servicios ambientales para los habitantes de ciudades amazónicas como Orellana, Requena, Contamana y Pucallpa. Además, abastece a las poblaciones circundantes de agua, de animales de caza, de peces, de plantas medicinales y de otros recursos del bosque indispensables para su bienestar. Asimismo, toda esta riqueza puede servir para recuperar el potencial biológico de otros lugares más golpeados en la Amazonía.

Corredor biológico internacional y de vital importancia

A todo esto se suma que la ubicación de la ZRSD es clave, pues está en medio de un corredor biológico de gran importancia en la Amazonía. Este se inicia en el Parque Nacional Madidi en Bolivia, continúa por el Parque Nacional Bahuaja Sonene, la Reserva Nacional Tambopata, la Reserva Comunal Amarakaeri, el Parque Nacional del Manu, el Parque Nacional Alto Purús, la Reserva Comunal Purús; por la Estación Ecológica Río Acre, el Paque Nacional Serra do Divisor, la Reserva Indígena Vale do Javari en Brasil; para continuar por las Reservas Nacionales Mátses, Pacaya Samiria, Allpahuayo Mishana y Pucacuro; para culminar en los recientemente creados Parque Nacional Güeppi – Sekime, Reserva Comunal Airo Pai y Huimeki. Estas tres últimas ANP resultaron del proceso de categorización de lo que era la Zona Reservada Güeppi.

Por todo esto, ofrecerle una categoría de protección de uso indirecto a la ZRSD es vital para garantizar la conservación de su diversidad biológica y para asegurar la sobrevivencia de los pueblos indígenas en aislamiento voluntario que están en la Reserva Territorial Isconahua. Así también, se podría consolidar un ejemplo único de convivencia pacífica entre las ANP y diversas actividades productivas y extractivas e impulsar una estrategia binacional con Brasil para el desarrollo regional.

Finalmente, con una categoría ya definida, sería más fácil implementar procesos de ordenamiento territorial en la zona y consolidar la conservación de un área priorizada por el Estado peruano desde hace más de 15 años. Ojalá que los organismos estatales continúen con el tema para darnos una sorpresa este año y poder sumar una nueva ANP al SINANPE. Sé que no es fácil y es bueno que eso se sepa. No obstante, la Amazonía necesita buenas noticias. Esperemos que no se deba designar a un tercer equipo técnico para decidir qué se hará con el último paraíso en peligro de nuestra selva amazónica.

Setiembre 2013

P.D. Este tema ya rondaba por mi cabeza desde hace años. Antes de empezar a trabajar en una ONG local, ya había escrito al respecto:
Por otro lado, para conocer más sobre la ZRSD, revisen el reportaje que hizo Luis Miranda de Cuarto Poder en noviembre de 2012 al respecto:
el capítulo que le dedicó el programa Reportaje al Perú de Canal 7 a la Sierra del Divisor:
así como una serie de los pedidos hechos por renombradas figuras mediáticas y líderes de opinión a favor de la pronta categorización y protección de la ZRSD. Buscar en Youtube, bajo el título: Sierra del Divisor: El último paraíso en peligro. En uno de ellos, la reconocida periodista Juliana Oxenford participa y lanza un mensaje directo:

Artículo aparecido en la versión online de la Revista Rumbos:
http://www.rumbosdelperu.com/-y-que-fue-de-la-categorizacion-de-la-zona-reservada-sierra-del-divisor--V958.html


miércoles, 4 de septiembre de 2013

¿PROTEGEMOS NUESTRO MAR O DEJAMOS TODOS AL GARETE?

El Ñuro en Piura. Foto: Enrique Angulo Pratolongo
Todos o casi todos los que andamos metidos en las arenas movedizas de la conservación hemos escuchado alguna vez la palabra CITES. Para muchos es obvio qué es y qué significa; para otros no tanto. Debemos saber de antemano que CITES se refiere a la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres —aprobada en 1973— y que entró en vigencia el 01 de julio de 1975 tras una reunión de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN). Al 31 de diciembre de 1990 ya eran parte de la convención 109 países, entre ellos el Perú, país que estuvo desde los inicios. Hoy son miembros de ella 177 países.

Este tratado tiene por objeto conservar especies de valor comercial que están amenazadas, permitiendo a su vez el comercio de especies silvestres cuyas poblaciones puedan soportarlo. CITES prohíbe todo tipo de comercio relacionado con especies amenazadas, las cuales están (o deberían estar) enumeradas en su Apéndice I. En el Apéndice II se incluye a las especies, cuyo comercio descontrolado podría poner en peligro su existencia. Y en el Apéndice III están incluidas las especies que están protegidas a nivel de un país miembro, con el fin de que los otros países puedan o ayuden a contribuir a la prohibición de la compra o venta de tales especies.

Ahora, ¿ayuda o sirve para algo CITES? Por supuesto que lo primero que se me vino a la mente es que no sirve para nada después de ver y enterarme —a través de muchos conocidos— de la inoperancia y la poca disponibilidad de recursos del Estado para controlar la captura y comercio de especies silvestres de flora y fauna. Y justamente, después de haber escuchado innumerables veces que existen grupos de interés que discuten eternamente sobre CITES, de conocer algunas experiencias donde en vez de facilitar las cosas, esta convención las entorpece con engorrosos trámites; y por último, después de haber visto en Canoas de Punta Sal un par de mantarayas muertas (posteriormente, me hicieron notar amigos biólogos marinos que no eran mantarayas sino mobulas, las cuales son bien parecidas a las primeras) y de haber conversado con unos pescadores sobre el destino incierto de las especies marinas, me veo obligado a escribir estas líneas.

Mobula en Canoas de Punta Sal.
Foto: Enrique Angulo Pratolongo
Y así, conversando con Ximena Velez-Zuazo y Shaleyla Kelez de ecOcéanica, me enteré de las mobulas y pude convencerme de que sí es importante CITES, pese a que me cuesta no desconfiar de estos tratados y convenios algo difusos en la vida real. ¿Por qué ayuda argumentar y luchar para que una especie X esté incluida en CITES en el Apéndice que realmente le conviene dado su estado de conservación? Muy simple, porque abogar para que la especie X o Y esté, por ejemplo, en el Apéndice II, implica que los productos provenientes de ellas para la exportación deben ser meticulosamente verificados.

Es decir, en el caso de  las mobulas o de los tiburones, se debe analizar detalladamente de qué especie proceden las aletas, la carne u otro producto que se comercializa para satisfacer un mercado asiático hambriento de productos exóticos con supuestamente poderes afrodisíacos y “misteriosos”. Además, al estar tal o cual especie en CITES, estas ya no pueden ser exportadas (por lo menos de manera legal, dado que aún queda el maldito contrabando de especies).

Ahora, ¿quién determina qué especie debe o no debe ser incluida en CITES? El Estado es el responsable, dado que los recursos naturales son parte del patrimonio de todos los peruanos. 

Regresando a las rayas y tiburones (1), existe actualmente una “discusión” entre el Ministerio de la Producción (Produce) —encargado de los temas pesqueros— y el Ministerio del Ambiente (Minam), cartera que es la autoridad científica CITES en el país, es decir, la encargada de proponer y validar la inclusión o no de especies de flora y fauna en el país; y de verificar su cumplimiento. La autoridad administrativa de CITES para especies de flora y fauna que se reproducen en tierra es el Ministerio de Agricultura.

Entonces, para incluir a una u otra especie de tiburón amenazado que debe ser protegida debido a la inminente reducción de individuos, producto de la caza excesiva, se supone que Produce establece la normativa a partir de información técnica que, generalmente, proviene del Instituto del Mar Peruano (IMARPE) para poder proponerle al Minam la clasificación de especies en CITES en los apéndices indicados. Si esto se da —no sin antes haber un tira y jala— ambos ministerios deben trabajar de la mano para otorgar permisos de exportación, identificar claramente los productos, vigilar los desembarques en los puertos, establecer las cuotas de pesca, definir (¡y comunicar oportunamente!) las vedas y regular otras disposiciones para controlar el uso de nuestros recursos naturales.

En el caso de los tiburones, muchos de ellos son pescados impunemente; no existe una regulación de sus tallas; no se sabe, por ejemplo, en el caso de las aletas a qué especie pertenecen (2); no existe personal suficiente para revisar todas las descargas de peces que vienen del mar, entre otras limitantes. En otras palabras, no existe regulación alguna para muchos escualos y rayas. Para ello, un paso importante es conocer a las especies y contar con información técnica y científica para definir políticas urgentes de conservación y buen manejo. Un paso es importante es analizar la inclusión de especies claves en CITES, en este caso, abogo por los tiburones.  

En estos “tira y jala” entre ministerios, donde además existen, en el caso de muchas especies, intereses comerciales, es necesario tomar siempre en cuenta la opinión técnica de la gente que sabe y estudia determinadas especies. Su opinión sí importa; y mucho.  

Febrero 2013

Artículo aparecido en la revista impresa Viajeros (Año 11, N° 32, agosto 2013).

(1) Este grupo de especies debe ser uno de los más ignorados en temas de conservación, ya que hasta ahora más han sido vistos como recursos de aprovechamiento que como especies claves.
(2) Acá juega un rol importante el conocimiento científico y sobre todo genético.

martes, 27 de agosto de 2013

EL PERÚ Y SUS NUEVAS ESPECIES BIOLÓGICAS

Serpiente de Ojos Rojos (Trimeresurus rubeus)
recientemente descubierta en Vietnam.
Con mucha envidia me enteré que recientemente ha sido descubierta una nueva especie biológica en los bosques nublados de Ecuador. Se trata del Olinguito (Bassaricyon neblina), un mamífero de la familia de los mapaches que parecería ser una mezcla de gato y oso. Sin duda es una buena noticia para la comunidad científica internacional y para los ecuatorianos. Y en ese aspecto, ¿cómo vamos por casa? Seguramente nos podría ir mucho mejor.

Sin lugar a dudas, el Perú es —todavía— una caja de sorpresas, ya que en los últimos años, aunque no se sepa, se ha descubierto varias especies nuevas para la ciencia. El problema es que casi nadie “le da bola” a estos temas, los mismos que tampoco son muy difundidos porque no “venden”. Además, en el país, el mundo científico divulga poco sus resultados y no se cuenta con mecanismos institucionalizados para informar oportunamente lo que se viene haciendo en aras de conocer mejor nuestra diversidad biológica.
                 
En toda la euforia, debemos diferenciar entre lo que significa y representa en general descubrir una nueva especie para la ciencia y lo que implica tener un nuevo registro para un lugar, una región o un país, en este caso, el Perú. Hallar una nueva especie es mucho más complicado, insólito y excepcional, dado que no todos los días sucede y menos en este planeta tan intervenido y venido a menos, aunque hay sorpresas interesantes.

El segundo caso, es decir, obtener nuevos registros de especies biológicas para el Perú, se da mucho más seguido, ya que contamos con un mayor (pero aún insuficiente) número de investigadores que utilizan técnicas modernas para la investigación. Además, variables como el tan mentado cambio climático y la degradación de algunos ecosistemas en países vecinos estarían ocasionando que algunas especies biológicas amplíen sus rangos de distribución y que otras se vean obligadas a buscar nuevos territorios para sobrevivir, en este caso, algunos ubicados en nuestro país.

Por eso, lo sucedido en Ecuador es relevante (además, lo han “vendido” muy bien, pues la noticia ha dado la vuelta al mundo). Adicionalmente, —y hay que decirlo— el descubrimiento de un mamífero, es algo mucho más pomposo y resaltante que el reporte de una nueva especie de ave, reptil o insecto para la ciencia. Claro, a menos que se descubra un ave sumamente vistosa o no voladora; un sapo o lagartija, gigante, fosforescente y con tres ojos; o un insecto que camine en dos patas. Lo que sí es cierto es que el planeta todavía nos podría sorprender. Basta ver lo que sucede en la cuenca del río Mekong, en Asia, donde se sigue descubriendo nuevas especies para la ciencia.

Un poco de números

Según algunos expertos, existen, cerca de 5600 especies de mamíferos en el planeta, de las cuales se conoce solo 5501 (es decir, el 98% y sin contar al Olinguito); 10 500 de aves de las que se conoce 10 064, es decir el 96%; 12 000 de reptiles y 9547 de ellas conocidas (80%) y 15 000 especies de anfibios y 6771 conocidas (45%).

Por cierto ¿Cómo es que se sabe que existe un número determinado de especies biológicas, pero solo conocemos un porcentaje de dicha cifra? Esto sucede por lo siguiente: existen especies que ya fueron descubiertas, pero que aún no han sido descritas y no han sido dadas a conocer oficialmente; además existen muchas subespecies de alguna u otra especie que en realidad son especies nuevas pero que aún no han sido declaradas como tal.

En todo caso, cualquiera de estas podría aumentar la lista de especies ya conocidas. Pero, tengamos en cuenta que es distinto clasificar y renombrar a una especie ya conocida que descubrir una totalmente nueva para la ciencia.

Así también, con los grandes avances en la genética molecular (análisis secuencial del ADN) sucede también que algunas especies han sido declaradas como subespecies (con lo cual el número total de especies disminuye) o que determinadas subespecies son clasificadas como especies nuevas, lo cual aumenta el número total de especies. Lo importante es saber que todas estas cifras cambian permanentemente y que si bien es relevante conocer realmente qué tenemos y dónde está, lo primordial es asegurar de que las nuevas especies que vayamos sumando a cualquiera que sea la lista puedan permanecer en el planeta.

Para los sapos…

Rana Ying-Yang (Leptobrachium leucops) descubierta hace
unos años también en la selva de Vietnam. 
Para complementar parte de lo acá expuesto, recomiendo leer el artículo titulado: “Investigación y conservación de la biodiversidad en Perú: importancia del uso de técnicas modernas y procedimientos administrativos eficientes” de Rudolf von May, Alessandro Catenazzi y otros autores, publicado en la Revista Peruana de Biología 19 (3): 347 – 354 de diciembre de 2012 y editada por la Facultad de Ciencias Biológicas de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. En el mencionado artículo se indica, entre otros, que “…tan sólo en los últimos siete años –entre el 2005 y el 2011– se ha descrito 115 especies nuevas de anfibios en el Perú (Rivera-Correa 2012). En un período de tiempo similar se ha descrito muchas especies nuevas de otros grupos de vertebrados, decenas de especies nuevas de plantas y muchas especies nuevas de invertebrados”.

En el Perú tenemos todavía bastante por hacer para conocer nuestra diversidad biológica. En esa dirección, concuerdo también con lo expresado en el artículo en mención: “Asimismo, esta tarea no sólo debe servir para catalogar la riqueza natural del país sino también para entender los procesos involucrados en la generación y mantenimiento de la biodiversidad y su posible respuesta a los efectos del cambio climático. Esto es de particular impor­tancia en la elaboración de planes de adaptación y mitigación al cambio climático”.

Rocas en el camino

Dicho lo anterior, existen algunas trabas e impedimentos que limitan el accionar científico en el país. Tenemos las pataletas de algunos satanizando la colección de ejemplares biológicos en el campo para los estudios taxonómicos, lo cual solo saca a relucir una falsa concepción del “conservacionismo”, tildando además a muchos investigadores como los “malos de la película”; las actitudes gangsteriles de algunos también mal llamados “conservacionistas” impidiendo el trabajo de investigadores en el país; así como las dificultades ya conocidas, como la falta de presupuesto estatal para la investigación científica, lo mismo que se traduce en tecnología obsoleta y en limitados incentivos para invertir en el estudio de nuestra diversidad biológica y cultural.

Por eso, pese a que sí existen avances interesantes y resaltantes de la investigación científica en el país, nos estamos quedando un poco. Debemos meter más carbón a la locomotora de la gestión del conocimiento. Un ejemplo claro y conciso que grafica que se nos puede pasar el tren, es lo que podría suceder en Bolivia. Y es que el país vecino ya está por atrasarnos, pues ha anunciado la pronta fundación de su Centro Internacional de la Quinua. No se trata de una competencia a nivel internacional, por supuesto que no, pero sí se trata de aprovechar las oportunidades que se nos presentan y de darle un valor agregado a nuestros recursos naturales.

Claro, tampoco es que los bolivianos estén prohibidos de realizar esa y otras iniciativas de ese tipo, pero creo que no deberíamos dormirnos en ese aspecto e invertir más en la investigación y fortalecer el trabajo de instituciones como, en este caso, el Instituto Nacional de Innovación Agraria (INIA), ya que es harto conocido el potencial de este y de otros granos andinos. A su vez, es necesario aclarar, en especial a aquellos que creen que todo lo bueno y rico es peruano o de origen peruano, que la quinua, la kiwicha y otros productos provenientes de los Andes también existen en otras latitudes.

Un distinguido investigador (no diré su nombre para que no le suelten —innecesariamente— los perros) me comenta que en el país estamos perdiendo oportunidades para potenciar el estudio científico, debido a que los trámites arcaicos, obsoletos y absurdos que demanda el Estado para llevar tejidos, muestras y el material necesario para estudios genéticos a otros países (ante la falta o poca presencia de laboratorios calificados en el país) son francamente de terror y espantan a investigadores nacionales y foráneos por lo que, o se frustran y abandonan la empresa o se van a otros países a trabajar.

Así, aunque sé que existen muchos detractores de lo que voy a expresar, tampoco es que nos la debemos pasar investigando y compitiendo a ver quién publica más y quien lo hace en las mejores revistas. Sin duda alguna, es vital promover y apoyar la investigación científica, dar a conocer los resultados y sobre todo buscarles una aplicación. Por lo tanto, es de trascendental importancia identificar la manera de incorporar la información científica y técnica a las políticas nacionales, regionales y locales para que lo que se haga tenga un sustento válido, evitando las improvisaciones y el mal uso del dinero.

Además, es evidente que en algunos gobiernos regionales, los funcionarios no están muy bien capacitados y que requieren apoyo técnico. Lamentablemente, eventualmente salen a relucir los regionalismos y algunos resentimientos cuando se pretende apoyar a funcionarios fuera de la capital. No podemos perder de vista que el fin supremo de la investigación científica es ofrecer insumos e información de calidad para una buena toma de decisiones que nos permita desarrollarnos como sociedad para mejorar nuestra calidad de vida, conservar y utilizar responsablemente el medio ambiente y si es posible, en el camino, descubrir nuevas especies biológicas.

Agosto 2013

Artículo publicado en la versión online de la Revista Rumbos: 

lunes, 19 de agosto de 2013

ESPECIES INVASORAS: LOS INQUILINOS NO DESEADOS

Conociendo algunos casos de especies invasoras en otras latitudes se puede entender el peligro que significa su presencia indeseada en nuestro terruño. Una vez asentadas en su nuevo hogar, se les debería enfrentar dado que desplazan a las especies dueñas de casa. Sin embargo, a la fecha, no existe ningún registro de alguna batalla contra ellas que haya sido ganada. Por eso, tomemos nuestras precauciones antes de que sea demasiado tarde.

Sapo Gigante (Bufo marinus) en Australia.
Como se mencionó en el artículo anterior, las especies exóticas o invasoras son especies animales o vegetales no nativas de un lugar o región que, debido a la intervención humana o a otros factores, han sido introducidas en un territorio ajeno al suyo. Variables como el cambio climático, el comercio internacional, el tráfico ilegal de especies, el control biológico, el turismo y la tenencia irresponsable de mascotas, permiten la propagación indeseada de estas especies. En el caso del cambio climático, las barreras climáticas que “mantienen a raya” a una u otra especie en un ecosistema determinado se “relajan” ocasionando que sus rangos de distribución se amplíen.

Así por ejemplo, en el Mar Mediterráneo y en otros mares prosperan en los últimos años, más de lo anteriormente registrado, la Medusa Luminiscente (Pelagia noctiluca), la temida Carabela Portuguesa (Phisalia physalis) y otras especies de estos invertebrados, las cuales expanden sus territorios cuando las aguas se calientan más de lo normal (aunque existen versiones que afirman que este fenómeno es cíclico). El problema no es solamente lo incómodo que resulta ser “picado” por estos seres vivos en los lugares de veraneo, sino que las medusas y sus congéneres se alimentan de los huevos de los peces.  

Por ende, el aumento de la población de las medusas es un factor desestabilizador de algunos ecosistemas marinos. Y ¿a qué otro factor se debe este aumento? Como no podía ser de otra manera: al hombre. Mediante la sobrepesca, las especies que son enemigos naturales de las medusas, como los atunes y las tortugas marinas, han desaparecido casi totalmente en los rincones donde justamente ellas prosperan. El cambio climático juega un rol fundamental pues en un mar caliente, las medusas tienen más chance de reproducirse y de supervivencia que en un mar frío. Adicionalmente, la gran cantidad de residuos orgánicos provenientes de los fertilizantes y abonos que transportan las aguas de los ríos y que van a parar al mar, facilita el crecimiento del fitoplancton en aguas marinas y con esto, se potencializa el incremento de las medusas dado que tienen más alimento. 

Muchas especies que estaban consignadas a ciertos espacios geográficos restringidos no podían avanzar porque tenían una barrera climática que se los impedía. Sin embargo, en el escenario actual han podido llegar a otros territorios, favorecidas por algunos de los cambios climáticos que se vienen presentando. Asimismo, puede pasar lo contrario, muchas especies pueden verse “recluidas” en espacios cada vez más restringidos, lo que las puede hacer más vulnerables.    

Adicionalmente, el creciente comercio internacional es un factor que potencializa la introducción de especies exóticas mediante el tráfico incesante de barcos, aviones, camiones y hasta de trenes. Un ejemplo concreto es el agua que expulsan los barcos (lastre). En ellas viajan muchas especies de peces, algas, crustáceos y otras especies marinas que llegan a lugares ajenos a los suyos. Así, para evitar que estas aguas sean vertidas en nuestra costa, existen protocolos que deberían ser cumplidos, como por ejemplo, expulsar el agua a muchos kilómetros antes de llegar al destino final, pero solo Dios sabe si en el Perú se cumplen o si son exigidos para barcos extranjeros.

Ejemplos de especies biológicas invasoras

El Sapo Gigante (Bufo marinus) es una especie que fue introducida en Australia en 1930 para combatir una plaga de escarabajos en las plantaciones de caña de azúcar. Nadie se percató de que los insectos podían volar, así que la solución terminó siendo un problema mucho mayor que el original. Hoy en día es imposible erradicar al sapo del continente australiano. Se introdujo cien individuos, hoy son varios millones de sapos que han puesto en problemas a las especies nativas. Esta especie proviene del bosque tropical que va desde México hasta el norte de Perú.

Además, este anfibio posee unas glándulas que segregan un liquido tóxico cuando se siente amenazado, el cual es mortal para muchas aves y mamíferos que intentan alimentarse de ellos (incluso sus huevos y renacuajos son tóxicos). Adicionalmente, casi no tiene enemigos naturales, por lo que su población crece día a día. Se ha hecho varios esfuerzos para aniquilar a esta especie en Australia, pero todos han fracasado.

Otro ejemplo interesante es el de la Pitón de la India (Python molurus), especie que ha invadido el sur de Florida en los Estados Unidos. Estos reptiles constrictores pueden llegar a medir siete metros y a pesar hasta 90 kilos. Son originarios de los bosques del sudeste asiático. No obstante, entre 1970 y 1980 algunos irresponsables soltaron un par de ejemplares en los Everglades seguramente porque se dieron cuenta de que sus mascotas empezaban a crecer sin parar. Adicionalmente, en agosto de 1992, el huracán Andrew azotó la Florida y destruyó cientos de casas, entre ellas, diversas tiendas de mascotas y un criadero de estas boas. Se estima que aquella vez se habrían escapado cerca de mil ejemplares, aunque esto último no deja de ser una especulación.  

Las pitones encontraron en los pantanos de Florida el lugar perfecto para vivir. Recién en el año 1989 fue observado el primer ejemplar silvestre en los Everglades y en el 2004 se pudo constatar que estos animales de sangre fría ya habían construido varios nidos y que se reproducían velozmente. Una hembra puede poner hasta 40 huevos y además casi no tienen enemigos naturales. Pese a que existirían casi 120 especies exóticas en la zona, las pitones son las más dañinas. Y a pesar de que no son venenosas, casi ningún animal está a salvo ante su voracidad. Se sabe incluso que se alimentan hasta de pequeños cocodrilos.

Caracol gigante en Flórida. Otra especie invasora casi
imposible de erradicar
Ante esto, el Estado de Florida ha dado la alarma y fomenta jornadas de caza para intentar aniquilar a este reptil (incluso entrega premios al que cace el ejemplar más grande). Para desdicha de los estadounidenses sureños, las pitones son muy difíciles de encontrar, debido a que se mimetizan muy bien. Adicionalmente, el medio donde viven (los pantanos) es de difícil acceso para los cazadores. Por eso también es complicado saber exactamente cuántas hay, pero se estima que la cifra estaría entre 20 000 y 150 000 ejemplares.

El Pez León del Caribe

Un ejemplo más cercano es el del Pez León (Pterois volitans), un pez originario del Océano Índico y de la zona occidental del Océano Pacífico que llegó al Mar Caribe para quedarse. Este pez es muy preciado por los acuarios, debido a sus llamativos colores y a sus singulares características físicas. Es así como llegó a Florida (un gran centro de acopio y comercialización de mascotas) para luego ser liberado (intencional o casualmente, no se sabe) en la costas estadounidenses. En 1985 se observó los primeros ejemplares silvestres en su nuevo hogar.

Se asume también que algunos ejemplares de este pez llegaron a la Bahía de Biscayne, tras el paso del ya mencionado huracán Andrew en 1992. Posteriormente, esta especie pobló casi toda la costa este estadounidense llegando hasta el Mar Caribe, el Golfo de México y las costas de Colombia y de Venezuela. En este último país se ha desatado una agresiva campaña para exterminar a esta especie invasora que se alimenta vorazmente de los huevos de muchos peces de consumo humano (ver postdata).

El Pez León se reproduce continuamente durante todo el año. Una hembra pone cerca de 30 000 huevos en cada evento reproductivo, el cual se da al menos siete veces al mes, durante los 12 meses del año. Inicialmente, los huevos están dentro de una masa gelatinosa que flota, la cual se descompone poco tiempo después de que los huevos han sido fecundados por el macho. Estos quedan a merced de las corrientes marinas, lo que facilita su dispersión a grandes distancias. ¡Así cualquiera! 

Problemón

Existe un caso interesante para tomar en cuenta. En Nueva Zelanda, ante el declive de muchas especies nativas que son polinizadoras y que cumplen un rol esencial en el mantenimiento de los ecosistemas, se registra un alivio en este tema. Y es que algunas especies exóticas, como la ya conocida Rata Negra (Rattus rattus) y el Pájaro de Anteojos (Zosterops lateralis), han asumido el rol de las especies polinizadoras locales. Con esto, se habría encontrado, aparentemente, el equilibro biológico. No obstante, no deja de ser polémica esta situación, dado que para que esto haya sucedido, muchas especies nativas estarían cerca de la extinción y la presencia de las invasoras pudo haber tenido algo que ver con eso. Estemos atentos para que no nos suceda algo similar. Ojalá no debamos agradecerles a algunas especies exóticas por ser ellas quienes garanticen la polinización de nuestras flores. 

De los cientos de ejemplos que existen, es interesante saber que, en España, la introducción deliberada del Visón Americano (Neovison vison) para ser criado en granjas y como mascota enfrentó a los “ecologistas” y a las autoridades. Cientos de estos mamíferos fueron liberados por los primeros y ahora, el Visón Americano es considerado una plaga invasora que está poniendo en aprietos a su primo europeo, el Visón Europeo (Mustela lutreola) y a otras especies nativas de España y de Europa, en especial a las aves que anidan en los suelos. En algunos casos, por actuar de “buen corazón” se puede cometer errores irreversibles. Este caso lo demuestra. Posiblemente, el Visón Americano se iba a convertir de todas maneras en una especie invasora, pero tal vez se hubiese podido tomar medidas para minimizar sus impactos negativos o, mejor aún, evitar tal situación.    

Se ha quedado mucha tinta en el tintero. Este tema y sus distintas aristas tienen para mucho más. Espero, no obstante, que a través de estas líneas se haya podido captar la atención del lector para redoblar los esfuerzos que estén ya encaminados a incluir esta problemática en las diversas estrategias de conservación y de manejo de nuestra diversidad biológica. Con lo anteriormente expuesto, creo que es indispensable tomar conciencia de la relevancia de este problema. No estamos a salvo de sufrir los embistes de especies exóticas.

Es justamente nuestra gran diversidad biológica (asociada a la extensa variedad de climas y ecosistemas) la que podría frenar la invasión de especies exóticas, dado que no todas las especies invasoras pueden adaptarse a tantos hábitats y condiciones climáticas como los que poseemos. Sin embargo, no dejemos que lo intenten. Ser un país megadiverso nos hace también más vulnerables a estos problemas.    
  
Agosto 2013
  
P.D. Recomiendo revisar la página web del Centro de Biodiversidad Marina de Venezuela: http://pezleon.cbm.usb.ve/
para conocer una experiencia interesante de recojo de datos sobre esta especie invasora.
Otro ejemplo de “invasión” es el de los camellos en Australia: http://mitambordehojalata.blogspot.com/2011/06/1253-camellos.html

Publicado en la versión online de la Revista Rumbos:

viernes, 2 de agosto de 2013

VIVIENDO CON EL ENEMIGO: ESPECIES INVASORAS QUE VINIERON PARA QUEDARSE

Sobre el hecho de liberar animales (e incluso plantas) al medio ambiente sin ningún tipo de estudio, hay mucho por discutir. Lo cierto es que si esto se hace sin un respaldo científico, se actúa con negligencia. Por ende, es necesario poner mano dura para regular este tema. Adicionalmente, existe un peligro muy grave que debemos tomar en cuenta: la amenaza que implica la presencia de especies exóticas o invasoras en nuestro territorio. Rondan por doquier ejemplos de introducción ─deliberada o no─ de especies en territorios que no eran los suyos y que a la larga se han convertido en problemas de difícil solución. Veamos por qué.

Las especies exóticas o invasoras son especies animales o vegetales no nativas de un lugar o región que, debido a la intervención humana o a otros factores, han sido introducidas en un territorio ajeno al suyo. En algunos casos, esto sucede de manera deliberada y en otros, debido a motivos involuntarios pero potencializados por el crecimiento del comercio global y por otras razones. Muchas especies viajan como polizontes en barcos o en otros medios de transporte y llegan generalmente para quedarse. Y ojo, las especies exóticas no son aquellas que destacan por sus llamativos y coloridos rasgos externos.

Para muchos expertos, la presencia de las especies invasoras es la segunda causa de la desaparición de la diversidad biológica en el planeta, después de la pérdida del hábitat de las especies, debido a la expansión de la frontera agrícola, deforestación, minería ilegal, ganadería extensiva y a la degradación ambiental por contaminación. Por eso, para evitar los efectos negativos de su presencia (extinción de especies nativas, transmisión de enfermedades y otros) se debe tomar medidas drásticas, dado que una vez que estas se adueñan de su nuevo territorio, es casi imposible (y muy costoso) erradicarlas.

Lo ideal sería afinar la detección de especies invasoras y evitar su indeseada y dañina entrada. Pero, eso es casi una utopía, en especial en países como el nuestro donde no se destina dinero a temas como este, ya que no son prioritarios y además, solo son de interés de los que “defienden la ecología” (por cierto, esa es una expresión idiomática errónea). Así, cuando nos damos cuenta, ya es muy tarde y ya “estamos invadidos”. No obstante, en el país no tenemos, a la fecha, ningún evento contundente y bien documentado que realmente demuestre los efectos negativos de las especies invasoras.

Vinieron para quedarse

Casi siempre, cuando se ha detectado una invasión biológica, ya el daño está hecho y el medio ambiente ya fue alterado. En la mayoría de los casos, ya es demasiado tarde para actuar. Dicho esto, existen especies que llegaron al Perú (y a otros territorios) para ser introducidas deliberadamente. Estas ya forman parte de nuestra fauna local, sin dejar de haber sido y de ser un problema para nuestra diversidad biológica. Su inclusión o no como parte de nuestra riqueza animal o vegetal es un tema permanente de debate científico.

¿Ejemplos en el Perú? Tenemos varios, desde peces e insectos hasta plantas. Veamos. La Trucha Arcoiris (Oncorhynchus mykiss), procedente de Estados Unidos, fue introducida en un criadero en Junín en la década del cuarenta del siglo pasado. Posteriormente, se trasladó ejemplares a Ingenio en Huancayo y luego a otros ríos y lagunas serranas. Hoy en día, esta especie está en todos los cuerpos de agua por arriba de los 1500 msnm. Su presencia ha desplazado a diversas especies nativas de su hábitat original e incluso habría ocasionado la extinción de algunas de ellas, como el Suche (Trychomycterus rivulatus).

Otro caso notorio es el del Pejerrey de Río (Odontesthes bonariensis), pez originario de Argentina que fue introducido en Bolivia y de ahí, a través del río Desaguadero, llegó al Perú, específicamente al Lago Titicaca y a los cuerpos de agua del sur del país hasta Cajamarca. Junto a la Trucha Arcoiris han ocasionado estragos en los peces oriundos del Perú. Así también, la Tilapia del Nilo (Oreochromis niloticus), introducida primeramente en Brasil desde África, fue liberada a finales de la década del setenta en Ucayali y San Martín y en la costa del Perú y hoy se encuentra en casi en todo el país. Su agresivo comportamiento y su voracidad han puesto en jaque a muchas especies locales.    

Otro caso es el de la Cochinilla del Algodón (Icerya purchasi). Este insecto proveniente de Australia se ha convertido en una de las plagas más dañinas de los cítricos. Se le ha intentado exterminar mediante el control biológico utilizando, entre otros, a las conocidas mariquitas, pero esto solo ha sido un remedio pasajero y focalizado sin éxito. Entre las especies vegetales, la lista es larga. Destaca el tan mentado Eucalipto (Eucalyptus camaldulensis), especie originaria de Australia e introducida en el país en la época de la Conquista por los españoles. Este árbol ha sido el centro de muchas discusiones y se encuentra por doquier (para bien o para mal), salvo tal vez en la llanura amazónica.

Un caso interesante es el de la Retama (Spartium junceum), especie original del Mediterráneo que fue introducida también por los españoles. Esta planta es considerada, para muchos, casi como un símbolo patrio. Sin embargo, debemos saber que es foránea y que se adaptó muy bien a nuestro medio desplazando a otras especies, tanto así que ya estaría considerada como autóctona.  
    
Especies exóticas imposibles de erradicar

Entre nosotros rondan especies invasoras que ya se quedarán acá para siempre. Un caso, que también es universal, es el de la Paloma Torcaza (Columba livia), especie aviar que llegó con los españoles a nuestros territorios y que se ha convertido en una amenaza sanitaria en algunos lugares. En cuanto a los mamíferos, la lista es larga. La Rata Negra (Rattus rattus) es una de las especies expandidas en casi todo el planeta, salvo en los polos. Llegó al Perú con los españoles como polizonte, posiblemente al igual que la Rata Noruega (Rattus norvegicus) y que el Ratón Doméstico (Mus musculus).

Existen incluso poblaciones silvestres de estos tres roedores, lo que demuestra su alto grado de adaptabilidad. La Rata Negra ha sido letal para muchas poblaciones de aves, en especial, las guaneras. Su presencia en las islas del litoral peruano habría ocasionado la reducción de especies de aves endémicas de la costa peruana (y chilena), como es el caso del Potoyunco Peruano (Pelecanoides garnotii). Además, habría contagiado la peste a otras especies de roedores locales.

Otros casos interesantes son los del Gato Doméstico (Felis cattus), del Cerdo (Sus domesticus) y del Caballo (Equus caballus), especies que también fueron introducidas. Incluso, existirían en el país poblaciones silvestres de estas especies. En el caso del Gato Doméstico, su presencia en islas guaneras es y ha sido una amenaza permanente para la anidación de aves marinas. En este tema tenemos además, otro problema: la falta de información y de un monitoreo consistente que nos permita sacar conclusiones certeras.

Pero al parecer no todo está perdido. Existe un programa sobre especies exóticas invasoras en el Perú, liderado por el Ministerio del Ambiente, que busca poner en marcha las acciones necesarias para tomar real conciencia de este tema en el país. Pero primero debemos estar convencidos de que esto es un problema, para luego ahondar en la investigación científica. Existen muchos vacíos de información sobre el número de especies que podemos considerar invasoras y sobre aquellas que ya están naturalizadas como la Trucha Arco Iris o el Eucalipto; o sobre los efectos reales que podrían ocasionar o que ya están ocasionando en el país.

Una de las maneras de entender mejor esta situación, es conociendo algunos casos internacionales. Eso es lo que viene en la siguiente entrega.

Julio 2013


P.D. Recomiendo leer estos dos textos para enterarse de una experiencia de gran envergadura destinada a erradicar a un roedor en unas islas remotas y para conocer a la Liebre Europea (Lepus europaeus), una especie que está invadiendo el Perú.  
Exterminio en el fin del mundo, en el Perú y al costado de mi casa (I)
Exterminio en el fin del mundo, en el Perú y al costado de mi casa (II)

Artículo aparecido en la versión online de la revista Rumbos: 



BIENVENIDOS AL NUEVO MORDOR: ¡EL PERÚ! (XXVII)

  Hace unos meses, tras un golpe de lucidez y un destello de valor, decidí abrir dos redes sociales para lanzar mensajes sobre diversos tema...