lunes, 15 de junio de 2009

LA GRAN SELVA MADRE (II)

Continuando con el artículo anterior, abarcaré en este algunas características de la selva amazónica, además de una breve diferenciación entre la selva alta y la selva baja, tomando como referencia el libro: Amazonía: hombre y cultura en un paraíso ilusorio, de Betty J. Meggers. Estos aspectos nos ayudarán a entender mejor este complejo mundo. Es interesante ir descubriendo el inmenso número de detalles que a veces pasan desapercibidos, pero que sin embargo, caracterizan esta vasta región aún desconocida para muchos.

Si bien, la terra firme, como describe Meggers a la gran llanura amazónica, es un territorio hostil para la supervivencia humana, esta es un gran reservorio de especies biológicas y de posibilidades. No obstante, su destino se ve cada vez más amenazado si no se regulan las actividades extractivas que allí se dan. Su fragilidad es muy alta. Los impactos de la deforestación, contaminación, caza y pesca excesiva, así como de otras actividades humanas, ya nos empiezan a pasar factura. Sin embargo, conozcamos primero algunas características de la gran selva madre.

Ríos de colores

Si bien existen diversas clasificaciones de los ríos que atraviesan y alimentan al gran río Amazonas, en base a principios físicos y químicos o a la carga en suspensión, la clasificación según el color del agua, es sumamente interesante. Este aspecto revela el origen de las mismas, así como su importancia en cuanto al contenido de nutrientes. Es así como se tienen torrentes de aguas blancas, negras y claras.

En cuanto al color, también existen variaciones estacionales y posiblemente algunas de índole subjetivo que lo determinan, ya que algunos ríos de agua blanca pueden tener aguas claras durante la estación de las vaciantes. Otros de agua negra pueden ser de ese color durante casi todo el año, pero se pueden ver blancos cuando la estación de lluvias empieza y cuando acumulan sedimentos de sus orillas. Esto origina que algunos sean llamados de agua mezclada o de agua mixta.

Al margen de las apariencias, lo resaltante de estas características es el origen de sus aguas. Los ríos de agua blanca se originan en los Andes y los ríos de aguas negras o mixtas lo hacen en la selva baja. Los ríos de agua clara nacen en cordilleras desgastadas, que ya no aportan ningún tipo de sedimentos ni de nutrientes. La autora menciona incluso que los ríos de agua negra son llamados "ríos de hambre" por su bajo contenido en nutrientes y sedimentos.

En el caso de las aguas blancas, el color es semejante al del café con leche, debido a la gran cantidad de sedimentos suspendidos. La reacción química de estas aguas es casi neutra. Ríos de este tipo son todos los afluentes del Amazonas que provienen de la Cordillera de los Andes, como el Huallaga, el Marañón y otros.
Por otro lado, los ríos de agua negra contienen residuos de humus, pero pocos sedimentos y sustancias nutritivas; además sus aguas son ácidas. Estos torrentes en su mayoría provienen de la misma selva baja y se originan en pequeñas estribaciones de la llanura amazónica. Un ejemplo de estos ríos es el río Nanay que tiene su origen en aguajales y provee de agua a la ciudad de Iquitos. Actualmente, este afluente del Amazonas está muy contaminado, además, cada vez trae menos agua consigo debido a la deforestación en su naciente.

Todas estas características definen en parte la dinámica de las aguas en la Amazonía, y que por ende tiene una influencia directa para la várzea (o sea, las orillas de los ríos), la cual depende en gran parte de los nutrientes que trae consigo el río.

Andes y Amazonía

Otro punto resaltante que se deriva de la lectura de Meggers es la presencia de los Andes en conjunción con la Amazonía, lo cual es de suma importancia, pese a que en algunas ocasiones se les trata de diferenciar y se les ve como dos accidentes geográficos totalmente distintos. Su interrelación es estrecha e innegable; y es que los Andes, además de albergar el origen del río Amazonas, "otorgan" sus nutrientes tanto a la Amazonía como al mar peruano. Los ríos de la vertiente del Pacífico también contienen muchos sedimentos y nutrientes que son transportados al océano. Estos son depositados en el zócalo continental y, con los fenómenos de las corrientes marinas, el afloramiento y otros, generan la gran riqueza de nuestro mar.

Además, prevalece —a mi entender— una importancia geológica que deriva del surgimiento de los Andes, en relación con el nacimiento del Amazonas y de los actuales sistemas fluviales. Es decir, hace millones de años la dinámica de las aguas en el continente era otra, y con el surgimiento de los Andes (que es una cordillera "joven"), la dirección de los ríos se modificó, originando que nazcan aquellos que fluyen hacia el Océano Atlántico y aquellos que fluyen hacia el Océano Pacífico. Esta situación determinó marcadamente el desarrollo de la cuenca amazónica y posteriormente, el de las culturas preincas.

Otra de las características importantes del río Amazonas es que su trayectoria es paralela a la línea ecuatorial. Esto garantiza que los ríos que provienen del norte y del sur del Ecuador (se estima que tiene en total 1000 afluyentes) aporten durante casi todo el año a su caudal; debido a que en el hemisferio norte, la estación lluviosa es generalmente de abril a agosto; y en el hemisferio sur, los meses más húmedos son de octubre a abril.

Dicha situación origina que aproximadamente en el mes de junio se dé una creciente y que esta marque un ciclo casi regular que permita el uso de las tierras de várzea en toda la cuenca amazónica. Este régimen hídrico también llama la atención por la importancia de los flujos de agua y de las lluvias en la Amazonía, que determinan su gran diversidad biológica, así como la temperatura bastante uniforme en esta extensa zona del planeta.

Otro dato importante es la pendiente del río Amazonas. Según Meggers, desde donde se juntan el río Marañón con el río Ucayali, hasta la desembocadura del río más largo del planeta en el Océano Atlántico, solo existen 65 metros de pendiente a lo largo de aproximadamente 3000 kilómetros. Pese al reducido desnivel, la velocidad del flujo del río varía entre 2,5 km/hora hasta el doble, permitiendo incluso que especies de aguas saladas (como tiburones en busca de delfines rosados) remonten parte del río —en la desembocadura en el Océano Atlántico— para su alimentación.

Selva alta vs. selva baja

Según la literatura especializada, la selva alta es más diversa que la selva baja. Esto se debe a la diferenciación topográfica, la variedad de ecosistemas, de clima y de altitud que existe en las últimas estribaciones de la Cordillera de los Andes antes de dar paso a la gran llanura amazónica. Los territorios de la selva alta también son conocidos como bosques de neblina, yungas, pie de monte o bosques lluviosos. En esta zona (que es mucho más pequeña que la gran selva) también se presenta una conjunción entre lo amazónico y lo andino que aporta a un desarrollo cultural mucho mayor.

La gran variedad de ecosistemas, flora y fauna que se encuentran en estas "dos selvas" que tenemos en el país, conforma parte de nuestro gran patrimonio natural. Si las perdemos, estaremos anulando la posibilidad de afrontar los nuevos retos que nos esperan en los siguientes años. Esta diferenciación nos obliga a redefinir diversos modelos de desarrollo y a exigir mejor planificación y control en las actividades que se realicen al lado este de los Andes, según las características de estos territorios. ¿O queremos tener una extensa llanura infértil y contaminada donde prevalezcan los ríos de la muerte al pie de una selva deforestada?

Artículo publicado en La Industria de Trujillo en diciembre de 2007 y en Infoecología:

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