lunes, 15 de junio de 2009

SI ALLÁ DESCUBREN, ACÁ…


¿Qué tienen en común Madagascar y Colombia? Posiblemente no mucho o más bien casi nada, salvo que los dos se ubican en el hemisferio sur. Sin embargo, sí existe un punto en común entre ambos países: en los últimos meses se han descubierto en sus territorios nuevas especies de fauna para la ciencia. Biólogos alemanes descubrieron, en junio de este año, 29 especies de milpiés y 14 de insectos en los bosques de Madagascar. Dentro de ellos se encuentra una especie de milpiés que se enrosca alcanzando el tamaño de una naranja y cuyos antepasados se remontan a los dinosaurios.

Por otro lado, en Colombia se descubrió un sapo de color dorado en la región de Supatá, por lo que dicho anfibio ha sido denominado como el “sapo dorado de Supatá”. Este descubrimiento en una zona alejada de los andes colombianos fue hecho este año por los científicos de la Universidad Distrital de Bogotá comandados por Oswaldo Cortés. En un principio, se pensó que este batracio ya estaba descrito, sin embargo, tras diversos estudios se determinó que se trataba de una nueva especie cuyo hábitat se circunscribe a tan solo 20 hectáreas en la región de Cundimarca. El país cafetero alberga a 583 especies de estos anfibios, por lo que se ubica como el país más diverso en estos animales; y ahora, debe amentar uno más a su extensa lista.

La superficie de Madagascar es de 587,000 km², es decir, menos de la mitad que la de nuestro país, y los científicos asumen que todavía existen muchas especies por descubrir. Sin embargo, como suele suceder, casi siempre, el hombre —a través de la destrucción del bosque— viene reduciendo drásticamente el hábitat de esta y de otras especies más. Es por esto, que algunos científicos afirman, que en un plazo no mayor de diez años, muchas especies de esa isla desaparecerán para siempre si se mantiene el ritmo de deforestación.

Y no solo en estos países se descubren nuevas especies, en este año se han descubierto en la antigua colonia holandesa Surinam, 24 nuevos registros para la ciencia. Entre estos nuevos descubrimientos se encuentran seis tipos de peces y una rana luminosa de color lila. Los científicos de Conservación Internacional, quienes realizaron la expedición a tan solo 130 kilómetros de la capital Paramaribo, bajo el financiamiento de una firma que extrae oro, descubrieron también varios insectos y manifestaron que la explotación ilegal de este mineral es una gran amenaza para la flora y fauna de la región. ¿No se nos hace conocida esta historia?

Asimismo, poco antes de terminar este texto, me enteré de los descubrimientos en Indonesia. Es decir, la naturaleza no se cansa de sorprendernos.

A investigar (y posiblemente a descubrir) se ha dicho

En nuestro país existen a la fecha territorios poco investigados, los cuales nos pueden deparar grandes sorpresas en cuanto a la presencia de nuevas especies de flora y fauna. Nuestro vasto suelo no ha sido estudiado a profundidad, por lo que no podemos afirmar que conocemos exactamente todo lo que poseemos. Lo que sí podemos sustentar es que si no conservamos su gran diversidad biológica, esta desaparecerá posiblemente con especies que nunca conoceremos.

Solo por nombrar algunos de estos territorios, se encuentra toda la parte nororiental en los alrededores del Parque Nacional Ichigkat Muja - Cordillera del Cóndor y de la Reserva Comunal Tuntanain, recientemente creados tras la categorización parcial de la Zona Reservada (ZR) Santiago Comaina en agosto del presente año. Estas Áreas Naturales Protegidas se ubican en el departamento de Amazonas, en los distritos de Cenepa, Río Santiago y Nieva de la provincia de Condorcanqui, cerca a la frontera con Ecuador.

Asimismo, en la ZR Güeppí (declarada como tal en 1997), ubicada dentro de las cuencas de los ríos Putmayo y Napo en los distritos de Putumayo y Torres Causana, pertenecientes a la provincia de Maynas en el departamento de Loreto, es posible que aún se encuentren nuevas especies para la ciencia. En estos territorios limítrofes con Colombia, se ha realizado un inventario rápido de flora y fauna hace unos meses. Tal vez tengamos sorpresas.

Así también, otra región importante en donde aún falta investigar es la ZR Sierra del Divisor (declarada como tal en el 2006), ubicada en los departamentos de Loreto y Ucayali en la frontera con Brasil. La ZR Sierra del Divisor es una parte importante del corredor biológico que se inicia en el Parque Nacional (PN) Madidi en Bolivia y continúa hacia el norte atravesando el PN Bahuaja-Sonene, el PN del Manu y el PN Alto Purús, la Reserva Nacional Pacaya-Samiria, la Estación Ecológica Río Acre y el Parque Serra do Divisor en Brasil y culmina en la ZR Güeppi.

Descubrir y proteger

Nadie duda de la gran diversidad biológica de estos territorios y de todo nuestro país. Es importante entonces exigir y emprender las acciones necesarias para conocer lo que realmente poseemos. Es hora ya también de emprender acciones concretas para detener el acelerado proceso de exterminio de nuestro patrimonio biológico. Si bien existen muchas iniciativas para proteger especies determinadas e importantes ecosistemas del país, aún hay mucho por hacer.

Estamos atravesando un supuesto crecimiento económico, el mismo que posiblemente mejore algunos aspectos relacionados a la calidad de vida y al acceso al mercado (lamentablemente no creo que para todos los peruanos por igual). Junto con este esperado aumento de posibilidades, la presión hacia el medio ambiente va a crecer aceleradamente, de eso no existe la menor duda. Se necesitarán posiblemente más tierras para cultivar, más terrenos para extraer minerales, más carreteras para el comercio, más energía para la industria y otros factores que indefectiblemente implican el uso de nuestros recursos naturales.

¿En qué se invertirá dinero en estos años? En infraestructura, en las empresas, en aspectos relacionados en la implementación del Tratado de Libre Comercio, en servicios, pero ¿figurará dentro de esas necesidades, invertir en investigación? No lo creo, salvo aquella indispensable para “cumplir” con los estudios de impacto ambiental que se requieren para la exploración y explotación de nuestros recursos. A través de estos estudios (como en el caso de Surinam), se pueden llegar a resultados interesantes, pero también a otros más dramáticos, como por ejemplo, que la minería informal es más destructiva que la formal.

Estos estudios son financiados por las grandes empresas, para las cuales, la inversión en investigación, asumo, debe representar una parte insignificante de su presupuesto. Para ellas es un requisito, para nuestro Estado debería ser una obligación. Y si el Estado está súper “acelerado” con el TLC, ¿no debemos también exigirle que invierta en investigación y en conservación?, o es que siempre debemos esperar que sean otros lo que hagan las cosas.


Artículo publicado el 20 de diciembre de 2007 en el Suplemento Semana del Diario El Tiempo de Piura.

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