martes, 16 de junio de 2009

PRISIONERO EN LA SELVA DE CEMENTO


ESPECIE EN PELIGRO CRÍTICO DE EXTINCIÓN


El geco de las huacas (Phyllodactylus sentosus) es un reptil endémico de la ciudad de Lima al borde de la extinción. Se le encuentra únicamente en algunos complejos arqueológicos (huacas) de la ciudad capital que se salvaron de la invasión del concreto. Su situación es realmente delicada debido a varios factores que juegan en su contra. Este limeñísimo pequeño saurio ha sido testigo del vertiginoso crecimiento de Lima y hoy más que nunca requiere nuestra atención. Es necesario saber de la existencia de este ciudadano ilustre y conocer su desesperada lucha por no desaparecer.

Según la Real Academia Española de la Lengua, a los reptiles de esta familia se les denomina gecónidos, pero se les conoce más como gecos o saltojos. Son confundidos con algunas lagartijas pero, a diferencia de éstas, poseen unas ventosas en las terminaciones de sus cinco dedos que les sirve para trepar por superficies lisas, tienen ojos grandes y son nocturnos. El geco de las huacas, sin embargo, tiene la particularidad de no poder trepar árboles u otras superficies a diferencia de las otras especies de su género.

Existen algunas singularidades que lamentablemente ocasionan una reducción de su ya mermada población. Los individuos jóvenes presentan una coloración amarillo-anaranjada (es la única especie del género con coloración dorsal) un tanto brillante que hace suponer que son venenosos. Así también, como mecanismo de defensa, alzan la cola, lo que es confundido con una conducta similar a la de los alacranes. Incluso, existe la creencia de que el geco es más venenoso que dichos arácnidos. Es por eso que, debido a la apariencia y a su conducta, son aniquilados, pese a que son totalmente inofensivos. Pero claro, eso no lo saben todos; ya lo saben ahora.

Esta mala reputación origina que los gecos sean vistos con desconfianza, no obstante son beneficiosos debido a que su dieta está compuesta por moscas, arañas, coleópteros (escarabajos) y otros invertebrados. Su tamaño no excede de los 12 cm y su peso máximo es de 6 gr. Huyen de la humedad, por eso solo se les registra en zonas muy secas sin plantas. Se refugian bajo desechos materiales donde se genera un microclima apto para su desarrollo en pequeñas cavidades bajo la superficie. Pero para su mala suerte, el Instituto Nacional de Cultura (INC) aleja, como parte de sus funciones, dichos desechos y por ende, deja a los gecos casi desprotegidos.

Los límites naturales actuales de la distribución del geco son los valles del río Rímac y del río Lurín. Su hábitat original habría sido el típico desierto costero, o sea áreas áridas con poca pendiente y con escasa o ausencia de vegetación. Esto explica porque su presencia se limita a las huacas de estos dos valles. Existen otros gecos de este género a lo largo de la costa peruana que habitan en valles interandinos, así como en el bosque seco.

Todo queda en familia, pero...

Las huacas limeñas se encuentran aisladas unas de otras como islas en un mar de cemento. Esto origina que sea imposible la conectividad entre las poblaciones de gecos, impidiendo a su vez que se produzca un intercambio genético entre los individuos de poblaciones distintas. Es así como se presenta en cada comunidad aislada el problema de la consaguinidad o endogamia; es decir, la falta de diversidad genética para su reproducción. La ausencia del refrescamiento genético genera especímenes más débiles y con menores posibilidades de sobrevivir. Justamente lo que requieren con suma urgencia en estos tiempos difíciles.

Y si bien existiría la posibilidad de trasladar alguna población de gecos de una huaca a otra, se correría el peligro de que paralelamente se traslade alguna enfermedad, parásitos o alguna disfunción genética que genere futuros problemas de adaptación a las poblaciones originales. Otro punto en contra.

Las hembras de los gecos ponen un solo huevo y los abandonan, quedando éstos desprotegidos ante sus depredadores. Además, éstas suelen depositar en un mismo sitio sus respectivos huevos; es decir, si éstos son depredados, desaparece tal vez toda la futura generación. Se presume que la época reproductiva del geco es entre setiembre y noviembre. La diferencia a simple vista entre las hembras y los machos es imperceptible; sin embargo, se asume que las hembras son ligeramente más grandes.

Los enemigos naturales de los gecos son la lechuza de los arenales (Athene cunicularia), así como la lagartija de las lomas (Microlophus tigris), mientras que los enemigos introducidos son los gatos (posiblemente los más perjudiciales), perros, ratas y por supuesto el hombre. Ante algunas situaciones de peligro, se desprenden de parte de la cola, lo cual es posible debido a la anatomía de las vértebras. La cola se regenera con el tiempo y en su base se encuentran los órganos reproductivos.

Estudiarlo y conocerlo para conservarlo

Pese a la poca información que se tiene sobre el geco, el Instituto Nacional de Recursos Naturales (INRENA) lo incluyó dentro de las especies en “peligro crítico” (CR) en el 2004, en base a la clasificación de la International Union for Conservation of Nature (IUCN). Dicha categoría es el máximo nivel de amenaza.

Por otro lado, debido a sus hábitos nocturnos, su estudio es riesgoso ya que algunas huacas albergan personas de mal vivir. Esta situación limita su estudio que ya de por sí, se circunscribe a algunos pocos interesados por proteger al geco. Aún queda mucho por investigar. Es imprescindible obtener la mayor cantidad de datos sobre la especie, a fin de asegurar su conservación y de definir las mejores estrategias para salvarlo de la extinción. Por ejemplo, para su reproducción en cautiverio y para una futura reintroducción, es importante conocer su comportamiento, su conducta sexual, su morfología y otros factores para garantizar el éxito de dichas acciones. Mucho tiempo no tenemos. Pero lo principal es saber que existe el geco de los huacas y que está en inminente peligro de desaparecer. Luchemos para que este limeño, sobreviviente de una vorágine expansionista, permanezca con nosotros. Ya sabe no son venenosos, déjelos ir.

Difundir el actual estado del geco de las huacas, es intentar protegerlo de alguna manera. El primer paso es saber de su existencia. Si usted cree haber encontrado uno de ellos, escriba a José Perez*. De este modo, podrá contactar a uno de los biólogos peruanos que viene estudiando el geco y que ha preparado ya algunos terrarios para albergar gecos con el fin de protegerlos. Tal vez podamos recibir la buena noticia de un nuevo lugar de distribución. Hagamos que la conservación de nuestra diversidad biológica sea tarea de todos y que empiece en casa.

* M. Sc. José Pérez Z.Museo de Historia Natural. Universidad Nacional de San Marcos
Laboratorio de Estudios en Biodiversidad. Universidad Peruana Cayetano Heredia.
perezz_jm@yahoo.com.br


Artículo publicado en la Revista Viajeros (Año 5, N° 23) de Julio 2007.

1 comentario:

  1. En los valles de Ilabaya y otros de Tacna les atribuyen picaduras venenosas que curan con emplasto de excremento humano...

    ResponderEliminar