sábado, 13 de junio de 2009

DE LLUVIAS Y DESASTRES. ¿QUÉ HACER PARA NO CONVERTIRNOS EN VÍCTIMAS DE LA FURIA DE LA NATURALEZA?

Las noticias nacionales de estos últimos días nos informan sobre las zonas afectadas por las lluvias. Casi todos los departamentos del país sufren los embates de la naturaleza. Si bien estamos acostumbrados a enterarnos de estos hechos todos los años durante estos meses, este año la situación es mucho peor pues ya no son casos esporádicos, sino se trata de un desastre generalizado. ¿Podemos evitar tantas pérdidas de cultivos, de hogares, de ganado, así como la destrucción de carreteras? Sí se puede evitar y disminuir estos casos si intentamos entender algunos aspectos.

En primer lugar, debe quedarnos claro que debido al cambio climático en el mundo—producto del calentamiento global evidente—, los fenómenos naturales son cada vez más severos y frecuentes. Asimismo, debemos tomar en cuenta que nuestro país es uno de los más amenazados en el planeta por esta alarmante situación. Además, nuestra variada topografía —una de las “promotoras” de nuestra gran diversidad biológica— nos ha obligado en muchos casos a invadir y poblar las tierras de una manera desordenada sin tomar en cuenta el entorno natural, así como las recomendaciones de los especialistas que advierten sobre peligros latentes de un uso inapropiado del suelo.

Dicho esto, ¿Qué hacer para intentar ser menos golpeados por las lluvias? Una medida imprescindible es asegurar la captación del agua en las cabeceras de cuenca, es decir “retenerla” en el lugar donde se originan, desde donde “bajan” o nacen los ríos. Y qué mejor manera de lograr esto que asegurando la masa forestal en estas zonas o sea, evitar la deforestación. Una buena cobertura vegetal retiene parte del agua y aminora los efectos de las crecidas de los ríos. También evita los huaycos y ofrece una cubierta natural segura contra fuertes vientos.

Así, muchas veces, los grandes daños ocasionados por los huaycos y los ríos sobrecargados no se producen por el agua en sí, sino por las piedras y la gran cantidad de sedimentos que arrastran. Las fuertes lluvias que caen producen los huaycos y crecidas inusuales con los consiguientes efectos devastadores. Es decir, las fuertes lluvias al caer al suelo y al no encontrar una resistencia natural, generan estas grandes corrientes de agua, que incorporan en su recorrido piedras, sedimentos y otros. Así, los puentes, poblados, sembríos y todo lo que está “abajo” se ven afectados no solo por el agua, sino por lo que ella trae consigo.

Adicionalmente, como ya se mencionó, nuestra topografía pone su cuota, pues las pendientes en muchos casos (sobre todo en la sierra) son elevadas, lo que acrecienta el poder devastador. Ahora, esto ya lo sabemos, pero al parecer no lo tomamos en cuenta. La cantaleta ya es conocida. Es necesario mantener la cobertura vegetal en las cabeceras de cuenca. Si la deforestación sigue avanzando, que no nos extrañe que los siguientes años los daños sean mayores.

En segundo lugar, no tenemos una cultura de la prevención. Las medidas a corto plazo y aquellas que solo sirven para apagar incendios se empiezan a hacer comunes en estos días. Cuando escucho y veo que los ministros van a “coordinar” el apoyo a las zonas afectadas, me pregunto si luego de sus visitas se realizan verdaderamente obras planificadas para que en los siguientes años aminoren los efectos negativos de los desastres naturales. No solo es necesario lo inmediato, sino lo mediato y lo que se vaya preparando para los siguientes años.

Otros desordenes

Cuando muchos ríos de la vertiente del Pacífico se acercan al océano para descargar sus aguas donde —en muchos casos— se encuentran diversas ciudades, se topan con toneladas de basura que no hacen más que entorpecer su curso. Así, el agua busca inevitablemente seguir con su rumbo. Esto ocasiona que el río se salga de su recorrido afectando a las poblaciones aledañas. ¿De quién es la culpa? La respuesta es obvia. No es del río. Estas cosas no solamente nos suceden a nosotros. Hemos podido apreciar —necesariamente se debe dar la comparación— que por ejemplo en el hemisferio norte y en otros lugares, los efectos de las inundaciones no son tan devastadores como acá. Esto se debe a que en estos casos no se aprecia el desorden y el caos en los centros urbanos. Lamentablemente esa es nuestra realidad.

Y, aunque a algunos les caiga antipático, lo digo: somos unos desordenados, cochinos e improvisados. No tenemos que quejarnos mucho cuando somos parte de la falta de conciencia sobre el desorden que prima en nuestro medio. Las lluvias no las vamos a parar, pero sí podemos buscar e impulsar un cambio necesario. Cuando vea a alguien tirar la basura a la calle, llámele la atención. No es que me haya salido del tema de este texto, sino que a través de estos pequeños detalles podemos aminorar la acumulación de basura en las riberas de los ríos y en los canales de riego evitando daños mayores y dándole un mejor aspecto a nuestras ciudades.

En unas semanas, tal vez el panorama se calme y esos pueblitos que estuvieron en las noticias volverán a su realidad, es decir, seguir en el olvido y el anonimato hasta la próxima tragedia. ¿Y dónde están las autoridades? Lo más probable es que recién intenten “ponerse las pilas” cuando ya sucedieron las desgracias. ¿Qué hubiese pasado si las reuniones de APEC y las cumbres internacionales hubiesen sido estos meses? Tal vez todo luciese limpio y remodelado para dar una buena cara, pero no es así. Posiblemente los daños hubiesen sido menores porque se hubiesen hecho obras preventivas.

Departamentos en emergencia

Tumbes, Piura, Lambayeque y Ucayali han sido declarados en emergencia. Esto implica que se tomarán las acciones necesarias para la atención de los damnificados, la rehabilitación de las carreteras y de las zonas afectadas, así como la realización de obras para evitar más daños. Estas medidas que son coordinadas a través del Poder Ejecutivo a través de sus ministerios se dan solo para solucionar los problemas del momento, pero, ¿qué se hará para el futuro? Insisto con el tema. Las autoridades deben hacer más obras que protejan a las poblaciones.

Pero también, es necesario que los ciudadanos tomen conciencia de lo que pasa y no construyan sus casas en zonas cercanas a cuerpos de agua o terrenos vulnerables a inundaciones, derrumbes, huaycos y otros embistes de la naturaleza. En todos estos casos las lluvias han dejado nuevamente en evidencia lo poco preparado que estamos. En muchos lugares es más importante construir la loza deportiva o el local comunal (para reuniones sociales y otros) que destinar fondos para una buena canalización de las aguas, así como para mejorar los sistemas de agua y desagüe. Esperemos que en las siguientes semanas las lluvias disminuyan y no nos sigan azotando. Pero esperemos también que nuestras autoridades aprendan de lo ocurrido.

Artículo publicado el 7 de marzo de 2008 en la versión online de la Revista Viajeros:
http://www.viajerosperu.com/articulo.asp?cod_cat=11&cod_art=837

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